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viernes, 23 de agosto de 2013

Antiguo Club Isleño en la esquina de Padre Sierra. Caracas Siglo XIX


Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Zaparapanda canaria en el centro de Caracas
¡Los isleños son «piores» que los venezolanos «pá» armar «guachafitas»!
Confitería «La Colonial”
Esquina de Padre Sierra
“bochinche, bochinche, bochinche….”
Isaac Viera
Baltasar del Alcázar
"En Jaén donde resido"

Durante el primer gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, en la céntrica esquina de Padre Sierra, existió un centro de recreación denominado Club Isleño, ubicado en  la edificación situada en el ángulo noreste frente al Convento de las monjas de la Concepción, en donde,  luego de salir las monjas en el año de 1874, se inició la construcción del actual Palacio Federal.  Este club era el principal  sitio de reunión de los isleños (canarios) en la capital, tal como hoy es el Hogar Canario.
En ese período tuvimos la grata estadía del lanzaroteño Isaac Viera (1858-1941), que para entonces era un  joven de avanzada y, a la vez, de espíritu aventurero; el cual al terminar el bachillerato en el Seminario Conciliar de Las Palmas emigro a nuestra patria, "acariciando risueñas / ilusiones de oro y miel",  según se lee en su folleto autobiográfico Palotes y Perfiles (1895).

Su estadía en Venezuela transcurrió entre mediado de los setenta del siglo XIX hasta 1882; durante ese tiempo, además de ejercer, entre otras cosas, actividades docentes,  fue testigo de varias peripecias sucedidas en nuestra capital, algunas de ellas muy “llamativas” y dignas de reproducir, cónsonas con la idiosincrasia del venezolano,  y  con  los numerosos descendiente  de esa segunda patria chica llamada “Islas Canarias”.

Quien luego fuera,  al regresar a su patria, escritor, poeta, periodista y costumbrista, en su libro “Costumbres canarias”, editado en el año 1916, B E N A C I M I E N T O. San Marcos, 42
MADRID, relata en las páginas 145-146, lo sucedido en el antiguo Club Canario.

El relato del propio escritor y poeta, testigo de lo acontecido en la esquina de Padre Sierra es el siguiente:

A raíz de ser nombrado ministro de Ultramar el señor León y Castillo, la policía de Caracas, por orden  de Guzmán Blanco, clausuró el Club isleño establecido en la esquina de Padre Sierra, al lado de la confitería «La Colonial”, por escándalo público.

El motivo fue el siguiente:
Una noche, los socios del expresado centro, divididos en dos bandos, discutían acerca de cuál población era más importante, si Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas, oyéndose decir desde la calle que las fichas con que se jugaba al tresillo (cierto juego de naipes, jugado por tres personas) en el «Gabinete literario» de la última de las mencionadas ciudades, eran más finas que las del Casino de la capital de estas islas.
Se escucho decir:

«Esto, Inés, ello se alaba,
No es  menester alaballo»
(Este es un dicho canario que bien sabían ellos lo que quería decir en doble sentido)*ver anexo.
De las palabras  pasaron a las manos, y fue tal la gresca, que los muebles, caían a la vía pública, lanzados desde las ventanas altas del edificio social; recordarlos que una silla quedó encasquetada en la cabeza de una negra que a la sazón pasaba por aquel sitio. Al día siguiente al de aquella monumental pelotera los periódicos caraqueños satirizaron con donosura y crueldad a nuestros compatriotas que, olvidándose de que la ropa sucia debe lavarse primero en casa, se complacen en hacer la colada en mitad.
Del  arroyo de ciudades extranjeras. El patizambo Gregorio Solórzano, que estuvo en la batalla de Ayacucho, en el Perú, cada vez que nos  encontraba  nos decía, recordando aquel batifondo, y valga el argentinismo:

­-Sepa usted, «catire», que los isleños son «piores»
que  los venezolanos «pa» armar «guachafitas»

Esta historia nos hace recordar al “Ilustre Precursor” de la Independencia Don Francisco de Miranda, hijo de canarios, el cual vivió, más de un siglo antes, en la casa diagonal en donde luego se estableciera este club, cuando dijo sus lapidarias palabras, vigente en el actual siglo XXI¡Bochinche, bochinche!. ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche! Estas palabras fueron pronunciadas por el Generalísimo Francisco de Miranda en la madrugada del 31 de junio de 1812 luego de recibir a un grupo de oficiales patriotas en el domicilio donde dormía situado en el puerto de la Guaira, de donde partiría en la mañana con destino a Curazao. De ahí, que “el
Inmortal  Canario” en esa oportunidad  nos diagnostico a todos, y los bochincheros, a quien se refería “El Precursor”, precisamente, no eran los canarios, más bien los criollos y sobre todo los
“Mantuanos”……

*ANEXO: Les agrego el origen del dicho que cita el poeta Isaac Viera, y que  los paisanos canarios en su club, según el autor, le dieron el doble sentido que con gran picardía los caracterizaban. Fue del poema "En Jaén donde resido" de Baltasar del Alcázar (Sevilla, 1530-Ronda, 1606), fue un poeta español del Siglo de Oro.

Queda a criterio e interpretación del lector dónde está el doble sentido- sí es que en verdad lo hay- que los canarios le dieron a este verso (dentro del contexto de la poesía), y por lo  cual se formó tremendo “follón”.

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava d'él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.

Rebana pan. Bueno está.
La ensaladilla es del cielo;
y el salpicón, con su ajuelo,
¿no miras qué tufo da?

Comienza el vinillo nuevo
y échale la bendición:
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, ese toque;
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
d'este vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Mas ya: de la del cantillo;
diez y seis vale el cuartillo;
no tiene vino más bajo.

Por Nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer:
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba;
no es menester alaballo;
sola una falta le hallo:
que con la priesa se acaba.


La ensalada y salpicón
hizo fin; ¿qué viene ahora?
La morcilla. ¡Oh, gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundias tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, ¡sus!, encójase y entre,
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasaniejo,
porque con más gusto comas;
Dios te salve, que así tomas,
como sabia, mi consejo.

Mas di: ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica!
Tal debe tener especias.

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

¡Vive Dios, que se podía
poner al lado del Rey
puerco, Inés, a toda ley,
que hinche tripa vacía!

El corazón me revienta
de placer. No sé de ti
cómo te va. Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios.
Mas oye un punto sutil:
¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo remanecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel.
¡Alto licor celestial!
No es el aloquillo tal,
ni tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color,
todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo:
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala;
bien puede bogar su remo.

Pues haz, Inés, lo que sueles:
daca de la bota llena
seis tragos. Hecha es la cena;
levántense los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan; yo me duermo;
quédese para mañana.


lunes, 18 de marzo de 2013

Guarapo: Bebida tradicional venezolana. Esquina del Chorro

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera*
Entre fuerte y dulce como el guarapo

Guaraperías o guaraperas

Guarapo caraqueño

Esquina del Chorro

Reencuentro de dos lanzoreteños en Caracas

José García de la Concha. Costumbrista caraqueño
“cerveza del pobre” 

Introducción

El siguiente trabajo se  refiere exclusivamente al guarapo elaborado de la caña de azúcar o del papelón. Se hace énfasis, principalmente, al sabroso guarapo preparado en la ciudad de Caracas y sus diversas historias en relación al mismo. Comentamos la expresión: “Entre fuerte y dulce como el guarapo”  usada en toda Venezuela, la cual define el estado en que uno se encuentra, y, que significa en línea general, entre bien y mal. Esta ha sido usada desde hace mucho tiempo, quizás, desde el principio de la colonia cuando se comenzó a preparar el sabroso y popular guarapo. Se le atribuye el uso del refrán a muchas regiones, tanto en el medio rural como en el urbano; pero muy probablemente se inició el dicho en áreas urbanas del norte del país, que fue donde se instalaron los primeros trapiches  y se inició los primeros sembradíos de caña de azúcar. Posiblemente los padres franciscanos en el año de 1521 fueron los primeros en iniciar la siembra de caña en el oriente del país.

En América se conoció la “miel de azúcar”  en el primer viaje de Cristóbal  Colón, según las  anotaciones en el Diario del Primer Viaje de fecha 16 de octubre, cuando relata que a los indios le mandaba a dar miel de azúcar cuando estaban en las naves. En la isla de Santo Domingo se plantaron y cosecharon los primeros cañaverales, y en 1515 se  había construido en esa isla el primer trapiche en América. De allí fue que pasó a nuestro país.

Los cañaverales se extendieron en nuestro territorio principalmente por Aragua, Lara, Yaracuy, y además de algunas regiones de Oriente; hubo sembradíos tempranamente en el Valle de Caracas y Petare, hasta Guarenas y Guatire hacia el año de 1578.


Guaraperías o guaraperas. Guarapo caraqueño. “Entre fuerte y dulce como el guarapo”





Las guaraperías, que se conozca, funcionaron en Caracas por lo menos desde el siglo XVII, e incluso a principios del siglo XVIII eran revisadas con el fin de que no se elaboraran guarapos muy fuerte. Ya se conocía y usaba en esa época la denominación de guarapos fuerte y dulce. En Caracas, comenta José García de la Concha, no había un lugar donde no se vendiera guarapos. En las pulperías, botiquines y hasta en establecimientos especiales que se llamaban “guaraperas” que, además, eran fruterías. Bebida refrescante, digestiva: Era la cerveza del pobre. 


El guarapo desde el inicio de su elaboración en Venezuela se preparó en varias modalidades, desde el zumo de la caña  triturada y exprimida mecánicamente, la cual aún observamos los carros de guaraperos en los barrios de Caracas; el guarapo preparado con la melaza de la caña y el tradicional guarapo hecho con papelón rayado al cual se le agrega, generalmente, limón o/y concha de piña. De esta última preparación se obtenían las diversas modalidades del guarapo, desde el fresco, entre fuerte y dulce, hasta el fuerte.


Con el guarapo fuerte, comenta J.M. García de la Torre en su libro “Mosaico venezolano” lo siguiente:

“Una variante muy sabrosa es el “guarapo enfuertado”, que se obtiene dejando fermentar simplemente el guarapo original, pero este enfuertamiento se mantiene por poco tiempo, porque superada la fermentación, los gases que se desprenden arrebatan el dulce sabor y la fuerza a la mezcla que queda convertida en un líquido verdoso y aguachinado, apenas sin olor ni sabor alguno”.  

El atribuirle a nuestros queridos llanos venezolanos de que, allí sea originario  el refrán “entre fuerte y dulce como el guarapo” en nuestro país, es quizás por la costumbre que aún ha perdurado en esa zona y por la sencillez de sus pobladores, como también por el desconocimiento de su historia. En las zonas costeras, así como en la Capital, y en zonas aledañas, fue donde primero hubo siembras de caña de azúcar y se instalaron trapiches ; existió guaraperías tanto del zumo de la caña, como las elaboradas con papelón, mucho antes que en las zonas llaneras, y ya se decía el refrán antes que en el llano venezolano. En Caracas, este decir fue frecuente, en todos los estamentos, hasta mediados del siglo pasado, y persistió casi hasta finales del siglo -quizás más de un caraqueño actual no tiene idea de lo que fue su ciudad, y, a lo mejor, ni le interesa -. (¿!)


Esquina del Chorro.

Nada más propicio al hablar del guarapo es mencionar la historia de la esquina del Chorro. De la guarapería que existió a finales del siglo XVIII y principio del siglo XIX, fue que nació el nombre de la esquina. Francisco Tosta García, en su libro Costumbres caraqueñas (1883),  refiere: “ que son las andanzas de los hermanos Juan y Agustín Pérez las que le dan el nombre a esta esquina. Juan y medio y Agustinillo, como eran conocidos en la Caracas de 1812, eran canarios y realistas. El primero era el encargado de encender los faroles públicos, y se contaba entre los personajes que intentaba derrocar cualquier gobierno patriótico que tomara el poder. Agustín, por su parte, tenía fama de ser el rey de los “guaraperos”, se decía que preparaba la mejor bebida de piña y papelón de la ciudad. Su negocio de guarapo fuerte o “entre fuerte y dulce”, al gusto del cliente, se encontraba en el ángulo suroeste de la esquina del mercado de la Plaza de Armas, contaba con un sistema de despacho único. Había diseñado un aparato o envase giratorio, con una llave hacia la calle y un cántaro colgante, que estaba sujeto a una cadena. Agustín podía despachar a sus clientes sin abrir la puerta, con tan sólo soltar la llave al momento de escuchar el sonido que hacía el centavo al caer en una alcancía. Como aparentemente el jugo salía solo y brotaba como un chorro, la esquina tomó ese nombre”.
La esquina del Chorro se encuentra en la Avenida Universidad (O/E 4), entre Traposos a Coliseo, a tres esquinas hacia el este de la esquina de San Francisco y dos esquinas al oeste de la esquina del Corazón de Jesús a partir de la Avenida Fuerzas Armadas. La casa se encontraba en el ángulo sur-oeste de esta esquina, no en la Plaza de Armas.

Reencuentro de dos lanzaroteños en Caracas.
El escritor, poeta, periodista y costumbrista lanzaroteño Isaac Viera y Viera(1858-1941)   en su libro Costumbres canarias. 1916, en las narraciones que hace sobre su estadía en nuestro país (mediado de los setenta del siglo XIX hasta 1882) relata lo siguiente sucedido a dos paisanos, de los cuales uno había asimilado la jerga caraqueña:

“Un lanzaroteño, que no tiene sino un mes de estar en Caracas, se tropieza una noche en el teatro con un compañero de la infancia, y de buenas a primeras, dándole un apretón de manos» le suelta la siguiente andanada de dicharachos criollos, que dejan patitieso al compatriota, el cual hace unas cuantas horas que pisa tierra venezolana:

—Socio, aquí hay que andar con “ojo de garza” “porque pescuezo no retoña.

—¿Y tú, cómo te  hallas?

Entre fuerte y dulce como el guarapo.

El interpelante abrió desmesuradamente los ojos, diciendo:

—Si no me hablas de otro modo, me quedo en ayunas.

—Quería manifestarte que me va entre bien y mal pasar.

—Comprendido.



Esto define claramente el significado del refrán, y lo popularizado que estaba en nuestra capital, quizás cuna del refrán en nuestro país.



José García de la Concha (1893-1975)

Uno de los mejores y amenos costumbrista caraqueños que nuestra Capital ha tenido, narra interesantes datos sobre el guarapo y su elaboración en nuestra ciudad, en su libro Reminiscencias. Vida y costumbres de la vieja Caracas.

Comenta J.G.de la Concha  lo siguiente:

“En la jarra o barril, en agua pura, se metía el papelón a derretir; luego se le agregaban las conchas de piña y unos canutos de de caña de azúcar pelados y partidos en trocitos; después con una paleta se meneaba bien y se dejaba reposar. Si se consumía el mismo día, se llamaba “guarapo fresco”. Si se dejaba para el día siguiente, estaba “entre fuerte y dulce”, y pasado los tres días, que ya comenzaba su fermentación, entonces era que se llamaba “guarapo fuerte”, muy gustable por cierto entre los caminantes”.


Lo más importante de todo actualmente es, que aún en Caracas, sobre todo en los barrios, se puede continuar tomando la deliciosa “cerveza del pobre” como dijo García de la Concha. 
* yerena.geronimo@gmail.com

lunes, 23 de abril de 2012

LAS CAUSAS DE LA MUERTE DEL LIBERTADOR

Carlos Alarico Gómez
Resumen
En este artículo se analiza el problema surgido sobre la causa de muerte del Libertador, incluyendo su posible asesinato, así como también lo referente a si son o no suyos los restos que se encuentran en el Panteón Nacional. El autor ha encontrado una larga evidencia documental que le permite analizar los hechos, dejando claramente establecido su propio criterio. Su acercamiento a este tema se fundamenta en considerar a Bolívar como un personaje histórico ligado profundamente al pueblo venezolano. Es el hombre de Estado de mayor trascendencia del país y así se le ha reconocido universalmente, pero su labor ha sido innecesariamente distorsionada por algunos escritores y políticos, hasta el punto de crear una especie de religión en torno a su figura, lo que ha convertido en Judas a cualquier político de su época que por cualquier razón haya diferido de sus puntos de vista o de alguno de sus proyectos, lo que es contrario al espíritu y razón de cualquier régimen que se considere democrático. Todo el trabajo le permite al lector transitar por las circunstancias que condujeron al final del héroe y a su posterior mitificación. Es un artículo que intenta ser profundamente crítico y reflexivo.

Palabras clave: Libertador, Asesinato; Restos
Abstract

In this article the author analyzes the problem about the true causes of the Liberator's death, including the possibility of murder, and also considers the situation of his remains, explaining whether those buried in the Pantheon are his or not. The author has found several documents that leads him into several conclusions, both affirmatives and negatives, adding his own criteria around this point. His approach into the personality of this hero laid in his conviction that Bolivar is the most important character of all times in Venezuela, and believes that this conviction is shared by the whole people. Nevertheless, he points out that some influential writers and politicians have been deforming his image, making most people believe that Bolívar is beyond a human been, considering traitor to any politician of his times that had had even a small difference of criteria with him. Of course, this is contrary to democracy as a system, and this is the importance of the article, which make readers reflect deeply into this particular problem of the venezuelan society.
Key words: Liberator, murder, remains.

Introducción
Simón Bolívar es el personaje histórico que más profundamente ha llegado a los venezolanos y la razón es absolutamente lógica, ya que su obra no tiene parangón entre los nativos de este territorio que se han dedicado a la política y a la carrera de las armas. Es el hombre de Estado de mayor trascendencia del país y así se le ha reconocido universalmente, pero su labor ha sido innecesariamente distorsionada por algunos escritores y políticos, hasta el punto de crear una especie de religión en torno a su figura, lo que ha convertido en Judas a cualquier político de su época que por cualquier razón haya diferido de sus puntos de vista o de alguno de sus proyectos, lo que es contrario al espíritu y razón de cualquier régimen que se considere democrático.
Ese problema, que podemos calificar de distorsión de la imagen pública del Libertador, se ha agravado últimamente con la duda surgida sobre su causa de muerte, lo que ha creado una atmósfera de suspicacia en torno a su posible asesinato e, incluso, en lo referente a si son o no suyos los restos que se encuentran en el Panteón Nacional.
En este artículo se analiza el problema, sustentado en documentos que intentan demostrar cada aseveración o negación que se va formulando sobre el tema, dejando establecido los argumentos que se basan en el criterio del investigador.
En efecto, el autor ha encontrado una extensa evidencia que le permite aseverar que escritores de gran credibilidad han analizado los hechos sin ninguna base documental o crítica, movidos en muchos casos por su excesiva admiración hacia la figura del Padre de la Patria, lo que los ubica en la categoría de actores de buena fe; pero al mismo tiempo ha percibido la presencia de otros que con propósitos interesados y egoístas, han manipulado la realidad para alcanzar objetivos inmediatos de carácter político, trabajando la figura del héroe en forma pragmática con el fin de afianzar su proyecto político en el colectivo nacional.
La sumatoria de ambas tendencias ha logrado influir en la opinión pública de tal forma que ha deshumanizado a Bolívar, hasta llegar a convertirlo en una especie de héroe mitológico, lo que ha influido negativamente en la capacidad crítica del pueblo venezolano. Es difícil, por tanto, que el venezolano del común esté en capacidad de analizar objetivamente la personalidad del líder de la gesta independentista, así como el proceso de liberación de Venezuela. Este problema se ha venido hipertrofiando debido a que tales opiniones, vertidas sin base científica alguna, han sido incorporadas al pensum de estudios de la escuela primaria y, por tanto, han deformado la imagen pública de Bolívar.
En consecuencia, es necesario que se comience a difundir de manera objetiva y profesional el pensamiento político del grande hombre, así como los sucesos en que se vio envuelto durante su compleja e intensa existencia, especialmente en el lapso 1828-1830, tal como haN venido proponiendo los historiadores Germán Carrera Damas (El Culto a Bolívar, 1973) y Elías Pino Iturrieta (El Divino Bolívar, 2008), con el fin de que se pueda lograr la captación de los valores que hicieron posible la independencia, incluyendo los errores en que incurrió el líder.

LA APOTEOSIS DE BOLÍVAR
El iniciador de este problema fue sin duda Antonio Guzmán Blanco, de acuerdo a los trabajos de investigación que sobre el particular han adelantado historiadores de gran seriedad, tales como la escritora María Elena González Deluca (2007: 114) y Díaz Sánchez (1968, 5ta edic.: 115), en la que demuestran que el estadista venezolano, posiblemente motivado por el vínculo de parentesco que tenía con Bolívar, adelantó una intensa actividad destinada a enaltecer la figura del héroe, más allá de la realidad humana, en lo que dio en llamar “las glorias de Bolívar”.
La apoteosis comenzó durante el centenario del natalicio de Bolívar, circunstancia que fue aprovechada con gran habilidad por el Ilustre Americano, como le gustaba hacerse llamar, quien creó por decreto la Junta respectiva, la cual estuvo presidida por Antonio Leocadio Guzmán, quien la coordinó, e integrada por Fernando Bolívar, sobrino del Libertador, así como por los intelectuales Arístides Rojas, Agustín Aveledo, Pablo Clemente, Andrés Level de Goda y Manuel Vicente Díaz, quienes cumplieron a cabalidad la misión asignada. Como se sabe, Antonio Leocadio era el padre de Guzmán Blanco y su progenitora fue Carlota Blanco de Jérez y Aresteiguieta, pariente cercana de Bolívar.
La conmemoración, si bien ampliamente merecida por el Padre de la Patria, fue llevada a extremos tales como el de crear una moneda con la efigie de Bolívar y Guzmán, con el claro propósito de magnificar la figura del jefe del Quinquenio, como fue denominado este segundo período de Guzmán Blanco. La suerte vino en su ayuda y el escritor Eduardo Blanco contribuyó a la efemérides con un libro titulado Venezuela Heroica (1881), en cuyas páginas se observa la gran influencia de Homero en su obra, en la que despliega una literatura épica en capítulos llenos de exagerado fervor, al estilo de La Odisea, en los que convierte en titanes a los generales de la Independencia y a Bolívar en el mismísimo Zeus. Llega incluso a inventar algunos episodios, como el de la dramática despedida de Pedro Camejo cuando, herido de gravedad en el Campo de Carabobo, galopa moribundo para despedirse del general José Antonio Páez y, al estar frente a él, descubriéndose el pecho, le expresa balbuciente: “Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto”. El hecho nunca ocurrió, como se puede verificar en la Autobiografía escrita por Páez en Nueva York, durante el año 1869, donde narra con detalles lo acontecido durante la batalla de Carabobo (1971: 338).
Guzmán Blanco fue sólo el comienzo. Gobiernos posteriores contribuyeron a aumentar la apoteosis, tal como ocurrió con los dictadores andinos, culminando con un partido político bolivariano creado por Eleazar López Contreras, que tuvo como propósito garantizar la permanencia de los hombres de la Causa Andina en el poder y su propio regreso a la Presidencia. Para lograr su cometido, utilizó los servicios de un asesor colombiano de nombre Franco Quijano, quien demostró sus amplias habilidades en el manejo de las actas electorales, lo que le permitió a la Agrupación Cívica Bolivariana (ACB) y luego al Partido Democrático Venezolano (PDV) el control de la maquinaria de poder andina, según ha quedado demostrado en las múltiples investigaciones hechas sobre esa etapa, en particular la obra Origen del Estado Democrático en Venezuela (Gómez, 2004: pp 5, 22, 38).
El resultado es que se ha convertido a Bolívar en un fantasma viviente que no es más que una caricatura de lo que él realmente fue, lo que ha generado líderes que se sienten elegidos por la providencia para vindicar las afrentas reales o supuestas que le infligieron al Libertador. Esta actitud se ha repetido en varias oportunidades. Castro y Gómez fueron grandes bolivarianos. López Contreras y Chávez Frías crearon partidos políticos bolivarianos, olvidando incluso lo referido por el propio Bolívar en la Proclama que dictó el 9 de diciembre de 1830, cuando se sintió morir, para despedirse de sus compatriotas: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión…”. La referencia fue tomada del mencionado documento, citado por Liévano Aguirre en su obra Bolívar (1974: 515).
Esta situación de adoración perpetua, como diría la prensa de la época guzmancista, se ha convertido en un problema en nuestro país, contraviniendo lo establecido en la Ley sobre el uso del nombre, la efigie y los títulos de Simón Bolívar (1968), e incentivando la utilización de la figura del Libertador con propósitos políticos.
La verdad ha sido distorsionada, de buena o mala fe, hasta el punto de poner en tela de juicio el protocolo de la autopsia que practicó y firmó Alejandro Próspero Reverend, el médico francés que atendió a Bolívar en los momentos finales de su existencia. Tanto es así que el 17 de diciembre de 2007 el propio Presidente de la República de Venezuela, ahora Bolivariana por su impuesta voluntad, utilizó la tribuna de oradores en el Panteón Nacional, apartándose de la tradición, para desarrollar la hipótesis de que Bolívar fue asesinado en Santa Marta y sembrar dudas sobre la autenticidad de los restos que desde 1930 fueron colocados en la urna de bronce que fue diseñada por el escultor Chicharro Gamo, donde hoy se encuentran.
Uno de los propósitos de este artículo es analizar si al Presidente le asiste la razón o si se trata de alguna estrategia, para lo cual el autor buscó los antecedentes documentales de lo que ocurrió con nuestro máximo héroe, antes y después de su muerte.

LA MUERTE DE BOLÍVAR

El 17 de diciembre de 1830 el sol amaneció radiante en Santa Marta. No obstante, ninguno de sus moradores notó el pronto despuntar del día, ni la belleza que irradiaban los intensos rayos solares sobre los jardines de la Quinta San Pedro Alejandrino. La razón no era atribuible a la indiferencia de la gente que allí se encontraba, sino más bien a los estertores de la muerte que se escuchaban inclementes en la residencia del coronel Joaquín de Mier. El enfermo era el hombre que creó a Colombia en 1819 y que había dirigido sus destinos hasta marzo de ese mismo año. Por lo tanto, no había habido tiempo ni lugar para fijarse en la bella mañana de aquel luctuoso viernes 17.
El médico francés Alejandro Próspero Reverend entraba y salía presuroso del cuarto donde se encontraba el paciente, a cuyo cuidado había estado desde el 1 de diciembre, fecha en la que Bolívar desembarcó del navío Manuel, que lo condujo desde Barranquilla hasta Santa Marta. Su experiencia médica le hacía ver que era inminente un desenlace fatal. Reverend había actuado muy profesionalmente desde que Bolívar fue confiado a su cuidado, a pesar de los pocos recursos médicos de que disponía y de lo limitado de sus conocimientos. Cuando supo que había hecho escala en el puerto de Santa Marta la goleta de guerra Grampus, de bandera norteamericana, en la cual se encontraba el médico cirujano M. Night, decidió hablar con él para consultarle sobre el caso de su paciente. El médico norteño lo escuchó con interés, lo ayudó en su diagnóstico y, como consecuencia de esta conversación, se decidió no postergar más tiempo el traslado de Bolívar a la Quinta San Pedro Alejandrino y el 6 de diciembre fue llevado a ese lugar. La información aparece en el Boletín N° 2 de Reverend, emitido el 2 de diciembre de 1830 e insertado en el folleto titulado La última enfermedad, los últimos momentos y los funerales de Simón Bolívar, escrito por Alejandro Próspero Reverend, editado en París en 1866, el cual aparece publicado en la compilación de Ildefonso Leal (1980:68). Pocos días después también ancló en el puerto de Santa Marta el navío británico Blanche que portaba al Dr. Miguel Claire, enviado por el Gobernador de Jamaica para atender al Libertador, pero lamentablemente llegó cuando ya era demasiado tarde.
Consciente de lo delicada en que se hallaba su salud, Bolívar se confesó con el Obispo de Santa Marta, monseñor José María Estévez, y recibió la extrema unción de manos del padre Hermenegildo Barranco, párroco de la población de Mamatoco, la más cercana a San Pedro. También firmó su testamento el día 10, en el cual hizo un dramático llamado a la unión de los pueblos para preservar la paz.
Una semana después, Briceño Méndez y Fernando Bolívar se encontraban conversando en el frente de la residencia, junto a un frondoso tamarindo y, al poco tiempo, se les unieron José Laurencio Silva para considerar la gravedad de su ilustre pariente. Era el mediodía cuando observaron a Reverend que caminaba cabizbajo y ceñudo hacia donde ellos se encontraban. Los tres hombres presumieron la noticia que estaban a punto de recibir. Cuando el médico estuvo al lado de ellos les expresó en alta voz, para que escucharan los que se encontraban más lejos: "Señores, si queréis presenciar los últimos momentos y postrer aliento del Libertador, ya es tiempo" (Mijares, 1983: 382).
Todos los presentes fueron penetrando en la alcoba donde se encontraba el Padre de la Patria y, una vez allí, presenciaron la agonía y muerte del Libertador en un silencio sepulcral sólo interrumpido por los constantes sollozos de José Palacios. Estuvieron presentes en el momento del trance los generales Mariano Montilla, José Laurencio Silva, Pedro Briceño Méndez, Julián Infante, José Trinidad Portocarrero y José María Carreño; los coroneles Belford Hinton Wilson, José de la Cruz Paredes y Joaquín de Mier; el comandante Juan Glen; los capitanes Andrés Ibarra y Lucas Meléndez; los tenientes José María Molina y Fernando Bolívar Tinoco; los doctores Manuel Pérez Recuero y Alejandro Próspero Reverend; y su mayordomo José Palacios. Todos ellos fueron fieles al Libertador durante su vida y después de su muerte.
El deceso de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios se produjo a la una de la tarde. Reverend lo informó al mundo a través de su reporte médico número 33 y, de inmediato, expresó que era necesario hacer una autopsia. Una vez que estuvieron todos de acuerdo, le correspondió al general Montilla transmitirle la conformidad de los deudos.

LA POSIBILIDAD DE UN CRIMEN
Las personas que acompañaron a Bolívar durante su enfermedad fueron todas de su más absoluta confianza, cercanía y probada lealtad. La vida de todos ellos se conoce al detalle y no hay la más mínima posibilidad de que alguno haya incurrido en un crimen contra la figura de aquel hombre por el que sentían devoción y aceptaban como su máximo líder. Varios de ellos tenían un lazo sanguíneo o colateral con el Libertador, tal como era el caso de Fernando Bolívar, hijo de Juan Vicente, su hermano mayor, al que consideraba su hijo; el general José Laurencio Silva, casado con Felicia Bolívar Tinoco, hija de Juan Vicente; el general Pedro Briceño Méndez, casado con Benigna Palacios Bolívar, hija de su hermana Juana. La cocinera que preparaba la comida era Fernanda, enviada por Manuela Sáenz para atender la dieta y cuidar la vida de su amante. El que le servía la comida y le daba masajes era José Palacios, su mayordomo, quien era tratado como si fuera miembro de la familia Bolívar.
Sólo hay un aspecto extraño que debe ser incorporado a la investigación que anunció el actual Presidente de Venezuela. Ocurrió que el día 12 llegó a San Pedro el coronel Luis Perú de Lacroix con una carta de Manuela para el Libertador, pero no se la pudo entregar dada la situación en que éste se encontraba. Su llegada coincidió con una misiva que recibió Mariano Montilla, en la que le denunciaban que en la casa del Obispo Estévez se encontraba hospedado el Dr. Ezequiel Rojas, uno de los hombres que participó en el intento de magnicidio contra Bolívar el 25 de septiembre de 1828. Tan pronto lo supo, Montilla se presentó en la casa del prelado, procedió a detener a Rojas y lo envió preso a Bogotá bajo la custodia de Perú de Lacroix.
No obstante, la posibilidad de que Rojas haya podido tener acceso a San Pedro Alejandrino para envenenar al Libertador es altamente dudosa y peregrina. Cualquier intento suyo para entrar en la residencia le habría costado la vida, dado que allí se encontraba el general de división Mariano Montilla, Comandante General del Magdalena, región en donde estaba ubicada Santa Marta, quien disponía de una guardia que custodiaba el área. Además, el Presidente de la República de Colombia era el general en jefe Rafael Urdaneta, amigo incondicional del Libertador, quien había asumido la primera magistratura después del golpe de Estado que perpetró el 3 de septiembre de 1830, deponiendo a Joaquín Mosquera, quien había sido electo por el Congreso Admirable en comicios ganados por los enemigos de Bolívar.
Sin embargo, ante el hecho consumado de que ya ha sido designada una Comisión Presidencial para investigar el supuesto crimen, es imprescindible indagar los pasos de Ezequiel Rojas mientras permaneció en Santa Marta e incluso la relación que tenía con el Obispo de Santa Marta, en cuya casa estaba hospedado en condición de amigo, según expresión del propio prelado. Sin embargo, como en la Comisión Presidencial no existe un solo científico, debe contemplarse la inclusión de representantes de las Academias de la Historia de Colombia y Venezuela, además de expertos en criminalística que conozcan la técnica del ADN. En este sentido, debe ser considerada la contratación de los científicos que determinaron la autenticidad de los restos de Colón, lo cual resultaría una estupenda coincidencia ya que, como se sabe, el nombre de Colombia lo concibieron Miranda y Bolívar para honrar la memoria del gran Almirante, por el que sentían una justificada admiración basada en la odisea que dirigió en un viaje pleno de peligros, que lo condujo a nuestro continente sin conocer siquiera su existencia.

ANTES DE SU MUERTE
La documentación sobre la salud de Bolívar es abundante y no deja duda alguna sobre el pésimo estado físico en que se hallaba el Padre de la Patria. Se puede notar que su enfermedad se había comenzado a agravar desde su último viaje a Guayaquil, el año anterior a su muerte, cuando tuvo que permanecer inactivo debido a su debilidad extrema, según lo comprobado y expuesto por el médico Oscar Beaujon en su ponencia titulada El Libertador enfermo, la cual fue presentada en la Mesa Redonda La enfermedad causal de la muerte del Libertador, organizada por la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, celebrada en Caracas el 27 de junio de 1963. Beaujon dice textualmente (Leal, 1980: 471) que “A principios de agosto de 1829 el Libertador se encontraba en Guayaquil, donde sufrió… de un fuerte ataque de nervios y fiebre, cuya sintomatología puede concretarse en: ataque de nervios, cólera morbo y fuete calentura”.
Quizá la evidencia más exacta de su estado de postración la revela el artista José María Espinosa en el retrato que le hizo al Libertador en Bogotá entre enero y marzo de 1830, donde se ve claramente a un anciano enfermo y no a un hombre de cuarenta y seis años de edad. Luego, en las cartas que dejó antes y después de su renuncia a la Presidencia hay claros indicios de lo mal que se sentía, hasta el punto de que al llegar a Santa Marta tuvo que ser bajado del barco en los brazos de sus amigos, porque no era capaz de caminar. Esto lo obligó a permanecer en esa ciudad hasta el día seis, fecha en la que fue trasladado en una berlina hasta su destino final.

DESPUÉS DE SU MUERTE
La autopsia determinó que la causa de la muerte fue una tuberculosis diseminada de tipo fibroulcerocavernoso y, una vez completada, se procedió a preparar y vestir los restos con ayuda de Palacios, quien utilizó una camisa de José Laurencio Silva, pues la que sacaron de uno de los baúles del Bolívar estaba rota. Una vez cumplidos los honores que le fueron rendidos como Libertador, ex-jefe del Estado y general en jefe, Bolívar fue colocado en una cripta ubicada en la nave derecha de la Catedral de Santa Marta, al pie del altar de San José, que era propiedad de la familia Díaz Granados. Los gastos del sepelio fueron pagados gracias a una colecta pública entre los amigos presentes, la cual alcanzó la cantidad de doscientos cincuenta y tres pesos.
Tres años después, el presidente José Antonio Páez solicitó al Congreso de Venezuela que ordenara la repatriación de sus restos y, en virtud de que su solicitud no fue oportunamente atendida, el presidente Carlos Soublette renovó la misma en enero de 1838, a pedimento de María Antonia, hermana del Libertador, pero de nuevo este requerimiento fue pospuesto. No obstante, Páez fue más enfático durante su segundo gobierno y motivado por una carta que le enviaron las hermanas y el sobrino de Bolívar, se dirigió al Congreso el 9 de enero de 1842 exigiendo se aprobara la solicitud formulada por él en su primer mandato, debido a "...los grandes servicios hechos por el Libertador Simón Bolívar a su patria y a la América del Sur...".
Esta vez el Congreso decretó el traslado de los restos el 29 de abril de ese año y Páez le colocó el ejecútese al recibir el documento del Poder Legislativo, procediendo de inmediato a designar una Comisión integrada por los generales Mariano Montilla, Francisco Rodríguez del Toro y el doctor José María Vargas. Sin embargo, por asuntos de distinto orden los designados no aceptaron el honor y en su lugar fueron nombrados José Tadeo Monagas, Francisco Parejo, Ramón Ayala y Bartolomé Salom, pero éstos también declinaron conformar la Comisión, excusándose por diferentes razones.
Finalmente, la Comisión que fue a Santa Marta estuvo presidida por José María Vargas e integrada por José María Carreño y Mariano Ustáriz, quienes viajaron acompañados por el presbítero Manuel Cipriano Sánchez en el buque Constitución, propiedad de la Armada venezolana, bajo el mando del comandante Sebastián Boguier. Al llegar a Santa Marta fueron atendidos por la Comisión designada al efecto por el gobierno de la Nueva Granada, presidido entonces por el general Pedro Alcántara Herrán, quien ordenó la entrega de los restos el día 4 de agosto del citado año. La Comisión estuvo integrada por el general Joaquín Posada Gutiérrez, gobernador de Santa Marta; monseñor Luis José Serrano, obispo de la Diócesis; el general Joaquín Barriga, Juan Francisco de Martín y Joaquín de Mier. El doctor Alejandro Próspero Reverend fue el encargado de abrir la cripta y preparar el informe de la entrega de los restos, excepto el corazón de Bolívar que permaneció en un cofre guardado en la citada Catedral, con el visto bueno de la representación de Venezuela.
La exhumación tuvo lugar el 20 de noviembre de 1842 a las 5 de la tarde. El informe del doctor Reverend no deja lugar a dudas de que los restos que se estaban entregando eran en efecto los del Libertador, y así se dejó constancia en acta. Se debe hacer notar que en 1838, debido al mal estado que se encontraba la cripta después del terremoto de 1834, los restos fueron trasladados temporalmente a la casa de don Manuel de Ujueta y restituidos cuando se realizaron las refacciones correspondientes. Luego, en 1839, el general Joaquín Anastasio Márquez financió la construcción de un sepulcro más apropiado para la dignidad del fallecido y se le reubicó en la nave central, frente al presbiterio.
Una vez comprobada la autenticidad de los restos por Pablo Clemente y Simón Camacho, quienes asistieron al acto en representación de la familia Bolívar, la Comisión salió rumbo a La Guaira el 22 de noviembre y llegó a su destino el 12 de diciembre de 1842, según el recuento que a tal efecto hace Camacho, reproducida en la obra Ha Muerto el Libertador, editado por la UCV (Leal, 1980: 127). Los gobiernos de Francia, Inglaterra, Holanda, Dinamarca y los Estados Unidos enviaron naves de guerra para escoltar los restos del héroe en La Guaira, que fueron desembarcados y llevados en caravana a Caracas el 16, de acuerdo a la descripción que redactó el artista Ferdinand Bellerman, quien se encontraba en La Guaira durante la llegada de los restos del Libertador, documento que aparece insertado en la obra A los 150 años del traslado de los restos del Libertador (De Sola, 1992: 75). Desde que el ataúd entró en la ciudad natal de Bolívar, las demostraciones de afecto expresadas por sus compatriotas fueron inmensas y en forma multitudinaria. Sin distingos de clase, todos acompañaron la caravana funeraria hasta la Iglesia de la Santísima Trinidad, hoy Panteón Nacional.
El ataúd fue trasladado a la Iglesia de San Francisco el 17 de diciembre a primera hora. Era el mismo lugar donde recibió el título de Libertador en 1813 y la fecha era cabalística, pues fue la misma en la que el Congreso reunido en Angostura puso el ejecútese a la creación de Colombia en 1819, a la vez que se cumplía el duodécimo aniversario de su muerte. Allí permaneció hasta el 23 en la mañana, cuando se le trasladó a la Catedral de Caracas, donde recibió cristiana sepultura en la capilla de la familia Bolívar. Juana y Fernando, hermana y sobrino de Bolívar, asistieron a los actos fúnebres.
Los restos fueron examinados cuidadosamente por el Dr. José María Vargas y luego colocados en una urna al lado de sus padres, de su esposa y de su hermana María Antonia, según consta en la documentación que existe al respecto. Allí permanecieron hasta el 28 de octubre de 1876, día de San Simón, ocasión en que fueron conducidos al Panteón Nacional, por disposición del presidente Antonio Guzmán Blanco.
Por lo tanto, cuando en 1947 se presentó un escándalo debido a la denuncia que formuló el Dr. José (Pepe) Izquierdo en torno al hecho de haber encontrado una calavera trepanada que sin dudar un momento dijo ser la de Bolívar. La calavera estaba en la cripta de la familia Bolívar en la Catedral, en el suelo, abandonada. Al trascender la noticia por los medios de comunicación social, la opinión pública reaccionó un tanto angustiada debido a que la gente se preguntaba de quién eran los restos que fueron trasladados al Panteón.
Como era de esperarse, las autoridades actuaron con prudencia y suspicacia, especialmente el Congreso de la República, entonces presidido por el Dr. Andrés Eloy Blanco, debido a que el famoso galeno era muy conocido por su carácter impulsivo y apasionado. El Congreso ordenó una investigación y designó una Comisión que investigó el caso y procedió incluso a abrir el sarcófago de Bolívar, el cual fue cuidadosamente inspeccionado, llegándose a la conclusión de que los restos que allí estaban se correspondían con los que colocó Vargas en la cripta de los Bolívar.
La incredulidad de legos y expertos tenía una base lógica, pues era muy difícil que alguien pudiera haber entrado a la Catedral de Caracas para profanar unos restos que no tenían ningún beneficio pecuniario que ofrecer. Además, en esa época la Catedral tenía el Seminario a su lado (luego Escuela Superior y más tarde sede del diario La Religión) y a pocos metros la Casa Amarilla, que era el lugar donde funcionaba el despacho del Presidente de la República, hasta ser trasladada a Miraflores en 1900. Por lo tanto, cualquiera que hubiese intentado entrar en la capilla con propósitos insanos habría corrido el gravísimo riesgo de ser inmediatamente detenido y sometido a prisión.
Otro aspecto a considerar es que existe un informe médico-social de los doctores Cristóbal Mendoza, Ambrosio Perera, Vicente Lecuna y M. Cruxent, en el que se deja constancia de que la calavera encontrada por Izquierdo corresponde a la de Josefa Tinoco, mujer de Juan Vicente, hermano del Libertador, cuyo cadáver fue autopsiado con trepanación de cráneo, de acuerdo a lo señalado en la investigación que efectuó al respecto el Dr César Planchart, publicada en el diario El Universal (2008: 1-10). Sobre el mismo tema se pronunció la Academia de la Historia en un opúsculo titulado Integridad de los restos del Libertador (1947), en el que se concuerda que los restos corresponden a los que se indican en el informe del Dr. José María Vargas sobre la preparación del cadáver del Libertador efectuada por él en 1843.
Por último, es necesario precisar el destino de la famosa calavera. ¿A dónde fue a parar? La calavera que encontró Izquierdo y que creyó fuera la del Libertador permaneció en sus manos y, como suele ocurrir en Venezuela, al poco tiempo ocurrieron sucesos de tan gran magnitud en la política venezolana que ya nadie más se preocupó por saber su paradero. Es posible que el galeno la haya llevado a la Escuela de Medicina de la UCV y que allí se encuentre todavía; pudiera haber sido recolocada en la capilla de la familia Bolívar; también es factible que haya sido ubicada en la tumba del Dr. Izquierdo; o que permanezca en posesión de los descendientes del controversial médico. El autor estima que se le debe dar más peso a la primera hipótesis, debido a que el recientemente fallecido Dr. Francisco Plaza Izquierdo, sobrino de Pepe Izquierdo, dijo en muchas oportunidades que la había tenido en sus manos y que permanecía en la UCV.
No obstante, el actual Presidente de Venezuela ha creado una duda colectiva que requiere ser dilucidada. Tal como él se comprometió ante el país y ante la comunidad internacional, es necesario hacer una investigación, pero es importante que los integrantes de la Comisión designada no dejen ninguna duda cuando se produzca el resultado. Un asunto tan delicado no puede ser manejado con criterio político, sino científico. Por lo tanto, la ciencia histórica y la ciencia médica deben ahora determinar cuál es la verdad.

miércoles, 4 de abril de 2012

LA ACTUAL COMUNIDAD JUDÍA VENEZOLANA

Paulina Gamus
En la segunda mitad del siglo XIX, hubo marcado interés de los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco y Joaquín Crespo por atraer inmigrantes al país. Se hacía mediante contratos que el gobierno otorgaba y con la designación de agentes consulares idóneos. Los judíos Abraham J. Lasry, Enrique B. Levy y Alejandro Mondolfi, este último de origen italiano, cumplieron esas tareas. En las dos últimas décadas de ese siglo, comenzó a llegar al país una inmigración judía proveniente del norte de Marruecos, especialmente de Tetuán. Enrique B. Levy será uno de los fundadores, en 1907, de la Sociedad Benéfica Israelita que apenas tiene una duración de dos años. En 1930, Alejandro Mondolfi preside la Asamblea que acordará la constitución de la Asociación Israelita de Venezuela, institución que hasta hoy agrupa a la comunidad sefardí del país. Los apellidos de esos nuevos inmigrantes son, entre otros, Levy, Cohen, Taurel, Obadía, Benacerraf, Sabal, Ettedgui, Pariente, Coriat, Benshimol, Bendayán, Sananes, Benzecri, Benmergui, Benaim, Pilo, Carciente, Benarroch. Se encuentran con una comunidad judía, la de origen curazoleño holandés, en vías de extinción por el proceso asimilatorio, pero el choque cultural impide los nexos entre ellos. Los recién llegados se establecen mayoritariamente en Caracas, pero también en La Guaira, Puerto Cabello, Carupano, San Fernando de Apure, Río Chico, Valle de la Pascua, Maracaibo, Barcelona, Villa de Cura, Barquisimeto, Los Teques, La Victoria y Maracay.

A finales de los años veinte y mediados de los treinta, la crisis económica que se vive en el mundo, adquiere dimensiones de miseria en el Medio Oriente. Comienzan a llegar judíos provenientes de Palestina, Siria, Líbano y también de Turquía, Grecia y Bulgaria. Se les engloba bajo el mote de "turcos" ya que provenían de los antiguos dominios del Imperio Otomano.

Se produce de nuevo un desencuentro cultural con la comunidad ya establecida, en su mayoría próspera, de judíos de origen marroquí. Estos últimos van a ser los mayoristas que proveen de mercancías a los "turcos" para que realicen su trabajo de vendedores por cuotas, de puerta en puerta y de pueblo en pueblo. Los unía la fe religiosa pero los separaban el idioma y las costumbres.

En esos mismos años llegaron algunas familias ashkenazíes, es decir judíos originarios de Europa que en su mayoría se expresaban en idish, una lengua derivada del alemán ó bien en este idioma. Las relaciones intercomunitarias eran difíciles, por razones idiomáticas, culturales y hasta por el acento y entonación de sus oraciones.

A finales de la década de los 30, logran arribar al país algunos judíos que han podido escapar de lo que ya se vislumbraba como el propósito del régimen nazi de exterminarlos.

En 1939 el gobierno del general Eleazar López Contreras, en un gesto que lo enalteció, permitió el ingreso al país de un grupo de judíos que había salido de Alemania en los barcos Caribbea y Koeningstad y que fueron rechazados en distintos puertos de América, incluido Curazao. Iban a ser devueltos a la muerte segura cuando Venezuela les abrió sus puertas.

Los esposos Rottenberg, Juan Plaut, la familia Kern, las profesoras María Tengler y su hermana Federica Ritter, la entonces muy niña Susy Kobler, que es hoy nuestra reconocida artista plástica Susy Iglicki, el profesor de canto Alfredo Hollander, serían algunos de los pasajeros de esos buques. Pronto se integraron a la vida venezolana con espíritu emprendedor. Gracias a Miguel Rottenberg, los caraqueños conocimos las delicias y el refinamiento de la pastelería europea cuando fundó la Pastelería Vienesa, al principio en un pequeño local en El Conde. Kern, introdujo la comida rápida gourmet desde su inolvidable Fuente de Soda del Centro Médico de San Bernardino. su hijo Heinz sería un notable Químico, promotor de importantes empresas.

Las profesoras Tengler y Ritter fueron memorables para varias generaciones, como pedagogas de latín, griego, alemán, inglés y francés. Profesionales, técnicos, artistas, maestros, gente con una vasta cultura y una formación para el trabajo emprendedor que pronto encontrarían en Venezuela, donde tantas cosas estaban por hacerse, el campo propicio para desarrollar todos sus talentos.

No fueron muchos los judíos europeos que tuvieron la suerte de los pasajeros del Caribbea y del Koeningstadt.

Una circular girada por la Cancillería venezolana a todos sus consulados en el Exterior, prohibía expresamente otorgar visas a judíos...

Al concluir la Guerra en 1945, llegó un número importante de sobrevivientes originarios de Rumania, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Grecia, Austria y Alemania. Muchos cambiaron sus apellidos para poder ingresar al país ya que se mantenía vigente la antes mencionada circular.

En 1946, la comunidad ashkenazí funda el Colegio Moral y Luces Herzl Bialik. En sus comienzos el alumnado fue mayoritariamente perteneciente a ese sector. Pero al pasar de algunos años, los sefarditas comparten la tarea educativa y se transforma en el colegio de toda la comunidad y en el factor determinante de la unidad entre los judíos venezolanos, sin distingo de origen.

A partir de 1948, con la creación del Estado de Israel, se produce una emigración masiva de judíos desde países musulmanes, en donde la presencia de estas comunidades había sido milenaria. Llegan a Venezuela desde Egipto, Siria y Líbano. Y al proclamarse la independencia de Marruecos, en 1956, se produce una importante inmigración de judíos que venían de Tetuán, Tánger, Melilla, Ceuta y otras ciudades del Norte de África donde el español era el idioma predominante. Se encontraron con instituciones ya consolidadas, con sinagogas y con un colegio comunitario. De inmediato se incorporaron a la vida judía y a las actividades comerciales e industriales.

La comunidad judía de hoy está constituida por judíos venezolanos hasta de cuarta generación y por otros cuyos padres, ó ellos mismos, nacieron en otras tierras.

JUDÍOS DE TODOS LOS TIEMPOS EN EL DESARROLLO DE VENEZUELA

Los integrantes de las distintas inmigraciones judías que llegaron a Venezuela, se dedicaron en su gran mayoría, al comercio. Pronto, muchos incursionaron en actividades industriales y financieras.

El primer banco del país, llamado Banco de Venezuela y creado por decreto del Presidente José Antonio Páez, fue fundado por Isaac José Pardo Abendana, judío sefardí proveniente de Altona, ciudad alemana cercana a Hamburgo. Llegó a Venezuela, con solo 17 años de edad, en 1841. Además de banquero, fue un prominente jurista con participación protagónica en la redacción del Código de Comercio, lo que le valió una condecoración del presidente Guzmán Blanco.

Administró y dirigió el primer telégrafo de Venezuela. Fue co-fundador del primer periódico de La Guaira y del Teatro Caracas. Tradujo del alemán la biografía de George Washington escrita por su hermano Michael, quien había emigrado a Venezuela pocos años antes que él.

Fue casi una norma que estos inmigrantes, muchos de ellos con escasa instrucción, aspiraran para sus hijos aquí nacidos, el camino de las profesiones universitarias. El primer judío egresado de la Universidad Central de Venezuela, fue Isaac Senior, graduado de Bachiller en Artes y Filosofía en 1844. Le sucedieron, a lo largo de varias generaciones, correligionarios que eligieron, con preferencia, la carrera de medicina.

Luego la ingeniería, la farmacia, la odontología y la arquitectura. Pero también la abogacía, las ciencias, la economía y las carreras humanísticas.

En todas y cada una de esas disciplinas, ha sido notable el aporte de profesionales judíos en las diversas áreas del desarrollo y de la modernización del país. Entre los que se pueden mencionar son: Los Médicos: David Lobo nacido en 1864, en Puerto Cabello, fue no solo un eminente obstetra y fisiólogo, sino además miembro fundador y Presidente de la Academia Nacional de Medicina, Rector de la Universidad Central de Venezuela, Presidente del Senado de la República y Embajador en Washington.

A este nombre se agregan los de Aarón Benchetrit, natural de Tetuán, revalidó en la UCV, en 1916, su título de médico colonial obtenido en París. Especialista en el estudio y tratamiento de la lepra é inventor de una pócima que, en medio de gran polémica, fue la única cura aplicada con éxito contra la epidemia de gripe española que hizo estragos en el país en 1918.

Elías Benarroch, graduado en la Sorbona en 1923, revalidó en la UCV en 1928, descubrió al anopheles darlingi como transmisor del paludismo y fue uno de los pioneros en la lucha contra esta enfermedad que permitió su casi total erradicación a principio de los años cuarenta.

Elena Blumenfeld, investigadora de la lepra, hizo del leprocomio de Cabo Blanco su residencia para estar siempre cerca de sus enfermos. Henrique Benaim Pinto, laureado internista, académico de la medicina; Víctor Benaim Pinto, ginecólogo y obstetra, iniciador de los estudios de fertilidad en el país. Médico rural al igual que su esposa, en Cariaco, Estado Sucre, donde ambos fueron declarados hijos ilustres. Fue un notable pedagogo y por muchos años, director del Instituto Nacional de Higiene. Gracias al rigor que aplicó siempre a la aprobación de nuevas medicinas, ningún niño venezolano sufrió las consecuencias nefastas de la talidomida.

Martín Mayer, fundador del Instituto de Medicina Tropical.

Rudolph Jaffé, quien vino de su Alemania natal para iniciar en Venezuela la cátedra de anatomo-patologí a.

Víctor Zamorani, destacado pediatra y profesor universitario quien llegó a Venezuela cuando las leyes raciales de Mussolini le impidieron seguir ejerciendo la profesión en su Italia natal. La Academia Nacional de Medicina le rindió homenaje póstumo al cumplirse el centenario de su nacimiento.

Joel Valencia Parparcén, uno de los más destacados Gastroenterólogos de Venezuela, Simón Béker, fundador de la hepatología.

Moisés Feldman, psiquiatra que dedicó gran parte de su vida al estudio de la psicología de los próceres de la Independencia: Simón Bolívar, José Antonio Páez, Antonio José Sucre y de figuras como el sabio Rangel y Armando Reverón y fue un adelantado en el estudio del genoma humano.

Rubén Merenfeld, oncólogo, fundador de la Sociedad Anticancerosa e incansable líder de la lucha contra el cáncer.

La primera mujer que ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, fue Sara Bendahán. Por trastornos de salud no pudo graduarse cuando le correspondía.

La primera egresada, en esta profesión, en 1936, fue la también judía Lía Imber de Coronil, pediatra de inolvidables aportes. Sara Bendahán se graduó de doctor en ciencias médicas en 1939. Y es la primera mujer que obtuvo el título de médico por revalida fue, en 1928, Ida Mlec de Petkoff, durante 12 años ejerció como médico del Central Azucarero de El Batey y fue durante largo tiempo, la única médico en todo el Municipio Bobures, del Estado Zulia.

A estos nombres eminentes, se unen los de médicos de generaciones más jóvenes que tienen actuación destacada en todas las especialidades. Como dato interesante, Baruj Benacerraf, Premio Nóbel de Medicina, nació en Caracas aunque se residenció en los Estados Unidos desde temprana edad.

Ingenieros y Arquitectos:

Paúl Lustgarten, especialista en estructuras, individuo de número y Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, miembro correspondiente de la Academia Europea de Ciencias, Artes y Humanidades. Este judío guayanés, ha recibido los más altos honores de las instituciones de su Estado natal y ha participado en la construcción de más de sesenta puentes en el país, entre ellos el Puente sobre el Lago de Maracaibo y el Puente de Angostura, sobre el río Orinoco. Fue asesor en la Construcción de la Avenida Cota Mil, del Metro de Caracas, de los puentes sobre el Río Limón y sobre el Caroní y de muchos otros desarrollos estructurales.

Ricardo De Sola, doctor en Ingeniería de la UCV, profesor universitario, maestro fundador de las escuelas experimentales Venezuela y Artigas, Director Fundador de Petrolera Mito Juan C.A, coordinador del pabellón de Venezuela en la exposición Universal de Canadá, con motivo del centenario de esta nación. Autor de varios ensayos de carácter histórico.

Su hermano, el geólogo Oswaldo de Sola, fue rector de la UCV.

Mario Benmergui Attías, arquitecto con maestría suma cum laude en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Responsable y director del diseño de ocho estaciones del Metro de Caracas, Premio de la Fundación Mendoza junto con los arquitectos Isaac Abadí Abbo y Mariano Goldberg, por el anteproyecto del Club Hebraica. Ganador del concurso para proyectar la nueva ciudad Oued ed Dahab en Marruecos y Cónsul Honorario de Marruecos en Caracas hasta 1987.

Salomón Cohen Levy, ingeniero civil, fundador del grupo Sambil. Podría calificársele como constructor en tiempos de crisis, ya que ninguno de los avatares políticos y económicos por los que ha pasado nuestro país, lo han desanimado en su propósito de invertir siempre en Venezuela.

Celina Bentata, varias veces laureada por su brillante carrera de arquitecta... El Museo de Arte Contemporáneo "Sofía Imber", de Caracas, realizó recientemente una exposición de su obra.

Los Científicos:

Gabriel Chuchani y Estrella Laredo, investigadores con larga trayectoria en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) han sido galardonados con el Premio Nacional de Ciencias. Gabriel Chuchani, fue además designado, en 1986, el ex alumno más destacado de la Universidad de Tulane y ese mismo año recibió mención honorífica del premio Mundial de Ciencias " INST. Albert Einstein".

Boris Drujan y Miguel Laufer fueron directores del IVIC.

Gonzalo Benaím Pinto, farmacéutico y químico, fue un investigador y docente ejemplar y un permanente luchador por la calidad de la educación en Venezuela.

Los judíos en las Letras, las Artes y el Espectáculo:

Resaltan, por el reconocimiento nacional a su obra y trayectoria, los nombres de Isaac Chocrón, Premio Nacional de Teatro, Sofía Imber, Premio Nacional de Artes Plásticas, Elisa Lerner, Premio Nacional de Literatura y Alfredo Roffé, Premio Nacional de Cine.

En la música se encuentran los nombres de Reinaldo Hahn, el compositor del romanticismo del siglo XIX, que emigró a París desde su Caracas natal.

Flor Roffé de Estévez, creadora de un importante método de enseñanza musical para niños.

Emil Friedman, fundador y director del Colegio que lleva su nombre y que combina la educación formal con la musical.

Harriet Serr, gran pianista y maestra de varias generaciones de pianistas.

Alfredo Hollander, maestro de la mayoría de nuestros cantantes líricos.

Jacques Braunstein, que ha contribuido como nadie, a la difusión y comprensión del jazz en nuestro país.

En el mecenazgo musical, la Fundación Carlos y Alegría Beracasa ha tenido una actuación de gran alcance.

El teatro venezolano no sería lo que es sin la contribución extraordinaria de Juana Sujo, judía nacida en Argentina como Juana Sujokovich. Al aporte que han hecho a la dramaturgia figuras como Isaac Chocrón y Elisa Lerner, se une el joven Moisés Kaufman, con éxito internacional, especialmente en la ciudad de Nueva York.

La danza tuvo una pedagoga excepcional en la persona de Stefi Stähl, judía vienesa, maestra en distintas escuelas públicas y en su propia academia. Hoy destaca en ese arte el joven bailarín y coreógrafo de origen israelí, Offer Zaks.

En letras se destacó Ángel Rosenblat, filólogo judío nacido en Polonia, español por adopción, argentino después de la Guerra Civil Española y luego venezolano hasta su muerte.

En la poesía y en la literatura destacan los nombres de Irma de Sola de Lovera, quien presidió por varios años la Asociación Nacional de Escritores; de Martha Kornblith, fallecida en plena juventud, de Jacqueline Goldberg, de Sonia Chocrón.

La brillante periodista, y ensayista trágicamente fallecida, Susana Rotker, fue un miembro de esta comunidad. Es invalorable el aporte al desarrollo de la actividad intelectual que hicieran Violeta Roffé y su hermano Alfredo, con su legendaria Librería "Cruz del Sur", lugar para el conocimiento y discusión de las más avanzadas corrientes literarias y del pensamiento filosófico entre los años 50 y 70. Y la pasión de Alfredo Roffé por el cine, lo condujo a fundar y a publicar durante varios años, la revista "Cine al Día", que alcanzó prestigio internacional.

En el cine destaca, como creadora, Margot Benacerraf, pero además ha sido promotora del aprecio por el buen cine con la fundación de la Cinemateca Nacional. A la generación de cineastas más jóvenes pertenece Elia Schneider.

Otros judíos apasionados por el cine contribuyeron a que lo mejor de este arte estuviera al alcance de los venezolanos: George Korda, fue quien introdujo el cine europeo de vanguardia en el país e inauguró los festivales de cine y el cine foros.

Samuel Dembo, co-fundador con Luis Guillermo Villegas Blanco, de Bolívar Films.

La familia Radonsky, es propietaria de una importante cadena de salas de cine.

Las artes plásticas tienen entre sus creadores a la ceramista Reina Benzecri de Herrera, Premio Nacional de Artes Aplicadas en 1966.

A los artistas Harry Abend, Méyer Vaisman, Sammy Cucher y Carlos Poveda con figuración internacional. También Ricardo Benaim, Susy Iglicki y Nadia Benatar. Y como promotores de estas artes: Sofía Imber, fundadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que lleva su nombre y Clara Diament de Sujo, una de las primeras galeristas del país. Hans Neumann, recientemente fallecido, fue además de empresario exitoso, un apasionado mecenas de artistas plásticos, de muchos proyectos culturales y gran coleccionista de arte.

En el espectáculo merece capítulo especial la figura de Amador Bendayán, nuestro inolvidable artista cómico que llenó varias décadas con risas amables desde la radio, el cine y la televisión.

En las nuevas generaciones destaca el cantautor Ilan Chester (Czentochowsky)

La presencia de judíos en el periodismo de opinión tuvo como figura pionera a Netty Bargraser y ha contado con los nombres de Sofía Imber, Carlos Guerón, Alicia Freilich, Gustavo Arnstein, Rabino Pynchas Brener, Senta Essenfeld de Breuer, Aglaya Kinzbrunner, Alberto Krygier y Paulina Gamus.

Ben Ami Fihman es, desde hace años, el exitoso editor y director de la revista Exceso.

Judíos en funciones públicas:

El judaísmo venezolano contemporáneo ha tenido a varios de sus miembros como servidores públicos:

René de Sola fue Ministro de Justicia, Canciller y Presidente de la Corte Suprema de Justicia.

Alfonso Benzecri, Ministro de Sanidad. Gustavo Pinto Cohen, Ministro de Agricultura y Cría.

Ruth Lerner de Almea, Ministra de Educación y Embajadora ante la UNESCO,

Moisés Naim, Ministro de Fomento y actualmente director en Washington de la prestigiosa publicación Foreing Policy.

Ricardo Haussman, Ministro de Cordiplán, Senta Essenfeld de Breuer, Ministra de la Familia, Ruth de Krivoy, Presidenta del Banco Central de Venezuela, Esther de Margulis, Presidenta de Fogade, Lolita Aniyar de Castro, Senadora y Gobernadora del Estado Zulia, Paulina Gamus Gallegos, concejal, diputada, senadora y Ministra de Cultura,

Miryam Kornblith, Vice Presidenta del Consejo Supremo Electoral.