Libertad!

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jueves, 18 de diciembre de 2008

Del infinito al 23 de noviembre

Equipo De Venezuela Analítica
Domingo, 7 de diciembre de 2008
El fin de una etapa
El 23 de noviembre culminó una larga y accidentada etapa de expansión del chavismo. Aún tomando en cuenta la derrota en la consulta sobre la reforma constitucional, Hugo Chávez había venido sosteniendo su aura de popularidad consolidada. Se derrotó una propuesta, no al caudillo; se derrotó a un deseo del líder que implicaba muchas consecuencias, pero no a su proyecto sea cual sea la forma en que ese proyecto es interpretado a bien o a mal por los venezolanos.
Hasta el 23 de noviembre, aunque se señalara a Chávez como líder excluyente, se le reconocía un equipo de soporte y de confianza reales. Ese equipo fue derrotado y sacado de los poderes electos por la mayoría de la población. Que ahora los lleve al gabinete ejecutivo sólo los convierte en miembros del gobierno, pero no en líderes populares.
El fin de una etapa para la oposición desordenada
Ese domingo terminó el tiempo del desorden para la oposición, la era de la multiplicidad de pequeños juegos democráticos sin visión de proyecto nacional. Los electores abofetearon y sacaron del juego a quienes no entendieron. Los resultados fueron muy claros. El chavismo unido ganó. La oposición unida ganó. Puesto que el chavismo tiene el único partido que obedece a una sola guía en más lugares del país, ganó en más gobernaciones y alcaldías que todos los demás juntos pero no siempre unidos.
La oposición ganó mucho, pero menos que lo que pudo ganar. La falta de visión de líderes que todavía creen que son superiores y absolutos, dejó perder posiciones claves como la gobernación de Bolívar,la Alcaldía de Valencia y la Alcaldía Libertador de Caracas, y regiones simbólicas como Guárico y Barinas. La falta de un proyecto nacional –llámelo “nuevo Pacto de Puntofijo”, si usted quiere- hizo perder gobernaciones en las cuales la población tiene una especial dependencia de la burocracia, como Sucre y Vargas.
Fuere cual fuese, por ejemplo, el proyecto a largo plazo que tendrían, según algunos salistas, el reelecto Alcalde de San Diego Enzo Scarano y el derrotado candidato de oposición a la Alcaldía de Valencia, Miguel Cocchiola, era preferible para Proyecto Venezuela en particular y para la oposición en general, que Cocchiola fuese el ganador; con los pocos votos que sacó la candidata de última hora de los Salas, el chavista Edgardo Parra hubiera perdido.
Entre un ex chavista y participante activo en el golpe de estado de Chávez como Rojas Suárez, y un demócrata y sindicalista de reconocida tradición como Andrés Velásquez, ambos ex gobernadores de Bolívar, ¿por qué Primero Justicia y Podemos escogieron al ex chavista?
Para no hablar de Chacao, con su patético juego de niños caprichosos en el cual sólo Leopoldo López tuvo al menos una razón comprensible –conservar su base-. Y el candidato chavista, por supuesto, que hizo lo que tenía que hacer.
El 23 de noviembre terminó el largo período de novatadas de una oposición que sólo coincide en preferir la democracia, igual que los 26 millones de venezolanos y en oponerse a Chávez, igual a otros cerca de 5 millones de electores. Se terminó la etapa de que cada partido hable de sí mismo y de lo que ofrece, y no haya mas que un mensaje, un programa común de acción y soluciones para todo el país. Se acabó el tiempo polvoriento y vago de todos creemos en la democracia pero la mía es mejor.
Partidos en pañales
Durante las semanas de campaña electoral grupos y partidos opositores y disidentes jugaron a la política y se unieron sólo en aquellos lugares donde no había otro remedio. La cúpula chavista a estas alturas no parece entender del todo lo que pasó, los partidos de oposición no entendieron bien, ni analizaron con detalle, lo que iba a pasar y ya empezó a pasar, cuando todavía no se han enfriado las máquinas de votación.
El chavismo perdió en los sectores donde nunca se había consolidado del todo. Los grupos de clase media, profesionales, técnicos, empleados privados y en los sectores urbanos más densos donde las fallas del gobierno chavista se han hecho más evidentes. Incluso en el Municipio Libertador, con un candidato recién salido del cascarón como el dirigente estudiantil Stalin González y con una mala campaña de propaganda, logró un 41 % de los votos, al cual habría que sumarle el porcentaje de Claudio Fermín por su cuenta y riesgo.
Un Nuevo Tiempo, que ahora se precia de ser el primer partido de la oposición, ganó la gobernación y la Alcaldía de Maracaibo, pero la oposición perdió en casi todo el resto del Zulia, con lo cual Pablo Pérez recibe un regalo envenenado; hay que preguntarse entonces cuál es la fuerza real de UNT y de Manuel Rosales en su propio bastión, así como hay que preguntarse qué queda realmente de Proyecto Venezuela en Carabobo tras ganar la gobernación con menos de 5 puntos por encima de Mario Silva y el PSUV y de perder en todas las alcaldías excepto Naguanagua y San Diego, justamente el tipo de áreas de clase media donde el chavismo tiene difícil penetración.
La multicampaña hacia el 23 de noviembre, y la votación, produjo y consolidó líderes opositores con por ahora grandes expectativas, pero no resaltó partidos. Manuel Rosales y Antonio Ledezma, uno que venia de ser candidato presidencial antiChávez, el otro que venia del frío; en menor grado pero al frente, Enrique Capriles, Gerardo Blyde y Enrique Salas Feo. Y dando vueltas por ahí, Leopoldo López. No hay un solo partido de oposición que se acerque siquiera a los niveles de masa del PSUV, al menos por ahora. Y el chavismo, por su parte, proyectó a Henry Falcón, quien no sólo ganó la gobernación de Lara, sino casi todas las alcaldías de su estado. Tendrá que enfrentarse a la vigilancia de Chávez, quien sólo lo apoyó porque no le quedó más remedio, y a las trampas del chavismo dirigido por el ex gobernador Reyes Reyes. César Pérez Vivas en Táchira ganó la gobernación porque supo profundizarse en su estado a base de trabajo diario y de constancia, sin alardes ni llamadas de atención, y ahora tiene un camino con sólo dos salidas: o triunfa y se proyecta, o se hunde. Otro reto similar es el de Carlos Ocariz en Petare y alrededores; puede llegar a convertirse en la gran figura de Primero Justicia y una de las fortalezas de la oposición, si derrota a dos adversarios: el chavismo que todavía existe con amplitud en su alcaldía, y a su propio partido, ¿podrá Ocariz pasarle por encima a Julio Borges?
Como ya ha sucedido en procesos de votación anteriores, a la oposición se le quedaron muchas mesas –incluso en sectores de tanto peso como Catia- sin vigilar, aunque es importante reconocer que la clase media tuvo mucha más participación, lo cual revela, más que una profundización de su conciencia política, un aumento del temor al destino que Chávez se propone.
Los rompimientos y descontentos internos del chavismo crearon dificultades, pero tal como están las cosas hoy en día el PSUV es el único partido venezolano actual que tiene tamaño suficiente para darse el lujo de aguantar rompimientos y disidencias, mientras AD y Copei, que crecieron en votos, siguen siendo tan pequeños que sólo pueden crecer, Primero Justicia difícilmente aguantará un fraccionamiento mas –los resultados de sus gestiones de gobierno podrían llevar a Capriles y a Ocariz a diferenciaciones con Julio Borges- y Un Nuevo Tiempo ha venido cargándose de líderes que aunque todavía no compiten con Manuel Rosales, tienen muchas posibilidades y tiempo por delante.
Estas elecciones del 23 de noviembre fueron el Domingo de Ramos de un proceso conducido y marcado por líderes antes que por partidos. Entonces una pregunta fundamental cuya respuesta deberá ser muy cuidadosamente estudiada y respondida en los próximos cuatro años es si los partidos de oposición crecieron por su propia fuerza o como simples vías para votar por determinados candidatos.
Ciertamente, las del 23 N fueron elecciones regionales, donde la prioridad de los votantes eran sus propias realidades estadales y municipales, pero es que es justamente en esa realidad de fortalecimiento vecinal de la descentralización donde tanto los partidos como el gobierno y el Presidente parecen estar poco sincronizados con la realidad, y hasta ahora el único que genera posiciones unidas a favor o en contra es Chávez –con ventaja para el PSUV en tanto en cuanto tiene ahora y pueda seguir teniendo una unidad de comando y de obediencia. En el futuro próximo de esa unidad chavista van a tener decisión personal dirigentes como Henry Falcón, Tarek William Saab y José Gregorio Briceño, que conozcamos hasta ahora. Porque son chavistas que han consolidado por sí mismos liderazgos en sus regiones, a diferencia de candidatos impuestos por el presidente como Diosdado Cabello, Jesee Chacón, Jorge Rodríguez y Mario Silva.
La procesión sigue por dentro.
Que Hugo Chávez consiga o no la aprobación del proceso hacia su reelección indefinida es muy importante, pero no la última palabra.
La descentralización es una realidad que cada día se fortalece más, y las decisiones políticas nacionales cada vez más van a depender de realidades e intereses y demandas regionales que los partidos y candidatos nacionales tendrán que conquistar una a una para ir sumando –y por ello mismo también podrían írseles restando.
El 23 N demasiados electores votaron realmente por Chávez y contra Chávez, y ése es un factor que hay que tomar en cuenta. Adelantándonos al futuro –las profecías no son tema de este artículo- podría pensarse que no es simple casualidad de ni premiación de consuelo que el Presidente esté cambiando su gabinete con hombres de su confianza que, si bien derrotados en elecciones regionales, parecen tener potencial de eficiencia administrativa por encima del promedio de la burocracia chavista.
Una forma, posiblemente, de fortalecer a una administración excesivamente incompetente ante los retos tremendos de la disminución de ingresos petroleros en medio de las inevitables consecuencias de la crisis económica mundial, pero no necesariamente de captar voluntades para aprobar la reelección indefinida.
La permanencia de Chávez en el poder siempre será posible, no en balde entre la disciplina y la fe chavista, y la desorganización y dispersión de la oposición hay muy pocos votos de diferencia, pero por las mismas realidades un nuevo rechazo a la reelección es igualmente posible.
De aquí a cuatro años, ¿les conviene a Henry Falcón, Tarek William Saab y la alta dirigencia del chavismo que Chávez vuelva a ser presidente por otro período? Si los gobernadores y alcaldes recién electos por la oposición logran derrotar los obstáculos presupuestarios, administrativos y callejeros que Chávez ya comenzó a ponerles y van mostrando gobiernos eficientes especialmente en sus áreas densamente pobladas, el entorno de la fe puede ponérsele muy difícil al presidente.
En este sentido las alcaldías de Maracaibo y de Sucre/Petare, la Metropolitana de Caracas y las gobernaciones de Lara y del Zulia, pueden convertirse en poderosas referencias nacionales vaya o no vaya Hugo Chávez de candidato presidencial en 2012.
Del 23 N al infinito
Que los principales partidos de oposición crecieron es un hecho. Que sean ya maquinarias dominantes, está por verse. Por el contrario, el predominio de líderes de potencial nacional es ya un hecho dominante en la política venezolana.
Para ellos, los acuerdos de ordenamiento de fechas es la gran prioridad y la gran oportunidad si entienden que el primero tu si después voy yo, o viceversa, es perfectamente posible y eficiente si lo saben hacer con inteligencia y con el adecuado respeto político al pueblo.
Porque Chávez sigue siendo Chávez, pero menos
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