Libertad!

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domingo, 21 de octubre de 2012

Aprender en el dolor…

          

                              Rafael Muci-Mendoza 

                                                                             













Las cinco etapas del duelo según la doctora Elizabeth Kübler-Ross

¿Sabes? La vida suele ser larga; tómala con calma. Un buen día tu torturador pagará
Estoy admirado. Nuestra gente no se arredró ante la derrota y está enfilando nuevamente sus baterías con miras a la elección de diciembre. Perder otra batalla no significa perder la guerra. Con ellas me identifico, pues la vida es un reto y no una tragedia, y su finalidad última es el amor, eso que vinimos a ejercer sobre la tierra.
La doctora Kübler-Ross, aquella que no tuvo miedo a la muerte y caminó al lado de sus pacientes moribundos, entendió que  la vida no podía comprenderse sin su reverso: la partida; que como la derrota, era una pérdida, una herida que habría de sanar si lo permitimos; que como todo malogro físico o emocional, pasará por una primera etapa de fuerte conmoción y negación ¡No puede ser! ¡Teníamos asegurada la victoria! Pero es natural, la negación es una forma de defensa emocional, una vía normal y sana de enfrentarse a una noticia terrible, inesperada y repentina. A ella sigue la indignación y la rabia con su aderezo de aflicción y dolor que nos lleva a la depresión, a la tristeza ¿Por qué nos pasó? ¿Qué hicimos mal? ¿Quién nos jugó la mala pasada? Nos retiramos entonces dentro de nosotros mismos durante un tiempo y elaboramos, digerimos la pérdida, ocasión que nos permitirá arribar a  una fase de paz y aceptación, ¡Ojo!, que no de resignación que es lo que se produce cuando no se pueden compartir las lágrimas ni expresar la rabia.
¿Sabes? La vida suele ser larga; tómala con calma. Un buen día tu torturador pagará. Siempre ocurre así. ¿Y entonces? Bueno, ya sabes. Dicen que la venganza es un plato que se come frío; pero la venganza es dañina para quien la toma y no hay que molestarse sino perdonar. La justicia se hará presente por donde menos la esperes… Otra vez, las cosas por algo pasan, ¡El tiempo de Dios es perfecto…!


                                                                                           

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