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jueves, 29 de octubre de 2015

La Iglesia católica publica la “Declaración Nostra Aetate” y exime a los judíos de la muerte de Jesús

Hoy en la historia judía


Itongadol/AJN.- El 28 de octubre de 1965 la Iglesia católica publicó la "Declaración Nostra Aetate" y eximió por primera vez a los judíos de "Deicidio" (muerte de Jesús), en el marco del Concilio Vaticano II. Esta serie de documentos fue aprobada por 2.221 votos contra 88. Se considera que estableció bases nuevas en las relaciones de los católicos con los judíos, los musulmanes, los budistas, los hindúes y demás creyentes de otras religiones no cristianas.
 
El documento comienza afirmando la raíz común del cristianismo y el judaísmo ("el pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham") y a continuación pone fin al antijudaísmo cristiano cuando afirma que la elección de Israel por Dios no ha caducado ("los judíos son todavía muy amados por Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación"), por lo que rechaza que los judíos sean señalados "como réprobos y malditos". 
 
A su vez refuta la acusación de deicidio contra los judíos, base fundamental del antijudaísmo cristiano, al afirmar que la muerte de Jesús "no puede ser imputada ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy [... dado que] Cristo, como siempre lo ha profesado y profesa la Iglesia, abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte".6
 
Consecuentemente, la Declaración Nostra Aetate involucra ya a partir de 1965 una actitud completamente innovadora por parte de la Iglesia: “Como es tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.”
 
Desde su promulgación por Pablo VI, Nostra Aetate ha servido de guía a las relaciones de la Iglesia católica con las religiones no cristianas, y sobre todo para el acercamiento entre el cristianismo y el judaísmo. El papa Juan Pablo II profundizó aún más en la relación de la Iglesia para con el judaísmo a través de su visita al campo de exterminio de Auschwitz en 1979, al que calificó de "nuevo Gólgota del mundo contemporáneo"; asistió además a la sinagoga de Roma en 1986; se establecieron relaciones diplomáticas con Israel y se emitió una petición pública de perdón por la intolerancia sostenida en nombre de Cristo.
 
 

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