miércoles, 1 de julio de 2015

COPA AMERICA

JESUS ALFARO GARANTÓN

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Desde que los Estados Unidos se sintieron fuertes se arrogaron el nombre de AMERICANS y la  connotación americana sin la presencia de USA es casi una herejía. Los gringos se sienten tan superiores que convierten 7  juegos entre dos equipos de béisbol que juegan solo en algunos estados de su país en WORLD SERIE y en sus estadios se venden hot dogs y Coca Colas con la coletilla de World Famous y no contentos con eso inventaron una vaina que se juega con un pelota puyúa y le pusieron el nombre de Football  Game con desprecio total por el futbol que se juega en el resto del mundo. “E’ citos”  tan modestos ellos.  El señor Donald Trump se dejó de zoquetadas la semana pasada y nos endilgó a todos los “mejicanos” que vivimos del Rio Grande para abajo la etiqueta de vagos, tramposos y violadores. Esta descalificación nos cae a todos nosotros porque el desconocimiento de la geografía por el común de los ciudadanos estadounidenses es proverbial y su mundo está encerrado entre los límites de su nación; lo demás es monte y culebra. En más de  una ocasión me han preguntado si Venezuela queda cerca de Atlanta o le mandan saludos al señor Hernández, un amigo de ellos que vive en Buenos Aires.

La copa de futbol nació en Argentina en  1916, como Copa Suramericana y después de 70 años, en 1987 se decidió cambiarla a COPA AMERICA. Es de obligatoria asistencia para los 10 equipos de la CONMEBOL y se complementan con 2 invitados de otras áreas. Esto de llamarla Copa América sin la presencia de Estados Unidos fue un verdadero golazo que le metieron a los gringos. Al fin los No Americans ganábamos una.

La Copa se juega cada 4 años y la sede es rotatoria en todos los países participantes, en esta ocasión le tocó el turno a Chile como país anfitrión de tal evento y los chilenos se tomaron tan  en serio este compromiso que la han convertido en una especie de Batalla de Chacabuco con upgrade 2015. La tal Copa ha sido un reflejo de un patrioterismo desmedido y los gestos y las declaraciones de jugadores y organizadores dan la impresión de gestarse batallas heroicas. Luego de los C- H- I, Chi, Chi, Chi, Le, Le, Le se emite un ensordecedor Viva Chile y quedan listos para el combate. Se les revuelve la sangre mapuche con la del Inca sagrado del Tihuantinsuyo.

La selección venezolana hizo un buen papel, con su equipo modesto hizo lo que pudo y como dice un hijo mío: “jugaron como nunca y perdieron como siempre”. Nos falta roce y billetes, mientras los juegos de futbol nacional sean vistos por unas decenas de espectadores en unas solitarias tribunas de los estadios, no podemos pedir más. Los jugadores reciben sueldos escuálidos y su meta europea, donde se maneja el euro cada vez la ven más lejana. Nuestro deporte es el beisbol, allí si tienen futuro y bienestar económico.

México como país invitado dio la cómica, mandaron un equipo B y en dos juegos ya estaban eliminados; en tanto que Jamaica con poca técnica y una extraordinaria condición física, puso a correr a todo el mundo. Colombia con su super equipo le fue muy mal, creo que fue el gran perdedor del evento y Brasil salió con el rabo entre las piernas y tendrá que hacer modificaciones de forma y fondo muy importantes, si  es que no quiere recibir otro humillante 7 a 0.

Pero hablemos del espectáculo como tal, los estadios han lucido impecables y los engramados parecen  mesas de billar, muy bien cuidados, el despelote lo  vemos en los protagonistas principales del juego. Los árbitros se han equivocado tanto que nos hace pensar en la necesidad del derecho a réplica que exhibe el football americano, detienen el juego y los árbitros estudian el video y luego ratifican o modifican la  sentencia. Por lo menos los goles, los penales y las tarjetas rojas deberían ser revisadas con la tecnología de la TV. Así las sentencias serían más justas.

Los jugadores,¡ Ay, los jugadores!. Su transformación ha sido increíble, esas estrellas que brillan en el futbol europeo, aquí se convierten en lo que son, verdaderos suramericanos, pareciera que vuelven a sus raíces, como si estuvieran jugando en una caimanera de dia domingo, con cana incluida. No han digerido que las imágenes que trasmite la TV son vistas por millones de tele espectadores y son tan nítidas que se distinguen hasta los pelos de la nariz. Deberían comportarse como los divos que son, como ejemplos para los millones de niños que los aman.

Parece mentira pero a los jugadores se les enseña a simular faltas, un pequeño toque en el tobillo y su cuerpo rueda como un torbellino en el césped, eso sí, viendo de reojo al árbitro para percatarse si el engaño surtió sus efectos. Un roce en la cara es como si  recibiera la descarga eléctrica de un rayo. Un choque de cabeza equivale a una fractura abierta de cráneo, pero  lo increíble sobreviene cuando sacan la tarjeta de penalización respectiva y milagrosamente el jugador se recupera y sigue corriendo 90 minutos más. Una burla al público que de tanto repetirse se nos ha hecho normal. Deberían modificarse las reglas, un jugador que recibe una patada que amerite más de dos vueltas en la grama, debería ser retirado de la cancha para que le hagan radiografías, sería un manera de resguardar su integridad física. Lo que es igual no es trampa.

Con el reciente escándalo de la FIFA los ojos del mundo están puestos en estos “pequeños detalles” del juego y creo que vendrán nuevas sanciones.

La estrella de la verde amarelha, frustrado por el resultado del juego le zampó un balonazo por la espalda al negrazo colombiano que lo estuvo marcando todo el partido. Ahora disfruta del agradable clima de las playas de Brasil y entre Gin Tonic y Caipirinhas ve los partidos por DirecTV y en pantalla gigante.

No olvidemos el percance de Arturo Vidal, estrella del medio campo de la Juventus de Turin, quien decidió irse de copas después de un partido y destrozar su costosísimo Ferrari, bajo la influencia alcohólica, después se envalentono con la policía y les preguntaba si no sabían con quien se estaban metiendo, dos días después lo ponen a jugar como si no hubiese pasado nada. Lo menos que podía hacer el técnico del equipo era sentarlo en la banca como escarmiento y peor fue que cuando aparece en la cancha es recibido como un héroe por la hinchada. Fin de mundo. Mi nieto de 10 años me preguntaba si después de una borrachera quedaba alguna merma en las facultades físicas y tuve que inventarle una excusa piadosa. ¡Qué pena!!.

El impasse del tocamiento homosexual es ya la tapa del frasco. Un jugador ante millones de miradas le introduce un dedo por las nalgas al rival de turno y luego le susurra al oído “ojala que tu padre no salga nunca de la cárcel”. Bueno pues, ni en una telenovela mejicana. La respuesta del ofendido, obligo a su expulsión del juego y el agresor siguió jugando y repartiendo patadas como si nada hubiera pasado. Posterior al partido y revisando las grabaciones, las autoridades futbolísticas decidieron suspender por varios partidos al tipejo, pero días después le es rebajada la pena. Dicen que esta rebajita se la gano por buena conducta, en los tres días transcurridos desde el penoso incidente no le había manoseado las nalgas a nadie. Digno de emular. 

A estas alturas no sé como va a culminar la Copa América, pero si estoy seguro que Donald Trump no va a contratar a ninguna de sus estrellas. Por cierto, este Donald es más indiscreto que nicolás, con esa imprudente declaración perdió más de 20.000.000 de votos latinos de un solo trancazo.

jueves, 25 de junio de 2015

FUSILAMIENTO DEL GENERAL OCHOA EN LA HABANA . Un héroe de la Revolución en el narcotráfico



Por Carlos Alarico Gómez*
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A las cinco de la mañana del 13 de julio de 1989 el general de división Arnaldo Ochoa, héroe de la Revolución Cubana, fue despertado del sueño profundo en que se hallaba en su calabozo de la prisión de Guanajuay. No se alteró en lo más mínimo. Se vistió con calma y se preparó para morir. Desde que fue descubierto en su negocio de tráfico de estupefacientes sabía bien cuál era el destino que le esperaba.  Mientras avanzaba hacia el paredón de fusilamiento pensó en los hechos más resaltantes de su vida.
Una línea ascendente
La existencia del general Ochoa se modificó radicalmente desde que se incorporó a las guerrillas comunistas que luchaban al lado de Fidel Castro en la Sierra Maestra durante la década de los cincuenta. En ese momento nunca se imaginó que llegaría a ser uno de los militares de mayor prestigio que luchaban bajo las órdenes del legendario Camilo Cienfuegos. Solo tenía la ilusión juvenil de acabar con la dictadura del general Fulgencio Batista, que desde 1952 se había entronizado en el poder en Cuba, estableciendo una férrea dictadura que violaba continuamente los derechos humanos. Sus actuaciones le permitieron destacarse, especialmente cuando procedía a fusilar a los detenidos, conducta que era particularmente admirada por el comandante Fidel.

En Europa
Al producirse el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, Castro lo envió a entrenarse en estrategia militar en la desaparecida Checoeslovaquia y más tarde a Moscú donde se especializó en esa área. Volvió a Cuba justo a tiempo para participar en Bahía de Cochinos en abril de 1961 donde se enfrentó a los grupos de exiliados cubanos que invadieron la isla con ayuda de la CIA. Un año después se destacó de manera notable en la crisis de los misiles que estuvo a punto de conducir al mundo hacia una guerra nuclear de resultados imaginables. Su actitud cruel llamó la atención de Fidel, quien lo envió a Venezuela a respaldar el derrocamiento  del Gobierno de Rómulo Betancourt, apoyando a las guerrillas  que actuaban en la región de Coro bajo las órdenes  del venezolano Lubén Petkoff. Allí se encontraba cuando comenzó el Gobierno de Raúl Leoni, pero muy pronto fue enviado a la zona del Yaracuy donde participó en los hechos ocurridos en el Cerro Atascadero el 16 de septiembre de 1966. Allí dio muerte de manera sanguinaria a un oficial, a un suboficial y a varios soldados. Luego se movilizó hacia Lara donde combatió en varias refriegas, siendo célebre la emboscada que efectuó en El Mortero, sitio adyacente a Sanare, donde el 25 de febrero de 1967 dio muerte a tres efectivos del Ejército venezolano.
De regreso a Cuba
No obstante su labor en el fortalecimiento de las guerrillas en Venezuela, el presidente Raúl Leoni tuvo éxito en su política de pacificación, debilitando y haciendo casi desaparecer el movimiento guerrillero. Ese nuevo escenario hizo que Fidel Castro lo hiciera regresar a La Habana para  designarlo sub comandante del Estado Mayor General, al mando de la jefatura del Ejército Occidental de Cuba, con la responsabilidad específica de ampliar el plan de edificaciones militares en su país.
África
En esa misión de encontraba cuando fue sorprendido por Fidel Castro quien lo llamó a su Despacho para informarle que debía encargarse de un batallón que lucharía en varios frentes de África, precisándole que actuaría  en calidad de jefe de una operación multinacional contra el avance somalí que se produjo en 1977 durante la llamada Guerra del Ogadén en la región de Eritrea. En ese hecho dirigió al mismo tiempo a soldados cubanos, soviéticos, etíopes y yemeníes, contra las fuerzas somalíes a las que derrotó radicalmente. En 1980 fue enviado a Angola como jefe de la Misión Militar Cubana, actuación que le valió ser nombrado Héroe de la Revolución Cubana, recibiendo varias condecoraciones por sus acciones y designado miembro del Comité Central del Partido Comunista Cubano.
De fusilador a fusilado
Su fama fue creciendo y el régimen castro-comunista lo asignó a varias misiones de contraespionaje en Ciudad de México, pero dada su conducta extraña comenzó a ser vigilado cuidadosamente por agentes del G2 Cubano, quienes actuaban por órdenes directas de Fidel Castro debido a que tenía fundadas sospechas de que algo raro estaba ocurriendo en la vida del general de divisíón Arnaldo Ochoa, especialmente cuando se supo que tenía una cuenta corriente en México con más de tres millones de dólares, cantidad que le permitía  disfrutar de una vida de gran lujo. Al comenzar el año 1989 el G-2 ya tenía en su contra amplias evidencias que demostraban su participación en una red de narcotráfico que actuaba desde esa ciudad. Esa fue la razón por la que procedió a arrestarlo bajo la acusación de estar asociado a funcionarios del Ministerio del Interior cubano para efectuar operaciones de narcotráfico, las cuales realizaba por instrucciones del “capo” colombiano Pablo Escobar, jefe del Cártel de Medellín. Ochoa y sus cómplices transportaron seis toneladas de cocaína desde Cuba, recibiendo en compensación un total comprobado de tres millones y medio de dólares.
Juicio y muerte de un narcotraficante
Al general de división Arnaldo Ochoa y a trece implicados más se les inició juicio el 12 de junio de 1989 bajo la acusación de traficar ilícitamente con cocaína, diamantes y marfil, para lo cual utilizó el espacio aéreo, el suelo y las aguas cubanas, actos que fueron calificados de alta traición por el Fiscal acusador. Durante el juicio -que fue televisado- el militar admitió su culpabilidad y pidió para él la pena de muerte, por considerar que la juventud debía saber que sus actos fueron  un crimen contra la Revolución.
Al llegar al sitio señalado para su ejecución al general Arnaldo Ochoa se le concedió el derecho a decir  sus últimas palabras y expresó:
-Pido perdón por lo que hice. Debe ser fusilado todo aquél que se valga de su condición de revolucionario para traficar con sustancias que condenan a la muerte moral y física a miles de jóvenes.
Seguidamente fue pasado por las armas, de acuerdo a la decisión del Tribunal Militar que lo encontró culpable. Murió al lado del coronel Antonio de La Guardia, del capitán Jorge Martínez y del civil Amado Padrón. Era el 13 de julio de 1989.
*El autor es periodista, historiador y profesor universitario.
Puede ser contactado por el email: carlos.alarico.gomez@gmail.com

domingo, 14 de junio de 2015

El gusto por la cocina facilitó la aparición del cerebro humano*

Los chimpancés, los animales más próximos a los humanos, tienen capacidad para entender el proceso de cocinado y valoran sus resultados

Fotograma de la película "En busca del fuego", que gira en torno a los esfuerzos de los primeros humanos que trataron de controlar el fuego

El cerebro es una herramienta muy útil, pero muy cara de mantener. Se suele estimar que, aunque solo constituye el 2% de la masa del cuerpo, consume el 25% de la energía. En reposo, este órgano gasta casi diez veces más que el músculo. Esa característica ha hecho necesario buscar explicaciones a los mecanismos que utilizó la evolución para hacer posible la expansión del cerebro, que ha doblado su tamaño desde hace algo más de dos millones de años, cuando se sitúa la aparición de los primeros humanos.
Un problema fundamental es la alimentación. Para explicar el origen de la gran cantidad de energía necesaria para alimentar el cerebro humano, algunos investigadores, como el español Manuel Domínguez-Rodrigo, han apuntado a una dieta cada vez más carnívora. Otros, sin embargo, consideran que la carne sola no resolvería el problema.
Richard Wrangham, profesor de antropología biológica de la Universidad de Harvard (EE UU), estima que, si comiésemos como los chimpancés, necesitaríamos cinco kilos de alimento diario para sobrevivir. Además, procesar toda esa comida, en la que se incluyen frutas y algunos animales pequeños, requeriría pasar seis horas diarias masticando. En su opinión, el cambio que habría liberado la energía necesaria de la comida es la cocina. Pasados por el fuego, los alimentos se vuelven más fáciles de digerir y en la misma cantidad que crudos dejan más calorías en el organismo.
Un chimpancé dedica casi la mitad de su día a masticar, frente al 4,7% requerido por los humanos
La semana pasada, Félix Warneken, Alexandra G. Rosati, de las universidades de Harvard y Yale (EE UU), publicaron los resultados de un estudio que sugiere que el germen de la capacidad para cocinar habría aparecido hace más de seis millones de años, cuando vivió el último ancestro común entre los humanos y el chimpancé, nuestro pariente más cercano. En un grupo de experimentos con chimpancés, mostraron que estos animales prefieren la comida cocinada a la cruda, entienden lo que sucede con la comida cruda cuando se cocina y pueden aplicar ese conocimiento en distintos contextos, y son capaces de guardar o arriesgar comida cruda a cambio de tener la oportunidad de cocinarla para comérsela después.
Este gusto por la comida cocinada y la capacidad para entender cómo se produce habría permitido que los humanos comenzasen a pasar sus alimentos por el fuego poco después de controlarlo. Pese a esta tendencia, el problema para la hipótesis de Wrangham se encuentra en la dificultad para encontrar pruebas definitivas del uso del fuego hace casi dos millones de años, cuando comenzaron los cambios que permitieron la aparición de los humanos modernos. Muchos antropólogos consideran que no existen evidencias fiables de dominio del fuego hasta hace medio millón de años, otro momento en el que se observa un salto adelante en la evolución del tamaño cerebral. Para ellos sería posible que el aumento del consumo de carne facilitase la primera revolución y la cocina de los alimentos, la segunda.
Algunos hallazgos recientes, como los realizados en la cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica, indican, no obstante, que los humanos de hace más de un millón de años, probablemente Homo erectus, ya utilizaban el fuego, aunque no es sencillo determinar si eso significaba que eran capaces de dominarlo o mantenían fuegos obtenidos de fuentes naturales.
El fuego también facilitó el crecimiento del cerebro favoreciendo la aparición del lenguaje
Una incorporación antigua de la cocina sería una manera de explicar cómo fue posible la transformación física de los humanos que protagonizaron los erectus. La dieta más fácil de procesar habría permitido una reducción en el tamaño de los colmillos y la longitud del intestino, liberando energía para cebar un cerebro en crecimiento.
Sin embargo, el fuego no es lo único que diferencia la dieta humana de la de los chimpancés. En una época de crisis, cuando los cambios climáticos transformaron los bosques tropicales en los que vivían los ancestros humanos en regiones de sabana, se produjeron innovaciones que cambiarían el rumbo evolutivo de aquellas especies de primates. Entre otras cosas, las proteínas de origen animal ganaron espacio en la dieta, a través de la carroña y, luego, de la caza, pero en general se añadieron fuentes diversas de alimentos energéticos. El uso de herramientas, que también se empezó a generalizar en aquel tiempo, ayudaría a sustituir los grandes aparatos digestivos y el tiempo necesario para masticar la comida necesaria para sobrevivir. En un estudio publicado en PNAS, Wrangham y otros colaboradores calcularon el tiempo que los chimpancés, los humanos y algunas especies extintas pasaban cada día masticando y comiendo. Los chimpancés ocupan en estos menesteres el 48% de su tiempo frente al 4,7 estimado para los humanos. Una especie extinta como el Homo erectus empleaba el 6,1% de su tiempo a masticar y comer y los neandertales llegaban al 7%.
Esta liberación de tiempo y energía, además de facilitar cambios físicos habría tenido consecuencias sociales. Eudald Carbonell, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirector de los yacimientos de Atapuerca, considera que el control del fuego y su aplicación a la cocina fue relevante para el crecimiento del cerebro humano. Sin embargo, recordando que los grandes cambios evolutivos no suelen tener una explicación única y simple, considera que el papel más relevante del fuego en la humanización “fue sobre todo la introducción del lenguaje”. En su opinión, esta herramienta con la que se construyó la sociedad surgió alrededor del fuego y fue “el lenguaje el factor fundamental que impulsó el crecimiento del cerebro”.
*Diario El País,España. 14/6/2015

Ernesto Guevara: cuestionable título de Médico

 
Enrique Ros
LiberPress- Diario Las Américas- Octubre de 2007- Existe un prolongado y enigmático silencio –que no quiebran sus numerosos y amables biógrafos- sobre la presencia de Ernesto Guevara en la Universidad de Buenos Aires y, muy particularmente, sobre las materias cursadas en prodigiosos tres últimos meses de su carrera.
Sólo se sabe que este hombre –que habiendo terminado su segundo año de Medicina ha permanecido durante ocho meses continuos fuera de Argentina, totalmente aislado, separado de la universidad; que en su recorrido por seis países no llevó con él un simple libro de texto y que, por su ausencia, no pudo haber asistido a un solo día de clases en la Facultad de Medicina- aprueba, 45 días después, el examen de Clínica Pediátrhca, y, a los pocos días, ya en noviembre, el gran ausente aprueba tres materias que requerían la concurrencia a clase por 30 horas cada una (Resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas, del 29 de marzo de 1950).
Eso es poco. En diciembre, en menos de 22 días lectivos, aprueba once materias. Quince, -casi la mitad de los cursos necesarios para adquirir el doctorado- examinados y aprobados en apenas tres meses, sin haber asistido a clases ni a prácticas en todo el año con la probable excepción de las últimas semanas.
Muchas dudas surgen al analizar las materias aparentemente cursadas, de octubre a diciembre, en su último año universitario.
Para aclarar estas interrogantes nos dirigimos años atrás al Rectorado de la Universidad de Buenos Aires y, posteriormente, a la Secretaría de Asuntos Académicos de aquella universidad, solicitándoles me informaran sobre los requisitos exigidos por esa universidad en los años 1952 y 1953 para graduarse de médico.
Luego de distintas comunicaciones recibí de esta última funcionaria la Resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina sobre el ordenamiento de asignaturas y régimen de exámenes exigidos por esa universidad para graduarse de médico en los años 1952 y 53.
Al cotejar las exigencias de ese plan de estudios con las fechas en que Ernesto Guevara de la Serna aparecía aprobando distintas materias resultaba evidente que no habría podido recibir su título de médico.
Hubiese sido en flagrante violación de las regulaciones de la propia Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires que se le hubiese conferido tal título ya que de acuerdo a la Resolución arriba mencionada ese otorgamiento estaría en total incumplimiento de lo dispuesto por varios de sus artículos.
Veamos, tan sólo, uno de esos:
Artículo 13.- “Después de haber aprobado el examen de Clínica Médica, los alumnos completarán sus conocimientos prácticos durante un año, para lo cual concurrirán, obligatoriamente, durante tres meses a un servicio de Clínica Médica, tres meses a Clínica Quirúrgica, tres meses a Cirugía de Urgencia y Traumatología y tres meses a Clínica Obstétrica, con un mínimo de 24 horas semanales”.
Es decir, que después de Clínica Médica, supuestamente aprobada por Guevara en diciembre de 1952, tenía él que concurrir, obligatoriamente, durante doce meses a un servicio en cada una de las cuatro materias aquí señaladas. Pero es sólo seis meses después de su último examen que Guevara parte, en julio de 1953, de su país natal sin jamás regresar.
Ante esta contradicción me dirigí nuevamente a la Secretaría de Asuntos Académicos y a la Dirección General de Títulos y Planes de la Universidad de Buenos Aires señalándoles estas inconsistencias y se me informó que el plan de estudios que regía para los estudiantes que cursaban estudios en la Universidad de Buenos Aires en 1952 y 53 no se aplicaba a Ernesto Guevara porque éste se había matriculado en la Facultad de Medicina en el año 1948 cuando regía otro plan de estudios.
Al recibir esta nueva información solicitamos de la Secretaría de Asuntos Académicos y de la Directora de Alumnos el envío de este plan de estudios vigente cuando Ernesto Guevara ingresó en la Escuela de Medicina. Lo recibimos.
El plan de estudios vigente en 1948, cuando Guevara ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, requería asistencia a clases, la previa aprobación de determinadas materias y haber completado trabajos prácticos de otras asignaturas para pasar al siguiente año y, luego, para recibir el título.
Las horas de las clases a las que debía asistir en los 66 días lectivos de octubre, noviembre y diciembre para cubrir las materias que, supuestamente, ha examinado en ese período de tiempo, que están detalladas en mi libro “Guevara: Mito y Realidad”, ascendería a 1658 horas lectivas.
Ernesto Guevara dela Serna tendría que haber asistido 25 horas diarias!!! en cada uno de los 66 días lectivos de octubre, noviembre y diciembre de 1952 para haber cumplido con los requisitos académicos del plan de estudios de 1937 vigente en 1948 cuando se matriculó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Ante estas nuevas contradicciones solicité copia del expediente académico de Ernesto Guevara.
¿Cumplió Guevara con todos los requisitos académicos para obtener su título?. Por el momento, no se sabrá. ¿Por qué?.
Se me comunicó que la Facultad de Medicina no podía ofrecerme copia porque el expediente académico de Ernesto Guevara de la Serna había sido robado.
 
Luce comprensible que el expediente académico de este prodigioso estudiante haya desaparecido.
 
El "Che" Guevara en Medicina.
Date: Fri, 5 Jun 2015 08:42:26 -0300

Vean como pasó su tiempo, durante el que se suponía que estudiaba, Ernesto Guevara Linch de la Serna, (a) el Che.
Año 1950
realizó su primer viaje solo durante varios meses en una bicicleta con motor "cuchiolo": Córdoba, Santiago del Estero, Tucuman, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y vuelve por San Juan, San Luis. Recorrió 4.500 km.
Año 1951
Fue contratado como paramedico de a bordo en la flota de YPF, lo que le permitió recorrer la costa atlántica sudamericana desde Comodoro Rivadavia hasta Trinidad y Tobago, pasando por varios puertos de Brasil en distintas oportunidades.
Año 1952
Realizó su primer viaje Latinoamericano junto a su amigo Alberto Granados, salió de San Francisco Córdoba en la moto de este. El viaje duró 9 meses, despues de pasar a Chile donde debieron abandonar la moto por graves desperfectos, siguieron viaje hacia el norte, a Bolivia, y luego a Perú. En Lima tomaron contacto con el médico Hugo Pesce, conocido especialista en lepra y dirigente del partido comunista peruano, que influyó en las decisiones de vida que adoptaría Guevara.
Luego pasaron a Colombia y de allí volaron en hidroavión a Bogotá, donde fueron arrestados pero prontamente liberados. Luego viajaron a Caracas donde Granados obtuvo un empleo en un leprosario. Guevara debió continuar hasta Miami para volver en un avión de cargas de un familiar que hacia escala allí.
Año 1953
Guevara inicia su segundo viaje por América con su amigo Calica Ferrer, su objetivo era ir a Caracas donde los esperaba Granados.
Viajaron en tren a Bolivia y permanecieron allí varias semanas en pleno proceso de la revolución por el (MNR) Movimiento Nacional Revolucionario. Luego se dirigen a Lima donde Guevara volvió a visitar a Pesce, de Lima viajaron a Guayaquil, Ecuador, de allí Guevara decidió ir a Guatemala para ver la revolución que lideraba Arbenz. Calica se separó dirigiendose a Caracas donde lo esperaba Granados y se quedó allí por 10 años.
El interes del Che por visitar Guatemala estaba dado por que en esa nación se había establecido un gobierno de tipo socialista en la revolución de 1944 con Juan J Arevalo a quien susedió Arbenz. Allí el Che conocería a Hilda Gadea, exiliada peruana. dirigente de APRA (Organización revolucionaria comunista), que luego se transformaría en su esposa.
Con la caída de Abenz por un golpe de estado y la toma del poder por militares, los revolucionarios fueron perseguidos. Hilda Gadea, colaboradora del gobierno de Arbenz, fue detenida y Ernesto Guevara se refugió en la embajada Argentina entre los refugiados comunistas.
A fines de Agosto de 1954 llegó el salvoconducto para él, yendo a buscar a HIlda que había recuperado la libertad poco antes, pero la relación estaba terminada. Se reencontrarían en Mejico.
Resulta un misterio como hizo Guevara para hacer tantos viajes prácticamente todos los años, leer libros sobre temas filosóficos y escribir sobre ellos, practicar deportes y publicar sobre los mismos, trabajar etc, y poder hacer su carrera de medicina, no habiéndose destacado nunca durante su carrera en la secundaría como alumno sobresaliente.
Tambien es sumamente llamativo que, cuando triunfara la revolución se desempeñara en distintos cargos que nada tenían que ver con su supuesta profesión de médico. Y muchos opinaban que si lo hacía en esa disciplina, los médicos se darían cuenta que él no lo era.
Nota: partes del texto tomadas de mi libro "los grandes errores de la política exterior norteamericana"
 

viernes, 12 de junio de 2015

Desplazando la culpa: de la madre al cerebro…

Elogio de la palabra…
Desplazando la culpa: de la madre al cerebro…
Rafael Muci-Mendoza


Arribo muy temprano al Palacio de las Academias, antiguo convento franciscano en el mero centro de Caracas y sede de las Academias Nacionales y entre ellas, la de Medicina, un oasis de paz en medio de la estridencia, la vocinglería y la contaminación. Me recibe en el Patio Vargas la estatua homónima del prohombre allí erigida desde 1883 por el presidente Guzmán Blanco por porfía de don Agustín Aveledo: con la frente erguida quizá reafirmando su concepto de rectitud, ley y justicia, reflejo de la que fuera su vida: el semblante austero, la mano derecha como buscando el corazón grande, asiendo en su mano izquierda una placa donde se lee Esculapio y recostado sobre un pilote con las inscripciones Hipócrates y Galeno, y además, un rosal con una única rosa altiva, tersa y hermosa. Mientras los rayos del sol se reflejan desde el oriente en las gotitas de rocío que cubren sus pétalos, me quedo mirándola embelesado hasta que mi éxtasis es interrumpido por el jardinero, Grinolfo Chiquito, un costeño colombiano injertado en esos patios solariegos a quien llaman ¨avión¨ -¨porque llego muy temprano, me rinde el tiempo y sin prisas desempeño mi trabajo con amor, rectitud y responsabilidad¨-. Con el entrecejo fruncido y los ojos de singular brillo me previene entusiasmado como si es que no fuera producto de sus mimos. -¨¿Muy linda, verdad doctor?¨ - dice -, pero de inmediato suelta la perla, ¨¡no debe acercarse a ella una mujer con la regla, se pudrirían la rosa y el rosal…! Es el pensamiento mágico -me digo-, presente nada menos que en una emulación del Jardín de Academo…, aquella escuela filosófica fundada por Platón alrededor del 388 a.C. en los jardines de Academos, olivar sagrado en las afueras de Atenas dedicado a Atenea, la diosa de la sabiduría, y en cuyo frontispicio se leía, «Aquí no entra nadie que no sepa geometría», -¡pobre de mí que aún cuento con los dedos…!-. Cobijados desde tempranos tiempos de la civilización por el pensamiento mágico, tantas veces pensamos y razonamos para generar ideas carentes de fundamentación lógica; mediante él atribuimos un efecto a un hecho sin que realmente exista una relación de causa-efecto comprobable, como es el caso de la rosa, el menstruo y su orgulloso jardinero. Viandantes y académicos estamos, sin excepción, imbuidos de supersticiones enlazadas con la bruma de los tiempos y a nuestras más tiernas experiencias infantiles y para las cuales nunca ha existido una vacuna salvadora y ojalá que nunca exista…
Mientras refiero esta anécdota viene otra a mi memoria: Por allá en 1960, cursaba mi último año de la carrera médica en el Hospital Vargas de Caracas y la consulta externa del Servicio de Medicina Interna se ubicaba a la izquierda, no más al trasponer la marquesina del Hospital. Dos días por semana atendíamos los pacientes de primera consulta y los de controles sucesivos. A los estudiantes, a los más deslucidos, se nos confiaban los primeros; ignoro el porqué, ¿no debían ser de los profesores para que observándolos aprendiéramos directamente de su arte? Cuatro escritorios se enfrentaban con sus correspondientes sillas. Era allí donde comenzábamos a interrelacionarnos con el hombre enfermo y sus amenazantes penas. Me agradaba escuchar sus relatos, apreciar su cortesía como quitarse el sombrero de cogollo ante nuestra presencia, apretar sus manos encallecidas por el trabajo bruto, conocer de qué distante sitio del país provenían y el lenguaje a veces inextricable que empleaban, que arrastraba palabras del español del Siglo de Oro y otras producto de la deformación del tiempo y la ignorancia; por ejemplo, ansina, en lugar de así, mesmo por mismo, endilgar por encaminar, vide por vi, agora por ahora, esguazar por desguazar, aguaitar en vez mirar, opado por tener los párpados hinchados... Y todo aquel conocimiento me lo daban sin regateos y de balde. Era pues necesario conocerlo para así hacer contacto efectivo con sus necesidades, disecar el contenido de sus quejas y traducirlo en términos de enfermedad… Para entonces, poco conocíamos del ¨pathos¨ o sufrimiento humano normal de una persona; ese sufrimiento existencial único del ser persona habitante de este mundo y contrario al otro, el sufrimiento patológico o mórbido en todo su significado, tema desconocido que el Maestro Otto Lima Gómez nos habría de insuflar con sus prédicas y con su praxis. Yo en lo particular, era objeto de urgentes e inclementes críticas, ¨¡Debes hacerlo con prontitud!, ¨¡Muci, tu si eres roñero, te tardas mucho con cada paciente…!¨ Una y otra vez me juraba que una vez que tuviera mi propia consulta, me tomaría todo el tiempo que me viniese en gana –así de retrechero me afirmaba para mis adentros- y así fue y así ha sido siempre. Tragedias muy orgánicas pero también muy emocionales, comedias y tragicomedias se embrazan en mi consulta. Trato de comprender el significado de la queja «orgánica» y hurgo dentro de las vidas hasta donde el recato me lo permita, pues tantas veces, tras el ruido de la hojarasca de sus lamentos, suele hallarse la verdad negada, el temor oculto, el miedo de sufrir y de morir…: la verdad más verdadera. Desde entonces se me había revelado que desde la Antigua Grecia la palabra era un recurso terapéutico principalísimo que la prisa y el tráfago propio de nuestros convulsionados días nos impiden y nos niegan…
Cuando se ha ejercido la medicina por más de media centuria ya no podemos saber los orígenes de nuestras maneras de pensar, suerte de mixtura de convivencia con nuestros padres y hermanos, nuestros maestros, conversaciones con nuestros pacientes, lecturas, conferencias asistidas, libros leídos, conversaciones con colegas, estudiantes, hasta sesiones personales de psicoanálisis, que influencian, van modelando nuestras ideas y nuestro comportamiento como esa deseable pátina que cubre las cosas nobles. En mis primeros pinitos por la medicina interna, a raíz de una crisis de pánico, una crisis existencial, inicié un psicoanálisis ortodoxo, técnica de conocimiento interior que era entonces muy criticada y vilipendiada por los psiquiatras de mi hospital, ¡pamplinas -exclamaban-, eso no sirve más!, tal vez porque para ellos y para mí no era fácil de descubrir como no fuera con mucho dolor y pena, las propias miserias; así que mantenía muy en privado lo que hacía. En aquellos tiempos y por mi comprensible inmadurez de aun adolescente y médico recién graduado, mantenía entonces mi psicoanálisis en secreto porque no quería que nadie se enterara de que poseía una suerte de ¨mente contrahecha y repugnante¨, casi que un estigma, y sólo un amigo muy cercano, bioquímico para más señas, que conocía mi oculta verdad, me aseguraba de la necedad de continuar mi psicoanálisis donde cada tarde sólo un dolor mental terebrante y continuado salía a flote y mis moderados recursos económicos se esfumaban, siendo que con una simple pastilla producto del ingenio humano, de un conjunto de ¨moléculas de la mente¨, tal como si fuera un hipertenso o un diabético, acabaría con todas mis penurias…
Comenzaban a aparecer los llamados psicofármacos que proclamaban curación de todos los males del alma y se decía que la nueva psicofarmacología había cambiado el paradigma de ¨culpar a la madre¨, pues desde tiempos de Freud se aceptaba que los desórdenes mentales se enraizaban en experiencias traumáticas en el seno de la familia y particularmente en la relación con la madre; pero era innegable que el péndulo de las creencias se había movido peligrosamente en el sentido opuesto para negar de plano y del todo el delito del amor incestuoso por la madre y pasar ahora a ¨culpar al cerebro¨ -concepto más frío, ¨más científico¨, menos conflictivo y mucho más aceptable-, en cuyas intrincadas redes y al favor de un desbalance químico de neurotransmisores se generaba todo sesgo mental; así, la esquizofrenia se producía simplemente por exceso del neurotransmisor dopamina –eso podíamos aceptarlo-,  y la depresión, a deficiencia del neurotransmisor serotonina –eso también podíamos aceptarlo-; la ansiedad y otras disfunciones mentales serían así atribuidas al arrochelamiento de otros neurotransmisores. Pero la química cerebral no solo tendría que ver con lo anormal sino también con la explicación de las variaciones normales de toda personalidad o del comportamiento; normalidad observada desde entonces con sospecha y muchas veces vistas con tufo a borderline que traía aparejada la creciente marea de  la medicalización de la vida cotidiana. ¿Quería decir esto que yo había perdido mi tiempo recostado en el sillón del psicoanalista por tantos años…? ¿Quería ello decir que mi biografía no tenía nada que ver con aquellos síntomas tan extraños, terroríficos y recurrentes que me asaltaban cuando menos lo pensaba o con aquellas otras oportunidades en que me sentía deprimido, agitado o nervioso…? Mi hogar, mis padres, mis numerosos hermanos, el ambiente donde crecí, mi carácter acomplejado, retraído y tan tímido, mis experiencias más tempranas, mis magros éxitos y numerosísimos fracasos, ¿es que nada tuvieron que ver…? Pero, ocurría que ahora más interesaba la condición patológica que la persona: ¨el todo orgánico¨, el milieu neuronal y su árbol dendrítico y sus distorsiones, sencillamente producto de un desbalance de neurotransmisores y por tanto el santo grial a buscar con ímpetu implicaría olvidar el contacto humano, la palabra como recurso terapéutico y  emprender la investigación de ¨misiles inteligentes¨, de ¨balas mágicas¨, de mensajeros químicos tan despabilados que por arte de magia arreglarían el entuerto con una sola receta; pero, ¿y qué tal que la medicación sólo produjera ¨cambios cosméticos¨, modificaciones artificiales en la fachada de la personalidad, tan solo lechadas de cal sobre una percudida tapia de barro y por ello deberíamos consumir drogas a perpetuidad so pena de perder ese barniz de oropel que oculta traumas y conflictos no resueltos…?
La era moderna nos ha traído las drogas psicoterapéuticas agrupadas como antipsicóticos –antiesquizofrénicos-, neurolépticos, ansiolíticos (sedantes o tranquilizantes menores) y estabilizadores del humor como el litio, primariamente empleado para reconciliar el vaivén entre la manía y la depresión, esos enfermos indignamente llamados «bipolares». Pero por ahí vino también el Largactil® o clorpromazina con sus maravillosos efectos de aquietar olas encrespadas y los rayos y centellas enviados por Zeus, pero al mismo tiempo y en ocasiones nos dejaba a Némesis, diosa de la venganza, la fortuna y la justicia  portadora del castigo: el parkinsonismo y otros trastornos extrapiramidales del movimiento como efectos secundarios indeseables. Dígame usted la experiencia, golpeante y terrible de presenciar una discinesia tardía, punición inducida por neurolépticos, un trastorno motor asociado a tratamientos prolongados o a dosis altas de estos novísimos antagonistas dopaminérgicos, ¨simple¨ efecto colateral de la droga con sus grotescos movimientos de la boca, y parecido a un tic recurrente, la protrusión involuntaria y extrema de la lengua … Pero a ello pronto los médicos nos acostumbramos para no lidiar con los dolores del paciente, que si a ver vamos, retrata, calca, imita los nuestros y eso, sí que no lo podemos tolerar…  Las compañías farmacéuticas han tenido una enorme influencia en la promoción de estos mensajes ¨milagrosos¨ tanto a médicos como a potenciales consumidores de sus drogas... Prozac® ¨la píldora de la felicidad¨: ahora eche un pie y no se preocupe, que el mundo sigue andando…
Jamás en la historia se había hablado tanto de ningún otro libro de medicina como de la última versión del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-5), la denominada ¨Biblia de la Psiquiatría¨, que inició su lanzamiento inmerso en un momento en que la comunidad científica, los profesionales y el gran público general mostraban su preocupación ante los cambios en el quehacer de la psiquiatría. A este respecto no debe ser pasado por alto que el precio del manual asciende a $199, cifra muy superior a la de su versión anterior, constituyendo la principal fuente de ingresos de la Asociación Americana de Psiquiatría.
El debate, erróneamente reducido y explicado -en algunos medios de comunicación- como un enfrentamiento entre profesionales de la psiquiatría y la psicología, nace del mismo gremio de la psiquiatría. De hecho, uno de los más acérrimos opositores al DSM-5 es Allen Frances, psiquiatra y presidente del grupo de trabajo del DSM-IV (la versión anterior), quien desde hace varios años lleva manifestando su recelo hacia la ampliación de diagnósticos que recoge el DSM-5. En un artículo del Psychiatric Times, del 26 de junio de 2009, Frances ya escribía: "el DSM-5 será una bonanza para la industria farmacéutica, pero a costa de un enorme sufrimiento para los nuevos pacientes falsos positivos que queden atrapados en la excesiva amplia red del DSM-5".
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Tan sólo unas semanas antes de la presentación oficial del DSM-5, Insel emitió un comunicado en el que lo criticaba, y anunciaba que el NIMH se desligaba de este sistema de clasificación, alentando públicamente a los científicos a no utilizarlo y anunciando su pretensión de desarrollar un nuevo sistema de diagnóstico basado en biomarcadores y no en juicios clínicos (denominado Research Domain Criteria). En sus declaraciones, Insel desprestigiaba el manual de la Asociación Americana de Psiquiatría al afirmar que el DSM “no se puede considerar una biblia, sino tan sólo un diccionario”. Unos días después, el 6 de mayo, el presidente del Grupo de Trabajo del DSM-5 de la Asociación de Americana de Psiquiatría, David Kupfer, respondiendo a dichas afirmaciones, expresaba sus recelos hacia el modelo biologicista que defiende el director del NIMH, teniendo en cuenta la falta de evidencias tras más de 30 años de investigación: “hemos estado diciendo a los pacientes durante varias décadas que estamos a la espera de encontrar unos biomarcadores. Todavía seguimos esperando. Finalmente, en un intento de volver las aguas a su cauce, el NIMH publicó una declaración conjunta con la Asociación Americana de Psiquiatría, aclarando que ambas instituciones comparten su compromiso de mejorar el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos mentales: “Los pacientes, las familias y las aseguradoras pueden estar seguros de que existen tratamientos eficaces disponibles y que el DSM es el recurso clave para ofrecer la mejor atención disponible”, reza dicha declaración.
No obstante, la polémica -lejos de disolverse- ha disparado un aluvión de críticas y debates en todo el mundo, y prueba de ello es que los grandes medios de comunicación internacionales, como The New York Times, The Guardian, The Economist, Daily News o Scientific American, se han hecho eco de las distintas opiniones vertidas por los expertos hacia este manual. En tan sólo un mes, salieron a la venta dos libros, “Saving Normal” (de F. Allen) y “The Book of Woe” (de Gary Greenberg), se han publicado cientos de artículos y se han lanzado importantes campañas de recogida de firmas a escala mundial, advirtiendo de los peligros que entraña el uso del DSM-5 y solicitando la abolición de los sistemas de clasificación diagnóstica. Una visita por Youtube https://www.youtube.com/watch?v=JCuNVVU_yH4, puede introducirle en la polémica y serle de gran utilidad.
El debate está dividiendo al gremio de la psiquiatría y aunque el punto candente se sitúa en EE.UU., se está extendiendo con rapidez en Europa, -sobre todo, en el Reino Unido- e incluso está calando de lleno en el mundo árabe. De esta manera, la cadena de TV Al Jazeera emitió una entrevista con Robert Whitaker, periodista de investigación experto en el área de la medicina y la ciencia, y autor del libro Anatomy of an Epidemic (Anatomía de una epidemia) y Allen Frances. En dicha entrevista, Allen Frances apuntó que los diagnósticos “siempre se expanden, nunca se reducen” y se abordaron aspectos tan trascendentes como los perjuicios que genera la expansión de las categorías diagnósticas y su asociación con el aumento de la medicalización de la población.
El debate mundial que ha abierto el cuestionamiento del DSM-5 supone un replanteamiento de los cimientos en los que se sustenta la psiquiatría, por lo que está siendo considerado como una revolución histórica en salud mental. Sin embargo, llama la atención que en nuestro país este tema aún no haya tenido repercusión médica alguna especialmente en el ámbito de la psiquiatría y la psicología, a y la exposición mediática que se merece.


colofón Colofón
Las teorías químicas de los desórdenes mentales son particularmente seductoras y sugieren que existiendo una simple explicación para un problema tenido como complejo y a menudo recalcitrante al tratamiento, también existiría una solución cabalística, algo parecido al pensamiento mágico de mi buen jardinero Grinolfo. Vivimos en tiempos de poca tolerancia a la ambigüedad y a la incertidumbre, y por tanto, queremos sin devaneos ir directo a la solución, y allí, nos espera un gordo calvo y bonachón con chaleco, leontina y un tabaco a la diestra: es la industria farmacéutica que vende al contado y que en connivencia con psicólogos y psiquiatras complace nuestros deseos y nos suple la panacea al cambio de unos cuantos ochavos o maravedíes. En las últimas décadas se han escrito libros que no solo exageran la capacidad de las drogas terapéuticas para curar los desórdenes mentales sino que proclaman que las mismas pueden producir cambios o modificaciones de la ¨personalidad¨ solo ajustando algún tornillo bioquímico, según el caso, media vuelta a la derecha o a la izquierda, tal como en un artilugio de relojería o en una simple bomba aspirante-impelente, lo que liberaría un conjunto de finos y benéficos neurotransmisores que por desgracia sólo realizarán ¨ajustes cosméticos¨ mientras la procesión sigue por dentro y los deudos expulsan mocos incontenibles. Teoría no más válida que aquellas teorías hipocráticas que resolvían el problema ajustando el balance de los cuatro humores básicos: sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla. Pero es más, esas nuevas teorías son a juro aceptadas como verdaderas y los libros y la propaganda millonaria de la industria que mueve los cordajes del guiñol, han determinado que la personalidad y la salud mental están determinadas ¨completamente¨ por esos niveles de neurotransmisores enloquecidos que pueden ser ¨metidos en el corral¨ por arte de novísimas píldoras… Así, su efectividad es consistentemente exagerada presentándose anécdotas de ¨curaciones milagrosas¨ y sus efectos colaterales o nocivos son simplemente minimizados. Robert Whitaker el periodista estadounidense y escritor ya mencionado, que escribe principalmente sobre la medicina, la ciencia y la historia, establece que tanto los antidepresivos como la mayoría de los fármacos psicoactivos no son sólo ineficaces, sino perjudiciales; además, advierte de los peligros que adquiere la escalada de consumo de psicofármacos en la que se ve inmersa la mayor parte de los pacientes; una espiral de consumo de la que es extremadamente difícil volver a salir y trae a colación las declaraciones de Steve Hyman, exdirector del National Institute of Mental Health (NIMH) de EE.UU. y hasta hace poco rector de la Universidad de Harvard, quien reconoció que el consumo de fármacos psicoactivos prolongado en el tiempo, produce "alteraciones sustanciales y de larga duración en la función neuronal". Pero además, para Whitaker el problema no termina aquí, ya que una vez que el paciente comienza a presentar efectos secundarios derivados del consumo de psicofármacos, a menudo acude al médico en busca de un tratamiento para aliviar estos nuevos síntomas, de tal manera que la mayoría de los pacientes acaban consumiendo un coctel de psicofármacos para un coctel de diagnósticos. Este consumo abusivo de psicofármacos da lugar a una atrofia cerebral, tal y como ha quedado de manifiesto en los estudios realizados por Nancy Andreasen, una prestigiosa neurocientífica y psiquiatra que ha sido galardonada por su línea de investigación en el análisis del funcionamiento neuronal de personas con trastornos mentales a través de técnicas de neuroimagen. Según uno de los hallazgos del equipo de Andreasen, el consumo de psicofármacos está asociado atrofia o "encogimiento" del cerebro y este efecto está directamente relacionado con la dosis y la duración del tratamiento farmacológico. En declaraciones al New York Times, Andreasen señaló que "el consumo de psicofármacos impide que la corteza prefrontal reciba la entrada de lo que necesita y empieza a experimentar apagones. Lo que se traduce en síntomas psicóticos. Esto también hace que la corteza prefrontal se atrofie lentamente". Pienso que tenemos que dejar de creer que los psicofármacos son el mejor y único tratamiento para la enfermedad mental y el sufrimiento psicológico. Tanto la psicoterapia como el ejercicio físico han demostrado ser tan eficaces para la depresión como los psicofármacos y sus efectos son más duraderos; sin embargo, por desgracia, no existe una industria para impulsar estas alternativas; todo lo contrario, aquello que proféticamente denunciaba Iván Ilich en su libro «Némesis Médica» (1975) sobre la ¨medicalización de la vida¨ es un monstruo de mil cabezas que apenas muestra sus numerosas fauces que expelen fuegos de iatrogénesis o transmisión contagiosa de enfermedades por la profesión médica (del griego iatrós, médico).

Ivan Ilich. ¨Némesis médica, expropiación de la salud¨ Barral, 1975
La historia de la medicina está llena de ejemplos de cuán sencillo puede sobrevenir la confusión y el extravío cuando generalizaciones se realizan sobre bases de informes anecdóticos o de teorías forjadas, y aún, cuando entran en conflicto con intereses espurios como los puramente económicos. Por ello, sigue siendo de gran importancia evaluar fríamente las evidencias y argumentos –retirando la mano peluda de la industria, por supuesto- que soportan las teorías químicas hoy día prevalentes en los ¨desórdenes¨ o las ¨condiciones¨ mentales supuestamente causados por errores solucionables con drogas terapéuticas. Porque la evidencia señala, aun cuando la teoría pueda ser inexacta o errónea, que las grandes compañías farmacéuticas y de seguros ejercerán presión para que confiemos más y más en las drogas y menos y menos en el contacto humano, en la interacción sanadora con el paciente y sus angustias y temores, presente en nuestro armamentario terapéutico desde la Antigua Grecia hasta que un negocio de ¡ochenta mil millones de dólares al año!, siga forjando ¨condiciones mentales¨ donde siendo todos enfermos, quepamos todos los seres humanos... Las compañías evitarán pagar por una adecuada psicoterapia, pero de mil amores compensarán a los médicos con aquello sólo absolutamente necesario para indicar tratamientos farmacológicos mediante una revisión mensual que no se prolongue más allá de los 10 o 15 minutos para ejecutar el ¨ajuste¨ de las dosis y ya... Total, todo queda en casa y el pobre paciente, tan confiado él, quedará en manos de la ¨ciencia¨, sus exageraciones, sus dislates, su perversidad, su frialdad afectiva y su desmesurado interés por el vil metal…
Entonces, entre la negada culpa de la madre y el mito de la esperanza de la bioquímica y sus neurotransmisores villanos y salvadores a la misma vez, ¿dónde se ubica el paciente…? Bien, estoy satisfecho, creo que no perdí mi tiempo…

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