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jueves, 6 de mayo de 2010

Diego Bautista Urbaneja // Gobierno antipopular

El carácter antipopular de su gobierno está derrotando a la popularidad de Chávez
No es lo mismo un gobierno impopular que un gobierno antipopular. Lo primero se refiere a su aceptación. Lo segundo se refiere a los efectos de sus políticas sobre las mayorías. Impopular es un gobierno al que las mayorías rechazan y popular uno al que quieren; por su parte, antipopular es un gobierno cuya gestión perjudica a las mayorías, independientemente de lo que éstas sientan por él. Un gobierno puede ser a la vez popular en el primer sentido y antipopular en el segundo, aunque tal situación no puede durar mucho.

Puede juguetearse un rato con las posibilidades de combinatoria de esos términos. Lo más habitual es que un gobierno impopular sea también un gobierno antipopular. Las dictaduras militares llamadas de derecha caen con frecuencia en esa casilla. No gozan de las simpatías de las mayorías, y sus políticas van en la dirección de fortalecer a los sectores pudientes, en detrimento de los más desasistidos.

Luego está la combinación positiva: gobiernos que cuentan con la simpatía popular, y cuyas políticas están dirigidas a favorecer a las mayorías, lográndolo en grado razonable. Hay ejemplos. Se trata de los gobiernos exitosos que hay por ahí. Esos cuyos conductores dejan su puesto con altos grados de aceptación. Es interesante constatar su diversidad ideológica: Uribe, Bachelet, Lula, Tabaré Vázquez, Sanguinetti...

Otra combinación posible sería de la de un gobierno impopular, es decir, rechazado por las mayorías, pero cuyas políticas en verdad han estado destinadas a favorecerlas. Este podría ser el caso de esos gobiernos que muestran índices importantes de crecimientos económico e incluso de desarrollo social, pero que por una razón u otra pierden la aceptación de los sectores populares. Son gobiernos que terminan con un "éxito objetivo" en su haber, pero con un amplio rechazo en la opinión colectiva.

Llegamos así a la última combinación: gobiernos populares en cuanto a su grado de aceptación y a la vez antipopulares, en cuanto a los efectos de sus políticas. Ha sido durante varios años el caso venezolano. El gobierno de Chávez ha tenido un importante respaldo durante un buen tiempo. Ha sido, pues, en ese sentido un gobierno popular. Pero el sentido de fondo de sus políticas ha sido antipopular, en cuanto que a la final ha ido en contra de los intereses de las mayorías. Es sólo recientemente que esta verdad de fondo se está revelando con cada vez mayor claridad. Anteriormente han estado operando muchos factores que dificultaban la visión de esa realidad, entre ellas por cierto algunas políticas dirigidas a favorecer a las mayorías, como las conocidas misiones, pero que han ido perdiendo impacto. También, el discurso fuertemente popular de Chávez y la efectividad pasional con la que lo transmite, ya bastante desgastada. Pero ya el carácter antipopular de este gobierno es una realidad inocultable. La enumeración de las formas en que su gestión está dañando a las mayorías es muy conocida: inseguridad, crisis de servicios, inflación, retroceso en las políticas sociales, escasez.... Añadamos una que cada vez cobra más fuerza: la amenaza contra el patrimonio personal y familiar popular, la propiedad privada popular.

Esa combinación popular-antipopular es intrínsecamente inestable. Un gobierno antipopular no puede gozar de altos grados de aceptación indefinidamente. Al final, su elemento antipopular, su capacidad de dañar los intereses de las mayorías, termina horadando la popularidad con la que haya podido contar.

Ese carácter antipopular es un rasgo objetivo, más allá de las intenciones de los gobernantes. Es el producto inevitable de una orientación equivocada y de una incapacidad técnica, que termina por destruir las posibilidades del progreso de todos y, sobre todo, la de los sectores mayoritarios.

No es fácil, desde el punto de vista de los mensajes y la comunicación política, enfrentar a un gobierno antipopular que ha estado gozando de grados importantes de aceptación. Quedan atados a él muchos residuos sentimentales de parte de las mayorías que lo han estado respaldando. Hay que dejar que el carácter antipopular real que termina dominando su gestión, haga su trabajo, surta sus efectos. Corresponde acompañar esa silenciosa labor de zapa; ayudar -sin pretender sustituirlo- a que ese proceso de develación transcurra, sacando a flote las verdades, desmontando las excusas que el gobierno tratará de hacer valer.

Estamos en los tiempos en que el carácter antipopular de su gobierno está derrotando a la popularidad de Chávez.

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