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sábado, 2 de abril de 2011

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ | Farsantes exquisitos

Tendrán que desbaratar las urdimbres terroristas y delictivas sin vacilaciones

EL UNIVERSAL
sábado 2 de abril de 2011 12:00 AM
Hay muchas razones para preocuparse por los alemanes actuales. Los dos hiper best-sellers que llegaron a extremos monstruo de ventas en los últimos diez años, son dos panfletos para chimpancés, redactados (o malparidos) a base de simplismos y fraudes: Estúpidos hombres blancos de Michael Moore y Alemania se descompone de Thilo Aragón. La preocupación se acrecienta porque el primero también fue éxito en EEUU y Europa, mientras el segundo es una especie de aggiornamiento técnico y político de Mein Kamp, correcto en el lenguaje, pero de orientación torcida. Que un retoño intelectual protonazi y una monserga izquierdista barata se disputen con tal fuerza el favoritismo del público, espejea los preciosos años treinta cuando un millón de civiles armados (nacionalsocialistas, comunistas y "cascos de acero) eran dueños de las calles de Berlín.

A Moore le desmontaron una a una sus mendacidades. Dos periodistas norteamericanos, David T. Hardy y Jason Clarke, escribieron otro best-seller. Se llama Michael Moore es un blanco gordo, grande y estúpido (ver entrevista en link Frontpage Magazine). Y hasta la narración de algo tan intrascendente como un encuentro del cineasta en un hotel de Venecia con el Presidente de Venezuela, hierve en turbideces y embustes, ya que si dependiera de ambos, la más mínima certeza sería por siempre inaccesible al entendimiento humano.

Dice Moore con cara de ajilei que la política económica de Clinton fue "brutal" y "dejó diez millones de desempleados sin protección", que "cinco sextos del presupuesto norteamericano de defensa se dedicaron exclusivamente" a diseñar un avión de guerra y que la crisis financiera fue producto de "una decisión tomada por los ricos para perjudicar a las clases trabajadoras". La descripción que hace de la culpabilidad de la sociedad norteamericana en las desgracias del planeta justifica cualquier cosa que se haga contra semejante Babilonia y no tendrían ningún inconveniente en suscribirla Bin Laden, Saddam Hussein, Abimael Guzmán, Pol Pot o Fidel Castro. Las trapisondas que denuncia sobre el financiamiento de la campaña de Bush han sido incontablemente desmentidas, e incluso falsifica datos de New York Times -nada afecto a Bush- a ver si cuadra el rompecabezas. Podría ser presidente del club de farsantes exquisitos: Spacey, Penn, Bardem, Cruz, Stone, Glover, Sarandon, Robbins, que demuestran cómo se puede ser perfectamente inmoral a la luz del día sin perder el glamour.

Hay una cuestión que atormenta a Europa e hizo que la escritora judía Bat Ye'or bautizara Eurabia al continente. Según los estudios demográficos, será Holanda el primer país que contará con una mayoría de la población descendiente de árabes y fue ahí donde se produjo el terrible asesinato del cineasta Theo Van Gog por un fanático musulmán hace pocos años. Lo que puede desencadenar terribles consecuencias, ¡ojalá no!, es que según el folleto de Sarrazin los problemas con los inmigrantes árabes (concretamente turcos) no son políticos o culturales sino biológicos, raciales, palabra anatematizada desde hace tiempo. Dice "que judíos y vascos tienen un gen diferente", toda una plataforma filosófica para los movimientos neonazis y para cualquier degenerado en busca del Grial. Como "los inmigrantes son de escasa inteligencia", "hacen descender" (embrutecen) el IQ de la población. El racismo tradicional sostiene que "los turcos quitan empleo a los alemanes", pero Sarrazin, al contrario, que al dedicarse al pequeño comercio "poco productivo", son un fardo para la economía. Sorprende que el autor, por muchos años economista de Bundesbank, no sepa que esas actividades son social y económicamente necesarias -si no, no existirían- y que los europeos se niegan a realizarlas por la modestia del salario y del estatus. Aludir diferencias genéticas, establece -¡otra vez!- la existencia de hombres superiores e inferiores, un retroceso de más de cien años en la civilización.

La agresiva presencia islámica crea complicaciones sociales y políticas mayores que deberán enfrentar, como la ghettización, la criminalidad y el terrorismo. Esa es una difícil discrepancia que hasta ahora los gobiernos europeos han evitado en lo posible, pero que cada día se hace más necesaria. Tendrán que desbaratar las urdimbres terroristas y delictivas sin vacilaciones. Pero ningún político civilizado sería tan irresponsable como para decir que los problemas nacen de convivir con hombres "inferiores". Después vendrán judíos, negros, latinos y asiáticos.

@carlosraulher
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