sábado, 11 de septiembre de 2010

La campaña admirable

ALBERTO BARRERA TYSZKA
Chávez irá de la confrontación más ruda al amor más arruchadito. Primero grita, amenaza, y después promete amor eterno. Será el único candidato. Hablará lo suficiente, como para que nadie recuerde que Pedro Carreño o Diosdado Cabello también están en las listas. Sólo él hará la gran campaña. Todos los demás se quedarán invocando el nuevo paradigma: necesitan una democracia a su medida. Aunque parezca absurda. No importa. Estamos en revolución. El próximo 26 de septiembre, te invitamos a elegir a los representantes de Chávez ante el pueblo.

Chávez será el único candidato

Una noche de esta semana, en el noticiero estelar de Venezolana de Televisión, el locutor de turno comienza anunciando que "analistas nacionales e internacionales" han señalado que las próximas elecciones parlamentarias tienen otra característica, otra relevancia. Es una información un poco enredada, llena de extrañas categorías sobre los "grados" primarios o secundarios con los que se pueden medir los diferentes "tipos" de elecciones en las democracias. Más que una noticia parece una justificación. Una forma de recordarle a la audiencia que, en este país, nada puede ocurrir sin Chávez.

Aunque él no sea candidato, él es el candidato.
En un acto de esta semana, Aristóbulo Istúriz, jefe del comando nacional de la campaña del oficialismo, también propuso un argumento similar.

Habló por supuesto de todo lo que está en juego en estos comicios, aludió al eterno peligro imperialista, mencionó de pasada la palabra "comandante", y confirmó sin más que "estas elecciones tienen el rango de una elección presidencial". Así comienza la campaña electoral. Ese es el verdadero punto de partida. No votes por mí.
Vota por él.

En el fondo, tratan de decirnos que Cilia Flores no existe, que Roy Chaderton es un holograma, que Francisco Ameliach no es en verdad Francisco Ameliach... que todos los candidatos del PSUV son en realidad extras, personal de reparto, un mientras tanto que calienta el espacio cuando el verdadero candidato se ocupa de otras cosas más urgentes e importantes. Todos son una representación provisional del Presidente. El 26 de septiembre tienes que elegir a 165 Chávez para la Asamblea Nacional.

Más de un malicioso pudiera decir que estamos ante un simple problema de eficacia política. Que sin la magia carismática del Presidente, y sin la maquinaria estatal que la soporta, el equipo del PSUV saldría derrotado. De hecho, muchos de los candidatos oficiales ya han demostrado que ellos solitos, de su cuenta, no pueden ganar una elección.
Algunos, incluso con el apoyo de Chávez, ya vienen de derrotas contundentes, emblemáticas, en las elecciones para gobernadores y alcaldes.

Aristóbulo Istúriz, para no ir muy lejos, perdió en Caracas contra Antonio Ledezma. Por esto, detrás de toda esta alharaca llena de grados y rangos electorales, no deja de respirar cierto tono escolar, de patio de escuela, de niño asustado que, en medio de un conflicto, se defiende advirtiéndole a su contrincante: "Si te metes conmigo, llamo a mi papá".

También algún otro pudiera decir que, nuevamente, el protagonismo del Presidente impone su agenda sobre la sociedad. No tolera que exista una elección sin que él esté presente, no acepta un suceso donde él no sea el centro de cualquier contienda. La historia se mueve a su alrededor. Le debe resultar impensable que, de pronto, algo pueda ocurrir al margen de su persona. Estamos hablando de un militar que ha dicho que desea quedarse en el poder "hasta que el cuerpo aguante" y que ha convertido su discrecionalidad en el programa oficial de gobierno. Basta ver lo ocurrido con el Hospital Pérez de León.
La declaración inicial del Presidente fue inmoral. Actuó como si la salud de los venezolanos dependiera de su impulso personal. Como si todas las sangres no fueran iguales.

Ese es el socialismo del siglo XXI. Así se mide. Depende de cuánto quieras o no quieras al comandante. Es un proyecto reaccionario y excluyente. En la emergencia del hospital, no te van a exigir una tarjeta de crédito sino el carnet del partido de gobierno.

Vivimos bajo un Estado que promueve el amor a Chávez como un acto de defensa nacional. Otra vez, como siempre, cualquier debate queda ahora postergado. Las elecciones parlamentarias son una nueva excusa para olvidar el Parlamento y repetir la misma confrontación que ha escrito el guión de estos años.
Si antes el oficialismo se quejaba de que el único proyecto de la oposición era "Chávez vete ya"; ahora la oposición podría perfectamente decir lo mismo sobre la fuerza que controla el poder: su único plan, su única consigna, es el Presidente.
Ya conocemos el proceso.

barrera60@gmail.com

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