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sábado, 23 de marzo de 2013

Mediocritas

Teódulo López Meléndez
El equilibrio ha sido un punto buscado en muchos períodos y por muchos pensadores. No ha faltado quien hable de alejar la afectación por las alegrías y las penas o de conformarse con lo que se tiene, esto es, alejarse de las emociones desproporcionadas. Es lo que se ha denominado el Aurea Mediocritas y que tuvo un punto culminante en los poemas de Horacio.
No es ese el concepto que manejamos en política. En este campo lo entendemos como juicio peyorativo. Mediocre es el que se mantiene en el terreno fácil de lo obligatorio. Mediocre es aquel incapaz de alzar la mirada mientras mantiene la nariz sobre la tierra.
Ya en otro texto habíamos pergeñado algún texto sobre la mediocridad política de América Latina. La definición de José Ingenieros en El hombre mediocre es particularmente grave en el terreno de lo social-político porque el espectáculo de un cuerpo social mediocre produciendo dirigentes mediocres habla de rebaños ajustados a las domesticidades.
La cultura política de las clases medias es indispensable al mantenimiento de una estabilidad democrática. Cuando dan muestras repetidas de incoherencia y desean fervientemente sus dirigentes las ratifiquen en los caminos cómodos se hacen profundamente instrumentos conservadores de lo que dicen pretender cambiar.
Los dirigentes populistas y el cuerpo social que los produce se retroalimentan en la limitación intelectual y el poder pasa a ser un objetivo per se. Los dirigentes mediocres y el cuerpo social que los alimenta, los elije y los sigue, se convierten en un pantano donde, lenta pero inexorablemente, se va hundiendo el concepto mismo de república.
Los dirigentes mediocres suelen asumir un lenguaje agresivo, insultante y lleno de consignas fatuas, uno que diversas franjas del cuerpo social asumen si no es el cuerpo social todo atribuyendo los improperios a quien los emite en una especie de toma y daca que asegura que el autor original de la agresión es el verdadero receptor que la merece.
La mediocridad política asfixia, cubre de calina cualquier posibilidad de un relámpago o de un simple hilillo de luz. La mediocridad política no puede generar convicciones elevadas ni propósitos situados por encima del ras. La mediocridad política acogota, reduce las ofertas a improperios que van desde calificativos de ignorancia al adversario –merecidos también por el emisor- , hasta comentarios morbosos sobre preferencias sexuales.
La mediocridad política es producto de un cuerpo social mediocre que lo es por un evidente fracaso de las instituciones educativas, combinada con un mensaje massmediático detestable y con una aceptación de la res publica a la cual, por largo tiempo, se miró sin prestarle la menor atención. Los cuadros dirigentes mediocres existen porque las universidades fracasaron y fueron ineptas para producir cuadros dirigentes inteligentes.
La mediocridad conduce a un debate político insustancial, secundario, incapaz de producir alguna modificación. La mediocridad hunde más en la mediocridad. La medianidad viene celebrada. Si quien se supone encarna los intereses de un sector habla más duro, grita más y lanza dardos envenenados es elevado a la consideración de héroe por actividad tan menesterosa, ya nadie puede dudar sobre las nefastas consecuencias que esa nación sufrirá.
El marketing, los asesores de estrategias, los cuadros de los partidos políticos que dominan sus organizaciones quitándoles toda labor de mediación y de instrumento del cuerpo social, las otroras instituciones intermedias repitiendo sandeces, los candidatos que no pueden hilvanar una frase completa reflejando su incapacidad de pensamiento, todos ellos, más el agregado de la tecnología actual, conforman el cuadro lamentable de la mediocridad.
Las campañas electorales no quieren ciudadanos, quieren electores bozaleados. Cuando una democracia pasa a ser no más que una votación no existe ciudadanía y sin ciudadanía no existe democracia.
Miro la campaña electoral venezolana de 2013 y no puedo hacer otra cosa que reflexionar sobre la mediocridad, en palabra muy lejana del concepto griego aristotélico o del poético latino. Mediocridad como sinónimo de asfixia.
@teodulolopezm                           

viernes, 11 de enero de 2013

¿De qué escribiremos los cuentistas y novelistas si todos los demás ficcionan como ahora?



Eduardo Gautreau de Windt
“Abatido por la nueva desgracia, no supo que hacer, pero guiado por su irrefrenable deseo de continuar no tuvo otro camino que mentir. Mentir fingiendo que estaba bien, que todo estaba bien, aunque tuviera que disimular su propio miedo; mejor aún dominarlo u olvidarlo, quizás, al final, todos y hasta él mismo se convencería que todo estaba bien. Y si no era así, como en verdad lo era, ya vería qué se hacía al respecto.”
El párrafo anterior podría ser parte de una de las ficciones que escribo, en mi oficio afanoso de escritor. Jamás sería parte de un escrito o texto médico, pues en esta, por ser ciencia uno tiene que encarar la realidad, sin mentiras o escaramuzas, por bien del paciente, por respeto a la ciencia y por culto a la verdad. Es más, ni siquiera se permiten las mentiras piadosas. Sin reparar en la importante necesidad que tenemos los humanos de la mentira.
Ella, la mentira, es tan importante para la supervivencia humana que siempre ha sido intrínseca a nosotros desde siempre. Por eso la necesitamos. Sea como mentira en sí, directa, a la clara, o sea dulcificada y sublimizada por la ficción; nos sirve para engañarnos (autoengañarnos),  para escapar de la dura realidad, para pensar que hemos alcanzado la (s) utopía (s) que eternamente deseamos, aún sin esperanzas. Nos sirve para soñar, para jugar  a ser lo que no somos, pero que anhelamos ser con todo el corazón (con el cerebro, más bien).
Recordando al célebre Platón (la realidad no es la que percibimos con los sentidos, es otra, es distinta, lo que percibimos solo son las apariencias), pienso que hoy, más  que antes, vivimos  de las apariencias, vivimos de y por la mentira. Basta dar una simple mirada a la postmodernidad en la que navegamos y constatar que la publicidad, el comercio, la política, etc., se alimentan a diario de la mentira. Es más, hoy, que la realidad supera fácil a la literatura y al arte, temo que los “lideres” superen a los escritores, ambos en aras de supervivir (ficción, ficción, ficción) en lo que hacen y dicen los políticos, los artistas, los religiosos, los deportistas. 
Una de las formas de llamarle a esta etapa que vivimos también es la era de los desencantos, y al respecto la mentira juega un rol preponderante: campeones mundiales gracias a los esteroides, reinas de belleza fabricadas por la magia del bisturí, productos comerciales que son un fiasco pero con el respaldo de una publicidad efectiva que mueve al consumo mediante el lavado masivo de cerebros, y, peor todavía, políticos y gobernantes que dicen y luego que dicen no cumplen o donde dijeron  digo ahora es  diego. Por todo esto la majestad de los cargos, la honorabilidad y la confianza en las “figuras” públicas rueda por el suelo. Ahora casi nadie cree en nadie, no importa quien sea o que represente. Aquí o allá es lo mismo. Ayer, Clinton ficcionó sobre sexo, hoy Ranjoy es cuestionado por sus palabras, Chávez dijo que estaba curado (cuando todos los que sabemos algo sobre su tipo de enfermedad teníamos fuertes dudas); aquí se nos dijo que la economía estaba blindada y que el crecimiento era sólido y que no corríamos peligros. Bla, Bla, bla, todo es ficción, o como diría Segismundo:
“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
     

sábado, 17 de noviembre de 2012

DESENRROLLANDO LO ENRROLADO DE MARX [O EL CHAVISMO MEA FUERA DEL PEROL]

-Alberto Rodríguez Barrera-



    En la presente orgía plutocrática del chavismo, botín generador de un deterioro social descomunal, no existe interés ni comprensión de Marx, a no ser en el deseo descocado de querer “salvar a los hombres, salvar a la humanidad”. Marx trató de entender al hombre a partir de la necesidad y la miseria, de su ruina corporal y anímica, partiendo de su visión... “marxista”. No estaba de acuerdo con Hegel, pero partió del concepto hegeliano de la “sociedad burguesa”, afirmando que la conciencia humana era “un producto social” y aplicando su concepción materialista de la historia.

     No se puede negar que la necesidad de una economía mundial es/fue un conocimiento tardío de los Estados comunistas, y fascistas.  Pasó mucho tiempo para que los economistas  de todos los Estados llegaran a un conocimiento claro de las relaciones económicas mundiales. Hoy se puede registrar ese proceso. Y esto tiene que ver muchísimo con Marx, porque su punto de vista era solamente nacional-económico, y porque su pensamiento en miseria y crisis económicas está superado y hay que archivarlo. Esto no lo supieron antes ni lo saben ahora los chavistas que se perdieron en bochinches universitarios, cuartelarios y que improvisan en el gobierno. Para reconocer los hechos económicos mundiales, hoy en día, hay que apartarse de Marx y superarlo.

     La importancia de Marx estuvo en que abrió una brecha para la justicia social (sin hacer feliz a la humanidad con una mejor filosofía). Mostró la existencia de grandes errores sociales, reclamándole ética a los responsables, “a la fealdad moral de una sociedad adquisitiva sin protección para su fuerza de trabajo industrial” (Sabine). El hombre se hallaba “enajenado” y Marx se conmovió por la miseria, por lo equivocado en el proceso del trabajo, y creyó ver una salida en la lucha contra el capitalismo.

     Hoy sabemos que Marx tomó de Ricardo la ley del valor y la acomodó a sus fines. La visión de Marx de la “economía”: el trabajo, el capital y la intelligentzia forman los factores económicos decisivos en el sistema capitalista; la clase trabajadora y la capitalista son enemigos mortales; la clase trabajadora ha descendido hasta el proletariado, que es explotado por la clase burguesa (capitalista); así se llega a la lucha de clases que, según Marx, debe llevar a la emancipación del proletariado, única consciencia verdadera de la autorrealización del hombre; y tal camino a la “libertad” pasa por la dictadura del proletariado hacia la “sociedad sin clases”, meta final de la evolución social. (Esta ideas se encuentran en “Manuscritos económico-filosóficos” de 1844 y se complementan con “El Capital”.)

     En la introducción a la “Contribución a la crítica de la economía política”, con suma insostenibilidad científica, Marx dijo: “En la producción social de su vida los hombres están sujetos a determinadas condiciones necesarias, independientes de su voluntad, condiciones de producción que corresponden a un determinado grado de desarrollo de su productividad material. La totalidad de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una supraestructura jurídica y política y a la cual corresponden determinadas formas de consciencia sociales. El modo de producción de la vida material condiciona absolutamente al proceso social, político y económico”.

     Refutación científica: no hay ningunas relaciones de producción necesarias; los hombres tienen una voluntad más o menos libre que ayuda a conformar su vida, que no está condicionada por el determinismo según el cual todo está establecido; existe el inextirpable azar; al no haber relaciones de producción necesarias, tampoco existe una “supraestructura” jurídica y política a la que corresponden determinadas formas de conciencia... Las condiciones económicas no son el único ser, están los mucho más importantes de lo inmanente y lo trascendente (cosa que Marx sabía pero no reconoció). Al negar las esencialidades de la existencia humana, Marx cayó en el dogmatismo (no posible de fundamentar científicamente); porque al ser unilateral, es insostenible una doctrina social materialista (no se hace justicia a la ética que influye en nuestra vida).

     En el Manifiesto Comunista (1848), Marx declaró que el proletario consideraba las leyes, la moral y la religión “prejuicios burgueses” que escondían “intereses burgueses”. Al respecto: siempre habrá hombres en contra de condiciones sociales circundantes, siempre habrá “luchas de clases” (más o menos); porque la vida es demasiado complicada para comprimirla en un sistema único: muchos aspectos, varias capas. Hegel olvidó la influencia de las sustancias, Marx la de las ideas.

     Hoy casi no hay representantes puros de la filosofía de Marx, del materialismo histórico. Porque es profundamente negativo y porque los filósofos socialistas del mundo reconocen sustancias y valores que no se pueden explicar a partir del materialismo.

     Marx llamó lo ideal “lo material cambiado y traducido en la cabeza del hombre”, sin precisar la forma en que ello acaece. Y después de Marx pasaron cosas: la libertad burguesa pidió y se hizo libertad para todos; el derecho exigió justicia, igualdad ante la ley, reconocer al otro lo que se exige para uno mismo, libertad de coalición para el proletariado que lucha; la libertad se convirtió en medio de lucha contra la misma burguesía; “el desencadenamiento de una autonomía del derecho que se sustrae cada vez más al dominio del interés económico” (Gustav Radbruch); el materialismo histórico careció de fundamentos...

     El erudito Arnold Brecht escribe en 1961 que el método marxista no resiste la prueba de la teoría moderna por tres motivos: 1) Marx afirma que puede predecir el curso general de la historia humana con seguridad y a largo plazo, cosa científicamente insostenible por las muchas variables a considerar, como la hipotética de que todo permanecería igual, la reorientación de inversiones de empresarios capitalistas, las nuevas formas de lucha del trabajador contra la explotación...; 2) Marx y Engels proyectaron el pasado al futuro, cosa científicamente insostenible debido a las inevitables condiciones modificadas, análisis científicos mejorados, creciente comprensión de riesgos, cambios de normas éticas, nuevos métodos de gobierno, genialidad de inventiva, decisión y organización humanas...; 3) Marx trató con desprecio (chavista) los juicios de valor de sus contemporáneos y de las generaciones anteriores, utilizando sin recato juicios de valor propios, independientemente de que fueran o no el sistema más justo; el juicio de valor de Marx era apodíctico (demostrativo, no admitía contradicción) en todos los aspectos, pensando absolutamente. La meta de la evolución marxista era como un crisol en que las libertades fundamentales y los derechos del hombre debían ser fundidos, para que no fuera “enajenado” y fuera “libre”...

     La solución marxista se ha manifestado irrealizable. Más lucha de clases no cura nada. Cuando el fuego daña, se le apaga; no se supera el mal aumentando el mal. Los sobrevivientes de la lucha de clases sucumbieron a un error y comenzaron a actuar “solidariamente”. Es absurdo abogar por algún “colonialismo”, pedir salvaciones militares y azuzar a los pueblos unos contra otros.

     Democracia es hablar de igualdad de los pueblos, de los derechos fundamentales de los hombres y de su dignidad, de reglas elementales sin violencia, sin subordinación, sin aparatos de fuerza como ha sucedido donde el marxismo gobierna. De ahí su caída. Hoy la evolución del hombre ha pasado de lo expansivo a lo comprensivo, accediendo a más orden, a más conciencia: “En todas las circunstancia sucumbido el pensamiento de Marx sobre el capitalismo. El campo económico (siempre en movimiento, avanzar siempre en la línea ascendente en la que convergen con más rapidez técnica, espiritual y efectivamente todas las cosas en nosotros y a nuestro alrededor”. (Teilhard de Chardin.)

     Ya era erróneo que Marx creyera haber demostrado que la ganancia del capital sucedía sólo por la explotación del trabajo, que la riqueza de los acomodados se fundamentara sólo en la pobreza y necesidad de los “desheredados”; tal inexactitud está comprobada desde hace décadas. También no es la única fuerza motriz de la historia. Importa más la ingeniería unida al capital. Lo que marx copió del economista Ricardo en su doctrina de los valores lo interpretó erróneamente para forzar su doctrina polivalente, resultando por ello en un aborto.

     Más allá de Marx está el camino que considera la problemática de lo personal y de la trascendencia. Hoy el comunismo serio sobreviviente (no la caricatura chavista) descubre a la persona; el valor absoluto de lo personal es una evidencia que escapó a los antepasados. Hoy vaga por el mundo un “humanismo socialista”, un renacimiento de la persona, de la personalidad, reconociéndose su valor y fomentándose la convivencia en solidaridad.

      El camino ya ha conducido más allá de Marx; el desorden de su lucha de clases ha transmutado en solidaridad de todos. Aún no termina el camino y no terminará nunca, porque la liberación del hombre de la necesidad material y del sufrimiento del alma sigue lejana y a menudo irreconocible, hasta inalcanzable. “Si los éxitos sociales han de hacerse visibles en todo el globo terráqueo, se requieren no solamente las fuerzas humanas de un verdadero idealismo ético. Ni siquiera las economías nacionales de los países capitalistas, que en sí tienen una sobreproducción, alcanzan actualmente a satisfacer el hambre en los países indigentes.” (E. Friedrich Sauer.)

     Tampoco en este terreno tiene sentido la entronización de la indigencia que reclama la ignorancia y la mediocridad del chavismo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

EL ORDEN COMO BIEN COMÚN NO CHAVISTA

-Alberto Rodríguez Barrera-

   La agitada actividad del hombre moderno lleva a una falta de tranquilidad de la reflexión y la contemplación razonables, de lo cual surgen grandes frustraciones humanas, una minimización de los derechos y los deberes humanos que constituyen la injusticia. Por ello es que el hombre debe retornar a su esencia interior, para “volver a encontrar los más primitivos y más simples valores culturales... La esencia de los derechos humanos”. (Eckhart.) En los excesos retóricos y desaforados del chavismo, hoy vemos hombres indefensos frente a la lógica propia de los problemas científicos y técnicos, donde reina una ceguera de valores de gran medida cuyas consecuencias se hacen cada vez más claras; son hombres incrédulos aplastados por el aparato del fracaso.

     Sus contradicciones –luchas, disputas y antagonismos- parecieran una unidad que sólo en el infinito se resuelve, porque “donde no hay orden hay confusión. Y donde hay confusión ninguno está seguro” (Cusano), lo cual quiere decir: debe haber (y debemos exigir, como línea política constante) administración de la justicia y orden jurídico. Porque si faltan, como incuestionablemente es el caso en la Venezuela actual, no están garantizados los derechos humanos, como igualmente es indudable entre nosotros. Porque el Derecho tiene su principio en la naturaleza y de la costumbre; una buena costumbre es tan buena como el derecho escrito; y en el derecho consuetudinario está la irradiación de la voluntad del pueblo y del derecho natural. La ley es posible y superior en el sentido de su doctrina del consenso. Eso es: en democracia.

     El consenso, la concordancia de todos (es decir: la elección), debe presentarse en las formas del Estado. La nación debe estar de acuerdo en cuanto a la autoridad estatal y a sus portadores. Esta sólo es posible con ayuda de las elecciones. La experiencia dice que no se puede obtener una unidad absoluta; por las elecciones se puede averiguar la mayoría de la nación, y da como resultado la unidad práctica o cuasiunidad de la voluntad popular. Se trata de un proceso que no debe ser tracaleado ni conformado a la cubana, obviando elementalidades de la transparencia. La línea política aquí parte de una verdad: todas las filosofías políticas que en la evolución humana han sido son incapaces de descubrir todos los misterios del mundo. Y en ello la trampa es una vieja zorra que se cree verdad única.

     El ser progresista tiende al equilibrio y a la paz, lo cual prioriza que debemos en primer lugar buscar la verdad ampliamente; las había antes, las hay hoy y las habrá mañana. Hoy debemos exaltarlas sobre la proliferación de mantos de oscuridad e ignorancia que se nos intenta imponer a la diabla. A la verdad se accede por vía del trabajo científico-racional, objetivo-intelectual, del trabajo infatigable y la sed de hechos.  Debemos hurgar de forma extremadamente activa, llevando armonía al libre curso de la naturaleza. Y dejemos al adversario ahí donde el ocio del abuso lo lleva el embotamiento. Los hombres deben ser llevados a lo bueno, a un estado de ilustración total. La unidad no puede exagerarse ni sobrepasar la coherencia de la armonía; las pruebas metafísicas deben conducirse con exactitud matemática (Leibniz), recordando que lo opuesto es inarmonía.

     En todo ello no podemos ignorar la trágica situación según la cual las más altas y más nobles formas del ser son más vulnerables a los ataques y al sufrimiento que las más viles, porque aquellas están continuamente expuestas a la destrucción de estas fuerzas inferiores. Si se aniquilara la forma superior del ser, seguiría siendo más noble que aquello que la destruye. Porque la perfección del orden que gobierna al mundo abarca en sí misma un máximo de diversidad, una individualización que casi llega al infinito. Ahí está la sustancia singular –de acción recíproca más o menos constante- que se llama evolución. (La ciencia natural también considera que los núcleos atómicos son variables; los átomos están compuestos de núcleo y electrones que giran en el campo electromagnético del núcleo atómico.)

     Debemos proponernos con persistencia explicar los males físicos, metafísicos y morales que sufrimos en el presente para fomentar la ubicación del bien. No hay duda de que hasta el mejor de los mundos está lleno de tragedia; se pierde la belleza y el orden de todo, que es donde está la fe, la esperanza y la confianza de todos. Seríamos injustos si no hacemos uso de las pequeñas y grandes pruebas de la sabiduría y si nos dejáramos arrebatar el optimismo creador. ¿Pesimismo, cruzar los brazos y desesperarse ante lo que vivimos? No. ¡Reconstrucción!

     El Estado es la comunidad más noble en la que se forma el Derecho, en la que se fundan y encuentran su lugar las familias. El punto de referencia para el orden estatal es el bien común. No es echar por la borda las herencias valiosas, los resultados de los pensadores y creadores, el progreso constante aunque lento de la cultura humana. Hay una cierta espiral de la vida humana que se debe apoyar para que podamos dormir con la consciencia tranquila.

     ¡Debemos esparcir semillas para la sazón posterior! ¡Sembremos a manos llenas, con la unidad como meta y en medio de toda diversidad! ¡Combatamos la desesperanza y el conformismo abúlico! ¡Fundemos cosas nuevas con urgencia creativa; sociedades de toda especie, órdenes, fábricas, ejércitos templados en mejores disciplinas!






























domingo, 21 de octubre de 2012

Aprender en el dolor…

          

                              Rafael Muci-Mendoza 

                                                                             













Las cinco etapas del duelo según la doctora Elizabeth Kübler-Ross

¿Sabes? La vida suele ser larga; tómala con calma. Un buen día tu torturador pagará
Estoy admirado. Nuestra gente no se arredró ante la derrota y está enfilando nuevamente sus baterías con miras a la elección de diciembre. Perder otra batalla no significa perder la guerra. Con ellas me identifico, pues la vida es un reto y no una tragedia, y su finalidad última es el amor, eso que vinimos a ejercer sobre la tierra.
La doctora Kübler-Ross, aquella que no tuvo miedo a la muerte y caminó al lado de sus pacientes moribundos, entendió que  la vida no podía comprenderse sin su reverso: la partida; que como la derrota, era una pérdida, una herida que habría de sanar si lo permitimos; que como todo malogro físico o emocional, pasará por una primera etapa de fuerte conmoción y negación ¡No puede ser! ¡Teníamos asegurada la victoria! Pero es natural, la negación es una forma de defensa emocional, una vía normal y sana de enfrentarse a una noticia terrible, inesperada y repentina. A ella sigue la indignación y la rabia con su aderezo de aflicción y dolor que nos lleva a la depresión, a la tristeza ¿Por qué nos pasó? ¿Qué hicimos mal? ¿Quién nos jugó la mala pasada? Nos retiramos entonces dentro de nosotros mismos durante un tiempo y elaboramos, digerimos la pérdida, ocasión que nos permitirá arribar a  una fase de paz y aceptación, ¡Ojo!, que no de resignación que es lo que se produce cuando no se pueden compartir las lágrimas ni expresar la rabia.
¿Sabes? La vida suele ser larga; tómala con calma. Un buen día tu torturador pagará. Siempre ocurre así. ¿Y entonces? Bueno, ya sabes. Dicen que la venganza es un plato que se come frío; pero la venganza es dañina para quien la toma y no hay que molestarse sino perdonar. La justicia se hará presente por donde menos la esperes… Otra vez, las cosas por algo pasan, ¡El tiempo de Dios es perfecto…!


                                                                                           

viernes, 10 de junio de 2011

Humanismo social

Teódulo López Meléndez
El hombre busca su interpretación. Es probable –al menos lo queremos creer- que estemos en las puertas de un nuevo humanismo social. Todos los indicadores apuntan que en el mundo globalizado la cultura creativa del ser humano prevalecerá sobre otras consideraciones.

En verdad la globalización acentúa la propia identidad y provoca reacciones frente a lo puramente racional. Ejerce una presión para decidir cerca de uno mismo e invita al holismo frente al pensamiento unidisciplinario. Estímulos existen para que seamos optimistas frente a un proceso de reconsideración social del hombre. El destino indefinido es siempre incierto, pero la salida siempre pasa por un reconocimiento del sí mismo. Todo proceso de individuación conlleva a la autoafirmación y esta al pensamiento propio. Dicho en otras palabras, el hombre cínico y nihilista buscará ser protagonista de su propia historia y de la historia de los demás. Allí debemos dirigir nuestros esfuerzos.

Estamos ante un cambio social, uno crucial, pero uno que debemos mirar en la multiplicidad de ellos que se han producido. Para mirarlos se recurrió primero a la Filosofía de la historia y se desplegó una Teoría General de la Sociedad. Luego se introdujo la noción de evolución social y el materialismo histórico, finalmente, un concepto polémico de desarrollo. Ahora se asoma la tesis de la homogeneización, tal como lo hemos visto. Los escépticos elencan los eventuales males.

El sociólogo inglés neomarxista T. B Bottomore (Introducción a la sociología) trazó una diferenciación al colocar las teorías sobre la evolución social en dos vertientes, las lineales y las cíclicas. Entre las primeras, cita todas aquellas que hablan del cambio acumulativo, como aumento del conocimiento, de la complejidad y el movimiento hacia la igualdad socio-política. Entre las segundas aquellas que vuelven a una Filosofía de la Historia. Para él, sin embargo, es el aumento del conocimiento un factor determinante de un cambio social, tesis que se corresponde con lo que ahora vivimos.

Alain Touraine (Un deseo de historia) estudió la aparición de los valores y como impulsan la acción de las colectividades y fijó dos posibilidades para estudiar el cambio: historicista y evolucionista.

Antes que enumerar teorías prefiero referirme a la necesidad de una reflexión filosófica sobre el hombre, sin entrar en distinciones entre filosofía y cosmovisión. En cualquier caso es menester tener una visión de conjunto sobre el hombre y el mundo en que actúa. Así, las críticas que hemos advertido sobre la era industrial, con sus conjuntos alienantes, y para lo cual sirvió estudiar a Marx, nos llevan a bosquejar la globalización como una contrapartida del hombre-masa. Los fines estrictamente humanos desaparecieron en una sociedad industrial proclive a fomentar una existencia impersonal. Ese es el hombre que estamos heredando, el mismo que enfrenta la nueva perspectiva y al cual, creemos, hay que señalarle la imperiosa necesidad de conformar una voluntad.

Peter Sloterdijk (Esferas) ha trazado una “imagen de pensamiento” que le permita al hombre ser en el mundo como un espacio de apertura a lo ilimitado. Este es el principio cardinal que hago en mis consideraciones. Tenemos a un hombre dominado por la apatía y el conformismo con el consecuencial aplastamiento de la idea democrática. Lo que Sloterdijk busca es un nuevo análisis del dinamismo social (lo cual incluye todas sus facetas) y volver a definir lo que es real. Esto, es, la globalización carece de sentido si no se observa como objeto teórico lo cual implica reconstruir el motivo de la “esfera”. Hay que analizar, en consecuencia, el enfrentamiento entre la modernidad terminada y la globalización asomada y en vías de ejecución en una clave espacial, lo que quiere decir que la cultura en este nuevo mundo abandona un modo unilateral de actuar. Vamos hacia un mundo denso y así cabe definir densidad como la posibilidad de un agente de encontrarse a otro sobre el cual actuar. Y he aquí el elemento que los lectores seguramente se plantean: como es la estructura de los procesos de decisión que hacen pasar la teoría a la praxis. El hombre de la era terminada actuaba en la incertidumbre, una que continúa, sólo que ahora, el hombre debe pasar a ser uno que está en capacidad de auto aprovisionarse de razones suficientes para pasar de la teoría a la práctica. Y ello implica un proceso deliberativo interior, uno que excede a la aplicación universal de los derechos humanos, por ejemplo, más bien de la convicción pragmática de que significa libertad o moral. Así, la comunicación que sustituye a la información adquiere un rango ontológico, porque es de esta manera que el mundo podrá definirse para bien. Y para bien es que esa comunicación sea para poner frente a frente dimensiones donde los grupos sociales se obligan recíprocamente a desistir de actuar por un interés unilateral y, en consecuencia, a procurar entre todos el bien común.

Aún así las palabras crean mundo, conforme al antiguo adagio, y se habla, por ejemplo, de economías del conocimiento para abrir actividades de valor agregado intangible. Lo cierto es que cada vez es más notoria la presencia de organizaciones sociales participando en eventos de definición del futuro lo que hace realidad el entorno habilitador. Así saltan expresiones como sociedades de la comunicación incluyentes y equitativas, el rechazo a expresiones como el de “neutralidad tecnológica”, el apelo a una sociedad visionaria, el rechazo al desarrollo basado únicamente del rédito económico y el apelo a nuevos mecanismos para canalizar los recursos financieros de manera vinculada a la solidaridad social.

Los desafíos que el nuevo mundo plantea son tan abundantes como para retar al hombre a dejar su narcisismo, su encierro nihilista y su cinismo manifiesto en la era que termina y en este interregno de incertidumbre conservada.

teodulolopezm@yahoo.com

sábado, 14 de mayo de 2011

EL ALMA ENFERMA DEL CHAVISMO

Alberto Rodríguez Barrera

La filosofía tiene que ver con el amor a la sabiduría, a la verdad, y ésta consiste en el conocimiento del ser, de lo real, de lo bueno. No se trata de cinceladores del espíritu que persiguen la liberación a través del dolor, dolor que se toma tiempo, quemándonos y obligándonos a apartar de nosotros toda confianza y a encubrirnos bajo su manto de mediocridad. El chavismo está enfermo del cuerpo y del espíritu, y de una esencia enferma proviene una realidad enferma. Avanzar no es posible pregonando una doctrina falsa, no verdadera. Así no es posible conocer lo auténtico, lo sano.

Las más de las veces, la filosofía puede resultar ininteligible, pero aclara y es iluminadora para quienes son capaces de profundizar y buscar las razones que fundamentan la vida del hombre común. En ella hay mucha racionalidad práctica de sabiduría que, si fuera seguida por la mayoría de los ciudadanos, introduciría mejoras sustanciales en las naciones.

En contra del egoísmo, por ejemplo y a propósito del chavismo, filósofos ha habido que señalan el egoísmo y su ausencia de límites como el origen de todas las acciones inmorales, de todos los vicios, exigiendo una ética libre de motivos egoístas y reconociendo valor moral a la acción altruista que se realiza por el bienestar del prójimo.

En el chavismo, esta intención está hoy en ruinas, envuelta en palabrería hueca, en desesperación materialista, porque se ha perdido la fe en el poder constructivo del espíritu. El chavismo contiene un pesimismo intrínseco que deja caer los brazos y desespera el sentido de la vida y del mundo; tiende al olvido y al no ser absoluto.

Hoy vemos al chavismo arrojado a las amenazas, esa “guerra” ajena a la razón, donde lo que se exalta –aunque crean lo contrario- es el decrecimiento de la solidaridad con la gente y con los estados, transmitiendo incertidumbre y regodeándose plutocráticamente. No favorecen la voluntad de la verdad; no se dan cuenta de que existen una jerarquía de valores y un orden de valores que no se pueden hacer a un lado simplemente. Aunque sea cierto que la mayoría de los hombres viven con muy poco conocimiento, no se puede exagerar y presentar como axioma que el intelecto es completamente extraño a la voluntad (ni Schopenhauer pudo como esta tesis imposible); tal es una doctrina para quienes fracasan en la vida.

La fuerza de gravedad no es manifestación de la voluntad, que es humana y cualidad del alma del hombre que prepara e introduce sus actos ejecutorios. La voluntad auténtica –para ser aplicable al hombre- parte del hombre, es antropológica. Y el alma está llena de misterios; las hay absolutistas y voluntaristas, con innumerables “opiniones intermedias” que consisten en determinar la imagen del hombre por la preponderancia del intelecto o del ejercicio de la voluntad. Ante lo complicado, una opinión conciliadora es la correcta. Y eso sería admitir la posibilidad de que el intelecto determine la voluntad, donde sólo lo genial hace retroceder a la voluntad, que sería más débil que el intelecto genial.

Platón no quiso definir el alma, pero aceptaba el alma cósmica (no ciega), una fuerza anímica que determina toda la vida. Dijo que el alma humana habita todo lo que mueve “ordenándola”: “Bien: el alma, pues, dirige cuanto hay en el cielo, en la tierra y en el mar con sus propios movimientos a que damos los nombres de querer, ponderar, prevenir, deliberar, opinar recta o falsamente, en la alegría o el dolor, en el valor o en el temor, en el odio o en el amor, y a través de todos los demás movimientos afines, o sea movimientos primarios, apoderándose de los movimientos secundarios de los cuerpos, lo llevan todo al aumento o a la consunción, a la separación o a la mezcla, así como a lo derivado de esto: calores, fríos,pesadez, ligereza, dureza o suavidad, blancura o negrura, dulzura o amargor, y a todas aquellas otras condiciones de que se sirve el alma lo mismo cuando aplicando constantemente su divina inteligencia, en recta carrera, lo encauza todo recta y felizmente, que cuando, vinculada a la insensatez, produce totalmente efectos contrarios”.

De tal manera queremos destacar cuán difícil y peligroso es el interés del chavismo por establecer una voluntad que no discierne y no quiere saber nada de las enormes y múltiples tensiones bajo las que pretende hacernos vivir.

La voluntad de poder puede ser enfermiza cuando se le ve como raíz unitaria, como instinto que domina y explica todo; genera efectos de parálisis. Puede ser locura emprender una transmutación de todos los valores tradicionales, donde lo hasta ahora bueno es malo y lo malo debe convertirse en bueno. Nietzsche trató esto en su planteamiento sobre el “superhombre”, pero a este genio sólo puede comprendérsele cabalmente conjugando su realidad dual, como poeta y filósofo, ya que sus grandes contradicciones no se resuelven partiendo de la filosofía y de la lógica: el poder es un mal, luego es el fondo original de la realidad, del que todo se deriva...

Lo enfermizo y malsano del chavismo es la parálisis intrínseca, su carencia de efectividad social, su pérdida de asidero sólido, su desatención a las contradicciones que lo carcomen. Lo que no se puede conocer bien, por inconsistencia y cerrazón, se aísla en el fracaso, se desarticula, se incapacita para seguir adelante.

La filosofía tiene que ver con el amor a la sabiduría, a la verdad, y ésta consiste en el conocimiento del ser, de lo real, de lo bueno. No se trata de cinceladores del espíritu que persiguen la liberación a través del dolor, dolor que se toma tiempo, quemándonos y obligándonos a apartar de nosotros toda confianza y a encubrirnos bajo su manto de mediocridad. El chavismo está enfermo del cuerpo y del espíritu, y de una esencia enferma proviene una realidad enferma. Avanzar no es posible pregonando una doctrina falsa, no verdadera. Así no es posible conocer lo auténtico, lo sano.

viernes, 29 de abril de 2011

Trino Márquez-La destrucción de las profesiones

Viernes, 29 de abril de 2011


El socialismo del siglo XXI, fiel a la tradición que surge con la utopía marxista de La ideología alemana y los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, margina el conocimiento especializado y las profesiones que le son propias

Desde los inicios del régimen actual se ha producido un ataque sistemático a las profesiones. Las primeras víctimas fueron las universidades públicas autónomas. El 28 de marzo de 2001 un grupo violento apoyado por el Gobierno -que luego adoptaría el nombre de 28-M para conmemorar esa fecha- toma la sede del Consejo Universitario de la UCV, donde causa destrozos en instalaciones que son patrimonio cultural de la humanidad e hieren a personas indefensas. Los terroristas son desalojados por la comunidad ucevista dos meses después. La imposibilidad de tomar por asalto o ganar elecciones en las universidades autónomas, lleva al Ejecutivo a iniciar la creación de las universidades bolivarianas, donde el rigor intelectual y el aprendizaje de destrezas y habilidades propias de toda profesión, quedan subordinadas a la formación de cuadros ideológicos, según la vieja tradición comunista.

. El allanamiento a las universidades autónomas es seguido por la descalificación y exclusión de los médicos venezolanos cuando el Ejecutivo decide instrumentar Barrio Adentro. Luego, el Instituto Nacional de Capacitación Educativa (INCE) se transforma en INCES (Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista), con lo cual aquel deja de ser un centro de formación técnica y profesional, apoyo del desarrollo nacional, para convertirse en un núcleo de respaldo a la revolución.

El ataque persistente a las profesiones civiles, liberales, se combina con el asedio a la Fuerza Armada en cuanto “institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación…”, artículo 328 de la Constitución. La última embestida fue la reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que en el artículo 66 propone la creación de los oficiales de milicia. Además de concebir la sociedad como un cuartel y fortalecer una guardia pretoriana similar a la financiada por Gadafi en Libia, esa modificación se orienta a degradar la profesión militar. Establece una analogía inaceptable entre los oficiales de carrera -sometidos a la disciplina, entrenamiento y capacitación, propias de un cuerpo élite con una larga tradición- y miembros extraños que no han recibido esa formación en ningún establecimiento militar especializado. La reforma no es inocente. Pretende convertir la milicia en un órgano incondicional de Miraflores, situado al margen del compromiso con la democracia propio de la Fuerza Armada regular en una nación moderna.

El hostigamiento a las profesiones también se manifiesta en lo que ocurre en PDVSA y en todo el sector eléctrico. La caída de la producción petrolera, los accidentes cada vez más frecuentes y letales, los problemas en la generación y distribución del fluido eléctrico, muestran cómo esos sectores, fundamentales para la vida nacional, son administrados y gerenciados por personas que no reúnen las capacidades profesionales requeridas para conducir industrias complejas como esas. Lo mismo puede decirse de la zona industrial de Guayana, quebrada –entre otras razones- por la improvisación y falta de profesionalismo del personal que conduce las empresas regionales.

El socialismo del siglo XXI, fiel a la tradición que surge con la utopía marxista de La ideología alemana y los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, margina el conocimiento especializado y las profesiones que le son propias. Ignora, como –siguiendo a Adam Smith- sí lo reconoce el Marx maduro de El Capital, que la sociedad moderna avanza a grandes trancos luego de que el trabajo va haciéndose cada vez más especializado, más científico y más profesional. En este punto se produce un deslinde claro y definitivo entre la antigua sociedad feudal atrasada, donde los artesanos se ocupaban de todas las fases del proceso productivo, y la moderna sociedad burguesa en la cual a cada individuo y grupo se le asigna una labor y una especialidad dentro de la totalidad.

Como el Presidente, según su propia confesión, nunca ha leído El Capital, cree que ser socialista significa que todo el mundo haga de todo y al mismo tiempo (por supuesto que esto no lo incluye, pues él siempre será el Presidente). Nada de profesiones, nada de especializaciones, nada de jerarquías. Los resultados de semejante confusión mental están a la vista: en la revolución bolivariana todo funciona mal. Reina el caos, la incompetencia. Solo el desorden es eficaz.

trino.marquez@gmail.com

sábado, 23 de abril de 2011

LA ETICA ESPIRITUAL POR ENCIMA DEL MATERIALISMO MARXISTA

-Alberto Rodríguez Barrera-

Refutación científica (de Marx) : no hay ningunas relaciones de producción necesarias; los hombres tienen una voluntad más o menos libre que ayuda a conformar su vida, que no está condicionada por el determinismo según el cual todo está establecido; existe el inextirpable azar; al no haber relaciones de producción necesarias, tampoco existe una “supraestructura” jurídica y política a la que corresponden determinadas formas de consciencia...Las condiciones económicas no son el único ser, están los mucho más importantes de lo inmanente y lo trascendente (cosa que Marx sabía pero no reconoció). Al negar las esencialidades de la existencia humana, Marx cayó en el dogmatismo (no posible de fundamentar científicamente); porque al ser unilateral, es insostenible una doctrina social materialista (no se hace justicia a la ética que influye en nuestra vida.
En la presente orgía plutocrática del chavismo, botín generador de un deterioro social descomunal, no existe interés ni comprensión de Marx, a no ser en el deseo descocado de querer “salvar a los hombres, salvar a la humanidad”. Marx trató de entender al hombre a partir de la necesidad y la miseria, de su ruina corporal y anímica, partiendo de su visión “marxista”. No estaba de acuerdo con Hegel, pero partió del concepto hegeliano de la “sociedad burguesa”, afirmando que la consciencia humana era “un producto social” y aplicando su concepción materialista de la historia.
No se puede negar que la necesidad de una economía mundial es/fue un conocimiento tardío de los Estados comunistas, y fascistas. Pasó mucho tiempo para que los economistas de todos los Estados llegaran a un conocimiento claro de las relaciones económicas mundiales. Hoy se puede registrar ese proceso. Y esto tiene que ver muchísimo con Marx, porque su punto de vista era solamente nacional-económico, y porque su pensamiento en miseria y crisis económicas está superado y hay que archivarlo. Esto no lo supieron antes ni lo saben ahora los chavistas que se perdieron en bochinches universitarios y que improvisan en el gobierno. Para reconocer los hechos económicos mundiales, hoy en día, hay que apartarse de Marx y superarlo.

La importancia de Marx estuvo en que abrió una brecha para la justicia social (sin hacer feliz a la humanidad con una mejor filosofía). Mostró la existencia de grandes errores sociales, reclamándole ética a los responsables, “a la fealdad moral de una sociedad adquisitiva sin protección para su fuerza de trabajo industrial” (Sabine). El hombre se hallaba “enajenado” y Marx se conmovió por la miseria, por lo equivocado en el proceso del trabajo, y creyó ver una salida en la lucha contra el capitalismo.

Hoy sabemos que Marx tomó de Ricardo la ley del valor y la acomodó a sus fines. La visión de Marx de la “economía”: el trabajo, el capital y la intelligentzia forman los factores económicos decisivos en el sistema capitalista; la clase trabajadora y la capitalista son enemigos mortales; la clase trabajadora ha descendido hasta el proletariado, que es explotado por la clase burguesa (capitalista); así se llega a la lucha de clases que, según Marx, debe llevar a la emancipación del proletariado, única consciencia verdadera de la autorrealización del hombre; y tal camino a la “libertad” pasa por la dictadura del proletariado hacia la “sociedad sin clases”, meta final de la evolución social. (Esta ideas se encuentran en “Manuscritos económico-filosóficos” de 1844 y se complementan con “El Capital”.)

En la introducción a la “Contribución a la crítica de la economía política”, con suma insostenibilidad científica, Marx dijo: “En la producción social de su vida los hombres están sujetos a determinadas condiciones necesarias, independientes de su voluntad, condiciones de producción que corresponden a un determinado grado de desarrollo de su productividad material. La totalidad de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una supraestructura jurídica y política y a la cual corresponden determinadas formas de consciencia sociales. El modo de producción de la vida material condiciona absolutamente al proceso social, político y económico”.

Refutación científica: no hay ningunas relaciones de producción necesarias; los hombres tienen una voluntad más o menos libre que ayuda a conformar su vida, que no está condicionada por el determinismo según el cual todo está establecido; existe el inextirpable azar; al no haber relaciones de producción necesarias, tampoco existe una “supraestructura” jurídica y política a la que corresponden determinadas formas de consciencia...Las condiciones económicas no son el único ser, están los mucho más importantes de lo inmanente y lo trascendente (cosa que Marx sabía pero no reconoció). Al negar las esencialidades de la existencia humana, Marx cayó en el dogmatismo (no posible de fundamentar científicamente); porque al ser unilateral, es insostenible una doctrina social materialista (no se hace justicia a la ética que influye en nuestra vida).

En el Manifiesto Comunista (1848), Marx declaró que el proletario consideraba las leyes, la moral y la religión “prejuicios burgueses” que escondían “intereses burgueses”. Al respecto: siempre habrá hombres en contra de condiciones sociales circundantes, siempre habrá “luchas de clases” (más o menos); porque la vida es demasiado complicada para comprimirla en un sistema único: muchos aspectos, varias capas. Hegel olvidó la influencia de las sustancias, Marx la de las ideas.

Hoy casi no hay representantes puros de la filosofía de Marx, del materialismo histórico. Porque es profundamente negativo y porque los filósofos socialistas del mundo reconocen sustancias y valores que no se pueden explicar a partir del materialismo.

Marx llamó lo ideal “lo material cambiado y traducido en la cabeza del hombre”, sin precisar la forma en que ello acaece. Y después de Marx pasaron cosas: la libertad burguesa pidió y se hizo libertad para todos; el derecho exigió justicia, igualdad ante la ley, reconocer al otro lo que se exige para uno mismo, libertad de coalición para el proletariado que lucha; la libertad se convirtió en medio de lucha contra la misma burguesía; “el desencadenamiento de una autonomía del derecho que se sustrae cada vez más al dominio del interés económico” (Gustav Radbruch); el materialismo histórico careció de fundamentos...

El erudito Arnold Brecht escribe en 1961 que el método marxista no resiste la prueba de la teoría moderna por tres motivos: 1) Marx afirma que puede predecir el curso general de la historia humana con seguridad y a largo plazo, cosa científicamente insostenible por las muchas variables a considerar, como la hipotética de que todo permanecería igual, la reorientación de inversiones de empresarios capitalistas, las nuevas formas de lucha del trabajador contra la explotación...; 2) Marx y Engels proyectaron el pasado al futuro, cosa científicamente insostenible debido a las inevitables condiciones modificadas, análisis científicos mejorados, creciente comprensión de riesgos, cambios de normas éticas, nuevos métodos de gobierno, genialidad de inventiva, decisión y organización humanas...; 3) Marx trató con desprecio (chavista) los juicios de valor de sus contemporáneos y de las generaciones anteriores, utilizando sin recato juicios de valor propios, independientemente de que fueran o no el sistema más justo; el juicio de valor de Marx era apodíctico (demostrativo, no admitía contradicción) en todos los aspectos, pensando absolutamente. La meta de la evolución marxista era como un crisol en que las libertades fundamentales y los derechos del hombre debían ser fundidos, para que no fuera “enajenado” y fuera “libre”...

La solución marxista se ha manifestado irrealizable. Más lucha de clases no cura nada. Cuando el fuego daña, se le apaga; no se supera el mal aumentando el mal. Los sobrevivientes de la lucha de clases sucumbieron a un error y comenzaron a actuar “solidariamente”. Es absurdo abogar por algún “colonialismo”, pedir salvaciones militares y azuzar a los pueblos unos contra otros.

Democracia es hablar de igualdad de los pueblos, de los derechos fundamentales de los hombres y de su dignidad, de reglas elementales sin violencia, sin subordinación, sin aparatos de fuerza, como ha sucedido donde el marxismo gobierna. De ahí su caída. Hoy la evolución del hombre ha pasado de lo expansivo a lo comprensivo, accediendo a más orden, a más consciencia: “En todas las circunstancias, avanzar siempre en la línea ascendente en la que convergen con más rapidez técnica, espiritual y efectivamente todas las cosas en nosotros y a nuestro alrededor”. (Teilhard de Chardin.)

Ya era erróneo que Marx creyera haber demostrado que la ganancia del capital sucedía sólo por la explotación del trabajo, que la riqueza de los acomodados se fundamentara sólo en la pobreza y necesidad de los “desheredados”; tal inexactitud está comprobada desde hace décadas. También ha sucumbido el pensamiento de Marx sobre el capitalismo. El campo económico (siempre en movimiento) no es la única fuerza motriz de la historia. Importa más la ingeniería unida al capital. Lo que marx copió del economista Ricardo en su doctrina de los valores lo interpretó erróneamente para forzar su doctrina polivalente, resultando por ello en un aborto.

Más allá de Marx está el camino que considera la problemática de lo personal y de la trascendencia. Hoy el comunismo serio sobreviviente (no la caricatura chavista) descubre a la persona; el valor absoluto de lo personal es una evidencia que escapó a los antepasados. Hoy vaga por el mundo un “humanismo socialista”, un renacimiento de la persona, de la personalidad, reconociéndose su valor y fomentándose la convivencia en solidaridad.

El camino ya ha conducido más allá de Marx; el desorden de su lucha de clases ha transmutado en solidaridad de todos. Aún no termina el camino y no terminará nunca, porque la liberación del hombre de la necesidad material y del sufrimiento del alma sigue lejana y a menudo irreconocible, hasta inalcanzable. “Si los éxitos sociales han de hacerse visibles en todo el globo terráqueo, se requieren no solamente las fuerzas humanas de un verdadero idealismo ético. Ni siquiera las economías nacionales de los países capitalistas, que en sí tienen una sobreproducción, alcanzan actualmente a satisfacer el hambre en los países indigentes.” (E. Friedrich Sauer.)
Tampoco en este terreno tiene sentido la entronización de la indigencia que reclama la ignorancia y la mediocridad del chavismo.

sábado, 16 de abril de 2011

RENUNCIAR A NADA, ACTIVARLO TODO

Alberto Rodríguez Barrera
No debemos dejar que el chavismo degrade al hombre, que elimine la consideración inmediata de los valores y aplique la matematización del estancamiento; en su afán por alcanzar la cuadratura del círculo, termina derritiéndose en la utopía del absurdo. El chavismo, al afirmar la existencia masiva del hombre como su existencia concreta, como hizo Kant, representa o encamina el materialismo craso de un marxismo-leninismo (el materialismo de un Lenin se hizo posible partiendo del autonomismo kantiano). Pero es el caso que el sano entendimiento humano tiene consciencia general que se engaña menos que la individual; cuatro ojos ven mejor que dos, se requieren dos buenos testigos para establecer las circunstancias de un hecho... Porque el entendimiento también tiene su medida en las cosas que debemos juzgar mejor en comunidad.

En momentos en que la libertad y la moralidad se encuentran amenazadas por un aparato de improvisación política jamás visto, la autonomía de consciencia y pensamiento adquieren preponderancia, junto a la intuición y la experiencia sensibles. Así también nos encaminamos a establecer los derechos de la humanidad, porque la sensibilidad, la revelación, la tradición, la lengua, son elementos verdaderamente fundamentales de la razón. La historia de la humanidad va en su desarrollo de los comienzos más bajos hasta el ideal de la humanitas: del desenvolvimiento y activación armónicos de todas las capacidades humanas. En relación con el chavismo, el pensamiento oscuro debe elevarse a la consciencia clara por medio de la reflexión.

El principio básico de la ética es la fe, que surge de nuestro corazón, en la realidad de lo bueno “como de algo eternamente valioso, por lo tanto, en la capacidad de determinar los valores de las cosas; su tarea más elevada, el ennoblecimiento de la humanidad”. (Fries.) Por ello al chavismo hay que echarle en cara que el ladrón “ordinario” acostumbra a ponerse en contradicción con el contenido de su acción, porque de ninguna manera quiere renunciar a la protección del orden de propiedad que infringe en lo particular.

Cabe recordar una famoso frase de Kant contra el totalitarismo: “El hombre, y absolutamente todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no sólo como medio para el uso arbitrario de esta o aquella voluntad, sino que siempre debe ser considerado al mismo tiempo como fin en todas sus acciones, tanto en las que se dirigen a sí mismo como en las que se dirigen a otros seres racionales”. (En esto no se pueden hacer trampas, puesto que no hay ningún entendimiento que mire inmediatamente la verdad.)

Todo a lo que el chavismo pretende hacernos renunciar completamente, para encajonarnos en su achicharrada metafísica única, es como si para no aspirar siempre aire impuro dejáramos mejor de respirar completamente. Tal cosa es imposible. Por eso hay que rechazarlo, criticarlo, porque la pureza del corazón, la mansedumbre y la solidaridad son valores superiores a las restricciones psíquicas que pretende encasquetarnos sin justificación científica, moral y política alguna. Se nos hace difícil e imposible renunciar al método crítico que conjuga el conocimiento, aunque el hombre no esté compuesto solamente de las fuerzas de su entendimiento; la esencia del hombre consiste en el hecho de ser para sí mismo y para su alrededor el mayor enigma.

No debemos dejar que el chavismo degrade al hombre, que elimine la consideración inmediata de los valores y aplique la matematización del estancamiento; en su afán por alcanzar la cuadratura del círculo, termina derritiéndose en la utopía del absurdo. El chavismo, al afirmar la existencia masiva del hombre como su existencia concreta, como hizo Kant, representa o encamina el materialismo craso de un marxismo-leninismo (el materialismo de un Lenin se hizo posible partiendo del autonomismo kantiano). Pero es el caso que el sano entendimiento humano tiene consciencia general que se engaña menos que la individual; cuatro ojos ven mejor que dos, se requieren dos buenos testigos para establecer las circunstancias de un hecho... Porque el entendimiento también tiene su medida en las cosas que debemos juzgar mejor en comunidad.

El hombre profano se remite a sus límites; la persona común es expresión de la humanidad. El hombre no puede vivir sin una trascendencia auténtica. La trascendencia del chavismo es artificial; el propio yo no es instancia única del conocimiento verdadero. La fe o la incredulidad no se pueden demostrar científicamente. Pero declarar al hombre autónomo o soberano ha llevado al hombre por generaciones al caos de la nada, o a la divinización de la Razón, el Universo, la Naturaleza, etc. Al centrarse en la mezquindad inmanente del yo, se aparta el sano entendimiento humano y de muchos hombres razonables multidisciplinarios que podrían decir si lo trascendente y los valores objetivos serían posibles, y cómo. Eso se llama solidaridad, solidaridad trascendental; y no es posible confundirla con la descarada manipulación insensata que caracteriza al chavismo.

Si toda trascendencia es incierta, lo sería menos ampliando nuestras bases, buscando y creando interrelaciones que se han descuidado, y que nos han impedido resultados asegurados. Pero la entronización de la razón sola puede ser un extravío.

Hoy es una necesidad el más sano entendimiento humano del hombre común y corriente, cuya orientación no es individualista sino solidaria, hacia la meta de los valores por todas partes reconocidos, tales como los derechos humanos de las Naciones Unidas.
La medida del juicio no debería aceptarse de antemano, sino “primero que nada” -como señaló Kant- debería buscársele, con la tolerancia necesaria y la necesidad comunitaria.

jueves, 10 de marzo de 2011

Sangre en el diván

Roberto Lovera De-Sola
El libro de Ibeyise Pacheco nos lleva a una situación más honda: su indagación debe ser tenida a la vez como una inmersión en lo más hondo del malestar venezolano, aquí está expuesta una de las facetas más trágicas de la vida venezolana

No puede leerse sino con dolor, con estremecimiento, el impecable libro de Ibeyise Pacheco: *Sangre en el diván* (Caracas: Grijalbo, 2010. 253 p.) en el cual muestra la personalidad y homicidio cometido por el psiquiatra Edmundo Chirinos en la persona de una de sus pacientes, la joven estudiante Roxana Vargas Quintero(1989-2008).

Como investigación periodística, un rico sendero de la actividad de los reporteros en nuestro tiempo, este libro solo merece elogios, no hay un solo pasaje que sobre ni nada que falte. Es de hecho un hondo acto de justicia en una sociedad, como la nuestra de estos días, en que esta ha dejado de existir.

Es tan hondo lo que vamos leyendo al seguir a Ibeyise Pacheco en su indagación que lo primero que viene a nuestra mente al cerrar este terrible libro es volver a citar una frase muchas veces repetida por Francisco Herrera Luque (1927-1991) según la cual los venezolanos estábamos obligados a “no silenciar ni los actos dignos de reprobación como aquellos dignos de alabanza”. Aquí estriba una de las bases esenciales de este libro.

Nos hemos sentido obligados a redactar esta reseña porque hechos como el que se narra este libro no deben repetirse, ello porque lo más grave que vimos y que aquí encontramos registrado no es la existencia de un delincuente, todas las sociedades los tienen, sino la red de complicidad por décadas silenció esos hechos que ahora se han hecho públicos.

En el caso de *Sangre en el diván*, el título no puede ser más exacto, fue en el diván, centro litúrgico de la psicoterapia y de la sanación de los pacientes, en donde se cometió aquel bárbaro crimen.

Y aquí el libro de Ibeyise Pacheco nos lleva a una situación más honda: su indagación debe ser tenida a la vez como una inmersión en lo más hondo del malestar venezolano, aquí está expuesta una de las facetas más trágicas de la vida venezolana. En este caso es válida la pregunta el médico Miguel Ángel de Lima, entrevistado por la reportera: “¿Está la sociedad enferma?

Sí. Parece que se premia la mentira, los fraudes, el engaño. La sociedad en pos del éxito” (p.166). No hay que olvidar aquí la forma como en este país se han exaltado a los peores seres y lo mala madre que ha sido Venezuela de sus mejores hijos. Duele decirlo pero es así.

Tal el caso de Edmundo Chirinos (Churugara, Falcón,1933) quien pudo engañar a muchos durante mucho tiempo pero no a todos siempre, según la célebre frase del presidente norteamericano Abraham Lincoln (1809-1865).

El psiquiatra de quien se trata en *Sangre en el diván*, 12 de julio de 2008, asesinó en Caracas, en su propio consultorio de La Florida, a su paciente Roxana Vargas Quintero, entre las 7:30 y las 10 de la noche. Casi un año antes, en la primera sesión a la que asistió la joven a su consultorio, en el año 2007, la había dopado, violado y fotografiado desnuda, igual que a numerosas de sus pacientes, como lo comprobó la investigación policial. 1200 fotografías de mujeres desnudas aparecieron en su casa de habitación, no todas desde luego gráficas de sus pacientes, pero según la investigación policial, al menos 400 tenían esa procedencia.

Aquel hecho increíble, rápidamente descubierto, puso al descubierto en nuestra sociedad la existencia de un delincuente que se había movido entre nosotros sin que nadie sospechara su verdadera personalidad. Se le tenía solo como un mujeriego. Este había llegado a ser Rector de la UCV, parlamentario y participado en la política. Pero la verdad plena de quien era no había sido sospechada. Hubo personas, para nada amigas del médico que no creyeron en su culpabilidad hasta el día en que fue condenado en los tribunales. Hasta ese momento había parecido que todo aquello era increíble.

Así el suceso puso sobre el tapete, como indica la autora de *Sangre en el diván*, “El problema para Chirinos y su defensa no sólo era su posible responsabilidad en el homicidio contra Roxana Vargas. Al psiquiatra le había llegado el momento de confrontar denuncias numerosas que comenzaron a circular, en especial vía Internet, sobre abusos sexuales cometidos por el médico en ejercicio de funciones. El juicio moral comenzó a cobrar una fuerza impresionante” (p.75).

Habían explotado la acumulación de vicios y de corrupción personal, esta se había hecho pública, ya, por su último hecho, era imposible seguir ocultando la verdad. Está había estallado. La historia universal está llena de casos como este de Edmundo Chirinos, ¡no hay nada oculto bajo el sol!.

EL PSIQUIATRA

Todo lo que nos expone Ibeyise Pacheco es claramente coincidente con una personalidad enferma. Basta leer con atención el capítulo autobiográfico, lúcidamente titulado por ella “El delirio”, para darse cuenta que su personaje vivió en medio de sus mil fantasías. No sabemos al leer *Sangre en el diván* el origen de estas páginas: ¿le fueron dictadas por el propio Chirinos?¿o proceden de unas memorias que él redactó y no publicó, pero sobre la cual corrió la noticia de su existencia en nuestra comunidad intelectual? Sea cual sea su origen son en casi todos sus pasajes falaces, incluyen además afirmaciones, sobre todas las históricas, que pueden ser refutadas con un libro de historia de Venezuela en la mano. Y su idea de que toda idea novedosa procedía de él no puede ser más errónea. Es lastimoso leerlas. Al igual que la entrevista que le hizo Miyó Vestrini (1938-1991), que se recoge en el apéndice del volumen. Es impecable como todo lo que Miyó hizo en vida pero a la luz de lo que hoy conocemos del entrevistado no pueden ser tomadas en cuenta ninguna de sus respuestas.

EL DELINCUENTE

¿Cómo un delincuente de esa catadura anduvo entre nosotros, en el país, en la universidad, en el parlamento, sin que nos diéramos cuenta de quién era es la gran interrogante que subyace en el libro de Ibeyise Pacheco. Y ello porque se hace presente la sociedad de cómplices que lo encubrieron, los psiquiatras que atendieron a las pacientes violadas por él y guardaron silencio como si formaran parte de una sociedad de delincuentes de mutuo auxilio.

El personaje auscultado con tanta precisión por la periodista es sin duda un sexoadicto: es de esos hombres no pueden ver una mujer sin llevársela a la cama. Pero luego la olvidan, inmediatamente, porque como no sabe amar o no puede amar, cosa evidente en todo sexoadicto, no llega a tender lazos con ella.

No tiene conciencia, por su patología, no hay que ser psiquiatra para verlo así, de que no puede existir amor sin compromiso, sin sentir las huellas que una mujer amada deja en el hombre que la ama, por ello hay amores que nunca se olvidan, por eso hay amores que nunca acaban. Es por ello que hoy las mujeres reclaman tanto la llamada del hombre después de una noche de amor. Toda la literatura latinoamericana escrita por mujeres, que es fascinante para comprender el ser femenino, lo registra. Y la venezolana también, tal *El aplauso va por dentro* (1997) de Mónica Montañéz.

Pero este caso era distinto porque se trata de un enfermo: “Chirinos utilizaba la psiquiatría como excusa para abusar sexualmente de sus pacientes y cometer actos perversos, indignos” (p.200) como lo indica al investigador policial.

Tan grave es el asunto que los tres psiquiatras entrevistados por la autora para trazar el croquis de la personalidad perturbada del psiquiatra, y ahora homicida, “Chirinos de siempre, ha sido un seductor exagerado patológico” (p.158), indica el psicoanalista Rómulo Lander; Miguel Ángel de Lima, otro psiquiatra, “Chirinos es incapaz de amar. Solo se quiere él. No puede generar un vínculo real con nadie…También está su incapacidad de aprender de la experiencia” (p.165). Y la galeno Carmen Vallenilla, también entrevistada para *Sangre en el diván*, “Creerse Dios se llama narcisismo. Y para ser narciso, tú tienes que tener un buen nivel intelectual. No sólo belleza física. El narciso es el personaje que tiene la razón, la verdad en sus manos. Es capaz de hacer milagros. Hipnotiza, cautiva.

Todo lo que sucede a su alrededor se debe a él. Todo es producto de él, hasta donde su imaginación lo determine. Un narciso fácilmente se lleva la ética por delante. ¿Por qué no se la va a llevar? De hecho juega constantemente con la fama” (p.167-168). Y añade: “El comportamiento de Chirinos pareciera que no sólo tendría que ver con su narcisismo…siento que él tiene un problema con su sexualidad. El puede gozar, disfrutar del poder que tiene sobre alumnos, pacientes, pero yo lo siento aun más bizarro, más complicado…Además de otras características que tienen que ver con la falta de ética con los demás…A él no le importa nada, ni nadie” (p.168).

EL SUCESO

El asesinato de Roxana Vargas Quintero lo cometió Chirinos, de forma atroz, golpeándole la cabeza contra la pared, dejando lleno con la sangre de la muchacha el diván de su consultorio. Ello fue el 12 de Julio de 2008. Luego sacó el cadáver de su clínica y lo hizo arrojar en un vertedero de basura.

Siempre creyó que no sería descubierto, había vivido hasta ese día, toda su vida, al filo de la navaja. Pero aquella era su hora, no la menguada sino la de la justicia. Pero era imposible esconder el crimen dados los testigos de aquellos hechos, la hermana, los padres de la muchacha y sus amigos. La madre denunció al siquiatra ante las autoridades. Cuatro días más, el 16 de julio, la opinión pública conocía quien había sido el autor del homicidio.

De hecho comenzaron a aparecer otras víctimas, entre ellas una señora mayor, que había sido paciente del psiquiatra, también ella había sido violada por él. No pudo defenderse entonces pero guardó las pruebas: la ropa que llevaba ese día, toda llena del semén de Chirinos, la entregó a la policía. Inmediatamente también empezaron a conocerse las numerosas denuncias hechas por pacientes mujeres de Chirinos por hechos similares, varias de estas están presentadas en *Sangre en el diván*.

Tras el asesinato, la investigación cuidadosamente llevada adelante por el criminalista Orlando Arias, impecable sabueso quien cuidó siempre que la política no influyera en sus pesquisas, conocía bien la vinculación de Chirinos con el gobierno. En esa labor la inmensa red de mentiras dichas por Chirinos lograron quedaron al descubierto y ser refutadas, una tras otra, por el paciente detective Arias. El 29 de julio de 2008 le fue formulada a Chirinos la acusación por homicidio intencional; al día siguiente, 30 de julio, fue detenido; el 29 de septiembre 2010 fue condenado 20 años de prisión y se prohibió del ejercicio de la psiquiatría.

ROXANA

Lo que sucedió a Roxana Vargas Quintero, no pudo ser peor, rindió la vida en manos del psiquiatra. Todo de forma inocua. Ella fue primero su paciente. La primera cita fue el 30 de septiembre de 2007, un año antes de su homicidio. En ese primera cita el abuso sexual cometido no puede ser sino calificado como una violación (p.18). Violación es siempre, a nuestro entender, cualquier relación tenida sin la aceptación plena de la mujer, incluso cuando se trata de una esposa. La misma Roxana confesó en su blog que en ese primera relación él no la había penetrado(p.99) pero ello no cambia el hecho de la agresión sexual padecida, aprovechándose además de su estado de salud. Ella luego fue su amante, lo que nos indica que Chirinos no poseía ninguna ética médica, rompió con lo que debía ser la relación médico-paciente, incluso con el juramento hipocrático que obliga a todo galeno a dar salud y a no infligir la muerte.

Pero Roxana como una amante nunca fue tratada por Chirinos con la ternura y delicadeza con la que se trata a una mujer amada: nunca le invitó a salir, nunca la llevó a restaurant, nunca la sedujo, ni la enamoró, nunca la llevó a hacer el amor en su propio apartamento ni a un hotel, nunca pasaron juntos ni un fin de semana. Incluso, lo que es peor, la gente que trabajaba en su clínica sabían lo que el doctor estaba haciendo él con ella en su consultorio. Y el amor sin intimidad, sin secreto entre los que se aman, no es amor, sin seducción tampoco es posible que dos cuerpos, que incluyen dos almas, dos espíritus, dos sensibilidades, puedan enamorarse. En el caso de Chirinos el amor nunca estuvo presente, siempre estuvo lejos, lo que hubo siempre fue la violencia.

Y Roxana, demasiado joven para sopesar lo que iba a hacer, cometió luego el error fatal: cuando decidió denunciarlo, lo que era justo, completamente escrupuloso, volvió a su consultorio a decirle lo que haría, no se dio cuenta quien era Chirinos, esa noche el psiquiatra la eliminó porque por vez primera había aparecido la persona que lo desenmascararía ante la sociedad.

EL DIARIO

Pero Roxana Vargas Quintero dejó el gran testimonio acusador. Chirinos desconoció siempre de su existencia. Se trataba de su diario personal: “Un diario manuscrito, algunas veces con lápiz de grafito, otras con tinta azul y negra, sobre el cual volcó con la honestidad desgarradora de lo oculto sus sentimientos sobre todo su entorno, incluido Chirinos. Nadie conocía ese diario. Ni Mariana que vivía con ella, ni su madre, ni sus amigos. A todos sorprendió encontrarlo allí, en su cuarto, cuando comenzó su búsqueda porque por primera vez no había llegado a casa. El diario colocado allí era como un último mensaje, como una carta de despedida, como la confesión de un moribundo que había sido testigo de un hecho delictivo y conocía la identidad del culpable” (p.27). Allí estaba dicho todo.Y por cierto, Roxana, estudiante de Comunicación Social, escribía muy bien.

Todos los fragmentos que cita Ibeyise Pacheco están escritos con exactitud y hasta con belleza. No estamos hablando, era muy joven aun, de una persona con las dotes para la escritura de un creador de fuste pero si de una persona que redactaba sus hojas con un estilo mucho mejor que con la simple corrección al consignar los datos de su vivir. Ojala que algún día se publique, serán unas páginas más para añadir a nuestra literatura autobiográfica.

PARA CERRAR

No dudamos que este libro de Ibeyise Pacheco no sólo perdurará como el acto de justicia que significa. Sin duda, será utilizado en las escuelas universitarias de Comunicación Social como modelo de reportaje sobre un homicidio.

No podemos cerrar sin citar otra vez a Herrera Luque y a aquella observación suya: “No hay nada peor que un psiquiatra corrompido”.

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