Libertad!

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sábado, 9 de febrero de 2013

EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESIA

Jesús Alfaro
“Hay que acabar con la burguesía”
Nicolás Maduro, ex chofer de autobús y
sobrevenido Vicepresidente de Venezuela
Según el DRAE, BURGUESIA es el cuerpo o conjunto de burgueses o ciudadanos de las clases acomodadas o ricas. ¡¡ Que cosa más grande, mi sangre ¡!.
En realidad no hay nada más sabroso que ser burgués y cada quien se acomoda para llegar a serlo. El problema radica que en esta clase caben pocos y los que quedan por fuera que son los muchos, les tienen una arrechera grande. Las desigualdades generan reacciones lamentables.
Tratemos de analizar a un verdadero burgués. Es una persona que se define como trabajador, pero sin necesidad de hacerlo; es decir trabaja para entretenerse y no para asegurar su vida, ya que su Papi le dejó tanto real que le aseguró la vida de él y de varias generaciones más. Está casado con una gorda fea, pero que tiene más real que él y esto asegura la continuidad de la burguesía a su prole.
Un buen burgués vive en senda casa, pero como ahora a los ladrones les ha dado por robar las casas, prefieren vivir en los penthouses de los edificios más caros, claro está que sobrepasen los mil metros de construcción sólida.
Estos afortunados ciudadanos gustan del ejercicio al aire libre, la buena mesa, las hermosas compañías y los viajes. La buena vida pues, nada de la peladera de bolas del populacho.
Tuve un vecino que después se convirtió en buen amigo que era el prototipo del burgués. Yo le llamaba EL CONDE pero su nombre era Baldomiro de Rampanes y Balcarzel, era de nacionalidad española y se distinguía por un trato exquisito y una simpatía arrolladora, tenía la característica de tener su pelo ensortijado siempre mojado y vestía como el mejor dandy, rodeado por una sutil nube de perfume de lavanda. Nunca trabajó y vivía a todo dar.
En una ocasión y después de varios scotchs, Baldomiro me dijo pasándome el brazo sobre mis hombros “lo que pasa mi querido sudaca es que tú no sabes lo que es un CABALLERO ESPAÑOL”. Esta denominación conlleva una obligación inaplazable: el caballero español nunca debe trabajar. Esto se logra teniendo mucha plata o acercándose a donde esta exista. Ante esa declaración y en ese entonces yo quedé patidifuso.
Baldomiro era enemigo del reloj, nunca jamás se despertó con alertas de relojes, despertaba cuando ya cansado de dormir sus párpados se abrían. Después de una rápida y reparadora ducha fría, se dirigía a la sombra de una palmera del jardín, donde el mayodormo ya le esperaba con una humeante taza de buen café criollo y los diarios del día en la mesa. Un delicioso desayuno y leer los compromisos sociales que le esperaban el resto del día era la rutina. Luego, vestido con una ligera ropa de verano se dirigía al club donde recibía clases para mejorar su putting en el golf. Mas tarde tomaba unos aperitivos en el bar del club y almorzaba con amigos. Después de las tres de la tarde y sin falta se dirigía a sus oficinas, donde una encantador grupo de secretarias le esperaban sonrientes, en la “oficina” no se hacía nada pero el ramillete de niñas recibían un pago solo con la condición de adornar el espacio tallado en finas maderas y decorado con sillas chipendale. Tiempo para algunas llamadas a sus amistades del exterior y tocaba el botón de LA CHIQUI, quien fungía de jefa de secretarias y que estaba más buena que comer con las manos. Un besito aquí y otro más allá le estaba permitido y en algunas ocasiones estas caricias se alargaban y terminaban en un nidito de amor que tenía en un edificio de Altamira. La Chiqui recibía con frecuencia un chequecito extra, en pago a servicios prestados.
Ya la noche se le venía encima y tenía que correr a su casa a buscar a la gorda para cumplir con los agotadores compromisos sociales, esta obligación, me confesaba, era la parte más ladilla que enfrentaba mi querido Baldomiro.
En el tiempo de mi amistad con este personaje yo era un médico que trabajaba en el Hospital y tenía que cumplir un horario, me levantaba de noche y regresaba a mi casa de noche también, siempre me quejé de que era una situación anti fisiológica. Comparando mi pobre vida con la de Baldo terminaba con ganas de llorar. Algunos nacen con estrellas y otros estrellados.
Me preguntan que si cambiaría mi oficio por el de Baldomiro, desde luego que sí, pero modificando una cosa: ¡¡CAMBIENME A LA GORDA ¡!

Febrero 2013
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