Libertad!

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domingo, 10 de marzo de 2013

Nunca he querido tanto estar equivocado..

Alejandro Pietri C.

Continúan los mensajes contradictorios de los políticos de oposición. En este caso, de los copeyanos.
Tras catorce años de instalación anticonstitucional de un régimen totalitario claramente identificado con el comunismo, y con reconocidos, proclamados y reafirmados nexos con el castrocomunismo, al cual no solamente ha aceptado obscenas intromisiones en asuntos internos del país, sino que ha llamado como tutor político y estratégico para el establecimiento estructural, funcional y constitucional de la unidad binacional, y en lo cual ha vaciado enormes cantidades de dinero del patrimonio nacional en beneficio del régimen insular, en perjuicio de la salud, la educación, la producción, el orden y toda la infraestructura energética y comunicacional de nuestro país, estos señores se transforman nuevamente en testigos, legitimadores y garantes de una nueva violación de la Constitución.
Por momentos pensé que se trataba de alguna estrategia y que en el instante preciso abandonarían el recinto. Pero.. como decían antes de aparecer los tratamientos modernos: ilusiones de tísico.
Revisando la prensa de hoy encuentro en El Universal, página 1-3 la siguiente declaración: “debemos recordar que nos guste o no el TSJ que tenemos es una consecuencia directa del ausentismo político y la abstención electoral del año 2005” y luego agrega: “no abandonaremos los espacios de deliberación, ni de representación del pueblo venezolano”
Es lastimosa tal conducta, y es además desesperante, preocupante y atosigante hasta el hartazgo. Es la demostración en actos y palabras de la incapacidad de entender que la razón de ser de los políticos es la de interpretar lo más adecuada y razonablemente posible los signos y mensajes que la población envía, y así desempeñar, adheridos a la realidad social y política y a los deseos y necesidades de la ciudadanía, el cargo o actividad que intentan ejercer o desempeñar.
Y digo hasta el hartazgo por que pensé que después de nueve años del RR y ocho de la gran abstención, algo habían aprendido. No percibieron que la abstención no fue un acto de irresponsabilidad cívica, sino un signo, un mensaje de los ciudadanos que expresaban su rechazo por un sistema electoral parcializado, prepotente y fraudulento; y que bien examinado indicaría que los centros electorales vacíos, vacíos, totalmente vacíos, fueron la consecuencia de una gran mayoría, la opositora, que, en protesta, insisto, no asistió; demostrando con su enorme ausencia (más del 70% según el CNE y del 83% según cálculos no gubernamentales) que era mayoría y por tanto ganadora del RR que ellos, los políticos, (salvo Ledezma esa noche) aceptaron en silencio haber perdido después de año y medio de todo tipo de fraudes y abusos.
Tampoco captaron que además del rechazo al CNE también lo fue a la misma oposición por otro factor que jugó a favor del CNE: el silencio opositor, repito, de la noche de RR.
Para empeorar las cosas, el régimen ha permanecido en el poder nueve años después del RR, ganando todas las numerosas elecciones efectuadas, menos dos que de ningún provecho fueron para la ciudadanía democrática: los presos políticos continuaron presos; muchos venezolanos perseguidos escaparon al exilio, una juez encarcelada por cumplir con la ley; el hampa acaba con la población; los boliburgueses se hacen inmensamente ricos; el país se empobrece alarmantemente mientras regala miles de millones de dólares para pagar adhesiones y mantener la dictadura parásita de los Castro, y las reformas constitucionales procomunistas, negadas, fueron aplicadas a troche y moche encaminando al país, y a una ciudadanía presa de la incertidumbre y la decepción, hacia a una dictadura castrocomunista con apoyo de un alto mando militar desvergonzado y corrupto.
Pues bien, con todo este panorama y el silencio desconcertante de una clase política que no ha tenido el valor de reclamar un sistema electoral justo que garantice la libertad de votar; que reorganice el REP, que todos sabemos está viciado; que garantice la transparencia pública y mediática de todo el proceso y que devuelva definitivamente al electorado el escrutinio del cual fue despojado, y que es realizado ahora por unas máquinas y unos programas de computación que sólo maneja, a su real saber y entender, el CNE, es decir, el régimen.
Ahora, ante tanta omisión, tanto error, tanta vacilación, tanta desorganización y tanto desencuentro, deberemos enfrentar una elección con el mismo CNE y el mismo proceso que ha garantizado durante diez años, desde el RR, la permanencia de chávez en el poder y que, ahora, deberá hacerlo nada más y nada menos, con quien por necesidad de supervivencia robolucionaria, ha sido designado por las altas autoridades del régimen parasitario castrocomunista para ocupar la Presidencia del país que expolia.
Iremos a elecciones pronto. Nunca he querido tanto estar equivocado como en esta oportunidad.

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