Libertad!

Libertad!

martes, 7 de junio de 2016

La oposicion venezolana y la Unidad


La Oposición Venezolana y la Unidad

·
La situación del país se aproxima a un desenlace y cobra entonces importancia el tema de la democracia interna y la unidad de la oposición política al actual régimen, llamada a sustituirlo.
No podemos desconocer el ambiente de violencia y tensión que se vive en el país desde hace más de tres lustros; pero tampoco olvidemos que Venezuela tuvo entre 1958 y 1998, durante 40 años, la democracia más antigua de América Latina.
Esa democracia, con errores y aciertos, cercada y amenazada por la corrupción, como cualquier democracia en el mundo, desarrolló partidos políticos modernos, sindicatos, gremios y cámaras empresariales, organizaciones profesionales, empresas públicas de magnitud internacional (PDVSA); incrementó el nivel de vida general de la población con una gran movilidad social que se mantuvo durante más de 25 años; cuadruplicó el nivel educativo del país, lo llenó de universidades, institutos tecnológicos y de investigación, de centros de educación media y diversificada, formando un recurso humano de primera calidad de profesionales, especialistas y artesanos; construyó hospitales y centros de salud, empresas, redes viales a nivel nacional, represas, redes de distribución eléctrica, electrificó al país, lo lleno de vías de penetración agrícolas, modernos medios de telecomunicación, etc. Es decir, impulsó el desarrollo económico y social del país, que nos llevó a la modernidad, brindando oportunidades de progreso a la gran mayoría de venezolanos.
Democracia que sobrevivió a varias divisiones de sus partidos políticos más importantes, a la lucha armada y subversiva de los años sesenta del pasado siglo, a la riqueza petrolera y caídas súbitas del ingreso con grandes casos de corrupción, a dos intentos de golpe de estado en 1992 del difunto Chávez Frías –quien fue después Presidente “Constitucional” y sobrevivió también a un intento por deponerlo a él mismo–; al tránsito de gobierno, varias veces, de un partido político a otro y de partidos políticos a gobernantes sin partidos bien establecidos, a la diatriba pública a través de los medios de comunicación de más de 20 años en contra de sus instituciones democráticas y de sus partidos y dirigentes. Al enjuiciamiento y deposición de un Presidente en ejercicio.
Más importante aún, rescoldos de esa democracia están sobreviviendo y son la reserva civil y civilizada al proceso de predica de violencia y odio de clases al que nos ha sometido el régimen instaurado en 1999, a sus intentos de desmantelamiento sistemático de las instituciones laboriosamente construidas; a sus intentos totalitarios por apoderarse de todos los poderes públicos y el haberlo logrado en alguna medida; a sus intentos por destruir los partidos democráticos sin ser capaz de crear uno propio, que se pueda considerar tal; a sus intentos por destruir la organización sindical del país sin proponer una alternativa coherente; a sus erradas políticas económicas que pretendiendo ser en nombre de los pobres y a pesar de haber gastado 1.000 billones de dólares, ha incrementado la pobreza, el desempleo, el subempleo y la economía informal, la inflación, ha debilitado exponencialmente el bolívar frente al dólar; y a pesar de una prédica “moralista” no ha sido capaz de enjuiciar por corrupción a nadie, por el contrario, cada día se conocen más casos de corrupción y de desvío de fondos públicos en su propio Gobierno.
La oposición venezolana durante estos 17 años se ha enfrentado a las consecuencias de los veinte años anteriores de prédica inmisericorde en contra de las instituciones democráticas y a dos presidentes, los dos últimos, que disponiendo de todos los recursos del Estado han concentrado el poder político más grande que ningún Presidente electo democráticamente haya tenido en Venezuela.
Hugo Chávez Frías fue electo en un proceso electoral, desarrollado por una democracia y una institucionalidad que él no ayudó a construir sino que intentó destruir, primero como conspirador y golpista en 1992 y luego como Presidente en ejercicio desde 1999 hasta su fallecimiento. No solo fue ineficaz como gobernante, también fue incapaz de construir una opción política que perdurara después de él.
Los partidos políticos que lo apoyaron –y apoyan al actual Gobierno– han sido incapaces de articularse como partidos verdaderamente democráticos, hasta el punto de que el principal, el PSUV, no se le conoce ningún proceso electoral interno verdaderamente democrático y sí reclamos de sus propios militantes y ex militantes quienes se han quejado, incluso en tribunales, de que no se respetan las efímeras reglas internas de selección de candidatos. Como alternativa, el Gobierno, con recursos del Estado, de manera ilegal e inconstitucional, ha desarrollado diversos grupos de choque, algunos de los cuales están acusados de ejercer la violencia contra los estudiantes, manifestantes, periodistas, medios de comunicación y los opositores en general.
En medio de este cuadro tan irregular y accidentado, se pretende que la oposición democrática, compuesta por social demócratas, demócrata cristianos, socialistas, liberales, conservadores, ciudadanos organizados e independientes, sindicalistas, empresarios, etc. olviden sus ideologías, intereses y diferencias naturales y se presenten al país como un partido único, un bloque unido y sin fisuras.
Precisamente durante estos 17 años hemos luchado por la libertad y la democracia, contra los intentos totalitarios y el socialismo trasnochado del Presidente anterior y el actual y sus pretensiones hegemónicas de control y poder. Contra sus intentos de someter a todos al mismo patrón y contra sus intentos de dominar todos los poderes públicos y eliminar el natural y democrático balance entre ellos.
La vilipendiada oposición democrática, sobreponiéndose a los errores cometidos, en mi opinión, ha logrado varios acuerdos importantes que ha anunciado al país y entre ellos tres que constituyen la base de su unidad:
  • la imperiosa necesidad de salir cuanto antes de este oprobioso Gobierno
  • la necesidad de hacerlo por mecanismos constitucionales, democráticos y electorales, aun respetando una Constitución hecha a la medida del actual régimen y que es el primero en violarla
  • la necesidad de recortar el mandato presidencial y evitar la reelección indefinida para evitar que un individuo como el actual Presidente, con escaso soporte popular, verificado en todas las encuestas y en la calle, pueda asaltar de nuevo el Estado y eternizarse en el poder
Aspirar a una “uniformidad” opositora, conservando las debidas distancias y diferencias, es como pedir que Demócratas y Republicanos se hubieran unido en los Estados Unidos para presentar un único candidato a los electores norteamericanos después de la defenestración de Richard Nixon. O como si se le hubiera pedido a los partidos españoles que presentaran un único candidato a los electores para reemplazar a Felipe González, después del desgaste de catorce años en el Gobierno y sumido en acusaciones de corrupción. O como si se hubiera pretendido que en pro de la unidad nacional y el proceso de paz, se hubiera pedido a los partidos colombianos que siguieran presentando un único candidato en los comicios electorales, después de 40 años de democracia.
Esa es la democracia. Diversidad de opciones, que el elector pueda escoger en procesos internos, al menos por ahora, entre alternativas contrapuestas y contradictorias y que aprendamos a dirimir y negociar diferencias y a ponernos de acuerdo para superarlas y presentar opciones únicas al país, pero partiendo de la base de que las diferencias existen y de que están allí y que sus voceros no son todo lo idóneos o ajustados a nuestros esquemas mentales.
Quizás lo que hay que revisar son los “esquemas mentales” no democráticos o totalitarios de los que tienen pretensiones “unitarias o uniformizantes”, si vale la expresión y pretenden una oposición con una sola consigna, una sola ideología y propuesta política y filosófica.
@Ismael_Perez
Publicar un comentario en la entrada