Libertad!

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jueves, 17 de abril de 2008

Antonio Cova Maduro // Granizo

Nada de lo que esa cúpula viene haciendo tiene sentido; ni futuro
Sólo en los cuentos de hadas los deseos se convierten en realidad. Ese es el caso de las maldiciones de las brujas. Recordemos los efectos devastadores de la manzana encantada que la arrogante reina, convertida en viejita suplicante, dio a comer a Blancanieves. O la bilis derramada por la resentida Carabosse, al no haber sido especialmente invitada al rumboso bautizo de la bella y tierna Aurora. Su maldición impuso la muerte de la doncella; y sólo una bruja buena la cambiaría por 100 años de eterno sueño.
También suele suceder con los buenos deseos de princesas y hadas madrinas. Del dicho al hecho no suele haber mucho trasteo. ¡Zas!, y el animalito feo se convierte en príncipe hermoso, o el afán no pasa de un día de agite para encontrarle dueña al zapatico de vidrio. Y pronto, más pronto de lo que imaginamos, el sueño de la pareja encantada, que hará feliz a la comarca entera, se convierte en realidad.
Pero es precisamente cuando llegamos a la realidad cuando las cosas nunca funcionan como en los cuentos infantiles. No, definitivamente no. Es más, muchas veces los resultados condenan los deseos más ardientes. Por eso los expertos han hablado de efectos perversos; y también el sociólogo norteamericano Robert Merton nos explicó muy claramente cómo aparecen y se desatan "los efectos no intencionales de la acción intencional". Ya de eso hemos hablado en otras oportunidades.
La realidad es una peculiar combinación de deseos, recursos, posibilidades y... ¡buena cabeza! En ella se supone que un problema -uno sentido por el grueso de una población determinada, no parido súbitamente en la cabeza de algún iluminado- se vea "traducido" a objetivos. Y rápido esos objetivos, ya establecidos, deben concitar un conjunto de recursos que se pondrán al servicio del logro continuo y sistemático de ellos.
Eso, que parecería tan obvio y tan esperable es lo que ha venido faltando, y faltando con fuerza, en esta granizada que uno no termina de saber si ha sido provocada o si le cayó de sopetón al régimen. Teníamos unas empresas dedicadas a producir cemento, objetivo que llevan toda una vida logrando y de pronto, sin que uno termine de saber por qué, un Gobierno, que todavía no se ha dado cuenta de que tiene en esa función 10 años y nada parece haber aprendido y decide que, desde ahora... ¡él será cementero! ¿La razón? Pues que nadie lo puede hacer mejor que él.
Días más tarde, una huelga importante en el sur de Venezuela parece tornarse inmanejable. Según los análisis de los medios allí hay mucho de problemas políticos de los sindicatos y de una asombrosa incapacidad de llegar a acuerdo alguno. Hay agitación callejera y aparece en escena el fantasma rojo rojito. De pronto, una madrugada nos enteramos de que, de nuevo el Gobierno -el mismo incompetente que no logra detener la matanza en esa región ni en el resto del país- y que ya ha mostrado su aberrante ineptitud en otras empresas de similares objetivos en la zona, pues ¡la asume!
Venezuela, en el sentido más literal, acaba de ser víctima de un madrugonazo: el mismísimo vicepresidente de la nación dio la noticia de la "nacionalización" (¿o simple compra?) a una hora tan intempestiva como la una y veinte de la madrugada. No hay modo de evitar la sensación de que a esa controvertida decisión se llegó al final de un agotador debate donde, muy probablemente, no se pasearon por las implicaciones que esa decisión tenía.
¿Era ese el deseo de la mayoría del país o el de una minoría intratable? Los recursos financieros que tragará una decisión como esa, ¿no son cuantiosos? ¿Pensaron en lo que habría que dejar de hacer para satisfacer a esa minoría? ¿Han imaginado lo que supondrá llevar adelante una empresa de ese calado a partir de ahora? Espero que no sean tan lerdos para creer que será "igual que antes" de su privatización.
Definitivamente algo está pasando en la cúpula del Gobierno, o mejor, con el cabecilla de esa cúpula, a quien nadie parece tener la capacidad de poner freno. Y lo que le está pasando le aísla cada vez más de su base real, de la única que puede darle sentido a su Proyecto. El régimen parece haber entrado en la fase ultrajacobina, esa que le corta su conexión con la realidad y que siempre ha liquidado cualquier propuesta revolucionaria.
Nada de lo que esa cúpula viene haciendo tiene sentido; ni futuro. Y el cuento de hadas en el que cree vivir terminará siendo una pesadilla más parecida al sombrío castillo de la bruja mala del oeste en la región de Oz.
antave38@yahoo.com

El Universal

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