Libertad!

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lunes, 25 de octubre de 2010

Confiscaciones con resentimiento

MIGUEL BAHACHILLE M. | EL UNIVERSAL
lunes 25 de octubre de 2010 02:54 PM
Sería redundante detallar la suma de confiscaciones de bienes muebles e inmuebles ordenados por el mismísimo presidente de la República. Todo el mundo las conoce. La ilegalidad de las mismas también ha sido un tema suficientemente expuesto por connotados juristas. Pero, ¿por qué sigue haciéndolo si bien sabe que el marxismo es radicalmente rechazado por la mayoría del país además de no tener cabida en la economía globalizada?

De vez en cuando brotan algunos ritualistas que insisten en buscar a tanteo espacios de vida "distintos" fuera del vasto contexto social en uso. Chávez es uno de ellos. Poco le importa que sus extravagantes peripecias escamoteen nuestro futuro aunque con y se arruine el país en el que, por cierto, está inmerso su propio entorno.
El poder excesivo lo hace delirar. Sin embargo todo ello envuelve en el fondo una gran hipocresía pues mientras rechaza en apariencia los frutos del capitalismo en esa misma proporción hace uso de sus avíos: divisas, lujo, ropaje de marca, joyas, aviones suntuosos, entre muchos.

La crítica de personas aisladas o de grupos enteros son actos propios de las sociedades en evolución; pero la ruptura destructiva, como lo pretende Chávez, acaba con la racionalidad de todo el sistema. Bien sabe que el resultado del 26-sept activó las alarmas contra su inventada utopía. De allí que estalle con arrebato e irracionalidad acelerando el paso a las confiscaciones "al por mayor".

En sus perpetuas peroratas da a entender que discrepa, o simula discrepar, de los "nocivos" valores corporativos para justificar una revolución que apunta a instituir una pseudo legalidad que le permita perpetuarse en el poder como ocurre en Egipto, Siria y Jordania o, mejor, Corea del Norte. El subterfugio perfecto es el marxismo aunque haya sido masacrado por la experiencia y por la misma historia. Acaba de declarar en Rusia que para él la URSS seguía teniendo vigencia.

La revolución de Chávez se alimenta de resentimientos sociales acumulados que, como en toda sociedad, tiene sus incondicionales. La diferencia entre rebeldía y resentimiento es que este último no implica cambio de actitud respecto a los valores sino una difusa efusión de odio, envidia, hostilidad, todo ello unido a un efecto de prepotencia para expresar la inquina que alberga contra determinados grupos.

La animosidad de Chávez es en el fondo una continua experiencia de hostilidad contra lo que le molesta. Doce años después, ante un revés electoral, esa huella se torna particularmente peligrosa donde está fuertemente arraigada, como en los "grupos especiales" del 23 de Enero. Como actúan "con códigos propios y a sus anchas", el reconcomio se manifiesta, a menudo, con acciones violentas. La incitación al odio, en una sociedad agrietada como la nuestra, hace inevitable que se exacerben los conflictos sociales.

Los no violentos tienden a instituir dispositivos de supervivencia para adaptarse. Sin embargo al observar la ordenación de la sociedad venezolana, en su complejo orden y en sus múltiples rupturas, veremos que por el juicio que tiene de sí misma tiende a rechazar los arbitrios que perturben su libertad decisión personal. Chávez teme que el pueblo haya recuperado buena parte del orden de pensamiento libre y lo lleve a lo que los sociólogos denominan "adaptación positiva" para diferenciarla de la negativa que propaga o, peor, de la nulidad.

No podemos adecuarnos a la delincuencia desatada, a la cuota de homicidios diarios, secuestros, atracos, corrupción, caos hospitalario, infraestructura destruida, falta de viviendas, pésimo transporte público, inflación, abusos de la coyuntura oficialista, dispendio del erario, etc., pues sería el preámbulo al caos integral y sumisión al señorío de quien se cree amo del país.

miguelbm@movistar.net.ve
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