Libertad!

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domingo, 17 de octubre de 2010

Y ahora, la boliburguesía

Argelia Ríos

Al verse despojado de una porción de las simpatías populares, a Chávez no le queda más camino que desagraviarse a sí mismo otorgándose más poder del que ya posee



La crucial guerra contra la boliburguesía pretende rehabilitar afectos

Giordani ha dado de nuevo en el clavo. La boliburguesía será uno de los tantos blancos de la guerra que acaba de iniciarse. La "repolarización" de la que se habla en el campo del chavismo involucrará a algunos de sus más conspicuos exponentes. Los nuevos magnates -surgidos de los sótanos revolucionarios- tendrán que explicar el origen de sus inusitadas fortunas. "El proceso", que los ha utilizado por años para generar dudas sobre la naturaleza ideológica de Chávez, ahora necesita sacrificarlos. "El monje" dictó una sentencia firme y ahora sólo basta esperar el progreso de la trama anunciada.

A esta hora la inteligencia estatal ha de estar identificando a las "víctimas" ideales: es momento de volver a levantar las Santamarías del coliseo y de alimentar, otra vez, a los leones. En adelante, los potentados rojos servirán para continuar recreando la guerra entre ricos y pobres: una escaramuza en la que se dispararán proyectiles simbólicos que aludan a la lucha de clases, orientados todos a intentar restablecerle a la revolución la autoridad moral que alguna vez exhibió y que hoy, doce años después, está convertida en pasado borroso.

La ofensiva contra los boliburgueses es producto de una lectura honda sobre el 26S. El Gobierno tiene puesta allí la esperanza de reponer su imagen de cambio genuino; de reafirmar frente al país su compromiso en la lucha contra la corrupción, y de regenerar el tipo de división extrema al que tanto provecho le sacó en el pasado reciente. Lo que se ha dado en llamar por estos días "la repolarización" -prueba, por cierto, de que Venezuela ya no vive el frenesí revolucionario- expone las necesidades de una nomenclatura política que, sintiéndose poderosa -aunque insatisfecha aún-, admite el inicio de su desempoderamiento y actúa en procura de la conquista de nuevos espacios de poder.

El objetivo ahora es ocupar el resto de los resquicios de poder disperso -ya sea real o fáctico- que todavía quede en manos del "enemigo"... Al verse despojado de una porción de las simpatías populares, a Chávez no le queda más camino que desagraviarse a sí mismo otorgándose más poder del que ya posee: el poder es su consuelo y asaltarlo le representa una necesidad vital.

La asfixia económica -para conseguir la rendición- es una de sus armas de guerra: de eso se tratan las nacionalizaciones, estatizaciones y confiscaciones y tantas otras iniciativas surgidas del afán existencial de llenar los vacíos dejados por su paulatina descapitalización electoral. Chávez reconoce que su caudal de votos ha mermado. Pero sabe que su votación fue inmerecidamente buena: si la mitad del país le sigue siendo fiel, es porque no todo está perdido. La crucial guerra contra la boliburguesía pretende rehabilitar afectos. Pero nadie sabe si tendrá suerte.



argelia.rios@gmail.com
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