FRAGMENTO LITERARIO: Escrituras
MI CORAZÓN DELATOR
JAVIER PÉREZ ANDÚJAR 03/04/2011
. .Por la noche, leyendo los periódicos del día a la luz de la cocina. He tenido que aplazar la actualidad hasta esta hora en que ya ha claudicado el teléfono y se oye el ascensor como un topo que sigue excavando su túnel. Todo el día deseando saber lo que pasó ayer. Ahora es cuando mejor vienen los diarios.
Claro, es cuando peor va el mundo. Los leo agarrado a mis discos como un Discóbolo hecho de Frenadol y gintonics. Agarrado a la música pop para oír la voz lírica del presente. Los periódicos gritan la palabra Fukushima, y al momento los Kraftwerk remozan la versión mix que hicieron de su misteriosa canción Radioactivity. Le han añadido una nueva muesca a su anterior estribillo: Chernóbil, Harrisburg, Sellafield, Hiroshima y Fukushima.
Y hasta la siguiente. De Sellafield los periódicos no han traído recuerdo esta vez; pero el desastre que causó esa central nuclear, a orillas del mar de Irlanda, fue considerado el más importante hasta que pasó lo de Chernóbil. Menos mal que tenemos la Wikipedia para enterarnos y para hacernos infinitamente enciclopédicos, más humanistas que nunca. Del saber correlativo, del pensamiento concatenado que he ido aprendiendo con la lectura de los libros, apenas retengo ya nada. Como en una película de Cronenberg irá gestándose dentro de mí una criatura extraña, un pensamiento hipervinculado, abarrocado de vínculos caprichosos, aleatorios, que tienen más que ver con el sueño o con la memoria que con la lógica. Así he regresado o me he quedado en lo que dijeron los surrealistas del primer manifiesto, que memoria y sueño están hechos de la misma violenta sustancia.
El ordenador es el agujero insondable del horno, la luz de la nevera abierta
La cocina esta noche es una habitación cansada, un sueño surrealista lleno de cuchillos, un reloj cuadrado que sigue dando sus minutos como un paleta que habla solo. Han entrado las hormigas en busca de su terrón de azúcar. Andan hoy muy decididas, muy valientes las hormigas, muy metafóricas, como siempre, de lo nuestro. Pero las hormigas de este siglo XXI están ya más en el delirio del cine que en la locura de Maeterlinck.
No son, sin embargo, aquel hormigueo en la mano solitaria de Un perro andaluz. Proceden antes de La humanidad en peligro, una película de los años cincuenta que en versión original se titulaba Them! Era una historia sobre experimentos atómicos en el desierto y hormigas mutantes gigantescas. En la literatura española los poetas como mucho hablan con su burro. Las hormigas marchan a tientas por el mármol de la cocina, atropellándose, ciegas de un perpetuo viaje de ácido fórmico. Se inmiscuyen en la tipografía del periódico y adulteran las palabras con lo que tienen de movimiento, de estar vivas. Escucho el motor de la nevera como un barco lejano que se ha dejado la carga en el puerto. Ese cielo vacío que lleva dentro, esa luz que no existe cuando su puerta se cierra.
Con su cintura de avispa la cafetera va quedándose en una actriz pasada de moda. El horno como una cueva antigua, igual que un boquete definitivamente abierto en el pecho. La granja de hormigas Anthouse Deluxe, comprada por Internet, porque vi una igual en Cuando Harry encontró a Sally. El microondas, mi acelerador de partículas de juguete. Y el diario va poniéndose más duro conforme van pasando las horas. ¡Ya no hacen diarios como los de antes! Pero la información, el periódico que era la barra de pan que había que ir a buscar cada mañana, es ahora el agua que fluye sin cesar y basta con abrir el ordenador para servirse. El ordenador es el agujero insondable del horno, la luz de la nevera abierta, el misterio del microondas. No sé qué diablos hace fuera de la cocina.
Las hormigas se extienden por el diario como una lluvia sombría. Y del mismo modo crece por las prefecturas de Japón un temblor radiactivo a través del agua de los grifos, a través de once tipos diferentes de verduras, a través de la leche contaminada. Se propaga también la radiactividad por el agua cálida de la superficie del mar porque con ella se han refrigerado los reactores nucleares. Y devuelta al océano, alimenta ahora a los peces, a los otros animales que viven pegados a las rocas y se la llevan las corrientes a saber dónde. Llegó la hora de la hormiga atómica con una A inicial de átomo o de América, yo qué sé por qué era, estampada en su camiseta. El mundo será atómico o no será, que es decir dos veces lo mismo.
Busco alivio en los tebeos de Abbott y Costello que llegaban de México. Tengo la casa llena de tebeos. Metidos por todos los cajones igual que quien guarda una llama de amor viva. Los tebeos como insectos mutantes repartiéndose mi piso. Un oleaje de páginas que me llama por mi nombre de niño. Los discos, los cómics, las revistas, los periódicos, mantengo todavía una vida de hombre antiguo que tiene que levantarse cada veinte minutos para cambiar la cara del elepé igual que quien sufre de la próstata o de la vejiga y a cada rato debe levantarse a orinar. La casa se va convirtiendo en un quiosco porque ahí es donde yo quise vivir de muy pequeño.
La cultura, mi cultura, es una cinematografía de visor de plástico y de bolsas de fotogramas de películas sin título. Una fotografía de cámara de fotos con el cerdito que saca la lengua. Un pacifismo de pistola de petardos. Una zoología de cromos de ciencias naturales. Una geología de colecciones minerales. Una aeronáutica de aviones de corcho. Una botánica de raíces de regaliz.
Un cosmopolitismo de curso de idiomas por entregas. Y las palabras. Estaba todo el quiosco atestado de palabras, en los diarios, en los tebeos, en las revistas, en los libros de ovnis y del triángulo de las Bermudas, en las novelas de ciencia-ficción y de misterio. Palabras que iré buscando una por una en un Vox, en un La Fuente, en un Sopena. He tenido muchos diccionarios como el hombre que ha tenido muchos coches.
Después, oír un poco la radio en la cocina. Arrastrar el dial buscando flamenco con la parsimonia con que pasa una caravana de hormigas. Las emisoras nocturnas, el frío de la noche leyendo por detrás de mi hombro. El periódico se esclerotiza y empieza a hacerse hemeroteca. Se han escondido las hormigas, las noticias, el ruido del ascensor. En una silla el periódico doblado, con palabras heridas de muerte que se sedimentan en la noche, que van cayendo lentamente como gelatinas radiactivas en el fondo del mar.
Libertad!
domingo, 3 de abril de 2011
Problemas de la negociación colectiva
TRIBUNA: Laboratorio de ideas
GUILLERMO DE LA DEHESA
GUILLERMO DE LA DEHESA 03/04/2011
. .Una constante histórica en la economía española reciente ha sido que en cada recesión (1974, 1981, 1993 y 2009) la tasa de desempleo ha duplicado la media de la UE, siendo el sistema de negociación colectiva una de las causas de tan costosa pérdida de empleo. Ante cada perturbación económica, el sistema actual tiende a que la mayor parte del peso del ajuste recaiga sobre el empleo y no sobre los salarios, los otros costes no laborales o las horas de trabajo. Por esta razón hay que aprovechar esta nueva reforma para evitar que vuelva a repetirse. ¿Cuáles son los problemas del sistema actual?
Hay que adaptar el sistema a las variaciones de la productividad en cada empresa y en cada sector
Primero. El sistema español de negociación colectiva tiene una elevada tasa de cobertura (el 80% de los asalariados, cuando la media de la UE-15 es del 66%) en relación con su baja afiliación sindical (un 15% del total, cuando la media de la UE-15 es un 49%). Esta característica deriva del principio de eficacia normativa general y automática que extiende la cobertura de lo pactado en los convenios a todos los trabajadores y empresas del ámbito de la negociación, aunque estos no hayan participado en ella. Esta extensión no existe en todos los países de la UE y solo es automática en una pequeña minoría.
Segundo. El modelo español no es centralizado y coordinado, como en los países nórdicos, lo que crea certidumbre y limita la presión salarial, ni tampoco totalmente descentralizado en las empresas, como en Reino Unido y EE UU (un 90%), o bastante descentralizado, como en Francia (59%) e Italia (43%), que reducen la presión salarial al no poder las empresas, en mercados competitivos, repercutir los incrementos de costes sobre los precios.
Es intermedio, es decir, sectorial (un 90%), y después, nacional (28%), autonómico (7%) y, sobre todo, provincial (55%). Los convenios de empresa representan solo el 10% del total, uno de los más bajos de la UE, obligando a todas las compañías a repercutir las alzas salariales y reduciendo el empleo agregado. Existe una elevada correlación entre sistemas intermedios y desempleo elevado. Además, es ineficiente, al determinarse los salarios de forma negociada, pero no al mismo tiempo que el empleo, siendo los empresarios los que finalmente deciden el nivel de empleo, de acuerdo con el aumento salarial fijado y la demanda de trabajo.
Tercero. El sistema español muestra la mayor frecuencia de la UE de cambios salariales en los convenios -el 84% cambian una vez al año, y el 12%, más de una vez al año- y la mayor duración media (2,5 años). Además, los convenios plurianuales fijan salarios diferentes para cada año e incluyen cláusulas de salvaguarda que afectan al 74% de los asalariados y que ajustan anualmente los salarios a las desviaciones de la inflación.
Las cláusulas de indexación salarial a la inflación afectan al 78,5% de los convenios, uno de los porcentajes más elevados de la UE. Un 40% de las empresas manufactureras españolas, que compiten en mercados internacionales, afirman que sus salarios están vinculados automáticamente con la inflación pasada, y otro 16% con la esperada, cuando los porcentajes medios del resto de la UE son del 10%.
Siendo las cláusulas de salvaguarda asimétricas, cuando la inflación ha caído por la recesión, como en 2008 y 2009, los salarios reales han aumentado más que en resto de la UE-15. La rigidez nominal y real de los salarios es una de las más elevadas de la UE, haciendo que los ajustes empresariales, para poder competir tengan que hacerse sobre el empleo, y que la deriva inflacionista pueda perpetuarse.
Cuarto. Los incrementos salariales son muy homogéneos, tanto entre sectores como entre empresas, y muy superiores a la evolución de la productividad del trabajo. Desde 1990 hasta 2007, la variabilidad relativa de los incrementos salariales ha respondido solo al 10% de la variabilidad de la productividad a nivel sectorial, frente al 80% en el Reino Unido. Es una de las causas de que, entre 1995 y 2007, la productividad laboral haya crecido el 0,4% de media y la productividad total de los factores (PTF) haya sido cero o negativa.
Quinto. El sistema se adapta mal a las perturbaciones y recesiones económicas. En la media de los miembros de la UE, la variable de ajuste ha sido, en un 60%, los salarios y otros costes no laborales; en un 10%, las horas trabajadas, y en un 30%, el empleo. En España, por el contrario, un 69% del ajuste ha sido a costa del empleo temporal (43%) y del permanente (26%); un 7%, a expensas de los salarios; un 19%, de otros costes no laborales, y un 5%, de las horas trabajadas. Es el país miembro con mayor ajuste proporcional del empleo, e incluso en caídas transitorias de la demanda se ha ajustado el empleo y no los salarios.
Sexto. Tampoco permite que las empresas puedan ajustarse ante recesiones o cambios tecnológicos, aumentando su flexibilidad interna, reorganizando su plantilla, la jornada de trabajo y la movilidad geográfica y funcional de sus trabajadores. Es muy difícil descolgarse de los convenios de ámbito superior cambiando las condiciones salariales pactadas (no lo permite la ultraactividad) o reasignando el empleo y el tiempo de trabajo sin la aprobación de una comisión paritaria, y cualquier modificación requiere control judicial.
El resultado final de estas rigideces en la negociación colectiva es menos empleo y más desempleo, a través de ERE, despidos, no renovación de contratos temporales o cierres. En 2007, 1,4 millones de empresas estaban inscritas en la Seguridad Social. A principios de 2011, solo estaban 1,2 millones, 200.000 menos (sin contar los autónomos). ¿Qué hay que hacer?
1. Hay que cambiar la actual indexación al IPC total, ya que los precios relevantes para las empresas españolas son los de los bienes y servicios producidos nacionalmente, e indexarse al deflactor anual del PIB nacional, ya que el IPC total incluye muchos bienes y algunos servicios producidos en el extranjero e importados, algunos de ellos muy volátiles, como energía y alimentos, o bien utilizar el IPC subyacente, que los excluye, o incluso la inflación subyacente del IPC armonizado de la eurozona, ya que, en la política monetaria del BCE, la inflación española solo pondera un 11,9%. La indexación tiene que ser simétrica, permitiéndola a la baja.
2. Hay que adaptar la negociación colectiva a las variaciones de la productividad en cada empresa y también en cada sector, ya que esta aumenta más en las empresas y sectores de producción de manufacturas y servicios -que utilizan mayores niveles de capital y de nuevas tecnologías- que en el resto de los servicios, más intensivos en mano de obra.
3. Hay que permitir que los convenios de empresa entren en concurrencia con los de ámbito superior, que no tengan límite de duración mientras persistan sus causas originales y que las empresas puedan descolgarse de la aplicación de los superiores siempre que la mayoría de sus trabajadores estén de acuerdo y, de existir discrepancias, puedan someterse a un arbitraje vinculante. Esto es especialmente necesario ahora para poder conseguir un profundo cambio sectorial del desempleo.
4. Hay que condicionar la eficacia normativa general de los convenios a que las empresas representadas tengan una elevada participación en el empleo total. De no ser así, solo se aplicarán a las empresas representadas y limitarán la ultraactividad a un máximo de un año tras su vencimiento. -
Guillermo de la Dehesa es presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR).
GUILLERMO DE LA DEHESA
GUILLERMO DE LA DEHESA 03/04/2011
. .Una constante histórica en la economía española reciente ha sido que en cada recesión (1974, 1981, 1993 y 2009) la tasa de desempleo ha duplicado la media de la UE, siendo el sistema de negociación colectiva una de las causas de tan costosa pérdida de empleo. Ante cada perturbación económica, el sistema actual tiende a que la mayor parte del peso del ajuste recaiga sobre el empleo y no sobre los salarios, los otros costes no laborales o las horas de trabajo. Por esta razón hay que aprovechar esta nueva reforma para evitar que vuelva a repetirse. ¿Cuáles son los problemas del sistema actual?
Hay que adaptar el sistema a las variaciones de la productividad en cada empresa y en cada sector
Primero. El sistema español de negociación colectiva tiene una elevada tasa de cobertura (el 80% de los asalariados, cuando la media de la UE-15 es del 66%) en relación con su baja afiliación sindical (un 15% del total, cuando la media de la UE-15 es un 49%). Esta característica deriva del principio de eficacia normativa general y automática que extiende la cobertura de lo pactado en los convenios a todos los trabajadores y empresas del ámbito de la negociación, aunque estos no hayan participado en ella. Esta extensión no existe en todos los países de la UE y solo es automática en una pequeña minoría.
Segundo. El modelo español no es centralizado y coordinado, como en los países nórdicos, lo que crea certidumbre y limita la presión salarial, ni tampoco totalmente descentralizado en las empresas, como en Reino Unido y EE UU (un 90%), o bastante descentralizado, como en Francia (59%) e Italia (43%), que reducen la presión salarial al no poder las empresas, en mercados competitivos, repercutir los incrementos de costes sobre los precios.
Es intermedio, es decir, sectorial (un 90%), y después, nacional (28%), autonómico (7%) y, sobre todo, provincial (55%). Los convenios de empresa representan solo el 10% del total, uno de los más bajos de la UE, obligando a todas las compañías a repercutir las alzas salariales y reduciendo el empleo agregado. Existe una elevada correlación entre sistemas intermedios y desempleo elevado. Además, es ineficiente, al determinarse los salarios de forma negociada, pero no al mismo tiempo que el empleo, siendo los empresarios los que finalmente deciden el nivel de empleo, de acuerdo con el aumento salarial fijado y la demanda de trabajo.
Tercero. El sistema español muestra la mayor frecuencia de la UE de cambios salariales en los convenios -el 84% cambian una vez al año, y el 12%, más de una vez al año- y la mayor duración media (2,5 años). Además, los convenios plurianuales fijan salarios diferentes para cada año e incluyen cláusulas de salvaguarda que afectan al 74% de los asalariados y que ajustan anualmente los salarios a las desviaciones de la inflación.
Las cláusulas de indexación salarial a la inflación afectan al 78,5% de los convenios, uno de los porcentajes más elevados de la UE. Un 40% de las empresas manufactureras españolas, que compiten en mercados internacionales, afirman que sus salarios están vinculados automáticamente con la inflación pasada, y otro 16% con la esperada, cuando los porcentajes medios del resto de la UE son del 10%.
Siendo las cláusulas de salvaguarda asimétricas, cuando la inflación ha caído por la recesión, como en 2008 y 2009, los salarios reales han aumentado más que en resto de la UE-15. La rigidez nominal y real de los salarios es una de las más elevadas de la UE, haciendo que los ajustes empresariales, para poder competir tengan que hacerse sobre el empleo, y que la deriva inflacionista pueda perpetuarse.
Cuarto. Los incrementos salariales son muy homogéneos, tanto entre sectores como entre empresas, y muy superiores a la evolución de la productividad del trabajo. Desde 1990 hasta 2007, la variabilidad relativa de los incrementos salariales ha respondido solo al 10% de la variabilidad de la productividad a nivel sectorial, frente al 80% en el Reino Unido. Es una de las causas de que, entre 1995 y 2007, la productividad laboral haya crecido el 0,4% de media y la productividad total de los factores (PTF) haya sido cero o negativa.
Quinto. El sistema se adapta mal a las perturbaciones y recesiones económicas. En la media de los miembros de la UE, la variable de ajuste ha sido, en un 60%, los salarios y otros costes no laborales; en un 10%, las horas trabajadas, y en un 30%, el empleo. En España, por el contrario, un 69% del ajuste ha sido a costa del empleo temporal (43%) y del permanente (26%); un 7%, a expensas de los salarios; un 19%, de otros costes no laborales, y un 5%, de las horas trabajadas. Es el país miembro con mayor ajuste proporcional del empleo, e incluso en caídas transitorias de la demanda se ha ajustado el empleo y no los salarios.
Sexto. Tampoco permite que las empresas puedan ajustarse ante recesiones o cambios tecnológicos, aumentando su flexibilidad interna, reorganizando su plantilla, la jornada de trabajo y la movilidad geográfica y funcional de sus trabajadores. Es muy difícil descolgarse de los convenios de ámbito superior cambiando las condiciones salariales pactadas (no lo permite la ultraactividad) o reasignando el empleo y el tiempo de trabajo sin la aprobación de una comisión paritaria, y cualquier modificación requiere control judicial.
El resultado final de estas rigideces en la negociación colectiva es menos empleo y más desempleo, a través de ERE, despidos, no renovación de contratos temporales o cierres. En 2007, 1,4 millones de empresas estaban inscritas en la Seguridad Social. A principios de 2011, solo estaban 1,2 millones, 200.000 menos (sin contar los autónomos). ¿Qué hay que hacer?
1. Hay que cambiar la actual indexación al IPC total, ya que los precios relevantes para las empresas españolas son los de los bienes y servicios producidos nacionalmente, e indexarse al deflactor anual del PIB nacional, ya que el IPC total incluye muchos bienes y algunos servicios producidos en el extranjero e importados, algunos de ellos muy volátiles, como energía y alimentos, o bien utilizar el IPC subyacente, que los excluye, o incluso la inflación subyacente del IPC armonizado de la eurozona, ya que, en la política monetaria del BCE, la inflación española solo pondera un 11,9%. La indexación tiene que ser simétrica, permitiéndola a la baja.
2. Hay que adaptar la negociación colectiva a las variaciones de la productividad en cada empresa y también en cada sector, ya que esta aumenta más en las empresas y sectores de producción de manufacturas y servicios -que utilizan mayores niveles de capital y de nuevas tecnologías- que en el resto de los servicios, más intensivos en mano de obra.
3. Hay que permitir que los convenios de empresa entren en concurrencia con los de ámbito superior, que no tengan límite de duración mientras persistan sus causas originales y que las empresas puedan descolgarse de la aplicación de los superiores siempre que la mayoría de sus trabajadores estén de acuerdo y, de existir discrepancias, puedan someterse a un arbitraje vinculante. Esto es especialmente necesario ahora para poder conseguir un profundo cambio sectorial del desempleo.
4. Hay que condicionar la eficacia normativa general de los convenios a que las empresas representadas tengan una elevada participación en el empleo total. De no ser así, solo se aplicarán a las empresas representadas y limitarán la ultraactividad a un máximo de un año tras su vencimiento. -
Guillermo de la Dehesa es presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR).
Fascismo y comunismo :Propaganda, mentiras, miedo

REPORTAJE: LECTURA
El fascismo y el comunismo atrajeron a intelectuales y fueron viveros de jóvenes líderes que, arrancando de la nada, rompieron con el pasado y atizaron la cultura del enfrentamiento entre las dos guerras mundiales. Anticipamos el nuevo libro del historiador Julián Casanova
03/04/2011
Vota Resultado 57 votos . .El comunismo y el fascismo se convirtieron primero en alternativas y después en polos de atracción para intelectuales, vehículos para la política de masas, viveros de nuevos líderes que, subiendo de la nada, arrancando desde fuera del establishment y del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado. La mayoría de los dirigentes responsables de los grandes poderes en el estallido de la Primera Guerra Mundial pertenecían a ese mundo exclusivo y elitista, estrechamente vinculado a la cultura aristocrática del Antiguo Régimen, con escasos conocimientos sobre la sociedad industrial y los cambios sociales que estaba provocando.
Europa contra Europa. 1914-1945
Europa contra Europa. 1914-1945, de Julián Casanova. Editorial Crítica. Se publica el 7 de abril. Precio: 19,90 euros.
Adolf Hitler
A FONDO
Nacimiento: 20-04-1889Lugar:Braunau am InnLa noticia en otros webs
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Juventud y virilidad iban unidas. El héroe, el soldado, era varón, y la mujer quedaba relegada al mundo procreador
Mussolini tenía 39 años cuando llegó a jefe de Gobierno. Hitler bordeaba los 44. Lenin alcanzó el poder con 47
La Primera Guerra Mundial, que decidió el destino de Europa por la fuerza, tras muchos años, décadas en realidad, de primacía de la política y de la diplomacia, ha sido considerada por muchos historiadores como la auténtica línea divisoria de la historia europea del siglo xx, la ruptura traumática con las políticas entonces dominantes, algo que puede aplicarse perfectamente a la historia de los movimientos sociales y sus dirigentes.
La gente de entonces pensó, tal y como ha puesto de manifiesto Richard Vinen, que esa guerra había inaugurado también "nuevos cortes generacionales". El corte se debió, según el escritor George Orwell -nacido como Eric Arthur Blair en 1903 en la India británica- "directamente a la propia guerra, e indirectamente a la Revolución Rusa". Otro escritor británico, Evelyn Waugh, nacido en el mismo año que Orwell, escribió en su artículo La guerra y la generación más joven, publicado unos meses antes del crash de 1929 en la revista conservadora Spectator, que "el desmoronamiento social que siguió a la guerra" dividió a Europa en tres clases "entre las que no podría existir nunca simpatía alguna ...: a) la generación melancólica que creció y se formó antes de la guerra y que era demasiado vieja para hacer el servicio militar; b) la generación a la que se le impidió crecer, mutilada, que combatió; y c) la generación más joven".
(...) "Las luces se están apagando en Europa", declaró Sir Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, cuando la guerra estaba a punto de estallar. Grey representaba como nadie a ese mundo que se desvanecía. Descendiente de una notable familia de políticos y aristócratas, estuvo al frente de la política exterior británica desde 1905 hasta 1916, una longevidad gubernamental muy difícil de mantener tras la guerra en las democracias, hasta que llegaron las dictaduras.
Juventud, generación de la guerra y masculinidad fueron elementos importantes de la mitología del fascismo, un movimiento nuevo que lanzaba su rebeldía frente a esa generación caduca, conservadora, socialista o liberal, que había perdido contacto con la realidad, incapaz de reconocer los méritos de todos esos millones de soldados y de excombatientes, mutilados muchos de ellos, que venían del frente de guerra. Benito Mussolini tenía 39 años cuando la Marcha sobre Roma le llevó a presidir en octubre de 1922 el primer gobierno con fascistas de la historia. Unos pocos más, a punto de cumplir 44, tenía Adolf Hitler cuando llegó al poder en 1933, pero otros dirigentes fascistas como el británico Oswald Mosley (nacido en 1896), el belga Léon Degrelle (1906) o el español José Antonio Primo de Rivera (1903) eran más jóvenes. A comienzos de la dictadura de Mussolini, casi una cuarta parte de los diputados fascistas tenía menos de 30 años.
Esa "generación del frente", jóvenes radicales que habían luchado en la guerra y se adhirieron a los fascismos para regenerar la política y la patria, gente como Roberto Farinacci (1892), Dino Grandi (1895) o Giuseppe Bottai (1895), dirigió la Italia fascista hasta el final, y aunque envejecieron y burocratizaron el régimen, intentaron siempre, en palabras de Enzo Traverso, "fomentar el mito de la juventud gracias a una vasta red de organizaciones deportivas y estudiantiles tendentes a dar a sus miembros la ilusión de constituir su fuerza dirigente". "La guerra fue nuestra pubertad", escribió en su diario Giuseppe Bottai, parlamentario desde 1921, participante en la Marcha sobre Roma y que como ministro de Educación Nacional, desde 1936 hasta 1943, tuvo un papel destacado en la legislación antisemita de 1938.
El carácter generacional ha sido también subrayado para el nazismo, una "dictadura de la juventud", como la denomina el historiador Götz Aly, uno de los mejores conocedores de la "guerra racial" y del exterminio de los judíos. También hubo allí una "generación del frente", desde Hitler hasta Joseph Paul Goebbels (1897), y sobre todos ellos Hermann Göring (1893), un reputado piloto de combate; y una más joven, la "generación perdida", bien representada por Reinhard Heydrich (1904), Albert Speer (1905) o Adolf Eichmann (1906).
En el caso de estos últimos, no se trataba de veteranos de guerra, sino de sus "retoños adolescentes", como les llama Richard Vinen, "víctimas de graves trastornos y traumas" como consecuencia de ella. La mayoría de los cuadros y activistas nazis pertenecía a la generación que había crecido después de la guerra.
Juventud y masculinidad iban unidas en aquel momento. El héroe, el soldado, el que había servido en las trincheras, el militante fascista, era varón, y la mujer permanecía relegada al mundo maternal y procreador. Francia perdió en la guerra uno de cada diez de sus varones activos y prohibió en 1920 la publicidad y venta de anticonceptivos, a la vez que ilegalizaba el aborto. Ese empeño natalista, que se plasmó en la mayoría de los países que habían sufrido cuantiosas pérdidas humanas en la guerra, sirvió en el caso del fascismo italiano para ensalzar la familia tradicional. "La maternidad constituye el patriotismo de las mujeres", se leía en la propaganda. El de los hombres ya se sabía dónde estaba: en la fuerza, en la virilidad, en la guerra. El 61% de las Schutzstaffel (SS), la organización militar de los nazis, estaban solteros en 1939.
En la guerra se forjaron también los bolcheviques, que compartían muchos rasgos con esa "generación del frente", la de 1914, que estudió hace tiempo Robert Wohl. Y aunque Vladimir Ilich Lenin (1870) tenía 47 años cuando llegó a presidir el gobierno de los sóviets en octubre de 1917, otros dirigentes revolucionarios, como Lev Borisovich Kámenev (1883) o Grigori Zinóviev (1883), y sobre todo Nikolái Bujarin (1888), eran bastante más jóvenes. Tampoco Iósif Stalin o León Trotski, que habían nacido en 1879, llegaban a los 40 años en el momento de la conquista revolucionaria del poder. En 1919, cuando la guerra civil que siguió a la revolución había reclutado a decenas de miles de activistas para incorporarse al Ejército Rojo, el 50% de los militantes bolcheviques tenía menos de 30 años. Mijaíl Tujachevski, uno de los máximos comandantes de ese ejército, tenía 21 años, mientras que el general Anton Denikin (1872), uno de los principales líderes del movimiento contrarrevolucionario Blanco, estaba a punto de cumplir 50 cuando acabó la guerra civil. A la misma generación pertenecía Lavr Kornilov (1870), otro general de largo recorrido en el ejército del zar Nicolás II, protagonista de una conspiración para derrocar al Gobierno provisional de Alexander Kerenski en agosto de 1917, y que murió en abril de 1918 combatiendo a los rojos.
Amenazantes para el viejo orden eran también los partidos comunistas que se crearon por toda Europa al calor de la revolución bolchevique, dominados por jóvenes que se rebelaron no solo frente a liberales y conservadores burgueses, sino también contra la socialdemocracia envejecida, según ellos, e incapaz de hacer la revolución en Occidente. El principal dirigente del Partido Comunista Alemán (KPD) cuando Hitler subió al poder, Ernst Thälmann, había nacido en 1896, y en Italia, Amadeo Bordiorga, primer secretario del Partido Comunista (PCI), tenía 32 años cuando abanderó la escisión del socialismo en 1921. Los partidos comunistas de Francia y Alemania, los dos más importantes de Europa occidental en los años veinte, eran movimientos de jóvenes obreros, mano de obra poco cualificada, que engrosaron las filas del paro a partir de la crisis de 1929.
El 80% de los afiliados al KPD estaban en el paro en 1932, en el momento en que la depresión económica sacudió con más fuerza a Alemania.
La destrucción y los millones de muertos que la Primera Guerra Mundial provocó, los cambios de fronteras, el impacto de la revolución rusa, y los problemas de adaptación de millones de excombatientes, sobre todo en los países vencedores, están en el origen de la violencia y de la cultura del enfrentamiento que se instalaron en muchas de las sociedades de aquel convulso periodo. Se le llama periodo de "entreguerras", pero entre 1919 y 1939 hubo varias guerras entre Estados europeos y varias guerras civiles. Los Balcanes llevaban una década de guerras cuando en 1923 Grecia y Turquía acordaron un intercambio obligatorio de población, que marcó el definitivo final del viejo mundo otomano: más de un millón de ortodoxos griegos, exciudadanos otomanos, fueron trasladados a Grecia desde Asia Menor, mientras que 380.000 musulmanes abandonaron Grecia en dirección a Turquía. El principio de nacionalidad y las nuevas formas de tratar a las minorías, importantes frentes abiertos con el final de la guerra, no llevaron la paz a esos territorios, en los que la violencia, pese a los tópicos, no fue mayor que en otros lugares de Europa, donde la construcción de los Estados nacionales había ocurrido siglos o décadas antes.
Para británicos y franceses, la guerra terminó en 1918, pero mientras que Gran Bretaña vivió en ese periodo una relativa estabilidad, aunque con la guerra civil irlandesa como telón de fondo entre 1922 y 1923, en Francia la crisis económica y los conflictos sociales de los años treinta estimularon movimientos extremistas y odios que aparecieron con toda su crudeza tras la invasión del ejército nazi en junio de 1940. Tampoco la gestión que Gran Bretaña y Francia hicieron de la paz de Versalles mejoró las cosas en otros países. Las reparaciones y la cláusula sobre la "responsabilidad de la guerra" exacerbaron el nacionalismo y el resentimiento en Alemania, que sufrió en los años inmediatamente posteriores a la guerra insurrecciones y conflictos violentos de todas clases.
(...) De propaganda, miedo y mentiras se inundó Europa en aquellos años. Resulta difícil y tranquilizador atribuir las mentiras y la propaganda a los políticos, especialmente a los dictadores, a Joseph Goebbels y sus manipulaciones, ministro de Propaganda, con mayúscula, del Tercer Reich. Pero la fotografía completa dice más cosas. Dice que muchos intelectuales que se movilizaron para defender a la democracia, al fascismo o al comunismo contribuyeron con su voz y con su pluma a que esas mentiras se las creyera todavía más gente, a que los dogmas llegaran mejor y a que la violencia y el terror de otros fueran siempre más grandes. La fascinación que provocó entre muchos de ellos el comunismo y sus milagros económicos, en tiempos de crisis de la democracia, les llevó a pasar por alto los campos de concentración y los crímenes estalinistas.
(...) La crítica a los parlamentos y a la democracia, por otro lado, ganó terreno tras los desastres de la guerra y el miedo a la revolución y al comunismo que llegaban desde Rusia y transmitían sus exiliados más notables entre las clases acomodadas de las ciudades europeas. Algunos de los que se convirtieron en políticos destacados de la extrema derecha y del fascismo habían pasado por las trincheras, como el húngaro Ferenc Szálasi, fundador del movimiento de la Cruz Flechada, y vieron en la democracia la representación de la Europa burguesa y decadente, que abría las puertas al socialismo, al voto de las mujeres y al reconocimiento de las minorías nacionales. La cultura del enfrentamiento se abría paso en medio de una falta de apoyo popular a la democracia. Los extremos dominaban al centro y la violencia a la razón.
Europa contra Europa. 1914-1945, de Julián Casanova. Editorial Crítica. Se publica el 7 de abril. Precio: 19,90 euros.
Libia :¿Quiénes son los rebeldes?
TRIBUNA: JON LEE ANDERSON
El núcleo duro de los que luchan contra Gadafi son los 'shabab', los jóvenes, muchos de ellos universitarios, que iniciaron la revuelta libia en febrero. Se les han unido mecánicos, comerciantes, ingenieros y algunos soldados
JON LEE ANDERSON 03/04/2011
. .Tres de los mayores ejércitos del mundo se han puesto de acuerdo para apoyar a un grupo de personas de las ciudades y los pueblos costeros de Libia a los que se da la vaga denominación de "los rebeldes". En febrero, Muamar el Gadafi, que reúne un sentido fantasmagórico de la realidad con una ilimitada capacidad de terror, apareció en televisión para decir que los rebeldes no eran más que extremistas de Al Qaeda, confundidos por culpa de unos alucinógenos que les habían introducido en la leche y el Nescafé. Obama, que se debate entre las obligaciones de salvar a los libios inocentes de una matanza y no caer en otra guerra prolongada, describió a esos mismos rebeldes de forma muy distinta: "Unas personas que buscan un modo de vida mejor".
"Queremos democracia, buenas escuelas, prensa libre y el fin de la corrupción", dijo Bubtaina
Su problema es la falta de armas, entrenamiento y organización. Al Qaeda no está representada aquí
Durante las semanas que llevo informando desde Bengasi y un frente caótico y cambiante, he pasado mucho tiempo con estos voluntarios. El núcleo duro de los combatientes han sido los shabab, los jóvenes cuyas protestas desencadenaron la revuelta a mediados de febrero. Son desde chicos callejeros hasta universitarios (muchos, estudiantes de informática, ingeniería o medicina), y a ellos se han unido jóvenes modernos en paro y mecánicos, comerciantes y tenderos de mediana edad. Hay un contingente de empleados de empresas extranjeras: ingenieros petrolíferos y navales, supervisores de obras, traductores. También antiguos soldados, con las culatas de sus armas pintadas de rojo, verde y negro, los colores que tenía la bandera libia antes de Gadafi y que ahora, de repente, vuelven a estar en todas partes.
Y también hay unos cuantos hombres religiosos, barbudos, más disciplinados que los demás, que parecen empeñados en luchar en punta, en los puestos más peligrosos. Sin embargo, no parece probable que estén aquí representando a Al Qaeda. Un día vi cómo celebraban el rezo en el frente de Ras Lanuf, pero los guerreros, en su mayoría no asistieron. Un luchador de aspecto fanático en Brega reconoció que era un yihadista, veterano de la guerra de Irak, pero dijo que agradecía la intervención de Estados Unidos en Libia, porque Gadafi era un kafir, un infiel.
En las afueras de Ajdabiya, un hombre llamado Ibrahim, uno de los numerosos emigrados que han vuelto, me dijo: "Los libios siempre han sido musulmanes, buenos musulmanes". Aquí la gente se considera decente y religiosa, un poco anticuada y pueblerina, pero no son islamistas radicales. Ibrahim tiene 57 años. Vive en Chicago, y traspasó su taller de mecánica y lavado de coches a un amigo para poder venir a luchar. Tenía su vida hecha en EE UU, dijo, pero su deber, como libio, era ayudar a acabar con Gadafi, "el monstruo".
En el último mes, hombres como Ibrahim se han lanzado al combate como si fuera una prolongación de las manifestaciones callejeras, espoleados por un espíritu audaz y rebelde pero apenas capaces de manejar un arma. Para muchos, las luchas consisten sobre todo en una representación -bailes, cánticos, disparos al aire- y en correr dando vueltas en vehículos de combate improvisados. El ritual se prolonga hasta que los proyectiles de Gadafi los dispersan. En los primeros días del contraataque del dictador, los jóvenes rebeldes sintieron asombro e indignación al ver que el enemigo disparaba artillería real contra ellos. Cientos de ellos han muerto.
La realidad del combate ha asustado a los rebeldes, pero también ha reforzado la determinación de quienes han perdido amigos o hermanos. Cerca de Ajdabiya conocí a Muhammad Saleh, un joven mecánico armado sólo con una bayoneta. Había visto morir a su hermano pequeño una o dos horas antes. Y pocos días después, me dijo que pensaba comprar armas en el mercado negro y, con un grupo de 10 amigos, volver al campo de batalla. Con entrenamiento y una dirección profesional (seguramente, procedente del extranjero), puede que los rebeldes acaben convirtiéndose en algo parecido a un ejército como es debido. Ahora bien, de momento, no disponen tal vez más que de 1.000 combatientes preparados, y tienen una terrible inferioridad en cuestión de armas. La semana pasada, un antiguo oficial del ejército me dijo: "No existe ejército. Sólo estamos nosotros: unos cuantos voluntarios como yo y los shabab".
Siguen pendientes preguntas importantes sobre los jefes de la rebelión: quiénes son, qué ideas políticas tienen y qué harían si cae Gadafi. En el palacio de justicia situado en el machacado paseo marítimo de Bengasi, que es la sede de facto de la revolución libia, un grupo de abogados, médicos y otros profesionales se han designado mutuamente para componer un batiburrillo de "consejos de dirección". Hay un consejo municipal de Bengasi y un Consejo Nacional de Transición, encabezado por un exministro de Justicia gris pero aparentemente honrado, Mustafá Abdel Jalil, que pasa su tiempo en Bayda, a 200 kilómetros de distancia. Otras ciudades tienen sus propios consejos. Sus miembros son intelectuales, antiguos disidentes y empresarios, muchos pertenecientes a viejas familias que eran importantes antes de que Gadafi llegase al poder. Lo que falta en todo esto es organización. La semana pasada se anunció en Bengasi otro gobierno en la sombra, el Consejo de Gestión de Crisis; no quedó nada claro de qué forma su líder, un antiguo estratega del gobierno llamado Mahmud Jibril, iba a coordinarse con Jalil, o si se trataba de que lo sustituyera.
Para contribuir a la confusión, hay dos jefes militares rivales. Uno es el general Abdel Fateh Yunis, que fue ministro del Interior de Gadafi y responsable de las fuerzas especiales hasta que "desertó" al bando rebelde. Yunis ha estado ausente de las apariciones públicas, y suscita desconfianza entre los shabab y muchos miembros del consejo. El otro jefe, el coronel Khalifa Heftir, es un héroe de la guerra con Chad en los años ochenta que posteriormente se volvió contra Gadafi y, hasta hace poco, vivía exiliado en EE UU. A diferencia de Yunis, en Bengasi todos le admiran, pero también él ha permanecido oculto, en un campamento secreto en el que está entrenando tropas de élite para el combate.
Mustafá Gheriani, empresario y portavoz de los rebeldes, tras reconocer los inconvenientes de esa mezcla de consejos revolucionarios, me instó a que no creyera las acusaciones de extremismo que lanza Gadafi. "Todos miran a Occidente, no a un sistema socialista ni extremista, eso es lo que teníamos antes", dijo. "Ahora bien, si se desilusionan con Occidente, pueden convertirse en presa fácil para los extremistas", añadió.
Antes de que las tropas de Gadafi llegaran a Bengasi, había mucha bravata revolucionaria; todos los libios odiaban a Gadafi, decían los rebeldes, y, si sus fuerzas intentaban tomar la ciudad, resistirían y lucharían. Sin embargo, cuando las primeras columnas de soldados llegaron a los límites de la ciudad, muchos miles de habitantes -incluidos algunos miembros del consejo municipal- huyeron hacia el este. De quienes se quedaron para luchar, murieron más de 30, y la situación se salvó sólo gracias a la llegada de los aviones franceses. Desde entonces, la retórica sobre la unidad ha cambido y ahora incluye comentarios desconfiados sobre las personas fieles a Gadafi.
Gheriani intentó asegurarme que el nuevo Estado que planean los rebeldes no van a dirigirlo muchedumbres confusas ni extremistas religiosos sino "intelectuales educados en Occidente" como él. No sé si era una más de las falsas ilusiones que tanto han abundado aquí en las últimas semanas. Después de 42 años de Muamar el Gadafi -con su crueldad, su convicción megalómana de que mandaba en África y el mundo árabe, sus peroratas de difícil interpretación-, los libios no saben qué es su país, ni mucho menos qué va a ser.
Pero hay algunas cosas claras. En Bengasi, un influyente empresario llamado Sami Bubtaina me expresó un sentimiento común: "Queremos democracia. Queremos buenas escuelas, queremos medios de comunicación libres, el fin de la corrupción, un sector privado que pueda ayudar a construir esta nación y un parlamento, para poder quitarnos de encima a quien queramos y cuando queramos". Son propósitos dignos de encomio. Pero creer que van a ser fáciles de lograr es negar el precio de decenios de locura, terror y la erradicación deliberada de la sociedad civil.
Jon Lee Anderson es periodista. © Condé Nast. Publicado originalmente en The New Yorker / www.newyorker.com. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
El núcleo duro de los que luchan contra Gadafi son los 'shabab', los jóvenes, muchos de ellos universitarios, que iniciaron la revuelta libia en febrero. Se les han unido mecánicos, comerciantes, ingenieros y algunos soldados
JON LEE ANDERSON 03/04/2011
. .Tres de los mayores ejércitos del mundo se han puesto de acuerdo para apoyar a un grupo de personas de las ciudades y los pueblos costeros de Libia a los que se da la vaga denominación de "los rebeldes". En febrero, Muamar el Gadafi, que reúne un sentido fantasmagórico de la realidad con una ilimitada capacidad de terror, apareció en televisión para decir que los rebeldes no eran más que extremistas de Al Qaeda, confundidos por culpa de unos alucinógenos que les habían introducido en la leche y el Nescafé. Obama, que se debate entre las obligaciones de salvar a los libios inocentes de una matanza y no caer en otra guerra prolongada, describió a esos mismos rebeldes de forma muy distinta: "Unas personas que buscan un modo de vida mejor".
"Queremos democracia, buenas escuelas, prensa libre y el fin de la corrupción", dijo Bubtaina
Su problema es la falta de armas, entrenamiento y organización. Al Qaeda no está representada aquí
Durante las semanas que llevo informando desde Bengasi y un frente caótico y cambiante, he pasado mucho tiempo con estos voluntarios. El núcleo duro de los combatientes han sido los shabab, los jóvenes cuyas protestas desencadenaron la revuelta a mediados de febrero. Son desde chicos callejeros hasta universitarios (muchos, estudiantes de informática, ingeniería o medicina), y a ellos se han unido jóvenes modernos en paro y mecánicos, comerciantes y tenderos de mediana edad. Hay un contingente de empleados de empresas extranjeras: ingenieros petrolíferos y navales, supervisores de obras, traductores. También antiguos soldados, con las culatas de sus armas pintadas de rojo, verde y negro, los colores que tenía la bandera libia antes de Gadafi y que ahora, de repente, vuelven a estar en todas partes.
Y también hay unos cuantos hombres religiosos, barbudos, más disciplinados que los demás, que parecen empeñados en luchar en punta, en los puestos más peligrosos. Sin embargo, no parece probable que estén aquí representando a Al Qaeda. Un día vi cómo celebraban el rezo en el frente de Ras Lanuf, pero los guerreros, en su mayoría no asistieron. Un luchador de aspecto fanático en Brega reconoció que era un yihadista, veterano de la guerra de Irak, pero dijo que agradecía la intervención de Estados Unidos en Libia, porque Gadafi era un kafir, un infiel.
En las afueras de Ajdabiya, un hombre llamado Ibrahim, uno de los numerosos emigrados que han vuelto, me dijo: "Los libios siempre han sido musulmanes, buenos musulmanes". Aquí la gente se considera decente y religiosa, un poco anticuada y pueblerina, pero no son islamistas radicales. Ibrahim tiene 57 años. Vive en Chicago, y traspasó su taller de mecánica y lavado de coches a un amigo para poder venir a luchar. Tenía su vida hecha en EE UU, dijo, pero su deber, como libio, era ayudar a acabar con Gadafi, "el monstruo".
En el último mes, hombres como Ibrahim se han lanzado al combate como si fuera una prolongación de las manifestaciones callejeras, espoleados por un espíritu audaz y rebelde pero apenas capaces de manejar un arma. Para muchos, las luchas consisten sobre todo en una representación -bailes, cánticos, disparos al aire- y en correr dando vueltas en vehículos de combate improvisados. El ritual se prolonga hasta que los proyectiles de Gadafi los dispersan. En los primeros días del contraataque del dictador, los jóvenes rebeldes sintieron asombro e indignación al ver que el enemigo disparaba artillería real contra ellos. Cientos de ellos han muerto.
La realidad del combate ha asustado a los rebeldes, pero también ha reforzado la determinación de quienes han perdido amigos o hermanos. Cerca de Ajdabiya conocí a Muhammad Saleh, un joven mecánico armado sólo con una bayoneta. Había visto morir a su hermano pequeño una o dos horas antes. Y pocos días después, me dijo que pensaba comprar armas en el mercado negro y, con un grupo de 10 amigos, volver al campo de batalla. Con entrenamiento y una dirección profesional (seguramente, procedente del extranjero), puede que los rebeldes acaben convirtiéndose en algo parecido a un ejército como es debido. Ahora bien, de momento, no disponen tal vez más que de 1.000 combatientes preparados, y tienen una terrible inferioridad en cuestión de armas. La semana pasada, un antiguo oficial del ejército me dijo: "No existe ejército. Sólo estamos nosotros: unos cuantos voluntarios como yo y los shabab".
Siguen pendientes preguntas importantes sobre los jefes de la rebelión: quiénes son, qué ideas políticas tienen y qué harían si cae Gadafi. En el palacio de justicia situado en el machacado paseo marítimo de Bengasi, que es la sede de facto de la revolución libia, un grupo de abogados, médicos y otros profesionales se han designado mutuamente para componer un batiburrillo de "consejos de dirección". Hay un consejo municipal de Bengasi y un Consejo Nacional de Transición, encabezado por un exministro de Justicia gris pero aparentemente honrado, Mustafá Abdel Jalil, que pasa su tiempo en Bayda, a 200 kilómetros de distancia. Otras ciudades tienen sus propios consejos. Sus miembros son intelectuales, antiguos disidentes y empresarios, muchos pertenecientes a viejas familias que eran importantes antes de que Gadafi llegase al poder. Lo que falta en todo esto es organización. La semana pasada se anunció en Bengasi otro gobierno en la sombra, el Consejo de Gestión de Crisis; no quedó nada claro de qué forma su líder, un antiguo estratega del gobierno llamado Mahmud Jibril, iba a coordinarse con Jalil, o si se trataba de que lo sustituyera.
Para contribuir a la confusión, hay dos jefes militares rivales. Uno es el general Abdel Fateh Yunis, que fue ministro del Interior de Gadafi y responsable de las fuerzas especiales hasta que "desertó" al bando rebelde. Yunis ha estado ausente de las apariciones públicas, y suscita desconfianza entre los shabab y muchos miembros del consejo. El otro jefe, el coronel Khalifa Heftir, es un héroe de la guerra con Chad en los años ochenta que posteriormente se volvió contra Gadafi y, hasta hace poco, vivía exiliado en EE UU. A diferencia de Yunis, en Bengasi todos le admiran, pero también él ha permanecido oculto, en un campamento secreto en el que está entrenando tropas de élite para el combate.
Mustafá Gheriani, empresario y portavoz de los rebeldes, tras reconocer los inconvenientes de esa mezcla de consejos revolucionarios, me instó a que no creyera las acusaciones de extremismo que lanza Gadafi. "Todos miran a Occidente, no a un sistema socialista ni extremista, eso es lo que teníamos antes", dijo. "Ahora bien, si se desilusionan con Occidente, pueden convertirse en presa fácil para los extremistas", añadió.
Antes de que las tropas de Gadafi llegaran a Bengasi, había mucha bravata revolucionaria; todos los libios odiaban a Gadafi, decían los rebeldes, y, si sus fuerzas intentaban tomar la ciudad, resistirían y lucharían. Sin embargo, cuando las primeras columnas de soldados llegaron a los límites de la ciudad, muchos miles de habitantes -incluidos algunos miembros del consejo municipal- huyeron hacia el este. De quienes se quedaron para luchar, murieron más de 30, y la situación se salvó sólo gracias a la llegada de los aviones franceses. Desde entonces, la retórica sobre la unidad ha cambido y ahora incluye comentarios desconfiados sobre las personas fieles a Gadafi.
Gheriani intentó asegurarme que el nuevo Estado que planean los rebeldes no van a dirigirlo muchedumbres confusas ni extremistas religiosos sino "intelectuales educados en Occidente" como él. No sé si era una más de las falsas ilusiones que tanto han abundado aquí en las últimas semanas. Después de 42 años de Muamar el Gadafi -con su crueldad, su convicción megalómana de que mandaba en África y el mundo árabe, sus peroratas de difícil interpretación-, los libios no saben qué es su país, ni mucho menos qué va a ser.
Pero hay algunas cosas claras. En Bengasi, un influyente empresario llamado Sami Bubtaina me expresó un sentimiento común: "Queremos democracia. Queremos buenas escuelas, queremos medios de comunicación libres, el fin de la corrupción, un sector privado que pueda ayudar a construir esta nación y un parlamento, para poder quitarnos de encima a quien queramos y cuando queramos". Son propósitos dignos de encomio. Pero creer que van a ser fáciles de lograr es negar el precio de decenios de locura, terror y la erradicación deliberada de la sociedad civil.
Jon Lee Anderson es periodista. © Condé Nast. Publicado originalmente en The New Yorker / www.newyorker.com. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
La filosofía del "pienso, luego 'tuiteo"
.REPORTAJE
Twitter y otras herramientas de Internet insuflan nuevos aires al aforismo - Las editoriales llevan títulos de pensamiento breve a la mesa de novedades
ANTONIO FRAGUAS - Madrid - 03/04/2011
. ."He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con sus ruinas", escribió Jules Renard en 1890. Una frase de apenas 80 caracteres que cabría de maravilla en un mensaje de la red social Twitter. El límite de 140 matrices que fija este popular servicio de mensajería pública e instantánea en Internet, en el que cada día se vuelcan 65 millones de textos (tuits, en la jerga), ha insuflado nueva vida a un género filosófico y literario de larga tradición, el aforismo, y también a otras formas de pensamiento breve.
'Microflorilegio' de pensamientos
"La escritura concentrada ha de leerse lentamente", afirma Neuman
Montaigne es un precursor de los 'blogueros', según Anthony Gottlieb
Si, como sostiene Nicholas Carr en su obra Superficiales (Taurus), Internet causa que la "lectura profunda" se convierta en un esfuerzo, los aforismos parecen la vía ideal para alcanzar honduras filosóficas sin quemarse las pestañas.
Un síntoma de este renacer: Samuel Johnson murió en 1784 pero tiene más de 30.000 seguidores en esa red social (twitter.com/drsamueljohnson). El interés que suscitan sus tuits ha llevado a que se reedite en Reino Unido un libro con sus máximas.
"Este fenómeno contribuye a despejar el malentendido de que hay que elegir entre las tradiciones del pasado o los formatos del presente. Es una señal más de que las nuevas tecnologías no solo son un instrumento de amnesia. Es dignísimo que aforismos clásicos se cuelguen en Twitter", afirma Andrés Neuman, novelista, autor del volumen de aforismos El equilibrista (Acantilado) y dueño del blog Microrréplicas (http://andresneuman.blogspot.com), donde publica razonamientos breves.
Anthony Gottlieb, historiador de las ideas, escribía hace poco en The New York Times sobre la figura del filósofo Michel de Montaigne como precursor de los blogueros que exhiben sus ejercicios de introspección en forma de ciberdiarios. También Twitter y Facebook funcionan como una plaza donde los usuarios trabajan su identidad escribiendo en primera persona, como el pensador bordelés del siglo XVII.
Otro síntoma: las Novelas de tres líneas del anarquista francés Félix Fénéon (Ed. Impedimenta). Sus microrrelatos verídicos, subidos a Twitter por la New York Review Books, llevan ya más de 1.400 seguidores (twitter.com/novelsin3lines). "Fénéon es un visionario de la velocidad de difusión de la noticia y el carácter sintético de Twitter", apunta Antonio Jiménez Morato, usuario de esta red social, introductor de la edición española de esta obra, y autor de cuentos. Jiménez Morato es escéptico sobre el papel de Twitter: "El aforismo requiere reflexión y síntesis. La razón fundamental del triunfo de los tuits es la rapidez y la inmediatez, tanto de redacción como de contenido, y no sé yo si eso coincide con un buen aforismo".
Musicólogo, poeta y filósofo, Ramón Andrés acaba de publicar el florilegio Los extremos (Lumen) y, pese a que no frecuenta las redes sociales -"he optado por un mundo más lento"-, las ve como una oportunidad: "El pensamiento breve (en el espacio) no tiene porqué ser limitado. Cuántos aforismos buenísimos tienen menos de 140 caracteres... que se lo digan a los maestros orientales".
El escritor mexicano Juan Villoro, traductor de Georg Lichtenberg -uno de los mayores aforistas de la historia- lleva menos de 15 días utilizando Twitter (twitter.com/juanvilloro56), donde por vez primera ofrece sus propios aforismos. En ese corto período ha logrado más de 11.000 seguidores. Otro síntoma del interés del público por lo breve pero intenso. "Tradicionalmente ha sido un género que se presenta con cierta soberbia: el autor de aforismos quiere ofrecer una verdad cerrada en forma de apotegma. Twitter nos permite evitar esa solemnidad y ensayar o ensayarnos", afirma.
Atalanta, editorial de Jacobo Siruela, explora el género estos últimos años. En 2007 lanzó El arte de conversar, de Oscar Wilde y, en 2009, Escolios para un texto implícito, del colombiano Nicolás Gómez Dávila, comparado por los expertos con monstruos del aforismo como Emil Cioran y Elias Canetti. "Para Gómez Dávila el aforismo es el único medio de no falsificar el pensamiento, pues cualquier desarrollo implica la falsa presunción de que el discurso contiene la totalidad de lo que se quiere o se puede decir. El aforismo representa la expresión del pensamiento honrado. Consciente de que vivimos en lo fragmentario, nuestro tiempo coloca al pensamiento de lo breve en el lugar de honor que le corresponde", afirma Siruela.
El editor José Luis Gallero lleva dos décadas construyendo una historia del pensamiento fragmentario. Gallero constata desde hace 10 años (justo cuando eclosionó Internet) un interés creciente por parte del público y apunta las causas: "Hay un renacimiento, porque el aforismo es un hibrido de filosofía, poesía y pensamiento moral. Eso permite al lector acceder por diferentes ángulos: algo valioso para orientarse en estos tiempos oscuros y acelerados". Ramón Andrés coincide con Gallero: "En este mundo de velocidad, en que pocas personas se detienen a leer una obra extensa, es donde un aforismo sirve como destilación de muchas cosas". El matiz a estas razones lo sugiere Andrés Neuman: "Las microformas obligan a detenerse al lector que va con prisa. Un texto breve ha de leerse lentamente. Los microrrelatos y los aforismos son géneros lentos".
A Neuman le fascina el hecho de que, al eliminar los intermediarios, las redes sociales permitan que autores nuevos se abran paso y se afirmen sin padrinos. Es el caso, entre otros, de Korochi (twitter.com/korochi), tras cuyo mote se esconde el argentino Lucas Worcel. Ronda los 7.000 seguidores gracias a sus retruécanos y sus juegos de palabras: "Al principio me decían que escribía cosas parecidas a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna". Está por ver cuántos seguidores lograría De la Serna si alguien creara su perfil en Twitter...
'Microflorilegio' de pensamientos
- Ramón Andrés: "Hay personas que ocupan, y otras que abarcan". / "El mundo no es un lugar, es una elección".
- Samuel Johnson: "Es mejor vivir rico que morir siéndolo". / "Aquel que alaba a todo el mundo no alaba a nadie".
- Félix Fénéon: "Gégot apuñaló a Quérénec. Estos dos marineros del torpedero 250 amaban a la misma mujer de Brest".
- Andrés Neuman: "Permanecer indiferente es comprometedor". / "Cada vez que nace un héroe, muere un ciudadano".
- Gómez Dávila: "La serenidad es el fruto de la incertidumbre aceptada". / "Para que la idea más sutil se vuelva tonta, no es necesario que un tonto la exponga, basta que la escuche".
- Korochi: "Pasan más calor los que instalan aires acondicionados que los que instalan estufas". / "El vaso siempre es el mismo, pero cuando tiene agua está medio lleno y cuando tiene whisky está medio vacío".
Twitter y otras herramientas de Internet insuflan nuevos aires al aforismo - Las editoriales llevan títulos de pensamiento breve a la mesa de novedades
ANTONIO FRAGUAS - Madrid - 03/04/2011
. ."He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con sus ruinas", escribió Jules Renard en 1890. Una frase de apenas 80 caracteres que cabría de maravilla en un mensaje de la red social Twitter. El límite de 140 matrices que fija este popular servicio de mensajería pública e instantánea en Internet, en el que cada día se vuelcan 65 millones de textos (tuits, en la jerga), ha insuflado nueva vida a un género filosófico y literario de larga tradición, el aforismo, y también a otras formas de pensamiento breve.
'Microflorilegio' de pensamientos
"La escritura concentrada ha de leerse lentamente", afirma Neuman
Montaigne es un precursor de los 'blogueros', según Anthony Gottlieb
Si, como sostiene Nicholas Carr en su obra Superficiales (Taurus), Internet causa que la "lectura profunda" se convierta en un esfuerzo, los aforismos parecen la vía ideal para alcanzar honduras filosóficas sin quemarse las pestañas.
Un síntoma de este renacer: Samuel Johnson murió en 1784 pero tiene más de 30.000 seguidores en esa red social (twitter.com/drsamueljohnson). El interés que suscitan sus tuits ha llevado a que se reedite en Reino Unido un libro con sus máximas.
"Este fenómeno contribuye a despejar el malentendido de que hay que elegir entre las tradiciones del pasado o los formatos del presente. Es una señal más de que las nuevas tecnologías no solo son un instrumento de amnesia. Es dignísimo que aforismos clásicos se cuelguen en Twitter", afirma Andrés Neuman, novelista, autor del volumen de aforismos El equilibrista (Acantilado) y dueño del blog Microrréplicas (http://andresneuman.blogspot.com), donde publica razonamientos breves.
Anthony Gottlieb, historiador de las ideas, escribía hace poco en The New York Times sobre la figura del filósofo Michel de Montaigne como precursor de los blogueros que exhiben sus ejercicios de introspección en forma de ciberdiarios. También Twitter y Facebook funcionan como una plaza donde los usuarios trabajan su identidad escribiendo en primera persona, como el pensador bordelés del siglo XVII.
Otro síntoma: las Novelas de tres líneas del anarquista francés Félix Fénéon (Ed. Impedimenta). Sus microrrelatos verídicos, subidos a Twitter por la New York Review Books, llevan ya más de 1.400 seguidores (twitter.com/novelsin3lines). "Fénéon es un visionario de la velocidad de difusión de la noticia y el carácter sintético de Twitter", apunta Antonio Jiménez Morato, usuario de esta red social, introductor de la edición española de esta obra, y autor de cuentos. Jiménez Morato es escéptico sobre el papel de Twitter: "El aforismo requiere reflexión y síntesis. La razón fundamental del triunfo de los tuits es la rapidez y la inmediatez, tanto de redacción como de contenido, y no sé yo si eso coincide con un buen aforismo".
Musicólogo, poeta y filósofo, Ramón Andrés acaba de publicar el florilegio Los extremos (Lumen) y, pese a que no frecuenta las redes sociales -"he optado por un mundo más lento"-, las ve como una oportunidad: "El pensamiento breve (en el espacio) no tiene porqué ser limitado. Cuántos aforismos buenísimos tienen menos de 140 caracteres... que se lo digan a los maestros orientales".
El escritor mexicano Juan Villoro, traductor de Georg Lichtenberg -uno de los mayores aforistas de la historia- lleva menos de 15 días utilizando Twitter (twitter.com/juanvilloro56), donde por vez primera ofrece sus propios aforismos. En ese corto período ha logrado más de 11.000 seguidores. Otro síntoma del interés del público por lo breve pero intenso. "Tradicionalmente ha sido un género que se presenta con cierta soberbia: el autor de aforismos quiere ofrecer una verdad cerrada en forma de apotegma. Twitter nos permite evitar esa solemnidad y ensayar o ensayarnos", afirma.
Atalanta, editorial de Jacobo Siruela, explora el género estos últimos años. En 2007 lanzó El arte de conversar, de Oscar Wilde y, en 2009, Escolios para un texto implícito, del colombiano Nicolás Gómez Dávila, comparado por los expertos con monstruos del aforismo como Emil Cioran y Elias Canetti. "Para Gómez Dávila el aforismo es el único medio de no falsificar el pensamiento, pues cualquier desarrollo implica la falsa presunción de que el discurso contiene la totalidad de lo que se quiere o se puede decir. El aforismo representa la expresión del pensamiento honrado. Consciente de que vivimos en lo fragmentario, nuestro tiempo coloca al pensamiento de lo breve en el lugar de honor que le corresponde", afirma Siruela.
El editor José Luis Gallero lleva dos décadas construyendo una historia del pensamiento fragmentario. Gallero constata desde hace 10 años (justo cuando eclosionó Internet) un interés creciente por parte del público y apunta las causas: "Hay un renacimiento, porque el aforismo es un hibrido de filosofía, poesía y pensamiento moral. Eso permite al lector acceder por diferentes ángulos: algo valioso para orientarse en estos tiempos oscuros y acelerados". Ramón Andrés coincide con Gallero: "En este mundo de velocidad, en que pocas personas se detienen a leer una obra extensa, es donde un aforismo sirve como destilación de muchas cosas". El matiz a estas razones lo sugiere Andrés Neuman: "Las microformas obligan a detenerse al lector que va con prisa. Un texto breve ha de leerse lentamente. Los microrrelatos y los aforismos son géneros lentos".
A Neuman le fascina el hecho de que, al eliminar los intermediarios, las redes sociales permitan que autores nuevos se abran paso y se afirmen sin padrinos. Es el caso, entre otros, de Korochi (twitter.com/korochi), tras cuyo mote se esconde el argentino Lucas Worcel. Ronda los 7.000 seguidores gracias a sus retruécanos y sus juegos de palabras: "Al principio me decían que escribía cosas parecidas a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna". Está por ver cuántos seguidores lograría De la Serna si alguien creara su perfil en Twitter...
'Microflorilegio' de pensamientos
- Ramón Andrés: "Hay personas que ocupan, y otras que abarcan". / "El mundo no es un lugar, es una elección".
- Samuel Johnson: "Es mejor vivir rico que morir siéndolo". / "Aquel que alaba a todo el mundo no alaba a nadie".
- Félix Fénéon: "Gégot apuñaló a Quérénec. Estos dos marineros del torpedero 250 amaban a la misma mujer de Brest".
- Andrés Neuman: "Permanecer indiferente es comprometedor". / "Cada vez que nace un héroe, muere un ciudadano".
- Gómez Dávila: "La serenidad es el fruto de la incertidumbre aceptada". / "Para que la idea más sutil se vuelva tonta, no es necesario que un tonto la exponga, basta que la escuche".
- Korochi: "Pasan más calor los que instalan aires acondicionados que los que instalan estufas". / "El vaso siempre es el mismo, pero cuando tiene agua está medio lleno y cuando tiene whisky está medio vacío".
sábado, 2 de abril de 2011
La verdad sobre el Caracazo
Carlos Julio Peñaloza
En su visita a Venezuela para la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en 1989, Fidel Castro llegó con 300 hombres y un enorme volumen de armamento. Gente del entorno de Pérez le ayudó a actuar libremente, lo cual Fidel aprovechó para preparar la toma del poder a partir de la insurrección popular que se esperaba y que efectivamente estalló el 27 de febrero.
Durante la segunda mitad de 1988 se comentaba en susurros entre los operadores de inteligencia que algo “serio y grande” iba a pasar en Venezuela debido a la terrible situación económica que atravesaba el país. Los bajos precios del petróleo y las graves acusaciones de corrupción creaban un ambiente pre-insurreccional. Las elecciones presidenciales y las celebraciones navideñas bajaron un poco la tensión en diciembre. Aun así, durante ese mes la DISIP y la DIM alertaron de nuevo al presidente Lusinchi sobre la posibilidad de un estallido social. El incremento del trasiego clandestino de armas por parte de grupos subversivos de extrema izquierda y la detección de comunicaciones en clave por parte de oficiales sospechosos de pertenecer a la logia militar que Fidel había infiltrado eran signos preocupantes. Para Lusinchi fue un alivio entregar la banda presidencial a Carlos Andrés Pérez el 2 de febrero de 1989.
La “coronación”, como se llamó la fastuosa ceremonia de investidura, fue una ofensa para el empobrecido pueblo llano. Pero CAP estaba eufórico y tenía grandes planes. La presencia de importantes líderes internacionales le indicaba que aun tenía peso mundial. Ni la presencia de Fidel Castro le robó el show. Pero Fidel tenía otras preocupaciones. Estaba perdiendo el apoyo soviético y necesitaba ayuda de Venezuela. CAP le dio largas y Fidel no se mostró muy feliz con el trato recibido. Al líder cubano le quedo claro que había que recurrir al plan alterno que implicaba adelantar el golpe cuartelario que venía preparando por varios años, reemplazándolo por una operación cívico militar aprovechando la inminente explosión popular que se vaticinaba.
A fin de apertrechar y fortalecer las fuerzas insurreccionales Fidel vino acompañado por más de 300 personas en tres aviones de la aerolínea cubana. Este excesivo séquito que supuestamente venía a la coronación, en realidad tenía una función de logística militar. Gracias a coordinaciones con agentes en el alto gobierno la comitiva y su carga mortal pasaron sin chequeo por la aduana de Maiquetía con un lote de pesadas cajas. El manifiesto de embarque revelaba que contenían armas para el equipo de seguridad de Fidel. De acuerdo con el volumen el equipo de seguridad debería estar compuesto por más de 280 personas, lo cual pareció excesivo al encargado de la aduana. Al chequear con su supervisor fue informado que había instrucciones de dos ministros de CAP y de su jefe de seguridad civil de no revisar el equipaje.
La comitiva de Fidel se acuarteló en el hotel Eurobuilding. Dos días antes el G2 cubano había tomado el control de la seguridad del edificio. Ese hotel fue por una semana territorio cubano en Venezuela y todos sus accesos eran controlados por fuerzas de seguridad fidelistas. Inclusive el personal de cocina y de limpieza fue traído expresamente de Cuba. El único venezolano en esas instalaciones fue el general Herminio Fuenmayor, quien por propia solicitud había sido nombrado por CAP edecán venezolano del dictador. Fuenmayor fue mantenido bien entretenido por la gente de Fidel y sus informes a CAP nunca revelaron nada irregular en la delegación cubana.
Las informaciones obtenidas a nivel de inteligencia indican que durante su permanencia en Caracas, Fidel sostuvo varias reuniones secretas. Estaba angustiado ante la pérdida del apoyo soviético y necesita urgentemente otra fuente de ingresos. Hasta ahora todos los intentos que había hecho para apoderarse de Venezuela habían fracasado -los alzamientos militares de Carúpano y Puerto Cabello, la guerrilla urbana, la guerrilla rural. Ante el éxito de la pacificación realizada por Caldera en los años 70, decidió volver al punto de partida penetrando poco a poco al Ejército. Este plan era de largo plazo. Para tomar el gobierno había que esperar que hubiese cierto número de infiltrados en comando de tropas.
El G2 tenía penetrada a la DISIP y a la DIM. Con la información provista por estos agentes y por los líderes locales de la izquierda insurreccional conocieron la inminencia de un estallido social en Venezuela. Antes de salir de Cuba Fidel fue informado que el estallido era inevitable por las medidas económicas neoliberales que pensaba aplicar CAP. La idea alterna de aprovechar la revuelta popular, instigarla, promoverla y apoyarla con armas y otros insumos logísticos, empezó a tomar fuerza. De esa manera no habría que seguir esperando a que la logia estuviera lista para alzarse y los militares golpistas no tendrían demasiado poder.
Cuando el gobierno activara el Plan Ávila y concentrara las tropas en Caracas, los oficiales infiltrados se insubordinarían y se unirían a la protesta popular. El gobierno caería y se formaría una junta compuesta por militares infiltrados y lideres de izquierda radical. Este nuevo gobierno empezaría a trabajar para crear una confederación que uniera inicialmente a Cuba con Venezuela.
Esta idea se discutió en el Eurobuilding con algunos de los actores venezolanos en la rebelión. Caso de explotar la revuelta popular, la orden para ejecutar el plan seria dada por Fidel. A los políticos les gustó la idea, a los militares no. Alegaron que aun no tenía el control necesario en sus unidades. Los civiles arguyeron que no hacía falta todo el Ejército porque ellos tenían suficientes armas y podrían ser un freno para la porción del Ejército que se resistiera. A todas estas la visita de Fidel a Venezuela terminó. Nunca se supo si todos los cubanos que ingresaron se fueron ni si se llevaron todas las armas que trajeron.
Tres semanas después de la partida de los cubanos, el 27 de ese mismo mes, ocurrió el estallido. Los oficiales de la logia fueron sorprendidos al punto que no pudieron tomar ninguna acción para impedir que el Plan Ávila se pusiera en práctica. Los jefes civiles de la insurrección sorprendidos al ver la poblada tomar las calles pensaron que la orden de operaciones se había activado y empezaron a distribuir armas y municiones. Un disciplinado grupo de francotiradores, incluyendo cubanos, con armas de largo alcance y miras telescópicas, se apostaron en edificios y lugares elevados frente a Fuerte Tiuna para impedir la salida de unidades del Ejército hasta que les llegaran noticias que el control había pasado a manos de los insurrectos. Esta noticia nunca llegó.
Cuando el Ejército salió a la calle empezó a recibir fuego graneado de francotiradores desde edificios cercanos mientras en la calle se iniciaban anárquicos saqueos. Al llegar las tropas del Ejército a estos lugares fueron recibidos a tiros por infiltrados dentro de los saqueadores. Los soldados que habían salido a controlar una rutinaria misión de control de motines callejeros se encontraron con una operación de combate en localidades de envergadura. La fuerza enemiga era una guerrilla bien armada, organizada y disciplinada que se ocultaba tras los saqueadores y disparaba a matar. Los soldados reaccionaron con aplomo y respondieron como fueron entrenados. Es posible que en medio del combate se haya perdido la disciplina de fuego y se haya usado más violencia de la necesaria. En todo caso la paz fue restablecida, pero ocurrieron muchas bajas. Hubo muertos y heridos entre los guerrilleros y el Ejército, pero lamentablemente también entre los civiles que participaban en los saqueos o que transitaban por los alrededores. Poco a poco se impuso la superioridad de fuego de los militares y la paz fue restablecida.
La fusión de la economía venezolana con la cubana era la única esperanza de Fidel para seguir adelantando su magno proyecto de formar un imperio comunista en Hispanoamérica. La Unión Soviética le estaba retirando el apoyo económico que por décadas había mantenido en pie el régimen castrista y para seguir adelante el apoyo venezolano era indispensable.
Hoy, 22 años después, los derrotados el 27 de febrero detentan el poder en Venezuela. Desde allí promueven acusaciones contra los militares que dirigieron las operaciones en defensa del Estado. Estas acusaciones tienen un blanco equivocado. El promotor del “Plan B” fue Fidel. Los cabecillas de la insurrección popular estaban en alerta desde antes del 27F. Los combatientes estaban armados y sabían cuál era su misión. La orden era “tirar a matar”.
El plan se ejecutó por error de uno de los líderes comunistas quien al ver las manifestaciones de protesta popular pensó que la orden se había impartido iniciando la operación que produjo la masacre. Ante esta orden la guerrilla urbana salió al combate y fue la primera en abrir fuego. Las fuerzas armadas respondieron al ataque. Desde que ocurrió este trágico error los cubanos han tratado de desviar la atención culpando a las Fuerzas Armadas venezolanas del hecho. En esta oportunidad la contrainteligencia del G2 tiene la audacia de promover marchas conmemorativas en Caracas habiendo sido ellos los promotores de la violencia. De no haber salido a la calle las tropas de choque comunistas armadas y con orden de disparar no habría ocurrido la tragedia. La protesta popular habría podido ser canalizada y dominada sin pérdidas de vidas y la sangre no hubiera llegado al rio.
Entre los fallecidos estaba un buen amigo mío, el mayor Luis Felipe Acosta Carles. Sin yo saberlo, este oficial compañero de Chávez era a la vez parte importante de la conspiración. Luego me enteré que Chávez temía el ascendiente de este líder militar que era un guerrero de excepción. El día del Caracazo las unidades del Fuerte Tiuna que vigilaban el perímetro fueron relevados con cadetes de las Escuelas Militares. Los cadetes empezaron a ser hostigados con armas largas por francotiradores. Acosta se ofreció como voluntario para ir a tomar un nido de francotiradores que ponía en peligro a los cadetes. Los guerrilleros se habían instalado en un cerro frente a la alcabala de acceso del fuerte a la Carretera Panamericana. Acosta salió a cumplir su misión acompañado por una escuadra de soldados y dos suboficiales. Todo el personal portaba chalecos antibalas. En este intento Acosta perdió la vida cuando un balazo lo atravesó. Esto indica que el francotirador que lo abaleo usaba munición especial capaz de perforar chalecos antibalas. Chávez especula que el general Heinz lo mandó a matar. Este es un pésimo homenaje a quien fue uno de los mejores oficiales que conspiraron con él. Fueron las fuerzas controladas por Fidel las que asesinaron a Acosta. A todas estas Chávez que laboraba en Miraflores para la fecha dice que él estaba “enfermo” y no se reportó a su oficina.
Al Ejército se le ha acusado de actuar con exceso en el cumplimiento de esta misión. Es muy difícil definir qué pudo ser excesivo bajo el intenso fuego de francotiradores y terroristas armados que acompañaron al saqueo. Los conspiradores dentro del Ejército fueron tomados por sorpresa y no llegaron a actuar. Los civiles comunistas se emplearon a fondo pensando que el día “D” había llegado. Cuando se dieron cuenta que no era el caso ya estaban empeñados en combate y no había marcha atrás. Si hubo exceso, provino de ambos bandos y no puede haber un solo culpable.
Los mandos castrenses responsables por la operación, incluyendo a los generales Ítalo del Valle Alliegro, Manuel Heinz y otros agregados recientemente a esa lista, cumplieron la orden presidencial de aplicar el Plan Ávila. Este plan no preveía intensos combates callejeros contra fuerzas civiles bien armadas y organizadas. La operación asumía la existencia de manifestaciones populares desarmadas o con armas ligeras que habían desbordado a la policía. Estas situaciones son dominadas fácilmente por las fuerzas militares, pero el Caracazo fue un combate en localidades contra un grupo fuertemente armado. La culpa de la violencia fue de los comunistas que para tomar el poder enviaron al combate a ciudadanos entrenados con armas de fuego e instigaron al pueblo desarmado para que los acompañara. Este suceso puede ser calificado de muchas maneras, pero nunca como un acto “espontáneo”. Fue un acto fríamente calculado por Fidel y aceptado por los oficiales guerrilleros que lo pusieron en práctica.
Aunque no tuve mando de tropa en esa operación –era Jefe de Estado Mayor del Ejército-, quienes estaban al frente de las operaciones eran mis compañeros de generación o mis subalternos en alguna ocasión. Entre los combatientes que envió el ejército a las calles estaban los oficiales de la logia conspiradora y algunos de ellos dieron la orden in situ de disparar en defensa propia y para preservar la seguridad del Estado. Luego de los sucesos en el Estado Mayor evaluamos lo que había ocurrido, basándonos en informaciones concretas y llegamos a ciertas conclusiones. En esa experiencia fundamento esta nota escrita para la revista Zeta. Y por ese conocimiento considero que gracias a sus militares ese día Venezuela no perdió la libertad a manos de Fidel.
genpenaloza@gmail.com
http://twitter.com/GenPenaloza
www.puestodecombate.org
En su visita a Venezuela para la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en 1989, Fidel Castro llegó con 300 hombres y un enorme volumen de armamento. Gente del entorno de Pérez le ayudó a actuar libremente, lo cual Fidel aprovechó para preparar la toma del poder a partir de la insurrección popular que se esperaba y que efectivamente estalló el 27 de febrero.
Durante la segunda mitad de 1988 se comentaba en susurros entre los operadores de inteligencia que algo “serio y grande” iba a pasar en Venezuela debido a la terrible situación económica que atravesaba el país. Los bajos precios del petróleo y las graves acusaciones de corrupción creaban un ambiente pre-insurreccional. Las elecciones presidenciales y las celebraciones navideñas bajaron un poco la tensión en diciembre. Aun así, durante ese mes la DISIP y la DIM alertaron de nuevo al presidente Lusinchi sobre la posibilidad de un estallido social. El incremento del trasiego clandestino de armas por parte de grupos subversivos de extrema izquierda y la detección de comunicaciones en clave por parte de oficiales sospechosos de pertenecer a la logia militar que Fidel había infiltrado eran signos preocupantes. Para Lusinchi fue un alivio entregar la banda presidencial a Carlos Andrés Pérez el 2 de febrero de 1989.
La “coronación”, como se llamó la fastuosa ceremonia de investidura, fue una ofensa para el empobrecido pueblo llano. Pero CAP estaba eufórico y tenía grandes planes. La presencia de importantes líderes internacionales le indicaba que aun tenía peso mundial. Ni la presencia de Fidel Castro le robó el show. Pero Fidel tenía otras preocupaciones. Estaba perdiendo el apoyo soviético y necesitaba ayuda de Venezuela. CAP le dio largas y Fidel no se mostró muy feliz con el trato recibido. Al líder cubano le quedo claro que había que recurrir al plan alterno que implicaba adelantar el golpe cuartelario que venía preparando por varios años, reemplazándolo por una operación cívico militar aprovechando la inminente explosión popular que se vaticinaba.
A fin de apertrechar y fortalecer las fuerzas insurreccionales Fidel vino acompañado por más de 300 personas en tres aviones de la aerolínea cubana. Este excesivo séquito que supuestamente venía a la coronación, en realidad tenía una función de logística militar. Gracias a coordinaciones con agentes en el alto gobierno la comitiva y su carga mortal pasaron sin chequeo por la aduana de Maiquetía con un lote de pesadas cajas. El manifiesto de embarque revelaba que contenían armas para el equipo de seguridad de Fidel. De acuerdo con el volumen el equipo de seguridad debería estar compuesto por más de 280 personas, lo cual pareció excesivo al encargado de la aduana. Al chequear con su supervisor fue informado que había instrucciones de dos ministros de CAP y de su jefe de seguridad civil de no revisar el equipaje.
La comitiva de Fidel se acuarteló en el hotel Eurobuilding. Dos días antes el G2 cubano había tomado el control de la seguridad del edificio. Ese hotel fue por una semana territorio cubano en Venezuela y todos sus accesos eran controlados por fuerzas de seguridad fidelistas. Inclusive el personal de cocina y de limpieza fue traído expresamente de Cuba. El único venezolano en esas instalaciones fue el general Herminio Fuenmayor, quien por propia solicitud había sido nombrado por CAP edecán venezolano del dictador. Fuenmayor fue mantenido bien entretenido por la gente de Fidel y sus informes a CAP nunca revelaron nada irregular en la delegación cubana.
Las informaciones obtenidas a nivel de inteligencia indican que durante su permanencia en Caracas, Fidel sostuvo varias reuniones secretas. Estaba angustiado ante la pérdida del apoyo soviético y necesita urgentemente otra fuente de ingresos. Hasta ahora todos los intentos que había hecho para apoderarse de Venezuela habían fracasado -los alzamientos militares de Carúpano y Puerto Cabello, la guerrilla urbana, la guerrilla rural. Ante el éxito de la pacificación realizada por Caldera en los años 70, decidió volver al punto de partida penetrando poco a poco al Ejército. Este plan era de largo plazo. Para tomar el gobierno había que esperar que hubiese cierto número de infiltrados en comando de tropas.
El G2 tenía penetrada a la DISIP y a la DIM. Con la información provista por estos agentes y por los líderes locales de la izquierda insurreccional conocieron la inminencia de un estallido social en Venezuela. Antes de salir de Cuba Fidel fue informado que el estallido era inevitable por las medidas económicas neoliberales que pensaba aplicar CAP. La idea alterna de aprovechar la revuelta popular, instigarla, promoverla y apoyarla con armas y otros insumos logísticos, empezó a tomar fuerza. De esa manera no habría que seguir esperando a que la logia estuviera lista para alzarse y los militares golpistas no tendrían demasiado poder.
Cuando el gobierno activara el Plan Ávila y concentrara las tropas en Caracas, los oficiales infiltrados se insubordinarían y se unirían a la protesta popular. El gobierno caería y se formaría una junta compuesta por militares infiltrados y lideres de izquierda radical. Este nuevo gobierno empezaría a trabajar para crear una confederación que uniera inicialmente a Cuba con Venezuela.
Esta idea se discutió en el Eurobuilding con algunos de los actores venezolanos en la rebelión. Caso de explotar la revuelta popular, la orden para ejecutar el plan seria dada por Fidel. A los políticos les gustó la idea, a los militares no. Alegaron que aun no tenía el control necesario en sus unidades. Los civiles arguyeron que no hacía falta todo el Ejército porque ellos tenían suficientes armas y podrían ser un freno para la porción del Ejército que se resistiera. A todas estas la visita de Fidel a Venezuela terminó. Nunca se supo si todos los cubanos que ingresaron se fueron ni si se llevaron todas las armas que trajeron.
Tres semanas después de la partida de los cubanos, el 27 de ese mismo mes, ocurrió el estallido. Los oficiales de la logia fueron sorprendidos al punto que no pudieron tomar ninguna acción para impedir que el Plan Ávila se pusiera en práctica. Los jefes civiles de la insurrección sorprendidos al ver la poblada tomar las calles pensaron que la orden de operaciones se había activado y empezaron a distribuir armas y municiones. Un disciplinado grupo de francotiradores, incluyendo cubanos, con armas de largo alcance y miras telescópicas, se apostaron en edificios y lugares elevados frente a Fuerte Tiuna para impedir la salida de unidades del Ejército hasta que les llegaran noticias que el control había pasado a manos de los insurrectos. Esta noticia nunca llegó.
Cuando el Ejército salió a la calle empezó a recibir fuego graneado de francotiradores desde edificios cercanos mientras en la calle se iniciaban anárquicos saqueos. Al llegar las tropas del Ejército a estos lugares fueron recibidos a tiros por infiltrados dentro de los saqueadores. Los soldados que habían salido a controlar una rutinaria misión de control de motines callejeros se encontraron con una operación de combate en localidades de envergadura. La fuerza enemiga era una guerrilla bien armada, organizada y disciplinada que se ocultaba tras los saqueadores y disparaba a matar. Los soldados reaccionaron con aplomo y respondieron como fueron entrenados. Es posible que en medio del combate se haya perdido la disciplina de fuego y se haya usado más violencia de la necesaria. En todo caso la paz fue restablecida, pero ocurrieron muchas bajas. Hubo muertos y heridos entre los guerrilleros y el Ejército, pero lamentablemente también entre los civiles que participaban en los saqueos o que transitaban por los alrededores. Poco a poco se impuso la superioridad de fuego de los militares y la paz fue restablecida.
La fusión de la economía venezolana con la cubana era la única esperanza de Fidel para seguir adelantando su magno proyecto de formar un imperio comunista en Hispanoamérica. La Unión Soviética le estaba retirando el apoyo económico que por décadas había mantenido en pie el régimen castrista y para seguir adelante el apoyo venezolano era indispensable.
Hoy, 22 años después, los derrotados el 27 de febrero detentan el poder en Venezuela. Desde allí promueven acusaciones contra los militares que dirigieron las operaciones en defensa del Estado. Estas acusaciones tienen un blanco equivocado. El promotor del “Plan B” fue Fidel. Los cabecillas de la insurrección popular estaban en alerta desde antes del 27F. Los combatientes estaban armados y sabían cuál era su misión. La orden era “tirar a matar”.
El plan se ejecutó por error de uno de los líderes comunistas quien al ver las manifestaciones de protesta popular pensó que la orden se había impartido iniciando la operación que produjo la masacre. Ante esta orden la guerrilla urbana salió al combate y fue la primera en abrir fuego. Las fuerzas armadas respondieron al ataque. Desde que ocurrió este trágico error los cubanos han tratado de desviar la atención culpando a las Fuerzas Armadas venezolanas del hecho. En esta oportunidad la contrainteligencia del G2 tiene la audacia de promover marchas conmemorativas en Caracas habiendo sido ellos los promotores de la violencia. De no haber salido a la calle las tropas de choque comunistas armadas y con orden de disparar no habría ocurrido la tragedia. La protesta popular habría podido ser canalizada y dominada sin pérdidas de vidas y la sangre no hubiera llegado al rio.
Entre los fallecidos estaba un buen amigo mío, el mayor Luis Felipe Acosta Carles. Sin yo saberlo, este oficial compañero de Chávez era a la vez parte importante de la conspiración. Luego me enteré que Chávez temía el ascendiente de este líder militar que era un guerrero de excepción. El día del Caracazo las unidades del Fuerte Tiuna que vigilaban el perímetro fueron relevados con cadetes de las Escuelas Militares. Los cadetes empezaron a ser hostigados con armas largas por francotiradores. Acosta se ofreció como voluntario para ir a tomar un nido de francotiradores que ponía en peligro a los cadetes. Los guerrilleros se habían instalado en un cerro frente a la alcabala de acceso del fuerte a la Carretera Panamericana. Acosta salió a cumplir su misión acompañado por una escuadra de soldados y dos suboficiales. Todo el personal portaba chalecos antibalas. En este intento Acosta perdió la vida cuando un balazo lo atravesó. Esto indica que el francotirador que lo abaleo usaba munición especial capaz de perforar chalecos antibalas. Chávez especula que el general Heinz lo mandó a matar. Este es un pésimo homenaje a quien fue uno de los mejores oficiales que conspiraron con él. Fueron las fuerzas controladas por Fidel las que asesinaron a Acosta. A todas estas Chávez que laboraba en Miraflores para la fecha dice que él estaba “enfermo” y no se reportó a su oficina.
Al Ejército se le ha acusado de actuar con exceso en el cumplimiento de esta misión. Es muy difícil definir qué pudo ser excesivo bajo el intenso fuego de francotiradores y terroristas armados que acompañaron al saqueo. Los conspiradores dentro del Ejército fueron tomados por sorpresa y no llegaron a actuar. Los civiles comunistas se emplearon a fondo pensando que el día “D” había llegado. Cuando se dieron cuenta que no era el caso ya estaban empeñados en combate y no había marcha atrás. Si hubo exceso, provino de ambos bandos y no puede haber un solo culpable.
Los mandos castrenses responsables por la operación, incluyendo a los generales Ítalo del Valle Alliegro, Manuel Heinz y otros agregados recientemente a esa lista, cumplieron la orden presidencial de aplicar el Plan Ávila. Este plan no preveía intensos combates callejeros contra fuerzas civiles bien armadas y organizadas. La operación asumía la existencia de manifestaciones populares desarmadas o con armas ligeras que habían desbordado a la policía. Estas situaciones son dominadas fácilmente por las fuerzas militares, pero el Caracazo fue un combate en localidades contra un grupo fuertemente armado. La culpa de la violencia fue de los comunistas que para tomar el poder enviaron al combate a ciudadanos entrenados con armas de fuego e instigaron al pueblo desarmado para que los acompañara. Este suceso puede ser calificado de muchas maneras, pero nunca como un acto “espontáneo”. Fue un acto fríamente calculado por Fidel y aceptado por los oficiales guerrilleros que lo pusieron en práctica.
Aunque no tuve mando de tropa en esa operación –era Jefe de Estado Mayor del Ejército-, quienes estaban al frente de las operaciones eran mis compañeros de generación o mis subalternos en alguna ocasión. Entre los combatientes que envió el ejército a las calles estaban los oficiales de la logia conspiradora y algunos de ellos dieron la orden in situ de disparar en defensa propia y para preservar la seguridad del Estado. Luego de los sucesos en el Estado Mayor evaluamos lo que había ocurrido, basándonos en informaciones concretas y llegamos a ciertas conclusiones. En esa experiencia fundamento esta nota escrita para la revista Zeta. Y por ese conocimiento considero que gracias a sus militares ese día Venezuela no perdió la libertad a manos de Fidel.
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Analisis historico politico de Venezuala
Después de Zapatero, el PSOE
Ya Zapatero ,hoy renuncio a ser el proximo candidato del PSOE ,pero este analisis me pareció muy bueno
JRC
TRIBUNA: JOSÉ LUIS ÁLVAREZ
Los socialistas pueden tomarse con calma la sucesión. Necesitan un nuevo liderazgo, sí, pero para el próximo ciclo político, el que se abrirá tras la crisis. La clave entonces estará en menos personalismo y nuevas ideas
.Las especulaciones sobre el tempo de sucesión del presidente, las maniobras de algunos posibles candidatos y la ansiedad de los cabeza de lista territoriales y locales no ayudan al PSOE. Y menos el debate sobre nombres, que perpetúa el legado más negativo de Zapatero: la concepción personalista, inorgánica, de la política.
Los barones no quieren primarias en campaña si Zapatero decide irse
Los barones no quieren primarias en campaña si Zapatero decide irse
Zapatero ha vaciado ideológicamente el PSOE, en economía ya no se distingue de la derecha
La igualdad de oportunidades debiera haber sido la bandera económica socialista
El PSOE puede tomarse con serenidad la sucesión. El gran secreto de la política española es que las próximas generales son irrelevantes como predictores de la hegemonía política para después de la crisis. En Europa, quien gobierna pierde. Las condiciones políticas después de la crisis serán probablemente tan distintas de las actuales que lo que lleve, ahora o en el corto plazo, al poder será diferente de lo que permita alcanzarlo o mantenerlo en el futuro.
Es para ese próximo ciclo político, todavía nonato, para el que el PSOE necesita un nuevo liderazgo. Por tanto, puede posponer la pregunta sobre el candidato a una serie de reflexiones previas. Primera, ¿sucesión para qué?, es decir: ¿qué tipo de políticas deberá perseguir para dominar el ciclo poscrisis? Segunda, ¿qué modelo de poder?, es decir: ¿se quiere cambiar el hiper liderazgo de Zapatero por un liderazgo más orgánico? Tercera, ¿cuál es el proceso?, es decir: ¿cómo conjugar amortiguar el inevitable golpe electoral a corto con desarrollar candidatos de largo recorrido?
Para responder a la primera cuestión hay que partir del reconocimiento del vaciamiento ideológico que Zapatero ha operado en el PSOE. Canceló el eje tradicional de confrontación derecha-izquierda, el económico, y eligió competir solo en el eje de los valores. De dos maneras. Primera, privilegió los derechos ciudadanos, un grupo de valores importante pero de atractivo electoral limitado y, en cualquier caso, ahora ya conquistado gracias a él. Segunda, reemplazó cualquier otro posible discurso sobre valores por su estilo de liderazgo, pensando que podría atraer a la clase media solo con desplegar el carácter personal y político más opuesto posible al de Aznar. Sin embargo, las clases medias urbanas -las que permiten a un partido convertirse en pivote y así dominar un ciclo- se han ido moviendo, moderada pero sostenidamente, en una dirección conservadora, de un mayor reclamo de autoridad, en especial por el Gobierno y la Administración. La imagen de Zapatero, eficazmente ahondada por Rajoy, de tomarse la función gubernamental a la ligera ha sido devastadora.
Mientras que la respuesta a esta demanda social radica más en la capacidad del PSOE para cooptar élites para sus Gobiernos que en cambios importantes en su ideología, sí se avecina un choque de valores fascinante, que exige al partido una importante renovación de ideas. Tras la crisis, que está dejando el sabor amargo, políticamente todavía no expresado, del resentimiento por el destino desigual de las clases sociales durante la misma, dos son los valores principales que se van a confrontar. Por un lado, lo que será la apuesta del PP: el mérito como legitimador de las diferencias sociales. Por otro, la que debería ser la bandera del PSOE: la igualdad de oportunidades. Mientras que para el PSOE la refundación del eje económico es cognitivamente complicada, ya que carece siquiera de asomo de un paradigma económico alternativo al empresarial, la reconfiguración de su oferta de valores, incluyendo una menor preponderancia del republicanismo cívico, le será emocionalmente muy difícil, especialmente a la generación del presidente.
El segundo reto es el abandono del hiper liderazgo en el partido e hiperpresidencialismo en el Gobierno. No es fácil, porque nuestro sistema los favorece, por tres razones. Una sociológica: los dos grandes partidos españoles son, como toda gran organización, oligárquicos. Otra normativa: la sobreprotección que la Constitución otorga a los partidos refuerza la concentración de poder. Una tercera electoral: el personalismo creciente de las campañas, cuya expresión máxima fueron las dos últimas generales, cuando las siglas PSOE fueron postergadas en favor de la marca "ZP" en 2004 y de la todavía más estilizada "Z" en 2008.
El presidencialismo se acentúa porque el rol presidencial transforma a sus tomadores. A partir de su nombramiento, la preocupación primordial de los presidentes es su evaluación por la historia... porque ya están en ella. Cuando González decía que se gobierna desde Moncloa y no desde Ferraz asumía que el juicio de su presidencia iba a ser sobre su individualidad política. Cuando Aznar renunció a una tercera presidencia lo hizo desde el supuesto de que su lugar en la historia sería independiente del juicio que merecería su PP. Cuando Zapatero ha acumulado más poder que cualquiera de sus predecesores es para asegurar un proyecto irreductiblemente personal. Y cuando el presidente al que menos le ha importado la economía hace de esta, en coalición contra natura con grandes empresarios, su programa para su año final, es porque está pensando en su última oportunidad de pasar como estadista a la historia.
Pero Zapatero, más que ningún otro presidente, se ha constituido en figura diferenciada de su partido. En toda presidencia, las decisiones principales emanan principalmente de alguna combinación de sedes de poder: partido, Gobierno, staff de Moncloa, presidente, consejeros personales. Zapatero es el presidente que más ha desplazado la toma de decisiones hacia su persona y consiglieri. En contraste, González, hasta la salida de Guerra, y Aznar en su primera legislatura, se apoyaron en el trípode partido-Gobierno-Moncloa. De ahí su impacto. Por eso es necesaria una nueva articulación de la relación de poder entre el PSOE y su líder.
La reflexión sobre el modelo de liderazgo lleva directamente a la tercera reflexión clave señalada: la transición entre el corto y largo plazo del PSOE, una cuestión más amplia e importante que la del posible anuncio por el presidente de su renuncia a presentarse a otra presidencia, algo que la opinión pública ya ha asumido, o la nominalista de quién será el nuevo candidato.
El presidente tiene interés en que la sucesión salga bien. Conviene a su lugar en la historia. Cuenta además con la objetividad y distanciamiento de los que no tienen futuro político. Y no hay astucia táctica como la suya una vez los objetivos son claros. Seguramente acertará en los detalles del proceso, para el que no hay un solo trayecto ideal. Probablemente anunciará la renovación del liderazgo después de las elecciones de mayo, pero no inmediatamente, para que no parezca una consecuencia directa, y adoptará el rol de curador del proceso, para que el partido no dé imagen de desunión en las primarias (a los procesos de sucesión política les pasa como a la elaboración de salchichas: el público no debería poder verlos). Y seguramente seguirá gobernando hasta el fin de la legislatura, protegiendo así al partido, y a quien el partido elija candidato. Y contra sus instintos permitirá que alguien de una generación anterior sea su primer reemplazo.
Porque de todas las prioridades de Zapatero en su sucesión, la más importante es cuidar la relación entre generaciones socialistas. Porque ni la que desarrolló el oficio de ganar elecciones y gobernar con González, ni la que aprendió el primero de ellos con el actual presidente, podrá recorrer por si sola la transición de Zapatero al PSOE. La veterana de estas generaciones, en lo que será su last hurrah, es necesaria para reducir el castigo electoral, ofrecer imagen de oficio gubernamental y, más pragmática, centrar el partido. Pero como Moisés con la tierra prometida, el hecho biológico les impedirá liderar todo el recorrido del próximo ciclo político. Serán, por tanto, probablemente dos las sucesiones a Zapatero (a González fueron tres).
A diferencia de los conservadores, que tienen ante sí la más fácil tarea de preservar el statu quo, la izquierda, para cualquier cambio social debe acumular cantidades ingentes de capital político. Nunca ha logrado una transformación relevante sin un estrecho alineamiento entre líder, dirigentes, partido y votantes con un mandato compartido de acción. Este fue el caso de los primeros Gobiernos de González para la europeización de España. Zapatero ha sido el presidente más individualista y, por tanto, el que menos ha cambiado la sociedad. Por eso, su sucesión ha de ser, principalmente, la de un hiperliderazgo a un liderazgo más compartido.
José Luis Álvarez es doctor en Sociología por la Universidad de Harvard y profesor de ESADE Madrid.
JRC
TRIBUNA: JOSÉ LUIS ÁLVAREZ
Los socialistas pueden tomarse con calma la sucesión. Necesitan un nuevo liderazgo, sí, pero para el próximo ciclo político, el que se abrirá tras la crisis. La clave entonces estará en menos personalismo y nuevas ideas
.Las especulaciones sobre el tempo de sucesión del presidente, las maniobras de algunos posibles candidatos y la ansiedad de los cabeza de lista territoriales y locales no ayudan al PSOE. Y menos el debate sobre nombres, que perpetúa el legado más negativo de Zapatero: la concepción personalista, inorgánica, de la política.
Los barones no quieren primarias en campaña si Zapatero decide irse
Los barones no quieren primarias en campaña si Zapatero decide irse
Zapatero ha vaciado ideológicamente el PSOE, en economía ya no se distingue de la derecha
La igualdad de oportunidades debiera haber sido la bandera económica socialista
El PSOE puede tomarse con serenidad la sucesión. El gran secreto de la política española es que las próximas generales son irrelevantes como predictores de la hegemonía política para después de la crisis. En Europa, quien gobierna pierde. Las condiciones políticas después de la crisis serán probablemente tan distintas de las actuales que lo que lleve, ahora o en el corto plazo, al poder será diferente de lo que permita alcanzarlo o mantenerlo en el futuro.
Es para ese próximo ciclo político, todavía nonato, para el que el PSOE necesita un nuevo liderazgo. Por tanto, puede posponer la pregunta sobre el candidato a una serie de reflexiones previas. Primera, ¿sucesión para qué?, es decir: ¿qué tipo de políticas deberá perseguir para dominar el ciclo poscrisis? Segunda, ¿qué modelo de poder?, es decir: ¿se quiere cambiar el hiper liderazgo de Zapatero por un liderazgo más orgánico? Tercera, ¿cuál es el proceso?, es decir: ¿cómo conjugar amortiguar el inevitable golpe electoral a corto con desarrollar candidatos de largo recorrido?
Para responder a la primera cuestión hay que partir del reconocimiento del vaciamiento ideológico que Zapatero ha operado en el PSOE. Canceló el eje tradicional de confrontación derecha-izquierda, el económico, y eligió competir solo en el eje de los valores. De dos maneras. Primera, privilegió los derechos ciudadanos, un grupo de valores importante pero de atractivo electoral limitado y, en cualquier caso, ahora ya conquistado gracias a él. Segunda, reemplazó cualquier otro posible discurso sobre valores por su estilo de liderazgo, pensando que podría atraer a la clase media solo con desplegar el carácter personal y político más opuesto posible al de Aznar. Sin embargo, las clases medias urbanas -las que permiten a un partido convertirse en pivote y así dominar un ciclo- se han ido moviendo, moderada pero sostenidamente, en una dirección conservadora, de un mayor reclamo de autoridad, en especial por el Gobierno y la Administración. La imagen de Zapatero, eficazmente ahondada por Rajoy, de tomarse la función gubernamental a la ligera ha sido devastadora.
Mientras que la respuesta a esta demanda social radica más en la capacidad del PSOE para cooptar élites para sus Gobiernos que en cambios importantes en su ideología, sí se avecina un choque de valores fascinante, que exige al partido una importante renovación de ideas. Tras la crisis, que está dejando el sabor amargo, políticamente todavía no expresado, del resentimiento por el destino desigual de las clases sociales durante la misma, dos son los valores principales que se van a confrontar. Por un lado, lo que será la apuesta del PP: el mérito como legitimador de las diferencias sociales. Por otro, la que debería ser la bandera del PSOE: la igualdad de oportunidades. Mientras que para el PSOE la refundación del eje económico es cognitivamente complicada, ya que carece siquiera de asomo de un paradigma económico alternativo al empresarial, la reconfiguración de su oferta de valores, incluyendo una menor preponderancia del republicanismo cívico, le será emocionalmente muy difícil, especialmente a la generación del presidente.
El segundo reto es el abandono del hiper liderazgo en el partido e hiperpresidencialismo en el Gobierno. No es fácil, porque nuestro sistema los favorece, por tres razones. Una sociológica: los dos grandes partidos españoles son, como toda gran organización, oligárquicos. Otra normativa: la sobreprotección que la Constitución otorga a los partidos refuerza la concentración de poder. Una tercera electoral: el personalismo creciente de las campañas, cuya expresión máxima fueron las dos últimas generales, cuando las siglas PSOE fueron postergadas en favor de la marca "ZP" en 2004 y de la todavía más estilizada "Z" en 2008.
El presidencialismo se acentúa porque el rol presidencial transforma a sus tomadores. A partir de su nombramiento, la preocupación primordial de los presidentes es su evaluación por la historia... porque ya están en ella. Cuando González decía que se gobierna desde Moncloa y no desde Ferraz asumía que el juicio de su presidencia iba a ser sobre su individualidad política. Cuando Aznar renunció a una tercera presidencia lo hizo desde el supuesto de que su lugar en la historia sería independiente del juicio que merecería su PP. Cuando Zapatero ha acumulado más poder que cualquiera de sus predecesores es para asegurar un proyecto irreductiblemente personal. Y cuando el presidente al que menos le ha importado la economía hace de esta, en coalición contra natura con grandes empresarios, su programa para su año final, es porque está pensando en su última oportunidad de pasar como estadista a la historia.
Pero Zapatero, más que ningún otro presidente, se ha constituido en figura diferenciada de su partido. En toda presidencia, las decisiones principales emanan principalmente de alguna combinación de sedes de poder: partido, Gobierno, staff de Moncloa, presidente, consejeros personales. Zapatero es el presidente que más ha desplazado la toma de decisiones hacia su persona y consiglieri. En contraste, González, hasta la salida de Guerra, y Aznar en su primera legislatura, se apoyaron en el trípode partido-Gobierno-Moncloa. De ahí su impacto. Por eso es necesaria una nueva articulación de la relación de poder entre el PSOE y su líder.
La reflexión sobre el modelo de liderazgo lleva directamente a la tercera reflexión clave señalada: la transición entre el corto y largo plazo del PSOE, una cuestión más amplia e importante que la del posible anuncio por el presidente de su renuncia a presentarse a otra presidencia, algo que la opinión pública ya ha asumido, o la nominalista de quién será el nuevo candidato.
El presidente tiene interés en que la sucesión salga bien. Conviene a su lugar en la historia. Cuenta además con la objetividad y distanciamiento de los que no tienen futuro político. Y no hay astucia táctica como la suya una vez los objetivos son claros. Seguramente acertará en los detalles del proceso, para el que no hay un solo trayecto ideal. Probablemente anunciará la renovación del liderazgo después de las elecciones de mayo, pero no inmediatamente, para que no parezca una consecuencia directa, y adoptará el rol de curador del proceso, para que el partido no dé imagen de desunión en las primarias (a los procesos de sucesión política les pasa como a la elaboración de salchichas: el público no debería poder verlos). Y seguramente seguirá gobernando hasta el fin de la legislatura, protegiendo así al partido, y a quien el partido elija candidato. Y contra sus instintos permitirá que alguien de una generación anterior sea su primer reemplazo.
Porque de todas las prioridades de Zapatero en su sucesión, la más importante es cuidar la relación entre generaciones socialistas. Porque ni la que desarrolló el oficio de ganar elecciones y gobernar con González, ni la que aprendió el primero de ellos con el actual presidente, podrá recorrer por si sola la transición de Zapatero al PSOE. La veterana de estas generaciones, en lo que será su last hurrah, es necesaria para reducir el castigo electoral, ofrecer imagen de oficio gubernamental y, más pragmática, centrar el partido. Pero como Moisés con la tierra prometida, el hecho biológico les impedirá liderar todo el recorrido del próximo ciclo político. Serán, por tanto, probablemente dos las sucesiones a Zapatero (a González fueron tres).
A diferencia de los conservadores, que tienen ante sí la más fácil tarea de preservar el statu quo, la izquierda, para cualquier cambio social debe acumular cantidades ingentes de capital político. Nunca ha logrado una transformación relevante sin un estrecho alineamiento entre líder, dirigentes, partido y votantes con un mandato compartido de acción. Este fue el caso de los primeros Gobiernos de González para la europeización de España. Zapatero ha sido el presidente más individualista y, por tanto, el que menos ha cambiado la sociedad. Por eso, su sucesión ha de ser, principalmente, la de un hiperliderazgo a un liderazgo más compartido.
José Luis Álvarez es doctor en Sociología por la Universidad de Harvard y profesor de ESADE Madrid.
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La libertad de ser uno mismo
CRÍTICA: LECTURAS COMPARTIDAS
ROSA MONTERO 02/04/2011
. .Cuando un maestro de la narración como Juan Marsé escribe con ese placer interior, el resultado es una fiesta. Su escritura es ligera, sedosa, conmovedora, exacta. Caligrafía de los sueños está llena de escenas inolvidables. Una de ellas evoca el espléndido relato Teniente Bravo
Cuánto cuesta ser libre! Libre para inventar y para jugar con las palabras, libre de la ansiedad por gustar, del ruido del mercado, del miedo a la crítica, del empeño en adaptarnos a lo que desean de nosotros los demás, en vez de luchar por lo que nosotros deseamos. Creo que la madurez literaria pasa obligatoriamente por esa dificilísima libertad interior, que es un estado de gracia quebradizo que uno puede perder en cualquier momento.
'Caligrafía de los sueños' es una historia de iniciación en la vida y en la escritura; en la mentira, y en las consecuencias que esa mentira tiene
Cuando un maestro de la narración como Juan Marsé escribe con esa libertad y ese placer interior, el resultado es una fiesta. Marsé es uno de esos novelistas erizo que, según la clasificación de Isaiah Berlin, se enroscan sobre sí mismos y siempre escriben la misma historia (el otro tipo de escritor es el zorro, que camina por la llanura buscando nuevos horizontes). Y así, las novelas de Marsé construyen un mundo reconocible, constante y tan sólido como un edificio, una casa en la que se instala el lector mientras le lee. Marsé se habita.
No todas sus novelas me gustan lo mismo, como es natural. Pero con la última, Caligrafía de los sueños, volvemos al Marsé más puro, más verdadero. El Marsé de siempre, ¡pero tan hermoso! Seguramente fue más ambicioso con otros libros, como Rabos de lagartija; pero justamente por eso me llegaron menos. Porque eran menos libres, menos auténticos. Caligrafía de los sueños es una historia de vocación modesta, aparentemente menor, en la que el autor se permite narrar un mundo muy cercano a su realidad biográfica. Puede hacerlo: es tan mayor y tan sabio que es capaz de contar su vida sin hablar en realidad de sí mismo, sino de todos. Esto es, se ha liberado incluso del peso de su propio yo. Es una historia de iniciación en la vida y en la escritura; en la mentira, y en las consecuencias que esa mentira tiene. Las palabras pesan y narrar nos salva. Qué hermoso que el protagonista decida convertirse en escritor cuando una máquina le machaca una mano (ya no puede ser joyero, que era su oficio; ni pianista, que era su vocación); de modo que la literatura sería la manera de compensar una mutilación. ¿Y no es exactamente así? ¿No escribimos siempre porque nos sentimos mal (como dice Millás), porque no estamos enteros, porque nos falta algo?
Y qué bella escritura la de este libro, ligera, sedosa, conmovedora, exacta. Es tan bueno Marsé cuando es bueno que, por ejemplo, en Caligrafía... se describe una visita de los chavales a un burdel, lo cual es uno de los tópicos más aburridos y manidos de la literatura, y, sin embargo, aquí el texto sigue latiendo de vida. La novela está llena de escenas inolvidables, pero quizá mi preferida sea la lucha del pequeño Tito por aprender a montar en bicicleta. Tito es un niño de unos seis años, en camiseta y con el pelo alborotado, que pedalea junto al bordillo de la acera en una pequeña bicicleta con ruedines. Pero a Tito le avergüenzan los ruedines, y después de bregar con la bicicleta un rato largo, consigue quitárselos. Todo esto sucede por detrás de otra escena; es una lucha que el protagonista ve de cuando en cuando a través de la ventana de un bar, y que el niño de alguna manera le dedica, como principal testigo de su proeza. Y así, "observa al niño lanzándose una y otra vez con su bici a tumba abierta calle abajo, resuelto y veloz a pesar de los bandazos y las trompadas, la barbilla pegada al manillar y una fijación maniática en la mirada (...) hasta caer estampado en medio de un enredo de ruedas y piernas y brazos (...) Algunos viandantes le aconsejan que lo deje, pero el chaval no atiende a nadie".
Ese niño obsesionado, ensangrentado y roto, esa épica minúscula y feroz, me recuerdan el relato de Marsé Teniente Bravo, que es uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida. El relato sucede en 1955, en un campamento de la Legión en Ceuta, durante una sesión de gimnasia a la que han de someterse los pobres reclutas que hacen la mili allí. El instructor es el teniente Bravo, un militar meticuloso y petimetre, "un hombre pequeño y envarado, joven, bigote fino y hermoso mentón moreno, algo levantisco, hombros caídos y apariencia frágil, pero fibroso y pechugón". Este teniente, cansado de pedir oficialmente útiles de gimnasia sin resultado alguno, ha comprado un potro de segunda mano, un trasto podrido y zanquilargo, y ahora, con petulante suficiencia, está explicando a los medrosos reclutas cómo se salta ese aparato. "Está bien, yo saltaré primero", dice al fin, compadecido quizá de la aprensión de los chicos o más bien deseoso de lucirse: "Pero sólo una vez, así que fijaos bien porque no habrá repetición".
El resto es previsible, pero no por ello menos demoledor. Es más: el hecho de saber lo que va a suceder es uno de los ingredientes que aportan densidad a la tragedia. El primer salto lo falla de manera discreta: "Se elevó poco, y además no soltó a tiempo las manos del potro y la bota izquierda tropezó con la muñeca. Llevaba tan poco impulso que casi no fue una caída; se abrazó al potro y se dejó resbalar suavemente del otro lado". Pero ya está perdido. Bravo lo intenta una y otra vez, y en cada ocasión lo hace peor, se hace más daño, se rompe más la crisma y la dignidad. Saltar el potro se convierte en una gesta colosal, en la ordalía que va a decidir el resto de su vida, en un drama ridículo pero espantoso, de manera que, al leer el cuento, no sabes si reír o estremecerte ante ese elocuente ejemplo de la insensatez esencial del ser humano y de lo grotesco de nuestras ambiciones. Y así, el pobre teniente, "asomado a su abismo particular", recorre su vía crucis hasta el final, mientras el sargento intenta inútilmente buscar excusas para librarlo de sí mismo y los reclutas se van quedando mudos del espanto. Y por fin, en su enésimo salto, desarbolado, con la bragueta del pantalón torcida sobre la cadera, corre "el último trecho como si cumpliera una penitencia" y se estampa definitivamente, hasta el punto de que tienen que llevárselo en brazos, derrotado y sangrando. Un relato monumental. Gracias, Marsé.
Caligrafía de los sueños. Juan Marsé. Lumen. Barcelona, 2011. 384 páginas. 22,90 euros. Teniente Bravo. Juan Marsé. DeBolsillo. Barcelona, 2004. 159 páginas. 8,95 euros.
ROSA MONTERO 02/04/2011
. .Cuando un maestro de la narración como Juan Marsé escribe con ese placer interior, el resultado es una fiesta. Su escritura es ligera, sedosa, conmovedora, exacta. Caligrafía de los sueños está llena de escenas inolvidables. Una de ellas evoca el espléndido relato Teniente Bravo
Cuánto cuesta ser libre! Libre para inventar y para jugar con las palabras, libre de la ansiedad por gustar, del ruido del mercado, del miedo a la crítica, del empeño en adaptarnos a lo que desean de nosotros los demás, en vez de luchar por lo que nosotros deseamos. Creo que la madurez literaria pasa obligatoriamente por esa dificilísima libertad interior, que es un estado de gracia quebradizo que uno puede perder en cualquier momento.
'Caligrafía de los sueños' es una historia de iniciación en la vida y en la escritura; en la mentira, y en las consecuencias que esa mentira tiene
Cuando un maestro de la narración como Juan Marsé escribe con esa libertad y ese placer interior, el resultado es una fiesta. Marsé es uno de esos novelistas erizo que, según la clasificación de Isaiah Berlin, se enroscan sobre sí mismos y siempre escriben la misma historia (el otro tipo de escritor es el zorro, que camina por la llanura buscando nuevos horizontes). Y así, las novelas de Marsé construyen un mundo reconocible, constante y tan sólido como un edificio, una casa en la que se instala el lector mientras le lee. Marsé se habita.
No todas sus novelas me gustan lo mismo, como es natural. Pero con la última, Caligrafía de los sueños, volvemos al Marsé más puro, más verdadero. El Marsé de siempre, ¡pero tan hermoso! Seguramente fue más ambicioso con otros libros, como Rabos de lagartija; pero justamente por eso me llegaron menos. Porque eran menos libres, menos auténticos. Caligrafía de los sueños es una historia de vocación modesta, aparentemente menor, en la que el autor se permite narrar un mundo muy cercano a su realidad biográfica. Puede hacerlo: es tan mayor y tan sabio que es capaz de contar su vida sin hablar en realidad de sí mismo, sino de todos. Esto es, se ha liberado incluso del peso de su propio yo. Es una historia de iniciación en la vida y en la escritura; en la mentira, y en las consecuencias que esa mentira tiene. Las palabras pesan y narrar nos salva. Qué hermoso que el protagonista decida convertirse en escritor cuando una máquina le machaca una mano (ya no puede ser joyero, que era su oficio; ni pianista, que era su vocación); de modo que la literatura sería la manera de compensar una mutilación. ¿Y no es exactamente así? ¿No escribimos siempre porque nos sentimos mal (como dice Millás), porque no estamos enteros, porque nos falta algo?
Y qué bella escritura la de este libro, ligera, sedosa, conmovedora, exacta. Es tan bueno Marsé cuando es bueno que, por ejemplo, en Caligrafía... se describe una visita de los chavales a un burdel, lo cual es uno de los tópicos más aburridos y manidos de la literatura, y, sin embargo, aquí el texto sigue latiendo de vida. La novela está llena de escenas inolvidables, pero quizá mi preferida sea la lucha del pequeño Tito por aprender a montar en bicicleta. Tito es un niño de unos seis años, en camiseta y con el pelo alborotado, que pedalea junto al bordillo de la acera en una pequeña bicicleta con ruedines. Pero a Tito le avergüenzan los ruedines, y después de bregar con la bicicleta un rato largo, consigue quitárselos. Todo esto sucede por detrás de otra escena; es una lucha que el protagonista ve de cuando en cuando a través de la ventana de un bar, y que el niño de alguna manera le dedica, como principal testigo de su proeza. Y así, "observa al niño lanzándose una y otra vez con su bici a tumba abierta calle abajo, resuelto y veloz a pesar de los bandazos y las trompadas, la barbilla pegada al manillar y una fijación maniática en la mirada (...) hasta caer estampado en medio de un enredo de ruedas y piernas y brazos (...) Algunos viandantes le aconsejan que lo deje, pero el chaval no atiende a nadie".
Ese niño obsesionado, ensangrentado y roto, esa épica minúscula y feroz, me recuerdan el relato de Marsé Teniente Bravo, que es uno de los mejores cuentos que he leído en mi vida. El relato sucede en 1955, en un campamento de la Legión en Ceuta, durante una sesión de gimnasia a la que han de someterse los pobres reclutas que hacen la mili allí. El instructor es el teniente Bravo, un militar meticuloso y petimetre, "un hombre pequeño y envarado, joven, bigote fino y hermoso mentón moreno, algo levantisco, hombros caídos y apariencia frágil, pero fibroso y pechugón". Este teniente, cansado de pedir oficialmente útiles de gimnasia sin resultado alguno, ha comprado un potro de segunda mano, un trasto podrido y zanquilargo, y ahora, con petulante suficiencia, está explicando a los medrosos reclutas cómo se salta ese aparato. "Está bien, yo saltaré primero", dice al fin, compadecido quizá de la aprensión de los chicos o más bien deseoso de lucirse: "Pero sólo una vez, así que fijaos bien porque no habrá repetición".
El resto es previsible, pero no por ello menos demoledor. Es más: el hecho de saber lo que va a suceder es uno de los ingredientes que aportan densidad a la tragedia. El primer salto lo falla de manera discreta: "Se elevó poco, y además no soltó a tiempo las manos del potro y la bota izquierda tropezó con la muñeca. Llevaba tan poco impulso que casi no fue una caída; se abrazó al potro y se dejó resbalar suavemente del otro lado". Pero ya está perdido. Bravo lo intenta una y otra vez, y en cada ocasión lo hace peor, se hace más daño, se rompe más la crisma y la dignidad. Saltar el potro se convierte en una gesta colosal, en la ordalía que va a decidir el resto de su vida, en un drama ridículo pero espantoso, de manera que, al leer el cuento, no sabes si reír o estremecerte ante ese elocuente ejemplo de la insensatez esencial del ser humano y de lo grotesco de nuestras ambiciones. Y así, el pobre teniente, "asomado a su abismo particular", recorre su vía crucis hasta el final, mientras el sargento intenta inútilmente buscar excusas para librarlo de sí mismo y los reclutas se van quedando mudos del espanto. Y por fin, en su enésimo salto, desarbolado, con la bragueta del pantalón torcida sobre la cadera, corre "el último trecho como si cumpliera una penitencia" y se estampa definitivamente, hasta el punto de que tienen que llevárselo en brazos, derrotado y sangrando. Un relato monumental. Gracias, Marsé.
Caligrafía de los sueños. Juan Marsé. Lumen. Barcelona, 2011. 384 páginas. 22,90 euros. Teniente Bravo. Juan Marsé. DeBolsillo. Barcelona, 2004. 159 páginas. 8,95 euros.
Sangrienta farsa siria
EDITORIAL
02/04/2011
. .El presidente sirio, mofándose de sus propias promesas, ha optado por la más cruda represión contra quienes rechazan su dictadura. Las fuerzas de Bachar el Asad mataron ayer en Damasco al menos a tres personas, como antes lo han hecho en la ciudad costera de Latakia y en la sureña Deraa. Van más de un centenar de muertos en Siria en las últimas dos semanas, y el joven déspota ha recurrido ante su domesticado Parlamento al risible recurso de la conspiración internacional para explicar los acontecimientos sirios.
Asad, 12 años al frente de la férrea tiranía heredada de su padre, carece de credibilidad e intenta ganar tiempo. Sus propagandistas han vendido en los últimos días importantes reformas liberalizadoras, finalmente vacías. En su esperado discurso, el líder sirio no ha anunciado el final del estado de excepción, que permite desde hace medio siglo el silenciamiento de cualquier oposición y todo tipo de vilezas a sus fuerzas de seguridad; ni la legalización de partidos; ni libertad de prensa. Todo lo prometido por el desafiante dictador es un comité que indague las matanzas de manifestantes y otro que estudie la sustitución de la ley de emergencia por otra antiterrorista y de seguridad nacional. O sea, rebautizar el estado de excepción.
En la creciente revuelta siria se mezclan los mismos ingredientes y aspiraciones que en Túnez o Egipto. Siria es un Estado policíaco de partido único, el Baaz, corrompido desde la cúspide y controlado, también económicamente, por la familia presidencial y su círculo íntimo. Damasco se beneficia del capital político que le otorga su condición de aliado regional de Irán y factor determinante en Líbano y Gaza, por su apoyo a Hezbolá y Hamás. Ni siquiera EE UU o Israel, que ven en Asad un enemigo predecible, quieren un vuelco que llevaría más incertidumbre a una encrucijada crítica. Pero el régimen sirio, como otros vecinos, está siendo juzgado por su ejecutoria interior. Y su iniquidad es patente.
02/04/2011
. .El presidente sirio, mofándose de sus propias promesas, ha optado por la más cruda represión contra quienes rechazan su dictadura. Las fuerzas de Bachar el Asad mataron ayer en Damasco al menos a tres personas, como antes lo han hecho en la ciudad costera de Latakia y en la sureña Deraa. Van más de un centenar de muertos en Siria en las últimas dos semanas, y el joven déspota ha recurrido ante su domesticado Parlamento al risible recurso de la conspiración internacional para explicar los acontecimientos sirios.
Asad, 12 años al frente de la férrea tiranía heredada de su padre, carece de credibilidad e intenta ganar tiempo. Sus propagandistas han vendido en los últimos días importantes reformas liberalizadoras, finalmente vacías. En su esperado discurso, el líder sirio no ha anunciado el final del estado de excepción, que permite desde hace medio siglo el silenciamiento de cualquier oposición y todo tipo de vilezas a sus fuerzas de seguridad; ni la legalización de partidos; ni libertad de prensa. Todo lo prometido por el desafiante dictador es un comité que indague las matanzas de manifestantes y otro que estudie la sustitución de la ley de emergencia por otra antiterrorista y de seguridad nacional. O sea, rebautizar el estado de excepción.
En la creciente revuelta siria se mezclan los mismos ingredientes y aspiraciones que en Túnez o Egipto. Siria es un Estado policíaco de partido único, el Baaz, corrompido desde la cúspide y controlado, también económicamente, por la familia presidencial y su círculo íntimo. Damasco se beneficia del capital político que le otorga su condición de aliado regional de Irán y factor determinante en Líbano y Gaza, por su apoyo a Hezbolá y Hamás. Ni siquiera EE UU o Israel, que ven en Asad un enemigo predecible, quieren un vuelco que llevaría más incertidumbre a una encrucijada crítica. Pero el régimen sirio, como otros vecinos, está siendo juzgado por su ejecutoria interior. Y su iniquidad es patente.
En la corte del lobo

LIBROS - Narrativa En la corte del lobo
Despiezar una res
JUSTO NAVARRO 02/04/2011
Vota Resultado 2 votos . .Estamos en un país peligroso, la Inglaterra de los Tudor, en una época peligrosa, los años del siempre insatisfecho Enrique VIII, y el héroe de la historia es Thomas Cromwell, plebeyo peligroso entre nobles sanguinarios. El Cromwell de Hilary Mantel es, más que un héroe, un superhéroe capaz de imponer sin contemplaciones su voluntad, que coincide con la voluntad del rey. Quiere el rey que lo libren de la reina, Catalina de Aragón, y lo casen con Ana Bolena.
Hilary MantelTraducción de José Manuel Álvarez Flórez
Destino. Barcelona, 2011
752 páginas. 22,50 euros
Libro electrónico: 15,99 euros
Justo Navarro
A FONDO
Nacimiento: 1953Lugar:GranadaLa noticia en otros webs
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El héroe de En la corte del lobo (Wolf Hall, 2009; Wolf Hall es la casa familiar de Jane Seymour, la tercera mujer del rey) posee rasgos de personaje fabuloso: sus orígenes parecen enigmáticos y ni siquiera se conoce su fecha de nacimiento, que debió ser en torno a 1485, niño maltratado, fugitivo, perdido en su adolescencia después de una paliza brutal a manos de su padre, herrero y cervecero borracho. Cromwell pasó la juventud entre Francia, Italia y los Países Bajos, soldado, jugador, capaz de acariciar serpientes y sobrevivir a su picadura, comerciante, tratante de dinero. Las habladurías londinenses le dan profundidad a su figura, la amplían y magnifican, hombre de más de un nombre, Tommaso, Tomos o Thomas. En 1527 es el abogado del lord canciller de Inglaterra, el cardenal Wolsey, hijo de carnicero. Pero el príncipe de la Iglesia está a un paso de la ruina por su impotencia para descasar al rey con Catalina, hija de los Reyes Católicos y tía del emperador Carlos.
La inglesa Hilary Mantel (1952) admira a su Cromwell, a quien imagina en el ascenso al poder supremo, ministro providencial del rey. Lo ve en presente, como si el mundo del siglo XVI se iluminara hoy en una representación cinematográfica de prodigiosa ambientación. Hilary Mantel percibe pequeños gestos, pequeñas palabras, risas y lágrimas pequeñas, el color de una cara o de un vestido, detalles mínimos que los libros de historia registran pocas veces y que la habilidad novelística convierte en memorables y monumentales. Este Cromwell es indudablemente un ser digno de estima, que se gana nuestro favor y el de Enrique VIII. Afable con animales y humanos en una época de hogueras públicas para quemar herejes, de inteligencia clarísima y sabiduría para disponer el mundo a su gusto, es bueno y duro, tan audaz como prudente. Sabe oír detrás de las puertas, sabe matar, sabe idiomas, se entiende con todos, y, día a día, ley a ley, sin darse cuenta acaba convirtiéndose en el asesino legal del Reino.
"¡Don Nadie del infierno, cachorro de puta, crisol del mal, abogado!", le llamará un noble ofendido. Es, como dice la destronada reina Catalina, "el hombre que ahora escribe todas las leyes". Hará y deshará matrimonios. Disolverá monasterios. Acabará con el poder del Papa en Inglaterra y con las rentas de la Iglesia romana. Dictaminará que el Parlamento, algo tangible y humano, puede más que los designios insondables de cualquier dios. Hilary Mantel les inventa un alma a sus imponentes figuras históricas, dramatizando la acción en una serie de escenas que deben mucho a los retratos de Hans Holbein, el pintor de cámara de Enrique VIII, de ojo imperturbable y certero. "Los señores de Holbein han dejado de ir de caza. Viven en palacios, tienen cuerpos redondeados, miembros relajados, ojos escépticos o contemplativos. Son hombres de Estado que viven en interiores; urden intrigas (...), no llevan espada; son gobernantes sedentarios". Así vio a los señores de Holbein Ford Madox Ford, autor de La quinta reina, que puede leerse como continuación de En la corte del lobo, aunque apareció más de cien años antes, y donde Thomas Cromwell se estrellaba por fin contra Catherine Howard, la quinta esposa de Enrique VIII.
El gran Cromwell de Hilary Mantel tiene la cara del cuadro de Holbein, hoy en Nueva York, en la Frick Collection, y a ese espejo se mira el héroe al final: "Parezco un asesino", dice entonces la mano derecha del rey. Está aceptando lo que una vez le oyó a un criado, a través de una puerta entornada. "¿Parezco un asesino? Hay un muchacho que dice que lo parezco", le preguntó Cromwell a un cocinero, pero al cocinero sólo le pareció "un hombre que sabe despiezar una res". La traducción de José Manuel Álvarez Flórez es excelente.
La basura y la máscara
REPORTAJE: IDA Y VUELTA
ANTONIO MUÑOZ MOLINA 02/04/2011
Vota Resultado 10 votos . .Como dice Pessoa, estoy sujeto a las pasiones visuales. Una imagen llama mi atención y ya no puedo apartar los ojos de ella: un cuadro, una fotografía, una cara entrevista en la calle, en el metro, una viñeta de una novela gráfica, un fotograma, la tipografía de un anuncio, cualquier cosa enmarcada por una ventana, quizás ventanas iluminadas al otro lado de la calle, con su contenido misterioso de siluetas humanas, de estanterías de bibliotecas. La iconoclastia me sume en una desolación sin remedio, como una ciudad americana sin aceras ni escaparates ni gente o como cualquier mundo de hombres solos. Todas las imágenes del arte me atraen, hasta las más depravadas. Durante varios días hubo en la acera de mi calle, apoyado contra una farola, un cuadro abandonado por alguien que nadie recogía y que me atrapaba la mirada cada vez que pasaba cerca de él, como esos mendigos y dementes que examinan de soslayo un cubo prometedor de basura. El cuadro era basura. Era un óleo con marco impetuoso y un fondo de bosques y montañas nevadas, con un río en el primer plano, dotado de los correspondientes churretones de espuma. En medio del río sobresalía una figura femenina en relieve, con una melena al viento como la de la Venus de Botticelli, aunque vestida con algo más de recato. Y a los lados, también en relieve, había unos faroles con orificios recortados en la zona correspondiente a los cristales. Detrás de cada orificio había una bombilla diminuta, con un cable arrancado que en mejores tiempos debió de conectar con un enchufe: en alguna casa indescriptible, hubo alguien que colgó aquel cuadro en una pared, y que se complació en encender cada noche esos farolillos que amenizaban el óleo, iluminando el bosque, los picos nevados, el río espumoso, la señorita o ninfa que brotaba de sus aguas. Cuando dejé de verlo al cabo de unos pocos días fue un alivio, aunque también una decepción. Quizás lo recogieron los basureros y ahora está sepultado para siempre en un muladar. O quizás, al amparo de la noche, lo rescató alguien que ahora lo tiene colgado en algún salón doméstico, de manera que todavía se prolonga su infamia.
Antonio Muñoz Molina
A FONDO
Nacimiento: 10-01-1956Lugar:ÚbedaLa noticia en otros webs
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El aficionado a las imágenes las ve en todas partes. Sin duda el cerebro humano está programado para ver figuras o caras en casi cualquier configuración de rasgos visuales. De niños todos hemos visto una cara pepona en la Luna llena, y reconocido perfiles humanos y animales en los contornos de las nubes, o en esas manchas de humedad en la pared o en el techo que mirábamos con tan ilimitado aburrimiento a la hora de la siesta. Brassaï iba de noche y de día por las calles de París y en los orificios casuales de un muro o en una tapa de alcantarilla iluminada oblicuamente por un farol veía los ojos y la boca abierta de un ídolo primitivo. Cuando era niño mi hijo Arturo se despertó un día contándome que había soñado con un trapo con cara y un árbol con ojos. En los nudos de la corteza de los árboles no es difícil imaginar ojos de animales que nos miran desde su interior, o de espíritus, o presencias ocultas. En Nueva York, en el Museo del Indio Americano, hay unas máscaras mapuches hechas de corteza de árbol que tienen algo de capirotes de penitentes encapuchados, la forma cónica y las dos hendiduras de los ojos recortadas en la superficie oscura y rugosa, manchada de liquen, castigada por la intemperie. En las esculturas prehistóricas de las islas Cícladas y en las de Constantin Brancusi un trozo liso y combado de mármol se convierte en una cara humana por el simple procedimiento de insinuar una nariz, el arco de unas cejas. Cada vez que miro un enchufe americano, con sus dos ranuras verticales y paralelas y debajo de ellas otra un poco más grande y casi redondeada, no me cuesta nada ver una cara diminuta de susto o asombro.
Picasso superpuso un manillar y un sillín de una bicicleta de desecho y obtuvo la cabeza de un toro mitológico. El arte es unas veces hacer y otras señalar con el dedo para que se descubra una imagen donde hasta ese momento a nadie le había parecido que la hubiera. Man Ray le añadió una fila de clavos afilados a la base de una plancha común y la convirtió en una criatura inventada y carnívora. El arte es el indicio o la evidencia de una metamorfosis, de un tránsito entre lo familiar y lo completamente inesperado. Fui el otro día al Metropolitan planeando ver una exposición en torno a los Jugadores de cartas de Cézanne con la idea de escribir sobre ella y a mitad de camino, por las salas del museo, me reclamó la atención algo que parecía una serie de extrañas máscaras africanas y ya no pude dejar de mirarlas, y se me fue el tiempo sin llegar adonde me proponía. Eran máscaras, desde luego, con rasgos abstractos, algunas con melenas ásperas, con narices prominentes, con bocas redondas exageradas por un grito o una exclamación, como las de las máscaras griegas. Pero eran también bidones de plástico de gasolina cortados por la mitad y puestos contra la pared con el mango y la boca mirando hacia el espectador. Cada mango se había convertido en una nariz. Cada boca sin su tapón de rosca era una boca humana. El plástico sucio, muy usado, quemado por el sol, manchado por el trasiego de la gasolina, daba a los rasgos una vehemencia dramática. En algunos casos, la melena estaba hecha con los hilos gruesos de una fregona; en otros, con un cepillo negro de zapatos, que parecía exactamente un pelo crespo cortado en horizontal; en alguno más, con haces de cables de aparatos desventrados. Una plancha puesta de canto es una cabeza de escultura africana. Eso que parecen ojos bulbosos de mosca o gafas de sol sobre la nariz que es el asa de un bidón son los auriculares aparatosos de un viejo equipo estereofónico.
Las obras pertenecen a un escultor de la República de Benin que se llama Romuald Hazoumé. Algunas son también de un artista de Nueva Jersey, Willie Cole, experto también en la transmutación de las basuras, en crear máscaras con yuxtaposiciones de zapatos de tacón y serpientes que alzan la cabeza como cobras y son largos tubos de gasolina coronados por el grifo del surtidor. Hazoumé ironiza sobre la visión occidental de un África exótica representada por las máscaras, pero también continúa una tradición universal muy antigua -la máscara como escondite y revelación de la identidad- y da testimonio de esos bidones de plástico que forman parte de la vida cotidiana de la gente pobre en su país, que los emplea para trasladar agua a largas distancias o negociar en gasolina. El bidón, la botella de plástico, la maraña de cables, son a la vez desechos del consumo y pruebas materiales de la obstinada duración de tantas cosas que nosotros tiramos, y que otros recogen y aprovechan. Pero sobre todo son imágenes, hermosas imágenes, tentaciones de idolatría, alimento de pasiones visuales.
Reconfiguring an African Icon: Odes to the Mask by Modern and Contemporary Artists from Three Continents. Metropolitan Museum. Nueva York Hasta el 21 de agosto. www.metmuseum.org. antoniomuñozmolina.es
ANTONIO MUÑOZ MOLINA 02/04/2011
Vota Resultado 10 votos . .Como dice Pessoa, estoy sujeto a las pasiones visuales. Una imagen llama mi atención y ya no puedo apartar los ojos de ella: un cuadro, una fotografía, una cara entrevista en la calle, en el metro, una viñeta de una novela gráfica, un fotograma, la tipografía de un anuncio, cualquier cosa enmarcada por una ventana, quizás ventanas iluminadas al otro lado de la calle, con su contenido misterioso de siluetas humanas, de estanterías de bibliotecas. La iconoclastia me sume en una desolación sin remedio, como una ciudad americana sin aceras ni escaparates ni gente o como cualquier mundo de hombres solos. Todas las imágenes del arte me atraen, hasta las más depravadas. Durante varios días hubo en la acera de mi calle, apoyado contra una farola, un cuadro abandonado por alguien que nadie recogía y que me atrapaba la mirada cada vez que pasaba cerca de él, como esos mendigos y dementes que examinan de soslayo un cubo prometedor de basura. El cuadro era basura. Era un óleo con marco impetuoso y un fondo de bosques y montañas nevadas, con un río en el primer plano, dotado de los correspondientes churretones de espuma. En medio del río sobresalía una figura femenina en relieve, con una melena al viento como la de la Venus de Botticelli, aunque vestida con algo más de recato. Y a los lados, también en relieve, había unos faroles con orificios recortados en la zona correspondiente a los cristales. Detrás de cada orificio había una bombilla diminuta, con un cable arrancado que en mejores tiempos debió de conectar con un enchufe: en alguna casa indescriptible, hubo alguien que colgó aquel cuadro en una pared, y que se complació en encender cada noche esos farolillos que amenizaban el óleo, iluminando el bosque, los picos nevados, el río espumoso, la señorita o ninfa que brotaba de sus aguas. Cuando dejé de verlo al cabo de unos pocos días fue un alivio, aunque también una decepción. Quizás lo recogieron los basureros y ahora está sepultado para siempre en un muladar. O quizás, al amparo de la noche, lo rescató alguien que ahora lo tiene colgado en algún salón doméstico, de manera que todavía se prolonga su infamia.
Antonio Muñoz Molina
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Nacimiento: 10-01-1956Lugar:ÚbedaLa noticia en otros webs
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El aficionado a las imágenes las ve en todas partes. Sin duda el cerebro humano está programado para ver figuras o caras en casi cualquier configuración de rasgos visuales. De niños todos hemos visto una cara pepona en la Luna llena, y reconocido perfiles humanos y animales en los contornos de las nubes, o en esas manchas de humedad en la pared o en el techo que mirábamos con tan ilimitado aburrimiento a la hora de la siesta. Brassaï iba de noche y de día por las calles de París y en los orificios casuales de un muro o en una tapa de alcantarilla iluminada oblicuamente por un farol veía los ojos y la boca abierta de un ídolo primitivo. Cuando era niño mi hijo Arturo se despertó un día contándome que había soñado con un trapo con cara y un árbol con ojos. En los nudos de la corteza de los árboles no es difícil imaginar ojos de animales que nos miran desde su interior, o de espíritus, o presencias ocultas. En Nueva York, en el Museo del Indio Americano, hay unas máscaras mapuches hechas de corteza de árbol que tienen algo de capirotes de penitentes encapuchados, la forma cónica y las dos hendiduras de los ojos recortadas en la superficie oscura y rugosa, manchada de liquen, castigada por la intemperie. En las esculturas prehistóricas de las islas Cícladas y en las de Constantin Brancusi un trozo liso y combado de mármol se convierte en una cara humana por el simple procedimiento de insinuar una nariz, el arco de unas cejas. Cada vez que miro un enchufe americano, con sus dos ranuras verticales y paralelas y debajo de ellas otra un poco más grande y casi redondeada, no me cuesta nada ver una cara diminuta de susto o asombro.
Picasso superpuso un manillar y un sillín de una bicicleta de desecho y obtuvo la cabeza de un toro mitológico. El arte es unas veces hacer y otras señalar con el dedo para que se descubra una imagen donde hasta ese momento a nadie le había parecido que la hubiera. Man Ray le añadió una fila de clavos afilados a la base de una plancha común y la convirtió en una criatura inventada y carnívora. El arte es el indicio o la evidencia de una metamorfosis, de un tránsito entre lo familiar y lo completamente inesperado. Fui el otro día al Metropolitan planeando ver una exposición en torno a los Jugadores de cartas de Cézanne con la idea de escribir sobre ella y a mitad de camino, por las salas del museo, me reclamó la atención algo que parecía una serie de extrañas máscaras africanas y ya no pude dejar de mirarlas, y se me fue el tiempo sin llegar adonde me proponía. Eran máscaras, desde luego, con rasgos abstractos, algunas con melenas ásperas, con narices prominentes, con bocas redondas exageradas por un grito o una exclamación, como las de las máscaras griegas. Pero eran también bidones de plástico de gasolina cortados por la mitad y puestos contra la pared con el mango y la boca mirando hacia el espectador. Cada mango se había convertido en una nariz. Cada boca sin su tapón de rosca era una boca humana. El plástico sucio, muy usado, quemado por el sol, manchado por el trasiego de la gasolina, daba a los rasgos una vehemencia dramática. En algunos casos, la melena estaba hecha con los hilos gruesos de una fregona; en otros, con un cepillo negro de zapatos, que parecía exactamente un pelo crespo cortado en horizontal; en alguno más, con haces de cables de aparatos desventrados. Una plancha puesta de canto es una cabeza de escultura africana. Eso que parecen ojos bulbosos de mosca o gafas de sol sobre la nariz que es el asa de un bidón son los auriculares aparatosos de un viejo equipo estereofónico.
Las obras pertenecen a un escultor de la República de Benin que se llama Romuald Hazoumé. Algunas son también de un artista de Nueva Jersey, Willie Cole, experto también en la transmutación de las basuras, en crear máscaras con yuxtaposiciones de zapatos de tacón y serpientes que alzan la cabeza como cobras y son largos tubos de gasolina coronados por el grifo del surtidor. Hazoumé ironiza sobre la visión occidental de un África exótica representada por las máscaras, pero también continúa una tradición universal muy antigua -la máscara como escondite y revelación de la identidad- y da testimonio de esos bidones de plástico que forman parte de la vida cotidiana de la gente pobre en su país, que los emplea para trasladar agua a largas distancias o negociar en gasolina. El bidón, la botella de plástico, la maraña de cables, son a la vez desechos del consumo y pruebas materiales de la obstinada duración de tantas cosas que nosotros tiramos, y que otros recogen y aprovechan. Pero sobre todo son imágenes, hermosas imágenes, tentaciones de idolatría, alimento de pasiones visuales.
Reconfiguring an African Icon: Odes to the Mask by Modern and Contemporary Artists from Three Continents. Metropolitan Museum. Nueva York Hasta el 21 de agosto. www.metmuseum.org. antoniomuñozmolina.es
Memoria total de Castilla del Pino
Hace unos 30 años un amigo me recomendo leer a Carlos Castilla del Pino.
Lo hice y me impresionó tanto que por lo manos devoré ocho de sus libros.
Un siquiatra andaluz, muy en la tónica comprensiva que habia trabajado segun tuve entendido con pacientes obreros.
Luego,el autor,una eminencia internacional en ese entonces dio un curso de un mes en el Colegio de médicos de Caracas ,al cual asistí.
Sigo considerándolo interesnte..
REPORTAJE
La fundación del psiquiatra y autor edita sus obras completas en 14 volúmenes
MANUEL J. ALBERT - Córdoba - 02/04/2011
.Por uno de esos incomprensibles azares del mundo editorial resultaba casi imposible encontrar Introducción a la psiquiatría, una de las obras fundamentales del psiquiatra, memorialista impagable, intelectual de las emociones y escritor Carlos Castilla del Pino (San Roque, Cádiz, 1922; Córdoba, 2009). Su recuperación es uno de esos actos de justicia poética que en ocasiones solo depara la muerte. La fundación que lleva el nombre del investigador y académico emprende la hercúlea labor de reeditar sus obras completas. En suma, 14 volúmenes de psiquiatría y humanismo, que arrancan con los dos tomos que conformaban aquel manual introductorio (publicado en 1978 y 1979) con el que Castilla del Pino dio un paso de gigante en el desarrollo de su propia teoría sobre el sujeto (self, en inglés), basada en el lenguaje.
El organismo que gestiona el legado planea traducirlo al inglés
Aquella imprescindible labor le valió el apelativo del psiquiatra rojo por su feroz antifranquismo desempeñado durante los 38 años en los que día tras día atendió en el Dispensario de Psiquiatría e Higiene Mental de Córdoba a centenares de despojos sociales. La parte científica protagoniza los 10 primeros volúmenes de las obras completas.
Los cuatro últimos se centran en su obra literaria. Entre los primeros destacan ejemplos como Un estudio sobre la depresión, "que fue producto de su trabajo con el psicoanálisis o la psicología marxista", señala el psiquiatra José María Valls, uno de los discípulos de Castilla del Pino y secretario del patronato de la fundación; su Introducción a la hermenéutica del lenguaje, "donde comienza a sustituir el marxismo por el análisis del lenguaje y la filosofía analítica", o Teoría de la alucinación, El delirio: un error necesario y, sobre todo, Teoría de los sentimientos. En estos, añade Valls, "usa el modelo sociológico para definir las relaciones entre el espacio público, el privado y el íntimo, siempre a través del lenguaje y la conducta".
El empeño volverá a poner la atención más adelante en su labor memorialística, tan descarnada como humana en Pretérito imperfecto y Casa del olivo. También en sus dos novelas (El discurso de Onofre y Una alacena tapiada) o en la multitud de artículos y ensayos que escribió en prensa sobre arte y literatura. "Son estos escritos los que ofrecen la visión del intelectual de izquierdas comprometido, con una mirada optimista sobre la capacidad de la gente para cambiar las cosas a mejor", apunta Celia Fernández, viuda y presidenta del patronato.
La reedición, en la que colabora la Universidad de Córdoba y la Dirección General del Libro de la Junta de Andalucía, llega, aseguran los implicados, en un momento clave. Y no solo porque nos encontremos al filo del segundo aniversario de la muerte del psiquiatra. Los avances en neurobiología para explicar la memoria, los sentimientos, las emociones o la identidad han hecho que los investigadores vuelvan la vista a teorías psiquiátricas que, al igual que las del propio Castilla, hacía tiempo que habían sido dejadas de lado por su complejidad y sustituidas por visiones más reduccionistas y manejables que clasificaban las características y patologías de la mente humana.
En el horizonte se dibujan fronteras más lejanas. La misión que se plantea en un futuro el organismo que gestiona el legado de Castilla del Pino es traducir las obras al inglés, para que la comunidad científica internacional pueda acceder a ellas. Todo parece poco para dar a conocer la obra del psiquiatra y escritor, que estuvo trabajando hasta el final. Valls recuerda que pocos días antes de su fallecimiento insistía en acercar la fundación a los nuevos caminos de la neurociencia. Pero en su afán por cumplir con su trabajo de manera seria, Castilla del Pino no dejó ninguna obra inacabada. "Conductas y actitudes la terminó justo antes de morir para que lo publicase Tusquets", apunta Celia Fernández. Recopilar el grueso de su labor, prosigue, "no ha sido un trabajo complicado porque Carlos era una persona muy ordenada y guardaba un completo archivo que nos ha facilitado mucho la tarea".
Títulos esenciales
- Introducción a la psiquiatría.
- Un estudio sobre la depresión: fundamentos de antropología dialéctica.
- La incomunicación.
- Cuatro ensayos sobre la mujer.
- Psicoanálisis y marxismo.
- La alienación de la mujer.
- Vieja y nueva psiquiatría.
- Introducción al masoquismo.
- Sexualidad y represión.
- El humanismo imposible. Estructura social y frustración.
- Naturaleza del saber.
- Teoría de los sentimientos. - El odio.
- Pretérito imperfecto.
- Casa del Olivo.
Lo hice y me impresionó tanto que por lo manos devoré ocho de sus libros.
Un siquiatra andaluz, muy en la tónica comprensiva que habia trabajado segun tuve entendido con pacientes obreros.
Luego,el autor,una eminencia internacional en ese entonces dio un curso de un mes en el Colegio de médicos de Caracas ,al cual asistí.
Sigo considerándolo interesnte..
REPORTAJE
La fundación del psiquiatra y autor edita sus obras completas en 14 volúmenes
MANUEL J. ALBERT - Córdoba - 02/04/2011
.Por uno de esos incomprensibles azares del mundo editorial resultaba casi imposible encontrar Introducción a la psiquiatría, una de las obras fundamentales del psiquiatra, memorialista impagable, intelectual de las emociones y escritor Carlos Castilla del Pino (San Roque, Cádiz, 1922; Córdoba, 2009). Su recuperación es uno de esos actos de justicia poética que en ocasiones solo depara la muerte. La fundación que lleva el nombre del investigador y académico emprende la hercúlea labor de reeditar sus obras completas. En suma, 14 volúmenes de psiquiatría y humanismo, que arrancan con los dos tomos que conformaban aquel manual introductorio (publicado en 1978 y 1979) con el que Castilla del Pino dio un paso de gigante en el desarrollo de su propia teoría sobre el sujeto (self, en inglés), basada en el lenguaje.
El organismo que gestiona el legado planea traducirlo al inglés
Aquella imprescindible labor le valió el apelativo del psiquiatra rojo por su feroz antifranquismo desempeñado durante los 38 años en los que día tras día atendió en el Dispensario de Psiquiatría e Higiene Mental de Córdoba a centenares de despojos sociales. La parte científica protagoniza los 10 primeros volúmenes de las obras completas.
Los cuatro últimos se centran en su obra literaria. Entre los primeros destacan ejemplos como Un estudio sobre la depresión, "que fue producto de su trabajo con el psicoanálisis o la psicología marxista", señala el psiquiatra José María Valls, uno de los discípulos de Castilla del Pino y secretario del patronato de la fundación; su Introducción a la hermenéutica del lenguaje, "donde comienza a sustituir el marxismo por el análisis del lenguaje y la filosofía analítica", o Teoría de la alucinación, El delirio: un error necesario y, sobre todo, Teoría de los sentimientos. En estos, añade Valls, "usa el modelo sociológico para definir las relaciones entre el espacio público, el privado y el íntimo, siempre a través del lenguaje y la conducta".
El empeño volverá a poner la atención más adelante en su labor memorialística, tan descarnada como humana en Pretérito imperfecto y Casa del olivo. También en sus dos novelas (El discurso de Onofre y Una alacena tapiada) o en la multitud de artículos y ensayos que escribió en prensa sobre arte y literatura. "Son estos escritos los que ofrecen la visión del intelectual de izquierdas comprometido, con una mirada optimista sobre la capacidad de la gente para cambiar las cosas a mejor", apunta Celia Fernández, viuda y presidenta del patronato.
La reedición, en la que colabora la Universidad de Córdoba y la Dirección General del Libro de la Junta de Andalucía, llega, aseguran los implicados, en un momento clave. Y no solo porque nos encontremos al filo del segundo aniversario de la muerte del psiquiatra. Los avances en neurobiología para explicar la memoria, los sentimientos, las emociones o la identidad han hecho que los investigadores vuelvan la vista a teorías psiquiátricas que, al igual que las del propio Castilla, hacía tiempo que habían sido dejadas de lado por su complejidad y sustituidas por visiones más reduccionistas y manejables que clasificaban las características y patologías de la mente humana.
En el horizonte se dibujan fronteras más lejanas. La misión que se plantea en un futuro el organismo que gestiona el legado de Castilla del Pino es traducir las obras al inglés, para que la comunidad científica internacional pueda acceder a ellas. Todo parece poco para dar a conocer la obra del psiquiatra y escritor, que estuvo trabajando hasta el final. Valls recuerda que pocos días antes de su fallecimiento insistía en acercar la fundación a los nuevos caminos de la neurociencia. Pero en su afán por cumplir con su trabajo de manera seria, Castilla del Pino no dejó ninguna obra inacabada. "Conductas y actitudes la terminó justo antes de morir para que lo publicase Tusquets", apunta Celia Fernández. Recopilar el grueso de su labor, prosigue, "no ha sido un trabajo complicado porque Carlos era una persona muy ordenada y guardaba un completo archivo que nos ha facilitado mucho la tarea".
Títulos esenciales
- Introducción a la psiquiatría.
- Un estudio sobre la depresión: fundamentos de antropología dialéctica.
- La incomunicación.
- Cuatro ensayos sobre la mujer.
- Psicoanálisis y marxismo.
- La alienación de la mujer.
- Vieja y nueva psiquiatría.
- Introducción al masoquismo.
- Sexualidad y represión.
- El humanismo imposible. Estructura social y frustración.
- Naturaleza del saber.
- Teoría de los sentimientos. - El odio.
- Pretérito imperfecto.
- Casa del Olivo.
"La fe en el mercado elimina el debate sobre ética y justicia"
ENTREVISTA: MICHAEL J. SANDEL Filósofo
J. A. ROJO - Madrid - 02/04/2011
. .Ya sean la tortura, la eutanasia, el aborto, los negocios sucios, el patriotismo o las altas finanzas, Michael J. Sandel (Minneapolis, 1963) desentraña cada asunto en Justicia (Debate) analizándolo desde distintas perspectivas y mostrando su complejidad. El ensayo ha vendido ya un millón de ejemplares, pero Sandel se ha hecho célebre también por el éxito de la adaptación a televisión de sus lecciones en Harvard, donde ocupa una cátedra de Ciencias Políticas. Justicia utiliza la filosofía para acercarse de la mano de Aristóteles, Kant, Jeremy Bentham, John Stuart Mill y John Rawls a las cuestiones de nuestro tiempo.
Pregunta. ¿Por qué ocuparse de la justicia ahora, y hacerlo con una mirada global?
Respuesta. En los últimos años se impuso la idea de que era suficiente con que la economía funcionara. Y ha sido un error: no se pueden eliminar los argumentos políticos, y no se puede pensar que el mercado establece por sí mismo la justicia y la equidad. La fe en el mercado ha eliminado cualquier debate público sobre ética y justicia.
P. Y ha generado mayores desigualdades. Gracias a los bonus millonarios que reciben los ejecutivos financieros, por ejemplo.
R. Conviene preguntarse por qué los contribuyentes tienen que contribuir al enriquecimiento de aquellos que propiciaron la crisis por sus conductas imprudentes. Pero no solo conviene fijarse en lo que pasa ahora: hay que analizar lo que sucedió en los tiempos de bonanza. Habría que ver si los altos sueldos que se fijaron entonces banqueros y agentes financieros respondían a su talento y a su dedicación o si, más bien, obedecían a causas externas.
P. Con el argumento de defender la libertad muchas veces se han tolerado ignominias, como las dictaduras de los países árabes.
R. Los manifestantes de la plaza de Tahrir, por referirme a un caso concreto, no solo han conseguido que Mubarak abandonara el poder sino que han obligado a Occidente a enfrentarse al conflicto que existe entre sus políticas reales y sus grandes ideales. A veces conviene pasar un poco de vergüenza para hacer autocrítica.
P. Es difícil manejarse en el presente, pero nuestras sociedades también reclaman que se haga justicia con casos que ocurrieron en el pasado.
R. En las sociedades que han estado divididas o han sufrido guerras civiles y atrocidades se produce siempre una tensión entre la justicia que debe hacerse y la reconciliación que se necesita para seguir avanzando. Pero no es posible reparar el tejido social que se ha roto sin tener en cuenta la memoria histórica. La responsabilidad moral no es solo individual, tiene una proyección histórica y colectiva, así que debe transmitirse de generación en generación. Frente al pasado, la responsabilidad moral es la de superar divisiones y odios heredados para convivir en el presente. También ante el futuro, en retos como el del cambio climático, existe esa responsabilidad moral. Es justo que procuremos dejarles a los hijos de nuestros hijos un mundo que sea habitable.
J. A. ROJO - Madrid - 02/04/2011
. .Ya sean la tortura, la eutanasia, el aborto, los negocios sucios, el patriotismo o las altas finanzas, Michael J. Sandel (Minneapolis, 1963) desentraña cada asunto en Justicia (Debate) analizándolo desde distintas perspectivas y mostrando su complejidad. El ensayo ha vendido ya un millón de ejemplares, pero Sandel se ha hecho célebre también por el éxito de la adaptación a televisión de sus lecciones en Harvard, donde ocupa una cátedra de Ciencias Políticas. Justicia utiliza la filosofía para acercarse de la mano de Aristóteles, Kant, Jeremy Bentham, John Stuart Mill y John Rawls a las cuestiones de nuestro tiempo.
Pregunta. ¿Por qué ocuparse de la justicia ahora, y hacerlo con una mirada global?
Respuesta. En los últimos años se impuso la idea de que era suficiente con que la economía funcionara. Y ha sido un error: no se pueden eliminar los argumentos políticos, y no se puede pensar que el mercado establece por sí mismo la justicia y la equidad. La fe en el mercado ha eliminado cualquier debate público sobre ética y justicia.
P. Y ha generado mayores desigualdades. Gracias a los bonus millonarios que reciben los ejecutivos financieros, por ejemplo.
R. Conviene preguntarse por qué los contribuyentes tienen que contribuir al enriquecimiento de aquellos que propiciaron la crisis por sus conductas imprudentes. Pero no solo conviene fijarse en lo que pasa ahora: hay que analizar lo que sucedió en los tiempos de bonanza. Habría que ver si los altos sueldos que se fijaron entonces banqueros y agentes financieros respondían a su talento y a su dedicación o si, más bien, obedecían a causas externas.
P. Con el argumento de defender la libertad muchas veces se han tolerado ignominias, como las dictaduras de los países árabes.
R. Los manifestantes de la plaza de Tahrir, por referirme a un caso concreto, no solo han conseguido que Mubarak abandonara el poder sino que han obligado a Occidente a enfrentarse al conflicto que existe entre sus políticas reales y sus grandes ideales. A veces conviene pasar un poco de vergüenza para hacer autocrítica.
P. Es difícil manejarse en el presente, pero nuestras sociedades también reclaman que se haga justicia con casos que ocurrieron en el pasado.
R. En las sociedades que han estado divididas o han sufrido guerras civiles y atrocidades se produce siempre una tensión entre la justicia que debe hacerse y la reconciliación que se necesita para seguir avanzando. Pero no es posible reparar el tejido social que se ha roto sin tener en cuenta la memoria histórica. La responsabilidad moral no es solo individual, tiene una proyección histórica y colectiva, así que debe transmitirse de generación en generación. Frente al pasado, la responsabilidad moral es la de superar divisiones y odios heredados para convivir en el presente. También ante el futuro, en retos como el del cambio climático, existe esa responsabilidad moral. Es justo que procuremos dejarles a los hijos de nuestros hijos un mundo que sea habitable.
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ | Farsantes exquisitos
Tendrán que desbaratar las urdimbres terroristas y delictivas sin vacilaciones
EL UNIVERSAL
sábado 2 de abril de 2011 12:00 AM
Hay muchas razones para preocuparse por los alemanes actuales. Los dos hiper best-sellers que llegaron a extremos monstruo de ventas en los últimos diez años, son dos panfletos para chimpancés, redactados (o malparidos) a base de simplismos y fraudes: Estúpidos hombres blancos de Michael Moore y Alemania se descompone de Thilo Aragón. La preocupación se acrecienta porque el primero también fue éxito en EEUU y Europa, mientras el segundo es una especie de aggiornamiento técnico y político de Mein Kamp, correcto en el lenguaje, pero de orientación torcida. Que un retoño intelectual protonazi y una monserga izquierdista barata se disputen con tal fuerza el favoritismo del público, espejea los preciosos años treinta cuando un millón de civiles armados (nacionalsocialistas, comunistas y "cascos de acero) eran dueños de las calles de Berlín.
A Moore le desmontaron una a una sus mendacidades. Dos periodistas norteamericanos, David T. Hardy y Jason Clarke, escribieron otro best-seller. Se llama Michael Moore es un blanco gordo, grande y estúpido (ver entrevista en link Frontpage Magazine). Y hasta la narración de algo tan intrascendente como un encuentro del cineasta en un hotel de Venecia con el Presidente de Venezuela, hierve en turbideces y embustes, ya que si dependiera de ambos, la más mínima certeza sería por siempre inaccesible al entendimiento humano.
Dice Moore con cara de ajilei que la política económica de Clinton fue "brutal" y "dejó diez millones de desempleados sin protección", que "cinco sextos del presupuesto norteamericano de defensa se dedicaron exclusivamente" a diseñar un avión de guerra y que la crisis financiera fue producto de "una decisión tomada por los ricos para perjudicar a las clases trabajadoras". La descripción que hace de la culpabilidad de la sociedad norteamericana en las desgracias del planeta justifica cualquier cosa que se haga contra semejante Babilonia y no tendrían ningún inconveniente en suscribirla Bin Laden, Saddam Hussein, Abimael Guzmán, Pol Pot o Fidel Castro. Las trapisondas que denuncia sobre el financiamiento de la campaña de Bush han sido incontablemente desmentidas, e incluso falsifica datos de New York Times -nada afecto a Bush- a ver si cuadra el rompecabezas. Podría ser presidente del club de farsantes exquisitos: Spacey, Penn, Bardem, Cruz, Stone, Glover, Sarandon, Robbins, que demuestran cómo se puede ser perfectamente inmoral a la luz del día sin perder el glamour.
Hay una cuestión que atormenta a Europa e hizo que la escritora judía Bat Ye'or bautizara Eurabia al continente. Según los estudios demográficos, será Holanda el primer país que contará con una mayoría de la población descendiente de árabes y fue ahí donde se produjo el terrible asesinato del cineasta Theo Van Gog por un fanático musulmán hace pocos años. Lo que puede desencadenar terribles consecuencias, ¡ojalá no!, es que según el folleto de Sarrazin los problemas con los inmigrantes árabes (concretamente turcos) no son políticos o culturales sino biológicos, raciales, palabra anatematizada desde hace tiempo. Dice "que judíos y vascos tienen un gen diferente", toda una plataforma filosófica para los movimientos neonazis y para cualquier degenerado en busca del Grial. Como "los inmigrantes son de escasa inteligencia", "hacen descender" (embrutecen) el IQ de la población. El racismo tradicional sostiene que "los turcos quitan empleo a los alemanes", pero Sarrazin, al contrario, que al dedicarse al pequeño comercio "poco productivo", son un fardo para la economía. Sorprende que el autor, por muchos años economista de Bundesbank, no sepa que esas actividades son social y económicamente necesarias -si no, no existirían- y que los europeos se niegan a realizarlas por la modestia del salario y del estatus. Aludir diferencias genéticas, establece -¡otra vez!- la existencia de hombres superiores e inferiores, un retroceso de más de cien años en la civilización.
La agresiva presencia islámica crea complicaciones sociales y políticas mayores que deberán enfrentar, como la ghettización, la criminalidad y el terrorismo. Esa es una difícil discrepancia que hasta ahora los gobiernos europeos han evitado en lo posible, pero que cada día se hace más necesaria. Tendrán que desbaratar las urdimbres terroristas y delictivas sin vacilaciones. Pero ningún político civilizado sería tan irresponsable como para decir que los problemas nacen de convivir con hombres "inferiores". Después vendrán judíos, negros, latinos y asiáticos.
@carlosraulher
EL UNIVERSAL
sábado 2 de abril de 2011 12:00 AM
Hay muchas razones para preocuparse por los alemanes actuales. Los dos hiper best-sellers que llegaron a extremos monstruo de ventas en los últimos diez años, son dos panfletos para chimpancés, redactados (o malparidos) a base de simplismos y fraudes: Estúpidos hombres blancos de Michael Moore y Alemania se descompone de Thilo Aragón. La preocupación se acrecienta porque el primero también fue éxito en EEUU y Europa, mientras el segundo es una especie de aggiornamiento técnico y político de Mein Kamp, correcto en el lenguaje, pero de orientación torcida. Que un retoño intelectual protonazi y una monserga izquierdista barata se disputen con tal fuerza el favoritismo del público, espejea los preciosos años treinta cuando un millón de civiles armados (nacionalsocialistas, comunistas y "cascos de acero) eran dueños de las calles de Berlín.
A Moore le desmontaron una a una sus mendacidades. Dos periodistas norteamericanos, David T. Hardy y Jason Clarke, escribieron otro best-seller. Se llama Michael Moore es un blanco gordo, grande y estúpido (ver entrevista en link Frontpage Magazine). Y hasta la narración de algo tan intrascendente como un encuentro del cineasta en un hotel de Venecia con el Presidente de Venezuela, hierve en turbideces y embustes, ya que si dependiera de ambos, la más mínima certeza sería por siempre inaccesible al entendimiento humano.
Dice Moore con cara de ajilei que la política económica de Clinton fue "brutal" y "dejó diez millones de desempleados sin protección", que "cinco sextos del presupuesto norteamericano de defensa se dedicaron exclusivamente" a diseñar un avión de guerra y que la crisis financiera fue producto de "una decisión tomada por los ricos para perjudicar a las clases trabajadoras". La descripción que hace de la culpabilidad de la sociedad norteamericana en las desgracias del planeta justifica cualquier cosa que se haga contra semejante Babilonia y no tendrían ningún inconveniente en suscribirla Bin Laden, Saddam Hussein, Abimael Guzmán, Pol Pot o Fidel Castro. Las trapisondas que denuncia sobre el financiamiento de la campaña de Bush han sido incontablemente desmentidas, e incluso falsifica datos de New York Times -nada afecto a Bush- a ver si cuadra el rompecabezas. Podría ser presidente del club de farsantes exquisitos: Spacey, Penn, Bardem, Cruz, Stone, Glover, Sarandon, Robbins, que demuestran cómo se puede ser perfectamente inmoral a la luz del día sin perder el glamour.
Hay una cuestión que atormenta a Europa e hizo que la escritora judía Bat Ye'or bautizara Eurabia al continente. Según los estudios demográficos, será Holanda el primer país que contará con una mayoría de la población descendiente de árabes y fue ahí donde se produjo el terrible asesinato del cineasta Theo Van Gog por un fanático musulmán hace pocos años. Lo que puede desencadenar terribles consecuencias, ¡ojalá no!, es que según el folleto de Sarrazin los problemas con los inmigrantes árabes (concretamente turcos) no son políticos o culturales sino biológicos, raciales, palabra anatematizada desde hace tiempo. Dice "que judíos y vascos tienen un gen diferente", toda una plataforma filosófica para los movimientos neonazis y para cualquier degenerado en busca del Grial. Como "los inmigrantes son de escasa inteligencia", "hacen descender" (embrutecen) el IQ de la población. El racismo tradicional sostiene que "los turcos quitan empleo a los alemanes", pero Sarrazin, al contrario, que al dedicarse al pequeño comercio "poco productivo", son un fardo para la economía. Sorprende que el autor, por muchos años economista de Bundesbank, no sepa que esas actividades son social y económicamente necesarias -si no, no existirían- y que los europeos se niegan a realizarlas por la modestia del salario y del estatus. Aludir diferencias genéticas, establece -¡otra vez!- la existencia de hombres superiores e inferiores, un retroceso de más de cien años en la civilización.
La agresiva presencia islámica crea complicaciones sociales y políticas mayores que deberán enfrentar, como la ghettización, la criminalidad y el terrorismo. Esa es una difícil discrepancia que hasta ahora los gobiernos europeos han evitado en lo posible, pero que cada día se hace más necesaria. Tendrán que desbaratar las urdimbres terroristas y delictivas sin vacilaciones. Pero ningún político civilizado sería tan irresponsable como para decir que los problemas nacen de convivir con hombres "inferiores". Después vendrán judíos, negros, latinos y asiáticos.
@carlosraulher
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