Libertad!

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domingo, 15 de julio de 2012

Estampitas nazi-fascistas


ROBERTO GIUSTI


y otras bellezas
Es el instinto primal aplicado sobre territorios "conquistados" y vedados al "enemigo"

La verdad es que provoca náuseas referirse al episodio del sábado pasado en La Vega. Obviamente es la repetición insidiosa y fatal de un fenómeno instalado entre nosotros, por no ir más atrás, desde hace catorce años. Nada nuevo. La misma basura de siempre, las mismas justificaciones de siempre, la misma hipocresía de siempre y la misma cobardía de no reconocer el signo de la barbarie que subyace en esta terca reiteración fascista de la forma más aberrante de hacer política.

Pero no queda otro remedio. Hay que denunciarlos, hay que desenmascararlos. Y no ya al supremo autor de esta modalidad de la violencia política que es un caso perdido, sino a personas como Soraya El Achkar, una de las madres de la Policía Nacional (proyecto que en medio de todas las dudas podía ofrecer ciertas garantías de respeto a los derechos humanos) y que ahora debe observar (al fin y al cabo es una académica), no sin consternación, como sus esfuerzos terminan convirtiéndose en arma política al servicio de los más bajos intereses del Gobierno. 


¿Qué agregar a lo ya dicho? Pues que no se trata solo de una práctica tradicional basada en la costumbre de tener el control de las situaciones o de un mala copia tropical de los estados nazi-fascistas del siglo XX y sus S.S o los fasci di combattimento, sino de un instinto primal aplicado sobre territorios "conquistados", donde no cabe la presencia de un enemigo que es imperativo, como bien lo dice el Führer, "pulverizar". Luego, el aparato propagandístico del régimen, bajo el comando del Gauleiter Izarra, se encargará, con su dominio maestro de los medios, de montar una versión que narra, exactamente, todo lo contrario de lo ocurrido.

A despecho del miedo, la violencia, el control total de los cuerpos armados, (oficiales y extraoficiales) y de un CNE laxo y permisivo cuando se trata de sancionar al poder, aún imperan algunas formas democráticas. Hay un candidato presidencial, existe una población y persisten medios críticos, capaces de contar la verdad y hacer valer los derechos humanos que la señora El Achkar, dijo, defendería la Policía Nacional, ahora chavista.

Esa población, a la cual se le impidió, el sábado pasado, escuchar el mensaje de un líder opositor, ya sabe que los violentos (al final tontos útiles con patente de corso) no están defendiendo sus derechos, sino los privilegios de una minoría que se enquista en el poder para seguir expoliando y engañando a los más vulnerables. Por eso la náusea se hace llevadera. Al fin y al cabo la repetición de los mismos episodios no conduce, como antes, al conformismo y la resignación. Y eso quedará claro el día señalado. 

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