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miércoles, 13 de abril de 2016

La amnistía también es economía


José Guerra: La amnistía también es economía

Publicado en: Opinión
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¡Concéntrense en lo económico! pareciera ser el reclamo de muchos, agobiados por una crisis económica verdaderamente insufrible y un gobierno tóxico y errático, empecinado en que el panorama luzca cada vez peor. En esta dinámica, por lo demás comprensible, se plantea un falso dilema entre atender lo estrictamente económico y dar respuesta a lo político y social, como si una cosa no tuviera que ver con la otra.

El Proyecto de Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, introducido para su discusión en la Asamblea Nacional, no es solo un compromiso programático con quienes votaron mayoritariamente por el cambio el pasado 6D, sino que atiende un nudo central en la búsqueda de una solución a la actual coyuntura política, e incluso interpela lo más profundo de la conciencia nacional. Se trata en lo fundamental de un tema ético, legal y político, y al respecto son muchos los expertos que han esgrimido argumentos de peso. Lo que quiero agregar hoy a la discusión es el punto nada obvio que, incluso desde una óptica puramente economicista, incluso si uno le diera todo el peso a solucionar el problema de “la papa”, hay buenas razones económicas para “invertir” en la defensa de los Derechos Humanos en general y apoyar la amnistía en particular.

Meses atrás, en esta misma columna, argumentaba que el intento por imponer un proyecto hegemónico nos ha traído a una situación social y económica que muestra elementos característicos de los países que salen de un conflicto bélico, y al respecto debemos tomar nota de las lecciones extraídas de la llamada economía de la reconstrucción. Una de esas lecciones de política es que la búsqueda de cohesión social debe constituir un objetivo prioritario, pues si algo caracteriza los escenarios post-conflicto es la polarización del discurso y la desconfianza entre los distintos actores sociales, lo cual dificulta la construcción de consensos y deteriora el clima de negocios. En ese sentido, la Ley de Amnistía es una herramienta para trasmitir con hechos el mensaje clave de que el país se abre a una nueva etapa de reconciliación nacional, donde no habrá cabida para la exclusión, la discriminación o la retaliación.

Por otra parte, no hay manera que el país retome la senda del crecimiento sostenido sin una mejora sustancial en la seguridad jurídica. No solo se trata de que los emprendedores puedan invertir sin temor a que sus activos sean expropiadas o sometidos a procedimientos arbitrarios, sino de que no estén sujetos a persecución, hostigamiento o cárcel por caprichos políticos. No estoy hablando en abstracto, sino desde la dura realidad venezolana, donde hemos vistos casos como los gerentes de la cadena de supermercados Día a Día puestos presos sin formula de juicio por “generar colas”, o los directivos de las casas de bolsas lanzados arbitrariamente al calabozo por “atentar contra la moneda”, nada más por mencionar dos casos recientes. Venezuela aparece como uno de los peores lugares del mundo para invertir no solo por el desastre macroeconómico, sino por la crítica situación de inseguridad y la precaria situación de los Derechos Humanos. El triste saldo en términos de presos, exiliados y perseguidos políticos constituye una clara señal para los inversores de todo el mundo. Por eso es que, en mi humilde opinión, a quien le preocupe el futuro de la economía también debe preocuparle la amnistía

lunes, 4 de abril de 2016

Ante el fracaso del chavismo. Análisis del 2014

Con el Corazón en la Mano: Ante el Fracaso del Chavismo

Recordando, Para No Olvidar
Venezuela tiene el corazón en el pecho y a la izquierda. Y es que para una sociedad basada en el colectivismo cultural, lo natural es la empatía con el sufrimiento ajeno y considerar que la acción común es la manera de resolver dicho sufrimiento.  Al ver los niveles de pobreza históricos en Venezuela, muchos venezolanos sienten la obligación moral de tener solidaridad con sus congéneres de menos recursos, y han buscando diversas válvulas de escape psicológico: obras sociales, canciones de protesta, simpatía hacia ideólogos de izquierda, y un disfraz de desdén hacia los logros del capitalismo con oído atento a los pregoneros de las fallas del mismo.  Es por eso que Venezuela ha sido terreno fértil en la siembra del engaño de la utopía socialista, esa ilusión que pretende ofrecerle a las masas desposeídas un mar de felicidad.

El 17 de diciembre de 1982, bajo el Samán de Güere, un grupo de conspiradores militares liderizados por Hugo Chávez hicieron un juramento secreto de violar la constitución, derrocar el gobierno y violar su anterior juramento público como miembros de las FF.AA., defensores de la república.  La racionalización psicológica es una trampa demagógica.  El argumento que había que derrocar el gobierno para salvar a la patria es una falacia.  Es el discurso arrogante del antidemócrata en contra de la democracia participativa.

Sin lugar a dudas, la Venezuela de los ochenta era un caldero de emociones políticas:  El “caso” Sierra Nevada, el discurso inaugural de Luis Herrera (“y no para aquí el ascensor de la deuda!”), RECADI (renacido luego como CADIVI), la ruptura política de Caldera con COPEI, el sobreseimiento de Orlando Bosch con su consecuente rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, la reelección de CAP.  También era una Venezuela tildada de “bonita,” con grandes proyectos arquitectónicos, nuevas urbanizaciones y proyectos para nuevas ciudades, logros de ingeniería, fortalecimeinto de la armada y la aviación, y por supuesto una retahila de Misses mundiales y universales, en nuevos y grandes televisores, ahora transmitiendo a todo color.



La dinámica petrolera, el gasto público y el consumismo desaforado crearon lo que en aquel momento de manera presciente los pensadores Moisés Naím y Ramon Piñango calificaran como “Una Ilusión de Armonía”.  Era la Venezuela Saudita a la enésima potencia, con nuevos millonarios, “delfines,” y franca corrupción.  La creación de la industria de las Misses es casi una metáfora de lo que era esa Venezuela. Con maqullaje y cirujía se ocultaba la artificialidad del estilo de vida de la sociedad y la creciente división entre clases económicas. Pero se mantenía la ilusión y el modelo: cualquiera puede ser Miss en esta, la tierra de la belleza, pero eso sí, no engordes ni medio kilito, y píntate el pelo, mijita.  La Venezuela Bonita.

No nos hagamos ilusiones, como las de aquellos que dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esa Venezuela era una Venezuela corrupta, cundida por el tráfico de influencias y el amiguismo, características perennes del venezolano que siempre han triunfado sobre la meritocracia y cuya herramienta ubicua es la “palanca” para el logro de objetivos personales.  Era una Venezuela con un esquema social que colocaba a gran cantidad, si no a la mayoría, de los venezolanos en segunda o tercera categoría. Para aquellos que disfrutaban de las prebendas de ese sistema, o vivían en la ilusión de que estaban a punto de disfrutarlas, era una Venezuela maravillosa. Para todos los demás...

Finalmente, se pasaron las cuentas. Con el precio del petróleo en descenso, las ilusiones faraónicas quebraron las finanzas.  El estatismo desmedido creó un déficit de divisas que conllevaron a la escasez y al realismo económico.  La respuesta del nuevo gobierno de CAP, conducido por tecnócratas capaces pero neófitos en cuestión política, fue un choque al sistema con la implementación del “paquetazo”: una serie de medidas financieras bien intencionadas con el fin de rectificar el desastre fiscal, aplicadas con poca delicadeza política.  El propósito era realizar un cambio estructural en la economía, sincerar las finanzas y crear bases sólidas para el crecimiento orgánico del pais. Pocas semanas despues de la inauguración presidencial, la reacción ante el paquetazo se volcó en el “Caracazo” de febrero 1989, con su consecuente saldo de destrucción y muertes. Desde entonces se conocieron este tipo de medidas económicas como “neoliberalismo salvaje”.  Esta fue la ventana de oportunidad que se le abrió a los conspiradores del Samán de Güere.



En ese terreno fértil de la conciencia venezolana izquerdista, con el país inmerso en un caldo de malestar socio económico y con la resaca del Caracazo todavía presente, en 1992 Hugo Chávez y su camarilla realizan dos intentonas que arrojan más muertes inclusive que las del Caracazo. El Programa de Datos de Conflictos de Uppsala, que registra actos de violencia gubernamental y paramilitar a nivel mundial, mantiene como el mejor estimado de cifras de muertos por el Caracazo 44 fatalidades, reconociendo que hay cifras estimadas no confirmadas de hasta 300. En los golpes de febrero y noviembre de 1992 se confirman 186 muertos y los estimados sobrepasan a los 500. 

El segundo gobierno de Caldera se caracterizó por la falta de verdadero liderazgo político y traspiés económicos de gran magnitud.  El fracaso del sistema financiero acentuó los malestares económicos que llevaron a mayor miseria y pobreza.  El país estaba cansado del modelo ofrecido por los viejos fundadores de la democracia, que no permitían generaciones de relevo traer sangre e ideas nuevas, cuando el país reclamaba, no, necesitaba esas ideas nuevas.

Y Chávez se mantuvo firme en su “Por ahora.” Una vez sobreseída su causa (se le retiraron los cargos) conspiró nuevamente para tratar de llegar al gobierno por la fuerza.  Por este motivo se produce la ruptura entre Chávez y Francisco Arias Cárdenas, quien sí cree que puede llegar al poder mediante el voto popular.  Una vez electo Arias Cárdenas como gobernador del Zulia, y con resultados de sondeos de opinión, Chávez se convence que puede lograr sus objetivos mediante el proceso electoral, se lanza y gana con gran mayoría de votos en un proceso electoral que CAP calificó como un voto de venganza popular contra los partidos tradicionales y que selló efectivamente la caída de los mismos. Chávez desde ese primer momento inicia el discurso antagónico divisionista popular, e inmediatamente procede a reformar la constitución.

Tras la inauguración presidencial en febrero 1999, en abril Chávez convoca un referéndum de reforma constitucional, aprobado con el 88% de los votos.  Este resultado es indicativo del malestar que la población tenía con el sistema vigente, pero le da carta blanca a Chávez quien en agosto, y con una mayoría otorgada en las urnas del 95% convoca la Asamblea Constituyente, la cual redacta una constitución a gusto de Chávez, disolviendo poderes públicos y asegurando la continuidad del chavismo mediante herramientas abiertas y ocultas en dicha constitución. Para diciembre de 1999 Chávez ha creado los mecanismos que le permitirán aferrarse y aplicar su poder creciente sobre la sociedad venezolana. Asi comienza el velo de engaño de Chávez y el chavismo.

EL FRACASO DEL CHAVISMO

El chavismo ha sido un fracaso.  El chavismo no ha construido un mejor país.  El país no esta mejor que como lo dejó Caldera.  Los resultados estan a la vista y son palpables.  Aún cuando bajo cifras oficiales existan indicadores que dicen lo contrario.  Y uno de los peores resultados es la pérdida de confianza en culaquier pronunciamiento oficial acerca de las condiciones del país y las intenciones del gobierno.  Pero hagamos un breve análisis de los resultados de la gestión del chavismo.

Gestión Social
Si definimos como gestión social aquella relacionada con el mejoramiento de la calidad de vida del venezolano promedio es posible decir que hay resultados mixtos. En materia de salud, la tasa de mortalidad infantil, un indicador común de gestión, y pregonado fehacientemente, ha disminuído.  Un indicador menos seguido y publicitado es la mortalidad maternal, posible indicador de los niveles de atención médica.

El analfabetismo también se ha reducido. Los logros del país en este sentido han sido impresionantes.  Pero es difícil argumentar que ha sido únicamente el chavismo el promotor de este logro, puesto que el analfabetismo venía en disminución desde antes, tal y como lo señalan diversos indicadores al respecto.

Otros indicadores no han sido than positivos, y se generan como resultado de la agenda política del régimen y sus consecuencias económicas. Basta como indicador por ahora el índice de sueldo real ajustado promedio, el cual ha caído 41% desde el año 1992 (generador del impulso del chavismo) hasta el 2012. Aún con el argumento de cierta estabilización en la caída del salario real, dos puntos resaltan: 1) a partir del endurecimeinto del régimen en el 2002 a raíz de la intentona de abril, hubo mayor caída, y 2) la promesa del régimen era mejorar la condición económica no mantenerla igual.

En cuanto a la reducción de la pobreza y el desempleo, efectivamente eso ha ocurrido en Venezuela, y de alguna manera se le puede atribuir al chavismo logros en ese sentido.  Es de hacer notar que el mayor logro en este sentido es no haber ido contra la corriente de la región.  En economías tan disímiles como Colombia y Chile, los resultados en el mismo período son comparables: entre el 2005 y el 2011 se redujo la pobreza en Venezuela en un 22%, en Colombia 31% y en Chile 21%, y la curva de desempleo igualmente ha bajado en estos tres países.

Gestión Política
La gestión política del chavismo ha resultado en un gran fracaso puesto que ha fracturado la venezolanidad y debilitado el contrato social.

Sin lugar a dudas la más importante función política es la de lograr consenso en los objetivos de un país. En este sentido el compromiso que genera acción de gobierno por lo general es la solución que más satisface de alguna manera a todos los constituyentes e interesados pero que no satisface a ninguno plenamente.  Eso se espera por lo menos de un sistema democrático representativo en el cual el poder reside en los representados. Por su propia dinámica la democracia es siempre perfectible y existen mecanismos como representación proporcional de minorías, primarias y segundas vueltas que de alguna manera permiten una mejor representación de la voluntad popular.  Para evitar abusos de poder la división del mismo en las ramas de regulación, acción, y arbitrio permite un cierto control y transparencia en las acciones de gobierno.

El caso Chávez es desde un primer momento un caso de búsqueda del poder autoritario concentrado en el líder del ejecutivo. Sus primeras acciones políticas se caracterizaron por la búsqueda de la división y anulación de la oposición, mediante el discurso y la acción.

El confrontamiento, caracterización denigrante y desdén hacia puntos de vista contrarios han creado un clima sectario tanto en lo político como en lo social que envenena el país.  Toda persona que vive en el país tiene derecho a ser respetado como miembro valioso de la sociedad y el chavismo, al parecer, no considera que ese sea el caso.

Este no es punto a tomarse a la ligera. La mentalidad sectaria inspirada por el chavismo está detrás de problemas tan graves como la corrupción y la inseguridad.  Al no existir respeto, al incitar a la falta de respeto por lo ajeno, al considerar que el ajeno no tiene tanto valor como el propio, el contrato social se derrumba.



El discurso político chavista además, en su afán populista, ha creado expectativas irrealizables, que al ser frustradas por la realidad han generado gran malestar y son semilla de la rebelión. No hay transición posible en este momento, sea por una reversión en el chavismo o por cualquier alternativa de gobierno, que parezca poder satisfacer las expectativas creadas en la sociedad por el discurso chavista, expectativas que no se irán de la noche a la mañana. Pero he ahí la labor del político capaz.

Gestión Económica
La economía de Venezuela no es próspera. La gestión del chavismo ha despilfarrado la oportunidad histórica que proviene del descubrimiento y explotación de las mayores reservas petrolíferas del hemisferio occidental y un alza sostenida sin precedentes en los precios del petróleo.  Con estas condiciones los logros económicos son magros, escasos, insuficientes e invisibles--es decir, escuálidos.

Hay quienes si han prosperado, esos que en el eterno juego venezolano del quítate tú para ponerme yo han cambiado su nivel económico ventajosamente.  Hay quienes han hecho fortuna pescando en río revuelto y quienes la han hecho a expensas directas del erario público. Casos documentados de fortunas generadas bajo el chavismo incluyen a Aristóbulo Istúriz, con su cuenta bancaria en Banque Paribas por US$9 millones, Victor Vargas Irausquín, quien recientemente compró casa en Palm Beach USA por un valor de US$70 millones, y Ricardo Fernández Berruecos, acumulando fortuna de US$1.6 mil millones desde el año 2000.  Estos millonarios apoyadores del gobierno a veces se ven en apuros, por imagen pública o por populismo o quién sabe si por desavenencias financieras con sus contactos y palancas.

Pero el mayor agente del desastre económico ha sido el propio gobierno y sus políticas. El gobierno ha desfalcado a PDVSA, las industrias independientes y privadas, e incluso otros gobiernos en su afán ideólogo.  La deuda que mantiene el gobierno con las líneas aéreas (cuando los pasajeros compran pasajes en bolívares pero el gobierno no les da los dólares correspondientes a las líneas) supera los US$3 mil millones.  La reciente decisión de Maduro de romper relaciones con Panamá toma un cierto cariz cuando se agrega el hecho de que Venezuela tiene deuda con Panamá que supera los mil millones de dólares y posiblemente se acerca a US$2 mil millones.



Es cierto que el gobierno en realidad está escaso de divisas para hacer frente a sus acreedores. Las reservas internacionales han entrado en un patrón de descenso alarmante.  Considerando los precios del petróleo y los niveles de exportación actuales, pareciera difícil de entender lo que sucede.  Pero al ver el aumento drástico en las importaciones de todo tipo, incluyendo alimentos y artículos de primera necesidad, la balanza de pagos se encuentra en gran desequilibio.  Esto es culpa directa del gobierno.  En su afán estatista, la tendencia en producción agrícola ha disminuído al igual que la producción industrial.  Las ineficiencias estructurales en los sectores combinadas con las intervenciones estatistas han destruído el nivel de producción industrial necesario para la economía de expectativas creadas por el mismo gobierno.

Pero el desangre de divisas no para ni reside en las necesidades materiales de la población.  El mayor generador de divisas para el país es el sector petrolero.  Es aquí donde la intervención estatal ha sido más destructora.

Los estados financieros de PDVSA señalan al gobierno de Venezuela como el mayor deudor de esta empresa. El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela le debía a PDVSA más de US$22 mil millones a finales del 2012 (estados financieros consolidados PDVSA 2012, 2011, 2010, pág. 89), de los cuales US$20.57 mil millones son por ventas del gobierno directamente a otros países con los cuales tiene convenios de cooperación (ibid, pág. 90, notas 7-cy 7-d). Es decir, el gobierno esta en mora con PDVSA por su afán de convenios de petróleo mediante intercambios de servicios. La ganancia neta de PDVSA para el año 2012 fue de US$4.215 millones de dólares. Lo que dejó de cobrarle al gobierno de las ventas que arrojan esa utilidad supera los $22 mil millones. Aparte de haberle aportado al fisco por concepto de impuesto y regalías US$19,9 mil millones.

Dicho de otra manera: PDVSA le pagó al gobierno los impuestos que debía (casi $20 mill millones), y depués de ese pago tuvo una ganancia de poco más de $4 mil millones. Pero esa ganancia contable no es líquida puesto que no ha cobrado parte de sus ventas por más de $22 mil millones.  De esta manera PDVSA tuvo un FLUJO NEGATIVO de al menos $18 mill millones en el año 2012. Así se rompe la gallina de los huevos de oro.



El impacto económico es universal y empobrece a todo el país.  Es una situación de distribución de la pobreza, creada por el mismo gobierno. Y la manera en que esto sucede es mediante la inflación, el mecanismo de ajuste natural para economías en desequilibrio.  Al combinar la inflación de precios con el ajuste cambiario para determinar la inflación implícita, la realidad de la economía venezolana se pone en relieve y las cifras son estremecedoras.

El mayor especulador, el que ha arruinado al país es ese traficante de dólares, el propio gobierno.  Sus políticas económicas han conducido al país al borde del abismo financiero de la hyperinflación. Y quieren mantener el rumbo.

EL FUTURO: APRENDIENDO DE CHAVEZ 

El venezolano tiene el corazón en la mano y le duele su patria.  El levantamiento en las calles tiene su origen en las frustraciones creadas por el propio chavismo y en las consecuencias de sus políticas erradas. Pero sin lugar a dudas existen desigualdades económicas y de oportunidad que deben ser resueltas. No se puede regresar a una Venezuela en donde un sector económico pretende que otro sea generador de servidumbre sometida, sin oportundades de superación y que inclusive encuentra gracioso que tenga esas aspiraciones de superación.  No se puede regresar a una Venezuela que ignora el potencial de su propia gente y busca simplemente rotarse acceso encuevado al botín de Ali-Babá mientras se ignora la montaña de inequidad que le tranca el paso al mérito.

Chávez pretendió escuchar el clamor de la desigualdad y emprendió desatinadamente su camino aventurero por el socialismo totalitario, enmascarado con visos de modernidad al tildarlo del Siglo XXI.  Pretendió utilizar un puño totalitario con guante de seda para aliviar a Juan Bimba y sus resultados están a la vista: un país sectario, una economía destruida, un malestar generalizado.  No hay cifras oficiales que valgan en la cocina de la casa. La resaca del chavismo cunde por todas las urbanizaciones, barrios, pueblos y ciudades del país. Y Jaimito salió a tirar piedras. Y la sangre derramada es la sangre de todos los venezolanos: los que defienden su bozal de arepa y los que luchan por su futuro.

Pero, nuevamente afirmo que aquellos quienes creen que la solución es regresar a la “Venezuela Bonita” están equivocados.  Es posible que la rebelión popular conduzca a una nueva posibilidad de futuro para el país. El venezolano es trabajador y creativo cuando se le da la oportunidad—las obras civiles de aquella Venezuela lo demuestran con creces, por no mencionar, por ejemplo, la erradicación del polio y la malaria y logros culturales reconocidos mundialmente. Y sin lugar a dudas el venezolano tiene ansia de futuro, especialmente la Venezuela joven. Pero ese futuro sólo es posible cuando se escuche a los que son y fueron chavistas, cuando se entienda porqué el chavismo tenía atractivo entre las masas desposeídas y porqué respondieron al mensaje del chavismo, al igual que se escuche a los que rechazaron ese mensaje. Un futuro de participación incluyente que repudia y se despoja del paternalismo caudillista y le otorga su cuota de responsabilidad a cada ciudadano dentro del marco de la democracia. Un futuro que desea invertir en el país, en su infraestructura, en su gente, no en aventuras politiqueras; un futuro que busca unir, en lugar de dividir. Porque todos somos Venezuela. Es por eso que nunca ha sido más importante recordar aquel dicho: el que no conoce y aprende de su pasado está condenado a repetirlo.

Carlos J. Rangel - 9 de marzo, 2014


lunes, 18 de enero de 2016

BCV y despilfarro: raíz de la crisis 2016.



Economista Jesús Alexis González
La finalidad de un Banco Central (BC) es preservar la estabilidad monetaria, apuntalado por un buen manejo de la  la cantidad de dinero (crecimiento de la liquidez) evitando se genere un aumento sostenido del precio de los bienes y servicios a lo largo del tiempo (inflación) en procura que la moneda cumpla con sus funciones de almacén de valor, unidad de medida y medio de cambio, siendo vital que el signo monetario goce de la confianza del público en concordancia con la favorable credibilidad que ha de tener sobre la meta de inflación estimada a la luz de contar con una información anual y mensual que incluya como mínimo una visión sobre la evolución de las variables económicas y de su potencial influencia sobre la trayectoria futura de la tasa de inflación. Es igualmente sabido, que los procesos inflacionarios distorsionan el sistema de precios relativos generando incertidumbre y desestimulando la inversión, al tiempo de reducir la capacidad de crecimiento de la economía así como de perjudicar muy especialmente al estrato social de menos ingreso.
A los efectos que un BC pueda cumplir con sus fines, ha de gozar de plena autonomía con el propósito de cumplir el mandato constitucional en materia monetaria, que para el caso venezolano está consagrado en: Art. 318: “Las competencias monetarias del Poder Nacional serán ejercidas de manera exclusiva y obligatoria por el Banco Central de Venezuela”; en el Art. 319: “El Banco Central de Venezuela se regirá por el principio de responsabilidad pública, a cuyo efecto rendirá cuenta de las actividades, metas y resultados de sus políticas ante la Asamblea Nacional (…); y en el Art. 320: “En el ejercicio de sus funciones, el Banco Central de Venezuela no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias” (Las negrillas son nuestras) A tenor de lo señalado, se infiere que la autonomía del BCV consagra, muy especialmente, que no puede ser obligado a prestarle dinero al Gobierno mediante la emisión de dinero inorgánico para monetizar el déficit fiscal  causado por una situación donde los gastos del Gobierno son mayores que sus ingresos (algunas cifras indican que en la actualidad PDVSA le adeuda al BCV más de ¡$145.000 millones! por concepto de financiamiento), lo cual trae como consecuencia un aumento del Circulante (M1) que evolucionó desde 4.938.181 en 1998 hasta 1.839.535.079 a finales de 2014 propiciando una hiperinflación (ver:elrepublicanoliberal.blogspot.com/2015/03/jesus-alexis-gonzalez-hiperinflacion/html); que intentan erradamente combatir aumentando las perversas regulaciones y controles sobre la economía (ver: elrepublicanoliberal.blogspot.com/2015/05/jesus-alexis-gonzalez-pv-congelado-e.html?=1). Sea pertinente mencionar, que el Presidente de la Republica vía Ley Habilitante modificó (31/12/2015)  la Ley del BCV (la 7ª en “revolución”), para en esta oportunidad agregar que el instituto emisor podrá otorgar o financiar créditos al Estado y entidades públicas cuando exista amenaza interna a la seguridad u otro perjuicio al interés público que calificará el Presidente; ampliando la reforma del 2010 donde se estableció que el BCV puede imprimir billetes para auxiliar a PDVSA (¡!). No vacilamos en afirmar, que ambas reformas deben ser declaradas inconstitucionales por la AN con la inmediatez debida.
Como referencia  despilfarro—gasto excesivo y superfluo—gubernamental,  es propicio recordar que durante los dos últimos gobiernos democráticos antes de la llegada al poder del actual “proceso”, el precio de nuestra cesta petrolera promedió $15/b mientras que el Presupuesto Nacional (con equilibrada eficiencia y austeridad) se formulaba sobre la base de unos $25.000/año; lo cual no impidió se construyeran 655.999 viviendas un 46,3% de las 1.415.631 construidas durante los 4 Gobiernos democráticos a la par de una mayor soberanía alimentaria. El inicio del despilfarro, podemos ubicarlo a partir de 1999 coincidiendo con la  etapa de ascenso en el precio promedio de nuestra petrolera (crisis del Medio Oriente y crecimiento económico de China e India) desde $9,38/b en 1998 pasando por $117,4/b en junio 2008 (el histórico más alto) hasta alcanzar un promedio de $86,8/b para el lapso 1999-2014 (un 480% superior al democrático); tiempo durante el cual el Gobierno administró (desperdició) cerca de $2 billones para culminar en 2015 en la situación Divina de “Dios proveerá”. Vale acotar, que para 1998 la deuda pública total (interna y externa) era de $27.909 millones (35% del PIB) mientras que para principios del 2015 se ubicó en $249.523 millones (42% del PIB).
Es marcadamente evidente, que el modelo de organización económico-social que sin brújula doctrinaria ni visión concreta de país adelanta la “revolución” (ver: http://www.finanzasdigital.com/2015/10/una-revolucion-carente-modeloeconomico/), está haciendo aguas desde principios del 2000 y se ha sostenido en el poder con base en la represión aunado a un socialismo rentista populista que elevó el gasto público desde Bs 14.500 millones en 1999 hasta 1.150.000 millones en 2015, al tiempo que las reservas internacionales apenas crecieron un 6,22% entre 1998 y el 12/01/16 desde $14.700 millones hasta $15.615 millones donde las divisas liquidas representan solo $1.700 millones; escenario que nos condujo en 2015 a una hiperinflación del 347% (Universidad Johns Hopkins), aproximándonos a una indeseable situación similar a la experimentada por Zimbabue que en 2009 suprimió su  moneda al haber perdido todo su valor, y luego de transcurridos 7 años no ha podido retomar el sendero de la estabilidad institucional.
Reflexión final. Apreciamos como cínica, la pretensión reduccionista del Gobierno y su burocracia de  manejar la crisis estructural que han propiciado hasta empobrecer el país(ver: www.lasverdadesdemiguel.net/edicion-538-venezuela-por-que-se-esta-empobreciendo/) dándole un tratamiento de emergencia (desastre)argumentando” simplemente la necesidad de enfrentar solo las consecuencias inducidas por la caída del precio petrolero que se inició a   finales del 2014, sin presentar acciones concretas en materia monetaria, cambiaria y fiscal (por la vía del gasto); pero si aspiran  expropiar los medios de producción privados  para atenuar la crisis (¿?) Tal ambigüedad, ha de disiparse en no más de 6 meses al momento cuando el Poder Ejecutivo, luego del vencimiento del ejercicio anual, presente a la AN la rendición de cuentas en un todo de acuerdo con el Artículo 315 de la CRBV.
Economista Jesús Alexis González 
 jagp611@gmail.com   @jesusalexis2020
18/01/2016



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Crisis económica venezolana (en lenguaje sencillo)


Economista Jesús Alexis González   

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 El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones que promueven mejoras del nivel de vida, el desarrollo económico y  la reducción de la pobreza en los 184 países miembros (Venezuela se retiró de ambos entes en mayo 2007), pronosticaron y anunciaron (con  términos económicos de difícil comprensión) un desastre económico para nuestro país al estimar una caída en el PIB del 10% para 2015 y de un 6% en 2016 (la peor evolución en Latinoamérica y el mundo) lo cual implica retroceder al nivel de actividad económica que teníamos en 2006 (un salto atrás de 10 años), con una estimación de inflación del 158% para 2015 y más del 200% en 2016;  con el agravante que ese comportamiento negativo puede, de no variar la ideología, mantenerse hasta el 2019. Es de destacar, que esa estimación del 10% y  6% en la caída (contracción) del PIB inducen  poca claridad  en el ciudadano de a pie  para llegar a preocuparse ya que ¡estamos lejos del 100%!, al tiempo de no facilitar la comprensión de los efectos adicionales (aparte de su permanente gastritis) que tendrá en su actual desesperante situación de escasez, desabastecimiento y colas (que si conocen muy bien) en todos y cada uno de los estratos sociales, salvo aquellos que pueden viajar en avión propio o alquilado para hacer mercado con abundancia y tranquilidad en el extranjero.
Pero, ¿Qué es el PIB? Muy simple: una medición de la actividad económica referida a la cantidad de bienes y servicios producidos en un país durante un tiempo determinado (comúnmente un año); que en el caso venezolano el sector privado (tan maltratado por el Gobierno) representa más del 64% del PIB y emplea cerca del 80% de los trabajadores. El PIB, debe crecer normalmente algo más del 2% anual (es lo deseable) a menos que se esté parando la economía (desacelerando) es decir una reducción del ritmo de crecimiento, lo cual no representa una crisis ya que la economía sigue creciendo; pero si deja de crecer por al menos dos trimestres consecutivos se entra en una recesión (clara señal de alarma) que va causando una caída de la producción que obviamente disminuye lo que se puede comprar al perder los ciudadanos el poder adquisitivo bajando por consiguiente el consumo (motor del crecimiento económico), que de continuar esa situación (decrecimiento) se entra en una etapa de desastre cuando el PIB cae (como el 7% pronosticado para nuestro país en 2015) pasando a  una depresión económica (lo peor que puede pasar) que obliga al cierre de empresas (con la obvia destrucción del empleo), reduciendo  el bienestar ante la aparición de la escasez y el desabastecimiento que obliga, cuando se consiguen, a pagar altos precios (inflación) luego de someterse a la humillación de largas colas, en un ambiente de crisis  que afecta negativamente la economía, la política y la sociedad como un todo, muy especialmente al núcleo familiar que con sus mismos ingresos debe comprar artículos que suben de precio prácticamente a diario y  se acumulan durante todo el año (Índice de Precios al Consumidor); vale señalar  que Venezuela tiene desde 2014 ¡seis trimestres consecutivos sin crecer! aparte de una situación similar experimentada entre 2009 y 2010 (sin más comentarios).
En  América Latina, Venezuela mostró para septiembre 2015 una tasa inflacionaria del  16,9% mientras que en otros países como Brasil se situó en 7,4%, Chile en 4,0%, Perú en 3,4%, Bolivia 2,4% y Guatemala un 0,03%, siendo nuestro país el único donde se observa una pérdida del poder adquisitivo de los salarios en razón de la escasez, obligando a las familias a buscar (en materia de alimentos) alternativas de menor calidad o comprar menos (disminuyendo sus preferencias); a sabiendas que los mercados informales (buhoneros) tampoco son una salida ya que muchos artículos como la leche en polvo se vende con más de un 600% de incremento sobre el precio “regulado”, el café en más de un 900% y la harina precocida  (Harina Pan) en más de un 690%; mientras que en los mercados formales (como Guaicaipuro en Caracas) el gasto para una familia tipo de 5 personas aumentó en los últimos 4 meses (julio-octubre 2015) en más de un 73% (un promedio de 20% mensual) situándose en unos 23.000Bs/mes equivalente a unos ¡tres salarios mínimos!, destacándose casos como el tomate que aumentó un 344% (400Bs/k), las alitas de pollo en un 341% (500Bs/k), la zanahoria en un 120% (220Bs/k), la carne molida en un 43% (1.200Bs/k) y el cartón de huevos en un 112% para 930 Bs (26 Bs/unidad). A este desesperante ambiente, debe agregarse otras preocupaciones como que solo un 3% de la población puede adquirir vivienda con financiamiento bancario, la estimación de vehículos por venderse en 2015 representa una disminución de un 800% en relación al 2007 (7.200 vs 43.336) y que sufrimos un “confinamiento hogareño” ante la inseguridad reinante.
No es entonces pura casualidad, que a 9 de cada 10 venezolanos les gustaría un cambio de rumbo en la orientación económica del país que nos ha “conducido” a perder tres lustros de progreso, hasta situarnos en 2015 (a pesar de haber ingresado en 16 años cerca de US$ un billón 300 mil millones) como la séptima economía Latinoamericana (bajando del cuarto puesto ocupado en el 2000) detrás de Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Perú superando solo a Ecuador Republica Dominicana y Guatemala; indeseable situación propiciada por la caída del PIB hasta unos US$ 132.000 millones (un 66% menos del obtenido en 2012) e igualmente equivalente a la mitad del PIB de Colombia.
En fin, los venezolanos localizados en suelo patrio nos estamos empobreciendo materialmente, pero en simultáneo  estamos enriqueciendo nuestro afán de luchar por la reconstrucción del país.
Economista Jesús Alexis González   
 jagp611@gmail.com     @jesusalexis2020
12/10/15