Libertad!

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martes, 15 de julio de 2014

Elogio del asco…



Rafael Muci-Mendoza

 

El Hospital de Niños de Caracas languidece a ritmo mayor que el de sus pequeños huéspedes…
Es el mundo absurdo de la ¨revo-involución¨ querido amigo, pleno de hombres manejados desde el alto poder, hombres de vida vacía y sin realizaciones, amamantados por la teta tóxica del poder sin límites, comisarios políticos de garrote en mano, de vidas obscenas de lúgubres colores, hombres y mujeres para nada: escasos, apocados, pusilánimes, de poco espíritu y magra expedición, emborrachados por una brizna de poder, que en sus torcidos procederes no tienen amigos, sólo compinches. Son ellos jueces, directores de algún ministerio, ente público, o de algún hospital, recogidos del basurero donde se vierten las vidas vacías, llenas de dolos y artificios.
El Hospital de Niños de Caracas languidece a ritmo mayor que el de sus pequeños huéspedes, llevado al barranco de la historia médica por un gobierno criminal, indiferente e ineficaz, muestra de la brutalidad de la existencia que es y que no es una nada, que se esconde  regularmente en la miserable vida de todos sus días, mostrando absurdidez, sin razón ni explicación. Han llegado demasiado lejos y no pueden mirar a los ojos de sus hijos mientras los retiran de los chiquitines anhelantes del Hospital.
El Jefe de la Emergencia, el académico doctor Huníades Urbina, no importado una hoja de servicio intachable es echado fuera de  su querencia de forma ilegal y extemporánea por el solo hecho de denunciar lo que tantos callan: el derrumbe institucional, el pecado mortal de cada día. Sale con la cara limpia y los ojos en alto. Los chipilines de mirada abatida y sin brillo, pierden un aliado, un protector ante la mirada indiferente de tantos. No esperes adhesiones de tus pares porque aquí…, no ha pasado nada. 
Como el del Aeropuerto de Maiquetía, el aire de tu hospital está contaminado por la corrupción del alma...


Addendum
Los criminales de ayer son los señores de hoy,
Y los criminales de hoy, serán los señores de mañana
Carl William Brown

Como en un romance del Cid, el usuario del Aeropuerto de Maiquetía parece estar condenado a una muerte cruel y desastrada, “¡Villanos te maten, Alonso!”, parece repetirle en voz inaudible el villanote del grupo: el ozono, ese gas incoloro que resulta de los efectos de la luz solar sobre las emanaciones de automóviles e industrias. Los valles como el de Caracas, favorecen el depósito de este cieno invisible. En las tardes veraniegas, cuando no hay mucha brisa, se arrochela con los otros para hacer rubieras; ahora exprofeso es emanado directamente y cobrado como costoso veneno. El ozono es un gas rastrero como tanto boliburgués infiltrado en el aeropuerto de Maiquetía, que para desgracia de todos, no asciende hasta la estratósfera donde estamos tan necesitados de sus favores para que evite el ingrato efecto invernadero, que amenaza con convertir en chicharrones a los pobladores del mundo. Este gas afecta directamente, el revestimiento mucoso de las vías aéreas -nasofaringe, laringe, tráquea y bronquios-, donde daña sus células a través de la generación de sustancias tóxicas llamadas radicales libres. Son tan rapaces y criminales que no les importa dañar a la gente como con el cuento de los bombillos ahorradores vendieron millones sin parar en mientes el mercurio contenido en ellos.  Una de los peores vicios de esta revolución es que no quieren a Venezuela ni a los venezolanos, sólo quieren el dinero a como dé lugar…
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