Libertad!

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miércoles, 30 de enero de 2013

Pocaterra y el asco hacia sus conciudadanos

Luis García Planchart*

La decadencia idiosincrática del venezolano
José Rafael Pocaterra MacPherson, nacido en Valencia, Venezuela (18-12-1889) y fallecido en Montreal, Canadá (18-04-1955), además de diplomático, escritor y periodista, fue quien mejor analizó y describió esa característica idiosincrática y deplorable del venezolano que le hace adulante impúdico, lambucio arrastrado y pedigüeño crónico ante los dictadores que usufructúan el poder, para favorecerse ellos mismos y cebar a sus cúpulas, durante la triste historia de una república a la cual Simón Bolívar visualizó como un cuartel. Y conste que el Libertador lo aseveró de una manera peyorativa, y no metafórica.
Las conclusiones de Pocaterra figuran en Memorias de un venezolano de la decadencia, una obra dura, incisiva y profunda, que comenzó a redactar durante su cautiverio en la celda 41 de La Rotunda, inmundo presidio caraqueño, donde sufrió 3 años de terribles torturas, castigos y soledad, y fue testigo de varios decesos.
Sus vivencias le permitieron delinear la crítica más aguda contra el régimen del general Juan Vicente Gómez, a quien no sólo combatió con la pluma, sino a cuyas tropas enfrentó con valor durante la legendaria invasión del vapor Falke a Cumaná (1929).
Un varón que no se la caló
El por qué Pocaterra, a quien le sobraba talento y cultura, no se plegó a la tiranía gomecista –como si lo hicieron Pedro Manuel Arcaya, José Gil Fortoul y Laureano Vallenilla Lanz, tres de los intelectuales venezolanos más brillantes del siglo pasado- puede ser atribuido a dos razones:
Genéticas: El autor descendía de oficiales de la Legión Británica, por el lado materno, y de combatientes del Ejército Republicano, por el paterno. Asimismo, estaba emparentado con don Miguel de Unamuno.
Éticas: A Pocaterra debió haberle repugnado hasta la médula la actitud de las clases dirigentes, que llegaban hasta ofrecerle a sus hijas vírgenes al general Gómez a cambio de beneficios pecuniarios.
Al examinar Memorias de un venezolano de la decadencia,  se cae en cuenta que el país ha regresado a ese mundo cortesano, el cual se creía superado desde el 23-E de 1958.
Un vacío de poder para jalabolas
Las cartas de los jalabolas por la salud de que usted sabe, amigo lector, a quien me refiero, baten todos los récords de adulancia establecidos con anterioridad, y se elevan al límite de la cursilería. Puede revisar al respecto archivos, querido seguidor, como los telegramas enviados a Gómez durante los 27 años de su mandato y el Libro de Oro que le firmaron al general Marcos Pérez Jiménez meses antes de su defenestración; y los debe comparar con las notas sobre esta segunda versión de la Misión Lástima que ha desplazado de las primeras páginas la información sobre el peligro mortal que corre la nación de terminar de castro-comunizarse con la implementación de la aprobada Ley Comunal .
El culillo invade todos los terrenos, y una substancia semilíquida, apestosa y amarilla sustituye a la retrechera y venezolanismo expresión: Esta boca es mía, y con ella digo lo que quiero.  Es más, yo diría que estamos inmersos en la ñoña, y nadie quiere moverse, por aquella expresión catalana que asegura: La mierda, mientras más se remueve, más hiede.
La crónica de Pocaterra no difiere en mucho de lo que relata el periodista Francisco Olivares en su recién publicado ensayo: Afiuni, la presa del Comandante.
Como tampoco del vídeo ganador del Premio Planeta sobre las movilización de oposición, truncada a tiro limpio por funcionarios del chavismo el 11-A del 2002, cuyos presos prominentes, cargando con  un crimen que no cometieron para impedir un juicio potencial al actual procónsul de Cuba, se pudren en la cárcel del Helicoide por falta de sol.
Como tampoco de la biografía de Franklin Brito, mártir de la democracia venezolana, a quien le confiscaron su propiedad agropecuaria en el Estado Bolívar, y le dejaron morir de mengua en el Hospital Militar de Caracas, porque sus tierras porque estaban colmadas de coltán.
La hegemonización de Venezuela
Pero lo peor de todo es que el país se ha hegemonizado, de cabo a rabo.
Hay una hegemonía política, constituida por un continuo PSUV-MUD, cuyos extremos –como sucede en todo circuito cerrado- no sólo se tocan, sino que asimismo se entienden, y negocian a espaldas de la mayoría.
Una farsa, donde la información es igual en los medios del estado que la de los supuestos independientes, donde la única variante es la formalidad en el lenguaje, pues los fablistanes chavistas son más brutos e ignorantes que sus colegas opositores, y se expresan –como el Jefe Máximo- a carajazos. Este decir lo mismo, de manera vulgar o fina, conduce a la hegemonía mediática.
Y una tercera hegemonía, la económica, donde los boliburgueses y los antiguos oligarcas que se adaptaron a las reglas del juego vil, cobran completo y, encima, manejan el dinero a su discreción, a través de la banca privada, la importación y otros negociados de dudosa transparencia.
Al reflexionar sobre el tema de las hegemonías, comprendo el profundo asco de Pocaterra hacia sus connacionales, en un tiempo que pareciera no haber cambiado.


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