Libertad!

Libertad!

viernes, 11 de julio de 2008

RIGOBERTO REVISITADO

por Jonatan Alzuru
Un conjunto de amigos de diversas partes del país y nuestro Centro de Investigaciones Postdoctorales (CIPOST-FACES) de la Universidad Central de Venezuela, hemos decidido rendirle un homenaje a Rigoberto Lanz. Autor de más de treinta libros, promotor de actividades culturales, fundador de nuestro Centro y coordinador de éste espacio de diálogo.

Quizás nuestros lectores, los conocidos, los amigos, los adversarios, e incluso aquellos que desconocen al autor, para bien o para mal, se pregunten ¿Qué ha hecho? ¿Cuál ha sido su contribución a la cultura? ¿Cuál ha sido el aporte al devenir socio-político venezolano? ¿Acaso esa es otra manera de rendirse culto entre los miembros de una secta?.... Sin ningún temor, y asumiendo tales preguntas como necesaria para establecer el horizonte desde el cual se realizará el diálogo crítico de su obra, intentaré esbozar una de las razones que nos motivaron a proponer un seminario nacional en Maturín, a finales de julio, sobre la trayectoria intelectual de nuestro amigo.
Cuando en Venezuela se enquistó la cultura del elogio a la intelectualidad de salón, aquella donde se le rinde pleitesía a lo que dicen los maestros, esas personas cultas que escriben bien, tienen buenos libros y dictan excelentes conferencias; salones donde el ritual apropiado lo conduce el pensador que, a su vez, cual cardenal en misa de resurrección, prende velas a los autores de su preferencia... Cuando la izquierda esclerotizada se infartaba por la crítica y casi era una herejía plantear asuntos más allá de los manuales, cuando no se leían autores por ser de tal tradición y no de otra… Rigoberto Lanz se lanza en la intemperie con una vocación por la crítica y el diálogo amplio.

En el año 1981, por ejemplo, publica un libro polémico contra la llamada sociología marxista, donde la tesis central será que toda la tradición sociológica es de todas maneras burguesa y que es un contra sentido colocarle el adjetivo marxista a esa disciplina que nació con un espíritu reaccionario.

Sin embargo, el rescate de ese texto nos interesa, en este caso particular, por el prólogo realizado por Michael Lowy, quien afirma: “Hemos sido invitados por el autor, el amigo y compañero Rigoberto Lanz, a prefaciar su libro: tiene Lanz el hábito (poco habitual) de solicitar prefacios a autores con los cuales tiene importantes discrepancias, manifestando así su repugnancia por el dogmatismo y su interés por estimular el debate y la crítica.” Ese espíritu de confrontación, de invitar a dialogar con los que tiene diferencia, será una marca permanente en toda su producción intelectual. Tal actitud, nada acomodaticia, se maximiza con la amistad que desarrolla con quien será su alter ego, ese hombre elegantemente inteligente, mordaz, cínico, agudo, desfachatadamente claro y profundamente aturdido por un país cuya noción de estado, es el estado de ánimo después de una borrachera, ese poeta, no es otro que Miguel Ron Pedrique; fue él, por cierto, quien dio a conocer en Venezuela el pensamiento de Hannah Arendt que hoy anda de moda con un tal observatorio. Miguelito se transformó en el antiprologuista por excelencia de la obra de Lanz… Casi era una ilusión para los que seguíamos la discusión ver cómo Lanz se defendía de los mortales y certeros ataques proporcionados por su interlocutor y viceversa… Quizás valga la pena citar un prólogo memorable del libro, con el que Lanz inicia la década de los noventa,
Cuando todo se derrumba, Dice Ron Pedrique: “Hace muchos años Rigoberto Lanz y yo nos comprometimos en criticarnos acerbadamente todo lo producido intelectualmente por uno y otro… Ha pasado un buen trecho de tiempo y, sin embargo, el pacto subsiste porque las condiciones determinantes del quehacer intelectual del país no ha cambiado: impera el mismo silencio y la misma alcahuetería con los amigos y la misma agresividad mal sana con los enemigos…
Y en otro párrafo dice, A pesar de su desafección por el filósofo alemán Jurgen Habermas, su libro, sin embargo, tiene una misma intención de base: dialogar con el lector” La celebración será un diálogo crítico, mortal, al hígado, sin concesiones, sin consagraciones, sin trincheras, pero con un criterio estético vital, la empatía y la amistad como horizontes..

No hay comentarios: