Libertad!

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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Antonio Cova Maduro // Las dos caras de Jano

Todo venezolano está llamado a ser la cara de la democracia que nos legó Bolívar
Legendario rey de Lacio, a quien el dios Saturno le concedió el don de "conocer el pasado y el futuro", Jano, siempre se ve representado con dos caras adosadas, como si fuese una pareja de siameses unidos por la cabeza. Y eso de poseer dos caras, nada tiene que ver con la concepción nuestra de cuidarse de la gente de dos caras, es decir, de la que te presentan por delante y la que luego exhiben por detrás. No, las dos caras tienen que ver con las que hoy presenta Venezuela. No deja de ser algo singular que sea precisamente en este día, conmemoración de la muerte del Libertador Simón Bolívar (por cierto ¿qué fue de la bendita Comisión dedicada a descubrir el magnicidio del que fuera objeto, y que recién llegamos a conocer gracias a su émulo?) cuando estas "dos caras" se hacen presentes. En efecto, cuando nadie lo esperaba, apareció una cita de Bolívar, pronunciada nada menos que en el famoso Discurso ante el Congreso de Angostura, en 1819. Y es tan clara que impide que se niegue la autenticidad de lo que allí él propuso (lo que le da un valor hermenéutico incalculable, en términos del sentido que tuvieron -y tienen- esas palabras). Y esa cita, como era de esperarse, descalabró a la otra cara de Venezuela. Leámosla con atención: La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder.
El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.
Como vemos, contiene dos elementos portentosos: el primero, hacer ver el doble mal que la permanencia en el poder de un solo hombre provoca (el funesto acostumbramiento a mandar y el de obedecer) y el otro, cómo él es el origen de la "usurpación y la tiranía". Pero además esta cita impone un mandato a "la otra cara" de Venezuela: el que se refiere al "justo celo" que, al aparecer como lo ha hecho de modo instantáneo, deviene la "garantía de la libertad republicana". Nunca se imaginó, decíamos, el autonombrado albacea de las ideas de Bolívar, que ellas le iban a condenar de modo tan contundente, y lo que es peor, a celebrar las acciones de aquellos de sus compatriotas que, con justicia, se oponen a esta perpetuación en el poder. Pero es que, además, Bolívar no deja ninguna duda sobre el asunto de la alternabilidad. En efecto, al considerar que las repetidas elecciones son "esenciales en los sistemas populares", el texto bolivariano implica, con una claridad meridiana, que esas elecciones no son, en modo alguno, para permitir a un mismo ciudadano que "se perpetúe en el poder". No hay modo de darle la vuelta a esa idea, ni aunque como loros lo repitan los mil y un voceros del chavismo.
Las dos caras están presentes también, y de modo chocante, en las formas como encaran lo que hoy acontece en Venezuela. Para las alegres caravanas que, por la enmienda muestran sus lujosos vehículos, ése, ése y ningún otro parece ser el único problema de la Venezuela de hoy. Para quienes están del lado de Bolívar -y no del bolívar fácil y abundante- esta intención es obscena por inoportuna. Que se generalice el "abajofirmantismo", de tan ingrata memoria en nuestra historia republicana, pone los pelos de punta a quienes, por fortuna, no quieren acostumbrarse a obedecer, y con ello provocar el nacimiento de la usurpación y la tiranía.
Bien sabemos que, más que "acostumbrados a obedecer", los que hoy vociferan exigiendo la enmienda que garantizaría inexorable la "perpetuación de uno solo en el poder", lo que están es "acostumbrados a mamar" de la jugosa teta que rauda se agota. Y esa es una adicción muy brava.
Todo venezolano que siente horror por la "cara" tornada hacia la restauración del pasado decimonónico -aunque se disfrace de revolución socialista- está llamado a ser la cara "que ve hacia el futuro", que no es otra que la de la democracia que nos legó Bolívar. Ese mismo venezolano se dispone, hoy más que nunca, a evitar que cualquiera se perpetúe en el poder; y a hacer lo posible por garantizar la existencia plena de un régimen de libertades públicas, el único en el que queremos vivir y por el que desplegaremos lo que haga falta. antave38@yahoo.com

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