Libertad!

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lunes, 12 de septiembre de 2011

70 AÑOS AD, HIJA POLÍTICA DEL PDN .PRIMERA PARTE

Alberto Rodríguez Barrera

La democracia como objetivo a conseguir en la Venezuela transformada y la democracia como característica del proceso mismo de transformación, es una de las dimensiones que caracterizan al Partido Democrático Nacional durante todo el período de la clandestinidad que va de 1937 a 1941. Hacer de la democracia parte constitutiva de la cultura política de los venezolanos significa incidir radicalmente en ella. La palabra está presente en el lenguaje político desde los tiempos de la independencia. Sus contenidos son muy variados. Como talante y actitud ha podido adornar a algunas personas. Pero los regímenes políticos y las relaciones sociales predominantes en más de cien años de vida republicana no pueden caracterizarse precisamente como democráticos.

Una de las contribuciones a la democratización del proceso político venezolano es el fortalecimiento de las instituciones. El pasado ha dependido mucho de las personas, ahora es necesario trascenderlas a través de organizaciones sociales y políticas permanentes, que sobrevivan a sus fundadores y a sus gestores. El Estado democrático constituido y los partidos democráticos son pilares fundamentales de una sociedad democrática.

El principio básico de la vida democrática es reconocer que la razón no está en un solo individuo, ni es privilegio exclusivo de un grupo, partido o estamento social. Por tanto, las sociedades democráticas se caracterizan por que en ellas coexisten ideas distintas, sin que nadie sea perseguido por eso. Los conflictos, propios de cualquier sociedad humana se dirimen democráticamente esgrimiendo argumentos, convenciendo, obteniendo la aprobación mayoritaria de los miembros de la sociedad. La imposición de las ideas personales o del grupo porque se tiene más fuerza es el tipo de “política” que se quiere sustituir definitivamente.

El PDN propone una democracia representativa, en la que el pueblo elige a sus legisladores y gobernantes a través del voto por períodos determinados al cabo de los cuales se garantice alternabilidad. La democracia, además, se aprende participando democráticamente en la vida política. No hay otra pedagogía de la democracia que no sea ejercer ampliamente libertad de expresión y de asociación, elegir a quienes van a regir los distintos niveles del Estado y generar proyectos políticos y organizaciones que luchen para realizarlos obteniendo la preferencia de la mayoría de los ciudadanos.

La constitutiva dimensión democrática del PDN se traspasa a los primeros años de Acción Democrática pese al levantamiento militar del 18 de octubre de 1945, cuando se derroca a Isaías Medina Angarita con objetivos –por parte del PDN-Acción Democrática- de consolidar la democracia, proponiendo una filosofía de la historia alternativa no sólo al comunismo, sino también al positivismo, cuya vigencia como paradigma ideológico y cultural en las primeras décadas del siglo XX en Venezuela es generalmente admitido.

Una preocupación intelectual, también cultural y política, expresada en algunos fundadores del PDN, como Rómulo Betancourt y Luis Beltrán Prieto Figueroa, en coincidencia con otros pensadores como Augusto Mijares, podría formularse del siguiente modo: ¿cómo sacar a Venezuela de la matriz intelectual positivista? En términos políticos podríamos decir: ¿Cómo se puede ser demócrata, sin ser positivista (ni comunista, como queda dicho)?

El punto crucial, posiblemente, es que los pedenistas se apartan de la concepción determinista de la historia que sostiene el positivismo. En el caso venezolano, además, ese determinismo desemboca fácilmente en una especie de pesimismo histórico que lleva a aceptar como inevitable, aunque sea de mala gana, la recurrencia de regímenes personalistas, autoritarios, dictatoriales.

Para los pedenistas la tesis del “gendarme necesario”, presentado, además, como “césar democrático”, porque es la única forma posible de democracia en el estadio de evolución en el que se encuentra la sociedad venezolana, es, sencillamente, inaceptable. Que los “gendarmes” son posibles está ampliamente demostrado a lo largo de la historia. Lo que se discute es su necesidad, basada en que la historia tiene un rumbo determinado del que no puede salirse, etapas por las que tiene que pasar.

El pedenismo concibe la historia como resultado de las decisiones libremente tomadas por los seres humanos que viven en sociedad. La historia no se padece, se hace. La posibilidad de plantear proyectos políticos y proponer la democracia como el modo de realizarlos, de arribar a decisiones colectivas y de regir la vida pública, depende de que la historia no sea pre-determinada, sino libremente decidida por las personas humanas que la viven.

Las fuentes pedenistas dejan la fuerte impresión de que su enfoque no se queda encerrado exclusivamente en una visión socio-estructural de las relaciones económicas y políticas. Se ve a las personas y a las sociedades como sujetos con vida propia, sometidos a procesos de cambio con ritmos diversos. En la historia que hemos seguido hay algunos casos claros de este enfoque. Al comienzo, bajo la presión negativa de la legalización del primer PDN y del decreto de expulsión, prevalece una actitud maniquea frente al gobierno: López y todo el gobierno “gomecista”, al mismo tiempo que se perciben metidos, sin distinción alguna, en el saco de “comunistas”. Al poco tiempo, mientras se perciben distintos de los comunistas al punto de provocar el deslinde, también descubren que el gobierno no es monolítico, que lo forman figuras muy distintas entre sí, incluso participan en él, en puestos de dirección, personas que fácilmente podrían militar en las filas pedenistas. Más aún, llegan a percibir con claridad que López Contreras no es Gómez y que, aunque participó en el gomezalato, poco tiene que ver con él como persona y en su modo de ejercer la Primera Magistratura.

Otro caso notable es el de Medina Angarita. La primera impresión que tienen los pedenistas de él es la de un militar pro-fascista, cuya llegada a la presidencia significaría el riesgo de perder los espacios democráticos logrados durante el gobierno lopecista. Resulta que es el General Medina quien autoriza la vida pública del Partido del Pueblo.

El no quedarse encerrado en una visión socio-estructural de las relaciones es evidente en el caso de Rómulo Betancourt. Su bien obtenida fama de hombre polémico tiene precisamente que ver con esto. Individualiza las relaciones, constantemente califica a las personas, no reacciona automáticamente igual a los mismos estímulos, es capaz de reconocer los cambios en sí mismo y en los otros. Cuando discute, no es para imponer la verdad que tiene previa y definitivamente adquirida, sino para convencer y hasta para ser convencido. Lo mismo en el terreno político, su afán de partir siempre de un análisis de la situación lo lleva a percibir el cambio en el proceso social, o en su propia perspectiva, por tanto, a criticar su propia posición anterior y descubrir nuevos cauces de acción política.

Había una ética pedenista. De ella hemos encontrado y seguido múltiples rasgos en estas raíces. La reciedumbre ética con las personas como Valmore Rodríguez, Alejandro Oropeza Castillo, Rómulo Betancourt, entre otros, enfrentan el quehacer político como inherente a su humanidad, cosa que impacta en la Venezuela de hoy. La ética tiene que ver con la dimensión humana y el ejercicio de la libertad. Afirmar la libertad de pensamiento, expresión y asociación, junto a la posibilidad de tomar decisiones colectivas de modo democrático, es decir, mediante el diálogo, la negociación y la aceptación de la opinión mayoritaria, implica la aceptación de una ética política. Una ética política sólo puede fundarse en una concepción ética de la persona humana. Reconocer esta tarea no basta, es igualmente necesario poner las condiciones para llevarla a la práctica.

La formación política y humana es una condición para participar en la vida partidista. El partido es una escuela de ciudadanos, es decir, de personas responsables del proceso social, que se capacitan para participar más y mejor en la vida colectiva. Sin formación es una quimera pretender un partido cuyo centro sea la identificación ideológica y el compromiso con un programa.

Es también característico del Partido Democrático Nacional fundamentar su propuesta programática en un diagnóstico de la situación de Venezuela. Sin conocer el país y sus habitantes, cualquier programa no es más que una proclama aérea, sin posibilidades de hacerla realidad. Del esfuerzo por conocer a Venezuela surge la necesidad de un partido que agrupe en sus estratos reales existentes en el país y no a los que se deducen de las teorías revolucionarias nacidas en otros contextos geográficos y sociales. Es desde el contexto de un país agropecuario, dominado por los latifundistas y las compañías extranjeras que extraen la riqueza petrolera y minera para beneficio del capital imperialista, que se puede proponer un plan para el rescate de la parte que le toca al Estado y al pueblo venezolano de esa riqueza del subsuelo, que puede ser convertido en producción agropecuaria e industrial, en redes de comercialización y servicios públicos que conviertan la riqueza natural del territorio en una vida humana para los venezolanos.

El PDN está concebido como una organización para la acción política. Por tanto, tiene una estrategia y una táctica para alcanzar su cometido. La estrategia tiene como objetivo final alcanzar el poder político por la vía del triunfo electoral. Para ello es necesario ensanchar lo más posible los espacios de acción, conseguir la legalización del partido y la aprobación del sufragio universal. Mientras tanto, la táctica se realiza a través de la política de convivencia con el Presidente López Contreras y el ala progresista de su gobierno e impulsando la creación de un “frente democrático”. Además, se promueve la inscripción en el registro electoral de quienes pueden votar en las elecciones municipales a las cuales se presentan los candidatos progresistas o militantes pedenistas. Igualmente se participa activamente en las organizaciones legales “de defensa económica” y culturales. A través de los parlamentarios y concejales pedenistas, y los simpatizantes que se sumen, se participa activamente en las decisiones municipales y en el Congreso, e incluso se toma la iniciativa de promover leyes y ordenanzas. La prensa “legal e ilegal” es un instrumento al que la táctica pedenista otorga una importancia grande. Llama la atención el enorme esfuerzo que se hace para mantener la presencia en los diarios nacionales y locales, en la publicación y distribución de boletines, manifiestos, etc. Desde muy temprano se tiene el proyecto, incluido presupuestos de maquinarias, de editar un diario del partido.

El nacionalismo pedenista tiene como una dimensión constitutiva el latinoamericanismo. Así como se promueven la integración de las naciones de América Latina, se propicia también la “conexión latinoamericana” de los partidos populares de izquierda democrática, echando las bases de una red de partidos nacionalistas, independientes de cualquier internacional, unidos por la decisión de convertir a los pueblos de cada nación en sujetos políticos y sostener posiciones comunes frente a la situación internacional.

La guerra europea, producto de la voluntad imperialista del nazi-fascismo, es la ocasión para diseñar una posición internacional propia del PDN y de los partidos de izquierda democrática. La necesidad de planificar la defensa continental es la ocasión para impulsar la integración de un bloque de naciones latinoamericanas que negocien conjuntamente con el gobierno de Roosevelt. De esta manera se lograría transformar los ejércitos nacionales de cuerpos represivos al servicio de las dictaduras personalistas en cuerpos armados con equipos militares modernos para la defensa de la soberanía nacional y continental. Es ocasión también para entrenar al pueblo en el manejo de las armas necesarias para preservar la soberanía. Paralelamente al plan de defensa continental es necesario negociar con EE.UU. modos prácticos de garantizar la participación justa de los gobiernos y pueblos del continente en los beneficios de las empresas norteamericanas que realizan sus operaciones en ellas. El éxito de una política de esta naturaleza sería un cambio sustantivo en la faz de América.

Esta historia de las raíces del Partido del Pueblo se encuentra documentada en los archivos de Rómulo Betancourt y de Juan Bautista Fuenmayor (Secretario General del Partido Comunista de Venezuela), donde se encuentran los boletines internos del PDN. Ambos archivos resultan complementarios. En el archivo de Betancourt no había un sólo ejemplar de los boletines internos del PDN, a pesar de que algunos de los primeros boletines nacionales fueron escritos por él, quien cumplió al pie de la letra las medidas de seguridad de la organización: una de las normas organizativas del PDN era que los boletines internos, una vez estudiados en los grupos de base, debían ser destruidos para evitar cualquier riesgo de filtración de la información.

Sin embargo, hubo filtraciones. Los boletines internos pedenistas fueron a parar a las manos de Fuenmayor. ¿Cómo? Un pedenista que decisió pasarse al PCV se los entregó. Un pedenista que siguió la línea de la dirección del partido que exigía identidad doctrinaria a sus militantes, que dudó mucho tiempo y finalmente se sintió más identificado con la posición comunista. Un pedenista que no cumplió al pie de la letra las normas conspirativas, porque conservó esos boletines. Llama también la atención el uso que de esos boletines hizo Juan Bautista Fuenmayor. Le sirvieron de información fidedigna sobra las posiciones del PDN y, muchos años más tarde, para escribir su Historia Contemporánea de Venezuela. No se encontró un uso avieso de esos materiales por parte de Fuenmayor, ni para hacerle daño al PDN ni para beneficiar al PCV. Un estilo leal de hacer política.

El empeño por entender el proceso pedenista como una creación colectiva está también recogido en los escritos periodísticos de Valmore Rodríguez entre 1937 y 1941, tanto en su columna Escolios publicada en Maracaibo en el diario Panorama y en escritos publicados en la caraqueña revista Fantoches de Leoncio Martínez. A la luz de estos escritos, queda más que demostrada la incidencia del pensamiento de Valmore Rodríguez en la formulación de la ideología pedenista. La sensibilidad y convicción democráticas de Valmore Rodríguez contribuyen a que la doctrina del PDN incorpore esta dimensión en su núcleo principal. En sus escritos se nota, además y como también precisa Arturo Sosa, “un fino olfato político que fue factor decisivo en el aprendizaje pedenista para entender la complejidad de la situación que vivían y aprovechar las sinuosidades de la coyuntura con una actitud flexible que diera lugar a las negociaciones y alianzas oportunas para mantener posiciones o avanzar hacia los objetivos de corto o largo plazo”.

El deslinde con el comunismo no se produjo abruptamente. Fue un trabajado y trabajoso proceso de superación del pasado, de edificación conceptual, de atención a los ritmos de las personas y los grupos, sometidos a presiones diferentes. Un proceso que supuso mucha paciencia-impaciente, de comprensión mutua por la complejidad de la situación nacional e internacional que se afrontaba y porque los esquemas prexistentes para entenderla e interpretarla estaban resquebrajándose. La paciencia necesaria para interpretar los problemas nuevos y construir el edificio conceptual necesario para plantear soluciones alternativas. Mucha paciencia con personas que no se dedicaban al ejercicio intelectual, sino que arriesgaban diariamente sus vidas, en el esfuerzo por llevar a la práctica las ideas que los movían. Eran situaciones de premura. Se requerían respuestas nuevas con urgencia. En algunos casos, como el de los pedenistas del Zulia, la impaciencia provino de lo enrarecido de la situación, precisamente por ausencia de paciencia de una y otra parte. No se respetaron las vinculaciones humanas, ni los ritmos personales-grupales para captar las situaciones, ni se esperaron los resultados, provocándose ataques personales y acontecimientos capaces de agotar toda paciencia.

El deslinde no se limitó a la separación de las propuestas de la III Internacional. Se produce un auténtico deslinde conceptual con lo que significa ser de izquierda. El PDN no se concibe únicamente como un partido de oposición. Su propuesta es que ser de izquierda significa, además de un conocimiento a fondo de la situación nacional e internacional desde una perspectiva crítica (“científica”, en el término del lenguaje del momento), tener soluciones alternativas a los problemas. Ser de izquierda significa tener un proyecto a dónde ir, un grupo humano dispuesto a superar todos los obstáculos para llegar, la organización responsable de asumir el poder y un mapa del camino por el que se quiere llegar.

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