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lunes, 20 de junio de 2016

Entrevista a Luís Almagro, Secretario General de la OEA

“Las prioridades en Venezuela deben ser el revocatorio, la libertad de presos y la ayuda

Luis Almagrosecretario general de la OEA, considera que no se puede dilatar una solución y advierte de que el diálogo dirigido por tres expresidentes no debe convertirse en un “mecanismo para ganar tiempo

El secretario general de la OEALuis Almagro AFP
Para Luis Almagro (Paysandú, Uruguay, 1963), la única forma de que Venezuelapueda empezar a salir de su crisis es que se celebre el referéndum revocatoriodel mandato del presidente Nicolás Maduro, se libere a los presos políticos y se permita la entrada de ayuda. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) considera que no se puede dilatar mucho más una solución y advierte de que el diálogo dirigido por tres expresidentes que ya está en marcha no debe convertirse en un “mecanismo para ganar tiempo”. Esta semana, 34 países de las Américas se reunirán en la sede de la OEA en Washington para hablar, por primera vez en mucho tiempo, del estado real de la democracia enVenezuela, un encuentro que Caracas ha querido evitar a toda cosa.
Pregunta. Activó la Carta Democrática Interamericana para Venezuela pese a la oposición de algunos Gobiernos, empezando por el de Maduro. También presentó un duro informe sobre la situación. ¿No había otra forma más conciliadora de actuar?
Respuesta. Se trata de abordar temas que de verdad preocupan a los venezolanos. Salirnos de formalismos y pasar a la sustancia de lo que deben serlas soluciones. Hemos hecho recomendaciones muy concretas, algunas de las cuales son más imperativas: el referéndum, la liberación de los presos políticos y abrir canales de asistencia humanitaria internacionales son las tres prioridades de Venezuela. ¿Cuánto podríamos haber resuelto si hubiéramos abierto ya el canal humanitario? Se hubieran evitado saqueos, tres muertos, cientos de heridos, detenciones arbitrarias... no hay margen para seguir hablando de las cosas sin esperar soluciones para los problemas reales.
P. ¿Cualquier salida pasa por esos tres elementos?
R. Esa es la solución a corto plazo. Y no son cosas imposibles para el Gobierno. Ha hecho referendos de forma expedita antes. La liberación de presos políticos también es algo que puede resolver mañana, como abrir un canal de asistencia humanitaria. Son cosas que le están costando mucho a la sociedad venezolana y que están pagando en vidas humanas, en la situación institucional completamente anómala. Y hay cosas estructurales, un equilibrio justo de poderes es fundamental para la democracia.
P. Pero hay quienes le acusan de actuar por su cuenta.
R. No he ido por mi cuenta por presentar el tema al Consejo Permanente en función del artículo 20 [de la Carta Democrática, que prevé que el secretariogeneral pueda invocarla]. Eso implica que el tema queda en manos de los países.
Y ha habido cualquier cosa menos precipitación. El primer planteamiento se hizo en la primera semana de marzo y el tema recién va a ser abordado el 23 de junio.
P. Estados Unidos y Venezuela acaban de anunciar que van a intentar recomponer sus relaciones bilaterales. ¿Cómo lo ve?
R. Es muy positivo. Se trata de apoyar a Venezuela y los venezolanos y eso está muy en consonancia con ese objetivo. Ojalá que vaya dando resultados.
P. EE UU y otra quincena de países han dado su apoyo al diálogo entre oposición y Gobierno mediado por Unasur y los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos. ¿Es una vía compatible a la suya?
R. Es muy complementaria, porque es una dinámica de diálogo que ha tenido un tremendo éxito externo. Pero todavía no ha podido acercar resultados en las soluciones específicas que Venezuela requiere.
P. Usted participó en una primera ronda de diálogo en Venezuela promovida por Unasur en 2014, como canciller de Uruguay, que no llegó a ninguna parte. ¿Le hace eso menos optimista ahora ante este nuevo intento?
R. Nadie en este mundo se puede oponer al diálogo, pero a veces se confunde con sentarse a conversar, con un mecanismo para ganar tiempo. Esas dos cosas tienen que evitarse, porque si no se desprestigia el diálogo.
P. El Gobierno y la oposición venezolana, ¿tienen que hacer más esfuerzos ambos?
R. Es fundamental que las dos partes actúen de buena fe, pero lo que tiene que ver con el referéndum está en manos del Gobierno decidirlo, así como la liberación de los presos políticos y abrir canales de ayuda.

La comunicación de Macri lo rejuvenece






Pregunta. ¿Cómo afectan las nuevas tecnologías a la política?
ENTREVISTA A ANTONIO DIEZ RUBI
Respuesta. En tres direcciones. El primer cambio es la manera de comunicar. Hay nuevos roles, nuevas plataformas y nuevos lenguajes. Pasamos de ser pasivos a activos. El segundo cambio es la manera que tenemos de organizarnos para hacer política. Disponemos de una gran capacidad para el activismo político y social. Ya no son militantes pasivos que llenan las graderías, estamos hablando de gente que toma decisiones, que no espera instrucciones. Y el tercero, que no menor, es la creación de contenidos, de ideas. Estas tres áreas transforman la relación de los electores con la política. En el fondo sería algo así como “dime como interactúas conmigo y te diré como gobiernas”
P. ¿Aprovecha el presidente el presidente Mauricio Macri este nuevo orden?
R. Macri ha utilizado esta comunicación como un corte cultural con su principalrival electoral, Daniel Scioli. Al utilizar de manera efectiva la comunicación digitalha “envejecido” a Scioli. El cambio ha sido estético/cultural/político. Macri ha parecido, siendo una persona mayor, el más joven. Y siendo una persona tradicional, el más innovador. Segundo beneficio: le ha hecho amable, contemporáneo. Yo creo que los electores piensan que para gobernar el presente con proyección hacia el futuro necesitan a alguien que sea capaz de llegar al futuro. Envejece a los otros, se rejuvenece y, tercero, moviliza. Si algo hemos visto en la campaña electoral es que mientras las encuestas no le puntuaban lo que puntuaba era lo que estaba por debajo de las encuestas. Las búsquedas de Google, por ejemplo, han sido determinantes.
“Un tuit no es un voto, pero un tuit puede cambiar un voto”
P. El macrismo no tiene movilización de calle pero sí virtual. ¿Cuál es más importante?
R. Son escenarios distintos y complementarios. Plazas y redes, estos son conceptos importante. Cuando haces política en las plazas necesitan espacio y tiempo; una hora, un día y un lugar. En la movilización de las redes no necesitas espacio-tiempo, una persona de Córdoba y otra de Corrientes y otra de Buenos Aires pueden estar compartiendo una idea política y lo que lo convierte en volumen son las conversaciones. Es decir, pasas de la consigna a la conversación.
"Dime como  interactúas conmigo y te diré como gobiernas"
P.¿Qué gana Macri al abrir unsnapchat?
R. Primero, innovación. Está a la última, es un tipo moderno que innova y lo integra fácilmente. Segundo, el factor oportunidad. El tipo es listo y sabe cuándo eso va a calar. Tercero, es una red que permite algo fascinante: mostrar el detrás de las cortinas y el cómo se hace. Convertimos al usuario en voyeur, te dejo ver lo que los demás no ven. El contenido además es evanescente. Y aunque tenga mucha técnica detrás genera complicidad con los usuarios jóvenes, que no quieren consumir lo que se les da sino lo que no se ve.
P. ¿Cuáles son los riesgos de esta nueva forma de comunicar?
R. El riesgo es convertir a la política en un producto de consumo, convertir a las ideas políticas y a la acción política en un consumo de contenidos, en un contenido atrayente que tiende a la fascinación.
"El riesgo es convertir a la política en un producto de consumo de contenidos atrayentes"
P. ¿Podemos evitar eso?
R. Como consumidores cada vez más inteligentes, menos leales, menos obedientes y que pidan autenticidad a sus productos. “Oiga, usted no me puede engañar con las emisiones, si usted me engaña se va a hundir”.
P. ¿Y la figura del ciudadano dónde queda?
"Hoy aumentó el control ciudadano respecto a lapolítica, tenemos más capacidad para fiscalizar"
R. Uno de los elementos que más ha revitalizado la política es el consumo crítico. Es decir, cuando los usuarios empiezan a reivindicar sus derechos, a exigir información clara, cuando descubren que son estafados. ¿No es ese consumidor crítico un ciudadano? Claro que lo es. Está operando como ciudadano en una relación comercial, no es un puro consumidor e introduce otras variables a la hora de tomar decisiones.
P. ¿Pero no aumenta el control sobre los ciudadanos?
R. Aumenta el control ciudadano respecto a la política, a las empresas, tenemos más capacidad para fiscalizar y descubrir. Estamos en un momento en donde la impunidad es cada vez menor y el control también puede ser mayor de ambos lados.
P. ¿Cómo está América Latina ante esta nueva realidad?
R. En términos porcentuales es la región que más crece en el mundo. Solo representan el 12% del tráfico general pero es la que más crece, 2 o 3 puntos más que el Sudeste asiático, EEUU y Europa. Segundo, la clase media latinoamericana ha hecho que para muchos jóvenes el elemento de emancipación no sea el carro. Hoy lo que refleja la idea aspiracional más clara es a tecnología y la portabilidad. Y tercero, la penetración de redes es máxima.


viernes, 17 de junio de 2016

América Latina : corrupcion omnipresente

Corrupción omnipresente

Los escándalos políticos son males endémicos en Amércia Latina. Están presentes incluso bajo Gobiernos de izquierda, cuyos líderes se vanagloriaban de que nunca incurrirían en las odiosas prácticas de sus verdugos


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La imputación de Cristina Fernández por haber vendido dólares por debajo del precio de mercado para beneficiar a su sucesor en 2015 es la punta del iceberg del nuevo escándalo de corrupción de América Latina. En la lista de acusaciones, juicios y sentencias en la región, Fernández también está bajo investigación por haber entregado contratos de miles de millones de dólares a un constructor antes inexistente, que adquirió extensiones gigantescas de tierra en la Patagonia y hoteles de lujo en la provincia de Santa Cruz por cuenta de la expresidenta. Lázaro Báez, protagonista principal del escándalo de Hotesur, ya ha sido detenido, pero seguirá la marcha de jueces sumisos que dejaron languidecer estas causas cuando Fernández despachaba en la Casa Rosada.
Dicha marcha marca la pauta de una de las grandes novedades en nuestra historia reciente: la creciente intolerancia de las clases medias ante niveles inéditos de corrupción y el uso de esa justificada indignación por opositores políticos para su propio beneficio. En un contexto caracterizado por un letargo económico prolongado y por Gobiernos de izquierda en buena parte de los países latinoamericanos, es fácil comprender por qué se trata de algo novedoso, alarmante para algunos y alentador para otros.

El caso emblemático consiste en la tragedia brasileña. Dilma Rousseff ha debido desocupar la presidencia, por lo menos durante 180 días, quizá para siempre, con motivo de un proceso de destitución institucional. Dilma no es acusada de corrupción personal. Pero sin las revelaciones del caso Lava Jato, del juez Sergio Moro y del conjunto de acusaciones y certezas englobadas bajo el término de Petrolão, no enfrentaría los cargos que se le imputan. Asimismo, de no ser por el patético estado de la economía brasileña, tampoco habrían prosperado esos cargos. Por último, si la oposición brasileña no se hubiera envalentonado, gracias a casi 14 años fuera del poder, a un milagroso acercamiento al retorno en 2014, y a una movilización callejera sin precedentes, Rousseff tampoco habría sido defenestrada constitucionalmente. Lo que acontece hoy en Brasil es la suma de todos estos elementos.
Pero en todos estos casos, detrás del andamiaje jurídico se perfila el triple fondo político y ético: ellos robaron para la corona, es decir, para mantenerse en el poder. La gente no lo toleró; y la oposición se aprovechó. En ausencia de este comportamiento corrupto, ¿habría funcionado la perpetuación en el poder de un partido, de un matrimonio, o de un solo gobernante en otros casos análogos? Es difícil saberlo, el ejercicio contrafactual es imposible.
Hay una creciente intolerancia de las clases medias ante niveles inéditos de corrupción
Sí sabemos que lo de Brasil no es un “golpe de Estado” ni un acto opositor ilegítimo en un país con un sistema semihíbrido, donde la multiplicidad de partidos y la existencia de un procedimiento expedito de juicio político alienta a cualquier oposición a utilizarlo. Los intentos de destitución legal de un mandatario son lo propio de la democracia y de la vocación opositora. No se entiende cómo los partidarios de la revocación de mandato, por ejemplo, se indignen ante un procedimiento constitucional ciertamente legislativo, pero no menos legítimo.
La pregunta podría ser si lo mismo va a comenzar a gestarse en otros países. En Guatemala ya aconteció. En Nicaragua difícilmente sucederá algo, aunque la corrupción detrás del ficticio canal interoceánico tal vez sea, en términos per capita, la mayor de todas. En El Salvador la corrupción del anterior mandatario electo bajo el emblema del FMLN ya había sido divulgada, pero ahora, con la detención en Brasil de João Santana, el gurú de campañas de la izquierda latinoamericana, saldrán a relucir más datos. En Panamá, el actual Gobierno ha procesado en ausencia al expresidente Martinelli. En Perú, cualquiera que sea el vencedor de la segunda vuelta se verá obligado a investigar, y en su caso a procesar, al mandatario saliente y a su esposa. En Chile, la nuera de Michele Bachelet, y parte de la clase política, han sido acusados de diversas fechorías, basadas en anacronismos jurídicos, con fines claramente políticos, pero en algunos casos con fundamentos reales.
El capítulo venezolano encierra las paradojas más dramáticas y arrojará los peores ejemplos de corrupción una vez que se sepa lo ocurrido durante el chavismo. Las fortunas acumuladas por los nuevos magnates bolivarianos solo tienen como parangón las increíbles privaciones que padecen los habitantes de uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales. La hecatombe venezolana llegará a su desenlace, y aunque la corrupción de sus autoridades no desempeñará un papel central en lo inmediato, en el ajuste de cuentas con el pasado será decisiva. Hugo Chávez llegó al poder en 1998 denunciando, con toda razón, la corrupción infinita del pacto de Punto Fijo; la de sus correligionarios, mientras estuvo en vida y después, no fue menor.
La fortuna de los nuevos magnates bolivarianos crece mientras la gente sufre privaciones
Huelga decir que el asunto no es privativo de la izquierda. Esta se encuentra en el poder en varios países de la región y por tanto buena parte de la ira social se dirige en su contra. El caso de México demuestra la omnipresencia de los escándalos de corrupción, con Gobiernos de izquierda, de derecha o de identidad ideológica difusa. El Gobierno del presidente Peña Nieto ya ha sido consignado a la historia por el estigma de la llamada casa blanca, la residencia adquirida por su esposa gracias a facilidades otorgadas por uno de los grandes contratistas de estos años. Pero ahora esto parece lo de menos.
El deseo de Peña Nieto —bien intencionado o cínico— de ver aprobadas por el Congreso mexicano leyes eficaces contra la corrupción se ha topado con la resistencia —feroz y cínica también— de su propio partido y de la oposición. La llamada ley 3 de 3, que obliga a servidores públicos y a candidatos a divulgar sus bienes, ingresos e intereses, se ha visto enmarañada en una madeja de objeciones leguleyas. A dos años de las próximas elecciones, Peña sigue a tal punto manchado por los escándalos de corrupción (y de violaciones a los derechos humanos) que difícilmente escapará a la creación, por su sucesor, de sendas comisiones de la verdad con apoyo internacional.
En los años ochenta, cuando se efectuaron la mayoría de las transiciones democráticas en América Latina, muchos pensaron que los males endémicos de la región comenzarían a desvanecerse en forma automática. No fue el caso. La violencia y la desigualdad persisten, aunque hayan disminuido en algunos países. La corrupción se encuentra más presente que nunca, incluso bajo Gobiernos conducidos por partidos o líderes de izquierda, que se vanagloriaron de que ellos nunca incurrirían en las odiosas prácticas de sus verdugos o represores: las élites latinoamericanas. Resultó que sí.
Jorge G. Castañeda, exministro de Asuntos Exteriores de México, es profesor de Ciencias Políticas y Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de Nueva York