Libertad!

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jueves, 5 de junio de 2008

Obama y Fidel, el cuento del gallo pelón

Simón Alberto Consalvi
Cuando Barack Hussein Obama nació en Honolulu, Hawai, el 4 de agosto de 1961, Fidel Alejandro Castro Ruz ya era (desde 1959) primer ministro de Cuba y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Ahora Fidel se acerca a los 82 años de edad, está retirado del poder, pero no de la política. Obama tiene 47 años, dos menos que la Revolución Cubana. Mientras Fidel hace mutis después de medio siglo, Barack anda en campaña por la Presidencia, con probabilidades de ser el primer negro que ascienda al trono de George Washington.

Recientemente, estos dos personajes se refirieron a las relaciones entre países que viven en un estado de guerra desde los inicios de la revolución, y, sobre todo, luego de de episodios como la invasión de la isla (1961) y la crisis de los cohetes (1962). Son innumerables las historias escritas sobre Estados Unidos y Cuba. Desde lejos, da la impresión de que ambos se benefician de ese supuesto estado de guerra.

Una cierta hipocresía se evidencia cuando se revisan las cifras del comercio bilateral. Estados Unidos es el granero de Cuba. Así lo atestiguan las importaciones agrícolas de la isla. De tiempo en tiempo caen por La Habana (y van al Tropicana) delegaciones de senadores y productores, hacen exposiciones y ferias, acometen muertos de sed el grato daiquiri, y reparten refrescos y bolsitas de fast food que los habaneros consumen con delirio.

Barack Obama se pronunció sobre Cuba y, a propósito de Cuba, sobre las relaciones de Estados Unidos con América Latina. El doctor Castro le respondió a Obama a través de la "tabla de mandamientos" que, como guía infatigable (e inapelable), escribe desde su retiro en las páginas de Granma.
Obama consideró llegado el momento para una "una nueva alianza de las Américas". No sería nueva, sino la primera, puesto que la de John Kennedy no llegó a puerto. Para el senador, Bush dejaba un legado "de ocho años de políticas fracasadas". Dijo que su política para América Latina "había sido negligente hacia nuestros amigos e ineficaz con nuestros adversarios".

Según Barack Obama, el presidente Hugo Chávez "se aprovechó de este vacío". O sea, que Hugo Chávez es hijo de George W. Bush. No tanto, Barack. Ya basta con la guerra de Irak para que a Mr. Bush le aumenten sus cuentas de manera tan desconsiderada.

En materia de relaciones entre el Norte y el Sur no es Bush el único responsable.

Está muy bien acompañado por todos los que le precedieron en la Casa Blanca en el silgo XX, desde Teddy Roosevelt, el hombre del gran garrote, William Howard Taft, Woodrow Wilson, Warren Gamaliel Harding, Calvin Coolidge, Herbert Clark Hoover, Franklin Delano Roosevelt, Harry S. Truman, Dwight Eisenhower, John Kennedy, Lyndon Johnson, Richard Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter, Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton. De ellos, sólo JFK.

Estados Unidos no ha tenido para América Latina sino un evangelio, el de las relaciones comerciales, el del proteccionismo unas veces disimulado, cuya realidad se desnuda cuando los tratados de libre comercio pasan por las horcas caudinas del Congreso. Quienes combaten estos TLC no se dan cuenta de que complacen y le hacen el juego al imperio.

A lo largo del siglo XX hubo apenas un gesto, el de Kennedy y la Alianza para el Progreso, que podría entenderse como "política" para América Latina. Respuesta, por cierto, a los huracanes desatados en los años sesenta por la Revolución Cubana. Y, vaya obsesión de la historia, las referencias de Obama a nuestros países vuelven a ser a propósito de Cuba. Ergo, si Cuba no existiera, tampoco existiría el resto.

Obviamente, no pienso que Obama vaya a cambiar esa (im) política. Está inscrita en los antiguos dogmas, en la esencia y en la religión del sistema. No obstante, bastaría que (de ser elegido) converse con Raúl Castro, se normalicen las relaciones y se mande el famoso y contraproducente "embargo" al desván, y los cubanos puedan refrescarse con las cocas made in USA.

Aun cuando Barack ostenta un PHD, y demuestra ser polifaculto, me temo que no conozca lo que escribió Harry S. Truman en sus Memorias, Where the Buck Stops, sobre las relaciones con Cuba.
Según Truman, si él hubiera sido presidente para ese momento, y no "ese hijo de puta de Eisenhower", él habría llamado a La Habana y dicho estas palabras: "Escucha, Fidel, vente a Washington y hablemos.
A lo mejor le hubiera sugerido que se cortara el pelo y tomara una buena ducha antes de venir, pero, hablando en serio, me hubiera asegurado de que sostuviésemos una reunión sensata y de que buscásemos soluciones para los problemas, y no nos estaríamos preocupando desde entonces sobre lo que se está cocinando entre los cubanos y los rusos en esa isla a sólo noventa millas de Florida".

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