Libertad!

Libertad!

martes, 5 de abril de 2016

Política y expectativas

La gobernabilidad de las expectativas. El desafío de la democracia moderna



«El poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder», sostiene como consigna principal de su obra El fin del poder el reconocido analista venezolano Moisés Naim. Esa es la impronta de la nueva realidad de nuestras democracias y de nuestra política.





Luis Fernando Calabria

De la mano de ese fenómeno van el descrédito en las instituciones y la frustración frente a la política. Esto se explica en parte porque la sociedad pide más y la política puede menos, y se va abriendo una brecha entre sociedad y política, como espejo de una separación cada vez más notoria y significativa: poder y política. Lo decía claramente Zygmunt Bauman en su secuencia de obras líquidas, existe un divorcio entre la política y el poder. Aquella más territorial y local, éste global y avasallante, ha sobrepasado los límites de gobiernos y Estados.

En las ecuaciones de poder hay nuevos protagonistas, grupos económicos, lobbies, ONG, muchas veces y en ciertas áreas con tanto o más poder que los Estados. Pero hay también conciencia de problemas o sensibilidades nuevas: por ejemplo, lo medioambiental.

La nueva configuración impacta en las demandas ciudadanas, que van acompasadas con esas nuevas coordenadas de la sociedad globalizada. No se detiene en las limitaciones de la política.

La insuficiencia de las respuestas genera frustración y falta de credibilidad.

Uno de los grandes desafíos de la política es reconocer su nueva realidad, y otro, generar una cultura política nueva cumpliendo una función pedagógica sobre su nueva configuración. Gobernar las expectativas ciudadanas para no verse sobrepasados por la inflación de demandas es el reto clave para los sistemas políticos democráticos. Se necesita desarrollar una espiral participativa que incorpore nuevos actores (integración de jóvenes, minorías y a la mayoría largamente frenada: la mujer); pero además, los nuevos liderazgos deben ser ilustrativos y responsables en el mensaje: su horizonte de posibilidades no es el tradicional.

En definitiva, se impone la recuperación del rol protagónico de la política, esto es, la recuperación de la centralidad de la política como escenario de interacción representativa. Una democracia no se hace con usuarios, accionistas, ni clientes. Se hace con ciudadanos. No se hace tampoco con movimientos sociales por mejor intencionados que estén, se hace con política —y políticos—, porque es la dimensión política la que conjuga el interés colectivo con el individual sin renunciar a ninguno de los dos. La política no se permite excluir a nadie. Puede hacer primar un interés sobre otro pero no puede desconocer su existencia. Es una lógica diferente a la de la guerra o la del comercio; es una dimensión donde no haydescartes.

Ese lenguaje político es el que expresa la democracia y que ningún poder fáctico puede sustituir. No hay grupo económico, social ni opinión pública que asegure lo que asegura la política como expresión democrática. Recuperar este rol protagónico de la acción política supone un ciudadano consciente de las posibilidades reales del sistema. Supone participación y comprensión de las expectativas. El primer paso es por tanto responsabilidad de los liderazgos, de generar la cultura y gobernar las expectativas y demandas de los ciudadanos, involucrándolos en una dinámica participativa.

Claro que algunos sugieren una alternativa, al menos una interrogante: así como se globalizó el poder, ¿se globalizará la política?

Luis Fernando Calabria Barreto | @LuisCalabria
Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Prosecretario de la Cámara de Senadores de Uruguay. Integrante del sector Alianza Nacional (Partido Nacional). Miembro de la Fundación para la Democracia Wilson Ferreira Aldunate


COMENTARIO:AUNQUE EN VENEZUELA ESTÁ AÚN MUY VINCULADA LA POLÍTICA A LA REALIDAD SOCIAL

TOMADO DE DIALOGO PÓLITICO
Publicar un comentario