Libertad!

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jueves, 4 de diciembre de 2008

Diego Bautista Urbaneja // Prioridad de prioridades

Gobernadores y alcaldes democráticos tienen entonces ante sí una cuesta empinada
La posesión de unas alcaldías y gobernaciones muy visibles y emblemáticas, de cuya gestión el país está naturalmente muy pendiente, brinda a las fuerzas democráticas una gran oportunidad de renovar la agenda de su acción y la de su comunicación política. Por el lado de la acción, se hace posible adoptar una nueva gran prioridad. En vez de concentrar el grueso de los esfuerzos en enfrentar los designios personalistas-absolutistas de Chávez, el objetivo que amerita ahora esa atención primordial es otra.
No es que el enfrentamiento mencionado deba ser dejado de lado. Ni hablar. Por lo demás, Chávez se encarga de que no dejemos de ocuparnos de eso día tras día. Pero sí se trata de que el esfuerzo central tiene que cambiar de foco. Llevar a cabo una acción de indiscutible carácter popular y social, inclusiva, no discriminatoria, derribando así, con los hechos, una tesis que para Chávez es fundamental: la de que los gobiernos en manos de las fuerzas democráticas son antipopulares y reaccionarios.
No lo fueron nunca en los casos de Zulia y Nueva Esparta, pero, quizás por estar en lugares extremos de la nación y por tratarse sólo de dos casos, esas gestiones nunca tuvieron la visibilidad nacional que pueden tener ahora las de la zona metropolitana, el municipio Sucre, el estado Miranda, el estado Carabobo... Sumadas a ellas, las gestiones Zulia, Maracaibo, Táchira, Nueva Esparta, Baruta, Chacao, El Hatillo... constituyen una mole de un potencial demostrativo imponente. Tumbar, a través de una gestión de las características dichas, el mito de las dos Venezuela enfrentadas, minar la polarización... Ir directo, en persona, a decir y a demostrar, en especial a quienes son reacios a creerlo, que las fuerzas democráticas quieren y saben gobernar para todos y que nada, nada, de lo que realmente beneficie al pueblo va a ser desmontado, a cuenta de que lo inició o lo implantó Chávez.
Al contrario, hacer un mejor Barrio Adentro, un mejor Mercal, si es que se quiere hablar así. Esa es, a mi juicio, la primera prioridad de los gobernadores y alcaldes democráticos. La prioridad de las prioridades. Lo que le da, en la Venezuela de hoy, sentido político profundo a todo lo que puedan hacer de bueno. Aquí me parece pertinente un alerta. En este país de hoy, el "eficientismo" no es suficiente. Eso de que a la gente lo que quiere es que resuelvan los problemas, es muy verdad, pero es una verdad parcial.
Gobernadores y alcaldes tienen que ser efectivos y eficientes, no faltaba más, pero tienen que transmitir a su eficiencia un sentido vívido, de calidez social, posiblemente a través de una presencia física y un diálogo directo tan constante como sea posible, especialmente en y con los sectores populares de sus respectivas jurisdicciones.
Que la gente que lo haya creído no tenga más remedio que decirse : "No era como Chávez decía". Chávez conoce, intuye, sospecha, la amenaza que eso significa para todo su proyecto político, que como ya sabemos necesita el conflicto, la polarización, la descalificación. Por eso es tan importante para él impedir que ese tipo de gestión se pueda llevar a cabo. Gobernadores y alcaldes democráticos tienen entonces ante sí una cuesta empinada. Pero tienen que subirla, contra viento y marea, venciendo las resistencias que sea. Esto tiene consecuencias para la agenda mediática.
Hasta ahora la principal prioridad de los medios de comunicación vinculados a las fuerzas democráticas ha sido la de criticar y enfrentar la gestión oficialista y el proyecto político de Chávez.
Ahora pasa a ser subrayar, difundir, respaldar, los logros que en el sentido señalado hagan los gobernantes recién electos. Lograr que eso penetre en la conciencia popular es el nuevo combate. Dedicar a ello el tiempo mediático que corresponda seguramente hará bajar el clima de tensión polémica que para muchos venezolanos, oficialistas y de oposición, se ha convertido en una especie de droga, y en tal sentido puede que descienda el poder emocional adictivo de ciertos programas.
Se daría así paso a un clima más distendido, menos crispado, menos centrado en las consabidas diatribas, más atento a lo que realmente hacen de bueno aquellos a los que Chávez demonizó, y donde el desmontaje de la "leyenda de las fuerzas reaccionarias" que Chávez ha tejido, ocupa un lugar mayor que el que hasta ahora ha podido tener. "No era como Chávez decía": qué gran cosa sería lograr que eso se dijera de boca en boca en los barrios de Venezuela. dburbaneja@gmail.com
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