Libertad!

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domingo, 19 de octubre de 2008

Entrevista // S.J. Arturo Sosa, rector de la UCAT


"Oposición y gobierno tienen el mismo discurso político"

"La politización de la sociedad no es cierta. La organización popular sólo ha crecido para la recogida de la renta"

"La gran pregunta que debemos hacer es si vamos hacia la inserción de Venezuela, de manera ventajosa, en la nueva sociedad global" (Oswer Díaz Mireles)
Un gran trapiche. Así define el sacerdote jesuita Arturo Sosa, rector de la Universidad Católica del Táchira, lo que ocurre en Venezuela.

"No se trata de un túnel, como piensan algunos, que incluso dicen ver luz al final del trayecto. Lo que entra en un túnel sale igual al emerger del otro lado. Nos encontramos más bien en un trapiche, porque vivimos un proceso de intensa transformación".

El resultado que tendrá lugar, asegura, será vital para determinar nuestra sobrevivencia como país y trasciende al actual discurso de polarización que predomina en el acontecer nacional.

El padre Sosa, único venezolano en el equipo de gobierno que acompaña al Padre Superior de los jesuitas, afirma que esta reflexión debe estar enmarcada en el contexto global.

-¿Qué análisis hace del escenario electoral y de la manera en que se plantea el futuro mapa político, luego del 23 de noviembre? -

Yo quisiera partir de algo menos coyuntural. Lo que está pasando en Venezuela es una transformación bien profunda que tomará por lo menos entre 20 y 25 años. Como ocurre en un trapiche, dependiendo de lo que entre, tendremos un resultado u otro. Al trapiche entró el sistema de conciliación de élites y partidos políticos, tras sufrir una severa crisis de legitimidad. De allí, obtendremos una cultura política distinta, en la que algunos elementos de la cultura original saldrán en el producto final.

-La polarización es lo que marca la dinámica cotidiana. No es tan fácil entender que estamos en un trapiche...

-Hay que tratar de no vernos sólo el ombligo. Los venezolanos, por la intensidad que ha tenido la crisis, perdemos de vista que también estamos en un gran trapiche mundial. Se está terminando una época histórica que tiene que ver con el fin de la modernidad y del industrialismo, para ir hacia una sociedad que han llamado del conocimiento o de la información, a la que ni siquiera percibimos en toda su trascendencia, y en la que nos estamos jugando la posibilidad de la vida en el planeta.

La gran pregunta es si estamos en la construcción de un modelo que permita que la sociedad venezolana se inserte de una manera ventajosa en esa época nueva. Lo contrario, es enfrascarnos en lo que ha sido el debate y hasta el análisis políticos: un asunto completamente polarizado, en el que dependiendo quién hable, los buenos siempre están de un lado y los malos del otro y no se reconoce ninguna densidad al proceso, no se va al fondo. Termina por ser un torneo, una batalla de apelativos y adjetivos.

- ¿Cree que nos estamos preparando para enfrentar este cambio de época global?

-Pienso que no. Estamos empeñados en prolongar la cultura rentista y en no adelantar las decisiones que permitirían pensar al país en otros términos. Seguimos siendo un país, hoy incluso más que antes, totalmente dependiente de la renta petrolera, un recurso que por abundante que sea, es limitado.

No solo es preocupante por el tema de los ingresos, que es asunto de los economistas y que además, está en un momento muy especial, por la crisis mundial. Preocupa el tema de la cultura política. Si parte de las causas de la crisis de legitimidad del sistema de conciliación de élites fue la mala distribución de la renta y los esfuerzos por encontrar otra vía, eso no ha mejorado en absoluto. Hoy quizás podemos decir que ha mejorado la entrega de renta hacia los sectores más desfavorecidos de la población, pero seguimos afianzando un estilo de cultura política que hace a la gente dependiente del Estado y que no genera pueblo organizado. No produce un sujeto político que es capaz de tomar en sus riendas las decisiones de la sociedad, porque el Estado se convierte en el único receptor y distribuidor del recurso principal del país. La lucha política se concentra allí, en el control del Estado y el modo en el que éste distribuye.

-Pero las señales que envía el gobierno parecen ir dirigidas a profundizar aún más esta cultura rentista...

--Es cierto, pero tampoco la oposición plantea lo contrario. La pelea es por quién distribuye. El caso de Venezuela es patético, porque es el país que tiene grandes reservas de petróleo, y vamos a un futuro, dentro de 50, 70 años, de un mundo sin petróleo. Porque el mundo tiene que encontrar una manera de solucionar el problema energético sustituyendo el petróleo. Nosotros seguimos empeñados en esa autopista de confiarnos que vamos a vivir eternamente de la venta de un producto natural. Nadie plantea ese problema en Venezuela.

-Regresando al tema electoral, que fue la pregunta de partida, ¿Cómo ve el desarrollo en el debate que se plantean oposición y gobierno?

-Aunque las elecciones son un tema regional, el debate es completamente nacional. Este sería el momento de discutir los problemas locales y regionales. Tendríamos que tener una enorme variedad de problemas y soluciones en la mesa, porque Venezuela es variada. Si hubiera una maduración de la política, en el sentido de una democracia más de base, la primera pregunta que tendrían que responderse los electores no es si un candidato pertenece o no a la oposición o al gobierno, sino si esa persona y su equipo son los idóneos para enfrentar los problemas de su comunidad.

El otro tema que vemos es la personalización de la política. Más allá de las tendencias personalistas que tiene este gobierno, la misma tendencia se observa en otros ámbitos, como en la oposición. Estamos vendiendo personas, no programas, ideas o propuestas. Esta tendencia va en contra de la creación de redes, equipos, organizaciones.

En el caso del gobierno, hay un discurso que es contradictorio, porque habla de las comunas y los consejos comunales, mientras su práctica política es personalista. Ahora, francamente, no noto diferencia entre los bandos.

-Pero esta actitud también lo observamos del lado de la gente. Sólo quieren que Chávez les solucione su problema

-Por eso es un tema de cultura política. La sociedad no se plantea cambios, no son sólo los dirigentes, sino la gente que tiene 50 años jugando al chivo expiatorio: éste ofrece, lo elegimos, no sirve, lo cambiamos.

Pienso que no es cierto, como algunos dicen, que la sociedad hoy está politizada. Quizás al ciudadano le interese más informarse sobre estos temas. Pero la política, entendida como el compromiso del individuo con el bien común y la búsqueda de soluciones de mediano y largo plazos, no es aún colectiva. Mi percepción es que la organización popular sólo ha crecido para la recogida de la renta.

-Y ¿dónde coloca al movimiento estudiantil, que marcó un interesante hito el año pasado?

-El movimiento estudiantil tuvo un papel muy importante en una coyuntura concreta, durante el referendo constitucional, pero ahora ¿Está creciendo como organización de los estudiantes? ¿Se ha convertido en un movimiento que ha logrando que su base se plantee éstas preguntas, desde una perspectiva estudiantil y universitaria? La universidad esta en otro debate, pero no se plantea estas interrogantes.

Para el padre Sosa, también a nivel global son reducidos los espacios sociales e intelectuales en los que se intenta buscar una solución que permita crear justicia social sin arriesgar los recursos de las próximas generaciones. "Si no se toman esas preguntas en serio, el resultado es la guerra, que será por los recursos energéticos y naturales, como el agua o la tierra. La guerra es el máximo de la despolitización, es la sustitución de la política por el uso de la fuerza para resolver conflictos. La imposición del más fuerte. Y si no lo asumimos, tendremos a la vuelta de unas décadas una guerra mundial.
Aliana GonzálezEL UNIVERSAL

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