Libertad!

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miércoles, 1 de abril de 2009

La pregunta es ¿qué hará la oposición si meten preso a Rosales?

Aleksander Boyd

Habiéndome pasado unos meses viajando por toda Venezuela con Manuel Rosales en la campaña presidencial del 2006, me siento con propiedad como para ofrecer una opinión sobre lo que podría resultar de la orden de arresto emitida por la juez chavista.
Rosales es un tipo que viene de bien abajo. Es un individuo que se ha labrado a pulso propio su destino. Nació y se crió en un pueblo de mala muerte, de esos que abundan en Venezuela. Temprano se dio cuenta cómo se bate el cobre y decidió incurrir en la política, quizás el único medio en el cual individuos desprovistos de preparación pueden llegar a algo. Pero no la tuvo fácil, pues como no nació en el seno de una familia política tuvo que enfrentarse, solo, al poder constituido de la región: los bachacos. Éstos, que controlaban la maquinaria adeca zuliana, eran la fuerza y el gobierno.
El primer puesto de alguna relevancia para el cual fue electo Rosales fue el de concejal. Me contaba Gustavo Lopez, durante la campaña, que Rosales dizque andaba en un conquistador azul, todo ‘escoñetao’, pegando afiches en los postes, organizando y asistiendo a mítines, a los cuales asistían cuatro gatos, peleándose –a puños o a tiros- con quien intentase torpedearle su campaña, viajando hasta el último rincón de la circunscripción electoral donde estaba trabajando, malcomiendo, durmiendo dentro del carro, en fin, una época plagada de vicisitudes.
Acción Democrática detentaba el poder, a través de los bachacos, y éste pretendiente no era bienvenido. No solamente batió al candidato bachaco en la elección, sino que Rosales terminó enamorando, y casándose, con la hija de una de las dirigentes más aguerridas del grupo bachaco, cuyos líderes de entonces son ahora el brazo operativo, financiero y político de Rosales.
No contento con haber llegado a lo más alto de la administración pública en el estado Zulia, no contento con haber humillado electoralmente, en reiteradas ocasiones, a Hugo Chávez con todo su poder político, económico y mediático, Manuel Rosales logró la nada despreciable empresa de haber logrado ser escogido como el único contendiente de Chávez en las presidenciales del 2006. Algunos pensaran, “gran vaina”. Sin embargo, el que un zuliano, léase un outsider, de las características de Rosales, logre imponerse, políticamente, ante la cúpula político-económica caraqueña, créanme, que no es pendejada.
Pero ese es Rosales. No tendrá la labia de Chávez, ni tendrá su don de gente, ahora bien, políticamente hablando, el zuliano no tiene nada que envidiarle al barinés. Todo lo contrario. ¿Caudillos ambos? Sin lugar a dudas. No obstante, uno es un demócrata, convencido, el otro, bueno, para que reiterar. Hace más de 30 años, mientras el Chávez andaba abrigando sus primeras ideas de asaltar el poder usando la fuerza militar, Rosales andaba pateando la calle, bregando contra el poder constituido en uno de los entornos políticos más brutales y difíciles que pueda imaginarse, y ganando adeptos, quienes, dicho sea de paso, lo acompañan hasta el día de hoy. ¿Puede Chávez decir lo mismo? Rosales tiene, en Pablo Perez, a uno de sus exitosos delfines, ¿donde están los de Hugo?
Luego viene lo importante, que es la gestión de gobierno. Maracaibo, y digo esto siendo lo que muchos considerarían un caraqueño equivocado, es una ciudad vivible, agradable, más limpia que Caracas, llena de nuevas obras públicas, de islas verdes, con hospitales que funcionan, con vialidad decente. Rosales le puso empeño y buena cara a Maracaibo. El tipo ha trabajado para quien lo eligió y no discrimina a quién no lo hizo. Quizás esa es la razón por la cual Chávez no ha podido imponer a sus marionetas en el Zulia. Quizás esa es la razón por la cual la lotería de las smartmatics no le ha tocado al golpista ni en Maracaibo, ni en la Costa Oriental. En el Zulia, no hay que ponerse una franelita roja para percibir beneficios públicos.

Y he de hacer un alto aquí, y explicar que ésta fue una mis grandes frustraciones durante la campaña. La gente que apoya a Chávez en el interior de Venezuela no está al tanto de la mejora de la calidad de vida de los zulianos en general. Quien vive en Ciudad Bolívar, inexplicable bastión chavista a pesar de la campaña oficial de destrucción sistemática de la CVG, no sabe que en Maracaibo, hoy, se vive mejor que hace 10 años. El margariteño, con todo y la buena labor de Morel, tampoco lo sabe: ni lo saben los gochos, a pesar de su cercanía; ni los llaneros, mucho menos los caraqueños equivocados, con la paja aquella de “Caracas es Caracas y lo demás monte y culebra”. Y la falla comunicacional, amén de la falta de testigos en el 40% de las mesas electorales, fueron, en mi opinión, determinantes en la derrota de Rosales en el 2006. Rosales lo ha hecho muy bien como gobernante, y los hechos, y las obras, están ahí para quien tenga ojos los vea. Por ello siguen eligiéndolo y a quien lo representa.
Las dadivas de Rosales no son bolsitas de comida, ni misiones, ni un deposito de unos miles por no hacer un carajo. No. Las suyas son obras que duran más de un momentico: hospitales que acogen gente, escuelas con papa diaria, obras de saneamiento en los barrios, admisiones en instituciones de educación superior que existen, vialidad operante, transporte público, etc. El que no me crea, que vaya y vea.
Y es por ello que Chávez lo quiere meter preso. Por ladrón no es, ya que si ese fuera el caso y Chávez estuviera tan preocupado por la corrupción, a los primeros que pondría presos es a sus familiares más cercanos, ya que el si está en disposición de saber si lo que tienen es mal habido o producto del trabajo honesto. A lo que Chávez le tiene verdadero culillo es a la buena gestión. Eso lo aterroriza más que mil marchas estudiantiles, o ex generales alzados. Por eso inhabilitó a Leopoldo, y quiere convertir en unos sitting ducks a todos los alcaldes y gobernadores opositores, quitándoles competencias, ya que sabe que, si lo hacen bien, el chance de la reelección, en vista del fin de la piñata petrolera, se minimiza con el tiempo.
Pero la pregunta sigue siendo esta: ¿Qué va a hacer la oposición, en su conjunto, cuando metan preso a Rosales? ¿Marchas? ¿Declaraciones apasionadas ante los medios? ¿Gritar, todavía más alto, que Chávez es un dictador?
El zuliano ya se arrechó, de hecho ya sugirió que el pueblo se va alzar. No me cabe duda de su palabra, en cuanto a su persona y su entorno se refiere. ¿Y después que mande Chávez, desde la comodidad de su palacio, a un regimiento de matones del ejercito o la Guardia Nazional a apagar el peo, qué? ¿Después que cojan preso al Rosales, nótese en absoluta ausencia de una sentencia firme y definitiva por los cargos que se le imputan, quien es el que se va alzar, Yon Goicoechea y los estudiantes? ¿Ramos Allup? ¿Teodoro el vergatario? ¿Omar Barboza y el resto de los bachacos? ¿Alberto Federico Ravell? ¿Puede algún venezolano imaginar a Julio Borges llamando al desacato público a los constantes atropellos de las autoridades chavistas? ¿Puede algún venezolano imaginar al TSJ declarando ha lugar el fallo introducido por los abogados de Rosales, sin un peo previo de proporciones nacionales?
Rosales va a tener que entromparse otra vez con el bachaco, pero esta vez quizás no salga victorioso. No por que el no tenga las ganas, o las bolas, para hacerlo, “en cualquier terreno” como dijo ayer. Sino por que, fuera del Zulia, le falta musculo, pueblo opositor, dispuesto a fijar posición con respecto a sus representantes políticos y decir “ayer fue Simonovis, o Humberto Quintero, u Otto Gebauer, o Nixon, hoy es Rosales, mañana seré yo.” El problema no es Rosales, el problema no es si se cogió unos reales o no. El problema es que la libertad de todos y cada uno de los venezolanos dura hasta el día que Chávez, o cualquiera de sus adláteres, decide ordenar un arresto y meter preso a alguien, cuya culpabilidad no ha sido demostrada. Ese es el gran peo, que el debido proceso, la administración de justicia y la presunción de inocencia ya no existen en Venezuela, y eso nos afecta a todos los venezolanos, chavistas y opositores por igual. Nadie está a salvo, nadie escapa a la interpretación chavista de la justicia. Ya no hay que demostrar que alguien es culpable en una corte, ya que ya Chávez decidió que todos los que no se arrastran ante el somos culpables.



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