Libertad!

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lunes, 24 de noviembre de 2008

Elecciones: El 23 N salvaguardias democráticas y puertas abiertas


Emilio Nouel

Este 23N, la sociedad democrática venezolana y sus fuerzas políticas acaban de librar victoriosamente otra gran batalla por la libertad.
A las pretensiones autocráticas y centralistas de una oligarquía militarista, les hemos propinado un golpe noble.
La conquista de nuevos y relevantes espacios político-institucionales por parte de la oposición abre caminos amplios a la recuperación de una dinámica política más fluida y al reencuentro de factores de procedencia plural, cuyo potencial, en términos de gobernabilidad, no debe ser desdeñado.
De igual manera, con el arribo de representantes de una nueva mayoría a puestos claves de administración gubernamental regional y local se inicia una fase cargada de muchas expectativas que no deben ser defraudadas.
No obstante, bajar la guardia no es una opción. Poner diques democráticos a los autoritarios, no significa que conjuremos los peligros que se ciernen sobre el país. El proyecto político de los que gobiernan, si bien amaneció muy golpeado después del 23N, no ha sido abandonado. De sobra conocemos de las retiradas tácticas y de los discursos “por lo bajito” en los momentos que les son adversos. La aspiración perversa a una presidencia vitalicia no creo que esté descartada y ya veremos pronto qué forma adoptará este propósito.
Los desafíos ahora son mayores para el campo democrático. Tendremos más responsabilidades de gobierno. Cumplir con los programas que se ofrecieron al electorado exigirá esfuerzos formidables, habida cuenta de las intenciones expresadas por el gobierno central de recortar o suprimir recursos institucionales y financieros a las regiones y municipios, en su afán por dominar todas las instancias de poder. Esta será una pelea que habrá que dar para reclamar lo que por ley corresponde a los entes descentralizados; de allí la importancia de una alianza y coordinación entre los nuevos administradores, que, por cierto, no debe excluir a gobernantes adeptos al partido de gobierno, víctimas también del centralismo asfixiante.
En la jornada electoral que venimos de cumplir, hemos logrado colocar exitosamente nuevas salvaguardias democráticas que nos hacen ser optimistas respecto del futuro. Es imperativo que desde allí con inteligencia, amplitud, eficacia gubernamental y decencia, sigamos construyendo la alternativa política que el país anhela. La amenaza totalitaria no está erradicada, y por más que se haya demostrado nuevamente la inviabilidad política de ella, sigue viva.
Hemos ganado en las principales y más populosas ciudades del país. En la capital de la República y en los estados más importantes. Parece que en votos populares obtuvimos mayoría también. Hemos derrotado al Estado más rico de Suramérica, el cual, violando la Constitución y leyes, y mostrando un ventajismo obsceno, se puso al servicio de una parcialidad política.
Las dimensiones políticas internas e internacionales de lo que acaba de ocurrir son extraordinarias. La opinión pública internacional lo está recogiendo así. El mundo ya sabe lo que está pasando en nuestro país.
Sin embargo, la concertación entre las fuerzas democráticas sigue siendo una tarea primordial. Nuevos escenarios electorales se presentarán relativamente pronto, y una mayor y mejor coordinación entre los partidos de oposición debe tener lugar, tanto para corregir no pocas fallas como para consolidar los éxitos alcanzados.
Hemos dado un gran paso. Se ha vencido la indiferencia y apatía de algunos sectores que a muchos nos preocupaba. Lo que queda, que no es poco, es honrar los compromisos, y para ello es condición ineludible, la unidad. Más que nunca, no hay lugar para sectarismos. Así como hoy ponemos otro obstáculo al autoritarismo, de igual forma hay que abrir muchas puertas a las mayorías sin distingos de procedencia política. Aquellas están ansiando líderes renovados, modernos y con responsabilidad social. Afortunadamente, los tenemos. Démosles la oportunidad, sin renunciar a nuestra vigilancia y participación activa en el rol de ciudadanos.
Sin lugar a dudas, Venezuela tiene muchas razones para celebrar.
EMILIO NOUEL V.
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