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sábado, 29 de enero de 2011

La pradera árabe

Manuel Felipe Sierra

Algunos analistas establecen paralelo entre el desmontaje del modelo soviético a finales de los ochenta y lo que comienza a llamarse "las nuevas revoluciones árabes"

La caída de Ben Alí en Túnez ha desatado el "efecto dominó" en el Magreb. El gobernante, ahora buscado por Interpol en 188 países, gobernó durante 23 años. En Egipto miles de personas desafían el gobierno de Mubarak, con 30 años de reelecciones, mientras se registran síntomas de rebeldía en Yemen, en manos de Alí Abdullah Saleh desde hace 21 años. En Argelia, Abdelaziz Bouteflika, con 12 años, y Muammar al-Gaddafi, en Libia, con un mandato de 42 años, también tienen razones para preocuparse.

Con orígenes distintos, todos ellos se vinculan en el propósito común de perpetuarse indefinidamente en el poder, el cual la mayoría ha maquillado con barnices democráticos como la celebración periódica de elecciones, garantía para los partidos políticos y una relativa libertad de expresión. En Argelia y Libia el músculo petrolero ha sido un factor de negociación con el mundo occidental; y casi todos ellos operan como muros de contención de las tendencias más radicales del islamismo. Por esta vía han ganado la complicidad de las naciones europeas y la permisividad de los organismos internacionales.

Si bien en ellos (quizás con la excepción de Libia), actúan movimientos de resistencia, estos han carecido de fuerza para articular estrategias eficaces. Sin embargo, pareciera que ahora conocen el agotamiento inevitable del totalitarismo cuando éste envejece, pierde sustancia ética y política y se sostiene sólo por las armas y el miedo social. A partir de allí su supervivencia queda a merced de factores provenientes de su propio seno (como ha ocurrido en Túnez), o de fuerzas inasibles y hasta misteriosas que suelen cambiar la historia.

Algunos analistas establecen paralelo entre el desmontaje del modelo soviético a finales de los ochenta y lo que comienza a llamarse "las nuevas revoluciones árabes".

Con razón se recuerdan 2 episodios simbólicos. En 1987 cuando Gorbachov imponía la perestroika y la glasnot a la vieja "nomenklatura" comunista, un joven alemán de 19 años de edad, Mathias Rust, aterrizó una avioneta en la Plaza Roja, y dejó en ridículo la seguridad aérea soviética. Hace un mes Mohamed Bouazizi, un joven vendedor de verduras se inmoló en una plaza tunecina en protesta contra el Gobierno. Habría sido la chispa que logró el derrocamiento de Ben Alí y que ahora incendia la pradera en las naciones del norte africano.
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