Libertad!

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lunes, 7 de febrero de 2011

Argelia Ríos El regreso del "chiripero"

Domingo, 6 de febrero de 2011

Que algunas voces opositoras admitan la hipótesis de un fraude ya revela un giro estimulante

La desconfianza está justificada y no debe ser motivo de alarma. Descorazonarse ante la posibilidad de que el comandante cometa un fraude en 2012 sólo contribuye a su propósito. La tarea de la sociedad democrática es impedírselo. No es extemporáneo plantearse desde ya esa meta: mientras más temprano se inicien los esfuerzos, menos condiciones tendrá el Presidente para caer en la tentación de un arrebato.

La consolidación de la atmósfera de victoria opositora con que se inició este 2011, es la condición principal para dificultarle al comandante cualquier intención aviesa. Chávez ha reconocido el peligro que le representa la conformación, en este momento, de una profecía autocumplida alrededor de su derrota. Les toca a los ciudadanos de a pie -junto a la dirigencia democrática- dejarle claro al jefe del Estado la inviabilidad de un Gobierno surgido de un zarpazo. Las 96 semanas que restan para la justa presidencial son decisivas y nadie debe mantenerse al margen.

Cada ciudadano tiene la obligación de comprender su rol, el primero de los cuales es evitar que Chávez logre amilanarles con los amagos teatrales a los que seguirá apelando, en su intento de convencer al país de un triunfo que en realidad no tiene a la mano. A todos los venezolanos con aspiración de cambio les corresponde contribuir en la recreación de un ambiente de avalancha inexorable, de esperanza y certeza inquebrantables. Al poder debe quedarle bien claro que la sociedad democrática posee seguridad sobre su triunfo y que está dispuesta a hacerse respetar y a constituirse en una amenaza seria ante la eventualidad de un desconocimiento de su veredicto en las urnas.

El hecho de que algunas voces opositoras admitan la hipótesis de un fraude ya revela un giro estimulante: durante mucho tiempo se había adoptado una línea de silencio ante el problema, por el temor a que las denuncias derivaran en una ola abstencionista que afectara la acumulación progresiva de fuerzas, necesaria para afrontar con pie firme la batalla crucial de 2012.

El reconocimiento que hoy se hace de tal posibilidad es un primer paso: queda por delante preparar las respuestas que el riesgo exige. Lo primero es el afianzamiento de ese ambiente de profecía autocumplida al que Chávez teme. Se trata de estimular un movimiento como el que el propio Chávez busca al desempolvar al Polo Patriótico. Una plataforma -que trascienda a la oposición-, a la que se sumen cómodamente, en forma de goteo incesante, todos los factores sociales deseosos de conquistar el objetivo superior del cambio: comunidades, grupos de presión, figuras prominentes o no, agrupaciones pro derechos humanos y demás expresiones del país organizado, pueden ayudar a alcanzar el efecto avalancha. El "chiripero" de Caldera es el mejor ejemplo disponible.
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