Libertad!

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lunes, 28 de septiembre de 2015

Una “revolución” carente de modelo económico.


Economista Jesús Alexis González

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Un modelo, es una herramienta utilizada en favor de la representación simplificada de una realidad que se aspira comprender al explicar su funcionamiento ejerciendo una contrastación entre la realidad alcanzada y el fundamento de lo deseado, a la luz del resultado observado en el comportamiento de ciertas variables trascendentes y de las relaciones entre ellas; o lo que es lo mismo “los modelos comprenden estructuras cada una de las cuales es una caracterización bien definida de lo que se pretende explicar”, tal como: ¿Está funcionando el sistema económico?, ¿Cómo debería estar funcionando?, ¿Qué debe hacerse para que funcione de acuerdo a lo deseado y lo posible? y algo muy importante: ¿Qué tipo de sociedad se procura?, ¿En cuál modelo económico-político-social se sustenta la búsqueda de la sociedad aspirada? ¿Es solo un ejercicio del poder?
A tenor de las interrogantes manifestadas, puede inferirse que en Venezuela luego de haber transcurrido unos 46 años sin la instrumentación de algún modelo con posterioridad a su incorporación como país petrolero en 1913, se da inicio en 1959 con  permanencia de ¡30 años! (1959-1989) a un programa de industrialización bajo el perfil de un primer modelo de sustitución de las importaciones que propició cerca de 20 años de estabilidad económica (1959-1979) con mínima inflación (una de las más bajas del mundo), altas inversiones privadas, crecimiento sostenido de la industria manufacturera en armonía con la promoción por parte del Gobierno Nacional de las industrias básicas (refinerías petroleras, petroquímica, siderúrgica, energía eléctrica, aluminio), al igual que de empresas agro-industriales que impulsaron la producción agropecuaria. A partir de 1980, ese modelo de crecimiento hacia adentro basado en un excesivo proteccionismo Estatal empezó a mostrar signos de agotamiento habida cuenta que las protegidas industrias nacientes (de inmadurez permanente) continuaban funcionando con altos costos y baja productividad que les restaba toda posibilidad de competir en el mercado internacional, al tiempo de afectar negativamente el poder adquisitivo en el mercado doméstico; hasta propiciar que en 1989 (interrumpido en 1999) se diera inicio a un segundo modelo de apertura económica y de inserción en el comercio internacional que se tradujo en una modernización de la economía (lamentablemente obstaculizada) con manifiesto crecimiento de las inversiones extranjeras que tuvieron bajo impacto en la conformación de un aparato productivo vinculado con las exportaciones no petroleras, al extremo que el país muestra en el presente (con causas “revolucionarias” añadidas) una mayor dependencia hacia sus exportaciones petroleras (más del 96% del ingreso de divisas) que se ha traducido en una indeseable economía donde las actividades productivas de mayor significación son propiedad del Estado (aparte del control político consagrado en el otorgamiento de divisas) hasta configurar lo que pudiéramos denominar como un tercer modelo de economía Estatal, que en justicia de la verdad esta carente de una estrategia global a largo plazo en un contexto de elevada inflación con marcada escasez y desabastecimiento en mucho estimulado por un diabólico anclaje de un tipo de cambio sobrevaluado para, dicen, abaratar las importaciones y controlar la inflación (¡!); sin dejar de mencionar la proliferación de elevadas rentas presuntas que no emanan de una tangible estructura empresarial equivalente.
En relación a este modelo Estatal de corte socialista (¿?), es pertinente citar lo expresado por un vocero ministerial (25/01/2015) bajo la figura, sostenemos, de una mea culpa 15 años retrasada: “El gran reto que tenemos por delante es construir un modelo económico que soporte el modelo político y social que se ha definido para este país para salir del rentismo petrolero que nos ha llevado a una situación delicada nuevamente (…..) hasta “implementar el modelo de sociedad que está claramente definido en el Plan de la Patria 2013-2019”. En tal Plan contemplan, en continuidad del Primer Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación (2007-2013) , entre otros objetivos (a) continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, como alternativa, afirman, al sistema destructivo y salvaje del capitalismo cambiado por un modelo económico productivo socialista (¿?) que garantice la satisfacción de las necesidades básicas (¡!), y (b) convertir a Venezuela en una potencia en lo social, lo económico y lo político, para lo cual aspiran la irrupción del Estado Democrático y Social, de Derecho y de Justicia(¡!), en simultaneidad con la ampliación del poderío militar fortaleciendo la nueva doctrina militar bolivariana (¡!); todo ello en aras, supuestamente, de instaurar un socialismo que en retrospección histórica formulada por diversos intelectuales venezolanos, que compartimos, no existe un ejemplo edificante de algún país donde el sistema socialista (socialización de los medios de producción) haya funcionado, e igualmente en contradicción al propio Marx quien sostuvo que el socialismo es un estadio superior del capitalismo luego de haber alcanzado la madurez e irreversible desarrollo de su capacidad de producción; lo cual nos lleva a concluir en que no es posible un socialismo sin un previo capitalismo.
Asumiendo como válido el último señalamiento, traemos la afirmación (E.L.Bernays) según la cual “la manipulación consciente e inteligente de las opiniones de las masas constituye un gobierno invisible que es el verdadero poder gobernando”; para finalizar citando al papa francisco: se usan a los pobres al servicio de otros intereses políticos, al tiempo de pensar por el pueblo y no dejarlo pensar.
Economista Jesús Alexis González  
jagp611@gmail.com     @jesusalexis2020
28/09/2015
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