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miércoles, 18 de mayo de 2016

Espana: Las dos batallas del PSOE


Las dos batallas del PSOE

Los partidos se encuentran atrapados en un escenario muy complicado. Puede que sigamos tentados de acusar a los líderes de incompetentes y cortos de miras pero, antes de hacerlo, haríamos bien en reconocer que no existen soluciones claras






Resulta tentador atribuir toda la responsabilidad del fracaso de las negociaciones para formar Gobierno a la incompetencia y la poca talla política de nuestros líderes. El actual clima de desafección política convierte a los partidos y a sus dirigentes en un blanco fácil del enojo ciudadano. Sin embargo, cualquier análisis desapasionado debería reconocer que nuestros políticos se encuentran ante un escenario excepcionalmente complejo. Durante las negociaciones para la investidura no sólo ha estado en juego el próximo inquilino de La Moncloa, como ha sido habitual en anteriores legislaturas. De haber sido así, muy probablemente España ya contaría con un nuevo Gobierno desde hace meses. En esta ocasión, también estaba en juego otra cuestión de mucha mayor envergadura: la posición que ocupará cada partido tras la quiebra del bipartidismo.
El viejo sistema de partidos se desmorona y todas las formaciones políticas luchan para situarse en una posición de salida ventajosa hacia el nuevo y aún incierto escenario político. De entre todos los partidos, es probablemente el PSOE quien se enfrenta a las elecciones generales de junio con mayores retos. Sus dos frentes de competición (Ciudadanos por la derecha y Podemos por la izquierda) se están activando en las últimas semanas con mayor virulencia. Esto se debe a dos factores que marcarán de manera muy sustancial las coordenadas de la competición partidista: el acuerdo de investidura entre PSOE y Ciudadanos y la alianza electoral entre IU y Podemos.

En primer lugar, el acuerdo alcanzado entre PSOE y Ciudadanos para investir a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno podría generar importantes fisuras en el dique de contención que existía entre estas dos formaciones. Hasta las elecciones generales de diciembre, el PSOE consiguió con cierta eficacia arrinconar a Ciudadanos a la derecha junto con el PP. Siguiendo la clásica teoría de las dos orillas ideada por Julio Anguita, los socialistas impulsaron un relato en el que el PSOE se encontraba a la orilla izquierda y, en cambio, Ciudadanos quedaba relegado a la orilla derecha. Este relato pretendía negar la existencia de opciones de centro y, con ello, aislar a Ciudadanos en la misma orilla del PP, algo que sin duda limitaba el atractivo de esta nueva formación entre el electorado socialista.
En las pasadas elecciones generales de diciembre, la teoría de las dos orillas fue relativamente exitosa. Según las encuestas, los votantes socialistas percibían a Ciudadanos como un partido marcadamente de derechas, muy alejado de sus propias posiciones ideológicas. Esta percepción contrastaba con la que tenía el electorado del PP, el cual sí ubicaba a Ciudadanos como un partido esencialmente de centro.

A los socialistas les costará distanciarse de Ciudadanos tras su intento de coalición
El acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera pone en riesgo la reedición de la teoría de las dos orillas durante la próxima campaña electoral de junio. En esta ocasión, al PSOE le costará más mantener distancias con Ciudadanos. Sabemos que cuando dos partidos deciden formar un Gobierno de coalición, los votantes acaban percibiéndolos como más parecidos ideológicamente de lo que eran antes. Aunque el pacto PSOE-Ciudadanos no llegó a cuajar en un Ejecutivo de coalición, ambas formaciones también se encuentran inmersas en un proceso de convergencia ideológica, a ojos del electorado. Según las encuestas del CIS, los votantes socialistas perciben que el PSOE se ha movido hacia la derecha y Ciudadanos hacia la izquierda.
El segundo factor que está alterando de forma muy sustancial la competición política es la coalición electoral entre Podemos e IU. Esta alianza representa una grave amenaza para el PSOE. Las encuestas indican que la candidatura Podemos-IU podría disputar al PSOE su condición de segundo partido. Si el electorado empieza a dar por sentado este sorpasso, el Partido Socialista perdería su condición de única alternativa real a un Gobierno del PP, por lo que el votante de izquierda ya no tendría motivos para coordinarse estratégicamente en torno al PSOE.
El declive electoral que le auguraban las encuestas en los últimos meses hizo que Pablo Iglesias recurriera a IU como salvavidas. Las encuestas indicaban que las fugas de Podemos en los últimos meses se dirigían muy particularmente a IU. Si estas dos formaciones hubieran decidido presentarse en junio por separado, la izquierda en su conjunto podía haber incurrido en sustanciales pérdidas netas en términos de escaños. Eso es así porque en la mayoría de provincias en las que el último escaño se debatía entre Podemos y alguna otra formación, IU se encontraba lejos de poder ganar el escaño, incluso sumando esas nuevas adhesiones procedentes de Podemos que señalaban las encuestas. En otras palabras, de haberse presentado por separado, la mayoría de escaños que previsiblemente hubiera perdido Podemos no hubieran caído en manos de IU, sino de otras formaciones políticas.

El declive augurado por las encuestas hizo que Pablo Iglesias recurriera a IU como salvavidas
Si la confluencia con IU es ahora tan provechosa para Podemos, ¿por qué no la aceptó antes? En el pasado, Podemos tenía la convicción, a mi entender acertada, de que acercarse a IU podía limitar su capacidad de crecimiento al arrinconarle excesivamente a la izquierda. Se sospechaba que un pacto entre estas dos formaciones no sumaba, pues podía alienar al potencial electorado moderado de Podemos. La creencia era, en definitiva, que una coalición electoral Podemos-IU acabaría consiguiendo peores resultados de los que estas dos formaciones podrían obtener concurriendo por separado.
Estos viejos temores de Podemos carecen de validez en el actual escenario político. Las raíces ideológicas de este partido son cada vez más fuertes y profundas. Los vínculos entre Podemos y su electorado son ahora menos carismáticos y más programáticos. Los datos sugieren que el peso del liderazgo de Pablo Iglesias sobre la decisión de votar a Podemos está cediendo terreno a favor de cuestiones más de carácter ideológico. Aunque sin duda esto puede ayudar a Podemos a consolidarse como partido, su coste es la pérdida definitiva de esa transversalidad en el espacio ideológico que gozaba en sus inicios. Podemos ha dejado de ser atractivo en el centro y no es probable que en las próximas semanas consiga revertir esta situación. Por ello, la alianza con IU no tiene por qué acarrearle ahora pérdidas destacables entre el electorado de centro, pues este ni está, ni se le espera.
En definitiva, el PSOE se encuentra ante un escenario político ciertamente complicado, con sus batallas tanto por la izquierda (Podemos-IU) como por la derecha (Ciudadanos) más activos que nunca. Pero los socialistas no son los únicos atrapados en este complejo laberinto político. El resto de formaciones políticas se enfrentan también a retos de gran envergadura. Puede que ante este escenario sigamos tentados a acusar a los líderes políticos de incompetentes y cortos de miras. Sin embargo, antes de hacerlo, haríamos bien reconocer que no existen soluciones y estrategias claras en estos tiempos de excepcional desconcierto e incertidumbre.

Lluís Orriols es director del máster en análisis político y electoral de la Universidad Carlos III de Madrid.
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