Libertad!

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martes, 1 de marzo de 2016

El caracazo líquido

JONATHAN REVERÓN |  EL UNIVERSAL
martes 1 de marzo de 2016  12:00 AM
Según fuentes extraoficiales, una vez más ingresan a la morgue de Caracas una cantidad atroz de cadáveres. Entre viernes y domingo cerca de treinta venezolanos ya no laten entre nosotros. Cada fin de semana la cultura de la muerte, alimentada por las voces de la violencia, esas que aún no creen que hablando con metáforas de guerra contribuyen con la sangre que se derrama, triunfan pensando que su causa prevalece porque las revoluciones necesitan muertos. Cada semana la cultura del miedo, alimentada por las voces que anuncian proféticamente el fin de una era, nos encierra en nuestros hogares con el ocaso del sol, porque mañana, "Ay, mañana". Cada semana la cultura del fracaso, esa alimentada por las voces que creen que los países se suicidan, avivan la voluntad por el pesimismo porque hace falta un antes y un después, una nueva explosión social que "resetee" nuestro kilometraje, como si empezar de cero fuese chévere. Escucho gente orgullosa al decir "no hemos tocado fondo", como esperando que el abismo siga consumiendo la esperanza que atesoramos de levantarnos un día con menos desgracias.

Doy más vueltas que un trompo en el Metro, la desinformación para llegar a la nueva estación de Bello Monte me devuelve infinidad de veces a Zona Rental. Puedo decir que escuché un promedio de 15 conversaciones. Mi conclusión, oyendo eso que llaman sociedad civil es: los ciudadanos entendimos que hemos odiado mucho, y también que país hay uno solo. Sin embargo, la ira persiste:

-¡Te tardaste como una hora en llegar, no jo..!

-¡Ni que yo fuese Schumacher!

Se gritan usuario y chofer de Metrobús.

En la estación de Plaza Venezuela se montan tres jóvenes, vestidos de médicos:

-Venimos a informar sobre un nuevo virus que azota a nuestra sociedad.

Lo primero que pienso, es que se trata de una campaña "inteligente" de parte de un organismo:

-... ese virus es el pecado.

Eran un grupo de evangélicos achacando nuestras miserias a "la ira del Señor". Al bajarse del tren, los jóvenes dejan una brasa viva:

-Bueno, realmente estamos así por culpa de la ambición.

-No, no, yo sí creo que esto que estamos padeciendo viene de arriba.

Más atrás, una mujer de cincuenta y tanto, como dirían los maracuchos, llevaíta, intenta seguir el hilo:

-Ay, yo lo que estoy es loca porque hayan elecciones otra vez.

De todo lo anterior, una vez que llego a Bello Monte, me encuentro con una estación de paredes rojas, intensamente rojas, llenas de propaganda y promesas de seguir construyendo, solo y si solo le damos nuestro voto al "ejecutor" de la obra.

También encuentro a un personal con ganas de hacer las cosas bien, pero abatido.

Ese mismo día los ministros del Gobierno entregaban sus cuentas a la presidencia de la Asamblea Nacional. Casi todos le dieron la mano a parte de la directiva. Al estrechar una mano no legitimas al otro, lo respetas y siembras la paz. Cuando adversarios se estrechan la mano en público y en televisión abierta, dan ese ejemplo a todo un país.

Aún así, con todo esto que estoy contando, todavía una postura quiere marcar tendencia. Una posición que pareciera rogar por la explosión social, cuando ese hervidero lo tenemos todos los días midiéndose contra otra fuerza silente, esa que al sobrevivir entendió que hacer las cosas bien toma tiempo, y que del apuro solo quedan entuertos.

No solo el que se cansa pierde, el que corre mediante atajos, que históricamente han dañado nuestra cultura de la victoria, también.

Paz a los restos de este Caracazo que se derrama a la vista de todos los ciudadanos.
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