Libertad!

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domingo, 30 de diciembre de 2012

LEVITANDO EN EL CONOCIMIENTO. LA VERDAD, RACIONAL Y UNIVERSAL

-Alberto Rodríguez Barrera-

“El reino de la verdad no es un caos desordenado,
en él reina la unidad de las leyes.”
Husserl




     Un método que actúa sólo por meras intenciones y que reduce y prescinde hasta de toda realidad, llevándolo a la abstracción, produce un resultado magro que no vale la pena el esfuerzo. Si las tempranas intenciones se estancan en la esterilidad, se evidencia el alejamiento del ser real de las cosas y que no se comprendió la realidad. Diferente y correcto fue el camino temprano de Husserl hacia el objeto, hacia el objetivismo independiente de la consciencia, hacia la verdadera realidad del ser; el Husserl tardío se extravió yendo a la espesura, a los matorrales de la inmanencia de la consciencia, al subjetivismo, relativismo, nominalismo y nihilismo.

     Cuando no importa la verdad –como evidencia el chavismo- se produce un distanciamiento con la certidumbre llena de luz. “En el fondo más profundo... todo conocimiento auténtico, y especialmente todo conocimiento científico,  se basa en la evidencia, y tan lejos como la evidencia llega, igualmente lejos llega también el concepto del saber.” (Husserl.) La evidencia penetra en las cosas y en sus relaciones, es la “vivencia” de la verdad. Y la verdad “es una idea cuyo caso particular en el juicio evidente es una vivencia actual”. Porque la verdad es “absolutamente, es verdadera ‘en sí’; la verdad es idénticamente una, ya sea que la aprehendamos hombres o monstruos, ángeles o dioses emitiendo juicios”.

     Son palabras que rejuvenecen y que hacen falta hoy. Husserl captó la contrariedad del conocimiento ontológico: “En un sentido hay sólo una verdad, pero en sentido equívoco naturalmente hay tantas ‘verdades’ como equívocos gusta uno de crear”. Todas las verdades están en un contexto. “Toda verdad permanece en sí lo que es, conserva su ser ideal. No existe ‘en algún lugar vacío’, sino que es una unidad de validez en el reino atemporal de las ideas”. Y ahí rige el orden, un sistema que nosotros sólo tenemos que descubrir y encontrar. Así en las líneas filosóficas como en las políticas.

     Con ello queda claro que no se puede abstraer la cuestión de la realidad, como hizo Husserl después (y hace el chavismo hoy); su objetivismo inicial está por encima de su subjetivismo posterior, puerta trasera por donde entran de nuevo todos los males que había combatido antes. En el chavismo, no hay nada nuevo, exceptuando el retroceso y la pérdida de realismo. El camino coherente es dedicarse a lo lógico, apriorístico y universal, tomando en cuenta que en la gran mayoría de los posibles juicios correctos habría carencia de evidencia.

     Hay un absurdo histórico en el sentido absoluto que añora – en suposición incorrecta- la calificación o determinación de una razón única. Esta previsión secreta, fin y sentido del chavismo, se ha perdido; la intención de hacerla “nuevamente visible mostrando cómo las ciencias que se ponen en lugar de la filosofía necesariamente tienen que fracasar, ya que el fundamento sensitivo propio de ésta permanece y debe permanecer oculto para ellas, y su pretensión de totalidad en la definición del ente se pierde”. (Husserl.)

     Existe una relación entre todas las verdades, por ello, las ciencias particulares que se ponen en lugar de la filosofía teóricamente no deberían fracasar. Husserl: “Ninguna verdad está.. aislada en la ciencia; se une con otras verdades en asociaciones teóricas, unificadas por relaciones de causa y efecto”. El valor más alto determina el valor más bajo. ¿Es más alto, por ejemplo, la necesidad militar o el amor al prójimo? No se puede preferir el pensamiento único por encima del pensamiento diversificado; hay diferentes configuraciones dentro de una misma idea de cultura; no se puede estar en contra de la igualdad entre las variantes; en eso no existe ninguna igualdad objetiva.

     La crisis del chavismo tiene orígenes históricos, y evidencias; falta ahí interés vital universal y cosmológico, faltan hombres que trabajen unos con otros y los unos para los otros, es decir, en trabajo comunitario unido interpersonalmente; porque todas o muchas culturas son simples tipos empíricos de un contexto total que rodea al mundo, donde las “humanidades” están ligadas generativa y socialmente en el ser hombre de los seres racionales; hay completamente unidad racional, que debe ocuparse actualmente en descubrir valores universales de la verdad.

     Por ello interesa la investigación científica de circunstancias y valores comunes a todos los hombres; para exaltar la igualdad de principio de hombres y pueblos, y la voluntad de todos para el trato igualitario, en cuestiones biológicas y antropológicas, derechos humanos investigados y codificados universalmente dentro del marco de derecho positivo internacional, todo lo cual hoy es sólo concebible con el manejo universal-axiológico, universal-ético...

     La irracionalidad del chavismo no toma en cuenta que ser hombre es esencialmente ser hombre “en humanidades ligadas generativa y socialmente, y si el hombre es ser racional... lo es en tanto que toda su humanidad es humanidad racional”. (Husserl.)

     El problema de conocimiento, en principio, debe resolverlo toda la humanidad racional para el conocimiento de la verdad; esa es toda la humanidad, todos los pueblos, no algún preferido de pensamiento único. Requerimos de una actitud nueva hacia el mundo circundante; una nueva estructura espiritual, que los griegos llamaron filosofía, y que supere la forma sistemáticamente cerrada en que el chavismo quiere enjaularnos, y al peor estilo castro-cubano además.














sábado, 29 de septiembre de 2012

EDUCANDO A CHÁVEZ, EL HISTORIADOR ANALFABETO


-Alberto Rodríguez Barrera-   



EDUCANDO A CHÁVEZ,
EL HISTORIADOR ANALFABETO

 Más democracia –como concepción política renovadora- es lo único que puede transformar al hombre en ciudadano, revigorizando los sentimientos de libertad y justicia, no sólo en materia electoral y partidos no oligarquizados, también planteándose la trascendencia del hombre como individuo y comunitariamente, creativa y pacíficamente en busca de la felicidad, donde el Estado se socializa y nacionaliza haciéndose de todos. Y teniendo siempre a mano una exclamación: ¡Es la democracia, estúpido!

 
   Debemos partir siempre de la defensa de la democracia, repasando la evolución habida en lo que se resume como gobierno del pueblo y para el pueblo. Sin llegar a la Grecia de Pericles y a la sistematización de Aristóteles, o a la República romana donde el Senado actuó con una representación bastante eficaz al reconocer intereses de los menos favorecidos, cabe recordar que luego el cesarismo degeneró en golpismo pretoriano, abandonándose las prácticas democráticas. La Edad Media y el feudalismo fue una larga noche oscura para la democracia. Posteriormente hubo brotes positivos pero permaneció el freno y el desmantelamiento por la alianza aristocracia-absolutismo monárquico. Los siglos 16, 17 y mucho del 18 vieron el nacimiento de los Estados nacionales modernos a costa de pérdida de las libertades y la concentración del poder en un monarca absoluto.
     Con el espíritu de la Ilustración en el siglo 18 vemos la semilla –efímera y luego frustrada- de la democracia moderna, con atisbos a favor del pueblo. La revolución industrial requirió una nueva envoltura tras el desmoronamiento de los vestigios feudales, del mercantilismo del absolutismo político y de las autolimitaciones del despotismo ilustrado. La democracia burguesa llegó a finales del siglo 18 y principios del 19, con su revolución liberal (libertad de contratación, erradicación de los gremios, división del trabajo y librecambio); la burguesía era la única que disfrutaba de las célebres libertades de credo, pensamiento, reunión y expresión. Pero también surgieron las propuestas para transformar la sociedad de clases, de explotadores y explotados, en una sociedad sin clases, igualitaria: democrática; plenitud que pasaría de la necesidad a la libertad, de la explotación-opresión donde a cada quien se le exigiría según su capacidad y a cada quien se le daría según su necesidad.
 
     La presión de socialistas y socialdemócratas produjeron cambios importantes, se fortaleció el sindicalismo, la  educación, la cultura social, la información; se fue haciendo viable el sufragio universal para la población. Se pudo ahora opinar e influir en la evolución política a través del voto. Pero la verdadera reforma del capitalismo victoriano y de la democracia vinieron con el reconocimiento del sindicalismo y del derecho de huelga, y para los años treinta del siglo 20 comenzó una auténtica reforma del sistema capitalista; y el sufragio universal dejó de ser una vestidura de oligarquía y casiquismo. Aunque hubo otros cambios, que obviaremos en aras de la síntesis, la desigualdad subsistió y subsiste; permanecen barreras para la participación efectiva; en la Unión Soviética sucumbió la democracia política por el monopartidismo,  barrida la democracia social por la omnipresencia del Estado centralista, autoritario y burocratizado, se trastocó la sociedad de iguales en una de semiclases y semicastas, donde lo importante no era la consecución de la felicidad sino situarse en la Nomencklatura, pretendiendo defender los intereses del pueblo; un neodespotismo no ya ilustrado, sino dirigista, contrautopía frustrante del sueño de democracia social.

    Hoy concebimos la participación como algo superior a la fallida delegación que se perpetúa debido a la carencia de educación política en las mayorías del pueblo. Buscamos una democracia más avanzada para el presente, que incremente con racionalidad la incorporación a los centros de decisión y a sus proyectos, vigorizando núcleos activos a todo nivel; ganar terreno impregnando al conjunto, descentralizando, horizontalizando el poder, insistiendo en la fuerza creadora de la autonomía, solidarizándonos con la fuerza de la libertad, la igualdad y la fraternidad, en términos socales y espaciales, renovando el esquema de crecimiento inercial para pasar el desarrollo integral…

     Es la sociedad la que tiene derecho a evitar rupturas irreversibles en los equilibrios, la que tiene el derecho de actuar para evitar el derroche necio de los recursos, la que debe exigir que se garantice la vida, que se potencie la Naturaleza y que se luche contra la burocracia que está al servicio de oligarquías de todo tipo; caos organizado como la seguridad social y apéndices de la ineficacia como la justicia, remedo degradante de una injusticia institucionalizada. Más democracia implica la socialización del Estado y no la estatificación de la sociedad, tampoco implica Estado pseudosocialista o frente neocapitalista.

     Más democracia –como concepción política renovadora- es lo único que puede transformar al hombre en ciudadano, revigorizando los sentimientos de libertad y justicia, no sólo en materia electoral y partidos no oligarquizados, también planteándose la trascendencia del hombre como individuo y comunitariamente, creativa y pacíficamente en busca de la felicidad, donde el Estado se socializa y nacionaliza haciéndose de todos. Y teniendo siempre a mano una exclamación: ¡Es la democracia, estúpido!


lunes, 28 de mayo de 2012

Seguir caminando

 Alberto Barrera Tyszka
No es fácil dar una pelea tan desigual. El adversario no es un candidato y un partido: es el Estado, convertido en iglesia personalista, en maquinaria electoral. Apenas está por empezar la carrera, una carrera larga y difícil, llena de obstáculos y de trampas. Igual que Chávez, antes de que comenzara la campaña del 98, Capriles está ahora recorriendo el país, oyendo a la gente, aprendiendo. Los poderosos de aquel entonces decían lo mismo que gritan ahora los que temen perder sus privilegios: No es nadie, no existe, no camina. Quizás por eso le tienen tanto miedo.
Ya estuvo preso y ya derrotó a Diosdado. Y no se detiene. El tipo sigue caminando.

Alberto Barrera Tyszka
El Nacional / ND 27 Mayo, 2012
Seguir caminando

Capriles es incómodo. No entra fácilmente en su juego, en su dinámica.
Todavía, de manera oficial, no ha empezado la campaña y ya no hayan qué decirle, por dónde atacarlo
Lo que todavía no se entiende bien es por qué Jorge Rodríguez tiene que ir hasta Delta Amacuro a decir que Henrique Capriles en verdad no existe. Suena raro.

Por qué anda recorriendo el país, estrujando con vehemencia sus cuerdas vocales, repartiendo insultos, dedicado día tras día a promocionar la ausencia de Capriles. Suena muy raro. Para no ser nadie y estar perdiendo, Capriles los tiene bastante locos, obsesionados, totalmente entregados a él. Dicen que ya lo derrotaron pero se comportan como si Capriles les pudiera ganar. Suena bolivarianamente raro.

Después de casi 14 años, los venezolanos ya somos expertos en las estrategias oficiales.
Conocemos perfectamente la pulsión reactiva del Gobierno. Es parte de su naturaleza militarista. Sólo son capaces de manejarse ante la realidad desde la dinámica del ataque, la defensa y el contraataque.
Esa es la fórmula anímica que mueve la acción política del chavismo. Todo puede leerse como un relato que sigue casi siempre esta misma estructura. Ahí está, por ejemplo, el caso de Pdval. Se trata de una grosería frente al hambre, no digo venezolana sino mundial.

Es un asco. ¿Qué clase de revolución es ésta, en la que por negligencia y corrupción  se pudren toneladas de alimentos? Ante la denuncia, el Gobierno inmediatamente reaccionó defendiéndose y contraatacando. La realidad no importa. La realidad se sustrae ante el ejercicio de la guerra. La comida perdida pasó a segundo plano, dejó de existir mientras el poder se dedicó a construir escándalos nuevos, que promovió mediáticamente bajo el casual título de “la podredumbre del capitalismo”.
Pura y limpia contraofensiva revolucionaria.

Lo que ha pasado esta semana con las denuncias de periodistas agredidos en las caminatas que hace Capriles podría también leerse desde este mismo esquema. Resulta extraña la rapidez y la frecuencia con la que, de pronto, han aparecido estas situaciones de violencia. Pero resulta todavía más extraña la manera veloz y coordinada  con la que todo el poder se ha empeñado en asociar esa agresión al candidato de la unidad. No son analizados y tratados como actos lamentables, hechos que hay que investigar. No hay ni siquiera una preocupación por el tema de la confrontación en un país polarizado.

No. La situación sólo parece existir para asociar a Capriles a la violencia. Todo está narrado con un procedimiento mediático que intenta una satanización directa: en un exabrupto memorable, un animador de VTV tildó a Capriles de “gorila”. Más que un insulto, fue una confesión, delató de manera obvia las intenciones de su discurso. Es posible, entonces, leer todo esto como otra maniobra de distracción y de contraataque, relacionada por supuesto con los sucesos de La Planta, con el miedo a ser percibidos como represores y violentos.
Así son. Esa es su forma de relacionarse con el otro. Cariño mío: ámame o te pulverizo.


Pero Capriles es incómodo.
No entra fácilmente en su juego, en su dinámica. Todavía, de manera oficial, no ha empezado la campaña y ya no hayan qué decirle, por dónde atacarlo. Lo han acusado, al mismo tiempo, de querer quitar las misiones y de querer imitar a Chávez. Han tratado de impedir y de sabotear que recorra el país. Ahora los mediáticos son los chavistas. Van de canal en canal y de encuesta en encuesta. Les irrita que Capriles esté en la calle. Y ante la ausencia visible del Presidente, la contraofensiva propone una campaña que sostiene que el candidato de la unidad pierde votos hasta en su familia. Para eso, además, se alían con Rafael Poleo y con otros ejemplares de la cuarta república. Ver a la directiva del PSUV usando a Poleo de argumento es una imagen extraordinaria. Son parte de lo mismo. Tienen que estar juntos. Son el pasado, la vieja política que de pronto teme quedarse sin lugar en la historia.

Yo no pienso ni digo que Capriles está ganando en las encuestas. Pero obviamente el comportamiento oficial delata que hay algo raro en más de una estadística. No es fácil dar una pelea tan desigual. El adversario no es un candidato y un partido: es el Estado, convertido en iglesia personalista, en maquinaria electoral. Apenas está por empezar la carrera, una carrera larga y difícil, llena de obstáculos y de trampas. Igual que Chávez, antes de que comenzara la campaña del 98, Capriles está ahora recorriendo el país, oyendo a la gente, aprendiendo. Los poderosos de aquel entonces decían lo mismo que gritan ahora los que temen perder sus privilegios: No es nadie, no existe, no camina. Quizás por eso le tienen tanto miedo.

Ya estuvo preso y ya derrotó a Diosdado. Y no se detiene. El tipo sigue caminando.

abarrera60@gmail.com


sábado, 16 de abril de 2011

RENUNCIAR A NADA, ACTIVARLO TODO

Alberto Rodríguez Barrera
No debemos dejar que el chavismo degrade al hombre, que elimine la consideración inmediata de los valores y aplique la matematización del estancamiento; en su afán por alcanzar la cuadratura del círculo, termina derritiéndose en la utopía del absurdo. El chavismo, al afirmar la existencia masiva del hombre como su existencia concreta, como hizo Kant, representa o encamina el materialismo craso de un marxismo-leninismo (el materialismo de un Lenin se hizo posible partiendo del autonomismo kantiano). Pero es el caso que el sano entendimiento humano tiene consciencia general que se engaña menos que la individual; cuatro ojos ven mejor que dos, se requieren dos buenos testigos para establecer las circunstancias de un hecho... Porque el entendimiento también tiene su medida en las cosas que debemos juzgar mejor en comunidad.

En momentos en que la libertad y la moralidad se encuentran amenazadas por un aparato de improvisación política jamás visto, la autonomía de consciencia y pensamiento adquieren preponderancia, junto a la intuición y la experiencia sensibles. Así también nos encaminamos a establecer los derechos de la humanidad, porque la sensibilidad, la revelación, la tradición, la lengua, son elementos verdaderamente fundamentales de la razón. La historia de la humanidad va en su desarrollo de los comienzos más bajos hasta el ideal de la humanitas: del desenvolvimiento y activación armónicos de todas las capacidades humanas. En relación con el chavismo, el pensamiento oscuro debe elevarse a la consciencia clara por medio de la reflexión.

El principio básico de la ética es la fe, que surge de nuestro corazón, en la realidad de lo bueno “como de algo eternamente valioso, por lo tanto, en la capacidad de determinar los valores de las cosas; su tarea más elevada, el ennoblecimiento de la humanidad”. (Fries.) Por ello al chavismo hay que echarle en cara que el ladrón “ordinario” acostumbra a ponerse en contradicción con el contenido de su acción, porque de ninguna manera quiere renunciar a la protección del orden de propiedad que infringe en lo particular.

Cabe recordar una famoso frase de Kant contra el totalitarismo: “El hombre, y absolutamente todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no sólo como medio para el uso arbitrario de esta o aquella voluntad, sino que siempre debe ser considerado al mismo tiempo como fin en todas sus acciones, tanto en las que se dirigen a sí mismo como en las que se dirigen a otros seres racionales”. (En esto no se pueden hacer trampas, puesto que no hay ningún entendimiento que mire inmediatamente la verdad.)

Todo a lo que el chavismo pretende hacernos renunciar completamente, para encajonarnos en su achicharrada metafísica única, es como si para no aspirar siempre aire impuro dejáramos mejor de respirar completamente. Tal cosa es imposible. Por eso hay que rechazarlo, criticarlo, porque la pureza del corazón, la mansedumbre y la solidaridad son valores superiores a las restricciones psíquicas que pretende encasquetarnos sin justificación científica, moral y política alguna. Se nos hace difícil e imposible renunciar al método crítico que conjuga el conocimiento, aunque el hombre no esté compuesto solamente de las fuerzas de su entendimiento; la esencia del hombre consiste en el hecho de ser para sí mismo y para su alrededor el mayor enigma.

No debemos dejar que el chavismo degrade al hombre, que elimine la consideración inmediata de los valores y aplique la matematización del estancamiento; en su afán por alcanzar la cuadratura del círculo, termina derritiéndose en la utopía del absurdo. El chavismo, al afirmar la existencia masiva del hombre como su existencia concreta, como hizo Kant, representa o encamina el materialismo craso de un marxismo-leninismo (el materialismo de un Lenin se hizo posible partiendo del autonomismo kantiano). Pero es el caso que el sano entendimiento humano tiene consciencia general que se engaña menos que la individual; cuatro ojos ven mejor que dos, se requieren dos buenos testigos para establecer las circunstancias de un hecho... Porque el entendimiento también tiene su medida en las cosas que debemos juzgar mejor en comunidad.

El hombre profano se remite a sus límites; la persona común es expresión de la humanidad. El hombre no puede vivir sin una trascendencia auténtica. La trascendencia del chavismo es artificial; el propio yo no es instancia única del conocimiento verdadero. La fe o la incredulidad no se pueden demostrar científicamente. Pero declarar al hombre autónomo o soberano ha llevado al hombre por generaciones al caos de la nada, o a la divinización de la Razón, el Universo, la Naturaleza, etc. Al centrarse en la mezquindad inmanente del yo, se aparta el sano entendimiento humano y de muchos hombres razonables multidisciplinarios que podrían decir si lo trascendente y los valores objetivos serían posibles, y cómo. Eso se llama solidaridad, solidaridad trascendental; y no es posible confundirla con la descarada manipulación insensata que caracteriza al chavismo.

Si toda trascendencia es incierta, lo sería menos ampliando nuestras bases, buscando y creando interrelaciones que se han descuidado, y que nos han impedido resultados asegurados. Pero la entronización de la razón sola puede ser un extravío.

Hoy es una necesidad el más sano entendimiento humano del hombre común y corriente, cuya orientación no es individualista sino solidaria, hacia la meta de los valores por todas partes reconocidos, tales como los derechos humanos de las Naciones Unidas.
La medida del juicio no debería aceptarse de antemano, sino “primero que nada” -como señaló Kant- debería buscársele, con la tolerancia necesaria y la necesidad comunitaria.

viernes, 15 de abril de 2011

Las rutinas del caos

Alberto Barrera Tyszka

A este paso, quizás demasiado pronto, terminaremos creyendo y pensando que gobernar es prohibir al otro, que la pluralidad es un estorbo, que la patria es un cuartel, que el socialismo es un raro coctel entre concentración de poder y derroche petrolero, que cualquier crítica puede ser una traición, que el miedo es una forma de vida, que más allá de Chávez no existe el país. De eso se trata.
Eso es lo normal.

Ya no nos extrañan las huelgas de hambre. Peor aún: pareciera que están de moda. Nos parece normal la multiplicación de las huelgas de hambre

En Vida y destino, la monumental novela de Vasili Grossman, la narración de la guerra y de la existencia bajo el régimen de Stalin resulta tan asfixiante y dura que, cuando el lector se encuentra con la trama que relata la existencia dentro de un campo de concentración, puede llegar a sentir incluso un raro alivio. Al menos, ahí, en algún momento, hay gente que fuma, que juega barajas, que ensaya alguna melancólica broma. Eso es parte también de la brutalidad que desnuda la historia: ¿cómo un campo de exterminio puede, de repente, convertirse en algo cercano a la normalidad? ¿Cómo la violencia y la muerte pueden transformarse en rutinas de la vida? La idea de la capacidad de adaptación del ser humano a las circunstancias más adversas, del sometimiento y de la humillación como forma de supervivencia, ha ocupado con frecuencia la atención de la literatura. A veces, la ficción puede ser un extraordinario discurso de la historia. A veces, las sociedades necesitan de un alerta especial, de una mirada distinta que les permita darse cuenta de cómo han hecho del terror una costumbre.

Por supuesto que, salvando todas las distancias y sumando todas las comillas que hagan falta, pienso en nosotros, en el tránsito que vamos siendo, en la batalla desigual que desde hace años libra el poder en contra de los ciudadanos. ¿A qué nos estamos adaptando? ¿Qué nos hubiera parecido hace años inaceptable y, en cambio, ahora nos resulta familiar? Ya no nos extrañan las huelgas de hambre. Peor aún: pareciera que están de moda. Nos parece normal la multiplicación de las huelgas de hambre.
El Gobierno trata de minimizarlas, de descalificarlas, pero ya es imposible. Hay huelgas de estudiantes, pero también hay de sindicalistas, de empleados y de ex empleados, de policías, de enfermeras y hasta de sacerdotes. Nos parece natural que dejar de comer, hasta el riesgo de morir, sea la forma más popular de exigir atención o de reclamar justicia en el país.

Nos parece normal que un venezolano intervenga, invada, ocupe el espacio radioeléctrico que es de todos los ciudadanos para, cada vez que le da la gana, ponerse a hablar durante horas sobre sí mismo, sobre todo el bien que hace, sobre lo chúpili que lo está pasando, sobre lo necesario que es para el país que él se quede por lo menos otros 20 añitos más. Ya no nos sorprende que un partido se apropie de todos los medios sociales para promocionar sus actos, para estar todo el tiempo en campaña. Nos parece normal que el PSUV haya privatizado a su favor casi toda la televisión pública del país.
Nos parece natural que haya una fuerza militar curiosamente llamada milicia. No nos resulta raro que haya sido creada por decreto habilitante, que esté separada de la FAN y dependa operacionalmente de la Presidencia. No nos extraña que esa fuerza pueda intervenir en los planes de educación sobre seguridad en todas las escuelas del país.

“No querer a las milicias es no querer a nuestro pueblo”, nos dice el ministro.
Nos parece normal que se vaya la luz y que sea por culpa del capitalismo. Que las emergencias de los hospitales no funcionen y que sea por culpa del capitalismo. Que existan miles de denuncias de corrupción y que, obviamente, también sea culpa del capitalismo. Que no se atiendan ni se afronten la mayoría de esas denuncias de corrupción y que ¡por supuesto! también sea culpa del capitalismo. Nos parece normal la estupidez, la mediocridad.
Hace unas semanas, con motivo de un seminario sobre literatura venezolana, organizado por la Universidad Simón Bolívar, estuvo en Caracas Juan Carlos Méndez Guédez, reconocido escritor venezolano, residenciado en Madrid desde hace años. En una entrevista se refirió justamente a este proceso, y lo definió con una excelente expresión: “La normalización del horror”. Eso nos pasa. Ya no nos indignamos porque nombren autoridades a dedo e inventen espacios de poder.

No nos sorprende que no respeten las decisiones electorales. Ya no nos impresiona que haya gente que se cosa la boca para ser escuchada. Es normal que te roben, que te secuestren, que te maten. Es de lo más natural que nos olvidemos de Danilo Anderson o de Pdval. El caos se nos ha vuelto un hábito.
A este paso, quizás demasiado pronto, terminaremos creyendo y pensando que gobernar es prohibir al otro, que la pluralidad es un estorbo, que la patria es un cuartel, que el socialismo es un raro coctel entre concentración de poder y derroche petrolero, que cualquier crítica puede ser una traición, que el miedo es una forma de vida, que más allá de Chávez no existe el país. De eso se trata.
Eso es lo normal.

abarrera60@gmail.com


El Nacional / ND 10 Abril, 2011

jueves, 24 de febrero de 2011

Alberto Barrera Tyszka: 2012

Cada vez que leo o escucho a alguien agitando la certeza de que en 2012 la oposición ya tiene ganadas las elecciones, me asalta de pronto un susto particular. Es un escalofrío casi ontológico, una suerte de estornudo en el ánimo, un frío en la fe. No puedo evitarlo. Soy optimista por naturaleza, sin argumentos, de manera irracional, pero aun así, cualquier triunfalismo siempre me produce desconfianza.

Hay quienes parecen estar empeñados en distribuir la certeza de que el presidente Chávez ya está derrotado. Hablan como si ya tuvieran los resultados en la mano, como si lo único que faltara de aquí a las elecciones de 2012 fuera el tiempo. Como si nuestra principal tarea fuera, simplemente, esperar.

Desde su perspectiva, el trabajo político ya está hecho. O peor: suponen que el trabajo político de la oposición lo debe hacer el Gobierno. Creen que la ineficiencia de la gestión y el desgaste natural de los años en el poder garantizan, desde ya, la derrota oficial en las próximas elecciones.

Es la manera más cómoda de aspirar al poder: aguardando.

La caída de la popularidad de Chávez es su principal agenda política. El país sólo es una sala de espera.

Se trata, nuevamente, de confiar en una solución mágica y veloz de la historia. Ya no es el golpe de la Fuerza Armada Nacional. Ya no la intervención milagrosa de alguna potencia extranjera o de alguna organización internacional. Ahora la salida mesiánica la tiene el propio poder: hay que apostarle a su derrumbe.

Sospecho que esta ilusión se alimenta, además, con la idea de que estos doce años son un espejismo que puede deshacerse con sólo tronar los dedos. Que este tiempo no nos pertenece en realidad. Que es una historia de otros, un fenómeno que nos han impuesto y que podemos desvanecer fácilmente. Respira ahí una versión del país estrecha, que sigue gravitando en 1998, que todavía no ha entendido que esto que pasa es, también, esto que somos.

Una de las grandes ventajas que han favorecido, desde 1992 hasta ahora, la ambición y los planes militaristas de Hugo Chávez es, precisamente, la subestimación que hacia él han cultivado, de manera constante, casi todos sus adversarios. Le conviene. Casi podría pensarse que la promueve. Su estilo parece reforzar, a cada rato, la percepción de que es un simple chapucero con suerte, un Bucaram con canciones de Quilapyun en su repertorio. Un improvisado que siempre puede estar a punto de caer.

Pero la historia parece empeñada en demostrar lo contrario.

Ha tenido un éxito contundente en el control y en el sometimiento de la sociedad venezolana. De manera muy eficaz ha destruido lo que había y está imponiendo su proyecto. Chávez tiene una escandalosa capacidad de reinventarse. Cuenta con mucho poder y pocos escrúpulos. Es una combinación explosiva.

De aquí a 2012 estará en ese permanente estado de combustión. Y ya tiene a su favor el miedo. Actúa sabiendo que está en peligro, que se encuentra obligado a ganar.

Del otro lado, el triunfalismo es una gran tentación. Es mucho más fácil, y más agradable, repartirse la sexta república que dividirse las tareas para derrotar a Chávez. Suele el futuro ser más seductor que el presente. Todavía no está hecho.

Basta con asomarse al debate de las precandidaturas para entender que la democracia es una dinámica exigente, que la pluralidad cuesta trabajo, implica participar en un proceso duro, complicado, incluso doloroso. Es mucho más fácil y simple berrear en coro: “¡Ordene, comandante, ordene!” que intentar un intercambio de ideas con Manuel Rosales, o que sentarse a debatir sobre los tiempos y las edades de la historia con Eduardo Fernández o con Oswaldo Álvarez Paz. Aceptar que cualquiera tiene un legítimo derecho de aspirar y de ejercer el poder es también una ardua faena. La democracia requiere paciencia.

Francisco Suniaga, esta semana, ha destacado la importancia de decidir lo antes posible el candidato único que deberá enfrentar al Gobierno en 2012. Más allá de las razones de la MUD, Suniaga señala un elemento crucial: no se trata simplemente de una decisión electoral. Nos enfrentamos, también, a la elección del nuevo líder de la oposición. Es cierto. Y creo que no retrasar ese proceso es una buena manera de fraguarnos desde la dificultad, desde la complejidad que somos. Ni la crisis económica, ni la ineptitud oficial ni la corrupción harán el trabajo político que debe hacer el candidato, el nuevo líder, que represente y sume a los venezolanos que queremos un cambio.

El sueño de 2012 no se ha cumplido. No existe. A esta altura, creerse ganador casi es un camino directo a la derrota. Aquí nadie ha ganado nada. Aquí todavía necesitamos sobrevivir

sábado, 20 de noviembre de 2010

La balada de Rangel Silva

ALBERTO BARRERA TYSZKA
abarrera60@gmail.com

Por eso Chávez, y todos sus coros, ofrecen siempre esta inmensa paradoja. Atacan y amenazan desesperadamente a una supuesta "minoría" que, sin embargo, puede ganarles las elecciones. Su idea de la legitimidad no es estadística sino moral. Ellos son el ejército del bien: los buenos no pueden perder. "Democracia sin demócratas". La frase es de Dietmar Dirmoser y resume muy bien la fragilidad de algunos proyectos políticos del continente ¿Qué hacer con la voluntad popular si la voluntad popular no nos favorece? ¿Hasta dónde y hasta cuándo el pueblo sigue siendo pueblo? Tienen miedo, mucho miedo. Eso es lo que está detrás de la balada de Henry Rangel Silva.

El Presidente se propone y se promueve como la única representación posible de democracia, de futuro. Es un curioso sentido de la alternancia

Quizás piensa que los medios de comunicación la tienen agarrada con él. Eso es lo que pasa. Pobrecito. Cuando Walid Makled lo nombró, de inmediato salió toda esa canalla mediática a pregonarlo. ¿Y con el incidente del gordo del maletín? ¿Acaso ya nadie lo recuerda? También entonces el nombre de Henry Rangel Silva apareció en una de las conversaciones grabadas entre Antonini y Franklin Durán. Y, por supuesto, también entonces los periodistas despiadados y apátridas salieron corriendo a divulgar la noticia. No tienen alma. Todos están financiados por el enemigo. Se trata, sin duda, de una conspiración en contra de su persona. ¿Cómo no quieren que, después, él reaccione de esta manera? Quizás cree que ahora también está sucediendo lo mismo. Dice una pendejada y de pronto todo el mundo se alborota. Hasta Insulza viene a mentarlo y a manifestar que está preocupado, que le parecen inaceptables sus declaraciones.

Es insólito. Tiene razón. Siendo sinceros, tampoco es que el mayor general Rangel Silva haya declarado algo demasiado sorprendente. Tal vez fue la manera de expresarlo, el énfasis. Tal vez no usó las palabras adecuadas y perdió el sentido de la sugerencia. Pero tampoco es para tanto. Quizás por eso resienta todo lo que ocurre. ¿Por qué no se meten con el comandante Benavides? Hace quince días, apenas, en uno de esos programas del Presidente, delante de todo el mundo, hablando también de las elecciones de 2012, Benavides agarró y gritó: "¡No volverán!". ¿Acaso no es más o menos lo mismo? ¿Por qué nadie le dice nada? Por no hablar del Presidente. Si se aplicara el derecho de autor a las declaraciones políticas, Rangel Silva sería acusado de plagio. Lo único que hizo fue repetir lo que, de otra manera, viene diciendo desde hace bastante tiempo el Presidente. No hace falta retroceder demasiado.El 31 de octubre pasado, en su programa dominical, Chávez dijo lo siguiente:
"Si esta gente con todo su odio llegara a mandar aquí, trataría de echar de Venezuela todo lo que huela a Chávez y yo creo que se alzarían los militares y el pueblo. Entonces la revolución cambiaría de signo, pasaría a hacer otro camino. Pobre de ellos, porque son minoría y no tendrían cómo detener aquí una revolución violenta liderada por los militares y el pueblo venezolano".

Lo más extraordinario de todo es el absurdo que sostiene el planteamiento. En cualquiera de sus variantes, aparece la misma idea. Supone que una mayoría popular que vota en contra de un proyecto político, de manera instantánea deja de ser mayoría y deja de ser popular. Delata la particular visión y versión de la democracia que tiene el Gobierno.
El pueblo sólo se puede expresar genuinamente si vota por Chávez. El pueblo sólo es pueblo cuando vota por Chávez.
No hay otras posibilidades.
Lo otro es el caos. Lo otro es la guerra. Lo desconocido, una tierra de nadie donde cualquier cosa puede pasar.

El país termina en esa orilla. El Presidente se propone y se promueve como la única representación posible de democracia, de futuro. Es un curioso sentido de la alternancia. O Hugo o Hugo: ¿qué prefieres? Basta con escuchar cualquier justificación para entender que se trata, incluso, de una dinámica personal.
Cada vez que el Presidente se refiere a los ciudadanos que piensan distinto, que no están de acuerdo con sus propuestas, sostiene que están "confundidos", que han sido "engañados", que están siendo "manipulados"... No me quieren porque no me han visto bien, no me quieren porque en realidad no me conocen, porque alguien les impide darse cuenta de que obviamente tienen que quererme. No me quieren porque no los dejan. El pensamiento oficial es incapaz de reconocer otro pensamiento. No puede. No tiene cabeza para tanto. No logra captar y aceptar que el otro también puede ejercer el discernimiento, de manera alterna e independiente.

Por eso Chávez, y todos sus coros, ofrecen siempre esta inmensa paradoja. Atacan y amenazan desesperadamente a una supuesta "minoría" que, sin embargo, puede ganarles las elecciones. Su idea de la legitimidad no es estadística sino moral. Ellos son el ejército del bien: los buenos no pueden perder. "Democracia sin demócratas". La frase es de Dietmar Dirmoser y resume muy bien la fragilidad de algunos proyectos políticos del continente ¿Qué hacer con la voluntad popular si la voluntad popular no nos favorece? ¿Hasta dónde y hasta cuándo el pueblo sigue siendo pueblo? Tienen miedo, mucho miedo. Eso es lo que está detrás de la balada de Henry Rangel Silva.
Así suena ahora la rockola oficial.

viernes, 12 de noviembre de 2010

DE CUANDO EL CARISMA PELA BOLA

-Alberto Rodríguez Barrera-

En cada esfera de la realidad venezolana debemos actuar exaltando las razones por las cuales fracasa el chavismo. Y estas y otras razones parten de la irresponsabilidad, como común denominador. El chavismo no ha logrado asumir la responsabilidad del papel ni de la función de gobierno, no ha logrado asumir la responsabilidad social de las instituciones, no ha logrado asumir la responsabilidad comunitaria, no ha logrado asumir la responsabilidad política, y no ha logrado asumir los derechos y las responsabilidades pluralistas de los venezolanos. En todas estas esferas ha incorporado la “falla mecánica” que se atasca en su “verdad única”: la politización de los negocios, de los centros de enseñanza, del hospital y de cuanto ha birlado, perjudicando la capacidad de producción de todos. El chavismo se ha limitado a sí mismo por su propio interés e impide ejercer los deberes de la función social, dedicándose a la ilegitimidad y la usurpación del poder.

El “paternalismo misericordioso” que despliegan carece de normas, calidad y credenciales, y la irresponsabilidad se evidencia más cuando eluden la responsabilidad comunitaria e institucional haciendo intervenir a todos en cosas que no son estrictamente de su función. Lo que se incrementa en este “asopado” son las fallas, la incompetencia, el no hacer nada bien. Al poner todas las carretas descoyuntadas en una misma línea soldadesca, los problemas sociales básicos se desatienden, y los marginados siguen en viviendas inadecuadas, carencia de trabajo, falta de conocimientos y motivación; un tarantín de salud se eleva sobre el hospital destartalado.

Con su dedicación a la confusión y el choque de conflictos, el chavismo pierde la prioridad y superioridad de encargarse del bien común, que es la verdadera responsabilidad política. Porque cuando se dejan de preguntar qué es lo que necesita la comunidad, atentos sólo a imponer lo que les da la gana, la responsabilidad política también se disuelve, conjuntamente con los derechos y las responsabilidades individuales. Ya en Venezuela hemos aprendido por qué el apoyo popular se va a otra parte, porque es el empleo, el acceso a medios de ganarse la vida en instituciones pluralistas, lo que da un sentido de propiedad, de un pequeño capital, de una independencia económica. Y si no hay normas preestablecidas y no importan las normas de rendimiento, todo se degrada sin derecho de apelación. La gran lección del chavismo, además de despedir empleados con pitos rimbombantes y llamar al robo a quien no tiene, está en el “mercado persa” del buhonerismo, ese estancamiento económico de desesperación, incapaz de alentar un mejor futuro.

Un gobierno que no se enfoca en la función de cada área para obtener un objetivo común y una tarea común con el insumo de otros, no logra que los individuos asuman responsabilidades de cooperación e integración. La mayor parte de las instituciones de la sociedad son apolíticas, y -como los individuos- no bailan “al son que les toquen”, cosa que lleva siempre al fiasco. La efectividad de las instituciones esenciales está en mantenerse fuera del proceso político para poder funcionar y cumplir su misión; al no politizarse pueden regirse por principios propios objetivos. Y esto acentúa y no contradice la primera magnitud política que tiene la formulación de política, en la educación, el cuidado de la salud y –en general- en la productividad, porque a todo gobierno lo responsabiliza el pueblo del buen desempeño de las instituciones.

Antes de fijar normas, al chavismo lo descarrila la arrogancia, ya que no permite que cada institución se dedique a la sola causa de su función, conocimiento e interés. Pero todo lo meten, irresponsablemente, en el saco roto de su sectarismo, absolutista y político, donde el desempeño es determinado por el “kit” de cachuchas e insignias rojas, esa enfermedad degenerativa.

La oposición al chavismo hace mayoría por constituirse de minorías, que tienen la habilidad de detener, impedir e inmovilizar por la variedad de causas a que cada cual se dedica. Esto se impregna y multiplica en masa, como la masa crítica de la energía atómica, capaz de producir un “cambio de estado” máximo. Contra esto, el chavismo no tiene antídoto.

Además de la demagogia, la irresponsabilidad del chavismo se traduce en fracasos que también se fundamentan en su dependencia de un carisma que a final de cuentas ha resultado peligroso, una muerte política. Carismáticos fueron Stalin, Hitler, Mao, Mussolini, Castro, Chávez; liderazgos equivocados cuyo arrastre llega a la locura cuando las olas del mar no los obedecen. Son figurines a quienes la realidad se les va de las manos, tornándose paranoicos, maniáticos, destructores hasta de sí mismos. El chavismo ha demostrado que carisma sin programa realista “no va pal baile”. En esto cabe recordar, de paso y en general, que las grandes realizaciones constructivas del siglo 20 fueron obras de individuos totalmente ajenos al carisma pantallero. Es más: el enemigo o adversario del chavismo no es ni debe ser algún otro carismático, son los nuevos métodos que se diferencias de los tradicionales desgastados, es la responsabilidad de saber manejar los problemas.

Las decisiones a tomar para el futuro, que no son ideológicas ni de intereses bastardos, se refieren a medios de acción, acuerdos sobre los fines, movimiento de consenso sobre fines, responsabilidad y compromiso serio con las prioridades, trabajo muy duro y competente. Más que carisma y programa, el momento exige el ideal de las metas claras.

sábado, 11 de septiembre de 2010

La campaña admirable

ALBERTO BARRERA TYSZKA
Chávez irá de la confrontación más ruda al amor más arruchadito. Primero grita, amenaza, y después promete amor eterno. Será el único candidato. Hablará lo suficiente, como para que nadie recuerde que Pedro Carreño o Diosdado Cabello también están en las listas. Sólo él hará la gran campaña. Todos los demás se quedarán invocando el nuevo paradigma: necesitan una democracia a su medida. Aunque parezca absurda. No importa. Estamos en revolución. El próximo 26 de septiembre, te invitamos a elegir a los representantes de Chávez ante el pueblo.

Chávez será el único candidato

Una noche de esta semana, en el noticiero estelar de Venezolana de Televisión, el locutor de turno comienza anunciando que "analistas nacionales e internacionales" han señalado que las próximas elecciones parlamentarias tienen otra característica, otra relevancia. Es una información un poco enredada, llena de extrañas categorías sobre los "grados" primarios o secundarios con los que se pueden medir los diferentes "tipos" de elecciones en las democracias. Más que una noticia parece una justificación. Una forma de recordarle a la audiencia que, en este país, nada puede ocurrir sin Chávez.

Aunque él no sea candidato, él es el candidato.
En un acto de esta semana, Aristóbulo Istúriz, jefe del comando nacional de la campaña del oficialismo, también propuso un argumento similar.

Habló por supuesto de todo lo que está en juego en estos comicios, aludió al eterno peligro imperialista, mencionó de pasada la palabra "comandante", y confirmó sin más que "estas elecciones tienen el rango de una elección presidencial". Así comienza la campaña electoral. Ese es el verdadero punto de partida. No votes por mí.
Vota por él.

En el fondo, tratan de decirnos que Cilia Flores no existe, que Roy Chaderton es un holograma, que Francisco Ameliach no es en verdad Francisco Ameliach... que todos los candidatos del PSUV son en realidad extras, personal de reparto, un mientras tanto que calienta el espacio cuando el verdadero candidato se ocupa de otras cosas más urgentes e importantes. Todos son una representación provisional del Presidente. El 26 de septiembre tienes que elegir a 165 Chávez para la Asamblea Nacional.

Más de un malicioso pudiera decir que estamos ante un simple problema de eficacia política. Que sin la magia carismática del Presidente, y sin la maquinaria estatal que la soporta, el equipo del PSUV saldría derrotado. De hecho, muchos de los candidatos oficiales ya han demostrado que ellos solitos, de su cuenta, no pueden ganar una elección.
Algunos, incluso con el apoyo de Chávez, ya vienen de derrotas contundentes, emblemáticas, en las elecciones para gobernadores y alcaldes.

Aristóbulo Istúriz, para no ir muy lejos, perdió en Caracas contra Antonio Ledezma. Por esto, detrás de toda esta alharaca llena de grados y rangos electorales, no deja de respirar cierto tono escolar, de patio de escuela, de niño asustado que, en medio de un conflicto, se defiende advirtiéndole a su contrincante: "Si te metes conmigo, llamo a mi papá".

También algún otro pudiera decir que, nuevamente, el protagonismo del Presidente impone su agenda sobre la sociedad. No tolera que exista una elección sin que él esté presente, no acepta un suceso donde él no sea el centro de cualquier contienda. La historia se mueve a su alrededor. Le debe resultar impensable que, de pronto, algo pueda ocurrir al margen de su persona. Estamos hablando de un militar que ha dicho que desea quedarse en el poder "hasta que el cuerpo aguante" y que ha convertido su discrecionalidad en el programa oficial de gobierno. Basta ver lo ocurrido con el Hospital Pérez de León.
La declaración inicial del Presidente fue inmoral. Actuó como si la salud de los venezolanos dependiera de su impulso personal. Como si todas las sangres no fueran iguales.

Ese es el socialismo del siglo XXI. Así se mide. Depende de cuánto quieras o no quieras al comandante. Es un proyecto reaccionario y excluyente. En la emergencia del hospital, no te van a exigir una tarjeta de crédito sino el carnet del partido de gobierno.

Vivimos bajo un Estado que promueve el amor a Chávez como un acto de defensa nacional. Otra vez, como siempre, cualquier debate queda ahora postergado. Las elecciones parlamentarias son una nueva excusa para olvidar el Parlamento y repetir la misma confrontación que ha escrito el guión de estos años.
Si antes el oficialismo se quejaba de que el único proyecto de la oposición era "Chávez vete ya"; ahora la oposición podría perfectamente decir lo mismo sobre la fuerza que controla el poder: su único plan, su única consigna, es el Presidente.
Ya conocemos el proceso.

barrera60@gmail.com

lunes, 24 de mayo de 2010

El alma y la lavandería

Alberto Barrera Tyszka

tan trágico como absurdo. Se trata de una lógica que no se mueve con argumentos sino con pasiones. Este gobierno, al revés de lo que pregona, ha terminado convirtiendo la política en una fe ciega. Por eso no necesita ninguna ideología. Por eso no la tiene. O peor: el lugar común es la verdadera ideología del chavismo. Creen que una red de estereotipos puede ser una teoría revolucionaria. Poco importa, en realidad. Así habla el Dalai de Sabaneta: "Los ricos pierden el alma (...) Hay que ser rico en conocimiento y en amor, en humildad".
Gastos anuales para el servicio personal de lavandería: 405.000 dólares.
El procedimiento es sencillo pero eficaz: Chávez ha convertido la riqueza en un problema moral.
La de los otros es un pecado. La suya es una santo milagro

¿ Quién se puede gastar 264.000 dólares al año en prendas de vestir? ¡Un rico! ¿Quién más? Un rico de verdad, con un fajo de billetes en la mano, que no mira los precios de los productos que desea comprar.
¿Cuántos pantalones caben en esa cifra? ¿Cuántas camisas? Con esa cantidad, de seguro, se podría arreglar alguna sala de emergencia de algún hospital. Sin duda, hay que ser muy rico para disponer de tantos sueldos mínimos frente a una vitrina.

¿Quién tiene un presupuesto de 18.500 dólares al año en calzado? ¡Un millonario! Obviamente. Alguien que casi puede ponerse un par de zapatos distintos cada día. Y con ese dineral, por supuesto que no estamos hablando de cotizas compradas en el mercado de Dabajuro. Ni de unas patrióticas chancletas Lord Nelson, de plástico grueso y de color carey. Esos zapatos con tantos ceros se hacen en Italia, en Francia, en Inglaterra.. . no se pueden pagar con la regulación oficial. Las cuotas de Cadivi no dan ni para los cordones.

Hay más: ¿qué clase de persona puede invertir cada año casi 150.000 dólares en champú, en cremitas, en desodorante o en perfume? Pues, cómo decirlo, una persona algo exquisita, probablemente una persona delicada, muy pendiente de su aspecto... pero, de seguro, bien ricachona, claro está, con suficiente dinero como para rociárselo encima cada mañana.

Supongo que no hace falta explicarlo. A estas alturas de la página, el lector ya debe al menos sospechar que simplemente estoy estrujando un poco el presupuesto de gastos personales de la Presidencia de la República para el año 2010. Según una información, basada a los datos aprobados por la Asamblea Nacional y aparecida hace un tiempo en The Miami Herald, los gastos personales del Presidente, para este año, tienen un incremento de 600% y superan el presupuesto asignado para el Ministerio de Cultura. ¿Alguien habló de los museos? La historia tiene otras prioridades.

Con estas cifras en la mano, a cualquiera se le arruga la cédula y la dignidad cuando escucha al Presidente decir que ser rico es "una maldición", "una perversión humana". Su presupuesto personal calcula que este año, nada más en agencias de festejos, gastará casi 3 millones de dólares.

Mardita perversión.

El procedimiento es sencillo pero eficaz: Chávez ha convertido la riqueza en un problema moral. La de los otros es un pecado. La suya es una santo milagro. Ese es su mayor éxito: él es la representación del pueblo y, por tanto, la única riqueza legítima que puede existir en el país es la suya. El logro mayor de esta supuesta revolución no está en las condiciones objetivas de la realidad sino en el territorio de los símbolos, de las representaciones. Todas las riquezas son ilegales, espurias, excepto la de Chávez.

Se trata de un cambio aparentemente diminuto pero crucial, definitivo: la sacralización del saqueo.

Este gobierno ha resucitado y promovido la idea de que la riqueza es un bien público, que no se trabaja, que ya existe y que ha sido usurpada por algunos pillos particulares. Por suerte, el dios de la historia nos ha mandado un nuevo Mesías, destinado a expropiar a los traidores, a los impíos, para devolvernos a todos un supuesto paraíso original. En el cumplimiento de ese designio, el Mesías puede hacer cualquier cosa. Como en el más iluminado capitalismo salvaje: para conquistar un fin, todo se vale, todo está permitido.

Estamos viviendo un siniestro proceso de sustitución del trabajo, de la competitividad o de las relaciones sociales productivas, por la violencia. En cualquiera de sus formas. Se sataniza la riqueza para que, tarde o temprano, cualquier iniciativa personal sea sospechosa. Estamos ante un acelerado proceso de privatización y control de toda la vida social. Chávez C. A. es el nuevo monopolio que pretende controlar al país.

Es tan trágico como absurdo. Se trata de una lógica que no se mueve con argumentos sino con pasiones. Este gobierno, al revés de lo que pregona, ha terminado convirtiendo la política en una fe ciega. Por eso no necesita ninguna ideología. Por eso no la tiene. O peor: el lugar común es la verdadera ideología del chavismo. Creen que una red de estereotipos puede ser una teoría revolucionaria. Poco importa, en realidad. Así habla el Dalai de Sabaneta: "Los ricos pierden el alma (...) Hay que ser rico en conocimiento y en amor, en humildad".
Gastos anuales para el servicio personal de lavandería: 405.000 dólares.

abarrera60@gmail. Com