Libertad!

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sábado, 14 de mayo de 2016

Exagerar, esa es el arma

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Exagerar, Esa es el Arma


El titulo era una de las frases que, como “grafiti”,  decoraba una de las paredes cercanas a la estación del Metro Parisino de Censier Daubenton, en aquel mayo de 1968 en el cual se llenaron las paredes de la vetusta Europa con altisonantes y, en aquel entonces, románticas consignas: “Tomen sus deseos por realidades”, “Sean realistas: pidan lo imposible” y la mejor de todas: “La imaginación toma el poder”.
Consignas de una época, que comenzó a morir cuando los tanques soviéticos invadieron Praga y Daniel Cohn Bendit, o Dany el Rojo –doblemente rojo por pelirrojo y comunista– se convirtió en uno de esos burgueses parlamentarios con cuyas tripas los estudiantes de la Sorbona querían colgar a los burócratas y que fundó y promovió por toda Europa el Partido de los Verdes. Lejos estamos de ese “mayo francés”, aun cuando Ramonet defienda esta revolución, esta especie de maoísmo tropical sin revolución cultural, desde la comodidad de un café parisino.
Como quiera que sea, las revoluciones obran “milagros”. Solo que esta, como es de un marxismo ramplón y vergonzante, no regresa al “mayo francés”; la nota parece más “bíblica”, nuestras exageraciones, deseos, imposibilidades e imaginaciones se tiñen de pretendidos “milagros” que nos anuncian por radio y TV, pero sin multiplicación de panes y peces. Sincretismos de la época, para delicia de un Roger Garaudy.
“Exagerar, esa es el arma…”, toda esta revolución ha sido una exageración y no podíamos esperar que fuera a concluir de otra manera.
Por ejemplo, hoy podemos hablar y desmitificar uno de los temas álgidos, el de los resultados electorales, sin que nadie se escandalice; este tema: los resultados electorales y la popularidad de Chávez Frías, fue siempre tabú, algo que siempre se dio por sentado y en realidad nunca se trato de la manera adecuada. Por alguna misteriosa razón, nunca, hasta ahora, habíamos querido confrontarnos con estas cifras.
Los resultados electorales de Chávez Frías, en cifras, nunca fueron muy espectaculares, pero si engañosos. Exagerados por él y sus acólitos. Más aun, todos sus adversarios electorales se empeñaron en verlos a través del cristal de sus propias frustraciones políticas. Pero en realidad, el Presidente Chávez siempre estuvo entre el 35 y el 40% del total de votos posibles. Para ser más precisos, el 38,69% en promedio en los cuatro procesos electorales en los que participó como candidato presidencial. Lo que confunde es que la gran abstención que casi siempre lo acompañó, hacia que sus resultados lucieran espectaculares. Veamos detalles.
  • En 1998, Chávez Frías obtuvo 3.673.685 votos, cifra que vista por si sola luce como una enormidad, pero que representaba solo el 33,35% de un total de 11.013.020 votos posibles, con una abstención del 36,55%. Por supuesto, la cifra que siempre manejó el régimen fue que obtuvo el 56,20% de los votos, porque nunca toman en cuenta la abstención, esos venezolanos no existen.
  • En el año 2000, cuando fue ratificado, después de aprobada la nueva Constitución, obtuvo 3.757.773, apenas un 2% más que en 1998, de un total de 11.720.660 votos posibles, es decir, solo subió un 2% de un incremento del 6,42% del padrón electoral; dicho de otra manera, obtuvo el 32.06% del total del padrón electoral, en porcentaje es menos que en 1998 y con una abstención más alta, del 43,69%. Y una vez más, la cifra que manejó el régimen fue que Chávez Frías salió electo con el 59,76% de los votos, nuevamente descartan la abstención.
  • En el año 2006 obtuvo 7.309.080 de un total de 15.862.001 electores, es decir el 46,07% de los votos posibles, y vale decir que fue el porcentaje más alto de cualquier elección en la cual el candidato fuera Hugo Chávez Frías, sin embargo sus partidarios resaltan que la cifra fue del 62,84%, que fue el porcentaje con respecto a los votos emitidos.
  • En 2012, última “batalla electoral” de Hugo Chávez Frías, obtuvo 8.191.132 votos, que representó el 43,3% de los votos posibles, que fueron 18.903.937; en la que deben destacarse dos hechos, primero que también fue la elección con la abstención más baja desde 1998 (19,51%) y segundo que su principal oponente, Henrique Capriles R. obtuvo 6.591.304 votos, es decir, el 44,31%. ¿Quién fue el que hizo que bajara la abstención, Chávez Frías o Henrique Capriles? He ahí una pregunta interesante.
  • Y finalmente, el 2013, la última contienda electoral presidencial, donde el abanderado oficial ya no fue Hugo Chávez Frías, sino Nicolás Maduro y que apenas obtuvo 1,49% más votos que su principal oponente, Henrique Capriles R. Nicolás Maduro obtuvo en esta oportunidad el 40,13% de los votos posibles, perdiendo más de 600 mil votos con respecto a Hugo Chávez en 2012 y siendo la abstención el 20,32%.
Estas cifras, hábilmente manejadas, contaron además con la desmoralización y confusión de sus adversarios; con la desorganización y falta de renovación, líderes e ideas de los partidos políticos opositores; con la indiferencia de la sociedad civil y con la apatía política de la clase media, media alta y profesional.
Pero una vez que este régimen asumió el poder y se fue sintiendo el descalabro económico, el incremento de la corrupción, las tendencias totalitarias y autoritarias de su Gobierno, se ha ido produciendo el cambio de actitud de la población. No solo de aquellos que lo apoyaron y que algunos, o muchos, aun apoyan, sino de todos los demás sectores de la sociedad.
El Gobierno Chavista-Madurista ha sabido, mediante la demagogia y el populismo, mantener a su alrededor una “corte de los milagros”, exacerbando el espíritu de pedigüeños en los venezolanos e incrementando la mentalidad de buhoneros, hoy bachaqueros, sin ánimo de ofender a nadie; a la vez, el Régimen que dejó Chávez Frías también ha sabido “ganarse” la animadversión de una buena parte de la población más pobre del país, harta del desempleo, la inflación, el desabastecimiento y la escasez  y la inseguridad personal.
Se ha ganado también la animadversión de la clase media profesional, que ha visto deteriorase su nivel de vida de manera acelerada; del sector industrial, que ha tenido que cerrar la mitad de las empresas en estos 17 años; del sector comercial que han visto disminuir sus ventas a menos de la mitad; del sector petrolero, que ha contemplado como se destruye la mejor industria del país, que era una de las primeras del mundo; del sector obrero organizado, que ha visto deteriorarse su salarios y poder adquisitivo y desconocerse sus reivindicaciones gremiales y laborales, sin poder siquiera discutir sus contratos colectivos; y todo eso, sin contar con instituciones como: la Iglesia, los Medios de Comunicación, las Universidades, etc. a quienes se les ha desconocido y amenazado sus fueros y posición en la sociedad, por ese afán desmedido de control y destrucción social y de instituciones que tiene este Gobierno.
Al igual que ahora, exagerando situaciones y cifras, el Gobierno maneja el tema de la “guerra económica” y el imperialismo encarnado en el “decreto Obama” como si multitudes, millones de personas, que nadie vio en realidad, hubieran salido a la calle a apoyar sus locuras.
Igual pasó con la crisis de diciembre de 2002 y enero de 2003 –durante el paro cívico nacional, abandonado por sus organizadores para no destruir el país– que el Gobierno la manejó como un efecto “mediático” de la oposición golpista. Y así, ha manipulado y administrado ese tercio de la población que aun le sigue, muchos de ellos sin otra alternativa que esperar alguna prebenda que les mejore su situación económica y social.
Así vemos como la exageración, junto con la atemorización y la provocación, son armas que este Gobierno maneja con soltura.
Esperemos que la desesperación de ahora, cuando se encuentra con varios millones de firmas para iniciar su proceso de salida mediante un referendo, no conduzca al Gobierno a la agresión, como en abril de 2014, o a la irracionalidad de que es preferible que el país se destruya, como ocurrió en diciembre 2002 y enero del 2003, durante el paro cívico, antes que dejar el poder.
Alguien decía que en vez de olor a multitudes, se respira un fuerte olor a formol en el ambiente político venezolano. Parece que muere una quinta República, sin regreso a la cuarta. “Corre… el viejo mundo está detrás tuyo” (Muros de la Sorbona en 1968)

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