Libertad!

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miércoles, 13 de agosto de 2008

Antonio Cova Maduro // Una vez más

¿Podría alguien negar que lo que más le convendría a él y a su proyecto es "pasar agachaditos"?
Cuando todo apuntaba a que confrontaríamos unas nuevas elecciones en las que, por primera vez, la llamada oposición podría presentarse o francamente dividida, o maltrecha de las heridas infligidas por un solo virus: la creencia, casi obsesiva, de que esta vez podían ganar, podían -quién lo hubiese dicho hace apenas un año- arrebatar de las incompetentes manos del régimen incontablesterritorios, de nuevo ha aparecido su salvador providencial, Hugo Chávez, el mismo que viste y calza y publicita sus diarreas para que el planeta las conozca.
Para los venezolanos de este momento estelar de nuestra historia no son nada novedosas estas inesperadas apariciones. Son ya tantas, que ellas van conformando un estilo, podríamos hasta decir: una forma singular de arremeter con un inesperado harakiri, cada vez que ve a la oposición seriamente comprometida. La verdad es que el país no debería escatimarle el reconocimiento que se merece. Una vez más ¡gracias por los favores recibidos!
Hugo Chávez es, en efecto, tan de una sola línea de conducta en esto, tan predecible, que a veces uno corre el riesgo de echarse a dormir confiado. Como un toro torpe, va tan a lo suyo que no puede ni ver ni oír y menos entender las señales que la situación, las circunstancias le envían. Ese peligroso defecto el que mejor lo ha visto es el sagaz periodista Manuel Malaver, como se lo dijo a César Miguel Rondón: "Chávez siempre va a contracorriente de lo que el país siente y quiere".
¿Podría alguien negar que lo que más le convendría a él y a su proyecto es "pasar agachaditos" en este momento tan vital para ellos? En esto algunos de los suyos parecen entender, aunque sea a medias, los mensajes que les envía sin cesar la realidad: andan tan callados que a veces uno ni sabe que por ahí merodean.
Tratan, eso es obvio, de pasar desapercibidos, de dejarle a Müller Rojas el trabajo sucio, de agrupar a las escasas huestes que les quedan, con la esperanza de mantener algunos espacios, pero por sobre todo, de esperar, contra toda esperanza, que Chávez sólo abra la botija, que cada vez es más reducida y no la bocota para echarles a perder la frágil estrategia electoral.
El chavismo tiene dos enemigos letales: un pésimo gobierno por donde quiera que uno vaya. Tanto que, incluso el popular alcalde de Barquisimeto, ahora candidato a la gobernación de Lara, ha dejado a Barquisimeto como los cuadros de Michelena: inconclusos. Y eso ha hecho que alcaldes y gobernadores chavistas, impedidos de repetir por agotamiento de sus períodos, se hayan convertido en cianuro para los oficialistas que les reemplazarían, tales los casos de Táchira y Carabobo.
El segundo enemigo oculto, pero muy eficiente: el silencioso NO de los que, con anuencia voluntaria o forzada deben vestir la camisa roja; su militante abstención. Esta vez ese NO, si se ve acorralado, bien podría terminar votando por los candidatos de la oposición, como se avizora sería el caso de Carabobo, o por los "aliados" del PPT, como es casi seguro suceda en Portuguesa, Guárico y hasta en la Alcaldía de Libertador.
Por estas razones, la torpeza de Chávez es mayúscula. Lo es porque tiene el efecto de borrar con un decretazo todas las sospechas y disgustos que determinados candidatos no oficialistas podrían engendrar.
La lucha, ahora y una vez más, no es para lograr elegir a tal o cual candidato que se suponga competente para el cargo al que aspira. No. Es una lucha que de nuevo vuelve al origen, a Chávez.
Como es él el blanco de todas las iras, es a él a quien se debe derrotar. Por eso, arrebatarle varias gobernaciones y decenas de alcaldías, amén de dejarle otras muy disminuidas, será un nuevo golpe para su proyecto demencial -que lo pospondría indefinidamente- y un impulso fenomenal para quienes se le oponen. La gran tarea de la oposición es dar a conocer esta posibilidad a todos en todas partes.
Chávez ya está palo abajo en la rodada. Todas las culpas serán achacadas a él, incluso por los suyos. Ya no habrá lo que vimos desde el 2004 hasta el 2D: una conquista tras otra, como las de Napoleón antes de las debacles de España y Rusia combinadas. Ante sí tiene una erosión imparable. Y con Cuba tratando de salir del horror, nada que sea entrar en ese horror tiene chance alguno.
Esta revolución llegó tarde. Qué pena y qué ventura.
Todo el país se beneficia de las torpezas de Chávez. Sólo resta convertirlas en triunfos contantes y sonantes. Con eso, una nueva Venezuela habrá renacido el 27 de noviembre. Aleluya.
antave38@yahoo.com
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