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sábado, 30 de enero de 2016

Carnaval en Caracas. Evolución desde la Colonia hasta el siglo XXI.

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera.

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En el siglo XVII, ya la ciudad de Caracas en función de Capital de lo que más tarde fuera la Capitanía General de Venezuela disfrutaba de las costumbres carnavalescas. Esto fue evolucionando conjuntamente con los cambios de las autoridades,
fundamentalmente la de Gobernadores y Obispos. En el siglo XVII y mediados del XVIII ya se jugaba con agua, negro humo, almagre, huevos, se embadurnaban con harina, azúcar o pinturas; y aprovechaban los jóvenes, y algunos no muy jóvenes, para dar riendas sueltas a los impulsos propios de la liberación de sus hormonas. Esto ocurría, según la zona y estratos sociales, desde la forma más inocente hasta las más bárbaras posibles. Estas costumbres desde la Colonia hasta el siglo XX, se fueron alternando “sus modalidades” entre la diversión, la molestia y el abuso, en diferentes épocas, según las circunstancias y los Gobiernos de turnos.

Narra Don Arístides Rojas (1), que en la época del Obispo Diez Madroñero, en el siglo XVIII (1757-1769) cuando Caracas era una ciudad en que prácticamente no existía diversión alguna y con ansia esperaban el Carnaval para festejarlo; el Obispo, el cual ya había impuesto una series de modificaciones de índole religiosas en las costumbres y en la nomenclatura de la ciudad, decreto la prohibición de los juegos de carnaval y estableció el rezo del rosario todos los días de carnaval. Al morir el Obispo, el rezo del rosario fue desapareciendo en el carnaval y volvieron nuevamente las viejas costumbres, para beneplácito de la gran mayoría de sus habitantes.

Carnavales de febrero de 1894
Ya en el siglo XIX, los tres primeros tercios, había el carnaval invadido nuevamente la ciudad con todas sus modalidades, llegando al extremo en la segunda mitad del siglo, que pocas casas y edificaciones se salvaran de manchas de pinturas que se iban acumulando de cada carnaval, dando un aspecto grotesco.

Graciela Schael Martínez (2), en su artículo: Primer carnaval organizado, narra en forma genérica las mismas costumbres hasta la fecha del centenario del nacimiento del Libertador, cuando el general Antonio Guzmán Blanco, había insinuado la conveniencia y su deseo de ver sustituido el bárbaro juego “que echaba por tierra todo miramiento culto y de respeto, por diversiones dignas de una ciudad civilizada”.
Como por encanto, al amanecer del domingo se vieron flotar en las ventanas gran número de banderas. En lugar del agua e inmundicias como en años anteriores, caía sobre el transeúnte una lluvia de flores, dulces y perfumes. Máscaras de aspecto que recorría toda la escala de lo grotesco paseaban la ciudad.


El Cojo Ilustrado,1901. Fotos tomadas del blog Caracas en retropectiva.Club Venezuela
Sin embargo el juego con agua el martes de carnaval no fue desterrado completamente; cuenta Lucas Manzano (3), que un General muy mandón él, ante una situación que se había presentado en la Calle Real de La Candelaria, donde mojaron a la tropa, fue el mismo a poner el orden y al llegar al sitio, bellas damas lo bajaron del caballo y le dieron un baño completo; éste sonriendo y celebrando el atrevimiento de las muchachas dio la orden de alejarse y que las chicas siguieran con su juego.
Uno de los mejores costumbristas
Don José García De la Concha
“Reminiscencias: vida y costumbres de la vieja Caracas” libro del cronista José García de la Concha fue publicado en Caracas por Ernesto Ermitaño, Editor en 1973.   Don José García De la Concha (4), contemporáneo de Don Lucas Manzano y quien fue testigo presencial de la celebración del carnaval a principios del siglo XX, cuenta que era una fiesta donde se podía apreciar claramente el grado de cultura y de ingenio de un pueblo, y Caracas en esto se iba superando y continuaba celebrando el carnaval de una manera decente y elegante. En la ciudad con suficiente antelación se formaba la junta directiva, y de su seno se elegía un presidente y se formaban juntas subalternas para las parroquias. Se organizaban los desfiles compuestos por carrozas, coches y faetones; estos salían el sábado por la tarde del Capitolio prestos a la batalla de serpentinas, flores, confetis y caramelos; subían al Principal, doblaban hacia la Torre y tomaban la Calle Real de La Candelaria. Las dos primeras cuadras no representaban resistencia, pero de la Marrón para abajo la cosa era seria, desde allí comenzaba la guerra de papelillos y serpentinas; al llegar a la esquina de la Romualda se detenían para compartir el jolgorio en el gran templete situado alrededor de esa esquina; luego continuaban hasta la Cruz de la Candelaria ,bajaban a Miguelacho, desde allí se devolvían pasando por el templete de Socarras y cruzaban a Salvador de León (recuerden que la esquina de Socarras esta al sur de Romualda, situadas ambas en lo que hoy es la Avenida Fuerzas Armadas). De Salvador de León bajaban siete cuadras hasta Peláez; en la época de Castro se hizo famoso en esa esquina el templete del Gobernador Tello Méndez, según narra De la Concha. De las Peláez seguían al oeste, posiblemente hasta la esquina de Monzón y de allí subían directo hasta el Principal donde terminaba el desfile ese día. La fiesta se prolongaba hasta el Martes de Carnaval, tanto en el colectivo como en las residencias particulares.

Sin embargo a comienzo del segundo cuarto de siglo XX en los carnavales de 1928 fue diferente a todos los anteriores; comenta Guillermo Meneses (5), que con motivo de la elección de la Reina de los Estudiantes: “Beatriz Peña se llama y es preciosa como tienen que ser las Reinas de entusiasmo y juventud”; Pio Tamayo, un personaje que se incorpora por entonces a las conversaciones y a los espectáculos moderno y rebelde en su descuidada altanería, en homenaje a la Reina dijo las siguientes palabras: “ Una Reina, pero sucede que, (¡cómo se cuaja la ira en el corazón de algunos gobernantes!) un moscardón de rebeldía se ha juntado a la algazara de los estudiantes”; Antonio Arraiz, quien andaba en la misma línea de Pio Tamayo comentó que esas palabras fueron candentemente sospechosas; sumado a esto los estudiantes en camiones adornados de colorines con un distintivo que no puede confundirse con disfraz alguno gritan:
¡Ajá,ajá!
Mariquita ya se va
¡Ejé, ejé!
Mariquita ya se fue…

Los festejos del reinado de Beatriz terminan con el arresto de todos los estudiantes y sus compinches que participaron en la celebración, además de Pio Tamayo y Antonio Arraiz. Estos fueron los famosos carnavales de La Semana del Estudiante en el 28.
Sonora Caracas,1933. En plena época del "Benemerito" Image result for Carnaval en Caracas 
Niños jugando con agua a principio de los años cincuenta
Luego a finales de los años 40 y en los 50, el carnaval se traslado a los clubes privados. Juan J Valverde M (6) y Marisa Vannini (7), comentan que comenzaron a celebrarse en el Casablanca Tennis Club (hoy La Hermandad Gallega); el Club Paraiso (después Las Fuente); el Centro Asturiano; el Star Light del Hotel Madrid, situado en la esquina de Cipreses; el Monumental, debajo del puente 9 de Diciembre en el Paraiso; el Hotel Ávila y el Hotel Tamanaco.
El dominicano de nacimiento y caraqueño de corazón, que le pidió a Juan Vicente Torrealba, que por favor le compusiera algo a Caracas. A diferencia, él fue el que más le compuso canciones a nuestra capital, Juan Vicente no lohizo...¡! 
 En el puente 9 de diciembre se veían a los curiosos observando desde las barandas a las personas bailando en el Monumental, incluso en fechas distintas al carnaval. En mi infancia, los fines de semana cuando íbamos al pueblo de El Junquito y aún no habían construido la actual Avenida Morán, se subía  generalmente por lo que se llama: La Subida del Atlántico, en la urbanización Artigas para evitar ir por la Plaza de Catia, ruta que era más lejos para los que veníamos del sur, muy a menudo nos parábamos en el Puente 9 de Diciembre y observabamos  los bailes y el tremendo jolgorio que allí se formaba. Recuerdos alegres de un pasado más alegre.
Los templetes volvieron a alegrar el carnaval, estaban bajo el control de la Gobernación del Distrito Federal y las diferentes Juntas Parroquiales. Como estaba prohibido el consumo de alcohol, la gente se sentía más estimulada a asistir y confiada en la conducta de todos los asistentes a los templetes. Muy populares y famosos fueron los de San Juan, La Pastora y el de San José, pero también los hubo en otras parroquias y barrios caraqueños.
Luego de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, los festejos se limitaron nuevamente a los clubes, colegios y residencias particulares. Para el año 1961 se reactivó el carnaval en la UCV y hubo más entusiasmo ese año; aunque a nivel popular colectivo el carnaval nunca más volvió a ser lo que era antes.

¡Quién se puede imaginar la celebración del carnaval en Caracas en esta época, sin que,con toda seguridad, además de que nadie tenga ánimo para eso, lo siquitrillen con 25 a 30 balazos frente a la impunidad más grande jamás vista en nuestro país...!
Sólo a los que vayan rodeados de 20 a 30 guardaespaldas, y hallan resquiceado previamente la zona por donde van a hacer la farsa del espectáculo: será...¡!

En Caracas a decir verdad, en carnaval a igual que en Semana Santa, mucho antes del actual régimen,desde hace varios años, aunque hubiera seguridad, sus habitantes en la gran mayoría lo que hacen es viajar al interior y el jolgorio lo forman fuera de la ciudad,a Dios gracia...
¿Usted quiere estar en una ciudad tranquila?: quédese en Caracas en carnaval o Semana Santa y no se arrepentirá…

Bibliografía revisada.
1º.- Arístides Rojas. Crónica de Caracas. Fundarte. Colección Rescate.1994.p49.
2.- Graciela Schael Martínez. Estampas Caraqueñas. Concejo Municipal del Distrito Federal. 1975. El primer carnaval organizado. p 109.
3º- Cuadernos de Lucas Manzanos.
4.- José García de la Concha. Reminiscencias Vida y costumbres de la vieja Caracas. Ernesto Armitano, Editor. El carnaval de Caracas. p146.
5º.-Guillermo Meneses. El Libro de Caracas. Fundarte.1995.p145.
6º.-Juan J. Verde M. Caracas del Recuerdo a La Nostalgia. Impregraf C.A. 1997.p51.
7º.- Marisa Vannini. Arrivederci Caracas. Libros del Nacional. Nº 53. P122.


lunes, 22 de septiembre de 2014

LA PIEDRA FILOSOFAL

JESÚS ALFARO GARANTÓN 
El concepto de Piedra Filosofal, proviene de la Edad Media, cuando en medio del oscurantismo se movían sigilosamente los alquimistas, quienes uniendo superchería con lo que luego llamaron Química, buscaban sin descanso la fórmula mágica de convertir cualquier materia en oro. La eterna quimera del hombre en confundir la riqueza con felicidad. No es que “ser rico, es malo”  como lo dijo nuestro pitoniso destructor galáctico, sino que la felicidad está en muchas pequeñas cosas que nos hacen sonreír. Las cosas más sencillas, las cosas más frágiles, dan el soporte a la verdadera felicidad. No es que rechacemos un Mercedes Benz y un milloncito de dólares como una ayudadita, pero tampoco hay que hacer de nuestra vida, una eterna lucha por el dinero.

La Piedra Filosofal, tan deseada y buscada, tendría además la propiedad de proporcionar la inmortalidad, siempre y cuando se dejara reposar sumergida en agua durante una noche, ese líquido adquiría la propiedad de otorgar la vida eterna al afortunado bañista que se la echara encima. Otra quimera equivocada, en un mundo precario donde todo faltaba y donde la brevedad de la vida era predominante. En esos tiempos la expectativa de vida de un recién nacido difícilmente llegaba a la treintena de años, la mortalidad infantil era enorme y las parejas llegaban a tener hasta una docena de hijos, llegando apenas dos de ellos a la edad adulta. Era lógico que los grandes pensadores buscaran ansiosamente la prolongación de la vida, la ansiada fórmula de la vida eterna y hasta el día de hoy ni siquiera la inmortalidad del cangrejo está asegurada.

En la  búsqueda frustrada de la Piedra Filosofal, pasaron su vida miles de desocupados alquimistas de la Edad Media y solo quedó el nombre, para ser usado por la fantástica serie de libros de la escritora J. K Rowling y que fue llevada a la pantalla grande bajo el nombre de “Harry Potter y la búsqueda de la Piedra Filosofal”.

¿Y a qué viene todo este alboroto de piedras encantadas? Pues que en mi casa siempre existió una Piedra Filosofal y  que cumplió sus funciones en el lugar de preparación de las maravillas culinarias que mi santa madre preparó en toda su existencia. En un rincón no muy escondido del lar familiar, reposaba tranquila una piedra de canto rodado de color indefinible, que despedía destellos rojizos cuando la acercaban a la llamas del fogón hogareño. Era una piedra del tamaño de un mango grande y que bien podía pesar 3/4 de kilo. La recuerdo desde siempre en manos de mamá o de alguna de las cocineras que pasaron por mi casa, sirviendo para todos los oficios que sean necesarios en una cocina. Esa piedra machacaba ajos, cebollas pimentones y cualquier otro ingrediente de los guisos del yantar del día a día. No había mejor artilugio para convertir las ruedas de plátanos verdes en deliciosos tostones que unos golpecitos machacantes de la famosa piedra. Su eficacia se hacía sentir al volver polvo los grandes conos del sabroso papelón en la preparación de los postres caseros. Cuando había que romper un coco, la piedra era usada como mazo sobre el dorso de un cuchillo y se abría el blanquecino vientre de la fruta tropical y si el problema era la carne dura convertía como por arte de magia cualquier corte de rebelde muchacho cuadrado, difícil de masticar, en el mejor de los filetes de delicioso y blando lomito, la solución estaba en unos cuantos golpes con la dura piedra y el milagro se hacía presente. Mamá, experta en el manejo de la piedra filosofal y quien era una verdadera hada madrina a la hora de convertir comida regular en delicias culinarias nos crio a todos a punta de “lomito a la piedra”.   

Recuerdo esa piedra en la cocina familiar desde los primeros conocimientos de mi niñez y nos acompañó  por más de 70 años. Inclusive esa piedra viajó con la familia por los periplos suramericanos, que nos tocó vivir. A tanto llegó la importancia de esa piedra en la formación de mi familia, que mi hermano Beltrán, eterno fabulador, bautizó a la susodicha como LA PIEDRA FILOSOFAL DE LOS ALFARO.

Con los años a la cocina de mi casa también le llegó la modernidad e irrumpieron ayudantes de cocina Electrolux y Food Makers Cuisinart y KitchenAid, pero mi madre se mantuvo siempre fiel a su piedra ayudante de cocina

La semana pasada conocí a una profesional universitaria muy reconocida, quien me confesó que había cambiado de profesión decepcionada por los bajos ingresos que percibía y utilizando sus excelentes virtudes frente a los fogones se atrevió a abrir un restaurante de comida criolla de calidad, con un resultado muy provechoso. Ella insiste en hacerse llamar “cocinera”, no chef y experimenta con los sabores de nuestro país tropical. Cuando le conté lo de mi Piedra Filosofal, quedó encantada y me dijo que incorporaría una piedra de canto rodado a su arsenal gastronómico. Me gusta esta nueva tendencia en la cocina criolla de hacerla sencilla y fácil de preparar, ya basta de cuisine nouveau, suficiente de chuletas de cochino al arándano pintón y nada de “riz al exotique mangó ecrasée” en vez del popular arroz con mango.  Desde estas líneas hago un llamado a las personas que se dedican a la gastronomía local a devolverle su sitial a las eternas piedras de cocina que adornan todavía a muchos de los hogares venezolanos de la actualidad.

Hace poco volví  a tener a nuestra piedra en mis manos y fue un encuentro tierno, me invadió una cascada de recuerdos familiares, cuantos almuerzos, cuantas cenas nos unieron, una lágrima rodó por mi mejilla y cayó rompiéndose en centenares de goticas que humedecieron la dura superficie rojiza y la sentí latir entre mis dedos y me di cuenta que también las piedras tienen su corazoncito.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Tequeño: EL ORIGEN DEL TEQUEÑO ES CARAQUEÑO, DEL BARRIO CANARIO “EL TEQUE”







GERÓNIMO ALBERTO YERENA CABRERA



tequenos-venezolanos

INTRODUCCIÓN
El origen del famoso tequeño, se ha atribuido a la ciudad de los Teques, actual capital del Estado Miranda, desde el año 1928. Pasapalo vernáculo, pero no multisápido, por lo menos, el original, el cual es el que se ha mantenido hasta el presente para deleite de los venezolanos y extranjero que tienen la dicha de probarlo, por  caracterizar a este apetitoso, ahora pasapalo, precisamente por su sabor sencillo y agradable, lo que hace que al comerse el primero produzca una reacción inmediata e incontenible de seguir picando y una de sus propiedades más resaltante es que no empalaga.  Este origen es algo que se ha repetido, y quizás se debe a que fue donde se popularizó en las familias pudientes caraqueñas. Esta atribución del origen del Tequeño a esta ciudad es consecuencia  de  haber borrado de su memoria los caraqueños  el famoso Barrio El Teque,  situado en la Parroquia de Altagracia, sitio donde realmente se originó la elaboración del famoso Tequeño.

LOS CANARIOS DEL TEQUE  Y LOS TEQUEÑOS
Los canarios de este barrio fueron los primeros en Venezuela en elaborar el famoso plato, no precisamente como pasapalo, sino, principalmente como  una comida para el desayuno y la cena, tal como nosotros comemos la  arepa o la exquisita empanada. Su elaboración fue tal cual como ahora se hace: masa de trigo enrollada rellena de queso blanco y luego frita. Era lo que ahora llamamos en materia culinaria un resuelve para los habitantes marginales de ese barrio, el cual cayó en desgracia en  los acontecimientos iniciales de la independencia, y luego con el crecimiento urbano de la ciudad. Su comida se hizo famosa en los pobladores de los alrededores de la ciudad y luego de desaparecer el barrio, familias pobres de  Caracas lo siguieron elaborando. Luego fue  preparado por  familias más pudientes que lo llevaron al ,entonces,pueblo de los Teques  y fueron quienes lo popularizaron; regresando luego  a Caracas con su nombre original de Tequeños y confundiendo su nombre. Olvidado, como es característico de  los caraqueños, del origen de  esta comida, la cual no dejó de continuar preparándose; pero en algunos sitios, sin la denominación original la cual fue perdiéndose junto al nombre del barrio; de ahí nace la versión de que fue en ese pueblo  en el estado Miranda, famoso por su clima y usado por caraqueños como temperamento, de que el Tequeño es de allí.

BARRIO  EL TEQUE Y ANTIGUAS QUEBRADAS CARAQUEÑAS
El barrio El Teque junto al barrio de la Trinidad constituyeron  dos de los barrios más antiguos de la ciudad de Caracas, los cuales existieron desde comienzos y mediados del siglo XVIII respectivamente.
Es de notar que ambos estaban ubicados en lo que actualmente es la parroquia de Altagracia y ambos perdieron su denominación en el transcurso del siglo XIX.
En cuanto al barrio El Teque, se denominó luego Sabana del Teque, la cual fue parte de la zona que ocupaba el antiguo barrio, más adelante se le dió el nombre a una esquina, posteriormente también desapareció esta esquina, sólo queda el recuerdo cuando se mencionan en la historia de las esquinas caraqueñas (1).
Quizás la primera vez que se hace referencia por escrito de este barrio, fue cuando se nombran los linderos de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, separada como parroquia aparte de la Catedral en el año 1750, fecha en la cual el cantón o barrio quedó integrado a la parroquia. Estos datos aparecen registrados en la Matricula de la parroquia Altagracia. 1775. A. A. de C. Sección Parroquiales, Altagracia Caracas. Carpeta Nº 2 (2).

La descripción de los límites de la parroquia de Altagracia donde se menciona por vez primera al barrio El Teque, es la siguiente:
“De Oriente a Poniente desde el río Catuche por la calle titulada de Cristo Crucificado, y plazuela de la misma parroquia a los Teques y campos correspondientes; y desde el Sur a Norte, desde la propia calle río arriba de Catuche al cerro La Guaira.”


Era una zona que abarcaba varias cuadras, compuestas de rancherías habitadas por una clase social de escasos recursos y limitado nivel educativo. La gran mayoría de los ranchos  estaban distanciados uno del otro, sobre todo al sur; estaban situados entre la quebrada de Quita Calzón y la quebrada de Los Padrones, lo que actualmente es hoy la zona más hacia el oeste de la parroquia de Altagracia.

Esta zona al principio se llamó Cantón El Teque y luego, al ir reduciéndose su extensión por avance del urbanismo convencional, se denominó Barrio El Teque, tal como aparece en el plano de la ciudad del año 1810 (3), y, más preciso aún, en otra versión del plano de 1810 en conmemoración del centenario del 19 de abril, donde hacen una condensación de la Caracas de esa época hasta 1843, intervalo cuando Caracas no sufrió ninguna modificación en relación a su topografía urbanística (4). En los planos de 1810 y 1843, así como en el plano de 1801 elaborado por Francisco Depons, donde también figura el barrio, la quebrada de los Padrones aparece con el nombre de Quebrada de Leandro.  En el plano de 1897(5) se delimitan ambas quebradas, así como el resto de las quebradas caraqueñas para la época.

Si estudiáramos un plano actual de la ciudad, el área estaría comprendida hasta mediados del siglo XIX, aproximadamente entre los siguientes límites:
Por el norte:
Hacia el este la actual esquina de Gobernador, por donde a media cuadra pasa la quebrada de los Padrones, y hacia el oeste a media cuadra de la esquina de Zapatero, sitio por donde baja la quebrada de Quita Calzón; a ese nivel la quebrada baja entre Zapatero y Cola de Pato.

Por el sur, se ampliaban sus límites entre la actual esquina de Bolero por el este, hasta ranchos dispersos cercanos a la esquina de Pagüita.

Luego se pobló más la ciudad con construcciones de mejor calidad y el área de rancherías se fue reduciendo paulatinamente, ya en el Plano Topográfico de la Ciudad de Caracas levantado en 1875 por orden de Guzmán Blanco (6), desaparece el nombre del barrio; toda la zona de lo que para la época correspondía a la parroquia de Altagracia aparece con el nombre de sus actuales esquinas (aproximadamente 49 esquinas); pero, no así, desapareció del todo en el recuerdo de los caraqueños de esa época que allí existió ese barrio y aunque no de forma oficial se continúo llamando a esa zona El Teque; aunque sí, en el siglo XX se olvido que allí nació el rico pasapalo; tal como sucede cuando se hace mención a La trilla la cual quedaba en la parte sur del El Teque, donde fue construida la mansión que es hoy el Palacio de Miraflores (7).

Si revisamos El Plano de Caracas de 1890 elaborado por Pablo Díaz (8), observamos que la zona correspondiente al norte, entre las esquinas de Poleo y Buena Vista, nuevamente aparece destacada como El Teque, esto como recuerdo al viejo barrio casi desaparecido su nombre para la época.

Aún a finales del siglo XIX los pocos ranchos que permanecían en sus alrededores, sobre todo en la parte oeste de la actual parroquia de Altagracia, se siguió llamando por costumbre El Teque, aunque la zona, en realidad, ya no correspondía a la original de los planos de 1810 a 1843.

Este barrio tuvo relevancia en la época de la declaración de la Independencia; luego del 17 de agosto de 1811, fecha de la firma del Acta de la Independencia por los diputados de la Asamblea, unos canarios que habitaban en el Cantón El Teque se alzaron; días después son dominados y fusilados diez y seis de ellos (9).

Enrique Bernardo Núñez, refiere que en la tarde del 11 de julio de 1811 aparecen en la sabana del Teque grupos armados con trabucos, pistolas y armas blancas. Se proponían tomar el cuartel de la Trinidad, que debía franquearles el cabo J. Roldán. Era la conspiración tramada contra el gobierno independiente por Juan Díaz Flores, José María Sánchez y fray Juan José García (10).

Carmen Clemente Travieso (11) en la descripción de la esquina de El Chorro también hace mención de una manera muy amena de este alzamiento de los canarios en El Teque.

Don Lucas Manzano en su libro Crónicas de Antaño narra dos situaciones en relación al barrio El Teque; la primera, en su artículo sobre El Puente Guanabano dice: “Los vagabundos de El Teque hacían suya la soledad imperante para desvalijar el viandante si era del sexo barbudo, o vejarlo, en no importa qué manera, si cubría su cuerpo con trajes vaporosos ” (12); la segunda, en su artículo Medio Siglo Atrás (13) -se refería al último cuarto del siglo XIX- comenta la graciosa y picaresca anécdota: “ En las jerusalenes montada en escena en el teatro de corral situado en la Esquina de Pineda, don T. Rasgo, tuvo la osadía de distinguir su casa a renglón seguido de su patronímico con un 8 descomunal; allí se congregaban las compadrerías de El Teque y el Estado Vallenilla* para armar bululúes que comenzaban por una chirigota endilgada a la Magdalena, por su desproporción en el corpiño, y concluían con una tunda de garrote que ponía en tensión nerviosa la ciudad….”

Estas quebradas mencionadas dejaron de figurar en los planos de Caracas a finales del siglo XIX; por una parte al crecer la ciudad y la desforestación que la siguió, el caudal se fue reduciendo y por otra, las quebradas en sí eran de un caudal pequeño, más aún en época de verano, y con la urbanización a su alrededor se transformaron, al quedar embauladas, en simples conductos de drenajes; sólo queda como recuerdo las esquinas que llevan sus nombres: Esquina de Quitacalzón y esquina de Tinajitas; la quebrada de los Padrones, era de mayor caudal y está también embovedada, en muy pocos sitios se puede apreciar su lecho, desemboca en la quebrada de Caroata, cercana a la Esquina de Aserradero.

Se comenta con insistencia que los famosos pasapalos criollos llamados Tequeños tienen su origen en este barrio y no en la ciudad de Los Teques.

*El Estado Vallenilla fue la denominación que se le dió a la zona actual de la parroquia La Pastora luego de terminada la Guerra Federal. Al designarse La Pastora como parroquia independiente de Altagracia dejó de usarse esta denominación.
 

1.- Gerónimo Alberto Yerena Cabrera. El Teque. Antiguo barrio de la Ciudad de Caracas. Blog Venezuela de Antaño. Caracas, 2 de agosto del 2009. http://venelib-antao.blogspot.com/.

2.- Lila Mago de Chopite. Caracas y su crecimiento Urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.1986. p 81.
3.- Plano de la ciudad de Santiago de León de Caracas. 1810. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
4.- Plano de la Ciudad Santiago de León de Caracas en el año de 1810. “según apuntaciones del ilustrísimo Señor Don Mariano Martín y planos de F. de Pons; A.J. Jesurun y otros, historiadores e ingenieros, desde 1771 hasta 1843; con fecha 19 de abril de 1910 y firmado por E. Mendoza Solar. Recuerdo del primer Centenario de la Independencia de Venezuela”. Publicado en el libro Atlas de Venezuela. Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición.1979.
5.- Caracas Plano de la ciudad. Situación de las parroquias foráneas. Por R. Razetti. 1897. Editado por el diario El Universal, Colección Histórica Mapoteca IGVSB.
6.- Plano topográfico de la ciudad de Caracas. Capital de los Estados Unidos de Venezuela. Plano levantado por orden del Ilustre Americano Gral Antº Guzmán Blanco. 1875. Atlas de Venezuela. Editado por el Ministerio de Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Dirección de Cartografía Nacional. Segunda Edición. 1979. p 14.
7.- Graciela Schael Martínez. Estampas Caraqueñas. Ediciones del Concejo Municipal del Distrito Federal. 1975. P 169.
8.- Lila Mago de Chopite. Caracas y su crecimiento Urbano. Publicación de la Unidad de Cultura y Publicaciones del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas.1986. El Plano de Caracas de 1890 elaborado por Pablo Díaz. p 225.
9.- José Nucete Sardi. La Ciudad y sus tiempos. Edición del Cuatricentenario de Caracas. p 35.
10.- Enrique Bernardo Núñez. La Ciudad de los Techos Rojos. Monte Avila Editores. 1998 .p 168.
11.- Carmen Clemente Travieso. Las esquinas de Caracas. Los libros del Nacional.2001.p 88
12.-Lucas Manzano. Crónicas de Caracas. Avila Gráfica, S.A-Impresores. Caracas 1951. P79.
13.- Ibidem.p 109. 
yerena.geronimo@gmail.com

viernes, 23 de agosto de 2013

Antiguo Club Isleño en la esquina de Padre Sierra. Caracas Siglo XIX


Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Zaparapanda canaria en el centro de Caracas
¡Los isleños son «piores» que los venezolanos «pá» armar «guachafitas»!
Confitería «La Colonial”
Esquina de Padre Sierra
“bochinche, bochinche, bochinche….”
Isaac Viera
Baltasar del Alcázar
"En Jaén donde resido"

Durante el primer gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, en la céntrica esquina de Padre Sierra, existió un centro de recreación denominado Club Isleño, ubicado en  la edificación situada en el ángulo noreste frente al Convento de las monjas de la Concepción, en donde,  luego de salir las monjas en el año de 1874, se inició la construcción del actual Palacio Federal.  Este club era el principal  sitio de reunión de los isleños (canarios) en la capital, tal como hoy es el Hogar Canario.
En ese período tuvimos la grata estadía del lanzaroteño Isaac Viera (1858-1941), que para entonces era un  joven de avanzada y, a la vez, de espíritu aventurero; el cual al terminar el bachillerato en el Seminario Conciliar de Las Palmas emigro a nuestra patria, "acariciando risueñas / ilusiones de oro y miel",  según se lee en su folleto autobiográfico Palotes y Perfiles (1895).

Su estadía en Venezuela transcurrió entre mediado de los setenta del siglo XIX hasta 1882; durante ese tiempo, además de ejercer, entre otras cosas, actividades docentes,  fue testigo de varias peripecias sucedidas en nuestra capital, algunas de ellas muy “llamativas” y dignas de reproducir, cónsonas con la idiosincrasia del venezolano,  y  con  los numerosos descendiente  de esa segunda patria chica llamada “Islas Canarias”.

Quien luego fuera,  al regresar a su patria, escritor, poeta, periodista y costumbrista, en su libro “Costumbres canarias”, editado en el año 1916, B E N A C I M I E N T O. San Marcos, 42
MADRID, relata en las páginas 145-146, lo sucedido en el antiguo Club Canario.

El relato del propio escritor y poeta, testigo de lo acontecido en la esquina de Padre Sierra es el siguiente:

A raíz de ser nombrado ministro de Ultramar el señor León y Castillo, la policía de Caracas, por orden  de Guzmán Blanco, clausuró el Club isleño establecido en la esquina de Padre Sierra, al lado de la confitería «La Colonial”, por escándalo público.

El motivo fue el siguiente:
Una noche, los socios del expresado centro, divididos en dos bandos, discutían acerca de cuál población era más importante, si Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas, oyéndose decir desde la calle que las fichas con que se jugaba al tresillo (cierto juego de naipes, jugado por tres personas) en el «Gabinete literario» de la última de las mencionadas ciudades, eran más finas que las del Casino de la capital de estas islas.
Se escucho decir:

«Esto, Inés, ello se alaba,
No es  menester alaballo»
(Este es un dicho canario que bien sabían ellos lo que quería decir en doble sentido)*ver anexo.
De las palabras  pasaron a las manos, y fue tal la gresca, que los muebles, caían a la vía pública, lanzados desde las ventanas altas del edificio social; recordarlos que una silla quedó encasquetada en la cabeza de una negra que a la sazón pasaba por aquel sitio. Al día siguiente al de aquella monumental pelotera los periódicos caraqueños satirizaron con donosura y crueldad a nuestros compatriotas que, olvidándose de que la ropa sucia debe lavarse primero en casa, se complacen en hacer la colada en mitad.
Del  arroyo de ciudades extranjeras. El patizambo Gregorio Solórzano, que estuvo en la batalla de Ayacucho, en el Perú, cada vez que nos  encontraba  nos decía, recordando aquel batifondo, y valga el argentinismo:

­-Sepa usted, «catire», que los isleños son «piores»
que  los venezolanos «pa» armar «guachafitas»

Esta historia nos hace recordar al “Ilustre Precursor” de la Independencia Don Francisco de Miranda, hijo de canarios, el cual vivió, más de un siglo antes, en la casa diagonal en donde luego se estableciera este club, cuando dijo sus lapidarias palabras, vigente en el actual siglo XXI¡Bochinche, bochinche!. ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche! Estas palabras fueron pronunciadas por el Generalísimo Francisco de Miranda en la madrugada del 31 de junio de 1812 luego de recibir a un grupo de oficiales patriotas en el domicilio donde dormía situado en el puerto de la Guaira, de donde partiría en la mañana con destino a Curazao. De ahí, que “el
Inmortal  Canario” en esa oportunidad  nos diagnostico a todos, y los bochincheros, a quien se refería “El Precursor”, precisamente, no eran los canarios, más bien los criollos y sobre todo los
“Mantuanos”……

*ANEXO: Les agrego el origen del dicho que cita el poeta Isaac Viera, y que  los paisanos canarios en su club, según el autor, le dieron el doble sentido que con gran picardía los caracterizaban. Fue del poema "En Jaén donde resido" de Baltasar del Alcázar (Sevilla, 1530-Ronda, 1606), fue un poeta español del Siglo de Oro.

Queda a criterio e interpretación del lector dónde está el doble sentido- sí es que en verdad lo hay- que los canarios le dieron a este verso (dentro del contexto de la poesía), y por lo  cual se formó tremendo “follón”.

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava d'él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.

Rebana pan. Bueno está.
La ensaladilla es del cielo;
y el salpicón, con su ajuelo,
¿no miras qué tufo da?

Comienza el vinillo nuevo
y échale la bendición:
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, ese toque;
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
d'este vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Mas ya: de la del cantillo;
diez y seis vale el cuartillo;
no tiene vino más bajo.

Por Nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer:
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba;
no es menester alaballo;
sola una falta le hallo:
que con la priesa se acaba.


La ensalada y salpicón
hizo fin; ¿qué viene ahora?
La morcilla. ¡Oh, gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundias tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, ¡sus!, encójase y entre,
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasaniejo,
porque con más gusto comas;
Dios te salve, que así tomas,
como sabia, mi consejo.

Mas di: ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica!
Tal debe tener especias.

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

¡Vive Dios, que se podía
poner al lado del Rey
puerco, Inés, a toda ley,
que hinche tripa vacía!

El corazón me revienta
de placer. No sé de ti
cómo te va. Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios.
Mas oye un punto sutil:
¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo remanecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel.
¡Alto licor celestial!
No es el aloquillo tal,
ni tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color,
todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo:
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala;
bien puede bogar su remo.

Pues haz, Inés, lo que sueles:
daca de la bota llena
seis tragos. Hecha es la cena;
levántense los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan; yo me duermo;
quédese para mañana.


sábado, 30 de marzo de 2013

Semana Santa,procesiones en Caracas.


Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Viacrusis de los padres dominicos.
Esquina de San Jacinto
Convento e Iglesia de San Jacinto
Calle de la Amargura
¡Me llevas por la calle de la Amargura!
El Calvario: estaciones e iglesias
El primer Calvario
Procesión de San Mauricio
Las procesiones en la ciudad de Caracas, se iniciaron desde la época de su fundación; fue el evento más importante de la Caracas colonial. La procesión de los padres dominicos  por su devoción al viacrucis, junto con la del Nazareno de San Pablo, los días  Miércoles  Santos, fueron las más importantes de la ciudad.
La de los dominicos de la Iglesia de San Jacinto fue, quizás, la más emblemática por varias causas: primero, por ser la que recorría el trayecto más largo de todas; segundo, porque era la que caracterizaba mejor el viacrucis; tercero, era la única que atravesaba al  Calvario y su recorrido era en circunvalación.
Los dominicos, cada año, el viernes de Concilio cumplían con la costumbre de sacar la procesión de Jesús de Nazareno. Bajaba desde la iglesia de San Jacinto, la cual dio el nombre a la esquina; desde allí se dirigían hacia el sur por la Avenida N1-S1 “Calle de la Huida a Egipto” , según nomenclatura impuesta por el Obispo Díez Madroñero (1714-1769), por decreto del 3 de enero de 1766, a todas las calles de Caracas; le puso nombres  relacionados con episodios de la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo; esa época coincidió  con la construcción en la colina del Calvario de la Ermita (1765),  bajo la advocación de Jesús de Nazareno y Nuestra Señora de Valbarena.  La ermita corría a cargo de los religiosos del Convento de San Jacinto de donde partía la procesión a la devoción del viacrucis.
 Llegaba hasta la esquina de Cruz Verde, luego cruzaban a la derecha y continuaban por la Calle del Descendimiento (E8-O8), pasaba por el frente del Oratorio de San Felipe de Neri, donde actualmente se encuentra el Templo de Santa Teresa; continuaba por la misma calle y pasaba luego frente al Templo de San Pablo, actualmente el sitio donde está edificado  el Teatro Municipal; seguían por la (E8-O8) hasta la calle de Nuestra Señora de la Amargura. Antes de la construcción del Silencio y luego de la Avenida San Martín, a  la calle de la Amargura se llegaba en línea recta desde la esquina de Cruz Verde, luego de esto  la entrada a la calle se desplazó hacia el sur, y el acceso se hace por al callejón Peníchez, donde está ubicado el Centro del IVSS.
Hasta el inicio de la subida por la Calle de la Amargura, llevábamos nueve cuadras caminando, a pleno Sol y a paso de procesión; a partir  de este punto nos esperaba un trayecto que era el más largo y más empinado dentro del Calvario, sumado a lo estéril del camino, tal como lo describieron los cronistas de la época, se imaginarán el esfuerzo y sacrificio de los feligreses, cuando aún estaban a mitad de camino. De ahí la famosa expresión caraqueña.
¡Me llevas por la calle de la Amargura!
Seguro que más de un caraqueño  ha oído decir en su casa a sus padres, abuelos u otros familiares, cuando alguien hacía una travesura o le hacía pasar un rato desagradable o angustioso, este dicho.
Al subir a la colina se llegaba a la ermita y allí realizaban una corta parada y  se visitaban las primeras estaciones. La ermita estaba situada donde Guzmán Blanco colocó su estatua del “Manganzón” y  el estanque, cuando construyó el Paseo Independencia  en 1873 y derribó la ermita. La actual Capilla de Lourdes en el Calvario situada cerca del sitio de la anterior ermita, más hacia el norte, la inauguró Joaquín Crespo el 27 de abril de 1885.
Seguimos con la caminata: luego de la parada en la ermita y visitadas las estaciones, se bajaba por una trocha hacia los lados del Carota, donde se encontraban algunas estaciones más, hasta llegar adonde hoy está la esquina de Caño Amarillo; buscando la Calle del Perdón, la cual corresponde actualmente a la Avenida (E2-O2), que es la que pasa por el sur de la actual Plaza Bolívar,  y terminaban en la misma calle en la iglesia de San Jacinto. Este último trayecto de Caño Amarillo a la Esquina de San Jacinto, son seis cuadras más; por lo tanto para los caraqueños era una demostración de Fe y de Penitencia realizar este largo  recorrido.

El primer Calvario. Procesión de San Mauricio
El primer Calvario fue fundado por Juan Cataneo Bohórquez obispo de Caracas (1612-1618).  En ese mismo sitio en lo alto de la colina se colocaron tres cruces en el centro, y las estaciones señaladas con cruces  para la celebración del  viacrucis. Después de haber desaparecido las cruces (una de ellas- de las tres- se conserva en el museo bolivariano), el viacrucis quedó abandonado por mucho tiempo. Luego hacia el año de 1765 se construyó la ermita ya mencionada.
Las primeras procesiones al Calvario fueron hacia el año 1625, salían de la iglesia de San Mauricio (hoy Santa Capilla), desde allí seguían por la Calle  de la Sangre de Cristos (O1-E1), actual Avenida Urdaneta, hasta la esquina de Llaguno, allí doblaban a la izquierda  hacia la Calle del Dulce Nombre de Jesús (N6-S6), dirigiéndose hacia el sur (esta calle se llamó desde principio de la Colonia: Camino de la Mar, actualmente  Avenida Baralt. Llegaban a los alrededores de Caño Amarillo  y subían al Calvario por el mismo camino que posteriormente bajaban los dominicos. Allí visitaban las estaciones (las cruces colocadas desde el principio de la subida hasta lo más alto de la colina) y luego se devolvían por el mismo sitio  hacia San Mauricio. Esta procesión fue la que tuvo el segundo trayecto más largo en la Colonia, y la primera en realizarse al Calvario.
La procesión más corta fue la de San Francisco los Viernes Santos, salía de la iglesia llegaba a la esquina de la Bolsa y se devolvía.