Libertad!

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sábado, 26 de abril de 2008

Tierra ardiente del Tambor


Barlovento, barlovento,
Tierra ardiente y del tambor,
Tierra de las fulías y negras buenas,
Que llevan de fiesta
Su cintura prieta
Y al son de la curbeta
Y el taki-taki de la mina.
Sabroso que mueve el cuerpo
La barloventeña cuando camina,
Qué bueno que suena el takiti-taki-taki
Sobre la mina.
Que vengan los conunqueros
Para el baile de san juan,
Que la mina está templada para sonar
El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá.
Que vengan los conunqueros
Para el baile de San Juan,
Que la mina está templada pa’ terminar
El tikita-tikitá, tikita-kita-tikitá.
Venezuela adentro
baile del tambor mirandino
por Nota de Prensa, Diciembre 4, 2007
Es el baile del tambor mirandino, las danzas de la población afro-venezolana que hace que todos, negros, blancos, mestizos se hundan en la magia del sonido del cuero templado.
Como un himno de amor, de paz, de fuerza, de guerra, de esperanzas, de realizaciones, de voluntad. El viento mirandino, ese que corre por Barlovento, trae el sonido de los tambores.
Es el baile del tambor mirandino, las danzas de la población afro-venezolana que hace que todos, negros, blancos, mestizos se hundan en la magia del sonido del cuero templado.
Acompañan los tambores las manifestaciones religiosas donde las antiquísimas imágenes africanas han sido sustituidas por imágenes sacras conocidas y que vinieron de España como las de San Benito o San Juan, de San Pedro o San Antonio.
Y es que el tambor se vino del otro lado del mar y se sembró en nosotros: son iguales los quitiplás que suenan entre nosotros a los que resuenan en África y así podríamos señalar que los tambores redondos de Barlovento se ven en Zaire y los pitos que suenan los bailadores negros del San Benito, en occidente, son iguales a los que suenan en Malí.
Y el furruco, aunque no es tambor y que se usa en muchas regiones del país, viene del Congo. La charrasca o guiro tiene su equivalente en el continente negro y la curbeta, el mismo tambor que sostienen tres patas y que se anima con un tronco de madera se encuentra en Dahomey y en muchas partes del África se encuentran instrumentos musicales similares al carango o marimba.
De modo que, en este recorrido, hecho en dos sentidos, encontramos que los cumacos, nuestros tambores de dos metros de largo son comunes a todas las tribus africanas y que allá y aquí, es una magnífica unidad de seres a través de los tiempos, los tambores acompañan las fiestas religiosas que vivimos con intensidad y cariño los venezolanos de Barlovento, de Miranda.
Se siente uno como muy impresionado al encontrarse con esta serie de hechos que superan los más insistentes textos de estudio. Caben muchas preguntas. Una de ellas es que habiendo salido los esclavos del África rumbo a América desde sitios concretos de origen, sin haber tenido una especificación del sitio del África de donde provenían, cómo se puede saber de dónde vinieron, de qué parte del continente fueron desplazados y traídos a América.
La respuesta no es preciso buscarla en agudos textos de estudio. Bastaría oír sonar y ver los tambores venezolanos. Son como una geografía de los pueblos de donde vinieron los esclavos. Ya los hemos ido mencionando. Los que vinieron de Zaire, de Dahomey, los de Malí, los del Congo, los de Angola, los de Bajo Congo, todos se trajeron en sus tambores la clave de su procedencia. Con la música, con ese lenguaje que sabe llorar y amar, se puede saber de donde vinieron y al saberlo estamos ante una sólida y múltiple cultura de la tradición oral: pasó de boca a oreja, en los barcos, antes de los barcos y después de los barcos, el sentido íntimo de la tierra, del sonido del tambor y del baile. Vinieron de África, fueron embarcados mayormente en Senegal y en el Golfo de Guinea y aunque quedaron amores, casas, modos, conocimientos, lo mejor de África y la música que tiene un profundo sentimiento y mística, se vino con ellos. Llegó y se fue quedando impregnándose el alma porque es la voz que Dios les dio al enseñarlos a hablar con el tambor
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