Libertad!

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domingo, 17 de abril de 2016

La gran pregunta



La gran pregunta
Simón García
Hablar de reconciliación no es fácil. Practicarla es aún más cuesta arriba. Se requiere mucha fortaleza para ignorar los agravios, ataques y daños, tantos han sido. Además, desde el gobierno se ha procurado sustituir la cultura del entendimiento por la del enfrentamiento, la amistad por el odio, la unión por la división y el reconocimiento del otro por su exclusión.
Quienes hemos tomado partido no podemos ser neutrales, pero debemos intentar ser tolerantes. No es falta de objetividad observar que en los lares del oficialismo no aprecian la pluralidad y prohíben disentir. El caso de Marea Socialista, defendiendo lo que ellos consideran esencial para la causa revolucionaria, ejemplifica claramente que es riesgoso romper la mordaza que la cúpula impone dentro del PSUV.
Entre el gobierno y la oposición existen responsabilidades compartidas, pero no equivalentes. Es natural que estar en el gobierno, posición detentada durante 17 años, implique una determinante y mayor responsabilidad en la inversión de valores, en el cambio de las conductas sociales y en la involución del modo de ser que distinguía a los venezolanos. La pérdida de institucionalidad y el desconocimiento de las normas se ha trasvasado desde el Estado hacia la sociedad.
Es ilógico hacer creer que el lado débil de la confrontación sea el lado fuerte de la agresión. El sector que ha tenido que soportar fuertes campañas de descalificaciones, persecuciones, detenciones, segregación, provocaciones y represión no podía dejar de responder. Unas veces mal y otras con acierto. Pero, según los hechos, mejor que el gobierno porque se ha convertido en mayoría estando fuera del poder.
El asunto es que hay que comenzar otra página. Para rehacer el país, reconstruir la economía y relanzar la democracia en condiciones de estabilidad, mayoría y minoría debe respetar las reglas del juego. La primera, acatar por igual y sin manipulaciones, la Constitución Nacional.
Tenemos que volver al nosotros y que unos y otros podamos, en condiciones de igualdad ante la ley, promover proyectos políticos rivales. Un nosotros abierto a recibir los mejores aportes sin descartarlos por su origen. Un nosotros para la apertura, pero no para una convivencia artificialmente educada, sino para consolidar unos parámetros políticos. Al menos, cuatro de ellos: desempeño pacífico, respeto al pacto constitucional, competencia para desarrollar la democracia y prioridad a la solución de los problemas sociales y de gobernabilidad de la crisis.
Política es lo opuesto a barbarie, lo alternativo a guerra, lo distinto al lema de Juego de Tronos, según el cual quien no gana, muere. La política es la construcción plural de un consenso para vivir mejor.
La gran pregunta es si los partidarios de las dos grandes visiones distintas de sociedad están dispuestos a conversar para entenderse y a entenderse para adoptar las medidas económicas y los cambios institucionales que detengan la destrucción de Venezuela.
@garciasim
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