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sábado, 4 de octubre de 2014

EL SIMBOLO DE LA UNIDAD E INTEGRACION DE VENEZUELA


Alberto Rodríguez Barrera


     El 24 de agosto de 1962 se inauguró el Puente General Rafael Urdaneta de Maracaibo, tal como fue prometido por Rómulo Betancourt en su penúltimo discurso pre-electoral el 5 de diciembre de 1958. Esta fue una conquista del pueblo zuliano, que exigió la construcción del puente en demostración patente de una verdad histórica, que grupos reducidos y sin resonancia para su afónica voz en el ámbito colectivo parecen ignorar: que la voluntad de los pueblos se impone siempre y que de nada valen contra ella la violencia ni la propaganda falaz; que a la larga, lo importante no es vencer por la fuerza, sino convencer con la razón y las realizaciones; que de nada pueden servir las prédicas totalitarias, de cualquier signo, cuando los pueblos han adquirido conciencia histórica de su libertad, de sus derechos y deberes y tienen pleno sentido de la nacionalidad.


     Como dijo Rómulo en la inauguración: “… que con la misma voluntad y vocación democrática que un 23 de enero dio al traste con la dictadura, con la misma voluntad y vocación faenera que los zulianos han puesto en la consecución de su puente, todos los venezolanos defenderán la democracia conquistada contra los amañados ataques de quienes anteponen sus propias, irracionales ambiciones personales al ejercicio de poder, o los planes de expansión ecuménica de potencias extranjeras a los intereses vitales, y suyos propios, de la nación”.
 
    Pero había otra verdad histórica, más allá de que se trataba de una obra única en América y monumental en sus proporciones: que la voluntad y las aspiraciones colectivas no responden a veleidades fortuitas, sino a imperativos socio-económicos, a realidades objetivas y a necesidades que la conciencia popular sabe captar con intuición especial, y sus líderes e conciencia histórica..
 
     La realidad era que Maracaibo –como centro económico de la región occidental- estaba aislada de su propia zona socio-económica de influencia y del resto de la República, a pesar de ser la zona más productiva y rica del país, frenada por factores de costo y tiempo que gravaban fuertemente sus comunicaciones, entorpecida por el agua en el intercambio de sus productos agropecuarios, mineros e industriales, funcionando con inoperantes y costosos “ferry-boats’.
 
     El Gobierno de Coalición tenía sus estudios hechos y su visión era la integración de Venezuela. Los 14.344 kilómetros de superficie del lago, producían pérdidas no menores de 1 millón 700 mil horas-hombre de energía y 670.000 vehículos-hora anualmente. No se equivocaban los zulianos ni la estrategia gubernamental: el puente sería el vehículo efectivo entre los Estados Táchira, Mérida, Trujillo, Zulia, Falcón y Lara, complejo rico en petróleo, ganadería, agricultura, recursos energéticos, madereros y pesqueros.

     Era también un complemento fundamental para la red de vías terrestres y aéreas que el Gobierno de Coalición había planificado con plena conciencia de su importancia para conectar las regiones central y oriental del país –con sus muchos pueblos hermanos- y para reducir en 700.000 kilómetros la ruta del Caribe hasta Panamá, que vincula a Venezuela con el sector del Darién, factor clave para la gran carretera Panamericana. Los técnicos, economistas y planificadores finalmente captaron lo que ya sabía el pueblo zuliano.
 
     El gobierno hacía lo que tenía que hacer: el puente no era una obra considerada y proyectada aisladamente, obedecía a los modernos conceptos técnicos sobre planificación integral que jamás se habían aplicado en Venezuela y que darían bases de sustentabilidad al proceso de construcción y producción democrática. Insertado dentro del plan vial nacional estructurado, el sistema del Puente Urdaneta formaba parte del gran circuito que rodea toda la hoya del Lago de Maracaibo, puntos de enlace de la región zuliana –que el gobierno ya había construido- con los centros urbanos de Palmarejo, Cabimas, Lagunillas, Agua Viva, El Vigía, Encontrados, Machiques, Maracaibo, y el único tramo que faltaba por completar: Machiques-Encontrados. Y hacia el interior de Maracaibo y vías conexas, se habían realizado 17 kilómetros de acceso al puente, dos distribuidores de tránsito, dos plaza de peaje, cuatro estructuras de paso a dos niveles; además se trabajaba en la autopista urbana de 11 kilómetros, eje del sistema, con otros grandes distribuidores.

     El costo del puente fue de 350 millones de bolívares y fue totalmente cubierto con los recursos ordinarios, sin recursos extraordinarios ni créditos externos, pese a que el gobierno estaba autorizado por el Congreso Nacional para recurrir a ello. Otro aspecto importante a destacar fue el sentido de equipo y cooperación nacional e internacional: para los estudios, proyectos, ejecución y supervisión, donde colaboraron con su experiencia  y amplios conocimientos técnicos y profesionales venezolanos, italianos, alemanes, suizos y portugueses, al igual que a nivel de obreros zulianos.
 
     Ajenos a realidad y a las grandes obras de utilidad socio-económica que se ejecutaban en el país, sin ningún acento sobre lo suntuario, los dueños de la impotencia política y social disfrazaban su resentimiento acusando al gobierno de “sólo hacer escuelitas”, lo cual –lejos de avergonzar al Ejecutivo- formaba parte del plan integral de desarrollo, que continuaba haciendo escuelitas, escuelas, escuelotas, grupos escolares, liceos, escuelas industriales, artesanales, comerciales, normales, y universidades, con orgullo en las obras pequeñas, las medianas y las grandes. El acento estaba en la necesidad y la utilidad. En un país devastado por la falta de atención social, el valor superior de la democracia que se asentaba valorizaba con satisfacción haber sembrado muchas tuberías, dispensarios de salud y una multiplicidad de esfuerzos aparentemente modestos, porque el valor de una obra no se mide por su volumen sino por la magnitud, a veces difícil de tabular en números, de la necesidad que va a remediar.
 
    Y remedios importantes  tipo escuelitas eran: “El Pulpo”, “La Araña”, el puente sobre el río Apure, el puente sobre el río Orinoco, el puente sobre el Caroní, el puente Internacional con Colombia, el viaducto La Bermeja, la Siderúrgica de Matanzas, el complejo hidroeléctrico de Macagua, las carreteras Guatire-Caucagua, el Guapo-Barcelona, Carora-Lagunillas, Coro-Palmarejo, las autopistas Coche-Valles del Tuy-Tejerías y Valencia-Puerto Cabello, la perforación del túnel de La Planicie, la apertura de más de 500 kilómetros de canales de riego, la creación de Parques (del Este, Miranda, Aristides Rojas y otros), los hospitales de Seguros Sociales de Antímano, Puerto Cabello, Cabimas, San Felipe, Ciudad Bolívar, Barcelona, Cumaná, Acarigua-Araure, Maturín, además de otras 300… escuelitas.
 
     Los virtuosos de la negación y la demagogia, sin duda alguna, tenían muchos hijos en las escuelitas aprendiendo la gran lección del Puente General Rafael Urdaneta: que el sistema democrático, como nos lo enseñan la pujanza y el progreso obtenido en los más avanzados países del mundo, regidos por ese ordenamiento político-social, es eficiente y capaz, ambicioso en sus realizaciones y puede exhibir obras que por su volumen, trascendencia y magnitud, no sólo no tienen que envidiar sino que superan ampliamente las realizaciones de los regímenes totalitarios de izquierda y de derecha, con la ventaja decisiva y fundamental de que las realizaciones y obras de la democracia se llevan a cabo sin necesidad de cercenar la libertad ni ofender la dignidad de los hombres y de los pueblos.

     La mezquindad y la ignorancia, al no reconocer la realidad, caen por sí solas, a veces desbaratando lo necesario y útil. Pero hay quienes se elevan por encima de la mediocridad, como hizo el día antes de la inauguración del Puente General Rafael Urdaneta el Cardenal José Humberto Quintero: “La fecha de mañana recuerda no sólo el 463º aniversario del descubrimiento del Lago de Maracaibo, sino del cumpleaños de haber sido pronunciada por los labios de Ojeda, Vespucio y de la Cosa, ante la humilde ciudad aborigen fabricada en las aguas, la palabra Venezuela, diminutivo musical que hoy suena a nuestros oídos como el más armonioso de todos los vocablos castellanos”.



viernes, 22 de marzo de 2013

¿ZAMUROS MADUROS? (DE CÓMO LA VERDAD ÚNICA TAMBIÉN FALLA EN FILOSOFÍA). DESCARTE







-Alberto Rodríguez Barrera-




I
    Las generalizaciones tienden a sugerir más de lo que significan. Así sucede con Descartes (1596-1650), el filósofo francés, cuando se le llama el fundador de la filosofía moderna, título que le hubiese encantado debido a que eso fue lo que intentó; estaba dispuesto a reclamar para su filosofía un comienzo absoluto, viendo en su logro un edificio filosófico autocentrado, autosuficiente. Pero hay que tomar su filosofía como un todo para ver hasta dónde realmente llega su grandeza.

     La definición aceptada por Descartes es que la filosofía es la búsqueda de la sabiduría; y su intención era renovar todo el conocimiento humano. Descartes pertenece a la última fase del Renacimiento, cuando ya habían transcurrido 80 años del descubrimiento del verdadero sistema del universo; los matemáticos puros se habían enriquecido con el invento del álgebra simbólica y algoritmos; Tycho Brahé, Kepler, Galileo y otros habían hecho sus propios descubrimientos. Todo ello se había logrado por la nueva devoción a las matemáticas.  Y Descartes creyó que el método matemático podía extenderse a la filosofía, a todo el conocimiento racional: “...en nuestra búsqueda del camino directo a la verdad no debemos ocuparnos de un objeto sobre el cual no podamos obtener una certidumbre igual a las demostraciones de aritmética y geometría”.

     La meta de Descartes no era darle una interpretación matemática al universo, sino componer una filosofía en semejanza a las matemáticas, exhibir todas las variedades del conocimiento como consecuencia de una serie de principios fundamentales y una simplicidad determinante que serían universalmente aceptados como los axiomas matemáticos; y así la filosofía habría obtenido la certidumbre de las matemáticas. Así es que la primera característica del pensamiento de Descartes es su visión matemática, o casi matemática, de las condiciones del conocimiento.

    Su propósito confeso, igualmente, era deshacerse de una vez por todas de Aristóteles y sus sectarios, como los llamaba; ambicionaba reemplazar a Aristóteles deshaciéndose del academicismo, aunque utilizaba para sus propios propósitos las nociones académicas, y sus puntos de vista sobre la causalidad en general, del finito y del infinito, son substancialmente las mismas. La filosofía de Descartes –que no era simplemente batallar con Aristóteles- es en mucho un intento para resumir y satisfacer lo que parecen dos aspiraciones de la mente del Renacimiento: establecer una forma de conocimiento totalmente autónoma y la asignación de este conocimiento a la tarea de ir más allá de la confrontación de su objeto hacia la posesión y uso de este objeto para el mejoramiento general de la vida humana, para llegar a ser –dice Descartes en el Método- “los amos y señores de la naturaleza”.

     En el prefacio de Principios de la Filosofía, Descartes compara “el todo de la filosofía con un árbol donde la metafísica forma las raíces, y la física el tronco, mientras que las ramas que crecen del tronco constituyen todas las demás ciencias que pueden ser reducidas a tres: medicina, mecánica y ética...”

     Estos comentarios preliminares sobre la filosofía de Descartes se complementan con dos puntos más. Tras la decadencia del mundo medieval y las vaguedades del Renacimiento, Descartes fue el primer filósofo en construir un sistema coherente de ideas, en abrir una nueva manera de pensar donde prevalecía la confusión; y también fue el primero en llamar la atención de los filósofos al problema de la certidumbre como tal. Por esto es que es recordado fundamentalmente; desde entonces el problema de la certidumbre ha estado en la filosofía.

II
    Antes de Descartes, todo el conocimiento estaba en dudas o, cuando más, dominado por el escepticismo, siendo Montaigne el ejemplo que inspiró a Descartes para acabar con el escepticismo por vía de la certeza. Montaigne estaba horrorizado por las peleas religiosas y políticas de su época y por la interrupción de la unidad europea a consecuencia de la Reforma. Montaigne descubrió la fuente de todos estos males en el dogmatismo. Los hombres se amartelan tanto con sus propias creencias que no dudan en matar a un oponente, como si acabando con su vida pudiesen acabar con el mundo de sus opiniones. Pero la verdadera sabiduría consiste en un cuidadoso entrenamiento de la mente para suspender el juicio: esa es la lección final de los Ensayos de Montaigne. Una buena mente jamás está irrevocablemente atada a sus propias opiniones; no está asegurada por su conocimiento ni por su ignorancia. No aseverará “yo sé” ni “yo no sé”, sino que preguntará “¿qué sé yo?”. Esa es la marca de la sabiduría.

     Descartes leyó con cuidado los Ensayos; en el Discurso del Método hay ecos de Montaigne. Pero lo que era una conclusión para Montaigne fue sólo el punto de partida de Descartes, un escéptico con la esperanza de algo mejor que escepticismo.  El Discurso del Método (1637) no es el tratado que sugiere el título, pero sí es un punto importante en la historia del pensamiento europeo. La intención primera de Descartes era llamarlo “Una historia de mi mente”, y aún se puede leer como tal, una especie de memoria que revisa el pasado a la luz del presente; fue escrito a los 40 años, 17 años después de los hechos narrados, ya como filósofo.

     Para Descartes el problema central era la certidumbre, y el objetivo general del Descartes del Método era mostrar cómo él mismo enfrentó el problema. ¿Cómo podemos estar seguros de cualquier cosa? Montaigne no tenía respuesta para esta pregunta; la verdadera sabiduría consistía en echar cómodamente la cabeza en la “suave almohada” del escepticismo. Insatisfecho, Descartes pensaba en tres grados de sabiduría, y el más alto consiste en el descubrimiento de las “primeras causas y los verdaderos principios de los cuales todo lo que somos capaces de hacer puede ser deducido”. Y fue en las Meditaciones donde Descartes comenzó a construir su nueva filosofía; en la cuarta parte del Discurso sólo se da un perfil. Las Meditaciones son de hecho un “pequeño tratado de la divinidad”, sobre la existencia de Dios y del alma. Pero el punto a enfatizar es que en la nueva filosofía de Descartes –a diferencia de la vieja filosofía de Aristóteles- el movimiento del pensamiento es de las ideas a las cosas, y no de las cosas a las ideas.

     Para Descartes, las ideas más importantes son ideas innatas, que encuentra en su mente, “aquellas”, dice, “que nacen conmigo”, que él percibe “claramente y precisamente”, y que son como imágenes o retratos de la realidad que representa. De ahí el principio cartesiano y de todo el idealismo moderno: todo lo que puede ser conocido clara y precisamente como constituyendo la idea de una cosa puede decirse de la cosa misma. Tal concepción del conocimiento que subraya la filosofía de Descartes indica que deberíamos estar capacitados para construir el mundo desde nuestras claras y precisas ideas, con la certeza de que estas ideas constituirán un verdadero cuadro de la realidad, y entonces el problema es encontrar el orden correcto para exponer las ideas que encontramos en nuestra mente, y de hacer más de nuestro punto de partida para que pueda haber prueba contra toda la crítica de los escépticos.

     En otras palabras y en respuesta a la pregunta sobre cómo podemos estar seguros de cualquier cosa, Descartes tenía que encontrar una proposición simple e infalible que aguantara hasta las más extravagantes objeciones de los escépticos; y la encontró en el célebre cogito ergo sum, “pienso, luego existo”. (Segunda de las Meditaciones:”Pero no hay nada de que yo existo en ser engañado, y entonces, dejen que él me engañe todo lo que quiera, jamás podrá transformarme en nada mientras yo piense que soy algo.”)

     Independientemente de lo que podamos pensar de pensamiento sin pensador, Descartes creyó probar que cogito ergo sum es la afirmación no de uno mismo y del pensamiento tomado separadamente como sujeto y verbo, sino de un yo pensante tomado como un todo, de una existencia cuya “toda naturaleza o esencia consiste en pensar”. Así sé que existo, percibo el hecho de mi mismo clara y precisamente, en lo que Descartes llama “una cosa pensante”, y puedo disipar cualquier duda, hasta aquella inspirada por la hipótesis de una Demonio maligno, ya que ser engañado es una forma de pensar aunque piense erróneamente; y a la vez puedo entender lo que hace a algo verdadero. De ello prosigue que estoy justificado al aseverar que lo que pueda ser concebido clara y precisamente en la mente es por lo tanto verdadero, y la verdad del cogito se vuelve el ejemplo de todas las otras verdades, además del seguro punto de partida de la filosofía de Descartes, quien pensaba que esto era certidumbre matemática.

     Aristóteles y sus seguidores explicaron el mundo en términos de materia y forma,  y atribuyeron al cuerpo humano un alma o forma animada, que ejerce varias operaciones en y a través del cuerpo, como nutrición, movimiento, sensación y demás. Pero en Descartes lo que llamamos alma es esencialmente pensamiento; y por lo tanto debe ser excluido, si queremos que sea una idea clara. De ahí sigue que la idea de alma o mente no contiene nada que pertenezca al cuerpo, sobre el principio de que las ideas precisas no son representativas de existencias precisas. Por lo tanto, el dualismo cartesiano de mente y materia, cuerpo y alma, es llamado “bifurcación de la naturaleza”.

III
    Descartes no distinguió entre la metafísica (“las raíces”) y la física (“el tronco”) como lo hacemos hoy. Al hacer que su física dependiera de su metafísica, Descartes revirtió el procedimiento tradicional mediante el cual la física constituyó una especie de prolegómeno a la metafísica, como vemos en la filosofía de Aristóteles y Aquinas. Aquinas muestra una más clara anticipación de la visión moderna que distingue entre ciencia y filosofía cuando observa que la teoría ptolomeica de epiciclos puede “salvar las apariencias”, pero que no es prueba suficiente para que la teoría sea verdad, ya que “las apariencias quizás también puedan ser salvadas en otras hipótesis”.

     La boga de la filosofía cartesiana se extendió por una generación. En cuanto Newton publicó sus Principios Matemáticos de la Filosofía Natural (1687), el sistema del universo físico de Descartes fue cosa del pasado. Hoy no hay cartesianos en física, aunque sigue con nosotros el problema de relacionar una nueva manera de entender el mundo físico. ¿Cómo sabemos que tenemos cuerpos desde los principios planteados por Descartes? Lo que imaginamos no lleva al juicio de que lo que imaginemos exista de hecho (al igual que lo que imagina el chavismo no se transforma en realidad). Hay ideas, pero a diferencia de otras ideas claras y precisas son confusas y oscuras, no confiables, la mente forma al ser afectada por alguna sustancia extraña unida íntimamente con ella, y esta sustancia es el cuerpo. Cada mente, así consciente de la unión con un cuerpo, también se hace consciente de la acción externa sobre un cuerpo; y consecuentemente debe admitir la existencia de otros cuerpos, descartando toda duda sobre la existencia del mundo exterior... El problema del dualismo es un problema real, es imposible no aceptar el dualismo de mente y cuerpo, pese a las sutilezas para disfrazarlo. El retrato del mundo de Descartes estaba muy equivocado en casi cada detalles, aunque el espíritu cartesiano que lo inspiró aún sobreviva.

     Descartes era generoso y modesto, ajeno a los halagos mundanos; deseaba que su filosofía fuese de beneficio práctico para la humanidad; e insistió que era sólo por su infalible método que se hizo filósofo. Pero no era tolerante en el sentido moderno; al otorgarle a otros el derecho a sostener como verdad lo que él juzgaba falso, él mismo no podía pensar o decir que lo que sabía como verdad “por la luz natural de su mente”, podía ser falso. No había lugar en su mente para la mera opinión. Había asumido la producción de demostraciones verdaderamente matemáticas para todas las proposiciones que planteó, y estaba convencido de que todo el conocimiento era uno, al igual de que había sólo un método infalible, de tal manera que si una ciencia era correcta, todas debían ser correctas, y donde una ciencia estaba equivocada, todas estaban equivocadas. Pero la filosofía de un filósofo es el rehén que le da a la fortuna; y la fortuna ha decretado que Descartes no ha de ser, como esperaba, el Aristóteles del mundo moderno. Pero el título que no se le puede arrebatar –según su adversario moderno, Jacques Maritain- es el de “Gran Innovador”.


viernes, 1 de febrero de 2013

EL ARRUINADO YO DEL CHAVISMO


-Alberto Rodríguez Barrera





 

     La filosofía de Jaspers oscila en constante angustia e inseguridad, ya que se ocupa de excepciones y situaciones límites surgidas subjetivamente y que siempre surgen de nuevo porque la situación del mundo cambia continuamente y el hombre se ve obligado siempre a examinar de nuevo su existencia para adaptarse a las nuevas circunstancias que exigen una nueva realidad. (Esta angustia e inseguridad en el chavismo lleva a la improvisación constante, enseñando estoicamente la inflexibilidad de su desvío.) Su concepto de la verdad es relativo, basado en una alógica cuya fundamentación tendría que terminar en el nihilismo. Inicialmente intentó llegar a una posición firme del hombre en su existencia incierta, rechazó el nihilismo pensando que el pensamiento filosófico lo traspasa y significa la liberación hacia el ser propiamente dicho.

     “Nosotros los hombres jamás somos bastante para nosotros mismos. Pugnamos para ir más allá, y nos hacemos cada vez más nosotros mismos con la profundidad de nuestra consciencia de Dios, a través de la cual nos volvemos al propio tiempo transparentes para nosotros mismos en nuestro ser nada.” Jaspers formula un concepto de fe filosófica: Dios ayuda a la unidad del ser que se sabe radicalmente dependiente; pero no quiere saber nada de sacerdotes.
 
     En épocas decadentes (como la del chavismo presente) se elige como leit-motiv la oscilación de todos los modos de la realidad; y Jaspers considera el carácter de las imágenes del mundo sólo perspectivas relativas, aceptando el carácter del conocimiento como algo de pura interpretación: ningún ser conocido es el ser en sí y en total.  Nuevamente es la inseguridad y angustia ante el conocimiento objetivo del ser; porque esta época no ofrece ninguna salida; no se puede crear ninguna gran obra “como en la época de Lao-tse, de los presocráticos...”
 
     Jaspers: “Hoy día la intención de crear obras acabadas parece vana... En lugar de encontrar vida en el origen y hacerla hablar en la obra, se logran... hechuras de un acabado peculiar, a través de las cuales habla un hallazgo de lo simple, una construcción sin costura, un lenguaje bien formado, pero que se vuelven dudosas por la pretensión de validez autónoma de esa obra tal. La oposición a la falta de forma de las futilidades presentes es buena, por eso también lo que sucede aquí, porque nada recuerda y previene”.
 
     El chavismo ha caído en la tentación de confiarse completamente a su propio “yo” (con el perdón de Descartes y otros) sin tomar en consideración la cadencia, tan importante y esencial, de la realidad universal del mundo, el análisis del ser objetivo y tan a menudo completamente estático. En la filosofía Kant antepuso la teoría del conocimiento a la teoría del ser, pero no captó que todo o lo referente al conocimiento presuponen ya cuestiones respecto al ser.
 
     “La filosofía puede convertirse en la tentación de la evasión”, escribió Jaspers, y sucumbió a esta tentación. Y en el chavismo –como en el filósofo- vemos lo típicamente evasivo, un claro relativismo que ve las dificultades existentes y las rodea con mucho “arte”, “poetizando”, porque tiene miedo de sí mismo y de toda verdad objetiva.
 
     “La mayoría de los pensadores modernos, ¿no eran todos tan temerosos? ¿No se podía contar con todos ellos, a la defensiva contra la existencia masiva, injustamente sólo para su propio yo? ¿Por qué juraban sobre su subjetividad angustiosamente convulsa un Kierlegaard, un Nietzsche, un Jaspers? Porque con nuestra época enferma ellos mismos se habían enfermado y no pudieron alcanzar el espíritu de la comunidad con el ‘saber’ fundamental del que Jaspers habla” (F. Friedrich Sauer).
 
     Kierkegaard acuñó la orgullosa pero unilateralmente enferma frase “Existir significa ante todo ser un individuo” y así puso toda decisión en la subjetividad personal que ya según otros principios modernos (los democráticos) no debería dar ninguna decisión. Jaspers (como el chavismo) no quiere saber nada de verdades eternas. Estas pertenecen, cuando más, a la masa que no puede pensar y que por eso no tiene importancia. ¡Qué gran dificultad de la filosofía de la existencia en llegar a un orden objetivo, universalmente válido, a partir de un concepto subjetivo de la verdad! Así el relativismo, “que permite que todo tenga validez como es, parece ser la inevitable consecuencia (Welzel).

     Aun cuando no se tiene seguridad de que todo pueda ser conocido, debemos partir de ahí. Es arrogancia partir sólo del yo para conocer todo ser. El ser es en todas las circunstancias el concepto “que abarca todo, y por tanto, también el conocimiento” (Wundt).
     Jaspers –al igual que el chavismo- no reconoció esta simple verdad. De ahí su fracaso, su encallar en la realidad, su fuga hacia las situaciones límites, que integran la plenitud de la realidad humana, pero no lo son todo.
 
     Pero Jaspers dijo palabras magníficas y verdaderas como profundo conocedor de nuestro tiempo; alegó que “la incredulidad del hombre no era posible”: “Pensar en un mundo de incredulidad perfecta en el que los hombres-máquinas se han perdido a sí mismos y han perdido su divinidad... esto sólo es posible formalmente sólo un instante. Así como repugna a la dignidad interna e insondable del hombre pensar que muere como si no hubiese sido nada, así también la libertad, la fe, la autonomía caerían en la ruina precisamente como sucedería con un aparato técnico”.   

 

sábado, 19 de enero de 2013

CHAVISMO Y PÉRDIDA DE VALORES

-Alberto Rodríguez Barrera-



“Pero todo esto es un error, porque los gobiernos se diferencian en tipos, como es evidente para cualquiera que considere el asunto de acuerdo al método que nos ha guiado. Como en otros departamentos de la ciencia, así en la política, el compuesto debe siempre ser disuelto/resuelto hacia los elementos simples o las menos partes del todo. Debemos por tanto mirar los elementos en que el estado está compuesto, para poder ver en qué tipos diferentes de gobierno se diferencian unos de otros, y si algún resultado científico puede ser obtenido sobre cada uno de ellos.”
Aristóteles

     Al trazar paralelos históricos vemos que la problemática de los valores se conoció en épocas muy tempranas (Platón, Aristóteles, Agustín, Tomás de Aquino); los clásicos la trataron en la misma dirección fundamental.

     Si bien se comprende que los valores y los bienes no se separan (forman un reino unitario, ordenado en sí), los hombres nunca nos pondremos de acuerdo sobre todas las cuestiones relativas a los valores, porque –en virtud de su libertad innata- no queremos reconocer una instancia superior común, motivo por el cual reina una gran incertidumbre en la filosofía.
 
     Esto no se puede “matematizar”, nunca alcanza el ideal matemático de seguridad: “Esto debe ser así, de otra manera no quedaría ningún margen  para decisiones personales últimas que, sin embargo, no necesitan ser ciegas a la razón. A partir de ahí tiene lugar justificado el salto de la fe como complemento del saber humano imperfecto. El saber y la fe están a salvo en su diferencia” (H. Meyer).

     La indefinibilidad pertenece a la esencia del hombre, que es una transición en la corriente de la vida, “un eterno ‘salir’ de la vida por sobre sí misma” (Scheler).

     Pero hay más de una tabla emocional de valores, porque como bienes son a la vez emocionales y racionales. Cuando surgen del subconsciente (apreciaciones subjetivas) se determinan emocionalmente; cuando surgen de la reflexión racional resisten a menudo la prueba objetiva y empírica, haciéndose tal reflexión esencial respecto a los valores.

     Valor es una cualidad del ser a la que aspiramos como un bien, digno y valioso, de ser posible, en grados muy diferentes. ¿Hay valores relativos absolutos, supremos? Dios está para los deístas, y cualquier ídolo para los ateos dispuestos a hacer sacrificios, ir a la fuerza, dar la vida.
 
     El hombre se atreve a determinar la cualidad del valor del ser concreto; ordena su mundo de bienes según puntos de vista subordinados a su libertad y razón. Lo que es congruente y absurdo, verdadero y falso, bueno y malo, no son adquisiciones de la evolución natural del hombre, más bien es la constitución ontológica de un espíritu sin más, de un espíritu que sólo aparece en el hombre. Por su indefinibilidad y porque los valores siempre tienen una relación con el hombre, jamás agotaremos el problema de los valores.

     Pero –como no lo capta el chavismo- es esencial la reflexión racional en la aprehensión de los valores; es decisiva para el conocimiento y el uso de los valores; requiere de análisis lógicamente construido, el contexto total de la realidad y su aprehensión por el espíritu humano.

     Porque la razón de los hombres ha reconocido que ninguna verdad está aislada, ya que está ligada a otras verdades por las relaciones de causa y efecto. La aprehensión subjetiva del valor incapacita al chavismo para reconocer lo objetivamente valioso porque no habilita la ayuda de la razón. No quieren ni sacan conclusiones prácticas, dejan determinar por una inmanencia inconsciente, por errores, y la pereza los lleva a tomar el camino del menor esfuerzo, se cansan y entregan al ídolo del autoreconocimiento, sin reconocer lo mejor, siguiendo lo peor.
 
     Es posible favorecer y facilitar el uso objetivo de la razón, aunque con privaciones y desilusiones, porque la vida humana es rica por todos lados. Debemos dar respuestas de valor correctas, con aprehensión y ejecución objetiva de los valores (excluyendo meras apreciaciones). Para la convivencia nacional e internacional, donde el hombre individual y el estado singular se equivocan más, dejándose determinar por ídolos más que por su mayoría, hay que reconocer más valores comunes, buscar y encontrar un equilibrio material...
 
     Es la filosofía del pluralismo; organizar el orden de los valores de la sociedad humana según la experiencia general y basar en hechos empíricos las apreciaciones valorativas de la sociedad...
 





viernes, 11 de enero de 2013

SOBRE LA FRAGMENTACION DEL CHAVISMO, LEJOS DE SUS TEMPLETES Y BARATIJAS

-Alberto Rodríguez Barrera-



     Generalmente el charlatán intelectual es un hombre impulsivo que es derrotado en su lucha contra el espíritu, resultando en mal mago. Hay quienes comienzan con una idea alta del hombre: ánimo, valor, capacidad de sacrificio, gusto por el riesgo, nobleza, energía vital, amor a la patria, tratamiento indiferente de los bienes económicos... Y luego se subordinan a la astucia calculadora y a la rapacidad sin sentido para la seguridad de la vida, impulsados contra la razón y la sabiduría del hombre; el hombre –portador del espíritu- es considerado entonces un callejón sin salida de la naturaleza. Es la división de esta época.

     Max Scheler –como nuestro tiempo- osciló para un lado y para otro y perdió el suelo bajo sus pies. Más que filósofo y erudito, parecía un hombre de negocios, infatigablemente. Influyó sobre los valores del cristianismo (católico) que se ofrecen hoy, algo imperecedero que luego censuró y manchó. Pero logró una doctrina de los valores –de validez universal- actualmente perdida en el caos de la modernidad.

 Redescubrió que la moral y la ética no pueden depender de un éxito cualquiera de la acción, de una finalidad o un bien que se quiere alcanzar. La ética tiene su valor en sí misma. 


El asesinato es un acto malo, un crimen que de tolerarse llevaría al aniquilamiento de la humanidad; no es lícito cometerlo por más felicidad o bienes que se puedan obtener por él. Es una prescripción absoluta de una ética absoluta que aún se reconoce como correcta; no se puede tolerar, se debe castigar no sólo por motivos político-jurídicos, porque es una verdad evidente.

     Scheler se opuso a que la moralidad sea la autodeterminación del hombre para la ley racional universal; acepta la necesidad de una verdad moral absoluta y combate todo el nominalismo que niegue la autonomía de los valores éticos. Dividiéndolos en superiores o inferiores, positivos y negativos, conoce un cosmos de valor como un gran reino coherente de los valores; “La ética emocional, a diferencia de la ética racional, no es de ninguna manera necesariamente un empirismo en el sentido de un intento de obtener valores éticos por la observación o la inducción. El sentir, el preferir, el amar y odiar del espíritu tienen su propio contenido a priori, el cual es tan independiente de la experiencia inductiva como las leyes puras del pensamiento. Y aquí como allá hay una visión ontológica de los actos y sus materias, sus fundamentos y sus relaciones. Y aquí como allá hay evidencias y la más estricta exactitud de la comprobación fenomenológica”.

     El chavismo muestra hacia el mundo una desconfianza demasiado grande y se acerca a una hostilidad caótica. Y ese odio atraviesa su mentalidad con la idea ilimitada de “organizar” y “limitar” todo; lo que realmente buscan es poner orden en sus instintos; sin límites ni órdenes fijos, tienen efectos nefastos en su evolución; quieren sacar el auto atascado en la cuneta, se agotan y aterrizan en la cuneta opuesta, quedando fijos en la tierra; confunden el valor con la valoración, que es considerablemente más grande que cualquier dominio teórico.  Ningún hombre puede agotar la gran riqueza del reino de los valores, que conocemos sólo en fragmentos, superficialmente. Así, el rompimiento de/con los factores reales/ideales se exteriorizan en el instinto del primitivismo, manchados, altamente unilaterales. Nietzsche se impone.

     Cuando Scheler cambió completamente su orientación, abogó por la desaparición de  la “cerebralización” y “sublimación” del hombre, girando a favor de la “revuelta vital e instintiva” de la naturaleza del hombre, “del niño contra el adulto, de la mujer contra el hombre, de las masas contra las antiguas élites, de los negros contra los blancos, todo lo inconciente contra lo conciente...” Como en el chavismo, es un dramático sube y baja, inquietud, desasosiego, insatisfacción; condicionó lo asistemático, discontinuando su evolución; queriendo aprehender la unidad alma-cuerpo “aunque quizás en ninguna época se ha considerado tan profunda la división en la totalidad del ser humano como hoy en día”. Torturado interiormente, se desgarra adentrándose en la autoliberación.

     El chavismo necesita –por su personalismo- autorredención, apartando lo que antes había “adorado”, en una transformación que quiere salir de la libertad innata del hombre natural para avanzar a la no-sujeción, donde el ímpetu decide las cosas; el impetuoso se siente llamado a redimir el fundamento del mundo; ofrece el campo de batalla para depurar espíritus débiles y derrotados; una divinidad omnipotente para finalizar la historia del mundo...

     La confrontación del joven Scheler con el de los últimos días es un asunto muy triste porque es incautarse de las necesidades de un pobre hombre que se veía preso en su “mácula” y no encontraba ninguna salida de ahí; “sólo un paisaje macabro en las horas nocturnas, desgarrado por relámpagos como en fragmentos de segundos para hundirse de nuevo en la noche más profunda y también en la más profunda miseria humana” (E.F. Sauer).

Dios termina –para Scheler- como imagen del desgarrado hombre actual, donde predomina el instinto, por encima del espíritu que se hace impotente. Scheler toma las doctrinas de Freud (el hombre dividido, la autoliberación buscada) y construyó su/un Dios que deviene, se esencia y que ya no es un Dios sino un ídolo.








sábado, 5 de enero de 2013

LA MEDIOCRIDAD COMO VERDAD ÚNICA




       
Hindués, chinos, griegos y otras culturas supieron de conocimientos cósmicos universales, tuvieron filosofía. En política, tampoco un solo sector puede declararse único, menos en la actual situación del mundo y en los resultados de las realidades internacionales. El aislamiento, en su carrazón, no reconoce a los demás como iguales, con lo cual descarta enormes posibilidades para el desarrollo.

     Mientras sucedía el apogeo de la filosofía griega antigua, por ejemplo, Lao-Tze escribió el magnífico libro del Tao y de la virtud, sobre el origen de la ética y de la política, Buda anunció su redención del sufrimiento, y hubo otros tantos aportes. Son muchos los conceptos del conocimiento y de la verdad. En esta era de medios masivos y tecnología, pueblos y naciones se afirman en común en su pensamiento; los antiguos no pudieron hacer esto, eran más o menos insuficientes y rara vez se bastaban para manejar en común los conocimientos a fin de investigar las verdades mejor y más rápidamente. Hoy es distinto.

     El concepto de conocimiento nos dice, por una parte, que es un proceso especulativo, pero además es su resultado. Hay muchas cosas inalcanzables para el hombre; tenemos que conformarnos con los límites que tiene nuestro pensamiento, nuestro conocimiento. Es insensatez y temeridad no ver las propias limitaciones, como es el caso del chavismo. El conocimiento como proceso de pensamiento no es aceptable de manera ilimitada. Husserl lo explicó claramente en las cifras de trillones que son verdades decimales, es decir, un ser, pero que prácticamente son inconcebibles porque uno no se las puede imaginar; “Lo que es psicológicamente imposible puede muy bien ser idealmente hablando”.

     El conocimiento, como proceso especulativo, es una especie de apropiación; perfecta cuando está presente el resultado del pensamiento. Es indiscutible que la apropiación especulativa de circunstancias para los fines del descubrimiento de la verdad es: a) posible, b) imposible; abundancia de ejemplos al respecto dan los científicos naturales; además, tiene lugar más o menos con éxito, como es ejemplo la psicología profunda fundada por Freud, Adler y Jung.

     Pero es igualmente correcto que el individuo con frecuencia no logra obtener la apropiación material del conocimiento con exactitud, ya que no posee una consciencia integrada, “omnisciente”, que se apropie de todos los conocimientos posibles al hombre actual con sus relaciones de fundamento. El individuo tiene únicamente una consciencia restringida, desintegrada. Aunque los principios del conocimiento sean idénticos para todos los hombres –cosa que no todos suscribimos- el conocimiento material resultante es frecuentemente diferente. Nadie logra tener como verdades dos proposiciones contradictorias.

No hay Dios más alto que la verdad

 ¿Qué es verdad? Seguramente una cierta coincidencia entre lo conocido que es apropiado y la realidad; una cosa objetiva, un hecho en el sentido más  amplio (no sólo la apertura del ser; Heidegger). Y en esto tiene que haber verdades universalmente válidas, porque sin ellas ninguna vida es posible.  Deben medirse con el objeto y deberían ser evidentes de ser posibles, deberían contener certeza luminosa.

Grandes espíritus siempre han confrontado oposición violenta de mentes mediocres
    
En el chavismo –donde pareciera no partirse de que la vida es digna de vivirse, aunque sólo existiera para alcanzar una buena muerte, como diría un sabio auténtico- se rigen por el conocimiento útil sólo para un determinado fin, práctico, de relativismo y utilitarismo, tomando valores de ciertas normas subjetivas, reglamentos, que se atribuyen a su medida. Y esto no puede ser verdadero porque cada hombre es particular, es imperfecto y puede equivocarse.

SI LA VERDADA DUELE... ENTONCES ESTÁ FUNCIONANDO
 
 Pero nuestra mente no mide las cosas sino que es medida por ellas. No podemos cambiar en la verdad de que dos más dos son cuatro, etcétera; la total coincidencia de lo conocido con la verdad; reina una evidencia comprensible, la vivencia de la verdad. De las simples verdades objetivas surgen otras, que deben fundarse metódicamente, partiendo del ideal de verdad que la Verdad Una y Primera postula...

     Más hombres racionales son más valiosos que un solo hombre racional. Hay que preferir el pluralismo frente al singularismo. Utilizar toda la razón almacenada para penetrar más profundamente en la verdad. Tenemos que hacer grandes progresos en el camino del hallazgo y proyección de la verdad. Debemos –antes que escribir y hablar demasiado- escucharnos entre nosotros mismos. ¿Qué significan paz o guerra o democracia? Hay objetivos políticos (habitualmente dudosos) que carecen de seriedad científica, objetividad y una voluntad de trabajo de conjunto, nacional e internacionalmente. Hay que hacer a un lado el caos intelectual para descubrir valores universales de verdad, con gente libre...

     El conocimiento no es más grande ni más valioso que la vida que sigue adelante sin ningún conocimiento teórico. La vida tiene preferencia ante todas las funciones del conocimiento, se interesa ardientemente por las unidades válidas de la verdad, con las cuales puede hacer algo, como vivir. No tiene que ser un pragmatismo ni un utilitarismo. Es un hecho desnudo.

     Al chavismo hay que combatirlo por la esterilidad de sus resultados, porque se basan en un melancólico encierro que juzga al mundo a escondidas, desde la sombra, sin poder ver bien y confundiendo las sombras con las cosas, sintiéndose irrefutable y feliz con la imagen de satisfacción que rebota desintegrada del espejo. El chavismo, de arriba a abajo, convive en el soliloquio de una solitaria mediocridad.