Libertad!

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martes, 21 de junio de 2016

Entrevista al filósofo y escritor Fernando Rodríguez


Entrevistas CTP
El país debe acudir al FMI, opción que no será más severa que los disparates del Gobierno

Fernando Rodríguez: Los políticos deben apurarse porque el hambre es ingobernable

No hay encuesta que dé a Maduro como ganador del revocatorio, remarca - Fotos: Samuel Hurtado
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  • Vanessa Davies
“A pesar de los años de gobierno de Chávez seguimos teniendo una mentalidad mayamera”, señala el filósofo, escritor y profesor universitario . “El referéndum revocatorio es una forma de canalizar la rabia”, subraya
¿Quisquilloso? Sí. ¿Ácido? Por supuesto. ¿Neurótico? Nada indica lo contrario. ¿Inteligente? Y mucho. Estos son cuatro rasgos que mejor describen al filósofo venezolano Fernando Rodríguez, profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela. Igual que el Sol sale por el este y se oculta por el oeste, en esa constelación de Rodríguez no puede faltar la política, y aún más: el periodismo político. "Me hace falta la política", admite el analista, en entrevista con Contrapunto.
Y también necesita del Periodismo. Ocho años estuvo en el diario Tal Cual (hoy convertido en semanario por los caprichos y la asfixia impuesta por los políticos de turno) junto a Teodoro Petkoff. "Lo hacíamos todo juntos", recuerda.
Hace un año Fernando Rodríguez volvió a escribir en el diario El Nacional. Su columna, que se publica los domingos, es corrosiva y un dechado de buena escritura, se comparta o no su contenido. Cuando se le pregunta si se siente de izquierda, responde con una de las suyas: “Sí me veo como un hombre de izquierda. Soy pobre, ando en autobús. Objetivamente debo ser de izquierda".

Agonías "muy prolongadas"
-¿Cómo describiría el punto donde nos encontramos?
-No creo que se exagere cuando se dicen frases como “estamos viviendo la crisis más profunda, más honda de la Venezuela contemporánea".
-¿Qué la hace tan particular?
-En lo económico, las cifras son de una elocuencia total: inflación más grande del mundo, niveles de escasez abrumadores, destrucción de la capacidad productiva nacional... El problema de la delincuencia desaforada. Políticamente, la polarización y la violencia, la destrucción total de la institucionalidad y toda una atmósfera de deterioro de las relaciones sociales mínimas. Si en algo se coincide es en los adjetivos hiperbólicos para describir lo que vivimos: infernal, crisis última, abismo. He oído hablar hasta de Siria como destino.
-En el reparto de culpas, ¿quién tiene más?
-Sería tajante: el Gobierno. Son políticas totalmente erradas e inviables, que no solo en Venezuela han dado resultados fatales, sino en medio mundo. En general, el socialismo desaparece de la humanidad por razones paradójicamente muy marxistas: las razones económicas. La caída del bloque soviético ocurre por una implosión económica y sin mayores conmociones políticas o ideológicas.
-Ocurrirá algo similar en Venezuela?
- Estoy seguro de que, por las vías que se utilizaron y que se siguen utilizando en alguna medida, esto no tiene mejoras. A la larga tiene que haber un cambio en algún momento. Cuándo y cómo, es lo que nos preguntamos. Hay agonías que pueden ser muy prolongadas y cuestan un dineral a la familia. El caso cubano: un pueblo que ha vivido en la miseria y la penuria durante decenios. Nadie sabe cómo se jugarán las cartas en un futuro inmediato y qué resultará de todo esto. Hay un juego más o menos oculto, donde posiblemente suceden cosas de mucha importancia. Y eso enreda.
-¿Cuáles son esas cartas y quién las juega?
-Tenemos el caso de Rodríguez Zapatero, de quien no soy devoto. Se dio una versión tremebunda de su actuación con Leopoldo López. Parece que nada hay de verdad en eso. La misma Lilian Tintori desmintió que hubiese habido proposiciones indebidas. El País de España reseña que quienes están detrás de Zapatero son básicamente los norteamericanos. El Vaticano los bendice. La OEA también. Y sin embargo, Henrique Capriles asoma sospechas gruesas sobre su imparcialidad. Un rollo, ¿no?
-¿Por qué le parece eso?
-Estamos en esa zona donde suceden cosas poco claras. Otro ejemplo: viene Unasur con un proyecto económico. ¿Qué es eso? ¿Qué se hará con eso?. No se ha dado siquiera a conocer, salvo dos o tres cosas sueltas.

Tempos del hambre versus los de la política
-Entonces, ¿quiénes no hablan claro y a quiénes?
-Estas situaciones de diálogo tienen casi necesariamente una zona de discreción muy amplia. Entiendo que las FARC y Juan Manuel Santos se reunieron cantidad de veces antes de oficializar en La Habana el diálogo. Eso crea, en el caso venezolano, un clima de incertidumbre, que en parte nos complica a quienes pretendemos buscar alguna claridad sobre los acontecimientos.
-¿Cuáles son las consecuencias de que no se hable claro?
-El gran problema, el gran peligro es social, porque de alguna forma los juegos políticos tienen un tiempo más o menos laxo, siempre tienen algo de juego de ajedrez. Pero lo que estamos viendo como problema social tiene una urgencia muy grande, y una violencia social potencial muy temible. La estamos viendo emerger. Eso que se ha dado en Petare, en Catia, en Cumaná sobre todo y en pueblos del interior, puede presagiar cosas muy amenazantes para la paz del país. Algunos dicen que estamos en una especie de estado de amotinamiento generalizado, de enfrentamientos continuos y cada vez más violentos. Eso no lo maneja nadie. El Caracazo, en 1989, no lo manejó nadie, que se sepa.
-¿El tiempo de los políticos no es el tiempo de la sociedad? ¿Están desfasados?
-El tiempo de la gente, el tiempo del hambre, es muy compulsivo y muy ingobernable.
-¿Una advertencia a los políticos?
-Hay que apurarse.
-¿En qué?
-En encontrar soluciones que incidan realmente en el malestar social.
-¿Es el revocatorio la opción?
-El referéndum es una forma de canalizar la rabia y la esperanza. En definitiva, es darle la palabra a la gente y que construya el inicio de la solución. A ambas partes les convendría, por razones distintas, casi opuestas, encontrar esa canalización de esa situación tan destructiva, que puede tener precios demasiado altos. En términos económicos, el quid está en que necesitamos unas cuantas decenas miles de millones de dólares ya. Eso nos permitiría, por lo menos, acabar con las colas, alcanzar algo parecido a una normalidad cotidiana y mirar hacia adelante.

Como si estuviera el FMI, "pero mal hecho"
-El Gobierno dice que está bloqueado internacionalmente.
-Sin materia prima no puedes aumentar la productividad nacional, sin importación de productos acabados no puedes surtir una cantidad de rubros que han vivido de la importación. Sí, al parecer, la solución lógica es ir al Fondo Monetario Internacional.
-¿Por qué?
-El FMI está hecho para eso: para la sanación de las economías nacionales en crisis. La Grecia de izquierda, por ejemplo.
-¿El FMI no condiciona a los países?
-El Fondo Monetario Internacional no es el mismo de la época de Carlos Andrés Pérez (años 90 del siglo XX). La mejor prueba es que países que se podrían situar a la "izquierda" han recibido créditos: Ecuador, para no ir lejos, hace unos meses. Sin eso, no vamos a ninguna parte. Ahora, buena parte de las condiciones que exigiría el FMI se están cumpliendo, pero todo mal hecho, tardíamente y de manera incoherente.
-¿Por qué?
-Los precios suben bárbaramente con autorización del Gobierno. Todos lo padecemos día a día. A eso el FMI lo llamaría liberación de precios. La liberación del dólar está en la propuesta de Unasur y en lo que dice el ministro Miguel Pérez Abad. Hay más prejuicios ideológicos que otra cosa.
-Usted dice que el referéndum permitirá canalizar la rabia, pero hay gente que quiere a Maduro.
-Que vote por Maduro.
-¿Maduro gana o pierde el revocatorio?
-No hay encuesta que lo dé como ganador. Ni siquiera como competidor respetable. Las cifras hablan de 70% en contra. Algunos expertos dicen que sería como una especie de rendición del Gobierno. ¿Cuál sería la contrapartida de esa cesión del poder? Sería una sobrevida democrática del PSUV. El gobernador Henri Falcón habla de un gobierno de unidad nacional. Según él, el gobierno por venir debería ser de amplitud y debe entender que el chavismo representa un sector del país, que no hay que aniquilar. Quizá la proporción que apoya a Maduro es la mitad de la gente que se define como chavista. Esto no necesariamente es una coalición o algo parecido, sino un espíritu de que al país hay que reconciliarlo y pacificarlo. Creo que es común a la MUD. Por supuesto, sin que la justicia necesaria haga lo suyo contra la descomunal corrupción, verbigracia, que se ha denunciado por mil caminos, incluso chavistas.

Al menor costo
-¿Viene una transición? ¿Cómo se la imagina? ¿Cómo debería ser?
-Todos deberíamos coincidir en que debería ser con el menor costo humano posible.
-¿De qué depende?
-A mi entender, el Gobierno debe comprender que el juego no salió y permitir el cambio. El chavismo es una cosa que se mueve contra la historia de manera muy curiosa. Después de que el socialismo desapareció en 1989, que quedaba la pobre Cuba solitaria y ya vencida, además de la monarquía norcoreana, a estos señores se les ocurrió hacer el socialismo. Era de suponer, por perspectivas históricas mínimas, que era un camino cerrado, contra la corriente. Y así resultó, aunque más desastroso de lo que hubiésemos imaginado. Creo que ningún venezolano imaginó que pudiésemos llegar a esto. Pero llegamos. En el nacimiento del movimiento estaba inscrita su fatalidad. Si países como Cuba padecieron lo que padecieron con el apoyo gigantesco en todos los órdenes de la URSS y el resto del orbe socialista, ¿en un mundo en el que la URSS desapareció, qué vientos históricos pudiesen impulsar esto? ¿Hacia dónde? Hacia el abismo.
-El Gobierno dice que esto es el fracaso del capitalismo y no del socialismo.
-Eso se lo he oído al vicepresidente, pero es lo contrario de lo que dijeron Chávez y los chavistas, que estábamos en el camino al socialismo. No estamos en el comunismo ni en fases avanzadas del socialismo, pero la pretensión, mil veces repetida, era que vivíamos y producíamos en socialismo. Lo que sí es cierto es que Chávez tenía una ideología muy confusa, con idas y venidas, pero ese norte del mar de la felicidad prevalecía. "Exprópiese", gritaba a cada rato.
-¿Qué es lo viable para Venezuela?
-No hay que inventar mucho. Hay países a la izquierda a los que les va muy bien, como Uruguay. La uruguaya parece ser una democracia funcional, sin crisis aparentes. Y los niveles de vida son los de un país del primer mundo. El Chile pos-Pinochet hace la hazaña, propia de países europeos, de pasar de la izquierda a la derecha y de la derecha a la izquierda sin grandes aspavientos. Eso indica una institucionalidad sólida. El caso de Bolivia: a pesar de que Evo Morales es un disparatero, ese país tiene niveles de vida que no había tenido en toda su historia. La economía funciona; Morales se mete con todo, menos con la economía. Los mismos nicaragüenses, que han hecho un monumento al continuismo y a la cursilería institucional, no tienen descomunales problemas económicos. Esto, sin hablar de los ejemplares países nórdicos o los dragones asiáticos.

Desastre institucional
-Usted coloca el problema en la economía, exclusivamente.
-No. Luego de la dictaduras, Chile y Uruguay se han equilibrado en la política. No he escuchado quejas de los dueños de medios uruguayos o chilenos acerca de que se les atropelle su libertad de expresión. Son democracias muy funcionales. Lo ocurrido en Chile, repito, indica un grado de solidez institucional muy fuerte.
-¿No tenemos esa solidez institucional en Venezuela?
-No. Lo que tenemos es un desastre institucional. En pocos países se ha dado esta lucha de poderes: el Poder Legislativo hace una ley y el Poder Judicial se la niega una semana después por orden del Ejecutivo. Montesquieu no existió. Eso indica una institucionalidad destruida. Debería quedar algún juez decente en el país, como para tomar una decisión en nombre de la justicia y las leyes.
La gente sigue amando a Miami
Como antes, ahora. Fernando Rodríguez recalca que el pueblo soviético “fue sometido a más de 70 años de ideología por todos los caminos habidos y por haber”, pero razona que el régimen comunista cayó y, en cuestión de meses, "no quedó nada de 70 años de ideologización socialista".
-¿Eso pasará en Venezuela?
-En Venezuela la gente sigue amando a Miami, a los norteamericanos. Este es un pueblo marcadamente pitiyanqui. Nunca hemos sido agredidos directamente por Estados Unidos, no odiamos a los norteamericanos. Apenas ayer tuvimos billetes para ser consumistas y comprar dos cosas en vez de una. En este momento, en el socialismo heróico bolivariano, es absurdo que se publiciten por TV propiedades en Miami. A pesar de los años de gobierno de Chávez, tenemos una mentalidad mayamera.
-¿Por qué?
-El dinero petrolero nos ha permitido emular los patrones de consumo norteamericanos, porque Estados Unidos ha impuesto un modelo de vida. La globalización del marcado es signo norteamericano. Disneylandia está en Shanghái. Y la mayoría de los que estamos en esta redacción vestimos bluyines, entre ellos tú y yo.
-¿Hay que resignarse a eso?
-No. Hay que dar luchas importantes, que son culturales. Los valores de la Revolución Francesa son los valores humanos actuales puestos al día, como los derechos humanos. Pero hay que mantener la pluralidad de usos y costumbres, porque de otra manera, el mundo se hará, en parte se ha hecho, muy fastidioso, muy monocorde y gris. Por fortuna, creo que hay resistencia. La gente come hamburguesas, pero la comida local resiste y se expande.

El reto de superar la desigualdad
Con el poder de sopesar que dan los años, Fernando Rodríguez piensa que “el fin de la historia” que propugnó el politólogo estadounidense Francis Fukuyama en los años 90 “no es una locura”, porque “pareciera que no hay grandes opciones, en este momento, que no sean la democracia y una economía abierta; parece que no hay alternativas con la caída del modelo socialista clásico”.
Fukuyama "se revisó solo porque el futuro depende de transformaciones tecnológicas con límites inimaginables, que no sabemos hacia dónde van”.
Rodríguez piensa que Venezuela está “en una situación crítica para afrontar la globalización, la sociedad del conocimiento”. Solo basta con echar un vistazo a las universidades del país.
El filósofo venezolano observa “grandes desastres en el mundo”, así como “nuevos e inmensos peligros ecológicos y formas inéditas de enfrentamiento entre los seres humanos”. Pero también subraya que el mundo “progresa de muchas formas". Rodríguez opina que el gran tema del futuro –también para Venezuela- es la desigualdad.
-¿Cómo superarla?
-Si bien la pobreza mundial ha descendido, la desigualdad ha aumentado, lo cual no es contradictorio. Chile es un país con niveles de pobreza aceptables y con inmensas desigualdades. En países desarrollados, el crecimiento económico acarrea una concentración creciente del capital.
-¿Cómo combatirla?
-Con lo que llamaría una nueva mentalidad progresista. La pregunta es cómo llevar estos conflictos en democracia y sin violencia, pero entendiendo que son injusticias inadmisibles, que hay intereses contrapuestos y que hay que luchar por los mejores, que son los de la mayoría. Como siempre. Quizá sea la hora de una socialdemocracia repotenciada.
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