Libertad!

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lunes, 2 de mayo de 2016

Salida política y socialmente inclusiva


Michael Penfold: “Cualquier salida tiene que ser política y socialmente inclusiva”
abril 30, 2016 




Minerva Vitti REVISTA SIC -CENTRO GUMILLA

Mientras los políticos de turno viven en una perenne confrontacio el Gobierno no facilita la negociación y la oposición prioriza sus preferencias, las necesidades del pueblo venezolano siguen quedando en el último plano. Ahora el debate político opositor lo encabezan tres posibles estrategias: la renuncia presidencial, una enmienda constitucional o un referéndum revocatorio

Michael Penfold es doctor en economía política de la Universidad de Columbia. Actualmente es profesor asociado del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). Conversamos con él sobre la estrategia política más pertinente para abrir el juego político que posibilite un acuerdo para la salida de la crisis económica, política y social que atraviesa Venezuela.

— Hay sectores tanto de la oposición, de la sociedad civil y del mismo chavismo que proponen la renuncia presidencial; otros se encaminan hacia la enmienda constitucional; y al parecer la que más fuerza está teniendo es el referéndum revocatorio. ¿Cuáles son los pros y contras de cada una de ellas?

—Lo primero es entender que Venezuela lamentablemente no está en una situación de negociación. Lo que está planteado en este momento es un conflicto de poderes de un grupo que piensa que puede salir de la crisis económica y política sin negociar con la oposición; y una oposición que tampoco ve la posibilidad de salir de la crisis manteniendo la viabilidad de la Presidencia de la República.

El actual poder de negociación que tiene el Gobierno es el Tribunal Supremo de Justicia y el control político que ejerce sobre este a través del Ejecutivo. Y en el caso de la oposición, el 6 de diciembre obtuvo un poder de negociación muy alto que eran los 112 diputados, que le daban una mayoría calificada, que le permitía tomar una serie de decisiones unilateralmente, que podían inducir un poder de negociación, podían convocar una asamblea constituyente o renovar ciertos poderes públicos. Lamentablemente, al perder esos 112 diputados y crearse incertidumbre de si tiene o no esa mayoría calificada sobre el total de puestos o sobre los que votan, hace que el poder de negociación de la oposición disminuya, y que estructuralmente se esté en una situación de conflicto.


El deseo venezolano

Según la encuestadora Datanalisis el 85 % del pueblo venezolano desearía que el Gobierno y la oposición establecieran una relación de cooperación y concertación para salir de la crisis que vivimos. Cuando se les pregunta a los ciudadanos ¿cómo cree que será la relación entre oposición y Gobierno?, el 89 % considera que será de confrontación. Hay pues una gran paradoja entre el deseo del pueblo venezolano y su percepción real sobre la actitud de los actores políticos.


—Entonces, ¿cuál de ellas es la más viable?

—No es una decisión estrictamente jurídica, política o institucional. Hay que evaluar las tres dimensiones, pero yo creo que la más importante es cuál le permite a la oposición volver a tener un poder de negociación que obligue al Ejecutivo a negociar. Ese debe ser el objetivo para que el país tenga una salida institucional de esta crisis. A menos que ambos bandos tengan razón y piensen que podemos salir de la crisis sin una negociación, sino en un conflicto donde se va a imponer uno uotro.

La renuncia no es una opción, es una decisión personal del Presidente que se puede dar en un contexto determinado, ahí tu estarías apostando a crear unas condiciones sociales que lleven a esa decisión, pero aun así no lo puedes garantizar. Discutir esa opción es prácticamente un acto de fe y en la política uno no vive de esto. La segunda opción de la enmienda constitucional es una discusión viejísima en Venezuela, la tuvimos en el 2002 y en el 2003, esta la podría dar la Asamblea con una mayoría simple pero es fácilmente obstaculizable por el Tribunal Supremo de Justicia. La otra opción que nadie discute es una reforma constitucional o una asamblea constituyente, pero para ambos casos necesitarías las 2/3 partes de la Asamblea Nacional que no sabemos si la tienen.

El revocatorio tiene unas desventajas y unas grandes ventajas. La gran desventaja, que es producto del gran traumatismo del proceso revocatorio de 2003-2004, es una opción que es difícil de activar y cuando lo haces puede ser dilatada pero no obstaculizada totalmente. Y es también políticamente muy difícil para el chavismo obstaculizar una opción a la que el presidente Chávez se sometió. La ventaja que tiene es que no depende de la Asamblea Nacional ni del Tribunal Supremo de Justicia, sino que depende de la recolección de las firmas por parte de la sociedad. ¿Qué ocurre con el referendo? Que pasa el debate de la Asamblea donde está con la enmienda y pasa el debate al tema social. ¿Es un proceso engorroso? ¿Es un proceso que puede ser obstaculizado? SÍ. Y hay quienes dicen que la otra gran desventaja es que tienes que sacar más de 7 millones 500 mil votos que fue lo que obtuvo el presidente Maduro en abril de 2013; pero lo cierto es que la oposición acaba de sacar 7 millones 800 mil votos en unas elecciones para la asamblea legislativa. Evidentemente hay un trauma vinculado a varias cosas: la lista Tascón, la lista Maisanta y el costo posterior que tuvo para la gente que firmó. Y uno podría pensar que algunas personas se van a inhibir pero eso depende de cómo lo venda la oposición.

No tiene sentido avanzar en una simultaneidad de salidas. Evidentemente eso responde a otros problemas que tienen que ver con distintas visiones e intereses que hay a lo interno de la oposición.

—Da la impresión que la oposición no está viendo las complejidades de cada opción. Muestra de ello es la marcha que se convocó para exigir la salida del Presidente.

—Esa discusión sobre la renuncia es bastante esotérica en términos institucionales porque al final es una decisión personal.

— ¿Hasta cuándo puede aguantar el país este desencuentro entre lo político y las expectativas sociales? ¿Cuáles son los posibles escenarios?

—El país está en un colapso externo producto de la caída del ingreso petrolero, un colapso fiscal con déficit que ya sobrepasa los 17 puntos del producto interno bruto, con una economía que se está contrayendo a una velocidad muy alta, y un colapso del salario real del venezolano como consecuencia de los altos niveles de inflación. Sin embargo, no se quiere entrar en un proceso de negociación que le permita a ambos bandos obtener garantías mutuas y diseñar un arreglo institucional que genere estabilidad y los consensos necesarios para poder avanzar con un proceso de reforma económica y productiva que se necesita a gritos. Ante esto el país se está metiendo en un conflicto y lamentablemente se va a profundizar la crisis económica.


Expectativas a futuro

Un estudio realizado por Datanálisis, el cual reunió a mil personas señaló que, cerca de 52,1 % del patrón electoral (lo que equivale a 10.161.639 personas) votaría en contra de la permanencia de Nicolás Maduro en el poder.

Por otro lado, solo el 15,3 % del electorado sigue apostando por el proceso revolucionario. Otro dato importante arroja que el 75 %, quienes se denominan como chavistas, coinciden en catalogar como mala la situación política y económica que atraviesa Venezuela. Como políticos influyentes por delante del mandatario nacional, figuran Henry Ramos Allup con 51,1 % de respaldo, Leopoldo López con un 47,8 % y Henrique Capriles con 47 %.


— ¿Y en cuanto a las expectativas sociales?

—El tema social es importante porque el ajuste ha sido por cantidad en importaciones y básicamente lo que has venido haciendo es racionando y eso tiene un límite social del cual ya estamos cerca.

Hasta ahora las manifestaciones de esas restricciones, que se traducen en colas, escasez de medicamentos, conflictividad social, colapso de los servicios públicos, se han expresado de forma muy aislada y la gran pregunta es si esa manifestación puede adquirir cierta escala. Se lee la necesidad de pasar de un conflicto político a una salida negociada que dé viabilidad al cambio económico que el país requiere en este momento. Las encuestas te están diciendo algo muy revelador “yo quiero un cambio, pero no quiero conflicto”, porque la gente se da cuenta que al final es difícil que un grupo se pueda imponer sobre el otro. Curiosamente la sociedad venezolana es muy adversa al conflicto. Esto tiene que ver con la inseguridad, la violencia, porque la gente sabe que el conflicto social en este contexto, donde la institucionalidad es débil, es altamente riesgoso, incluso más que el fenómeno que tuvimos en 1989 con ElCaracazo. Pero si la gente empieza percibir que no hay respuestas a sus demandas, la gente va a comenzar a buscar alternativas.

Hay una dosis de irresponsabilidad del Gobierno al no facilitar una negociación, tampoco se puede dar el cambio satisfaciendo el orden de preferencias de la oposición, probablemente para ellos implica un sacrificio. Pero eso no es lo que está planteado hoy en Venezuela.

— ¿Las soluciones del país pasan por lo económico o es algo más estructural?

—El sustrato de la crisis es económica. Eso tiene unas consecuencias políticas que las vimos el 6 de diciembre. Pero lo que está apuntando el contexto actual es un escenario de enfrentamiento político que no dará respuesta al problema económico. Al final son reformas profundas y estructurales.

— ¿Cuáles serían los énfasis de una agenda de concertación?

—El conflicto tiene distintas dimensiones, un eje tiene que ver con el presidente de la República y su gestión; otro componente relacionado con el calendario electoral, Venezuela va a tener elecciones de gobernadores, alcaldes y presidenciales en los próximos años. Ese es un ciclo electoral que para el mismo chavismo es un problema, además en un momento donde querrías hacer algunos cambios económicos que tienen un costo electoral. Otra dimensión tiene que ver con la amnistía de los presos políticos. Le sigue una relacionada con los subsidios directos que deben estar focalizados en los sectores de mayor necesidad. Otra alrededor de las reformas económicas. Tanto Gobierno como oposición tienen visiones adversas en estas dimensiones. Al final,¿qué ocurre en los países civilizados?, que tú negocias una dimensión por otra. Pero no estamos ahí. ¿Podemos llegar ahí? Sí. ¿Cómo? Hay distintas rutas. Una es el autoconvencimiento del Gobierno de que eso es necesario. La segunda es social, que tú tengas una presión social tan alta que te obligue a crear ese espacio. Y, finalmente, tienes una ruta dondela oposición tiene tal poder de negociaciónque obliga a su contraparte a sentarte a negociar. La oposición tenía ese poder de negociación cuando tenía los 112 diputados, con los 109 diputados ya no la tiene; entonces necesita una amenaza creíble que puede ser el referéndum o la enmienda.La pregunta es ¿cuál amenaza es más creíble que la otra?

—¿Se necesita un ministro de Economía técnico o alguien político que pueda llegar al concenso de los distintos sectores?

—Esto no es un tema de un ministro. Es más complejo que eso.

—¿Existen experiencias emblemáticas, exitosas o de fracaso, que nos pudieran ayudar a salir de la crisis que atravesamos?

—Muchas. Hay distintos procesos de cambio. A veces se da por un colapso institucional y económico. Hay otros procesos donde se dan más por negociación, donde haya garantías mutuas. Hay experiencias donde el cambio se da porque aparece una alternativa, la sociedad y el componente político logran generar una alternativa atractiva. Y después tienes procesos que se dan en un ambiente de negociación entre los moderados de ambos bandos, que logran aislar a los más duros. Pero todo eso se da en un contexto social, histórico y político.

—Como politólogo y economista, ¿qué hoja de ruta propondría?

—Yo creo que no hay salida económica sino tienes un contexto institucional diferente y estable que genere credibilidad. En mi opinión hoy todavía el chavismo es una fuerza política importante, es la principal minoría del país. La oposición tiene una mayoría en función de una coalición. El país necesita mecanismos institucionales que le den viabilidad para poder generar los acuerdos que necesita y poder enfrentar una agenda de desarrollo que es fundamental, que tiene que ver con la calidad de empleo, la manera como subsidiamos y apoyamos a los más desprotegidos, con la diversificación productiva y económica, apalancar nuestras ventanas productivas–en nuestro caso la energía–, en cómo nos insertamos dentro del mundo, con los temas institucionales y el Estado de derecho.

—La oposición debería sentarse con las bases del chavismo.

—Cualquier salida tiene que ser política y socialmente inclusiva.

—Dentro de todo lo propuesto en materia económica, una de las cuestiones que ha tenido mayor resonancia es el Arco Minero del Orinoco. ¿Cuál es su opinión al respecto?

—No hay duda de que Venezuela tiene un potencial minero gigantesco. El problema está en que la minería es un tema muy delicado sino lo despliegas bajo una visión de desarrollo sostenible y de institucionalidad transparente. A mí lo que me preocupa es que están tratando de abrir un proceso sin tener una política de desarrollo sostenible clara, no solo por lo ambiental, sino por lo social, y ahí estamos empezando a ver lo de Tumeremo como un aviso de que ese tema es importante. Esa es una industria que es transparente en la medida en que los gobiernos la obligan a ser transparente.

—Si lo llamara el ministro de Industria y Comercio, Miguel Pérez Abad, y le pide un consejo qué le diría.

—Que en este momento es más importante concretar, tanto medidas como programas, para ganar credibilidad. Al no hacerlo se está generando incertidumbre. Y lo otro que yo le diría es que no desconfiemos del mercado, si este está regulado funciona muy bien, mejor que esto.

Minerva Vitti es miembro del Consejo de Redacción de SIC.
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