Libertad!

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Antonio Cova Maduro // ¿Sólo limpiar establos?

Cuando ya no hay más real, quien te vendió ese apoyo te sacará los ojos
Han aparecido los primeros vientos de una tempestad -cuya intensidad y duración a estas alturas desconocemos- que amenaza de naufragio a la autobautizada "revolución bolivariana"? Sospechamos que sí, que lo que pudiere parecer una "tormenta tropical", bien podría desembocar en inesperados huracanes.

Dos artículos que aparecieron por estas mismas páginas el pasado domingo 6 -y que recomiendo encarecidamente- tienen que ver con este asunto; con lo que un poderoso militar -altamente "autosobrevaluado"- puede terminar haciendo con los problemas que, sin buscarlos ni entenderlos, la vida le va presentando. Carlos Blanco y Luis Vicente León, sus autores, tratan, con notable intuición -y mucho acopio de lo que las ciencias sociales proveen a sus usuarios- de darle sentido a la última crisis del régimen.

Ambos hacen, como cabía esperar de dos analistas lúcidos, propuestas muy valiosas, no sólo sobre porqué pasó lo que pasó, sino de por cuáles caminos -ni deseados ni previstos- las reacciones ante el escándalo podrían llevar al régimen. Y a la pandilla que lo preside. Después de todo, lo más peligroso de los acontecimientos inesperados siempre termina siendo el haber cogido por una vereda en la que no se pensó a la hora de escapar.

Para ponernos en perspectiva: tenemos una crisis bancaria que no es tal. Los bancos como tales siguen bien y lo peor que podría hacer Chávez es que, en su desesperación y furia por lo que le hizo, con premeditación y alevosía, su propia gente, pretenda salirse por la tangente, culpando a "la Banca" en general. Como se lo hace saber Blanco, un sistema financiero "no son edificios de ricachones con gerentes, empleados y plata ajena", sino un tejido intrincado de relaciones donde reposa, entera, la economía de una sociedad. Atacarlo, por eso, podría concluir con él -Chávez- fuera.

¿Cuál es, entonces, la naturaleza de la crisis? Pues la de la boliburguesía, la de esa "especie" que parió y nutrió el régimen a raíz del paro petrolero; y que terminó probándole que es mejor lidiar con los burgueses de siempre, que con los que el propio régimen con gusto ha amamantado. Sus "propios burgueses" son todo -y más- de lo que el marxismo repite desde hace siglo y medio acerca de las tropelías de esa clase; sin mostrar rastro alguno de la admirable competencia que Marx tanto elogió en el Manifiesto Comunista.

Si sólo fuera eso, con limpiar los establos bastaría. Que luzca tan cuesta arriba se debe a que la caída de los distintos bancos -y las empresas conexas- ha puesto al descubierto algo muy grave: las sólidas y múltiples conexiones de esta nueva clase con la alta burocracia bolivariana.

En efecto, como se han cansado de repetir los analistas del asunto, no eran banqueros privados espalillando los reales de depositantes privados. No, era toda una conexión mafiosa que hacía "circular" por las instituciones financieras intervenidas los dineros del barril, de propiedad social con saña confiscados por esa conexión. Por ello tanto pillo súbitamente ricachón mafioso, con tanto funcionario público -todavía por acompañar a los primeros en su caída- de la noche a la mañana enriquecidos.

¿Cómo pudo prosperar en el lecho del poder "revolucionario" una estirpe de tanta ponzoña? Eso es algo que todavía tendrán que explicarle al país -y a los centros del pensamiento de la izquierda internacional- los "intelectuales" que con tanto esmero acompañan a -y medran de- revolución tan singular como la bolivariana.

Por de pronto, se podría adelantar una hipótesis muy útil: una revolución en un país de capitalismo rentista muy posiblemente se quedará con ese apellido por siempre. Será, inevitablemente, un socialismo rentista. Y si, encima, esa revolución resulta algo inesperado para su población, (como ha sido el caso venezolano) el apoyo que cualquier revolución requiere no emanará de ninguna clase o sector particular, sino que tendrá que ser comprado.

Pero apoyo comprado es como el chantaje: mientras más beneficios obtiene, más pide y más se prolonga. Al tornarse insoportable, concluye en tragedia. Por lo que se va viendo, su primera víctima termina siendo el comprador de los apoyos. Cuando ya no hay más real, quien te vendió ese apoyo te sacará los ojos.

Y ya el malestar de los vendedores revienta por doquier. Mala pata la del régimen esto de que el pus estalle cuando no hay luz y reina la sequía. ¿Creerá Hugo Chávez que su mensaje taumatúrgico funcionará de nuevo? Con hambre y desempleo, ¿con Chávez me resteo?

antave38@yahoo.com

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