lunes, 17 de diciembre de 2012

QUÉ PENA AJENA, VENEZUELA

Gustavo Coronel
Sábado 15/12/212


Esto fue escrito por el autor el día antes de las elecciones.

Me aterra ver como ha cambiado Venezuela en estos años. Es un país que difiere mucho del que conocí y en el cual pasé la mayor parte de mi vida. Me refiero, especificamente, a la manera como ha cambiado la actitud del venezolano ante asuntos tan vitales como el tipo de gobierno, la calidad del liderazgo,  sus deseos de superación, su nivel de tolerancia frente al crimen y su lenguaje. En todos esos aspectos el país y sus gentes han sufrido, a mi manera de ver, un deterioro espeluznante. Hasta el punto de que ya no puedo sentir orgullo por mi gentilicio sino una profunda decepción.


Reflexión dominical, no apta para resignados
Triste reflexión es esta pero una que debo hacer, en aras de la honestidad con la cual debemos  actuar en esta época de oscurantismo. Afortunadamente, no creo que esta sea una situación irreversible. Otros pueblos han tenido similares momentos de involución espiritual y han logrado revertirla. Quien lea la historia de Inglaterra o de Francia encontrará claras oscilaciones  entre momentos de esplendor y de ruina espiritual. Hay esperanzas.

Pero hoy Venezuela se encuentra en un profundo foso. Leo como venezolanos que se dicen demócratas están promoviendo acercamientos, diálogos, reconciliaciones con una pandilla de malandros que ha destruído al país. Algunos de ellos, como Edgar Zambrano, representante de un partido que libró hermosas batallas por la libertad y la democracia, suenan ya, casi, como voceros del régimen. Aun entre los mejores oigo y observo una cierta resignación, un cierto nivel de acomodo que me repele profundamente. Se comienza a hablar elogiosamente del “sucesor”. Se toma partido entre Cabello y Maduro, como quien va al Caracas o al Magallanes. Se habla de una transición organizada, llena de paz, lo que los estadounidenses definen como  “amor y torta de manzana” Nuestra situación colectiva me recuerda el terrible poema de William Butler Yeats, “The second coming”:

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Una traducción a la carrera:

Dando vueltas en la creciente espiral
El halcón no escucha al halconero
Las cosas se disgregan, el centro no resiste
Una mera anarquía se desata en el mundo,
una marea sangrienta inunda y en todo alrededor
la ceremonia de la inocencia muere
los mejores carecen de convicción
mientras los peores están llenos
de una apasionada intensidad.

Esta terrible situación indica una entrega de principios y valores que constituyen el preludio de la anomia.

La calidad del liderazgo comienza a ser juzgada con la óptica de las expectativas mínimas. Maduro no parece tan malo, parece más asequible, un buen muchacho, a lo mejor lo hace bien, hay que darle su chancecito. No hay criterios de excelencia en la mente de mis compatriotas tanto como relatividades que empobrecen.

En esa misma línea de las expectativas decrecientes observo como nuestro pueblo parece haber abandonado, en alarmante medida, sus tradicionales deseos de superación. En mi pueblo de Los Teques todos éramos clase media o baja y todos, que recuerde, salimos a la vida a superarnos. Nos convertimos en ambientalistas, periodistas, economistas, geólogos, poetas, farmaceúticos. Nadie quería quedarse atrás. Hoy veo muchas colas de gente resignada que esperan por un pote de leche, por el kilo de papas subsidiadas. Veo mucha dependencia, pocos rebeldes. No hablo de héroes porque no es lícito pedirle a nadie que lo sea. El heroismo es una actitud extrema. Pero si pienso razonable esperar de mi pueblo una actitud colectiva hacia la superación, la cual no veo hoy predominar (Advertencia: toda apreciación sobre el colectivo es por fuerza relativa. Hay millones de venezolanos quienes conservan el deseo de superación, hablo de una tendencia al abandono de esos deseos).

Apenas ayer me decía un lúcido amigo que los venezolanos habíamos perdido nuestra capacidad de indignación. Nos asaltan, violan a nuestras mujeres, secuestran a nuestros hijos, confiscan nuestras empresas, limitan nuestros movimientos, nos hacen interrogar por cubanos, oímos hablar chino y vietnamita en la faja del Orinoco. Y hasta le damos las gracias a los secuestradores porque fuímos razonablemnte bien tratados, porue no perdimos la vida.   

Y que decir del lenguaje, de nuestras manifestaciones culturales, de nuestra manera de comportarnos en sociedad? Decía Wittgenstein que los límites de nuestro lenguaje representaban los límites de nuestro mundo. Uno oía hablar a Uslar Pietri y podia tener una clara vision del inmenso mundo de aquel hombre. Al oir hablar a Iris Varela, a Hugo Chávez o a Nicolás Maduro solo podemos imaginarnos un oscuro y estrecho mundillo, habitado por homínidos, aun en etapas tempranas de evolución hacia el homo sapiens.

En la Venezuela de nuestros día Rosita incursiona en la política, Lila Morillo admira a…. Lila Morillo, Diosa Canales ocupa gran centimetraje en nuestras publicaciones, Pastor Maldonado piensa que el país debe estar orgulloso de su papelón.  

Vendrán mejores tiempos. Pero para muchos será demasiado tarde.




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