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viernes, 15 de agosto de 2014

Los calorones de agosto...

Teódulo López Meléndez

Se puede aparecer en pantalla convirtiendo una precaución en una obra de envergadura para los barrios. Otra cosa no sucedió en la pasada cadena de radio y televisión del jueves efectuada por Maduro. Bajo la apariencia de retomar el proyecto Barrio Tricolor, nombrado por enésima vez, se ocultó la creación, o el intento de creación, de una barrera protectora contra eventual “pérdida de paciencia” de los sectores populares.

Lo que se mostró, -con maquinaria, factores ideológicos, premisas de desarrollo- no fue más que un plan de seguridad disfrazado de proyecto de cirugía urbana. El acompañamiento de un trato, que no sabríamos como calificar, al aumento anunciado de la gasolina, hace más evidente lo señalado. Ahora no es necesario ese aumento, es un simple correctivo que deberá tomarse, pero puede ser en dos o en diez años.

Por si fuera poco, Maduro elogió al general encargado del proyecto por lo que llamó esfuerzo sobrehumano de recorrer lo que llaman callejones en tiempo récord, como si esa misión no hubiese sido anunciada hace meses y de repente había que recurrir a esfuerzo extra, a prisa inaudita, a carrera contra el tiempo.

Estos elementos por tratar de convertir una medida de seguridad en una acción gubernamental de aparente asistencia a los sectores de las barriadas populares pasó a ser un aquelarre. A todo el que siguió la cadena con ojos atentos, quiere decir casi nadie, le quedó patente un tablero con todas las alarmas encendidas. El gobierno está más que nervioso por el eventual comportamiento de los pobres que dice defender y encarnar.

Recordemos que el inefable presidente había anunciado previamente la adquisición de nuevos equipos represivos para “combatir terroristas” y que en las redes sociales había corrido la versión –cuya veracidad desconocemos- de muy especiales convocatorias a la Guardia Nacional para mirar a los nuevos y eventuales escenarios.

Conjuntamente el superpoderoso Rafael Ramírez había anunciado que nuestra empresa en Estados Unidos, CITGO, estaba a la venta a quien realizase la oferta conveniente, en un paso acariciado años atrás por razones ideologizantes, y ahora reforzado por falta de efectivo y por compromiso con China de elevar nuestra cuota de suministro petrolero. Es obvio que ello equivaldría al abandono del mercado norteamericano, en una acción de alto riesgo.

Es tal la complejidad del mundo en estos momentos, y sobre todo en los que están por venir, que cualquier acontecimiento en Venezuela no entraría en la primera página de quienes andarían muy ocupados con sus propios dilemas. Tenemos a un gobierno nervioso y una economía colapsada. La preocupación del gobierno es notoria como patética, pero nadie, aparte de los íntimos del régimen, parece, fuera de él quiero decir, estar haciendo un seguimiento a los temblores, ocupados como andan en las maniobras secundarias para mantenerse vigentes y frente a un país que, como hemos dicho hasta el cansancio, se ocupa de las minucias sin percibir las alarmas de tsunami.
La cadena fue realizada sin ninguna explicación de las razones por las que se suspendía el viaje de Maduro a la toma de posesión de Santos y exactamente a la misma hora, como para reforzar la tesis de una tranquilidad conventual. El que quedó muy mal fue el sempiterno Uribe que había alegado tal presencia como excusa para producir el hecho histórico de que por vez primera en la historia de Colombia una oposición no asistía a una toma de posesión presidencial. Pero fuera de los actos en Bogotá hay que explicar que la reunión sostenida días atrás en Cartagena de Indias no era justificativo para la inasistencia, dado que estos actos sirven para ver a docenas de mandatarios extranjeros y representantes de alto nivel de los organismos internacionales.
Este ha sido un agosto, y sigue siendo, uno muy particular, uno en el cual el régimen asegura no haber visto nunca antes tantos alegres viajeros, cuando IATA advierte Venezuela se acerca al aislamiento aéreo y la gente hace las más espectaculares conexiones para tratar de ver a sus familiares emigrados, número in crescendo como es fácil advertir. Agosto tiene calorones.



sábado, 23 de marzo de 2013

Mediocritas

Teódulo López Meléndez
El equilibrio ha sido un punto buscado en muchos períodos y por muchos pensadores. No ha faltado quien hable de alejar la afectación por las alegrías y las penas o de conformarse con lo que se tiene, esto es, alejarse de las emociones desproporcionadas. Es lo que se ha denominado el Aurea Mediocritas y que tuvo un punto culminante en los poemas de Horacio.
No es ese el concepto que manejamos en política. En este campo lo entendemos como juicio peyorativo. Mediocre es el que se mantiene en el terreno fácil de lo obligatorio. Mediocre es aquel incapaz de alzar la mirada mientras mantiene la nariz sobre la tierra.
Ya en otro texto habíamos pergeñado algún texto sobre la mediocridad política de América Latina. La definición de José Ingenieros en El hombre mediocre es particularmente grave en el terreno de lo social-político porque el espectáculo de un cuerpo social mediocre produciendo dirigentes mediocres habla de rebaños ajustados a las domesticidades.
La cultura política de las clases medias es indispensable al mantenimiento de una estabilidad democrática. Cuando dan muestras repetidas de incoherencia y desean fervientemente sus dirigentes las ratifiquen en los caminos cómodos se hacen profundamente instrumentos conservadores de lo que dicen pretender cambiar.
Los dirigentes populistas y el cuerpo social que los produce se retroalimentan en la limitación intelectual y el poder pasa a ser un objetivo per se. Los dirigentes mediocres y el cuerpo social que los alimenta, los elije y los sigue, se convierten en un pantano donde, lenta pero inexorablemente, se va hundiendo el concepto mismo de república.
Los dirigentes mediocres suelen asumir un lenguaje agresivo, insultante y lleno de consignas fatuas, uno que diversas franjas del cuerpo social asumen si no es el cuerpo social todo atribuyendo los improperios a quien los emite en una especie de toma y daca que asegura que el autor original de la agresión es el verdadero receptor que la merece.
La mediocridad política asfixia, cubre de calina cualquier posibilidad de un relámpago o de un simple hilillo de luz. La mediocridad política no puede generar convicciones elevadas ni propósitos situados por encima del ras. La mediocridad política acogota, reduce las ofertas a improperios que van desde calificativos de ignorancia al adversario –merecidos también por el emisor- , hasta comentarios morbosos sobre preferencias sexuales.
La mediocridad política es producto de un cuerpo social mediocre que lo es por un evidente fracaso de las instituciones educativas, combinada con un mensaje massmediático detestable y con una aceptación de la res publica a la cual, por largo tiempo, se miró sin prestarle la menor atención. Los cuadros dirigentes mediocres existen porque las universidades fracasaron y fueron ineptas para producir cuadros dirigentes inteligentes.
La mediocridad conduce a un debate político insustancial, secundario, incapaz de producir alguna modificación. La mediocridad hunde más en la mediocridad. La medianidad viene celebrada. Si quien se supone encarna los intereses de un sector habla más duro, grita más y lanza dardos envenenados es elevado a la consideración de héroe por actividad tan menesterosa, ya nadie puede dudar sobre las nefastas consecuencias que esa nación sufrirá.
El marketing, los asesores de estrategias, los cuadros de los partidos políticos que dominan sus organizaciones quitándoles toda labor de mediación y de instrumento del cuerpo social, las otroras instituciones intermedias repitiendo sandeces, los candidatos que no pueden hilvanar una frase completa reflejando su incapacidad de pensamiento, todos ellos, más el agregado de la tecnología actual, conforman el cuadro lamentable de la mediocridad.
Las campañas electorales no quieren ciudadanos, quieren electores bozaleados. Cuando una democracia pasa a ser no más que una votación no existe ciudadanía y sin ciudadanía no existe democracia.
Miro la campaña electoral venezolana de 2013 y no puedo hacer otra cosa que reflexionar sobre la mediocridad, en palabra muy lejana del concepto griego aristotélico o del poético latino. Mediocridad como sinónimo de asfixia.
@teodulolopezm                           

jueves, 28 de febrero de 2013

La campaña electoral de los fantasmas

Teódulo López Meléndez
El improperio contra el “paquetazo neoliberal” suena estridente en el discurso transmitido por los medio oficiales. Se ataca a alguien, no se sabe muy bien a quién, pero se ataca no se sabe a que “paquetazo”. Las “cuñas” de televisión muestran al presidente y sus bondades, como si el presidente se estuviese reeligiendo. Se entremezclan las publicidades y uno no sabe, ignorante como es, de qué campaña se trata y menos de que candidato.
Se anuncia que se recorrerá el país y se proclama se ha “raspao” a dos vicepresidentes. Se anuncian reuniones, se manifiestan preferencias sin manifestar preferencias, se asoman aspirantes sin asomar aspirantes. Se juega al lenguaje fuerte, como si el lenguaje fuerte produjese votos y no la comprensión del país existente.
Se anuncia como tranquilizante que no habrá ruptura, que la mesa no perderá una pata, que quien sea el elegido contará con todos. Ese tranquilizante huele a podrido, esa reiteración sólo quiere dejar claro que el ungido de ayer no es el ungido de hoy. Estar a estas alturas tranquilizando con esa banalidad de que habrá candidato único es un tranquilizante banal de hoy.
Se asegura que la oligarquía prepara un golpe. Se reitera en los alrededores del 27 de febrero, la fecha trágica del “caracazo”. Se inventan conspiraciones, se advierte que no se puede estar reposando mientras la derecha maquina en las profundidades oscuras de su tumba. Se abre una cacería para tener opciones a la hora de meter a alguien preso y reiterar que no se cede, que no habrá debilidades soltando presos, que la fortaleza recae, como siempre, en la amenaza y en la ejecución de algunas de ellas.
Hay una campaña electoral fantasma. Los fantasmas están en campaña electoral. Los candidatos son fantasmas. La situación del país es fantasmagórica. La política venezolana es un asunto de fantasmas. Aquí se baila una danza de fantasmas.
Esto es fantasmilandia. Nadie tiene la menor idea de cuando esta campaña fantasmal será real, de cuando será la fecha real de la campaña, de cuando procederán los dueños del poder a someternos a otra elección, esto es, de cuando esta campaña fantasma ratificará su condición de fantasmal.
En el mundo de los fantasmas no hay tiempo que apremie. Los fantasmas suelen ser burlones, irreverentes, gozones. Entre los fantasmas siempre es tiempo de campaña electoral. Las revoluciones deben estar siempre en permanente agitación, desafiando enemigos, amenazando con procesos judiciales, y si no existen se inventan porque la revolución necesita de un enemigo.
Los adversarios de la revolución viven de elecciones. Requieren de una elección para advertirnos que el candidato será único y para que algunos candidatos declaren que no aspiran ser candidatos. Sin elecciones dejarían de ser fantasmas. No tienen otro tema de que ocuparse sino de las elecciones. A un país de fantasmas lo único que le interesa son las elecciones fantasmales. Arguyen precaución para sumirse en la elección fantasmal, pero lo hacen repitiendo lo mismo de anteriores elecciones fantasmales. No se ocupan de un proyecto de país, de una concepción nacional, de una oferta competitiva. No, se ocupan de señalarse las fallas cometidas en la elección fantasmal anterior, porque todo se reduce a práctica electoral fantasmal.
Los muestreos de opinión se ocupan de la elección fantasmal. Esa es su especialidad y ejercen su función, algunos con seriedad y otros con evidente falsedad. Algunos muestran cifras impresionantes de cuáles serán los resultados, porque en elecciones fantasmales no hay mucho a dilucidar y menos si se entiende la verdad del país, pero automáticamente aparece el payaso -entre los fantasmas también hay payasos- a alegar a favor de alguno de los aspirantes y calificarlo como ‘sobrao”, no sabemos si para buscar rima con vicepresidentes “raspaos”.
Este país es una fiesta de fantasmas. Aquí sabemos que hay fiesta de fantasmas porque los fantasmas suelen ser ruidosos, ocultar bajo su manto transparente fechas y estados de salud, intríngulis y maniobrillas, mientras se lanzan en la campaña fantasmal contra adversarios fantasmas.
Este país es irreal. Asiste a la fiesta de los fantasmas y se hace  fantasmilandia.
@teodulolopezm

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jueves, 27 de diciembre de 2012

Unidad nacional o un brazo torcido


Teódulo López Meléndez
El presidente podrá venir o no venir el 10 de enero a tomar posesión de su nuevo mandato. Es algo que no podemos saber ni tiene ya relevancia política. Con un lápiz corrector blanco han eliminado esa fecha del almanaque, aunque veremos la puesta en escena.
Diosdado Cabello ha resultado un político de esos que le callan la boca a sus detractores haciendo uso de una habilidad nata. Lanzó una tesis que más que interpretación constitucional parecía de entrada una “boutade” o un juego peligroso que podría aislarlo o una simple ratificación de lealtad por encima de todo, pero que llevó a ejecución con grandes conversaciones con la oposición y poniendo a Nicolás Maduro ante la disyuntiva de aparecer como un ambicioso que por encima de todo pensaba en la conveniencia de cumplir con la Constitución que llevaría a nuevas elecciones.
La tesis –absolutamente válida- de que al PSUV convenía la pronta realización de elecciones presidenciales para aprovechar el impacto de las regionales fue desmontada hacia el interior del partido de gobierno, pero no hacia la oposición. Esta última sabía perfectamente que esa eventual elección la llevaría a otra derrota y vio la mano de Diosdado casi con la religiosidad de ese dedo de Dios que se admira en la Capilla Sixtina.
Una elección inmediata conllevaba a la inevitable candidatura de Nicolás Maduro, con muy buenas posibilidades de victoria. Había que ganar tiempo y el tiempo había que ganarlo haciendo uso de un lápiz corrector blanco, uno milagroso de alteración del calendario, más que de la Constitución,  para esperar lo que todos consideran inevitable. Había que ganar tiempo y en ello los intereses de Diosdado y de la MUD coincidían a la perfección.
Por su parte, Maduro quedó atrapado en las redes. Mostrarse como un cerrado y ortodoxo intérprete constitucional lo hubiese comprobado como un apresurado, como un deleznable ambicioso que quería elecciones ya para hacerse de la presidencia. Por lo demás, Maduro no ha mostrado una especial habilidad política y fue incapaz de encontrar el tridente de Neptuno para romper la red que le caía encima. Lentamente todos fueron entrando en ella, una de manifestación de solidaridad absoluta con el comandante-presidente que seguía siendo ambas cosas, uno reelecto para el cual el cumplimiento del mandato constitucional del 10 de enero no era más que un mero trámite que bien podría obviarse.
He aquí el milagro del Espíritu de la Navidad. Como un vaporoso manto una especie de unidad nacional impensable ha venido a sustituir la polarización encarnizada y el odio irredento. Los intereses comunes han privado. Lo que se diga en la Asamblea Nacional el 10 de enero carece de importancia. Sea cual sea la vía que aprueben, hablen de lo que hablen (ausencia temporal, juramentación ante TSJ o la tesis de porqué las ranas no echan pelo) el Derecho es absolutamente irrelevante frente al gran acuerdo político.
Habrá disidencias ese día. Alguno de la oposición puede que se rasgue las vestiduras o que toda en ella en conjunto lo haga, por aquello de guardar las apariencias o de hacer lo políticamente correcto. Puede también manifestarse alguna disidencia seria. Ya carece de importancia porque el resultado está escrito. Lo que no está escrito es lo que se hará con el tiempo ganado.
Estamos ante un hecho impreciso: la salud del presidente Chávez. No somos médicos en busca de fama o “periodistas estrellas” para especular al respecto y cuando la imprecisión es la norma no es mucho lo que se pueda determinar de antemano para un comportamiento estratégico y táctico planificado. Para la MUD será un mero aplazamiento, no más. Las mediciones son de Diosdado, pero ya hemos visto es un político habilidoso. A quién más le conviene que el comandante-presidente haga su entrada el 10 de enero en el recinto de la Asamblea Nacional y se juramente hasta su fin es a Nicolás, pues estaría protegido en el lapso. En el mientras tanto Nicolás sigue con el brazo torcido y a punto de no poder lanzar en el play off del beisbol venezolano.
En el lapso, Diosdado seguirá explicando a sus interlocutores de la oposición las ventajas que han podido ver de colocar al país en la calma y en la paz. No voy a usar la expresión de Izarrita “eso es lo que hay”. Prefiero recordar a ese personaje llamado Óscar Yánez y asegurar con él “así son las cosas”.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Votaré por Capriles

Teódulo López Meléndez
Durante los últimos años he cumplido a cabalidad lo que consideré -y considero- una tarea obligatoria para con el propio país. No me he detenido en las incomprensiones. Numerosos libros, audios y videos he hecho para dejar sentada mi opinión, bajo el criterio de que las ideas se caracterizan por ser de lento avance.
He conceptualizado sobre una democracia del siglo XXI, he señalado los vicios a superar, he marcado las falencias de la representación y he formulado un diseño de país, al igual que un corpus de propuestas concretas sobre la realidad nacional.
Llegué a anunciar una precandidatura presidencial, manifesté las razones por las cuales me negaba a ir a las primarias convocadas por la MUD y, en medio de esta enfermedad llamada polarización, dejé ir la idea de aspirar al único cargo de elección popular que me interesa.
La política es el supremo sacerdocio de servicio. Mis ideas, todas las cuales ratifico ahora, están expresadas en “Proyecto país”,Lo propongo”, “Incisiones para una democracia del siglo XXI” y “La tercera opción”, entre otras.
He hablado a largo sobre la degeneración de las campañas electorales, he señalado como la que vivimos se iba convirtiendo en el mejor ejemplo de ese aserto, he llamado a estadios superiores y a no ver con mirada simplista la realidad venezolana sino con pensamiento complejo.
He combatido los radicalismos y extremismos y manifestado sin tapujos mis discrepancias, inclusive con varios muchos de los anuncios programáticos hechos por la oposición.
Y así, hoy, debo anunciar que votaré por Capriles. Lo hago a pesar de las reservas. Apoyando a Capriles hay alguna gente con la que no se puede compartir una visión de país, pero la realidad política admite que primero se hace el viaje y se mantiene limpia el alma. Algo al respecto le dijo Virgilio a Dante mientras le mostraba las gradaciones del infierno.
Ya del gobierno de Chávez no se puede esperar más. He hablado constantemente de algunos principios correctos enlodados por la manipulación. Toca el uso de esparadrapo y jabón.  Aprovechemos que los marginados de siempre fueron despertados y que una nueva cultura política se sembró en el alma popular. El gobierno de Chávez se agotó a sí mismo y esta denominada “campaña electoral” sólo ha mostrado ese agotamiento. Ya este gobierno no puede dar nada más, a no ser lo que está mostrando: ejercicio de violencia y guerra sucia.
A pesar de todas mis consideraciones expuestas sobre la presente coyuntura atiendo a la realpolitik e iré a votar el 7 de octubre, no sin recordar lo que siempre he dicho: sin desconocer la importancia del hecho el futuro de este país se decidirá realmente en fechas posteriores, en la marcha de unos acontecimientos para los cuales se requerirá serenidad, sentido de país y mirada profunda. No caigo en la polarización y mantengo mi idea de que cualquiera sea el resultado de las presidenciales hay que ir a la conformación de una “tercera opción”, por las docenas de razones que he expuesto y que no es menester repetir en la brevedad de esta declaración, pero de las cuales sólo me permito recordar la muerte de las ideologías y el agotamiento de los partidos venezolanos.
Prefiero estar en la oposición al gobierno de Capriles, si ese fuere el caso de conciencia. Votaré por él y estaré atento a sus gestiones de gobierno. Véase como se vea este país cambió y espero que Capriles en el ejercicio del poder así lo comprenda. Espero que Capriles muestre carácter, escoja bien a sus cercanos y sepa dar acogida a las nuevas ideas mediante un gobierno alejado de élites agotadas que sólo tienen como objetivo salir de Chávez y recuperar detestables privilegios, cuando el objetivo verdadero es edificar lo que he llamado una república de ciudadanos, una democracia del siglo XXI y una sociedad del conocimiento, todo bajo un claro concepto de socieconomía y de justicia social.
Si el día de mañana debo ejercer la oposición a Capriles no por ello me arrepentiré de esta decisión. Los términos de la cruda realidad obligan.
Este país no aceptaría una restauración. Capriles ha hablado insistentemente del futuro. Para recordárselo con la vehemencia debida estará siempre este que hoy le otorga su voto. Pero más dentro de la realpolitik aún, estará un país que hoy es otro.
tlopezmelendez@cantv.net

jueves, 13 de octubre de 2011

La permanencia de lo humano

Teódulo López Meléndez
Los futurólogos, cuyas descripciones exceden a la ciencia ficción, nos hablan de una industria y de una agricultura completamente robotizadas, lo que sucedería incluso con las guerras si es que ellas persisten en la agenda humana. Las cárceles desaparecerían sustituidas por microchips implantados, tal como hoy las pulseras electrónicas se asoman para controlar a quienes han delinquido. Terminará la discapacidad debido a prótesis inteligentes e inclusive las quemaduras con efectos desastrosos serían cosa del pasado ante la implantación de de una piel artificial sensible a la temperatura y al tacto. La nanotecnología habrá perfeccionado implantes sustitutivos de órganos o ellos podrán regenerarse a partir del propio cuerpo del afectado. Aquellas imágines de teletransportación se convertirán en realidad y podremos instalarnos un disco duro adicional para aumentar nuestra capacidad de memoria.
Podríamos detenernos en mil y un pronóstico de lo que las nuevas generaciones tendrán o vivirán, pero en algo podemos estar de acuerdo sin necesidad de disparar la imaginación hacia la fantasía y es en lo que plantea en sus ensayos sobre neuropolítica el Dr. Timothy Leary cuando nos asegura, además de que la meta suprema de la ciencia es la extensión indefinida de la vida humana,  que para que ello suceda se requieren dos cosas, la migración espacial y la elevación de la conciencia-inteligencia del hombre para que sea capaz de acceder a estos escenarios.
Así lo hemos dicho muchas veces: el futuro del hombre está en el espacio exterior, en convertirse en habitante de otros mundos, pero para ello, para su supervivencia, deberá romper los límites de su actual conciencia. Es posible que para lograrlo debamos marchar hacia un comunitarismo extenso que exceda a las agrupaciones de hoy, fundamentalmente basadas en la tecnología, como ya lo asoman las redes sociales y la degradación de viejas instituciones desde la familia hasta el Estado-nación. Esto es, podríamos estar marchando hacia una evolución artificial, lo que también podría establecer las nuevas diferencias entre los que los analistas del futuro llaman los “mejorados” y entre quienes se han negado a ello. La relación del hombre con las máquinas ha sido tema especulativo permanente entre los autores de ciencia ficción, como sucede en Matrix donde se funciona a base de chips en el cerebro.
No nos detengamos en detalles sobre nuestra apariencia, en si las computadoras nos harán más pequeños debido a la inmovilidad y nos pareceremos a los dibujos que se han hecho de supuestos extraterrestres que han estado por aquí en platillos voladores. La realidad es que para enfrentar el futuro en cualquiera de sus manifestaciones debemos aprender y aprender más rápido. Los países del futuro, si es que existen países como los conocemos, que tengan mayor probabilidad de éxito serán aquellos serán aquellos capaces de acumular más conocimiento y aprendizaje. En alguno de mis textos anteriores he estado insistiendo en lo que es ya una expresión común en las ciencias sociales de hoy: una sociedad del conocimiento. Para ello no nos podemos distraer en discusiones banales o en prácticas políticas añejas, olvidando que debemos crear aprendizaje organizacional y transformar todos los procesos escolares. Transformarlos para inculcar valores de lo humano, esto es, de lo que ha impedido la destrucción de nuestra especie y que hoy todavía llamamos así, valores, tales como ética, verdad, moral y sentimientos. Posiblemente lo que los antiguos griegos llamaron la Sophia, la sabiduría. El conocimiento no es la recepción de información, lo es de saberse a uno mismo y en consecuencia quedar educado para la vida. Cuando esto se logra entonces se busca el conocimiento y se adquiere para un sentido común de pertenencia. Más allá de los avances tecnológicos o de nuestro logro de conquista de nuevos mundos, será ello lo que haga posible la permanencia de lo humano.
teodulolopezm@yahoo.com

martes, 30 de agosto de 2011

El concepto de espacio

Teódulo López Meléndez
Comencé a leer el nuevo milenio con la entrada del año 2000, una invención mas mediática de muestra de una “humanidad feliz” que comenzó con el toque de tambores ante el asomo del sol en una perdida isla del Pacífico. Observé entonces que se exterminaban lo husos horarios, que moría lo geográfico y desaparecía la extensión. Me limité al tiempo en las primeras lecturas, pero ya estaba asomado lo geográfico y la extensión. La población se mueve y las teorías economicistas lo explican con las desigualdades sociales, con la falta de oportunidades, con la simple búsqueda de una vida mejor. Se explayan los analistas en decisiones individuales o en emigraciones de talento por razones políticas o en la necesidad de enviar remesas en monedas fuertes para una familia desfalleciente.

Una cosa es cierta: los procesos globalizadores, la irrupción de la instantaneidad, la presencia de Internet acabó con el sedentarismo. Cada día apreciamos como se pertenece cada vez menos a un lugar concreto. Yo aquí nací, aquí crecí y aquí morí, es cosa del pasado. Tras la ruptura del tiempo ahora hemos arribado a la ruptura del espacio. Ayuda la crisis del Estado-nación, el surgimiento de un mundo nuevo guiado por principios universales sobre derechos humanos, las nuevas formas políticas que emergen y las viejas de signo totalitario que reaparecen, todo es cierto, pero la verdad es que la tecnología nos está permitiendo conocer al otro, nos está forzando a salir un tanto del aislamiento cínico. El concepto mismo de vivir la vida está cambiando aceleradamente, hemos llegado al punto de considerar a la vida como transnacional y, por supuesto, el espacio se rompe, viejos conceptos como geopolítica se van a la tumba y henos aquí llegando al concepto de un espacio transnacional que no tiene nada que ver con las viejas limitaciones de fronteras, idiomas, documentaciones legales y demás pergaminos de la antigua organización planetaria.

El antiguo espacio territorial se ve ahora afectado por un abandono de la intromisión militar, como se desprende de los empeños del presidente Obama frente a las guerras que heredó en Irak y Afganistán. Ahora se recurre a los métodos comerciales. La lógica del conflicto ha sido cambiada por la gramática del comercio. El verdadero espacio ahora es la electrónica. Los viejos razonamientos de un espacio suficiente para atender a una población han sido sustituidos por un concepto de distribución de tiempo. En infinidad de ciudades hay mercados locales, desde alimentos hasta animales o flores, pero el verdadero mercado es ahora el momento del contacto. Espacio es ahora velocidad. Es lo que Castell denomina “espacio de los flujos”, esto es, una nueva organización de las prácticas sociales en tiempo compartido, lo que se está convirtiendo en territorio compartido,

El mundo ha dejado de ser un recinto con límites. Nos estamos aproximando a un fenómeno social equivalente a la mudanza de las poblaciones rurales hacia los grandes conglomerados urbanos. Partes importantes de la población están sumidas en los disfuncional, ya no pueden estudiarse los movimientos poblacionales con geografía descriptiva y la causalidad de los sucesos políticos ha emigrado con la vieja noción de geopolítica.



El concepto de espacio fue objeto de estudio en primer lugar por la filosofía y después por la física. Las conclusiones que uno va encontrando parecen adecuarse al presente momento, si pensamos, por ejemplo, en Einstein describiéndolo como el continente de todos los objetos materiales. En el campo filosófico Aristóteles implantó el concepto original, al definirlo como un límite inmóvil y Platón identificó espacio con materia, lo que nos lleva a concluir que para él no existía espacio sin materia. Descartes no llevaba su diferenciación de tiempo y espacio más que a lo nominal, pero Leibniz señaló que el espacio era algo simplemente relativo. O Kant o Heidegger. No pretendemos un resumen de las concepciones filosóficas sobre el espacio, simplemente apuntamos algunas porque algo nos dicen sobre este espacio transnacional que ahora se asoma en los fenómenos migratorios.

Occidente siempre ha parecido manejar el concepto como lo lleno opuesto a lo vacío. Espacio se está convirtiendo en algo similar a un intervalo. La tecnología nos permite estar en dos o más lugares a la vez, y de lo virtual se pasa a lo real. La resistencia al movimiento de los cuerpos es cada vez más difícil, de modo que la continuidad de los pasos es lo que se hace extensión. Si volvemos a la física tal vez podamos hablar de mecánica ondulatoria como conjunto. El espacio parece hacerse uno solo. Las viejas formas de oponerse se resquebrajan.

teodulolopezm@yahoo.com

martes, 19 de julio de 2011

Oceanía, el continente discreto

Por Teódulo López Meléndez

Oceanía es un vasto continente insular constituida por Australia, Papúa-Nueva Guinea y Nueva Zelanda, así como los archipiélagos coralinos y volcánicos de Micronesia, Polinesia y Melanesia, distribuidas por el Océano Pacífico, poblado de indígenas de diferentes ramas como los polinesios, melanesios, micronesios y papúes, los mestizos, una minoría de negros y mulatos y los descendientes de europeos. El idioma más hablado es el inglés, seguido del francés, mientras en las islas chilenas de Sala, Gómez y Pascua obviamente se habla el español, conservándose las lenguas indígenas. La religión predominante es el protestantismo, seguido del catolicismo y las creencias indígenas.

Geográficamente se le divide en Australasia (Australia, Tasmania y Nueva Zelanda), Melanesia (Nueva guinea, Salomón, Nuevas Hebridas, Nueva Caledonia), Micronesia (Las marianas, islas Carolinas, Islas Palaos, Islas Marshall) y Polinesia (Hawái al norte del ecuador, al sur archipiélagos Fénix, Toquelau, Samoa, Isla de pascua). Se estima su población en algo más de 34 millones de seres humanos repartidos en 17 estados independientes y en numerosas dependencias administradas por otros países o plenamente integrados a ellos, como el caso de Hawái con los Estados Unidos. Aparte de la agricultura tiene oro y carbón.

En el siglo XVI portugueses y españoles se repartieron estos territorios mientras los piratas holandeses e ingleses los acosaban. Sobre el siglo XIX se estableció la presencia británica y francesa y luego la japonesa, alemana y norteamericana, mientras en las últimas décadas de ese siglo y en las primeras del XX comenzaron a desaparecer las posesiones oceánicas. Las victorias militares norteamericanas hizo a Estados Unidos la potencia dominante en el Pacífico, con el establecimiento de numerosas bases navales.

Nueva Zelanda y Australia son los dos grandes países del continente, activos en las dos grandes guerras al lado de británicos y norteamericanos. Después del término de la Guerra Fría Australia ha procurado diversificar sus relaciones económicas en Asia. Seguramente la amenaza más grande para muchas islas oceánicas proviene del cambio climático bajo el temor de que algunas se hundan en las aguas provenientes de los deshielos.

Australia es el factor clave de la geoeconomía continental pues provee de materiales de primera importancia como minerales de hierro y manganeso a la industria del acero y la bauxita para la metalurgia del aluminio, amén del azúcar y algunos productos manufacturados, a ese gran bloque conformado por Japón, los NICs, Hong Kong (Región Administrativa Especial de China), Singapur , Corea del Sur , Taiwán y, más recientemente, Tailandia , Indonesia , Filipinas y Nueva Zelanda.

La política exterior australiana es de discreto perfil, ajena a todo protagonismo, pero manejando con habilidad los escenarios del futuro. Junto a Nueva Zelanda forman parte de la Commonwealth of Nations. No obstante esos lazos parecen debilitarse entre los estrechos lazos con Estados Unidos y la pujante presencia asiática. Sigue conformándose con el aporte de numerosos inmigrantes, entre los cuales cabe mencionar ahora a los venezolanos. En términos generales la presencia de Oceanía en la economía mundial es pequeño dado que aporta apenas un 1.4 por ciento de la producción total. La gran isla ha procurado crear iniciativas tecnológicas y de innovación mediante un programa denominado Tecnologías Emergentes de Comercialización (COMET). No olvidemos que posee el mercado de Internet más extenso de Asia-Pacífico. Con la absorción anual de más de 120 mil inmigrantes muy calificados continúa su desarrollo.

La principal organización panregional es el Foro de las Islas del Pacífico (Pacific Islands Forum, en adelante PIF), nacido en el año 2000 a raíz del Foro del Pacífico Sur (South Pacific Forum), que sucediera en su momento al South Pacific Bureau for Economic Cooperation. El PIF es el principal interlocutor de la región para asuntos de todo tipo. Otros países con influencia en la región son Japón y China, con problemas esta última por los fuertes lazos de algunos con Taiwán.

USA, China y Australia
Australia y Estados Unidos no encontraron en el USA-Australian Free Trade Agreement (AUSFTA), uno de mucha trascendencia. China actúa sin presionar, ante un inicial y suave interés australiano en la cooperación energética y uno de igual resistencia al ingreso de productos chinos actitud en rápida modificación. Australia mantiene también con otros productores Agrícolas mundiales (como Argentina y Brasil) el Grupo Cairns de Comercio y finalmente firmó con Estados Unidos un Tratado de Libre Comercio que no ha dejado de ser polémico en la política interna australiana.

Allí se debate la aceptación de la influencia china como una de las políticas a concretar en las próximas décadas. En efecto, ya la relación entre Camberra y Beijing crece aceleradamente. Los chinos aseguran que el establecimiento del área de libre comercio con Australia y Nueva Zelanda es fundamental para el desarrollo de la región Asia-Pacífico y para la liberación del comercio mundial. Australia, por su parte, ve incrementadas sus exportaciones al gigante asiático, mientras los miles de estudiantes chinos en Australia indican que las observaciones sobre la espera de décadas para el logro de unas relaciones estrechas parecen notablemente acortadas. En el plano de la energía, China, empeñada en convertirse en una gran potencia en el plano de la construcción de reactores nucleares, comenzará a importar uranio australiano. La cooperación en materia de gas natural licuado también ha sido establecida por un período de 25 años y la exportación de carbón se incrementa, lo que también presenta un paso estratégico en el resguardo de la seguridad de las rutas comerciales oceánicas, lo que no implica para nada una intención australiana de abandono de su papel en el Pacífico Sur.

Australia se está moviendo. Otra cosa no significa el Centro de Investigación en Tecnologías Verdes (GFreen IT), la investigación vía tecnología de la Información (eResearch), reducción de las emisiones de carbono y despliegue de banda ancha. Ayuda a estos propósitos la Red Académica y de Investigación de Australia (AARNet) y el Centro para Telecomunicaciones Eficientes desde el Punto de Vista Energético (CEET). Igualmente adelanta la construcción de un tren eléctrico de alta velocidad (A-HSV) para unir todo el territorio.

Estamos ante una política pragmática que teme al poderío militar chino y se cubre con el paraguas estadounidense, pero aumenta sus relaciones comerciales con China. Ya el porcentaje comercial de intercambio es superior al que mantiene con Estados Unidos, pero las inversiones norteamericanas en la isla del Pacífico Sur aún son superiores a las chinas, aunque el juego estratégico podría hacer cambiar ese balance. Habría que agregar que muchos analistas militares consideran que China ya ha transformado el balance en este campo en el Asia-Pacífico, mientras otros simplemente anotan que va en ese camino sin haberlo concretado aún.

teodulolopezm@yahoo.com

miércoles, 6 de julio de 2011

Seis meses del renacimiento del Mediterráneo

Teódulo López Meléndez
El comienzo, en Túnez, parecía marcar una diferencia con la tradición de golpes militares y de sustitución de gobiernos autoritarios por otros gobiernos autoritarios. Ahora subyacía un reclamo democrático y una exigencia de mejora en las condiciones de vida. Europa miraba los sucesos con su extraña persistencia en considerarlos ajenos, mientras Estados Unidos, un tanto más alerta, iniciaba un proceso de interés que bien podía dirigirse a la mediación y a la preservación de antiguos aliados.

El contagio a los vecinos tal vez hizo mirar mejor a través de la ventana. La crisis egipcia, particularmente, la espectacular caída de Hosni Mubarak por una revuelta callejera que partía de la emblemática plaza de Tahrir, desató el interés norteamericano por una inevitable transición y, en consecuencia, comenzó a mover las viejas piezas de los fieles para preservar sus intereses en un país que había sido el mejor aliado en el difícil equilibrio del Oriente Medio.

La historia la conocemos, con sus consecuenciales matanzas en Yemen, en Libia y Siria y con sacudidas en Marruecos y Argelia, en menor escala, y en Jordania y Bahrein. Corrupción, autocracia, desempleo, déficit de dignidad humana y falta de futuro para los jóvenes se habían conjugado en un coctel preciso que estaba produciendo la primera gran revolución del siglo XXI.

Los árabes, despreciados en su capacidad de movilización interna y puestas en dudas sus capacidades democráticas, estaban pasando, ante los ojos atónitos, por encima de los déspotas que habían recibido cheques en blanco de sus aliados occidentales para, supuestamente, mantener a raya a un incierto peligro islamista en el cual justificaban sus tropelías dictatoriales que les permitía mantener en los bancos de esta parte occidental del mundo grandes cantidades de dinero confundidas en las cuentas como propiedad del dictador específico y/o del Estado que regentaban. La juventud excluida salió a poner las víctimas para sacudirse la corrupción y la represión política y social.

Por alguna parte se había colado un enfoque progresista de las cuestiones sociales, incluida la situación de la mujer. La tecnología había abierto los canales de Internet y de las redes sociales que fueron esenciales para las convocatorias -y también la de los teléfonos móviles- y para poner en los ojos de la juventud la ilusión de otra manera de vivir. Pero también la televisión, como el programa Bab al hara (La puerta del barrio) o las transmisiones de Al Yazira.

Se conjugaron, entonces, los núcleos urbanos juveniles, los grupos islámicos que entendieron debían montarse en el indetenible carro democrático, los ejércitos contagiados y divididos entre quienes debían lealtad a los viejos regímenes y quienes miraron los ojos de los jóvenes y lo entendieron todo, más las masas urbanas empobrecidas que midieron nada tenían que perder. El levantamiento a cualquier precio fue la orden perentoria emanada de la confusión y de la indefinición. La incertidumbre es lo propio de este tipo de sacudidas históricas. Hablamos de revolución árabe sin olvidar las diferencias de país a país, pero sin olvidar tampoco el obvio hilo transmisor que las une a todas.

El viejo socialismo encarnado en un líder militar o el fanatismo religioso fueron superados por un ansia democrática convertida en el motor esencial. Se trata de países islámicos donde ante los ojos de la incredulidad comienza a plantearse la identificación posible entre una religión calificada arbitrariamente de no apta para el ejercicio de la libertad y el camino democrático. No es por ello casualidad que los jóvenes agrupados en la emblemática plaza de El Cairo citaban constantemente a Turquía. La vertiente fundamentalista parecía derrotada, aún cuando los dictadores tambaleantes acusasen a Al Qaeda de estar detrás de las revueltas y aún intentasen vender a occidente esa versión que les permitiese seguir recibiendo la ayuda estabilizadora.

Obviamente lo importante era, y es, sacudirse las viejas formas políticas dictatoriales, pero el asunto de las nuevas formas sociales y económicas queda pendiente. Un régimen puede ser derrocado en días, pero la construcción de una nueva realidad sustitutiva toma décadas, de manera que la observación pertinente es que la revolución árabe apenas comienza.

Los momentos de esplendor del mundo árabe parecían escondidos en la historia. La dominación de parte de la península ibérica y la extensión de la civilización islamo-árabe hasta los confines de Asia, la insurgencia tras las decadencias griega, romana y persa, el aporte inestimable a la civilización.

La ocupación bajo el imperio otomano, el colonialismo europeo como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la influencia dominadora gringa después de la Segunda. El mundo árabe apenas insurge en 1952 con el nacionalismo de Gamal Abdel Naser que hace retumbar de nuevo su voz en el mundo de mitad del siglo XX. Desde allí aparece el Gadafi del Libro Verde y la degeneración de la esperanza en dictaduras personalistas. De nuevo el mundo árabe decae y los vicios más atroces se instalan en monarquías hereditarias y en líderes socialistas convertidos en vulgares tiranos.

Pero el mundo evolucionaba y la revolución tecnológica de la comunicación, más el acceso al conocimiento, hacían su efecto sobre la juventud y surgían las preguntas y los desafíos. Ya no venía la información exclusivamente de los controlados medios oficiales, las perspectivas se ampliaban y los complejos establecidos falsamente sobre este pueblo comenzaban a agrietarse. No estaban condenados a la avaricia de monarcas o de dictadores que confunden el dinero del Estado con sus propias fortunas mal habidas, la libertad y la posibilidad de crecimiento humano comienzaban a empujar el renacer de una conciencia sepultada en el pasado.

Hay en curso una revolución en el mundo árabe. El amontonamiento de causas de todo tipo (históricas, políticas económicas, climáticas y sociales) lo ha hecho posible. Tiene pocos meses y sus verdaderos resultados tardarán años en verse, pero ya a nadie le puede caber la menor duda que los pueblos árabes han retomado un protagonismo de la historia y que pueden darnos grandes aportes civilizatorios. No se tiene un pasado de esa magnitud para despertar y caer de nuevo en el letargo. Sobre el Mediterráneo deberá Europa observar, desde su desfallecimiento, el renacer de quien no es su enemigo sino el justo aliado para una alianza de civilizaciones que conforme al planeta del siglo XXI.

teodulolopezm@yahoo.com

viernes, 10 de junio de 2011

Humanismo social

Teódulo López Meléndez
El hombre busca su interpretación. Es probable –al menos lo queremos creer- que estemos en las puertas de un nuevo humanismo social. Todos los indicadores apuntan que en el mundo globalizado la cultura creativa del ser humano prevalecerá sobre otras consideraciones.

En verdad la globalización acentúa la propia identidad y provoca reacciones frente a lo puramente racional. Ejerce una presión para decidir cerca de uno mismo e invita al holismo frente al pensamiento unidisciplinario. Estímulos existen para que seamos optimistas frente a un proceso de reconsideración social del hombre. El destino indefinido es siempre incierto, pero la salida siempre pasa por un reconocimiento del sí mismo. Todo proceso de individuación conlleva a la autoafirmación y esta al pensamiento propio. Dicho en otras palabras, el hombre cínico y nihilista buscará ser protagonista de su propia historia y de la historia de los demás. Allí debemos dirigir nuestros esfuerzos.

Estamos ante un cambio social, uno crucial, pero uno que debemos mirar en la multiplicidad de ellos que se han producido. Para mirarlos se recurrió primero a la Filosofía de la historia y se desplegó una Teoría General de la Sociedad. Luego se introdujo la noción de evolución social y el materialismo histórico, finalmente, un concepto polémico de desarrollo. Ahora se asoma la tesis de la homogeneización, tal como lo hemos visto. Los escépticos elencan los eventuales males.

El sociólogo inglés neomarxista T. B Bottomore (Introducción a la sociología) trazó una diferenciación al colocar las teorías sobre la evolución social en dos vertientes, las lineales y las cíclicas. Entre las primeras, cita todas aquellas que hablan del cambio acumulativo, como aumento del conocimiento, de la complejidad y el movimiento hacia la igualdad socio-política. Entre las segundas aquellas que vuelven a una Filosofía de la Historia. Para él, sin embargo, es el aumento del conocimiento un factor determinante de un cambio social, tesis que se corresponde con lo que ahora vivimos.

Alain Touraine (Un deseo de historia) estudió la aparición de los valores y como impulsan la acción de las colectividades y fijó dos posibilidades para estudiar el cambio: historicista y evolucionista.

Antes que enumerar teorías prefiero referirme a la necesidad de una reflexión filosófica sobre el hombre, sin entrar en distinciones entre filosofía y cosmovisión. En cualquier caso es menester tener una visión de conjunto sobre el hombre y el mundo en que actúa. Así, las críticas que hemos advertido sobre la era industrial, con sus conjuntos alienantes, y para lo cual sirvió estudiar a Marx, nos llevan a bosquejar la globalización como una contrapartida del hombre-masa. Los fines estrictamente humanos desaparecieron en una sociedad industrial proclive a fomentar una existencia impersonal. Ese es el hombre que estamos heredando, el mismo que enfrenta la nueva perspectiva y al cual, creemos, hay que señalarle la imperiosa necesidad de conformar una voluntad.

Peter Sloterdijk (Esferas) ha trazado una “imagen de pensamiento” que le permita al hombre ser en el mundo como un espacio de apertura a lo ilimitado. Este es el principio cardinal que hago en mis consideraciones. Tenemos a un hombre dominado por la apatía y el conformismo con el consecuencial aplastamiento de la idea democrática. Lo que Sloterdijk busca es un nuevo análisis del dinamismo social (lo cual incluye todas sus facetas) y volver a definir lo que es real. Esto, es, la globalización carece de sentido si no se observa como objeto teórico lo cual implica reconstruir el motivo de la “esfera”. Hay que analizar, en consecuencia, el enfrentamiento entre la modernidad terminada y la globalización asomada y en vías de ejecución en una clave espacial, lo que quiere decir que la cultura en este nuevo mundo abandona un modo unilateral de actuar. Vamos hacia un mundo denso y así cabe definir densidad como la posibilidad de un agente de encontrarse a otro sobre el cual actuar. Y he aquí el elemento que los lectores seguramente se plantean: como es la estructura de los procesos de decisión que hacen pasar la teoría a la praxis. El hombre de la era terminada actuaba en la incertidumbre, una que continúa, sólo que ahora, el hombre debe pasar a ser uno que está en capacidad de auto aprovisionarse de razones suficientes para pasar de la teoría a la práctica. Y ello implica un proceso deliberativo interior, uno que excede a la aplicación universal de los derechos humanos, por ejemplo, más bien de la convicción pragmática de que significa libertad o moral. Así, la comunicación que sustituye a la información adquiere un rango ontológico, porque es de esta manera que el mundo podrá definirse para bien. Y para bien es que esa comunicación sea para poner frente a frente dimensiones donde los grupos sociales se obligan recíprocamente a desistir de actuar por un interés unilateral y, en consecuencia, a procurar entre todos el bien común.

Aún así las palabras crean mundo, conforme al antiguo adagio, y se habla, por ejemplo, de economías del conocimiento para abrir actividades de valor agregado intangible. Lo cierto es que cada vez es más notoria la presencia de organizaciones sociales participando en eventos de definición del futuro lo que hace realidad el entorno habilitador. Así saltan expresiones como sociedades de la comunicación incluyentes y equitativas, el rechazo a expresiones como el de “neutralidad tecnológica”, el apelo a una sociedad visionaria, el rechazo al desarrollo basado únicamente del rédito económico y el apelo a nuevos mecanismos para canalizar los recursos financieros de manera vinculada a la solidaridad social.

Los desafíos que el nuevo mundo plantea son tan abundantes como para retar al hombre a dejar su narcisismo, su encierro nihilista y su cinismo manifiesto en la era que termina y en este interregno de incertidumbre conservada.

teodulolopezm@yahoo.com

sábado, 7 de mayo de 2011

La economía bajo la primacía de la democracia

Teódulo López Meléndez
La política perdió, entre tantas cosas, el control de la economía. No me refiero al Estado o a su intervencionismo a ultranza en los procesos económicos. Me refiero a que la democracia dejó de ser el gobierno del pueblo para pasar a ser un sistema en el que los mercados funcionen con libertad. La alteración del orden sí afecta al producto, puesto que si el mercado se convierte en el mecanismo superior de regulación social deja de ser la democracia precondición del mercado. Ello afecta la capacidad para la toma de decisiones, de manera que la democracia se desdibuja y pasa a ser un añadido del mercado. El traslado de las competencias es obvio. Hayeck ha llegado a los extremos de autorizar una violación del orden democrático para salvaguardar el orden del mercado. Para decirlo de otra manera, los precios se sobreponen a los votos. El individualismo se exacerba puesto que sería posible disfrutar de libertad personal sin libertad política.

Es necesario regular el mercado. El Estado no puede renunciar jamás a su poder de redistribución de la riqueza. El Estado no puede perder la capacidad de proporcionar a la parte débil de la población los recursos que el mercado le niega. Digamos que la situación se plantea a la inversa: sin democracia y sin política no puede haber capitalismo. Es en el campo de la política donde deben definirse las condiciones del intercambio o, en otras palabras, la política es el espacio donde se perfecciona el orden económico, pues debe resolver las claves del reparto. El asunto es la satisfacción material de las necesidades humanas. Podríamos decir que no hay identidad entre democracia y economía de mercado, lo que hay es un conflicto a resolver, uno más en la larga lista de la democracia.

El alejamiento entre política y economía cercena la capacidad de iniciativa de la ciudadanía en un terreno vital, pues toca sus condiciones materiales de existencia. Hay que incentivar los mecanismos de autogestión y cogestión, la influencia ciudadana en la determinación del gasto público y en la formulación de las políticas públicas.

Debemos decir que hay que construir una convivencia articulada entre democracia y economía, creando formas específicas de distribución de la riqueza. Es cierto que economía y política tienden a desconocerse, por la sencilla razón de que la economía tiende a la obtención de una ganancia individual mientras la política debe procurar los intereses colectivos. Hay que lograr una convivencia entre el mercado y la democracia. He aquí el punto focal. Se han intentado muchas formas de lograr esta convivencia. Las diferencias son obvias, entre el capitalismo japonés, el francés o el alemán. Cada uno responde a características de diverso tipo. Hay que tomar en cuenta dos elementos: el primero, la forma en que los intereses comunes son expresados en las instituciones del Estado y, segundo, la forma en que las instituciones del Estado –y de la política- se ocupa de los intereses comunes. Finalmente, cómo pueden comprometerse en un acuerdo de entendimiento los pobres que nada tienen. De manera que hay tres asuntos fundamentales: integración social o democracia inclusiva, la redistribución de la riqueza y la creación de empleo.

De manera que se trata –como ya se han estudiado en seminarios por toda América Latina- de cómo construir democracia por medio de oportunidades económicas renovadas, de las relaciones entre democracia y estabilidad macroeconómica. Es evidente que del estado de la política dependerán elementos como el macroeconómico, el productivo y el social.

Reaparece el concepto básico: la economía debe estar sujeta a la política. Si bien es cierto, como lo dijo Joseph Stiglitz- premio Nobel de Economía 2001- que "no existe un único conjunto de políticas dominantes que dé por resultado un óptimo de Pareto, es decir, uno que haga que todas las personas estén en mejor situación que si se hubiera aplicado cualquier otra política", es obvio que el objetivo de una buena política económica–democrática es mantener un equilibrio entre objetivos encontrados. De allí la otra conclusión obvia: la ciudadanía debe participar en las decisiones económicas, como debe participar en las decisiones propiamente políticas.

Debemos acotar, entonces, que democracia es la extensión de igualdad jurídica o, en otras palabras, implica el ejercicio de la ciudadanía civil, política y social, de la cual la economía no está excluida. Creo que todo puede enmarcarse en el concepto de ciudadanía. La visión tiene que ser paralela; democracia y ciudadanía como dos líneas que marchan juntas. No olvidemos que el concepto de igualdad jurídica está asociado al surgimiento del capitalismo moderno. La disputa entre igualdad social y derecho de propiedad se resuelve mediante el uso de principios jurídicos como la expropiación para fines de utilidad pública y el mantenimiento de medidas sociales redistributivas que atacan la desigualdad producida por el mercado. De esta manera, en una democracia del siglo XXI la equidad social debe ser vista como expresión fundamental de los propósitos colectivos y, por tanto, de la cohesión social. Es obvio que la admisión del concepto y su declaración a rango constitucional no garantiza su cumplimiento. No olvidemos la contrapartida que debe el cuerpo social que adquiere responsabilidades y obligaciones. Sin ello estaríamos ante un caso flagrante de populismo. Y una de esas contrapartidas, aparte de producir, es la de participar en lo político. Estos elementos constituyen en sí y per se lo que denominamos desarrollo. Para decirlo más claramente, el proceso económico debe estar sujeto al logro de los objetivos sociales. Lo que se ha denominado “Estado de bienestar” tiene infinitas variantes. En este sentido la palabra endógeno es consecuente con estas ideas. Este desarrollo tiene que tener origen interno. No podemos seguir viendo “economía de mercado” e intervencionismo estatal como antagonistas. El establecimiento de reglas macroeconómicas claras no es contrario al crecimiento democrático. Ni podemos permitir la caída en un populismo económico, entendiendo este último como la generación de prosperidad transitoria o el uso de promesas de bienestar social como instrumento de movilización de masas. Hay que garantizar la propiedad, una distribución equitativa de los ingresos, el proyecto social gubernamental y el funcionamiento del mercado y, obviamente, el manejo de los inevitables conflictos. Así, como hay que corregir las fallas del mercado, hay que corregir las fallas del gobierno (clientelismo, corrupción, despilfarro) y ello sólo se puede lograr mediante la creación de una alta densidad institucional democrática diseñada sobre la bases de la responsabilidad ciudadana. Siempre encontramos lo mismo: la crisis se debe a la sustracción de contenidos básicos a la política. No puede lograrse el desarrollo social sin incidir sobre el mercado.

Yochai Benkler (profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale (EE.UU.) utiliza con acierto la expresión “economía política del procomún”. Para él, procomún son espacios en que se puede practicar una libertad respecto a las restricciones que se aceptan normalmente como precondiciones necesarias al funcionamiento de los mercados, lo que no significa que sean espacios anárquicos. Significa que se pueden usar recursos gobernados por tipos de restricciones diferentes a las impuestas por el derecho de propiedad. “El procomún es un tipo particular de ordenación institucional para gobernar el uso y la disposición de los recursos. Su característica prominente, que la define en contraposición a la propiedad, es que ninguna persona individual tiene un control exclusivo sobre el uso y la disposición de cualquier recurso particular. En cambio, los recursos gobernados por procomún pueden ser usados por, o estar a disposición de, cualquiera que forme parte de un cierto número de personas (más o menos bien definido), bajo unas reglas que pueden abarcar desde `todo vale´ a reglas formales finamente articuladas y cuyo respeto se impone con efectividad”. Lo que propone es la posibilidad de existencia de propiedad común en un régimen de sostenibilidad y con mayor eficiencia que los regímenes de propiedad privada. Para él la web es un caso ejemplar de procomún. Allí podemos encontrar infinidad de organizaciones sin fines de lucro que utilizan Internet para proporcionar información e intercambio. “Permite el desarrollo de un papel sustancialmente más expansivo tanto para la producción no orientada al mercado como para la producción radicalmente descentralizada”. Benkler cree posible una transición desde una sociedad de consumidores pasivos que compra lo que vende un pequeño número de productores comerciales hacia una sociedad en la que todos puedan hablar a todos y convertirse en participantes activos.

Esta tesis tiene perfecta concordancia con la que sostiene Takis Fotopoulos analizando la crisis de la democracia como el efecto de una concentración de poder. Propone como solución una democracia inclusiva. En mi criterio es precisamente lo que debemos hacer en los términos de la relación que describo: marchar hacia una economía inclusiva. Fotopoulos (editor de la revista “Democracy&Nature y profesor de la Universidad de North London, aunque griego de nacimiento) presenta su proyecto como uno de modificación de la sociedad a todos los niveles, en el sentido de que la gente pueda autodeterminarse, lo que implica la existencia de una democracia económica. Si bien no comparto algunas ideas del profesor Fotopoulos sí me gusta el contexto general inclusivo, específicamente el tema de la democracia a nivel social o microsocial (lugar de trabajo, hogar, centro educativo), no como espacio anárquico de falsa igualdad, sino como la expresión básica del ejercicio democrático pleno. Para Fotopoulos el asunto es buscar un sistema que garantice las necesidades básicas y, al mismo tiempo, garantice la libertad de elección propia del mercado. De este planteamiento lo que me interesa es la idea de la construcción de instituciones alternativas y la expectativa de una transición que mantenga ambos elementos con vida. A Fotopoulos sus ideas se le van de las manos –creo- pero es innegable que su aporte –compartido a medias- es interesante en la búsqueda de posibilidades de construcción de una sociedad más equilibrada.

El punto focal es que una democracia del siglo XXI no puede estar divorciada de los resultados económicos, en el sentido de la consecución de una justicia social mediante la redistribución de la riqueza y que la política contiene en sí a lo económico, no lo económico a lo político, lo que quiere decir que la democracia asume la búsqueda del nuevo equilibrio y niega la preponderancia del mercado reasumiendo su función de condición esencial para el desarrollo de una economía al servicio del hombre.

teodulolopezm@yahoo.com

jueves, 5 de mayo de 2011

Cuando el cuerpo social tome el poder

Teódulo López Meléndez
La sociedad venezolana tiene un poder que no parece saber tiene. La sociedad venezolana parece no haber aprendido a rescatar lo que es suyo. La sociedad venezolana es víctima de los males originados en la democracia representativa, una que no evolucionó hacia formas superiores. La sociedad venezolana se acostumbró a delegar y se olvidó del control social que toda sociedad madura ejerce sobre el poder. Atenuantes tiene esta sociedad postrada, como las manipulaciones y engañifitas a que fue sometida, pero eso no la justifica.

La sociedad venezolana se acostumbró a esperar al líder providencial, a esperar instrucciones, a depender de las degeneradas estructuras que de instituciones intermediarias pasaron a ser collar de hierro para la obediencia. La sociedad venezolana se convirtió en un corderillo manso dispuesta a ser “políticamente correcta” para permanecer en los resquicios de lo permitido y de lo tolerable. Fue así como la sociedad venezolana se convirtió en lo que es hoy, una sociedad instituida sobre bases endebles y sobre mecanismos degenerados.

La praxis política cotidiana sólo sirvió para alimentar oligarquías partidistas, para crear gremios y organizaciones de diverso tipo encerrados en sus intereses particulares. Así, la sociedad venezolana delegó todo, desde la capacidad de pensar por sí misma hasta la administración de sus intereses globales. La sociedad venezolana se hizo indiferente, se convirtió en una expresión limitada al chiste y a la burla, al desprecio exterior hacia las élites, pero una zángana incapaz de protagonizar una rebelión en la granja.

El gobierno que vino como consecuencia lógica de un cansancio interior y de un derrumbe de lo ya insostenible, contó con la anuencia de esas élites de lo caído, pretendidamente gatopardianas, que soñaron que todo cambiaba para que nada cambiara. Sólo que nunca se leyeron El gatopardo de Lampedusa y jamás se dieron cuenta que había en el texto del príncipe siciliano mucho más que la cita trillada que es lo único que se conoce de esa novela.

Demos pasos hacia una democracia del siglo XXI en la cual se practica la libertad como ejercicio cotidiano de injerencia. En otras palabras, trastocar lo que ha sido hasta ahora la relación entre sociedad e instituciones. La sociedad instituyente debe ser imaginativa y conseguirse las formas y los métodos. La sociedad instituyente debe transformar la realidad. La democracia tiene que pasar a ser la encarnación de esa posibilidad. Sólo lo puede lograr una sociedad instituyente que es mucho más que una recipiendaria del poder original, pues lo que tiene que ser es un cuerpo vivo, uno capaz de generar antídotos y anticuerpos, medicina y curas, transformación y cambio.

II

Un cuestionamiento profundo es rechazado por alterar lo establecido y las instituciones apenas reciben un rasguño que le permiten continuar su camino de manera autónoma en relación al cuerpo social.

Estas instituciones dialogantes de la democracia representativa son lo que denominamos burocracia. Frente a este anquilosamiento se alza lo que hemos dado en llamar poder instituyente. Este poder instituyente debe estar en capacidad de pasar por encima de lo instituido y producir otro cuerpo social con características derivadas del planteamiento teórico que la llevó a insurgir. En otras palabras, deben poder pasar sobre el poder, no sólo el que encarna el gobierno, sino las propias formas que la sociedad instituida ha generado y que la mantienen inerme. En otras palabras, la sociedad instituyente debe servir para crear nuevas formas y no una repetición de lo existente. En el caso venezolano tenemos una sociedad instituida de características endebles, bajo la presión de las instituciones secuestradas por el régimen “revolucionario” y cuyas decisiones de resistencia están en manos de partidos débiles que se reproducen en los vicios tradicionales de las organizaciones partidistas desaparecidas y que en el fondo no hacen otra cosa que indicar una vuelta al pasado, a las instituciones de la democracia representativa con diálogo, consenso y acuerdos, sin alterar para nada la esencia de lo instituido.

Seguramente debemos ir hasta Cornelius Castoriadis para dilucidar que detrás de todo poder explícito está un imaginario no localizable de un poder instituyente. Así, se recuerda que los griegos, cuando inventaron la democracia trágica, acotaron que nadie debe decirnos como pensar y en el ágora se fue a discutir sobre la Polis en un proceso auto-reflexivo. De allí Castoriadis: “Un sujeto que se da a sí mismo reflexivamente, sus leyes de ser. Por lo tanto la autonomía es el actuar reflexivo de una razón que se crea en un movimiento sin fin, de una manera a la vez individual y social”.

Ahora bien, de la democracia griega hasta la democracia representativa han pasado muchas consideraciones teóricas, hasta nuestros días cuando se habla de una democracia participativa. En otras palabras, la política ha desaparecido, en el sentido de la existencia de ciudadanos libres que permanentemente cuestionan reflexivamente las instituciones y a la sociedad instituida misma.

Épimélia es una palabra que implica el cuidado de uno mismo y que da origen a la política. La libertad propia de la política ha sido exterminada, porque lo que se nos impone es como “pertenecer”. Apagar, disminuir, ocultar y frustrar el espíritu instituyente es una de las causas fundamentales de que los venezolanos vivamos lo que vivimos. Ahora tenemos al nuevo poder instituido tratando de crear un imaginario alterado al que no se le opone uno de liberación, en el sentido de soltar las posibilidades creativas del cuerpo social. En realidad lo único que se argumenta en su contra es la vuelta a la paz, a la tolerancia, al diálogo, manteniendo incólumes las viejas instituciones fracasadas. Alguien argumentó que siempre hay un porvenir por hacer. Sobre ese porvenir las sociedades se inclinan o por preservar lo instituido o por soltar las amarras de lo posible. En Venezuela debemos buscar nuevos significados derivados de nuevos significantes. Si este gobierno que padecemos continúa impertérrito su camino es porque los factores que lo sostienen se mantienen fieles a una legitimidad imaginaria. La explicación está en una sociedad instituyente constreñida, sin capacidad de poner sobre el tapete la respuesta al futuro. Ya los griegos sabían que no podrá haber una persona que valga sin una polis que valga.

Pese al anuncio de que en Venezuela había una “revolución” lo cierto es que vivimos en lo instituido y, por si fuera poco, en un instituido aún más degenerado. Lo religioso (Chávez parece un pastor protestante norteamericano) ha sido un factor determinante del fracaso. Este gobierno ha negado lo instituyente imaginario y ha tomado el camino de un imaginario instituido. Se está basando en una legitimidad de la dominación, lo que hace imposible la transformación de la psiquis y su proyección hacia lo concreto histórico-social.

La transformación comienza cuando el cuerpo social pone en tela de juicio lo existente y suplanta el imaginario ofrecido. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. La democracia es, pues, cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre –es obvio- en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. Será cuando el cuerpo social tome el poder.

teodulolopezm@yahoo.com

domingo, 3 de abril de 2011

Venezuela, sociedad del conocimiento: proyecto país

Teódulo López Meléndez*

He dicho que en el llamado “Proyecto Nacional Simón Bolívar Primer Plan Socialista Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013 está la concepción del presente régimen sobre el hombre, la sociedad y el proyecto político, por lo que debe responderse en términos de reflexión. Propongo, entonces, otra visión del venezolano, de la sociedad a construir y del sistema político que deberá reemplazar al presente. En suma, mi visión para comenzar a construir en el 2013. Es lo que intentaré.

Los discursos viejos están deslegitimados. Escasean los inventores de mundo. No podemos permitir que Venezuela siga siendo un territorio ahistórico. Para emanciparnos de los graves problemas que nos aquejan hay que desatar un proceso filosófico-político emancipatorio. Este ser humano inteligente que es el venezolano debe organizarse hacia la aparición de un nuevo orden social. Debemos hacernos de un pragmatismo atento a las incitaciones del presente y a los desafíos de las circunstancias teniendo en la mano las respuestas de una filosofía política renovada.

El movimiento debe venir de abajo hacia arriba, provenir de una sociedad pensante, desde un humanismo global. El venezolano de este tiempo vive la ruptura con un mundo que se tambalea. Lo que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas comprensiones. Hay que darle una respuesta común a las exigencias cotidianas de la democracia.

Muchas se aferran a formas caducas y cuando menos lo esperan una espita se abre y se desinflan cual globo pinchado. Lo mismo le sucede a sistemas políticos que ignoran la renovación y el cambio. Pueden durar hasta la edad madura -50 años se mantuvo el sistema político venezolano conocido como ‘etapa democrática”- o languidecer de adolescentes e incluso de niños.

Las concepciones que dieron origen a las bases del sistema democrático han permanecido inalteradas más allá de lo conveniente y hacen agua. La organización política que conocemos se deshace empujada hacia el closet por un cansancio obvio y manifiesto que los gobernantes no comprenden y por las exigencias propias de un cuerpo que necesita estructurarse con nuevos ingredientes. Es lo que se llama una situación de crisis, o si queremos aparecer como más optimistas, de nacimiento de un nuevo mundo.

En el caso de este preciado sistema político llamado democracia el óxido se ha amontonado hasta el punto de formar palancas que trancan el accionar de las ruedas con la consecuente usurpación a la gente y el enquistamiento de una clase usufructuaria.

Hay que organizar desde abajo. Ya no hay profetas. Ya no existe un pensamiento centralizado sino una conjunción que destierra el descenso de una línea para ser sustituido por una generación de inteligencia que sube. Pronto Google nos parecerá lo que hoy nos parece una vieja Remington. Debemos mirar a la sociedad venezolana como una de agentes que al cooperar exhiben un comportamiento global inteligente. Comenzamos a vislumbrar un tejido de inteligencia desaprovechada por el efecto individualista que pervive en esta transición de un mundo a otro. La sociedad venezolana de hoy es como un corpus callosum sobre el cual debe aplicarse una buena dosis de comprensión. La idea de una inteligencia colectiva es uno de los temas predominantes en la investigación no ficticia de nuestro mundo

La idea es que los sesgos cognitivos individuales pueden ser llevados al pensamiento de grupo para alcanzar un rendimiento intelectual mejorado. Es lo que se ha dado en llamar la inteligencia colectiva. Podríamos también explicar argumentando que se puede llevar a las comunidades humanas hacia un orden de complejidad mayor, lo que, obviamente, conllevaría a otro tipo de comportamiento sobre la realidad.

La inteligencia colectiva está en todas partes, está repartida. Debe ser valorada y coordinada para llevarnos hacia la construcción de las bases de una sociedad del conocimiento, lo que implica, de entrada, el enriquecimiento mutuo de las personas. Si la inteligencia está repartida, como realmente lo está, se modifican los conceptos de élite y de poder, y se rompen los paradigmas del liderazgo, más aún, los de la soberbia, pues reconocerlo implica desde ya una manifestación de humildad.

Ahora esa inteligencia repartida debe ser sometida a una acción para que comencemos a conseguir la inteligencia colectiva. Teilhard de Chardin, buen definidor de la persona por diferenciación de individuo – y quien por cierto vislumbró la red informática con 50 años de anticipación- habló de noosfera (conjunción de los seres inteligentes con el medio en que viven) y lo extendió más allá al vislumbrar lo que los pensadores de hoy llamarían el cerebro global.

Pues bien, la clave está, quizás, en crear numerosas y pequeñas noosferas. Ello pasa por ver con menos individualismo y en un contexto ético de alteridad. Es lo que en el humanismo cristiano se denomina como la sustitución del yo por un nosotros. Hay, sin embargo, una razón más práctica que escapa a lo teórico-moral para insertarse en la brutal realidad real: hacia adonde va el mundo o se sabe o se perece, o se coopera o se fracasa, o se respeta o se es condenado.

Una buena manera de lograrlo es ajustando los mecanismos de comunicación. La web inteligente que aparecerá en cualquier momento podrá, por ejemplo, organizar la información que le interesa exclusivamente a la comunidad de un barrio. La tecnología está al servicio de la intereacción. Los problemas de una comunidad específica seguramente son los de muchas lo que conllevará a un contexto compartido. En este plano de intercambio conseguiremos un mundo de significaciones lo que llevará a la movilización de las capacidades. Ello pasa por identificarlas y reconocer la diversidad. El primer paso es la aceptación de que estamos en la era del conocimiento y que en consecuencia debemos actuar dentro de ese marco. La potenciación de las capacidades parte de la conformación de un estado positivo que le permita a la persona actuar con otros y conseguir la apertura. Y resultaría innecesario agregar que el pensamiento que se genera de esta manera es libre y no sometido a manipulaciones. Y también que no se trata de fusionar inteligencias individuales en masa, sino de activar un nuevo modo de identificación. Esta es precisamente la idea de la inteligencia colectiva, una donde se conserva la personalidad de cada quien, las ideas y del yo de cada quien.

Esto es, la gente no piensa junta para llegar a determinadas conclusiones sino que piensa junta para obtener el valor de la conexión y de la confrontación de ideas. Modifiquemos a los educadores y a la educación que actualmente se imparte. Habrá que cambiar los métodos tradicionales. Así lo podemos resumir: enseñar es conectar personas con oportunidades, experiencias con conocimientos, es ayudar a que se establezcan una o más conexiones, conectar experiencias, conectarse a una experiencia, conectar para que otros aprendan a conectarse, conectar personas con contenido, conectar personas.

Efectivamente, la realidad es sustituible siempre y cuando se tenga clara la nueva realidad. Para ello es menester el diseño colectivo de un proyecto que pasa por una inteligencia colectiva o conectiva, en cualquier caso organizada. Si no reinventamos la democracia no habrá futuro y para ello es menester que el cuerpo social genere, mediante su constitución en colectivo inteligente, las herramientas necesarias para lograrlo.

El espacio de esas herramientas es el conocimiento, el poder de pensamiento, de un espacio dinámico y vivo donde se transforman cualidades del ser y maneras de actuar en sociedad. Es, fundamentalmente, un asunto político y un asunto de la democracia. Es mi visión de país venezolano: una sociedad del conocimiento. Lo propongo para ser incluido en el proyecto nacional sustitutivo del actual en 2013. Y le pongo nombre: Proyecto Nacional. Plan de Reconstrucción Democrática para el Desarrollo Sustentable del hombre venezolano.

teodulolopezm@yahoo.com

domingo, 27 de marzo de 2011

Salud, base de la cohesión social: lo propongo

Teódulo López Meléndez

1. Seguridad Social como Derecho Humano 2. Sistema y subsistemas 3. Pensiones, salud, paro forzoso y capacitación laboral, de vivienda y política habitacional y de recreación 4. Programa de acceso de los no asegurados a los sistemas de salud y medicinas gratuitas 5. Implementación de la Ley Vigente de Seguridad Social 6. Sistema de atención médica a domicilio 7. Estadísticas de recursos humanos y materiales existentes 8. Regionalización de la Salud 9. Docencia y acuerdo con las universidades 10. Indicadores de calidad del servicio de salud 11. Creación del Consejo Nacional de Coordinación del Sistema Nacional de Salud 12. Legislación sobre productos farmacéuticos 13. Depósito estratégico de medicamentos

Universalmente se reconoce la Seguridad Social como un derecho humano de acceso al menos a una protección básica para satisfacer estados de necesidad. Es una política a ejecutar por el Estado y a ser llevada hasta los más necesitados. La expresión Seguridad Social ya fue usada por Bolívar en el Discurso de Angostura. El Departamento de Seguridad Social de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), Ginebra, en conjunto con el Centro Internacional de Formación de la OIT, con sede en Turín y la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), en Ginebra, publicaron en 1991 un interesante documento titulado " Administración de la seguridad social". De este documento se transcribe: "Es la protección que la sociedad proporciona a sus miembros mediante una serie de medidas públicas, contra las privaciones económicas y sociales que, de no ser así, ocasionarían la desaparición o una fuerte reducción de los ingresos por causa de enfermedad, maternidad, accidente de trabajo o enfermedad laboral, desempleo, invalidez, vejez y muerte y también la protección en forma de asistencia médica y de ayuda a las familias con hijos". La Seguridad Social Integral tiene como fin proteger a los habitantes de la República de las contingencias de enfermedades y accidentes, sean o no de trabajo, cesantía, desempleo, maternidad, incapacidad temporal y parcial, invalidez, vejez, nupcialidad, muerte, sobrevivencia y cualquier otro riesgo que pueda ser objeto de previsión social, así como de las cargas derivadas de la vida familiar y las necesidades de vivienda, recreación que tiene todo ser humano.

El sistema debe estar organizado en subsistemas y dirigido por el Ministerio del Trabajo. Debe estar en subsistemas tales como pensiones, salud, paro forzoso y capacitación laboral, de vivienda y política habitacional y de recreación, entre otros. En el 2002 salió publicada en gaceta Oficial el nuevo régimen de seguridad social de Venezuela, la llamada LOSS. Asegura un régimen más incluyente y de aplicación universal, pero no se aplica, está en una especie de Vacatio Legis, situación inadmisible. Muy bien podemos partir de ese texto que es ley de la república, oír observaciones y lanzarnos a su implementación con todas las fuerzas del Estado. En este campo, inclusive más que en otros, asistimos a una desconcertante ausencia de voluntad política.

No obstante, se nos vienen a la mente algunas acciones mientras se edifica la seguridad social. El primer pensamiento es para nuestros grandes médicos que lucharon contra epidemias y las hicieron desaparecer y, el segundo, para una ausencia notable de estadísticas que nos permitan establecer programas sobre epidemias que reaparecen y en el marco de una política de prevención de enfermedades.

Uno de ellos debe ser el establecimiento inmediato de un programa de acceso de los no asegurados a los sistemas de salud y medicinas gratuitas y el establecimiento de un sistema de atención médica a domicilio que corra conjuntamente con el proyecto “Barrio Adentro”. Hay que regresar a la regionalización de la salud permitiendo a los entes regionales y locales la administración de los hospitales y centro de prestación de servicios todo enmarcado dentro del Plan Nacional de Salud. Como hablaba de las estadísticas hay que marchar hacia ellas para determinar los recursos existentes, humanos y materiales, y garantizar una atención primaria con claros conceptos en transiciones epidemiológicas, continuidad de la atención y evaluación de tecnologías sanitarias. No dejo de incluir una reorganización administrativa, una logística y proyectos realizables de atención integral y de reformas e intervenciones en el el sistema de salud público.

La regionalización debe permitir el incremento de la capacidad operativa de los sistemas, la descentralización administrativa y, sobre todo, la participación de la comunidad en la solución de sus propios problemas de salud. Se ha tratado, demagógicamente, de enfrentar dos supuestos tipos de médicos, se ha permitido el cierre de numerosos centros de Barrio Adentro y se ha olvidado el mantenimiento de hospitales públicos y de suministro de insumos. La única respuesta posible es el de la eficiencia, el de organizar mecanismos de mantenimiento y de una certera política de adquisiciones y distribución de medicamentos.

Al parecer en este país venezolano no es que las estadísticas no estén en registros de computadora, pues parece que en muchos casos ni en el papel. Se me dice que no hay catastro actualizado, que no se cuenta con registro eficiente de insumos y menos con sistemas que permitan detectar en tiempo real focos epidemiológicos y calcular la expansión.

Un asunto que hay que tomar muy en cuenta es el de docencia. En primer lugar hay que involucrar a las universidades en el desarrollo del Plan Nacional de Salud y una cuidadosa evaluación de los egresados de algunas instituciones sobre las cuales caben dudas razonables. De esta manera cualquier designación en direcciones o subdirecciones de centros de salud deberá ser hecha por concurso.

Otro asunto prioritario es el aumento de la calidad del servicio prestado lo que se puede lograr mediante una estrategia adecuada a cada nivel de complejidad y obtener así indicadores en cada sitio de prevención, de hospitalización y de intervención sanitaria. Hemos hablado de la participación comunitaria por lo que debe haber programas de calidad participativa. Sugerimos, así mismo, la descentralización de las compras, para evitar corrupción o pérdida de material, la cual debe estar sometida a fiscalización.

En definitiva, para quienes no somos expertos en esta área compleja de la salud, nos cabe plantear que lo que queremos es hacer de la atención sanitaria un valor de cohesión social. Hemos hablado de descentralización de la salud para lo cual deben tener injerencia los cinco polos de desarrollo regional planteados en nuestro primer texto programático, con unas bases y coordinación general, por lo que planteamos la creación de un Consejo de coordinación del Sistema Nacional de Salud presidido por el Ministro de Salud, con representaciones de las regiones y de los sectores empresarial y sindical.

Creemos, además, que es obligación legislar sobre los productos farmacéuticos para evaluar y autorizar medicamentos y productos sanitarios en general. Es menester una fijación convenida de precios. Ante las emergencias constantes de solicitudes que vemos en las redes sociales es absolutamente imprescindible la creación de un depósito estratégico de medicamentos y productos necesarios para casos extremos y, sobre todo, para emergencias y catástrofes naturales.

Son algunas ideas generales. Como siempre lo digo, el político tiene el concepto general de lo que quiere y los equipos de gobierno se encargan de implementar sus ideas. Cuando logremos que la población se sienta satisfecha del servicio público de salud habremos establecido una base fuerte a la cohesión social. Lo propongo.

teodulolopezm@yahoo.com