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domingo, 6 de marzo de 2016

Recordando a Gabriel García Márquez

¡GABO, NUNCA TE OLVIDAREMOS!
*Gabriel Garcia Marquez pintado por Dante Sabogal
Tal día como ayer de 1927 nacía en Aracataca, Colombia, Gabriel García Márquez, una de las figuras más importantes e influyentes de la literatura universal. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982, fue además cuentista, ensayista, crítico cinematográfico, autor de guiones y, sobre todo, intelectual comprometido con los grandes problemas de nuestro tiempo, en primer término con los que afectaban a su amada Colombia y a Hispanoamérica en general.
Máxima figura del llamado «realismo mágico», en el que historia e imaginación tejen el tapiz de una literatura viva, que respira por todos sus poros, fue en definitiva el hacedor de uno de los mundos narrativos más densos en significado que ha dado la lengua española en el siglo XX.
Entre sus novelas más importantes figuran: "El coronel no tiene quien le escriba" (1961), "La mala hora" (1962), "Cien años de soledad" (1967), "Crónica de una muerte anunciada" (1981), "El amor en los tiempos de cólera" (1985), "El general en su laberinto" (1989), y "Diatriba de amor contra un hombre sentado" (1994) - publicados en físico y digital en Literatura Random House y Debolsillo
En el año 2002 publicó la primera parte de su autobiografía, "Vivir para contarla", y en 2010 un compendio de sus discursos más célebres, "Yo no vengo a decir un discurso". En 2012 publicamos - en físico y digital - por primera vez todos sus cuentos en un solo volumen en el sello Literatura Random House. Son cuarenta y un relatos imprescindibles que recorren su trayectoria y que constituyen un impresionante legado para la literatura universal.
García Márquez falleció el 17 de abril de 2014. El presidente de Colombia Juan Manuel Santos señaló que el escritor fue «el colombiano que, en toda la historia de nuestro país, más lejos y más alto ha llevado el nombre de la patria», decretando tres días de duelo nacional por su muerte.
*Gabriel Garcia Marquez pintado por Dante Sabogal

sábado, 14 de febrero de 2015

EGMONT - The Royal Institute for International Relations se complace en invitarle al Homenaje a Pedro Grases




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Invitación

EGMONT - The Royal Institute for International Relations
se complace en invitarle al Homenaje a Pedro Grases
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y a la entrega de sus
Obras Completas

La ceremonia se celebrará el jueves 26 de febrero 2015, de 9h30 a 12h30, en el Palais d’Egmont, 8 bis, Place du Petit Sablon - 1000 Bruxelles, en presencia de su hija María Asunción Grases Galofré, Presidente de la Fundación Pedro Grases

Pedro Grases (1909-2004) es probablemente el mayor bibliógrafo, documentalista, investigador y autor monográfico venezolano y uno de los más prestigiosos hombres de letras de Hispanoamérica. Deja su tierra natal Cataluña (España) por la guerra civil; llega a Venezuela en 1937. Su inmensa labor en distintos órdenes y ámbitos, su docencia directa e indirecta a través de su obra escrita, le hacen merecedor del título de «Maestro». Pedro Grases es figura representativa de la España peregrina y del exilio en Hispanoamérica. Se hizo venezolano en la década de los ´50. Conservó el vínculo espiritual y profesional con la intelectualidad hispanista como contertulio y correspondiente, su archivo personal en custodia de la Biblioteca Pedro Grases de la Universidad Metropolitana de Caracas es un valioso patrimonio para investigadores de todo el mundo. Grases es un referente de la Cultura Hispana, representa los fuertes vínculos entre Europa y el continente da habla española y portuguesa. Filólogo, historiador, profesor e investigador universitario (Universidad de Harvard, Universidad de Cambridge, Universidad de Miami, el Amherst College de Massachusetts anualmente entrega el “Premio Pedro Grases” a la Excelencia en Hispanismo, profesor titular, invitado, honorario y vitalicio de varias universidades venezolanas). Su obra intelectual y cultural es inmensa y requiere ser más conocida en Europa. Por sus investigaciones sobre las destacadas figuras de la Historia, del Pensamiento Político y de las Letras ha podido rescatar del olvido innumerables autores, eruditos y destacadas humanistas de Venezuela y del Continente. Capítulo especial es la labor desarrollada por Grases como Secretario de la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello (Venezuela), que casi duplica en tamaño e importancia la edición chilena de las obras del Humanista de América publicada entre 1881-1893. La edición de la Fundación de Casa Bello 1981-1986, alcanza 26 volúmenes. Esta última edición ha proporcionado una visión insustituible y pertinente, basándose en fuentes documentos originales nunca antes publicados o dados al público, sacando a la luz ediciones completas de obras y así prestando conocimiento sobre los siglos XVIII y XIX. Así asegura un distinguido autor, en la cultura y la historia del continente suramericano, existe “un antes de Grases, y un después de Grases”. Agradeciendo la oportunidad de homenajear a Pedro Grases, a los diez años de su fallecimiento, la Fundación Pedro Grases de Caracas entregará sus obras completas a la Biblioteca de la Cancillería en Bruselas durante un seminario académico que presentará las principales aportaciones del ilustre humanista venezolano-catalán.

Este encuentro está organizado en colaboración con IRELAC (Instituto Interuniversitario para las Relaciones entre Europa, América Latina y el Caribe) y se celebrará en español.


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El EGMONT INSTITUTE le ruega que registre su participación
antes del 20 del febrero 2015, haciendo clic aq.

Programa

09h00 : Bienvenida.
09h30: Palabras de - Marc Otte, Director General del Egmont Institute (TBC) o Christine Stevens, Senior Associate Fellow, Egmont Institute.
09h40: «El maestro Pedro Grases, vida y obra de un euro-americano»- Carlos Maldonado-Bourgoin, Vicepresidente de la Fundación Pedro Grases de Caracas.
10h10: «Algunos aspectos de la herencia del humanista Pedro Grases» - Christian Ghymers, presidente de IRELAC, Bruselas.
10h25: Pausa-café.
10h45: “Pedro Grases y la importancia de la historia para entender la gobernanza en América Latina”, Giorgio Alberti, Profesor de la Universidad de Boloña, Italia
11h00: Debate - moderado por Christine Stevens, Senior Fellow Associate – Egmont Institute.
11h20: Testimonio de la Presidenta de la Fundación Pedro Grases, María Asunción Grases Galofré sobre su padre Don Pedro.
11h40: Ceremonia de entrega de las obras completas de Pedro Grases a la biblioteca de la Cancillería por la presidente de la Fundación Pedro Grases, María Asunción Grases Galofré, presidida por Christine Stevens, Senior Fellow Associate – Egmont Institute.
12h00 : Vino de honor

viernes, 18 de abril de 2014

GARCÍA MÁRQUEZ, VOZ DE RÍO


Leandro Area Pereira




Hace tiempo ya que algún país ha debido tener la hidalguía de llamar a uno de sus ríos con el nombre del Gabo. “Vamos a bañarnos al Gabito”, exclamarían los muchachos retozones del sitio, sin saber en qué profundidades se bautizan. Porque de sacramento se trata y no es para menos en estos días en el que Gabriel García Márquez cumple 87 años*, que para él sospecho no serán más que un ocho más siete que son quince. Veamos lo del río.
Cuando trato de apreciar el significado que para mí tiene el escritor de marras, no puedo relacionarlo sino con el agua. Nada de mineral, animal o vegetal lo define, sino materia líquida dentro de una madre. El río lo es, lugar de alumbramiento, territorio amniótico, cuenca hídrica. Nunca maciza, terminal, antes bien flexible, juguetona, ligera de bambú, la obra de García Márquez nos baña, absorbe, lava y mece. El ahogo emocionado que ella provoca no tañe lamentos y menos pesadumbres. Su obra es agua que pasa, brilla, transporta; lugar de sombras entretejidas y de asombros fugaces; geografía cercana al lugar donde se establecen y crecen los pueblos, los amores, los bichos y sus víctimas, las muertes pestilentes que flotan, sitio donde la gente lava hasta los intestinos; donde pesca, sancocha, fríe, canta, pelea también, inventa, escupe, orina y llora. Tornasol donde van a beber los pájaros y los venados, las mariposas y gente de burdeles, las anacondas y los circos, y huele a húmedo y profundo, y más oscuro aún cuando sobre lo mojado llueve y se borran las huellas, y  el camino se encharca, que de ello trata también la literatura.
 Ponerse en las manos del Gabo no da miedo, al contrario, se deja uno llevar, pues cuando nos abre las puertas de sus libros que son como sus casas íntimas, deja el lector de ser un nombre para convertirse en un personaje más de sus novelas o sus cuentos, porque héroes no hay, a pesar de Bolívar; y allí todos somos mortales, más o menos simpáticos, entrañables o crueles. Hay en sus obras, siento, una posibilidad de  desdoblamiento en el lector que quiere dejar de ser lo que es, o no lo intuye aún, y así mudar de piel, para por fin convertirse en su deseo y encontrar en esa dimensión el río que lo acompañará cambiando de por vida y que no pide a cambio sacrificios u ofrendas.
Se ha hablado tanto de él y de su obra, se ha dicho, escrito y más que martillado, que no oso repetirlo de tan trillado que es, magnifico, importante. Tan solo me conformo en jurungar el anatema que constituye lo del “realismo mágico”, que en verdad lo es porque así existe en la implacable desmesura del paisaje, también en el narrar lo  incomprensible que todos entendemos y de lo que nadie se ríe para no hacer por supuesto el ridículo, o en los apolillados personajes de almidón y tiovivo que distraen el calorón bajo las tejas o entre las redes de un chinchorro cinético. Todo en verdad verídico y fatídico, como un camello atravesando el ojo de una aguja.
 Prefiero entonces referirme al don inescrutable, al privilegio, de ofrecer una mano que al abrirse inspira tal confianza y devoción en el que da la suya, que se deja llevar por esos rumbos culebreros, que el artista propone, provoca y enaltece, que son los de la emoción transferida, la ilusión comunicada y la iluminación auténtica.
A Gabriel lo hemos perseguido todos desde niños; nos ha dado de vivir cuando moríamos, enseñado a pecar sin sentir culpa que allí estaban a la vera del río esas guayabas y su olor sacrosanto para perfumarnos de perdón y escondernos de Dios entre las ramas. Nos ha dado de comer pasando él hambre o en cambio prospero, enseñado a mentir cuando la verdad era falsa o insuficiente, a morir de pie aunque fuera descalzos, mandarle pan a quien le falten dientes, y dar las gracias ahora a quien merece tanto que un río es un regalo de ternura, cosecha de su lluvia en este mundo seco.
 * 6 de marzo 1927-17 de abril 204
Leandro Area

viernes, 11 de enero de 2013

¿De qué escribiremos los cuentistas y novelistas si todos los demás ficcionan como ahora?



Eduardo Gautreau de Windt
“Abatido por la nueva desgracia, no supo que hacer, pero guiado por su irrefrenable deseo de continuar no tuvo otro camino que mentir. Mentir fingiendo que estaba bien, que todo estaba bien, aunque tuviera que disimular su propio miedo; mejor aún dominarlo u olvidarlo, quizás, al final, todos y hasta él mismo se convencería que todo estaba bien. Y si no era así, como en verdad lo era, ya vería qué se hacía al respecto.”
El párrafo anterior podría ser parte de una de las ficciones que escribo, en mi oficio afanoso de escritor. Jamás sería parte de un escrito o texto médico, pues en esta, por ser ciencia uno tiene que encarar la realidad, sin mentiras o escaramuzas, por bien del paciente, por respeto a la ciencia y por culto a la verdad. Es más, ni siquiera se permiten las mentiras piadosas. Sin reparar en la importante necesidad que tenemos los humanos de la mentira.
Ella, la mentira, es tan importante para la supervivencia humana que siempre ha sido intrínseca a nosotros desde siempre. Por eso la necesitamos. Sea como mentira en sí, directa, a la clara, o sea dulcificada y sublimizada por la ficción; nos sirve para engañarnos (autoengañarnos),  para escapar de la dura realidad, para pensar que hemos alcanzado la (s) utopía (s) que eternamente deseamos, aún sin esperanzas. Nos sirve para soñar, para jugar  a ser lo que no somos, pero que anhelamos ser con todo el corazón (con el cerebro, más bien).
Recordando al célebre Platón (la realidad no es la que percibimos con los sentidos, es otra, es distinta, lo que percibimos solo son las apariencias), pienso que hoy, más  que antes, vivimos  de las apariencias, vivimos de y por la mentira. Basta dar una simple mirada a la postmodernidad en la que navegamos y constatar que la publicidad, el comercio, la política, etc., se alimentan a diario de la mentira. Es más, hoy, que la realidad supera fácil a la literatura y al arte, temo que los “lideres” superen a los escritores, ambos en aras de supervivir (ficción, ficción, ficción) en lo que hacen y dicen los políticos, los artistas, los religiosos, los deportistas. 
Una de las formas de llamarle a esta etapa que vivimos también es la era de los desencantos, y al respecto la mentira juega un rol preponderante: campeones mundiales gracias a los esteroides, reinas de belleza fabricadas por la magia del bisturí, productos comerciales que son un fiasco pero con el respaldo de una publicidad efectiva que mueve al consumo mediante el lavado masivo de cerebros, y, peor todavía, políticos y gobernantes que dicen y luego que dicen no cumplen o donde dijeron  digo ahora es  diego. Por todo esto la majestad de los cargos, la honorabilidad y la confianza en las “figuras” públicas rueda por el suelo. Ahora casi nadie cree en nadie, no importa quien sea o que represente. Aquí o allá es lo mismo. Ayer, Clinton ficcionó sobre sexo, hoy Ranjoy es cuestionado por sus palabras, Chávez dijo que estaba curado (cuando todos los que sabemos algo sobre su tipo de enfermedad teníamos fuertes dudas); aquí se nos dijo que la economía estaba blindada y que el crecimiento era sólido y que no corríamos peligros. Bla, Bla, bla, todo es ficción, o como diría Segismundo:
“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.