Libertad!

Libertad!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El salto imposible

Ese salto mortal que se les pide a los viajeros del barco viejo pero seguro no lo van a dar

ANTONIO COVA MADURO | EL UNIVERSAL
miércoles 3 de noviembre de 2010 12:00 AM
Para todo saber que se respete la disensión es fundamental. Por supuesto que no la disensión porque sí, la que carece de respaldo alguno, sino hablamos de una que tuviere fundamento, por pequeño que éste sea. Tomemos algo que hace rechinar los dientes de mi hijo: la hipótesis sobre el significado del 19 de Abril de 1810, y algo más importante aún, la constitución de la "Junta Conservadora de los derechos de Fernando VII" que le siguió de inmediato, una vez echado el infeliz de Vicente Emparan.

Mi opinión es que ese fue el primer acto -taimado y astuto- de lo que rápido seguiría: los criollos caraqueños simulando lealtad al Rey para ir contra el mismo poder al que decían suscribir. Mi hijo insiste en que con esa opinión estoy enfrentado a todos los historiadores, criollos y extranjeros, que han estudiado el asunto.

Dado que no soy historiador -por lo tanto no estoy obligado a la lealtad de oficio- sino sociólogo, yo suscribo a la idea de uno de los más grandes sociólogos, Robert K. Merton, quien postulaba la importancia de distinguir entre las "motivaciones subjetivas de los actores involucrados en una acción o un proceso" y las "consecuencias objetivas que éstos tenían". Por eso yo en lo que me fijo es en los efectos de aquel 19: lo veo a la luz del 5 de Julio de 1811.

El sentido de esta disquisición se irá desplegando en la medida que avancemos. Me desmarco de opiniones convertidas en dogmas sobre la pesadilla que nos aqueja. Me fijaré en una en especial: el cuento de la radicalización. Ya tuve ocasión de hablar de ella, pero hoy quiero insistir en que esa tal radicalización no la puede emprender quien quiere sino quien puede. Es decir, para que un actor logre mediano éxito en un proceso tal, el medio social tiene que proveer las condiciones. En criollo: si la masa no está pa' bollos, pues... ¡no habrá bollos!

Si ello es así, entonces toda la discusión sobre que "ahora el proceso comienza su radicalización", como afirman con solemne majestad varios opinadores, tanto de postín como de botiquín, debe descifrar lo qué hay en el mundo social que, no sólo lo pide, sino que lo posibilita y le da combustible. Si eso no se hace, la discusión carece de sentido y es una pérdida de tiempo. Luego, ¡a otra cosa mariposa!

Si esa discusión luce estéril, entonces hay que proponer otra: el régimen que padecemos pretende algo que no tiene antecedente histórico que pueda ilustrarnos, y es que los venezolanos en medio de esta turbulencia ¡demos un salto mortal en el vacío!

Permítanme un cuento que, producto de mi imaginación, no quiere otra cosa que ayudar a ver con mayor claridad. Imaginemos que estamos frente a un gran río de peligroso y rápido caudal, tanto como para ser el favorito de quienes practican el rafting (para derrochar adrenalina lanzándose en balsas a superar rápidos y escollos), sin saber si sus deseos de llegar a la meta anhelada tendrán éxito.

El cuento muestra dos embarcaciones: una, ya envejecida, con un gentío apretujándose con sus macundales a cuestas. Se llama "Venezuela". La otra, con remozado rostro que no pretende otra cosa que ocultar sus añitos -y sus fracasos en esconder arrugas y amarguras- sólo tiene una marca: "Hecha en socialismo". La proeza que pretenden acometer es un traspaso en plena turbulencia: que quienes van en la primera embarcación den un salto para caer en la segunda.

Como la tripulación del barco receptor, aceleradamente "hecha en socialismo", luce novata e inexperta, los del primer barco dudan; y muchos se resisten a saltar. Han visto naufragar a tantos, que intentar la proeza les parece suicida. Tanto como para expresarlo a gritos; o a votos, si ustedes prefieren.

Despertada nuestra imaginación, veamos qué está pasando hoy, ¿cómo suponen los opinadores de ocasión que los venezolanos darán ese salto cuando creen que el barco receptor se hundirá sin remedio? Más aún, ¿cuánta confianza tiene la tripulación, novata, inexperta e ignorante, en el improvisado capitán? ¿Sabrá manejar el barco sorteando rápidos y escollos?

Ese salto mortal que se les pide a los viajeros del barco viejo pero seguro no lo van a dar. Y si el capitán de la nave receptora y algunos fanáticos de su tripulación intentaren imponerlo, los que serán echados por la borda serán ellos. Ni lo duden.

Por cierto, ¿no será que estos opinadores de la fulana radicalización lo que realmente pretenden es atizar a Chávez y pandilla para que crean que pueden lograrlo y pisen el acelerador? Así, nada les detendrá cuando avisten el abismo.

antave38@yahoo.com

No hay comentarios: